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Los problemas del matrimonio a la luz de la visión integral del hombre – PROYECTO DE AMOR CONYUGAL – SAN JUAN PABLO II

Los problemas del matrimonio a la luz de la visión integral del hombre

INTERPRETACIÓN DE LA CATEQUESIS:

Invocamos al Espíritu Santo:

Espíritu Santo, ven cada día a nuestros corazones. Enséñanos y empújanos a practicar nuestro amor conyugal según la voluntad del Padre. No lo buscamos por egoísmo, sino para alabarle y glorificarle, en las alegrías y en las penas, todos los días de nuestra vida y así contribuir con Él a la construcción de Su Reino de Amor en nuestro hogar. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Las claves:

Siempre ha habido errores de interpretación del hombre sobre el matrimonio. Cristo nos muestra que la verdad es inmutable y es la misma desde el principio. Tenemos que recuperar los fundamentos de nuestra dignidad y nuestra vocación.

Detalles:

  1. El Evangelio según Mateo y según Marcos nos refiere la respuesta que Cristo dio a los fariseos cuando le preguntaron acerca de la indisolubilidad del matrimonio. Luego, refiriéndose a su pregunta sobre la ley de Moisés. Cristo añadió: “Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así”. Cristo se remitió dos veces al “principio”, este “principio”, es la primera herencia de cada uno de los seres humanos en el mundo, varón y mujer, el primer testimonio de la identidad humana según la palabra revelada, la primera fuente de la certeza de su vocación como persona creada a imagen de Dios mismo.
  2. Los hombres de todos los tiempos plantean la pregunta sobre el mismo tema. Nuestros contemporáneos no se remiten a la ley de Moisés, sino a otras circunstancias y a otras leyes. Estas preguntas suyas están cargadas de problemas, desconocidos a los interlocutores contemporáneos de Cristo. Las hacen muchas personas, esposos, novios, jóvenes, pero también escritores, publicistas, políticos, economistas, demógrafos, en una palabra, la cultura y la civilización contemporánea.

Entre las respuestas que Cristo daría a los hombres de nuestro tiempo y a sus preguntas, frecuentemente tan impacientes, Cristo se remitiría ante todo al “principio”. Lo haría quizá de modo tanto más decisivo y esencial. Cristo no quedaría “sorprendido” por ninguna de estas situaciones, y supongo que continuaría haciendo referencia sobre todo al “principio”.

  • Esa respuesta evoca verdades fundamentales y elementales sobre el ser humano, como varón y mujer. Sin esto, no hay modo de construir una antropología teológica, de la que traiga origen también la visión plenamente cristiana del matrimonio y de la familia. Cristo presentó a los interlocutores también esta “visión integral del hombre”, sin la cual no se puede dar respuesta alguna adecuada a las preguntas relacionadas con el matrimonio y la procreación. Precisamente esta visión integral del hombre debe ser construida según el “principio”.

Somos hijos de una época en la que, por el desarrollo de varias disciplinas, esta visión integral del hombre puede ser sustituida por múltiples concepciones parciales que, deteniéndose sobre uno u otro aspecto, no alcanzan a ver al hombre de manera integral. Formulan sus propuestas e indicaciones prácticas sobre el comportamiento humano y, aún más frecuentemente, sobre cómo comportarse con el “hombre”. El hombre se convierte, pues, más en un objeto de determinadas técnicas, que en el sujeto responsable de la propia acción. La respuesta que Cristo dio a los fariseos exige también que el hombre, varón y mujer, sea este sujeto, es decir, un sujeto que decida sobre sus propias acciones a la luz de la verdad integral sobre sí mismo, en cuanto verdad originaria, o sea, fundamento de las experiencias auténticamente humanas. Esta es la verdad que Cristo nos hace buscar en el “principio”. 

