{"id":4322,"date":"2024-01-12T13:11:09","date_gmt":"2024-01-12T13:11:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/?p=4322"},"modified":"2024-01-12T23:54:54","modified_gmt":"2024-01-12T23:54:54","slug":"la-donacion-mutua-del-hombre-y-la-mujer-en-el-matrimonio-proyecto-de-amor-conyugal-san-juan-pablo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/2024\/01\/12\/la-donacion-mutua-del-hombre-y-la-mujer-en-el-matrimonio-proyecto-de-amor-conyugal-san-juan-pablo-ii\/","title":{"rendered":"La donaci\u00f3n mutua del hombre y la mujer en el matrimonio &#8211; PROYECTO DE AMOR CONYUGAL &#8211; SAN JUAN PABLO II"},"content":{"rendered":"\n<div style=\"width:100%;text-align:center; margin:auto\"><iframe loading=\"lazy\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/PA_M_SJPII_Catequesis_800730_La_donacio\u0301n_mutua_del_hombre_y_la.pdf\" width=\"90%\" height=\"600px\" frameborder=\"0\"><\/iframe>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\" style=\"text-align:center\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/PA_M_SJPII_Catequesis_800730_La_donacio\u0301n_mutua_del_hombre_y_la.pdf\" class=\"btn btn-info\" download=\"\">Descargar presentaci\u00f3n en PDF<\/a><\/div>\n\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">La donaci\u00f3n mutua del hombre y la mujer en el matrimonio <\/h4>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong> Invocamos al Esp\u00edritu Santo: <br><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"> Esp\u00edritu Santo, ven cada d\u00eda a nuestros corazones. Ens\u00e9\u00f1anos y emp\u00fajanos a practicar nuestro amor conyugal seg\u00fan la voluntad del Padre. No lo buscamos por ego\u00edsmo, sino para alabarle y glorificarle, en las alegr\u00edas y en las penas, todos los d\u00edas de nuestra vida y as\u00ed contribuir con \u00c9l a la construcci\u00f3n de Su Reino de Amor en nuestro hogar. Por Jesucristo Nuestro Se\u00f1or. Am\u00e9n. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>INTERPRETACI\u00d3N DE LA CATEQUESIS:     <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Claves: <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mutua pertenencia entre semejantes como fruto de la libertad del don de las personas, es contraria a la posesi\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Detalles: <\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><li>Las palabras que Dios dirige a Eva: \u201cBuscar\u00e1s con ardor a tu marido que te dominar\u00e1\u201d revelan que, por el pecado, la relaci\u00f3n entre el hombre y la mujer pasa de ser una donaci\u00f3n mutua a ser una relaci\u00f3n de intento de apropiaci\u00f3n. Pasan de verse como un don rec\u00edproco de Dios a intentar dominarse el uno al otro. El problema es que, si el hombre trata a la mujer como un objeto del que apropiarse, al mismo tiempo se condena a hacerse a s\u00ed mismo un objeto de apropiaci\u00f3n para ella en lugar de ser un don. As\u00ed, el hombre y la mujer se hacen incapaces de alcanzar la medida interior de su coraz\u00f3n, esa capacidad de amarse liber\u00e1ndose de todo lo que les impide ser un don el uno para el otro. Esto lo sufre especialmente la mujer que es m\u00e1s sensible a esta necesidad de donaci\u00f3n mutua. <\/li><li>Las palabras de Dios en G\u00e9nesis 3,16 \u201cBuscar\u00e1s con ardor a tu marido, que te dominar\u00e1\u201d y las de Cristo en Mt 5, 27-28: \u201cEl que mira a una mujer dese\u00e1ndola\u2026\u201d parecen guardar cierto paralelismo. No se trata de que sea principalmente la mujer quien