Santos Patronos de Cooperadores de Dios
En la creencia religiosa, un santo patrón (en latín: sanctus patrōnus) es un santo que tiene una afinidad especial hacia una comunidad o a un grupo específico de personas. Los términos patrón y patrono son sinónimos de defensor y protector.
El concepto de Santo patrón se define como intercesores y abogados ante Dios, sea de una nación, un pueblo, un lugar, una actividad, una clase, una congregación, un clan o una familia.
COOPERADORES DE DIOS tiene asignados Santos Patronos para cada una de sus Viñas.
VIÑA COOPERADORES DE DIOS
El Padre celestial
A lo largo de la Biblia se describe a Dios usando el término Padre.
1 Corintios 8:6 Hay un solo Dios, el Padre, por quien fueron creadas todas las cosas, y para quien vivimos. Y hay un Señor, Jesucristo, por quien fueron creadas todas las cosas, y por quien vivimos.
2 Corintios 1:3 Toda alabanza a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Dios es nuestro Padre misericordioso y la fuente de todo consuelo.
1 Pedro 1:2 Dios Padre os conoció y os escogió hace mucho tiempo, y su Espíritu os ha santificado. Como resultado, le habéis obedecido y habéis sido limpiados por la sangre de Jesucristo.
Cristo Rey
El Papa Pío XI instituyó esta fiesta en 1925, pero se celebró por primera vez en 1926. Originalmente, fue designada para fines de octubre, pero el Papa San Pablo VI la cambió al último domingo del año litúrgico, que es el domingo antes del comienzo de Adviento. Esto se corresponde bien con el final de la historia cuando Cristo regrese como Rey, un tema que abordarán las liturgias de la primera mitad de Adviento.
1 Timoteo 6:15: la cual manifestará a su debido tiempo el bienaventurado y único Soberano, el Rey de reyes y Señor de señores;
Apocalipsis 17:14: Estos pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque El es Señor de señores y Rey de reyes, y los que están con El {son} llamados, escogidos y fieles.
Espíritu Santo
El Espíritu Santo es Dios. Es la tercera persona de la Trinidad, compuesta por Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Mora en el creyente y lo capacita para hacer en este mundo la obra que el Padre le ha encomendado. En el libro de Efesios leemos que el Espíritu Santo es el sello que identifica a los hijos de Dios y la garantía de que recibirán la herencia de la vida eterna.
Romanos 8:14: Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.
Hechos 1:8: pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
Lucas 1:35: Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.
Nuestra Señora del Pilar
Se dice que, por entonces (40 AD), el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España. Aquellas tierras no habían recibido el evangelio, por lo que se encontraban atadas al paganismo. Santiago obtuvo la bendición de la Santísima Virgen para su misión.
Los documentos dicen textualmente que Santiago, “pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso.”
En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando “oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol.” La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que “permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio.”
Virgen de Guadalupe
La Virgen de Guadalupe, Patrona de México y Emperatriz de las américas.
Fiesta: 12 de diciembre.
“Confiamos a Santa María de Guadalupe, Patrona de México y de todo el continente, el destino de los pueblos americanos y de su nueva evangelización.”
Juan Pablo II, enero 1999.
La Virgen Santísima se apareció en el Tepeyac al Beato Juan Diego en 1531. Como prueba de su visita la Virgen milagrosamente hizo que en aquel lugar aparecieran preciosas rosas de Castilla y que su imagen se quedara permanentemente en la tilma de su siervo. Ya en España existía la advocación a la Virgen de Guadalupe en Cáceres y en La Gomera.
La milagrosa imagen de la Virgen de Guadalupe se venera en México (y en todo el mundo) con grandísima devoción, y los milagros obtenidos por los que rezan a la Virgen bajo esta advocación son tan extraordinarios que no se puede menos que exclamar: “El poder divino está aquí.” Dios Todopoderoso se complace en derramar sus dones por medio de aquella a quien El escogió para ser su madre
VIÑA INFANTIL
San José Sánchez del Río
Nacido en Sahuayo, Michoacán, el 28 de marzo de 1913, hijo de Macario Sánchez y de María del Río, José Luis fue asesinado el 10 de febrero de 1928, durante la persecución religiosa de México por pertenecer a «los cristeros», grupo numeroso de católicos mexicanos levantados en contra la opresión del régimen de Plutarco Elías Calles.
Un año antes de su martirio, José Luis se había unido a las fuerzas «cristeras» del general Prudencio Mendoza, enclavadas en el pueblo de Cotija, Michoacán.
El martirio fue presenciado por dos niños, uno de siete años y el otro de nueve años, que después se convertirían en fundadores de congregaciones religiosas. Uno de ellos revela el papel decisivo que tendría para su vocación el testimonio de José Luis, de quien era amigo.
