Cooperadores de Dios es un Proyecto que invita a TODOS a defender y reconstruir LA INFANCIA, LA JUVENTUD Y LA FAMILIA y ofrece en esta página HERRAMIENTAS PARA ELLO.
Home | VIÑA PADRES Y MADRES – COMO PAREJA - VIÑA PADRES Y MADRES – COMO PAREJA - Unión de los esposos | El fenómeno de la vergüenza – PROYECTO DE AMOR CONYUGAL – SAN JUAN PABLO II

El fenómeno de la vergüenza – PROYECTO DE AMOR CONYUGAL – SAN JUAN PABLO II

El fenómeno de la vergüenza originaria del hombre como consecuencia del pecado original 


Invocamos al Espíritu Santo:

Espíritu Santo, ven cada día a nuestros corazones. Enséñanos y empújanos a practicar nuestro amor conyugal según la voluntad del Padre. No lo buscamos por egoísmo, sino para alabarle y glorificarle, en las alegrías y en las penas, todos los días de nuestra vida y así contribuir con Él a la construcción de Su Reino de Amor en nuestro hogar. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


INTERPRETACIÓN DE LA CATEQUESIS:    

Claves:

El hombre y la mujer que habían sido creados para ser felices entregándose el uno al otro, por la concupiscencia, aunque siguen llamados a ello, están también amenazados por la insaciabilidad de la comunión (en especial la mujer que es más sensible a ello), por el espíritu de dominio que surge entre ambos. Surge un nuevo tipo de relación después de la ruptura con Dios, por la que se encuentran contrapuestos a causa de sus diferencias (masculinidad y feminidad…).

Detalles:

  1. Seguimos analizando el fenómeno de la vergüenza que aparece como consecuencia del pecado original. Vemos que sustituye al estado de confianza absoluta que había en el estado de inocencia originaria. Y vemos que tiene una dimensión más profunda de lo que aparenta. Observamos en el capítulo 3 del Génesis, cómo se rompe el diálogo conjunto de Dios con el hombre y la mujer, y se convierte en un monólogo: Yahvé se dirige a la mujer y le habla primero de los dolores de parto que tendrá a partir de ese momento: “Multiplicaré los trabajos de tus preñeces. Parirás con dolor los hijos.” (Gén 3, 16). A esto sigue la expresión que caracteriza la futura relación de ambos, del hombre y de la mujer: “Buscarás con ardor a tu marido, que te dominará” (Gén 3, 16).
  • Estas palabras parecen referirse a los hechos que surgieron en el momento en que surge la vergüenza y que se manifestarán sucesivamente en toda la experiencia interior del hombre a partir de ese momento. La conciencia y el corazón de todos los seres humanos, confirmarán estas palabras. La frase “buscarás con ardor a tu marido, que te dominará” parece referirse a una cierta minoración de la mujer con respecto al hombre, pero no debe interpretarse como una desigualdad social. Se refiere más bien a otro tipo de desigualdad, por la que la mujer, no siente la unión plena con el hombre a la que están llamados ambos.
  • Las palabras “buscarás con ardor a tu marido, que te dominará”, no se refiere solamente al momento de la unión conyugal por la que ambos se hace una sola carne, sino que se refiere al amplio contexto de las relaciones incluso indirectas, de la unión conyugal en su conjunto. Por primera vez, se define aquí el hombre como “marido”. Estas palabras dan a entender una pérdida fundamental de la comunidad-comunión de personas, que debería haber hecho felices recíprocamente al hombre y a la mujer mediante la búsqueda de una sencilla y pura unión en la humanidad, mediante una ofrenda recíproca de sí mismos, esto es, la experiencia del don de la persona expresado con el alma y con el cuerpo, con la masculinidad y la feminidad (“carne de mi carne”: Gén 2, 23), y finalmente mediante la subordinación de esta unión a la bendición de la fecundidad con la “procreación”.
  • Génesis 3, 16 testifica cómo esa originaria beatificante unión conyugal de las personas será deformada en el corazón del hombre por la concupiscencia. Estas palabras se dirigen directamente a la mujer, pero se refieren también al hombre o, más bien, a los dos juntos.
  • Después de la ruptura de la Alianza originaria con Dios, el hombre y la mujer se encuentran divididos entre sí, e incluso contrapuestos a causa de su masculinidad y feminidad. El hombre como varón o mujer, cuando antes era más bien, el hombre como varón y mujer. Pero esta contraposición no destruye ni excluye la unión conyugal querida por Dios, ni sus efectos procreadores. Sin embargo, esta unión se realizará afectada por el “hombre de la concupiscencia”. 