resulta ser objeto del \u201cdeseo\u201d por parte del hombre, sino m\u00e1s bien de que el hombre desde el principio deber\u00eda haber sido custodio de la reciprocidad del don y de su aut\u00e9ntico equilibrio. Acoger la feminidad como un don y corresponderla como un don tambi\u00e9n. Contrasta esto con aprovecharse del don para satisfacci\u00f3n de los propios impulsos y deseos desordenados. El mantenimiento del equilibrio del don est\u00e1 confiado a ambos, pero parece que el hombre tiene una especial responsabilidad, como si de \u00e9l dependiese que ese equilibrio no se rompa, o si se ha roto, sea restablecido. <\/li><li>La concupiscencia hace que el cuerpo se convierta en un instrumento para apropiarse del otro, y por tanto pierde su significado como medio para expresar la entrega y acogida mutuas del hombre y la mujer. Ya no se pertenecen el uno al otro por acogerse mutuamente como un don de Dios, sino que la pertenencia pasa a adquirir el significado de la apropiaci\u00f3n. La uni\u00f3n del hombre y de la mujer se expresa con pronombres como \u201cm\u00edo\u201d o \u201cm\u00eda\u201d. Son palabras que en el \u00e1mbito material denotan una posesi\u00f3n, pero en nuestro caso denotan esa semejanza de ambos, sin identificarse el uno con el otro. Significa ese \u201ceres <br>\n\u201d que constituye la uni\u00f3n de las personas.  <br>\nparte de m\u00ed tal como t\u00fa eres y tal como yo soy<br>\nEsos t\u00e9rminos \u201cm\u00edo\u201d y \u201cm\u00eda\u201d     <\/li><li>indican que ambos son un don el uno para el otro, la <br>\nreciprocidad de la donaci\u00f3n, expresan el equilibrio del don en que se instaura la comuni\u00f3n de las personas. Las palabras \u201cm\u00edo\u201d y \u201cm\u00eda\u201d en el lenguaje del amor parecen una radical negaci\u00f3n de la pertenencia en el sentido material, sino que m\u00e1s bien pertenece a la persona que activamente se entrega. La triple concupiscencia, en especial la concupiscencia de la carne, quita a la rec\u00edproca pertenencia del hombre y de la mujer esa semejanza que los iguala en dignidad, siendo denigrado el que es pose\u00eddo por el que posee. El paso siguiente al poseer es el de usarlo como objeto para el propio disfrute. Me sirvo de \u00e9l, lo uso. La analog\u00eda personal de la pertenencia se opone a este significado, y esta oposici\u00f3n demuestra que aquello que viene del Padre en la relaci\u00f3n del hombre y de la mujer, permanece en contraste con lo que viene del mundo. Sin embargo, la concupiscencia empuja al hombre <br>\nhacia el disfrute que lleva consigo la negaci\u00f3n de lo que viene del Padre. El don desinteresado est\u00e1 excluido del disfrutar ego\u00edsta \u00bfNo habla de eso Dios en Gn 3,16? <\/li><li>Seg\u00fan 1 Jn 2, 16, la concupiscencia muestra sobre todo el estado del esp\u00edritu del hombre. Esto mismo ocurre con la concupiscencia de la carne. A este problema convendr\u00eda dedicar un an\u00e1lisis posterior. Por el pecado entra en el coraz\u00f3n humano una oposici\u00f3n entre esp\u00edritu y cuerpo y se dejan sentir sus consecuencias en la relaci\u00f3n rec\u00edproca de las personas. Desde que en el hombre se ha instalado otra ley que lucha contra la ley de la mente (Rom 7,23), existe un constate peligro de ver, de valorar, y de amar de este modo, y as\u00ed el deseo del cuerpo se manifiesta m\u00e1s potente que el deseo de la mente. Es precisamente esta verdad sobre el hombre, la que debemos tener siempre presente, si queremos comprender la apelaci\u00f3n dirigida por Cristo al