«Fue capturado por las fuerzas del gobierno, que quisieron dar a la población civil que apoyaba a los cristeros un castigo ejemplar», recuerda el testigo que entonces tenía siete años. «Le pidieron que renegara de su fe en Cristo, so pena de muerte. José no aceptó la apostasía. Su madre estaba traspasada por la pena y la angustia, pero animaba a su hijo», añade.
«Entonces le cortaron la piel de las plantas de los pies y le obligaron a caminar por el pueblo, rumbo al cementerio –recuerda–. Él lloraba y gemía de dolor, pero no cedía. De vez en cuando se detenían y decían: “Si gritas ´Muera Cristo Rey´” te perdonamos la vida. “Di ´Muera Cristo Rey´”. Pero él respondía: “Viva Cristo Rey”».
«Ya en el cementerio, antes de disparar sobre él, le pidieron por última vez si quería renegar de su fe. No lo hizo y lo mataron ahí mismo. Murió gritando como muchos otros mártires mexicanos “¡Viva Cristo Rey!”».
San Tarsicio
La fuente principal de la historia de San Tarsicio se encuentra en la inscripción que el Papa Dámaso (366-384) había colocado en la tumba del niño mártir. Ambientada en un momento de persecución de la Iglesia, cuenta la historia de Tarsicius.
Después de la Misa, llevó las Hostias consagradas a los cristianos encarcelados que esperaban el martirio. Siendo niño, sería menos sospechoso visitarlos si fuera un adulto.
Mientras caminaba a la prisión por la calzada romana conocida como la Vía Apia, se encontró con un grupo de niños y hombres paganos que comenzaron a acosarlo. Si bien no sabían, específicamente, que pertenecía al grupo oculto de cristianos, le exigieron que les mostrara lo que tenía en sus manos, que escondía en su ropa.
Tarsicius se negó, sabiendo que probablemente tomarían y profanarían el Santísimo Sacramento si lo obtenían de él. Su continuo rechazo enfureció a la multitud que comenzó a agredirlo. Cuando la multitud enojada lo golpeó, Tarcisius cayó sobre las piedras de la Vía Apia protegiendo a la Hostia debajo de su cuerpo. La turba no cedió una vez que cayó y finalmente lo mató. Cuando le dieron la vuelta al cuerpo para descubrir lo que había estado escondiendo. No encontraron nada. La Hostia se había desvanecido.
Santa Ines
El 21 de enero se celebra en Roma cada año la fiesta de santa Inés. En plaza Navona en el corazón de Roma se levanta la Iglesia en su honor, en el mismo lugar donde estuvo su prisión.
La historia de Inés, joven bonita, hija de una familia de ricos y nobles, estuvo signada por su fidelidad a Dios.
Propicio, hijo del gobernador de la época estaba enamorado de ella perdidamente, pero Inés ya tenía claro que su camino estaría junto a Cristo, su más profundo Amor.
Para el gobernador el rechazo a su hijo era una ofensa, entonces amenazó a Inés “aceptaba a Propicio o aceptaba el suplicio”. Inés permaneció fiel a su promesa.
El gobernador no dejó pasar su amenaza y comenzó a castigar duramente a la joven, Propicio que de verdad la amaba, frente a todos sus tormentos cayó muerto.
Su padre entonces pidió a Inés que intercediera por su hijo y la tradición cuenta que, frente a los ruegos de la niña, este volvió a la vida, razón por la cual acusada por hechicera murió martirizada en el año 304.
Cierto es, que la historia de Inés se mezcla tal vez con la leyenda, pero quizás haya que centrar nuestra mirada en esta joven de los primeros siglos del cristianismo que abrazó con dinamismo y fortaleza la cruz de Cristo y seguramente su estilo de vida y el de las primeras comunidades cristianas fue lo que en definitiva selló con su sangre.
Quien haya tenido el don de visitar las Catacumbas en Roma pudo asistir a ese viaje en el tiempo que nos remonta a una época fundacional e intensa como la que vivió Inés y percibe en el aire y espacio de estos lugares santos, cuanto debe haber sido el entusiasmo, el ardor, la fuerza de la fe que impulsaba a nuestros primeros hermanos a darlo todo por Cristo.
Hoy que la Iglesia nos invita a tener memoria del martirio, Inés, patrona del Área Aspirantes de Acción Católica debe revitalizar en nosotros, especialmente en nuestros chicos y chicas, el entusiasmo sincero, la pasión inagotable por el Evangelio de Jesús, por la fidelidad a Dios y el seguimiento de Cristo.