{"id":4302,"date":"2024-01-12T16:03:00","date_gmt":"2024-01-12T16:03:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/?p=4302"},"modified":"2024-01-12T23:54:39","modified_gmt":"2024-01-12T23:54:39","slug":"el-hombre-de-la-conciencia-original-san-juan-pablo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/2024\/01\/12\/el-hombre-de-la-conciencia-original-san-juan-pablo-ii\/","title":{"rendered":"El hombre de la conciencia original  &#8211; PROYECTO DE AMOR CONYUGAL &#8211; SAN JUAN PABLO II"},"content":{"rendered":"\n<div style=\"width:100%;text-align:center; margin:auto\"><iframe loading=\"lazy\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/PA_M_SJPII_Catequesis_800528_El_hombre_de_la_conciencia_originaria.pdf\" width=\"90%\" height=\"600px\" frameborder=\"0\"><\/iframe>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\" style=\"text-align:center\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/PA_M_SJPII_Catequesis_800528_El_hombre_de_la_conciencia_originaria.pdf\" class=\"btn btn-info\" download=\"\">Descargar presentaci\u00f3n en PDF<\/a><\/div>\n\n\n<p><!--EndFragment--><\/p>\n<p><\/p>\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>El &#8220;hombre de la conciencia originaria&#8221; y el\n&#8220;hombre de la concupiscencia&#8221; <\/strong>&nbsp;<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>Invocamos al Esp\u00edritu Santo: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esp\u00edritu Santo, ven cada d\u00eda a nuestros corazones.\nEns\u00e9\u00f1anos y emp\u00fajanos a practicar nuestro amor conyugal seg\u00fan la voluntad del\nPadre. No lo buscamos por ego\u00edsmo, sino para alabarle y glorificarle, en las\nalegr\u00edas y en las penas, todos los d\u00edas de nuestra vida y as\u00ed contribuir con \u00c9l\na la construcci\u00f3n de Su Reino de Amor en nuestro hogar. Por Jesucristo Nuestro\nSe\u00f1or. Am\u00e9n. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>INTERPRETACI\u00d3N DE LA CATEQUESIS:&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Claves: <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La concupiscencia afecta al hombre en lo que en \u00e9l constituye la imagen de Dios. Hay una ruptura entre su cuerpo y su alma, y el hombre experimenta que es humillado por su cuerpo que ya no es elevado por la fuerza del esp\u00edritu a la imagen de Dios, y tiene que recuperar el autodominio y la autodeterminaci\u00f3n a base de una constante conquista. El hombre no guarda en su coraz\u00f3n lo que viene de Dios, sino lo que viene del mundo. Por eso Cristo apela al coraz\u00f3n humano. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Detalles: <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1.Con el pecado original, el hombre de la concupiscencia toma el lugar del hombre de la inocencia. La concupiscencia afecta al hombre precisamente en aquello que constitu\u00eda en \u00e9l la imagen de Dios, tanto en su yo personal como en la relaci\u00f3n de comuni\u00f3n de las personas constituida por el hombre y la mujer. Es la verg\u00fcenza de la relaci\u00f3n del hombre con respecto a la mujer y la relaci\u00f3n de la mujer con respecto al hombre, la que les obliga a apartar la mirada de lo que en ellos es signo visible de su masculinidad y feminidad. Pero este aspecto sexual tiene s\u00f3lo relativo, es decir, s\u00f3lo en relaci\u00f3n a la persona del otro sexo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.Se descubre una ruptura en la unidad del cuerpo y del esp\u00edritu. El hombre se da cuenta de que su cuerpo ha dejado de sacar la fuerza del Esp\u00edritu, que lo elevaba a la imagen de Dios. La verg\u00fcenza lleva signos de que ha habido una humillaci\u00f3n