coraz\u00f3n humano en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a. <\/li><\/ol>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>EL MENSAJE DE ESTA CATEQUESIS PARA EL MATRIMONIO DE HOY: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>Tengo que estar muy atento para detectar cu\u00e1ndo paso de una relaci\u00f3n con mi esposo en la que act\u00fao como un don de Dios para \u00e9l\/ella o cuando estoy pendiente de controlar lo que mi esposo me da para recibir m\u00e1s, por mi comodidad o satisfacci\u00f3n. <\/li><li>En definitiva, estar atentos a acoger lo que viene de Dios y no lo que viene del mundo. <\/li><li>Utilizar al otro como un objeto de apropiaci\u00f3n, me condena a ser utilizado as\u00ed tambi\u00e9n por mi esposo. <\/li><li>Si entro en esta din\u00e1mica de la apropiaci\u00f3n, nunca alcanzar\u00e9 la \u201cmedida interior\u201d de mi coraz\u00f3n. Nunca descubrir\u00e9 la capacidad de amar que Dios me ha dado y para lo que he sido creado. Nunca descubrir\u00e9 qui\u00e9n soy en realidad. <\/li><li>El hombre es especialmente responsable en la custodia de un amor rec\u00edproco y tiene que hacer un esfuerzo por cuidar su feminidad con delicadeza y profundizar en el conocimiento de su esposa, para que se sienta querida y valorada y de esta manera, no tenga que reclamar de manera desordenada y con imposiciones la atenci\u00f3n que deber\u00eda recibir por la comuni\u00f3n para la que ha sido creada. <\/li><li>Mi esposo es \u201cm\u00edo\u201d o \u201cm\u00eda\u201d en el sentido de que est\u00e1 dentro de m\u00ed y yo dentro de \u00e9l\/ella. Nos pertenecemos el uno al otro porque tenemos la misma dignidad y yo me entrego a ti y t\u00fa te entregas a m\u00ed, como al Se\u00f1or, para hacernos uno.  <\/li><li>De esa entrega mutua de m\u00ed a ti y de ti a m\u00ed, surge el equilibrio del don. <\/li><li>Este sentido de pertenencia indica tambi\u00e9n la exclusividad de nuestro amor, que no nos permite entregarnos a ning\u00fan otro\/a. <\/li><li>Por la concupiscencia hay otra ley inscrita en nuestro cuerpo y en nuestro entendimiento, que tira de nosotros, pero que no viene de Dios. Tenemos que ser conscientes de esto para descubrir la llamada que Cristo nos hace cuando apela a nuestro coraz\u00f3n, porque ah\u00ed sigue inscrita tambi\u00e9n la ley de Dios que nos anima a caminar hacia \u00c9l. <\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>ORACI\u00d3N JUNTOS: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQuiero descubrir la medida interior que Dios le ha dado a mi coraz\u00f3n, la capacidad para amar que me dio? <\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>Se\u00f1or, veo que hay momentos en los que quiero dominar a mi esposo. Reconozco que a veces lo hago (Digo en alto ante mi esposo\/a en cu\u00e1les de ellos): <br>\no    Intentando imponer mi l\u00f3gica, mis criterios o En la manera de educar a los hijos <br>\no    En la manera de hacer las cosas en general (En el orden del hogar, en la manera de conducir, si las puertas deben estar abiertas o cerradas, etc.) <br>\no    Intento dominar su manera de expresarse o Su manera de quererme: Sus gestos hacia m\u00ed, lo que me dice o deber\u00eda decirme, sus caricias, su manera de dirigirse a m\u00ed\u2026 <br>\no    Intento dominarle en su crecimiento espiritual: Cuando reza, cu\u00e1nto reza y qu\u00e9 reza, su direcci\u00f3n espiritual, si acude o no a los sacramentos y cu\u00e1ntas veces\u2026 <br>\no    Intento dominar en nuestras relaciones conyugales: Si se lo merece o no