EL ROSARIO EN MI VIDA – Vivencias y Testimonios
Por: Amelia María Oliva Guillén.

VIVENCIAS Y TESTIMONIOS
COOPERADORES DE DIOS
EL ROSARIO EN MI VIDA
Por: Amelia María Oliva Guillén.
Anteriormente, les he compartido que mi camino de fe es un sendero que surge del camino de mi madre, y que ella supo con su ejemplo de vida enseñarme el valor de la fe Católica. Ella me enseñó a rezar el Santo Rosario, lo que es lógico porque ella fue Cofrade y Guardia de Honor de María del Santísimo Rosario. Sin embargo, a pesar de ello, yo nunca le sentí sabor a esta devoción sino que fue hasta en mi propia tribulación que descubrí la fuerza, el poder, el consuelo, la paz y el amor que emanan del Santo Rosario, claro, no por mérito propio, sino por la constancia de mi madre que sin duda ofreció muchos Rosarios por mí, siendo escuchada por María Santísima quien alcanzó para mi vida la misericordia de Dios.
Luego en el año 2015 me empecé a reunir con varios hermanos en la fe para rezar el Santo Rosario en la Iglesia y decidimos hacerlo los días 13 de cada mes en conmemoración de las apariciones de la Virgen de Fátima, que tuvieron lugar en ese día durante seis meses consecutivamente. Allí descubrí lo bonito que es rezar en comunidad y ante Jesús Sacramentado el Santo Rosario.
Fui profundizando en el Santo Rosario, entendiendo su naturaleza, lo maravilloso de ofrecer el Santo Rosario diariamente a nuestra Madre, el por qué la Virgen Santísima en el año 1,208 lo regaló a la humanidad a través de Santo Domingo de Guzmán, a quien la Virgen se le apareció en la capilla sosteniendo en Su mano un Rosario y le enseñó a recitarlo. Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias. Y es que en realidad es un medio tan accesible que toda persona puede entenderlo y acercarse a Dios por su medio.
La pedagogía de la dulce Madre es impresionante, en aquel tiempo en que una minoría de personas podían tener acceso a la lectura de la Palabra de Dios y aún ahora en que la modernidad nos arrebata el tiempo en otra clase de entretenciones, el Santo Rosario es un método bellísimo y de una simpleza que lo hace comprensible para toda persona y le permite al fiel meditar la vida, pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesús de una forma vívida, dejando una enseñanza venida directamente del cielo en el alma.
Personalmente considero y creo que en cada Misterio del Santo Rosario, es la Virgen quien nos lleva de la mano para que, inmersos en el Misterio, vayamos conociéndolo, meditándolo, profundizando en él. Tal vez no tengamos acceso a un estudio profundo teológico pero tenemos ese medio que como un susurro al entendimiento, al corazón, al alma, al ser mismo, nos va conectando con el Misterio meditado y va desentrañando sus más profundos significados.
Es un método de oración, de comunicación de doble vía con Dios, es un sacrificio que podemos ofrecer, es un método de enseñanza que el cielo utiliza y un método de aprendizaje que nosotros aprovechamos. Mientras estamos repitiendo las oraciones, se va anclando el Misterio en el alma, se va abriendo la mente a la comprensión de los momentos de la vida de nuestro Señor, al descubrimiento de quién es nuestra Madre en la historia de la salvación y a las verdades de nuestra fe. Y si enlazamos cada Misterio a una petición concreta y relacionada a él, hacemos oración de intercesión en provecho nuestro, de los que amamos y del mundo entero. Por ejemplo, cuando rezamos el primer Misterio Gozoso y lo enlazamos a la petición por los niños en peligro de ser abortados, por las madres, por los padres, por las parejas que conciben fuera del matrimonio, para que Dios les dé el entendimiento y el valor de buscar el Sacramento. O cuando rezamos el tercer misterio Luminoso y lo enlazamos con la petición de la santidad de los Sacerdotes, porque los Sacerdotes sean fieles al Evangelio de Jesús y se ocupen de la salvación de las almas por sobre todas las cosas; porque ni la modernidad ni los intereses oscuros arrasen con la cordura dentro de la Iglesia y ésta sea Santa y no dé cabida a los intereses del mundo. O si enlazamos el segundo Misterio doloroso clamando por todos los enfermos, para que equiparando los dolores y sufrimientos que padecen a la flagelación de Cristo, sepan ofrecer sus padecimientos por la conversión de nosotros los pecadores del mundo entero y sea su padecimiento con paciencia prenda de vida eterna para ellos y si Dios quiere recobren milagrosamente la salud. O si enlazamos el primer Misterio Glorioso con la petición por el alma de los fieles difuntos, para que Dios de amor les abra las puertas del cielo o para que los que se encuentran en pecado mortal resuciten a una vida nueva.
Y así podríamos repasar cada Misterio y unirlo a nuestras concretas peticiones, a nuestros agradecimientos, a nuestras oraciones de reparación y otras; para diariamente encontrar además cómo es de efectivo el Santo Rosario para alcanzar lo que pedimos con fe. Hay cantidad de testimonios que podemos conocer de oraciones respondidas mediante el rezo del Santo Rosario.
Pero sin duda, lo más importante que he aprendido en estos años es a rezarlo por puro amor, por profundizar en los Misterios, por el ánimo de poner esas 53 rosas a los pies de la Virgen Santísima, mismas que Ella ve con gran amor y más si se ofrecen en comunidad o en familia.
La Virgen Santísima premia a sus hijos devotos del Santo Rosario de múltiples formas. Ella, la más amorosa de las Madres no se queda con nada, la Santa Iglesia nos regala indulgencias por el rezo del Rosario y Ella nos da su cercanía, la que muestra de múltiples formas, de lo que por la gracia de Dios doy testimonio. Personalmente, siendo ya constante en el rezo del Santo Rosario, puedo dar fe de que el tiempo invertido diariamente en ello, es de gran beneficio para nosotros mismos, refresca el alma; si tenemos una pena, una preocupación, un desasosiego, nos da paz; si estamos alegres nos da plenitud; si estamos enfermos nos da salud y paciencia; si estamos enojados nos calma; si estamos desilusionados nos da esperanza; en fin, es ponerse en el regazo de la Madre y sentirnos amados, disfrutar de su guía, de su abrazo, de su gran amor, de su real existencia; es conocerla, es venerarla, es por Ella llegar al corazón de Jesús y entrar en la presencia de la Santísima Trinidad, en adoración, de rodillas, reconociéndonos hijos, sencillos, humildes, unidos en una oración que todos podemos entender, en una oración verdaderamente Católica, universal.