interpuesta por su cuerpo. Como escribe San Pablo: &#8220;Porque me deleito en la ley de Dios seg\u00fan el hombre interior, pero siento otra ley en mis miembros que repugna a la ley de mi mente&#8221; (Rom 7, 22-23). <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3.Esa verg\u00fcenza crea una inquietud en el fondo del ser humano, de la que dependen el valor y la dignidad de la persona. El cuerpo lleva consigo un constante foco de resistencia al esp\u00edritu y amenaza la unidad del hombre-persona. La concupiscencia es una amenaza a la estructura de la autoposesi\u00f3n y el autodominio a trav\u00e9s del que se forma la persona humana. El hombre se vuelve a identificar con ella en la medida en que est\u00e1 continuamente dispuesto a conquistarla.  <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4.La verg\u00fcenza tiene un car\u00e1cter sexual porque es ah\u00ed donde se pone de manifiesto muy especialmente ese desequilibrio entre cuerpo y esp\u00edritu. La concupiscencia, produce un desequilibrio en el coraz\u00f3n humano, de manera que parece haber cesado de estar por encima del mundo (de la animal\u00eda). Se manifiesta especialmente en la esfera de la sexualidad, que es especialmente sensible a la concupiscencia, porque est\u00e1 unida a esa llamada a la unidad (en la que ser\u00e1n una sola carne). Ese pudor surge siempre en relaci\u00f3n con el otro ser humano. El pudor se desarrolla mediante la concupiscencia, y la concupiscencia mediante el pudor, porque todo esto ocurre en el coraz\u00f3n humano. Por eso Cristo se dirige al \u201ccoraz\u00f3n\u201d humano.  La concupiscencia, produce un desequilibrio en el coraz\u00f3n humano, de manera que parece haber cesado de estar por encima del mundo (de la animal\u00eda). Se manifiesta especialmente en la esfera de la sexualidad, que es especialmente sensible a la concupiscencia, porque est\u00e1 unida a esa llamada a la unidad (en la que ser\u00e1n una sola carne). Ese pudor surge siempre en relaci\u00f3n con el otro ser humano. El pudor se desarrolla mediante la concupiscencia, y la concupiscencia mediante el pudor, porque todo esto ocurre en el coraz\u00f3n humano. Por eso Cristo se dirige al \u201ccoraz\u00f3n\u201d humano. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5 As\u00ed, el coraz\u00f3n humano guarda en s\u00ed al mismo tiempo el pudor y el deseo. El nacimiento del pudor nos lleva a ese momento en que el coraz\u00f3n del hombre se cierra a lo que procede del Padre y se abre a lo que procede del mundo. El hombre tiene pudor, no tanto del cuerpo, sino de la concupiscencia. Tiene pudor del cuerpo a causa de ese estado del esp\u00edritu.  <br>\nEl significado b\u00edblico del deseo y de la concupiscencia difiere con respecto a su significado en sicolog\u00eda, en la que el deseo proviene de la falta o necesidad que debe satisfacer el valor deseado. En cambio, la concupiscencia b\u00edblica se refiere al estado del esp\u00edritu humano, alejado de la sencillez y plenitud del valor del cuerpo humano en la experiencia de la masculinidad-feminidad. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6. El pudor, por un lado, indica una amenaza para el valor, y al mismo tiempo, protege ese valor. El hecho de que en el coraz\u00f3n humano surja la verg\u00fcenza, indica que se debe apelar al pudor cuando se trate de garantizar esos valores a los que la concupiscencia quita su plena dimensi\u00f3n. Ahora entendemos mejor por qu\u00e9 Cristo apela al coraz\u00f3n humano, donde se desarrolla toda esta din\u00e1mica de la concupiscencia, la verg\u00fcenza y el pudor. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>EL MENSAJE DE ESTA CATEQUESIS PARA EL HOMBRE DE HOY:&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es sorprendente que la concupiscencia ataque\nprecisamente a aquello que hace al hombre imagen de Dios. Ah\u00ed se ve c\u00f3mo el\npecado degrada al hombre y el objetivo del demonio es destruirlo y rebajarlo al\nnivel de los animales. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Percibimos una ruptura entre nuestro cuerpo y nuestra\nalma. Todos experimentamos que nuestro cuerpo \u201cha dejado de sacar la fuerza del\nEsp\u00edritu, que lo elevaba al nivel de la imagen de Dios\u201d. Hay una ruptura entre\ncuerpo y esp\u00edritu, y nos vemos humillados por los impulsos que vienen del\ncuerpo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese desorden que se produce en nuestro interior, lo\nensucia, y distorsiona la mirada no vi\u00e9ndose la verdad, la grandeza y la\nbelleza del otro, sino vi\u00e9ndose distorsionada. Si tenemos un pincel manchado de\nrojo y lo mojamos en el amarillo para poder pintar en amarillo, el color\nresultante no ser\u00e1 amarillo, sino naranja. Si intentamos mirar la verdad del\nesposo pero nuestro coraz\u00f3n no est\u00e1 limpio, veremos una imagen distorsionada y\nen consecuencia, le juzgaremos mal. El resultado es que nuestro esposo o esposa\nocultar\u00e1 su intimidad a nuestros ojos para no ser \u201cv\u00edctima\u201d de nuestra mirada\njuiciosa. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el plano sexual por ejemplo, si un hombre mira a una\nmujer (que no es la suya) dese\u00e1ndola, est\u00e1 viendo distorsionada la verdad de la\nsexualidad tal como fue creada por Dios en esa mujer, cuya finalidad es la\nrelaci\u00f3n \u00edntima y de comuni\u00f3n con su esposo, a imagen de la relaci\u00f3n de\ncomuni\u00f3n de Dios en s\u00ed mismo. Esa mirada distorsionada lo que contempla es algo\nque puede satisfacer sus deseos m\u00e1s primarios, que busca saciar por un desorden\ninterior del coraz\u00f3n que prioriza la propia satisfacci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que se produce por el pecado es una ruptura interior\nentre las tendencias del cuerpo y las aspiraciones del alma. El cuerpo que\ndeb\u00eda estar sometido a los deseos del esp\u00edritu, entra en conflicto con ellas e\nintenta someterlas a sus pasiones. Hay una inquietud en el fondo del ser\nhumano, no solamente frente a la muerte, sino tambi\u00e9n frente al valor de la\ndignidad de s\u00ed mismo.&nbsp; <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed lo dice San Pablo en Gal 5, 16-23: Las obras de la carne y el fruto del Esp\u00edritu. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed lo dice San Pablo en Gal 5, 16-23: Las obras de la carne y el fruto del Esp\u00edritu.<br>\n16 Digo, pues: Andad en el Esp\u00edritu, y no satisfag\u00e1is los deseos de la carne.<br>\n17 Porque el deseo de la carne es contra el Esp\u00edritu, y el del Esp\u00edritu es contra la carne; y<br>\n\u00e9stos se oponen entre s\u00ed, para que no hag\u00e1is lo que quisiereis.<br>\n18 Pero si sois guiados por el Esp\u00edritu, no est\u00e1is bajo la ley.<br>\n19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicaci\u00f3n, inmundicia,<br>\nlascivia,<br>\n20 idolatr\u00eda, hechicer\u00edas, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herej\u00edas,<br>\n21 envidias, homicidios, borracheras, org\u00edas, y cosas semejantes a estas; acerca de las<br>\ncuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no<br>\nheredar\u00e1n el reino de Dios.