se lo merece, si lo deseo o lo \u201cnecesito\u201d. <br>\no    Intento de dominio en la superaci\u00f3n de sus faltas y pecados: Recrimin\u00e1ndoselos o exigi\u00e9ndole mejoras. <br>\no    Intento dominarle en su relaci\u00f3n con otros: Con su familia de origen, con sus amigos\u2026 o En sus aficiones, gustos o hobbies\u2026 <\/li><li>(Leemos los dos juntos) Se\u00f1or, soy consciente de que el amor exige libertad y que, s\u00f3lo comport\u00e1ndome como un don Tuyo, podr\u00e9 descubrir la verdadera medida interior que has querido poner en mi coraz\u00f3n. S\u00f3lo as\u00ed podr\u00e9 descubrir qui\u00e9n estoy llamado a ser. <\/li><li>Permite Se\u00f1or que me adentre ahora en la llamada que has grabado en mi coraz\u00f3n, para reconocerla e ilusionarme con ella. <br>\n(Uno y otro decimos c\u00f3mo quiere Dios que actuemos en las situaciones anteriores en las que intentamos dominarnos el uno al otro). <\/li><li>Despu\u00e9s, ambos, damos gracias a Dios por llamar a nuestro coraz\u00f3n. <\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">EL CASO: <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella reconoce que en el trabajo tiene un esp\u00edritu colaborativo. Es transigente con las capacidades y limitaciones de sus compa\u00f1eros. Se limita a poner sus habilidades al servicio de un equipo de trabajo sin un especial af\u00e1n de protagonismo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, en casa es todo lo contrario. No acepta las limitaciones de su esposo. Es superior a sus fuerzas. Los fallos que tiene con ella no los considera limitaciones, sino que los ve como desprecios o al menos como actos de desamor. No entiende por qu\u00e9 le pasa esto. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A \u00e9l lo \u00fanico que le interesa es que ella est\u00e9 agradable y cari\u00f1osa. Se siente muy atra\u00eddo f\u00edsicamente por ella, quiz\u00e1s es lo que m\u00e1s le guste de ella, su f\u00edsico, y tener relaciones placenteras. La verdad es que \u00e9l no est\u00e1 haciendo nada por mejorar su relaci\u00f3n. Tiene demasiadas cosas que hacer y no saca tiempo para ello. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Preguntas: <br>\n\u00bfQu\u00e9 consecuencias trae consigo el intento de dominio en la relaci\u00f3n mutua? <br>\n\u00bfC\u00f3mo actuar\u00edan el uno con el otro si se considerasen un don de Dios? Pon ejemplos. <br>\n\u00bfQu\u00e9 consecuencias traer\u00eda para ellos en su relaci\u00f3n conyugal? <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>COMPROMISO: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>A lo largo del d\u00eda, recordar\u00e9 varias veces que tengo una llamada a ser un don de Dios para el esposo\/a. Tambi\u00e9n animaremos a nuestro esposo dici\u00e9ndole \u201cEres un maravilloso don de Dios\u201d. <\/li><li>Por la noche en el examen de conciencia revisar\u00e9 si ha habido esp\u00edritu de dominio en ese d\u00eda y le pedir\u00e9 perd\u00f3n, para recuperar la llamada de Cristo hace a mi coraz\u00f3n. <\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>ORACI\u00d3N FINAL: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por siempre. Que por siempre te alaben los cielos y todas tus criaturas. T\u00fa creaste a Ad\u00e1n y le diste a Eva, su mujer, como ayuda y apoyo. De ellos naci\u00f3 la estirpe humana. T\u00fa dijiste: \u201cNo es bueno que el nombre est\u00e9 solo; hag\u00e1mosle una ayuda semejante a \u00e9l\u201d. No busco la uni\u00f3n con mi esposo\/a por impuro deseo, sino con la mejor