TESTIMONIO DEL PODER DE LA ORACIÓN – Vivencias y Testimonios

Por motivos de lógica prudencia no se mencionan nombres, ni lugares, ni detalle alguno que dé a entender el caso concreto, pero real y muy reciente.
En un momento muy cercano del regreso del Señor en gloria y majestad, es decir, de los últimos tiempos, en un lugar muy cercano al cinturón de la tierra, de un continente que abarca de polo a polo de nuestro planeta, una noche horrenda desapareció de escena un joven esposo padre de dos pequeños. No regresa a casa, hay incertidumbre, pasan las horas, crece la zozobra, por fin una inesperada llamada pone fin a la inquietud, convirtiéndola en tragedia. Ha sido secuestrado y piden una suma inalcanzable.
Esta jovencita madre, debiendo alimentar a su hijito de quince días de nacido, con angustia tal, en medio del dolor, mantiene su fe. Algún día lo verá de nuevo pasando el dintel de la casa.
Le aseguran que está vivo, demandan el dinero. Por más de tres meses se hace un desgarrador silencio de parte de los malhechores.
No obstante la fe, la espera incierta carcome las entrañas. Se hace más que nunca necesaria la oración, la unión familiar en torno a la catástrofe que les aqueja. Oración y fe mantiene a la familia entera en pie.
Se acercan las navidades. Ante la prolongada ausencia los pronósticos hablan de una gran tristeza en días tan emotivos. Un Sacerdote amigo media entre los victimarios y las víctimas.
De repente una comunicación hiela los huesos, pero informan lo tan esperado. Regresa el padre de ese jovencísimo hogar. La alegría invade los corazones de tal forma que es casi un sueño del cual se teme despertar.
Da su testimonio muy escueto porque la prudencia debe reinar prioritariamente en estos trances y porque el regreso no es pronóstico de seguridad. Los ciento cuarenta y un días que vivió esta pesadilla, le fueron inmensamente más largos que los mil quinientos que vivió prestando su servicio militar. Varias veces debe interrumpir su relato porque el llanto y sollozos apresan su garganta. Básicamente lo que emana de él es, que, de no haber tenido la oración como compañera, día y noche, no hubiera superado la situación permaneciendo cuerdo. La mente no paraba en pensamientos, lo quería enloquecer. La presencia sensible de la Virgen fue su bálsamo, su bastón, su salvación.
Dios no permite pruebas más allá de las gracias que da para superarlas y éste es un caso patente. Además, siempre saca provecho de todo mal, y aquí sacó una gran purificación para estas dos almas unidas por el Sacrosanto Sacramento del Matrimonio. Una misión grande les tiene el Señor. No hay que interrumpir los actos de gratitud y de alabanza al Señor y a su Santísima Madre, por este regreso bienaventurado.