<br>\n22 Mas el fruto del Esp\u00edritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,<br>\n23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es el esp\u00edritu el que eleva al hombre a la imagen de\nDios. Como escribe San Pablo: &#8220;Porque me deleito en la ley de Dios seg\u00fan\nel hombre interior, pero siento otra ley en mis miembros que repugna a la ley\nde mi mente&#8221; (Rom 7, 22-23). <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tomo conciencia de hasta qu\u00e9 punto es de suma\nimportancia dominar la propia carne para ser fiel a la llamada de Dios a que\nseamos una sola carne. El fruto de la renuncia es la uni\u00f3n tan deseada. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El pudor surge como defensa ante el desorden de la\nconcupiscencia, es decir, del pecado. Como una autoprotecci\u00f3n frente a las\nmiradas de deseo desordenadas o miradas juiciosas que amenazan nuestra\nintimidad. El hombre tiene pudor del cuerpo a causa del estado del\nesp\u00edritu.&nbsp; <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El coraz\u00f3n del hombre, cerr\u00e1ndose a lo que viene del\nPadre y se abre a lo que procede del mundo. \u00bfQu\u00e9 guardo en mi coraz\u00f3n? Mar\u00eda\nguardaba en Su coraz\u00f3n lo que ven\u00eda del Padre, y cerraba su coraz\u00f3n a lo que\nprocede del mundo. Seg\u00fan a qu\u00e9 abro mi coraz\u00f3n, de eso estar\u00e1 lleno. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Debemos trabajar nuestro coraz\u00f3n para recuperar esos\nvalores que la concupiscencia ha despreciado. Por eso Cristo apela al coraz\u00f3n\ndel hombre, porque es ah\u00ed, fortaleciendo su esp\u00edritu como podr\u00e1 prevalecer\n\u00e9ste, frente a las pasiones del cuerpo, y as\u00ed recuperar la dignidad de personas\nque nos corresponde estando por encima del mundo. As\u00ed recuperaremos la\nposibilidad de ser una sola carne. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luchar para que no se separe cuerpo y esp\u00edritu.\nMientras m\u00e1s domino las pasiones del cuerpo, m\u00e1s se eleva el esp\u00edritu. Vivir en\nel mundo sin ser del mundo, para cambiar el mundo. Pedir ayuda al Esp\u00edritu\nSanto para fortalecer el Esp\u00edritu. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>ORACI\u00d3N JUNTOS: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A solas con Dios: <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 hallo en mi coraz\u00f3n? \u00bfLo que viene de ti o\nlo que viene del mundo? \u00bfQu\u00e9 pensamientos y deseos alimento? <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora juntos con Dios: <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablo con Dios ante ti, esposo\/a, abri\u00e9ndote mi\nintimidad con \u00c9l, sobre c\u00f3mo el pecado me limita, rebaja mi grandeza, hace que\nse debilite en m\u00ed lo que me asemeja a Dios. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s hablo de la grandeza que me espera en mi\nrelaci\u00f3n contigo si conquisto el autodominio, rechazo lo que viene del mundo y\nacojo en mi coraz\u00f3n lo que viene del Padre, que es lo bello, lo que me asemeja\na \u00c9l. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><br><strong>EL CASO: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Juan es m\u00e1s pasional. Digamos que tiene tendencias de\ntipo m\u00e1s externo, m\u00e1s carnal. Le cuesta resistirse ante una buena carne con un\nbuen vino, o un buen queso. Tambi\u00e9n tiene tendencia a descuidar su amor y a su\nesposa por los deportes, o el trabajo, seg\u00fan la racha. Tambi\u00e9n reconoce que\nest\u00e1 m\u00e1s expuesto a la atracci\u00f3n sexual fuera de su matrimonio, contra lo que\ntiene que luchar con frecuencia.&nbsp; <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Laura, en cambio, tiene otro tipo de tentaciones m\u00e1s\nprofundas, por as\u00ed decir. Ella se debate m\u00e1s a nivel de sus pensamientos.