“Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel” – San Lucas 2,22-40
Evangelio de hoy viernes 02 de febrero de 2024

Evangelio según San Lucas 2,22-40.
22 Y cuando se cumplieron los días de la purificación [10388] de ellos, según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén a fin de presentarlo al Señor,
23 según está escrito en la Ley de Moisés: “Todo varón primer nacido será llamado santo para el Señor”,
24 y a fin de dar en sacrificio, según lo dicho en la Ley del Señor, “un par de tórtolas o dos pichones”.
La profecía de Simeón.
25 Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo era sobre el.
26 Y le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Ungido del Señor.
27 Y, movido por el Espíritu, vino al templo; y cuando los padres llevaron al niño Jesús para cumplir con él las prescripciones acostumbradas en la Ley,
28 él lo tomó en sus brazos, y alabó a Dios y dijo:
29 “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, según tu palabra [10389] ,
30 porque han visto mis ojos tu salvación,
31 que preparaste a la faz de todos los pueblos.
32 Luz para revelarse a los gentiles, y para gloria de Israel, tu pueblo”.
33 Su padre y su madre estaban asombrados de lo que decía de Él.
34 Bendíjolos entonces Simeón, y dijo a María, su madre: “Este es puesto para ruina y para resurrección de muchos en Israel, y para ser una señal de contradicción [10390] –
35 y a tu misma alma, una espada la traspasará–, a fin de que sean descubiertos, los pensamientos de muchos corazones” [10391] .
La profetisa Ana.
36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada; había vivido con su marido siete años desde su virginidad;
37 y en la viudez, había llegado hasta los ochenta y cuatro años, y no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones.
38 Se presentó también en aquel mismo momento y se puso a alabar a Dios y a hablar de aquel (niño) a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.
39 Y cuando hubieron cumplido todo lo que era exigido por la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret en Galilea.
40 El niño crecía y se robustecía, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre Él.
Extraído de la Biblia Straubinger