intenci\u00f3n. Ten misericordia de nosotros y haz que lleguemos juntos a la vejez. (\u00c9l) Am\u00e9n, (Ella) Am\u00e9n. <br>\nCopia \u00edntegra de la catequesis de JPII: <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>JUAN PABLO II <br> AUDIENCIA GENERAL <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Mi\u00e9rcoles 30 de julio de 1980 <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La donaci\u00f3n mutua del hombre y la mujer en el matrimonio <\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><li>Las reflexiones que venimos haciendo en este ciclo se relacionan con las palabras que Cristo pronunci\u00f3 en el discurso de la monta\u00f1a sobre el &#8220;deseo&#8221; de la mujer por parte del hombre. En el intento de proceder a un examen de fondo sobre lo que caracteriza al &#8220;hombre de la concupiscencia&#8221;, hemos vuelto nuevamente al libro del G\u00e9nesis. En \u00e9l, la situaci\u00f3n que se llega a crear en la relaci\u00f3n rec\u00edproca del hombre y de la mujer, est\u00e1 delineada con gran finura. Cada una de las frases de G\u00e9nesis 3, es muy elocuente. Las palabras de Dios-Jahv\u00e9 dirigidas a la mujer en G\u00e9nesis 3, 16: &#8220;Buscar\u00e1s con ardor a tu marido, que te dominar\u00e1&#8221;, parecen revelar, analiz\u00e1ndolas profundamente, el modo en que la relaci\u00f3n de don rec\u00edproco, que exist\u00eda entre ellos en el estado original de inocencia, se cambi\u00f3, tras el pecado original, en una relaci\u00f3n de rec\u00edproca apropiaci\u00f3n.  <br>\nSi el hombre se relaciona con la mujer hasta el punto de considerarla s\u00f3lo como un objeto del que apropiarse y no como don, al mismo tiempo se condena a s\u00ed mismo a hacerse tambi\u00e9n \u00e9l, para ella, solamente objeto de apropiaci\u00f3n y no don. Parece que las palabras del G\u00e9nesis 3, 16, tratan de tal relaci\u00f3n bilateral, aunque directamente s\u00f3lo se diga: &#8220;\u00e9l te dominar\u00e1&#8221;. Por otra parte, en la apropiaci\u00f3n unilateral (que indirectamente es bilateral) desaparece la estructura de la comuni\u00f3n entre las personas; ambos seres humanos se hacen casi incapaces de alcanzar la medida interior del coraz\u00f3n, orientada hacia la libertad del don y al significado nupcial del cuerpo, que le es intr\u00ednseco. Las palabras del G\u00e9nesis 3, 16 parecen sugerir que esto sucede m\u00e1s bien a expensas de la mujer y que. en todo caso, ella lo siente m\u00e1s que el hombre.  <\/li><li>Merece la pena prestar ahora atenci\u00f3n al menos a ese detalle. Las palabras de Dios-Jahv\u00e9 seg\u00fan el G\u00e9nesis 3, 16: &#8220;Buscar\u00e1s con ardor a tu marido, que te dominar\u00e1&#8221;, y las de Cristo, seg\u00fan Mateo 5, 27-28: &#8220;El que mira a una mujer dese\u00e1ndola\u2026&#8221;, permiten vislumbrar un cierto paralelismo. Quiz\u00e1, aqu\u00ed no se trata del hecho de que es principalmente la mujer quien resulta objeto del &#8220;deseo&#8221; por parte del hombre, sino m\u00e1s bien se trata de que \u2014como precedentemente hemos puesto de relieve\u2014 el hombre &#8220;desde el principio&#8221; deber\u00eda haber sido custodio de la reciprocidad del don y de su aut\u00e9ntico equilibrio. El an\u00e1lisis de ese &#8220;principio&#8221; (G\u00e9n 2, 23-25) muestra precisamente la responsabilidad del hombre al acoger la feminidad como don y corresponderla con un mutuo, bilateral intercambio. Contrasta abiertamente con esto el obtener de la mujer su propio don, mediante la concupiscencia. Aunque el mantenimiento del equilibrio del don parece estar confiado a ambos, corresponde sobre todo al hombre una especial responsabilidad, como si de \u00e9l principalmente <br>\ndependiese que el equilibrio se mantenga o se rompa, o incluso \u2014si ya se ha roto\u2014 sea<br>\neventualmente restablecido.     