\nTiende a criticar las actitudes de los dem\u00e1s, a juzgar a su esposo, a rechazar\nsus miserias. Tiende tambi\u00e9n a darle muchas vueltas a las circunstancias que le\nhan hecho da\u00f1o, y con ello hace crecer su herida y se distancia de su esposo.\nLe hiere su falta de tacto, le duele que no la comprenda, que no la valore.\nLucha contra esos pensamientos se repiten en su interior una y otra vez y todo\nesto, tiende a distanciarla de \u00e9l cada vez m\u00e1s. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ambos trabajan para superar la concupiscencia de sus\ncorazones. Ambos han profundizado en ellos para descubrir en qu\u00e9 situaciones\nguardan en su coraz\u00f3n lo que viene del mundo y no lo que viene de Dios. Pero\nnotan que les cuesta. Juan reconoce que cuando tiene que renunciar a algo de lo\nque le apetece, siente como un dolor interior que le empuja a irritarse. Laura\nreconoce que tiene tendencia a mirarse, a ser v\u00edctima, a utilizar su\nsensibilidad para reclamar para ella y no para darse. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero la lucha es constante, y a veces parece que se\ncansan. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 se pierden si se dejan llevar por sus tentaciones?\n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 consecuencias buenas podr\u00edan experimentar en su\nrelaci\u00f3n si contin\u00faan con la lucha? <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfCrees que se pueden ayudar mutuamente? <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">COMPROMISO: <\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>Rezar juntos. <\/li><li>Observar qu\u00e9 hay en mi coraz\u00f3n, qu\u00e9 guardo en \u00e9l, si lo\nque viene del Padre o lo que viene del mundo. <\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>ORACI\u00d3N FINAL: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bendito seas, Dios de\nnuestros padres, y bendito tu nombre por siempre. Que por siempre te alaben los\ncielos y todas tus criaturas. T\u00fa creaste a Ad\u00e1n y le diste a Eva, su mujer, como\nayuda y apoyo. De ellos naci\u00f3 la estirpe humana. T\u00fa dijiste: \u201cNo es bueno que\nel nombre est\u00e9 solo; hag\u00e1mosle una ayuda semejante a \u00e9l\u201d. No busco la uni\u00f3n con\nmi esposo\/a por impuro deseo, sino con la mejor intenci\u00f3n. Ten misericordia de\nnosotros y haz que lleguemos juntos a la vejez. (\u00c9l) Am\u00e9n, (Ella) Am\u00e9n.  &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Copia \u00edntegra de la catequesis de JPII: <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">JUAN PABLO II <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>AUDIENCIA GENERAL <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi\u00e9rcoles 28 de mayo de 1980\n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El &#8220;hombre de la conciencia originaria&#8221;\u00a0 y el &#8220;hombre de la concupiscencia&#8221; <\/strong>\u00a0<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><li>Estamos leyendo de nuevo los primeros cap\u00edtulos del libro del G\u00e9nesis, para comprender c\u00f3mo con el pecado original el &#8220;hombre de la concupiscencia&#8221; ocup\u00f3 el lugar del &#8220;hombre de la inocencia&#8221; originaria. Las palabras del G\u00e9nesis 3, 10: &#8220;temeroso porque estaba desnudo, me escond\u00ed&#8221;, que hemos considerado hace dos semanas, demuestran la primera experiencia de verg\u00fcenza del hombre en relaci\u00f3n con su Creador: una verg\u00fcenza que tambi\u00e9n podr\u00eda ser llamada &#8220;c\u00f3smica&#8221;. <br>\nSin embargo, esta &#8220;verg\u00fcenza c\u00f3smica&#8221; \u2014si es posible