Domingo VII de Pascua. LA ASCENSION DEL SEÑOR.
ORAD SIN CESAR – Domingo 12 de mayo de 2024

Mayo 12 2024
“Elevar” en Antiguo Testamento es tomar posesión de la realeza. Hoy Cristo entra en el plano divino y toma posesión de la realeza de Dios sobre el mundo, haciéndolo como Hijo del hombre que ha vencido a la muerte y al pecado.
Cf. Marcos 16, 15-20
AYUDAS PARA EXTRAER LUCES🌟🌟🌟🌟 que enriquecerán la oración semanal 👇🏾
🌟 FORMAS DE ORACIÓN
“Bajo tu amparo nos acogemos”
(“Sub tuum praesidium confugimus”, en latín).
Es la oración más antigua a la Virgen María.
Encontrada en un papiro datado del 250 d.C. cerca de la antigua ciudad egipcia de Oxirrinco. Allí aparece el término “Theotokos”
(Madre de Dios), lo que solo fué reconocido como dogma siglos después, en el Concilio de Efeso. Es una demostración de que la Tradición no es algo inventado, sino que verdaderamente transmite la herencia de los primeros cristianos recibida de los apóstoles.
🌟🌟 LECTURA RECOMENDADA PARA MEDITACION semanal :
HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
( Fragmento)
Solemnidad de la Ascensión del Señor
Cassino, Plaza Miranda
Domingo 24 de mayo de 2009
Queridos hermanos y hermanas:
“…Pero hay un sentido más profundo, que no se percibe en un primer momento. En la página de los Hechos de los Apóstoles se dice ante todo que Jesús “fue elevado” (Hch 1, 9), y luego se añade que “ha sido llevado” (Hch 1, 11). El acontecimiento no se describe como un viaje hacia lo alto, sino como una acción del poder de Dios, que introduce a Jesús en el espacio de la proximidad divina. La presencia de la nube que “lo ocultó a sus ojos” (Hch 1, 9) hace referencia a una antiquísima imagen de la teología del Antiguo Testamento, e inserta el relato de la Ascensión en la historia de Dios con Israel, desde la nube del Sinaí y sobre la tienda de la Alianza en el desierto, hasta la nube luminosa sobre el monte de la Transfiguración. Presentar al Señor envuelto en la nube evoca, en definitiva, el mismo misterio expresado por el simbolismo de “sentarse a la derecha de Dios”.
En el Cristo elevado al cielo el ser humano ha entrado de modo inaudito y nuevo en la intimidad de Dios; el hombre encuentra, ya para siempre, espacio en Dios. El “cielo”, la palabra cielo no indica un lugar sobre las estrellas, sino algo mucho más osado y sublime: indica a Cristo mismo, la Persona divina que acoge plenamente y para siempre a la humanidad, Aquel en quien Dios y el hombre están inseparablemente unidos para siempre. El estar el hombre en Dios es el cielo. Y nosotros nos acercamos al cielo, más aún, entramos en el cielo en la medida en que nos acercamos a Jesús y entramos en comunión con él. Por tanto, la solemnidad de la Ascensión nos invita a una comunión profunda con Jesús muerto y resucitado, invisiblemente presente en la vida de cada uno de nosotros.
Desde esta perspectiva comprendemos por qué el evangelista san Lucas afirma que, después de la Ascensión, los discípulos volvieron a Jerusalén “con gran gozo” (Lc 24, 52). La causa de su gozo radica en que lo que había acontecido no había sido en realidad una separación, una ausencia permanente del Señor; más aún, en ese momento tenían la certeza de que el Crucificado-Resucitado estaba vivo, y en él se habían abierto para siempre a la humanidad las puertas de Dios, las puertas de la vida eterna. En otras palabras, su Ascensión no implicaba la ausencia temporal del mundo, sino que más bien inauguraba la forma nueva, definitiva y perenne de su presencia, en virtud de su participación en el poder regio de Dios.
Precisamente a sus discípulos, llenos de intrepidez por la fuerza del Espíritu Santo, corresponder hacer perceptible su presencia con el testimonio, el anuncio y el compromiso misionero. También a nosotros la solemnidad de lam Ascensión del Señor debería colmarnos de serenidad y entusiasmo, como sucedió a los Apóstoles, que del Monte de los Olivos se marcharon “con gran gozo”. Al igual que ellos, también nosotros, aceptando la invitación de los “dos hombres vestidos de blanco”, no debemos quedarnos mirando al cielo, sino que, bajo la guía del Espíritu Santo, debemos ir por doquier y proclamar el anuncio salvífico de la muerte y resurrección de Cristo. Nos acompañan y consuelan sus mismas palabras, con las que concluye el Evangelio según san Mateo: “Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20)
Queridos hermanos y hermanas, el carácter histórico del misterio de la resurrección y de la ascensión de Cristo nos ayuda a reconocer y comprender la condición trascendente de la Iglesia, la cual no ha nacido ni vive para suplir la ausencia de su Señor “desaparecido”, sino que, por el contrario, encuentra la razón de su ser y de su misión en la presencia permanente, aunque invisible, de Jesús, una presencia que actúa con la fuerza de su Espíritu. En otras palabras, podríamos decir que la Iglesia no desempeña la función de preparar la vuelta de un Jesús “ausente”, sino que, por el contrario, vive y actúa para proclamar su “presencia gloriosa” de manera histórica y existencial.
Desde el día de la Ascensión, toda comunidad cristiana avanza en su camino terreno hacia el cumplimiento de las promesas mesiánicas, alimentándose con la Palabra de Dios y con el Cuerpo y la Sangre de su Señor. Esta es la condición de la Iglesia.
🌟🌟🌟 EN EL COFRE DE JACULATORIAS 🏹 encontramos hoy:
1._ Una flecha preciosa para
lanzar al Espíritu Santo, llamándolo, por María, hasta Pentecostés:
_” ¡ Veni
SANCTE SPIRITUS!
¡Veni
per Mariam!
(¡ Ven, Santo Espíritu!
Ven por María!)
2._ Y la oración ” Bajo tu amparo nos acogemos….”
(Cuya forma completa pueden buscar y usar, uniéndose espiritualmente a los primeros cristianos.)
🌟🌟🌟🌟 Y así, SUGERIMOS que ésta sea la ORACION MARIANA, (desde) hoy.

¡Veni
SANCTE SPIRITUS!
¡Veni
per Mariam!’
Amén. 🏹