La mujer “buscará con ardor a su marido” y el hombre que responde por instinto “te dominará”, ambos forman la misma comunidad de personas y el mismo matrimonio que al principio, pero sin embargo son ya algo diverso. No están llamados ya solamente a la unión y a la unidad, sino amenazados por la insaciabilidad de esa unión y unidad que no cesa de atraer al hombre y la mujer llamados desde la eternidad a existir “en comunión”.  

  • El hombre del pecado original, participa de la triple concupiscencia de la que habla la primera Carta de San Juan, no sólo la concupiscencia de la carne, sino también “la concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida”. La expresión “él te dominará” ¿no indica acaso esta última forma de concupiscencia? El dominio “sobre” el otro ¿acaso no cambia esencialmente la estructura de comunión en la relación interpersonal? ¿Acaso no cambia en la dimensión de esta estructura algo que hace del ser humano un objeto, en cierto modo concupiscible a los ojos?

Esas palabras nos permiten penetrar y desvelar los misterios más profundos del corazón del hombre y de la mujer.


EL MENSAJE DE ESTA CATEQUESIS PARA EL HOMBRE DE HOY:       

Consecuencias de la entrada del pecado en la relación conyugal:

  • La pérdida de la confianza: Tiene un impacto enorme entre el hombre y la mujer. Y esta confianza es sustituida por un miedo que se manifiesta a través de la vergüenza, que nos lleva a proteger nuestra intimidad del otro. Por tanto, la unidad a la que estamos llamados y que es la que nos puede dar la felicidad, se hace imposible. ¿Cómo recuperar la confianza? Hemos perdido la fe y por tanto, la confianza en el plan de Dios para nosotros. La manera de recuperar la confianza en nuestro esposo, es recuperar la fe en Dios y en Su plan, y comprender que todo lo que ocurre tiene un sentido. Así confiaremos en nuestro esposo tal como es. ¿El riesgo que asumimos? La traición, pero la traición puede ser parte del plan de Dios, como lo fue para Cristo, es una ocasión para entregar la vida por la salvación del esposo. Después de la cruz con Cristo, viene la resurrección con Él. Vienen los frutos maravillosos de la entrega voluntaria por el otro. Es imprescindible recuperar la confianza entre los esposos para poder construir una comunión.
  • Desaparece el diálogo conjunto con Dios: Hombre y mujer mantenían un diálogo conjunto con Dios, pero después del pecado, Dios se dirige por separado al hombre y a la mujer. Seguramente como consecuencia de la pérdida de confianza que se convierte en un miedo recíproco y una necesidad de protección de la intimidad.
    También en el diálogo conjunto con Dios en la oración conyugal, los esposos van recuperando su confianza mutua. Es importantísimo este camino de la oración conyugal y los efectos son impresionantemente beneficiosos para el matrimonio.
  • Espíritu de dominio mutuo: Ya le predice Dios a la mujer cuál va a ser el nuevo modelo de relación que va a existir entre ella y su marido. Se lo dice a ella porque será especialmente ella quien no perciba esa unión con su marido, pero en realidad, es un espíritu de dominio que va a afectar a la relación entre ambos. Hay un cambio de un espíritu de donación mutua, que es lo que nos iba a hacer felices, hacia un espíritu de intento de dominio mutuo que genera desunión, dolor y desgracias.
  • ¿Esposo a marido?: Es curioso que aparezca por primera vez el término “marido” después de que se produzca esta pérdida de confianza entre ambos. Da a entender una ruptura con el plan de Dios para el hombre y la mujer, de la primitiva comunidadcomunión a diferencia del término “esposo” que hace una referencia más clara a esa entrega esponsal. Nosotros preferimos utilizar el término “esposo” por ese motivo, para diferenciar la categoría de la unión realizada por Dios por el sacramento del matrimonio de otro tipo de uniones que no tienen este carácter sacramental.
  • Divididos y Contrapuestos: El hombre y la mujer que se veían a sí mismos complementarios para poder representar la imagen de Dios, se ven divididos e incluso contrapuestos por sus diferencias. Por la dureza de corazón, cada uno intenta imponer sus criterios y su visión, y entran en una oposición motivada por esas diferencias.
  • Amenazados por la insaciabilidad de la comunión: A pesar de todo, la llamada a construir esa comunión entre ambos, sigue vigente. Los esposos sienten esa atracción mutua y esa necesidad en sus corazones de construir una unión íntima y sincera que les haga uno. Es especialmente la mujer la que es más sensible a esta búsqueda de una relación de unión más profunda con su esposo, y de ahí que sea ella especialmente la que perciba esta necesidad. Entonces, si la comunión es buena y que ésta sea insaciable, ¿por qué se sienten amenazados por esta llamada? Porque responden mal a ella. En unos casos por causa de la deformación de la atracción erótica (más habitual en el hombre) y en otros, porque al sentir esa necesidad de unión se intenta imponer (más habitual en la mujer). Se exige al esposo que hable, que la comprenda, que sienta lo que ella siente, etc. Provocando así un espíritu de dominio mayor y una división mayor.
  • Afectados por la triple concupiscencia: Vemos cómo especialmente el matrimonio, se fe afectado por la triple concupiscencia, no solamente la de la carne, sino también porque la mirada se ve afectada entre ambos y la soberbia entre a formar parte del intento de dominio mutuo entre ambos. Qué importante es entrar en un camino de purificación y de gracia, 