descubrir por ella los rasgos de la situaci\u00f3n total del hombre despu\u00e9s del pecado original\u2014 en el texto b\u00edblico da lugar a otra forma de verg\u00fcenza. Es la verg\u00fcenza que se produce en la humanidad misma, esto es, causada por el desorden \u00edntimo en aquello por lo que el hombre, en el misterio de la creaci\u00f3n, era la &#8220;imagen de Dios&#8221;, tanto en su &#8220;yo&#8221; personal, como en la relaci\u00f3n interpersonal, a trav\u00e9s de la primordial comuni\u00f3n de las personas, constituida a la vez por el hombre y por la mujer. Esta verg\u00fcenza, cuya <br>\ncausa se encuentra en la humanidad misma, es inmanente y al mismo tiempo relativa: se manifiesta en la dimensi\u00f3n de la interioridad humana y a la vez se refiere al &#8220;otro&#8221;. Esta es la verg\u00fcenza de la mujer &#8220;con relaci\u00f3n&#8221; al hombre, y tambi\u00e9n del hombre &#8220;con relaci\u00f3n&#8221; a la mujer: verg\u00fcenza rec\u00edproca, que les obliga a cubrir su propia desnudez, a ocultar sus propios cuerpos, a apartar de la vista del hombre lo que constituye el signo visible de la feminidad, y de la vista de la mujer lo que constituye el signo visible de la masculinidad. En esta direcci\u00f3n se orient\u00f3 la verg\u00fcenza de ambos despu\u00e9s del pecado original, cuando se dieron cuenta de que &#8220;estaban desnudos&#8221;, como atestigua el G\u00e9nesis 3, 7. El texto yahvista parece indicar expl\u00edcitamente el car\u00e1cter &#8220;sexual&#8221; de esta verg\u00fcenza: &#8220;Cosieron unas hojas de higuera y se hicieron unos ce\u00f1idores&#8221;. Sin embargo, podemos preguntarnos si el aspecto &#8220;sexual&#8221; tiene s\u00f3lo un car\u00e1cter &#8220;relativo&#8221;; en otras palabras: si se trata de verg\u00fcenza de la propia sexualidad s\u00f3lo con relaci\u00f3n a la persona del otro sexo. <\/li><li>Aunque a la luz de esa \u00fanica frase determinante del G\u00e9nesis 3, 7, la respuesta a la pregunta parece mantener sobre todo el car\u00e1cter relativo de la verg\u00fcenza originaria, no obstante, la reflexi\u00f3n sobre todo el contexto inmediato permite descubrir su fondo m\u00e1s inmanente. Esa verg\u00fcenza, que sin duda se manifiesta en el orden &#8220;sexual&#8221;, revela una dificultad espec\u00edfica para hacer notar lo <br>\nesencial humano del propio cuerpo: dificultad que el hombre no hab\u00eda experimentado en el estado <br>\nde inocencia originaria. Efectivamente, as\u00ed se pueden entender las palabras: &#8220;Temeroso porque estaba desnudo&#8221;, que ponen en evidencia las consecuencias del fruto del \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal en lo \u00edntimo del hombre. A trav\u00e9s de estas palabras, se descubre una cierta fractura constitutiva en el interior de la persona humana, como una ruptura de la originaria unidad espiritual <br>\ny som\u00e1tica del hombre. Este se da cuenta por vez primera que su cuerpo ha dejado de sacar la fuerza del Esp\u00edritu, que lo elevaba al nivel de la imagen de Dios. Su verg\u00fcenza originaria lleva consigo los signos de una espec\u00edfica humillaci\u00f3n interpuesta por el cuerpo. En ella se esconde el germen de esa contradicci\u00f3n, que acompa\u00f1ar\u00e1 al hombre &#8220;hist\u00f3rico&#8221; en todo su camino terreno, como escribe San Pablo: &#8220;Porque me deleito en la ley de Dios seg\u00fan el hombre interior, pero siento otra ley en mis miembros que repugna a la ley de mi mente&#8221; (Rom 7, 22-23). <\/li><li>As\u00ed, pues, esa verg\u00fcenza es inmanente. Contiene tal agudeza cognoscitiva que crea una inquietud de fondo en toda la existencia humana, no s\u00f3lo frente a la perspectiva de la