Ciertamente, la diversidad de funciones seg\u00fan estos enunciados, a los <br>\nque hacemos aqu\u00ed referencia como a textos-clave, estaba tambi\u00e9n dictada por la marginaci\u00f3n social de la mujer en las condiciones de entonces (y la Sagrada Escritura del Antiguo y del Nuevo <br>\nTestamento proporciona suficientes pruebas de ello); pero tambi\u00e9n hay en ello encerrada una verdad, que tiene su peso independientemente de los condicionamientos espec\u00edficos debidos a las costumbres de esa determinada situaci\u00f3n hist\u00f3rica.  <\/li><li>La concupiscencia hace que el cuerpo se convierta algo as\u00ed como en &#8220;terreno&#8221; de apropiaci\u00f3n de la otra persona. Como es f\u00e1cil comprender, esto lleva consigo la p\u00e9rdida del significado nupcial del cuerpo. Y junto con esto adquiere otro significado tambi\u00e9n la rec\u00edproca &#8220;pertenencia&#8221; de las personas, que uni\u00e9ndose hasta ser &#8220;una sola carne&#8221; (G\u00e9n 2, 24), son a la vez llamadas a pertenecer una a la otra. La particular dimensi\u00f3n de la uni\u00f3n personal del hombre y de la mujer a trav\u00e9s del amor se expresa en las palabras &#8220;m\u00edo\u2026 m\u00eda&#8221;. Estos pronombres, que pertenecen desde siempre al lenguaje del amor humano, aparecen frecuentemente en las estrofas del Cantar de los Cantares y tambi\u00e9n en otros textos b\u00edblicos [1]. Son pronombres que en su significado &#8220;material&#8221; denotan una relaci\u00f3n de posesi\u00f3n, pero en nuestro caso indican la analog\u00eda personal de tal relaci\u00f3n. La <br>\npertenencia rec\u00edproca del hombre y de la mujer, especialmente cuando se pertenecen como c\u00f3nyuges &#8220;en la unidad del cuerpo&#8221;, se forma seg\u00fan esta analog\u00eda personal. La analog\u00eda \u2014como se sabe\u2014 indica a la vez la semejanza y tambi\u00e9n la carencia de identidad (es decir, una sustancial desemejanza). Podemos hablar de la pertenencia rec\u00edproca de las personas solamente si tomamos en consideraci\u00f3n tal analog\u00eda. En efecto, en su significado originario y espec\u00edfico. La pertenencia supone relaci\u00f3n del sujeto con el objeto: relaci\u00f3n de posesi\u00f3n y de propiedad. Es una relaci\u00f3n no solamente objetiva, sino sobre todo &#8220;material&#8221;; pertenencia de algo, por tanto de un objeto, a alguien.  <\/li><li>Los t\u00e9rminos &#8220;m\u00edo\u2026 m\u00eda&#8221;, en el eterno lenguaje del amor humano, no tienen \u2014ciertamente\u2014 tal significado. Indican la reciprocidad de la donaci\u00f3n, expresan el equilibrio del don \u2014quiz\u00e1 precisamente esto en primer lugar\u2014; es decir, ese equilibrio del don en que se instaura la rec\u00edproca communio personarum. Y si esta queda instaurada mediante el don rec\u00edproco de la masculinidad y la feminidad, se conserva en ella tambi\u00e9n el significado nupcial del cuerpo. Ciertamente, las palabras &#8220;m\u00edo\u2026 m\u00eda&#8221;, en el lenguaje del amor, parecen una radical negaci\u00f3n de pertenencia en el sentido en que un objeto-cosa material pertenece al sujeto-persona. La analog\u00eda conserva su funci\u00f3n mientras no cae en el significado antes expuesto. La triple concupiscencia y, en especial, la