  • En el estudio presente, nos encontramos a un nivel del todo precientífico. No sabemos casi nada sobre las regulaciones que reinan en el organismo humano. Sin embargo, la verdad importante para la visión integral del hombre se revela de modo más sencillo y pleno. Esta verdad se refiere al significado del cuerpo humano en la estructura del sujeto

personal. La reflexión sobre el Génesis nos permite extender este significado a toda la

esfera de la intersubjetividad humana, especialmente en la perenne relación varón-mujer. Gracias a esto, adquirimos, una óptica que debemos poner necesariamente en la base de toda la ciencia contemporánea acerca de la sexualidad humana. Esto no quiere decir que debamos renunciar a esta ciencia o privarnos de sus resultados. Al contrario: si éstos deben servir para enseñarnos algo sobre la educación del hombre, en su masculinidad y feminidad, y acerca de la esfera del matrimonio y de la procreación, es necesario llegar siempre a lo que es fundamental y esencialmente personal, tanto en cada individuo, varón o mujer, cuanto en sus relaciones recíprocas.

En este punto es donde la reflexión sobre el texto del Génesis se manifiesta insustituible. El hecho de que la teología comprenda también al cuerpo no debe maravillar ni sorprender a nadie que sea consciente del misterio y de la realidad de la Encarnación. Por el hecho de que el Verbo de Dios se ha hecho carne, el cuerpo ha entrado, diría, por la puerta principal en la teología, esto es, en la ciencia que tiene como objeto la divinidad. La Encarnación —y la redención que brota de ella— se ha convertido también en la fuente definitiva de la sacramentalidad del matrimonio.

  • Las preguntas que se plantean al hombre contemporáneo son también preguntas de aquellos que se preparan para el sacramento del matrimonio o de aquellos que ya viven en el matrimonio. Estas no son sólo las preguntas de las ciencias, sino, y aún más, las preguntas de la vida humana. Muchos buscan en el matrimonio la realización de su vocación. Muchos quieren encontrar en él el camino de la salvación y de la santidad.

Los que buscan la realización de la propia vocación humana y cristiana en el matrimonio, ante todo están llamados a hacer de esta “teología del cuerpo”, cuyo “principio” encuentran en los primeros capítulos del Génesis, el contenido de su vida y de su comportamiento. Todo esto, que forma el contenido de la vida de los esposos, debe encontrar constantemente su dimensión plena y personal en la convivencia, en el comportamiento, en los sentimientos. La bio-fisiología contemporánea puede suministrar muchas informaciones precisas sobre la sexualidad humana. Sin embargo, el conocimiento de la dignidad personal del cuerpo humano y del sexo se saca de otras fuentes. Una fuente particular es la Palabra de Dios mismo, que contiene la revelación del cuerpo, esa que se remonta al “principio”.

¡Qué significativo es que Cristo, en la respuesta a todas estas preguntas, mande al hombre volver, al umbral entre la inocencia-felicidad originaria y la herencia de la primera caída! ¿Acaso no le quiere decir, que el camino por el que Él conduce al hombre, varón-mujer, en el sacramento del matrimonio, debe consistir en recuperar esta dignidad en la que se realiza simultáneamente el auténtico significado del cuerpo humano, su significado personal y “de comunión”?

  • Terminamos la primera parte de nuestras meditaciones dedicadas a este tema. No podemos detenernos solamente en lo que Cristo respondió a los fariseos, haciendo referencia al “principio”. También debemos tomar en consideración todas las demás enunciaciones, entre las cuales destacan especialmente dos: la primera, la del sermón de la montaña, a propósito de las posibilidades del corazón humano respecto a la concupiscencia del cuerpo (cf. Mt 5, 8), y la segunda, aquella en que Jesús se refiere a la resurrección futura (cf. Mt 22, 24-30; Mc 12, 18-27; Lc 20, 27-36).

Estas dos enunciaciones serán objeto de nuestras sucesivas reflexiones.

EL MENSAJE DE ESTA CATEQUESIS PARA EL HOMBRE DE HOY:

Frente a la postura del ser humano y la dureza de corazón, que tergiversa la verdad contenida en la Sagrada Escritura adaptándola a las tendencias de su pecado, hay una exhortación a volver al principio, al significado de todo tal como Dios lo pensó. El tema de las dudas sobre la esencia del matrimonio sigue estando de moda en todas las épocas, intentando destruir su verdadero significado, su intencionalidad, sus formas… Es una clara actuación del demonio que ataca la sacralidad de este sacramento tan fundamental para la vida y la existencia humana.