muerte, sino tambi\u00e9n frente a esa de la que depende el valor y la dignidad mismos de la persona en su significado \u00e9tico. En este sentido la verg\u00fcenza originaria del cuerpo (&#8220;estaba desnudo&#8221;) es ya miedo (&#8220;temeroso&#8221;) y anuncia la inquietud de la conciencia vinculada con la concupiscencia. El cuerpo que no se somete al esp\u00edritu como en el estado de inocencia originaria, lleva consigo un constante foco de resistencia al esp\u00edritu, y amenaza de alg\u00fan modo la unidad del hombre-persona, esto es, de la naturaleza moral, que hunde s\u00f3lidamente las ra\u00edces en la misma constituci\u00f3n de la persona. La concupiscencia, y en particular la concupiscencia del cuerpo, es una amenaza espec\u00edfica a la estructura de la autoposesi\u00f3n y del autodominio, a trav\u00e9s de los que se forma la persona humana. Y constituye tambi\u00e9n para ella un desaf\u00edo espec\u00edfico. En todo caso, el hombre de la concupiscencia no domina el propio cuerpo del mismo modo, con igual sencillez y &#8220;naturalidad&#8221;, como lo hac\u00eda el hombre de la inocencia originaria. La estructura de la autoposesi\u00f3n, esencial para la persona, est\u00e1 alterada en \u00e9l, de cierto modo, en los mismos fundamentos; se identifica de nuevo con ella en cuanto est\u00e1 continuamente dispuesto a conquistarla. <\/li><li>Con este desequilibrio interior est\u00e1 vinculada la verg\u00fcenza inmanente. Y ella tiene un car\u00e1cter &#8220;sexual&#8221;, porque precisamente la esfera de la sexualidad humana parece poner en evidencia particular ese desequilibrio, que brota de la concupiscencia y especialmente de la &#8220;concupiscencia del cuerpo&#8221;. Desde este punto de vista, ese primer impulso, del que habla el G\u00e9nesis 3, 7 (&#8220;viendo que estaban desnudos, cosieron unas hojas de higuera y se hicieron unos ce\u00f1idores&#8221;), es muy elocuente; es como si el &#8220;hombre de la concupiscencia&#8221; (hombre y mujer, &#8220;en el acto del conocimiento del bien y del mal&#8221;) experimentase haber cesado sencillamente, de estar tambi\u00e9n, a trav\u00e9s del propio cuerpo y sexo, por encima del mundo de los seres vivientes o &#8220;animalia&#8221;. Es como si experimentase una espec\u00edfica fractura de la integridad personal del propio cuerpo, especialmente <br>\nen lo que determina su sexualidad y que est\u00e1 directamente unido con la llamada a esa unidad, en la <br>\nque el hombre y la mujer &#8220;ser\u00e1n una sola carne&#8221; (G\u00e9n 2, 24). Por esto, ese pudor inmanente y al mismo tiempo sexual es siempre, al menos indirectamente, relativo. Es el pudor de la propia sexualidad &#8220;en relaci\u00f3n&#8221; con el otro ser humano. De este modo el pudor se manifiesta en el relato del G\u00e9nesis 3, por el que somos, en cierto modo, testigos del nacimiento de la concupiscencia humana. Est\u00e1 suficientemente clara, pues, la motivaci\u00f3n para remontarnos de las palabras de Cristo sobre el hombre (var\u00f3n), que &#8220;mira a una mujer dese\u00e1ndola&#8221; (Mt 5, 27-28), a ese primer momento en el que el pudor se desarrolla mediante la concupiscencia y la concupiscencia mediante el pudor. As\u00ed entendemos mejor por qu\u00e9 y en qu\u00e9 sentido Cristo habla del deseo como &#8220;adulterio&#8221; cometido en el coraz\u00f3n; por qu\u00e9 se dirige al &#8220;coraz\u00f3n&#8221; humano. <\/li><li>El coraz\u00f3n humano guarda en s\u00ed, al mismo tiempo, el deseo y el pudor. El nacimiento del pudor nos orienta hacia ese momento, en el que el hombre interior, &#8220;el coraz\u00f3n&#8221;, cerr\u00e1ndose a lo que &#8220;viene del Padre&#8221; se abre a lo que &#8220;procede