ORACIÓN JUNTOS:

Señor, nos cuesta mucho ofrecernos al esposo, sin embargo, es nuestro único camino hacia la felicidad (la santidad, que es lo mismo). Por no sufrir antes no nos entregamos, y sufrimos mucho más después por las consecuencias del desamor.

Contemplo nuestras diferencias, las que nos provocan discusiones o distancia, menciono una por una y te pido ante mi esposo/a que me ayudes a descubrir el don que hay en cada una de ellas y que no estoy siendo capaz de ver.


Para leer juntos:

Señor, queremos querernos como Tú y no somos capaces, pero confiamos en ti. Tenemos en nuestro corazón esa insaciabilidad de comunión, y sabemos que no seremos felices si no nos entregamos el uno al otro para hacerla posible. Muchas veces no tenemos fuerzas, pero confiamos en las tuyas, Señor. Haznos uno, Señor. Haznos uno. Amén.


EL CASO:

Laura se sentía frustrada con su vida, y esta insatisfacción la llevaba a una falta de alegría que arrastraba desde hacía años, y un carácter agrio en general con su esposo e incluso con sus hijos. 

El motivo de su frustración es que no estaba experimentando una unión con su esposo Jaime y, por más que hablaba con él y le proponía cambios, éstos no se producían. Lo que más le dolía es que a él no parecía importarle. Se sentía como una extraña a su lado, no sabía casi nada de él, porque no le contaba nada de él ni de su vida. También pensaba que él no la conocía a ella, que no la comprendía, que no la escuchaba. Aquella sensación de tristeza y angustia, le llevaban a un estado de ansiedad casi permanente. Era como una presión en el pecho que a veces parecía que no le dejaba ni respirar.

Laura estaba dispuesta a acabar con eso, pero no sabía cómo. Las visitas al sicólogo parecía que la calmaban, pero no resolvían el problema. Tomaba medicación para la ansiedad, para superar su estado anémico y psicosomático. 

Jaime por su parte, estaba cansado de lo que él llamaba las tonterías de Laura. Siempre con reproches, siempre queriendo hablar con él para decirle lo que debía hacer… Y él se negaba en absoluto a someterse. Ya estaba bien con tener que aguantar sus malas caras, su mal carácter y sus gestos de desprecio. Estaba cansado de oir siempre los mismos ejemplos de otros hombres, que si fulanito hace esto, que si menganito hace lo otro… Había decidido que ya no le consentía ni una más. Estaba siempre a la que salta, y se refugiaba en sus cosas. 

Laura y Jaime hablan en el coche de lo que van a hacer estas vacaciones. Ella quería ir unos días a ver a sus padres y él se negaba en rotundo. ¡Eran sus vacaciones! Y no estaba dispuesto a compartirlas con sus suegros. Él prefería ir a la sierra, donde iba de niño, huyendo del calor y buscando un remanso de paz. Deseaba el contacto con la naturaleza. Pero Laura le decía que eso era más trabajo para ella, que no le gustaba el campo y que se negaba en rotundo. Que al menos con sus padres tendría algo más de descanso con los niños.

Se respira una tensión tremenda y ninguno está dispuesto a dar su brazo a torcer.

¿Cuál es el origen de la tensión entre ambos?

¿Qué le recomendarías a Laura según la catequesis de hoy?

¿Y a Jaime?

¿Qué consecuencias traería que siguiesen estas recomendaciones?