En el segundo ciclo vamos a retomar las instrucciones correctas. El Papa plantea varios ciclos en sus catequesis: El matrimonio como Dios lo pensó, cómo el pecado influye en Su plan, la redención del cuerpo…

Yo te he creado a ti para esto: Entregarte a tu esposo y hacerte uno con él. Esa es mi forma de responder a la imagen de Dios, haciéndome semejante a Él. Es la forma de responder a la dignidad que Dios me ha concedido. Es tan sencillo… sin embargo, por la dureza de nuestro corazón, nos empeñamos en cambiar el sentido de nuestra vida. La consecuencia es la pérdida de la conciencia del valor de la vida, la pérdida de la felicidad, la destrucción de la armonía, la pérdida de la paz interior…

Los estudios científicos sobre el cuerpo humano son interesantes y muy valiosos, pero deben ser completados necesariamente por la revelación sobre nuestra dignidad personal, por lo que hay de teológico en el ser humano desde que Cristo se hizo humano. Hay un aspecto trascendental que nos condiciona a cada uno de nosotros y que debe prevalecer sobre cualquier otro concepto médico o científico de la persona humana. Es necesaria una visión integral del hombre y no recurrir a soluciones que atienden al individuo desde un punto de vista parcial, por ejemplo, un tratamiento o una terapia que no tiene en consideración quién es la persona, cual es su misión y que su objetivo debe ser la santidad en todos los casos.

Necesitamos recuperar por encima de todo nuestra dignidad y la sacralidad de nuestro matrimonio, volviendo al principio, a los fundamentos de la persona y de la relación hombre-mujer tal como Dios lo pensó, para no desviarnos envueltos en criterios y razonamientos.

RATO DE ORACION JUNTOS:

Señor, empezamos tomando conciencia de quién eres. Eres Dios, el Amor infinito, inabarcable, inmutable. El Creador, el dador de todo. Todo lo bueno viene de ti. Contemplamos a Dios por un momento para tomar conciencia ante quién estamos. Decimos uno y otro, frases que describan a Dios, que lo definan, compartimos lo que contemplamos de Él y en Él.

Ahora Señor, contemplamos quién soy yo para ti como ser humano. Qué dignidad me has querido dar y qué has puesto en mí que me da tal dignidad. (Contemplamos esto y cada esposo dice frases en relación a esto)

Por último, tomamos conciencia del valor del matrimonio. Cómo quisiste hacerlo en el principio. Contemplamos la grandeza y la sacralidad de nuestra vocación. Qué imagen tuya pusiste en la esposa como mujer y qué imagen tuya pusiste en el esposo como hombre. Qué frutos esperas de nuestro matrimonio. (Contemplamos el valor del matrimonio y nos decimos frases que representen lo que vamos contemplando)

Acabamos con oraciones de agradecimiento y alabanza a Dios, absortos ante tan bellísimo plan, atónitos ante tanta grandeza, impresionados ante tanta sacralidad en nosotros, en nuestra misión y en su plan para nosotros.

EL CASO:

Ella está sufriendo mucho. Ama a su esposo, pero él es bastante superficial. Absorto en las cosas del mundo, no atiende a su esposa con la dignidad que le correspondería. La tiene bastante abandonada. Al menos ella lo siente así.

Él en cambio cree que ama mucho a su mujer y su familia, porque está todo el día trabajando para ellos. Considera que ella es una exagerada y que se ralla demasiado con tanto darle vueltas a la cabeza. Él espera que ella esté más cariñosa cuando llegue a casa y no que esté siempre corrigiéndole e intentando cambiarle.

Fruto de esta situación, hay bastante distancia entre los esposos. Así que deciden ir al sicólogo. Están siguiendo unas terapias que les ayudan a organizarse en su día a día. Un apartado para el trabajo fuera de casa, otro para las tareas del hogar repartiendo equitativamente su trabajo mediante un pacto prefijado entre ambos, y un tiempo también para que cada uno pueda tener su espacio. Uno los martes y jueves y el otro los lunes y miércoles.