del mundo&#8221;. El nacimiento del pudor en el coraz\u00f3n humano va junto con el comienzo de la concupiscencia \u2014de la triple concupiscencia seg\u00fan la teolog\u00eda de Juan (cf. 1 Jn 2, 16)\u2014, y en particular de la concupiscencia del cuerpo. El hombre tiene pudor del cuerpo a causa de la concupiscencia. M\u00e1s a\u00fan, tiene pudor no tanto del cuerpo cuanto precisamente de la concupiscencia: tiene pudor del cuerpo a causa de la concupiscencia. Tiene pudor del cuerpo a causa de ese estado de su esp\u00edritu, al que la teolog\u00eda y la psicolog\u00eda dan la misma denominaci\u00f3n sin\u00f3nima: deseo o concupiscencia, aunque con significado no igual del todo. El significado b\u00edblico y teol\u00f3gico del deseo y de la concupiscencia difiere del que se usa en la psicolog\u00eda. Para esta \u00faltima, el deseo proviene de la falta o de la necesidad, que debe satisfacer el valor deseado. La concupiscencia b\u00edblica, como deducimos de 1 Jn 2, 16, indica el estado del <br>\nesp\u00edritu humano alejado de la sencillez originaria y de la plenitud de los valores, que el hombre y el mundo poseen &#8220;en las dimensiones de Dios&#8221;. Precisamente esta sencillez y plenitud del valor del cuerpo humano en la primera experiencia de su masculinidad-feminidad, de la que habla el G\u00e9nesis 2, 23-25, ha sufrido sucesivamente, &#8220;en las dimensiones del mundo&#8221;, una transformaci\u00f3n radical. Y entonces, juntamente con la concupiscencia del cuerpo, naci\u00f3 el pudor. <\/li><li>El pudor tiene un doble significado: indica la amenaza del valor y al mismo tiempo protege interiormente este valor [1]. El hecho de que el coraz\u00f3n humano, desde el momento en que naci\u00f3 all\u00ed la concupiscencia del cuerpo, guarde en s\u00ed tambi\u00e9n la verg\u00fcenza, indica que se puede y se debe apelar a \u00e9l cuando se trata de garantizar esos valores, a los que la concupiscencia quita su originaria y plena dimensi\u00f3n. Si recordamos esto, estamos en disposici\u00f3n de comprender mejor por qu\u00e9 Cristo, al hablar de la concupiscencia, apela al &#8220;coraz\u00f3n&#8221; humano. <\/li><\/ol>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[1] Cf. Karol Wojtyla, Amor y responsabilidad, cap. 2. &#8220;Metaf\u00edsica del pudor&#8221;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Descargar presentaci\u00f3n en PDF El &#8220;hombre de la conciencia originaria&#8221; y el &#8220;hombre de la concupiscencia&#8221; &nbsp; Invocamos al Esp\u00edritu Santo: Esp\u00edritu Santo, ven cada d\u00eda a nuestros corazones. Ens\u00e9\u00f1anos y emp\u00fajanos a practicar nuestro amor conyugal seg\u00fan la voluntad del Padre. No lo buscamos por ego\u00edsmo, sino para alabarle y glorificarle, en las alegr\u00edas [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4303,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[40,41],"tags":[130],"class_list":["post-4302","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vina-padres-madres-como-pareja","category-vina-padres-madres-como-pareja-union-esposos","tag-padres-y-madres"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4302","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4302"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4302\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4329,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4302\/revisions\/4329"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4303"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4302"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4302"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4302"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}