concupiscencia de la carne, quita a la rec\u00edproca pertenencia del hombre y de la mujer la dimensi\u00f3n que es propia de la analog\u00eda personal, en la que los t\u00e9rminos &#8220;m\u00edo\u2026 m\u00eda&#8221; conservan su significado esencial. Tal significado esencial est\u00e1 fuera de la &#8220;ley de la propiedad&#8221;, fuera del significado del &#8220;objeto de posesi\u00f3n&#8221;; la concupiscencia, en cambio. est\u00e1 orientada hacia este \u00faltimo significado. Del poseer, el ulterior paso va hacia el &#8220;gozar&#8221;: el objeto que poseo adquiere para m\u00ed un cierto significado en cuanto que dispongo y me sirvo de \u00e9l, lo uso. Es evidente que la analog\u00eda personal de la pertenencia se contrapone decididamente a ese significado. Y esta oposici\u00f3n es un signo de que lo que en la relaci\u00f3n rec\u00edproca del hombre y de la mujer &#8220;viene del Padre&#8221; conserva su persistencia y continuidad en contraste con lo que viene &#8220;del mundo&#8221;. Sin embargo, la concupiscencia de por s\u00ed empuja al hombre hacia la posesi\u00f3n del otro como objeto, lo empuja hacia el &#8220;goce&#8221;, que lleva consigo la negaci\u00f3n del significado nupcial del cuerpo. En su esencia, el don desinteresado queda excluido del &#8220;goce&#8221; ego\u00edsta. \u00bfNo lo dicen acaso ya las palabras de Dios-Jahv\u00e9 dirigidas a la mujer en G\u00e9nesis 3, 16? <\/li><li>Seg\u00fan la primera Carta de Juan 2, 16, la concupiscencia muestra sobre todo el estado del esp\u00edritu humano. Tambi\u00e9n la concupiscencia de la carne atestigua en primer lugar el estado del esp\u00edritu humano. A este problema convendr\u00e1 dedicarle un ulterior an\u00e1lisis. Aplicando la teolog\u00eda de San Juan al terreno de las experiencias descritas en G\u00e9nesis 3, como tambi\u00e9n a las palabras pronunciadas por Cristo en el discurso de la monta\u00f1a (Mt 5, 27-28), encontramos, por decirlo as\u00ed, una dimensi\u00f3n concreta de esa oposici\u00f3n que \u2014junto con el pecado\u2014 naci\u00f3 en el coraz\u00f3n humano entre el esp\u00edritu y el cuerpo. Sus consecuencias se dejan sentir en la relaci\u00f3n rec\u00edproca de las personas, cuya unidad en la humanidad est\u00e1 determinada desde el principio por el hecho de que son hombre y mujer. Desde que en el hombre se instal\u00f3 otra ley &#8220;que repugna a la ley de mi mente&#8221; (Rom, 7, 23) existe como un constante peligro en tal modo de ver, de valorar, de amar, por el que el &#8220;deseo del cuerpo&#8221; se manifiesta m\u00e1s potente que el &#8220;deseo de la mente&#8221;. Y es precisamente esta verdad sobre el hombre, esta componente antropol\u00f3gica lo que debemos tener siempre presente, si queremos comprender hasta el fondo el llamamiento dirigido por Cristo al coraz\u00f3n humano en el discurso de la monta\u00f1a. <\/li><\/ol>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Notas <br>\n[1] Cf. por ej. Cant 1, 9, 13, 14. 15. 16.; 2, 2. 3. 8. 9. 10. 13. 14. 16. 17; 3, 2. 4. 5; 4, 1. 10; 5, 1. 2. 4; 6, 2. 3. 4. 9; 7, 11; 8, 12. 14. Cf., adem\u00e1s por ej. Ez 16, 8; Os 2, 18; Tob 8, 7.  <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Descargar presentaci\u00f3n en PDF La donaci\u00f3n mutua del hombre y la mujer en el matrimonio Invocamos al Esp\u00edritu Santo: Esp\u00edritu Santo, ven cada d\u00eda a nuestros corazones. Ens\u00e9\u00f1anos y emp\u00fajanos a practicar nuestro amor conyugal seg\u00fan la voluntad del Padre. 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