Parece que ahora discuten menos porque todo está más organizado. Pero entre ellos sigue habiendo un vacío enorme. Parece que falta lo más importante. No están construyendo una intimidad común, no están alimentando sus almas. No están siendo fieles a su llamada. 

¿Está siendo su vida acorde con su dignidad? ¿En las soluciones que se les plantean se está teniendo en cuenta un visión integral de ellos como personas y como esposos?

¿Qué tipo de relación necesitarían para sentirse satisfechos con su vida? (Decir acciones concretas)

¿Qué es lo que les dará la paz y la alegría?

¿Cómo distribuiríais su tiempo en el día a día según lo indicado en los apartados anteriores?

COMPROMISO

El día a día nos envuelve en mil problemas y tareas que no nos dejan tomar conciencia de lo verdaderamente importante. La grandeza y la belleza del plan de Dios para mí, para mi vida y para nuestro matrimonio y familia.

Tres veces al día, por la mañana, al medio día y por la noche, tomaré conciencia de esta grandeza y haré una oración de agradecimiento y alabanza a Dios poniendo en perspectiva mi vida desde Sus ojos. Mirando mi día como Dios lo miraría.

ORACIÓN FINAL:

Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por siempre. Que por siempre te alaben los cielos y todas tus criaturas. Tú creaste a Adán y le diste a Eva, su mujer, como ayuda y apoyo. De ellos nació la estirpe humana. Tú dijiste: “No es bueno que el nombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él”. No busco la unión con mi esposo/a por impuro deseo, sino con la mejor intención. Ten misericordia de nosotros y haz que lleguemos juntos a la vejez. (Él) Amén, (Ella) Amén.

Copia íntegra de la catequesis de JPII:

JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles 2 de abril de 1980

Los problemas del matrimonio a la luz de la visión integral del hombre

Reanudemos ahora el desarrollo del tema que nos ocupa ya desde hace algún tiempo.