COMPROMISO:

  • Rezar juntos.
  • Trabajar al menos una vez por semana, la confianza mutua en el matrimonio, mediante un diálogo de calidad, profundo y sincero. Hablo de mí, y te entrego lo que hay en mí, sin reproches, sin esconderte nada. Tú escuchas sin corregir nada, sólo para aprender. Y viceversa.


ORACIÓN FINAL:

Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por siempre. Que por siempre te alaben los cielos y todas tus criaturas. Tú creaste a Adán y le diste a Eva, su mujer, como ayuda y apoyo. De ellos nació la estirpe humana. Tú dijiste: “No es bueno que el nombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él”. No busco la unión con mi esposo/a por impuro deseo, sino con la mejor intención. Ten misericordia de nosotros y haz que lleguemos juntos a la vejez. (Él) Amén, (Ella) Amén.  

Copia íntegra de la catequesis de JPII:

JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 18 de junio de 1980

El fenómeno de la vergüenza originaria del hombre como consecuencia del pecado original 

1.En el Génesis 3 se describe con precisión sorprendente el fenómeno de la vergüenza, que apareció en el primer hombre juntamente con el pecado original. Una reflexión atenta sobre este texto nos permite deducir que la vergüenza, <<que en la recíproca relación entre el hombre y la mujer sustituye a la confianza absoluta vinculada con el anterior estado de inocencia originaria, tiene una dimensión más profunda>> (traducción del libro Hombre y mujer los creó) <<subintrada en la seguridad absoluta ligada con el anterior estado de inocencia originaria en la relación recíproca entre el hombre y la mujer, tiene una dimensión profunda>> (Traducción del Vaticano). A este respecto es preciso volver a leer hasta el final el capítulo tercero del Génesis, y no limitarse al versículo 7 ni a los versículos 1011, que contienen el testimonio acerca de la primera experiencia de la vergüenza. He aquí que, después de esta narración, se rompe el diálogo de Dios Yahvé con el hombre y la mujer, y comienza un monólogo. Yahvé se dirige a la mujer y habla en primer lugar de los dolores del parto que, de ahora en adelante, la acompañarán: “Multiplicaré los trabajos de tus preñeces. Parirás con dolor los hijos.” (Gén 3, 16). A esto sigue la expresión que caracteriza la futura relación de ambos, del hombre y de la mujer: “Buscarás con ardor a tu marido, que te dominará” (Gén 3, 16).

2. Estas palabras, igual que las del Génesis 2, 24, tienen un carácter de perspectiva. La formulación incisiva de 3, 16 parece referirse al conjunto de los hechos, que en cierto modo surgieron ya en la experiencia originaria de la vergüenza, y que se manifestarán sucesivamente en toda la experiencia interior del hombre “histórico”. La historia de las conciencias y de los corazones humanos comportará la confirmación de las palabras contenidas en el Génesis 3, 16. Las palabras pronunciadas al principio parecen referirse a una “minoración” particular de la mujer en relación con el hombre. Pero no hay motivo para entenderla como una minoración o una desigualdad social. En cambio, inmediatamente la expresión: “buscarás con ardor a tu marido, que te dominará”, indica otra forma de desigualdad de la que la mujer se resentirá como falta de unidad plena precisamente en el amplio contexto de la unión con el hombre, a la que están llamados los dos según el Génesis 2, 24.

3. Las palabras de DiosYahvé: “Buscarás con ardor a tu marido, que te dominará” (Gén 3, 16) no se refieren exclusivamente al momento de la unión del hombre y de la mujer, cuando ambos se unen de tal manera que se convierten en una sola carne (cf. Gén 2, 24), sino que se refiere al amplio contexto 9 de las relaciones, aún indirectas, de la unión conyugal en su conjunto. Por primera vez se define aquí al hombre como “marido”. En todo el contexto de la narración yahvista estas palabras dan a entender sobre todo una infracción, una pérdida fundamental de la primitiva comunidadcomunión de personas. Esta debería haber hecho recíprocamente felices al hombre y a la mujer mediante la búsqueda de una sencilla y pura unión en la humanidad, mediante una ofrenda recíproca de sí mismos, esto es, la experiencia del don de la persona expresado con el alma y con el cuerpo, con la masculinidad y la feminidad (“carne de mi carne”: Gén 2, 23), y finalmente mediante la subordinación de esta unión a la bendición de la fecundidad con la “procreación”.