1.El Evangelio según Mateo y según Marcos nos refiere la respuesta que Cristo dio a los fariseos cuando le preguntaron acerca de la indisolubilidad del matrimonio, remitiéndose a la ley de Moisés que admitía, en ciertos casos, la práctica del llamado libelo de repudio. Recordándoles los primeros capítulos del libro del Génesis, Cristo respondió: “¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y mujer? Y dijo: Por esto dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a la mujer y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre”. Luego, refiriéndose a su pregunta sobre la ley de Moisés. Cristo añadió: “Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así” (Mt 19, 3 ss.; Mc 12, 2 ss.). En su respuesta Cristo se remitió dos veces al “principio” y, por esto, también nosotros, en cl curso de nuestros análisis, hemos tratado de esclarecer del modo más profundo posible el significado de este “principio”, que es la primera herencia de cada uno de los seres humanos en el mundo, varón y mujer, el primer testimonio de la identidad humana según la palabra revelada, la primera fuente de la certeza de su vocación como persona creada a imagen de Dios mismo.
2.La respuesta de Cristo tiene un significado histórico, pero no sólo histórico. Los hombres de todos los tiempos plantean la pregunta sobre el mismo tema. También lo hacen nuestros contemporáneos los cuales, sin embargo, en sus preguntas no se remiten a la ley de Moisés, que admitía el libelo de repudio, sino a otras circunstancias y a otras leyes. Estas preguntas suyas están cargadas de problemas, desconocidos a los interlocutores contemporáneos de Cristo. Sabemos qué preguntas concernientes al matrimonio y a la familia han hecho al último Concilio, al Papa Pablo VI, y se formulan continuamente en el período post conciliar, día tras día, en las más diversas circunstancias. Las hacen muchas personas, esposos, novios, jóvenes, pero también escritores, publicistas, políticos, economistas, demógrafos, en una palabra, la cultura y la civilización contemporánea.
Pienso que entre las respuestas que Cristo daría a los hombres de nuestro tiempo y a sus preguntas, frecuentemente tan impacientes, todavía sería fundamental la que dio a los fariseos. Al contestar a sus preguntas, Cristo se remitiría ante todo al “principio”. Lo haría quizá de modo tanto más decisivo y esencial, cuanto que la situación interior y a la vez cultural del hombre de hoy parece alejarse de ese “principio” y asumir formas y dimensiones que divergen de la imagen bíblica del “principio” en puntos evidentemente cada vez más distantes.
Sin embargo, Cristo no quedaría “sorprendido” por ninguna de estas situaciones, y supongo que continuaría haciendo referencia sobre todo al “principio”.
3.Por esto la respuesta de Cristo exigía un análisis particularmente profundo. En efecto, esa respuesta evoca verdades fundamentales y elementales sobre el ser humano, como varón y mujer. Es la respuesta a través de la cual entrevemos la estructura misma de la identidad humana en las dimensiones del misterio de la creación y, al mismo tiempo en la perspectiva del misterio de la redención. Sin esto, no hay modo de construir una antropología teológica y, en su contexto, una “teología del cuerpo”, de la que traiga origen también la visión plenamente cristiana del matrimonio y de la familia. Lo puso de relieve Pablo VI cuando en su Encíclica dedicada a los problemas del matrimonio y de la procreación, en su significado humana y cristianamente responsable, hizo referencia a la “visión integral del hombre” (Humanae vitae, 7). Se puede decir que, en la respuesta a los fariseos. Cristo presentó a los interlocutores también esta “visión integral del hombre”, sin la cual no se puede dar respuesta alguna adecuada a las preguntas relacionadas con el matrimonio y la procreación. Precisamente esta visión integral del hombre debe ser construida según el “principio”.
Esto es igualmente válido para la mentalidad contemporánea, tal como lo era, aún cuando de modo diverso, para los interlocutores de Cristo. Efectivamente, somos hijos de una época en la que, por el desarrollo de varias disciplinas, esta visión integral del hombre puede ser fácilmente rechazada y sustituida por múltiples concepciones parciales que, deteniéndose sobre uno u otro aspecto del compositum humanum, no alcanzan al integrum del hombre, o lo dejan fuera del propio campo visivo. Se insertan luego diversas tendencias culturales que —según estas verdades parciales— formulan sus propuestas e indicaciones prácticas sobre el comportamiento humano y, aún más frecuentemente, sobre cómo comportarse con el “hombre”. El hombre se convierte, pues, más en un objeto de determinadas técnicas, que en el sujeto responsable de la propia acción. La respuesta que Cristo dio a los fariseos exige también que el hombre, varón y mujer, sea este sujeto, es decir, un sujeto que decida sobre sus propias acciones a la luz de la verdad integral sobre sí mismo, en cuanto verdad originaria, o sea, fundamento de las experiencias auténticamente humanas. Esta es la verdad que Cristo nos hace buscar en el “principio”. Por eso nos dirigimos a los primeros capítulos del Génesis.
4.El estudio de estos capítulos, acaso más que de otros, nos hace conscientes del significado y de la necesidad de la “teología del cuerpo”. El “principio” nos dice relativamente poco sobre el cuerpo humano, en el sentido naturalista y contemporáneo de la palabra. Desde este punto de vista, en el estudio presente, nos encontramos a un nivel del todo precientífico. No sabemos casi nada sobre las estructuras interiores y sobre las regulaciones que reinan en el organismo humano. Sin embargo, al mismo tiempo —quizá a causa de la antigüedad del texto—, la verdad importante para la visión integral del hombre se revela de modo más sencillo y pleno. Esta verdad se refiere al
significado del cuerpo humano en la estructura del sujeto personal. Sucesivamente, la reflexión
sobre esos textos arcaicos nos permite extender este significado a toda la esfera de la intersubjetividad humana, especialmente en la perenne relación varón-mujer. Gracias a esto, adquirimos, según esta relación, una óptica que debemos poner necesariamente en la base de toda la ciencia contemporánea acerca de la sexualidad humana, en sentido bio-fisiológico. Esto no quiere decir que debamos renunciar a esta ciencia o privarnos de sus resultados. Al contrario: si éstos deben servir para enseñarnos algo sobre la educación del hombre, en su masculinidad y feminidad, y acerca de la esfera del matrimonio y de la procreación, es necesario —a través de todos y cada uno de los elementos de la ciencia contemporánea— llegar siempre a lo que es fundamental y esencialmente personal, tanto en cada individuo, varón o mujer, cuanto en sus relaciones recíprocas.
Y precisamente en este punto es donde la reflexión sobre el texto arcaico del Génesis se manifiesta insustituible. Constituye realmente el “principio” de la teología del cuerpo. El hecho de que la
teología comprenda también al cuerpo no debe maravillar ni sorprender a nadie que sea consciente del misterio y de la realidad de la Encarnación. Por el hecho de que el Verbo de Dios se ha hecho carne, el cuerpo ha entrado, diría, por la puerta principal en la teología, esto es, en la ciencia que tiene como objeto la divinidad. La Encarnación —y la redención que brota de ella— se ha convertido también en la fuente definitiva de la sacramentalidad del matrimonio, del que trataremos más ampliamente a su debido tiempo.
5.Las preguntas que se plantean al hombre contemporáneo son también preguntas de los cristianos: de aquellos que se preparan para el sacramento del matrimonio o de aquellos que ya viven en el matrimonio, que es el sacramento de la Iglesia. Estas no son sólo las preguntas de las ciencias, sino, y aún más, las preguntas de la vida humana. Muchos hombres y muchos cristianos buscan en el matrimonio la realización de su vocación. Muchos quieren encontrar en él el camino de la salvación y de la santidad.
Para ellos es particularmente importante la respuesta que Cristo dio a los fariseos, celadores del Antiguo Testamento. Los que buscan la realización de la propia vocación humana y cristiana en el matrimonio, ante todo están llamados a hacer de esta “teología del cuerpo”, cuyo “principio” encuentran en los primeros capítulos del Génesis, el contenido de su vida y de su comportamiento. Efectivamente, ¡cuán indispensable es, en el camino de esta vocación, la conciencia profunda del significado del cuerpo, en su masculinidad y feminidad!, ¡cuán necesaria es una conciencia precisa del significado esponsalicio del cuerpo, de su significado generador, dado que todo esto, que forma el contenido de la vida de los esposos, debe encontrar constantemente su dimensión plena y personal en la convivencia, en el comportamiento, en los sentimientos! Y esto, tanto más en el trasfondo de una civilización, que está bajo la presión de un modo de pensar y valorar materialista y utilitario. La bio-fisiología contemporánea puede suministrar muchas informaciones precisas sobre la sexualidad humana. Sin embargo, el conocimiento de la dignidad personal del cuerpo humano y del sexo se saca también de otras fuentes. Una fuente particular es la Palabra de Dios mismo, que contiene la revelación del cuerpo, esa que se remonta al “principio”.
¡Qué significativo es que Cristo, en la respuesta a todas estas preguntas, mande al hombre volver, en cierto modo, al umbral de su historia teológica! Le ordena ponerse en el límite entre la inocencia-felicidad originaria y la herencia de la primera caída. ¿Acaso no le quiere decir, de este modo, que el camino por el que Él conduce al hombre, varón-mujer, en el sacramento del matrimonio, esto es, el camino de la “redención del cuerpo”, debe consistir en recuperar esta
dignidad en la que se realiza simultáneamente el auténtico significado del cuerpo humano, su significado personal y “de comunión”?
6.Por ahora, terminamos la primera parte de nuestras meditaciones dedicadas a este tema tan importante. Para dar una respuesta más exhaustiva a nuestras preguntas, tal vez apremiantes, sobre el matrimonio —o todavía más exactamente: sobre el significado del cuerpo—, no podemos detenernos solamente en lo que Cristo respondió a los fariseos, haciendo referencia al “principio”
(cf. Mt 19, 3 ss.: Mc 10, 2 ss.). También debemos tomar en consideración todas las demás enunciaciones, entre las cuales destacan especialmente dos, de carácter particularmente sintético: la primera, la del sermón de la montaña, a propósito de las posibilidades del corazón humano respecto a la concupiscencia del cuerpo (cf. Mt 5, 8), y la segunda, aquella en que Jesús se refiere a la resurrección futura (cf. Mt 22, 24-30; Mc 12, 18-27; Lc 20, 27-36).
Estas dos enunciaciones serán objeto de nuestras sucesivas reflexiones.

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