4. Parece, pues, que en las palabras que DiosYahvé dirige a la mujer, se encuentra una resonancia más profunda de la vergüenza, que ambos comenzaron a experimentar después de la ruptura de la Alianza originaria con Dios. Encontramos allí, además, una motivación más plena de esta vergüenza. De modo muy discreto, y sin embargo bastante descifrable y expresivo, el Génesis 3, 16 testifica cómo esa originaria beatificante unión conyugal de las personas será deformada en el corazón del hombre por la concupiscencia. Estas palabras se dirigen directamente a la mujer, pero se refieren al hombre o, más bien, a los dos juntos.

5. Ya el análisis del Génesis 3, 7, hecho anteriormente, demostró que en la nueva situación, después de la ruptura de la Alianza originaria con Dios, el hombre y la mujer se hallaron entre sí, más que unidos, mayormente divididos e incluso contrapuestos a causa de su masculinidad y feminidad. El relato bíblico, al poner de relieve el impulso instintivo que había incitado a ambos a cubrir sus cuerpos, describe al mismo tiempo la situación en la que el hombre, como varón o mujer —antes era más bien varón y mujer— se siente como más extrañado del cuerpo, como la fuente de la originaria unión en la humanidad (“carne de mi carne”), y más contrapuesto al otro precisamente basándose en el cuerpo y en el sexo. Esta contraposición no destruye ni excluye la unión conyugal, querida por el Creador (cf. Gén 2, 24), ni sus efectos procreadores; pero confiere a la realización de esta unión otra dirección, que será propia del hombre de la concupiscencia. De esto habla precisamente el Génesis 3, 16.

La mujer, que “buscará con ardor a su marido” (cf. Gén 3, 16), y el hombre que responde a ese instinto, como leemos: “te dominará”, forman indudablemente la pareja humana, el mismo matrimonio del Génesis 2, 24, más aún, la misma comunidad de personas; sin embargo, son ya algo diverso. No están llamados ya solamente a la unión y unidad, sino también amenazados por la insaciabilidad de esa unión y unidad, que no cesa de atraer al hombre y a la mujer precisamente porque son personas, llamadas desde la eternidad a existir “en comunión”. A la luz del relato bíblico, el pudor sexual tiene su significado profundo, que está unido precisamente con la insaciabilidad de la aspiración a realizar la recíproca comunión de las personas en la “unión conyugal del cuerpo” (cf. Gén 2, 24).

6. Todo esto parece confirmar, bajo varios aspectos, que en la base de la vergüenza, de la que el hombre “histórico” se ha hecho partícipe, está la triple concupiscencia de que trata la primera Carta de Juan 2, 16: no sólo la concupiscencia de la carne, sino también “la concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida”. La expresión relativa al “dominio” (” él te dominará”) que leemos en el Génesis 3, 16, ¿no indica acaso esta última forma de concupiscencia? El dominio “sobre” el otro —del hombre sobre la mujer—, ¿acaso no cambia esencialmente la estructura de comunión en la relación 10 interpersonal? ¿Acaso no cambia en la dimensión de esta estructura algo que hace del ser humano un objeto, en cierto modo concupiscible a los ojos? He aquí los interrogantes que nacen de la reflexión sobre las palabras de DiosYahvé según el Génesis 3, 16. Esas palabras, pronunciadas casi en el umbral de la historia humana después del pecado original, nos desvelan no sólo la situación exterior del hombre y de la mujer, sino que nos permiten también penetrar en lo interior de los misterios profundos de su corazón

Publicaciones Relacionadas

La madre y la vida de Fe de los hijos

Reportaje a Amelia María Olva Guillén

¿Cuáles son los problemas que afectan a los jóvenes?

Analizamos los problemas que hoy en día afectan a los jóvenes mediante un estudio clínico buscando su tratamiento y terapias desde un enfoque cristiano y buscando salvar no solo el cuerpo físico de los jóvenes, sino tambien su alma.

El matrimonio cristiano – Por Monseñor Tihamér Tóth (Libro)

Un libro que hará mucho bien a los matrimonios ya de años y sobre todo a los que apenas están empezando, para que logren acoplarse a la medida de la moral cristiana, costumbres conservadoras y retomar ese espíritu de lucha y de amor por Dios, la Iglesia, la familia y la Patria.

Darío Gonzalvez y Valeria Vargas – Vivencias y Testimonios

Matrimonio de Jujuy, Argentina de Cooperadores de Dios nos da a conocer su testimonio y experiencia de su matrimonio y familia y como los jóvenes a través de las redes sociales están en peligro constante por la influencia del maligno. Ver Video