{"id":4330,"date":"2024-01-12T12:42:40","date_gmt":"2024-01-12T12:42:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/?p=4330"},"modified":"2024-01-12T23:55:07","modified_gmt":"2024-01-12T23:55:07","slug":"el-matrimonio-a-la-luz-del-sermon-de-la-montana-proyecto-de-amor-conyugal-san-juan-pablo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/2024\/01\/12\/el-matrimonio-a-la-luz-del-sermon-de-la-montana-proyecto-de-amor-conyugal-san-juan-pablo-ii\/","title":{"rendered":"El matrimonio a la luz del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a &#8211; PROYECTO DE AMOR CONYUGAL &#8211; SAN JUAN PABLO II"},"content":{"rendered":"\n<div style=\"width:100%;text-align:center; margin:auto\"><iframe loading=\"lazy\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/32-20231218094859-PA_M_SJPII_Catequesis_800806_El_matrimonio_a_la_luz_del_Sermon_de.pdf\" width=\"90%\" height=\"600px\" frameborder=\"0\"><\/iframe>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\" style=\"text-align:center\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/32-20231218094859-PA_M_SJPII_Catequesis_800806_El_matrimonio_a_la_luz_del_Sermon_de.pdf\" class=\"btn btn-info\" download=\"\">Descargar presentaci\u00f3n en PDF<\/a><\/div>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El matrimonio a la luz del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a  <\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong> Invocamos al Esp\u00edritu Santo: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br> Esp\u00edritu Santo, ven cada d\u00eda a nuestros corazones. Ens\u00e9\u00f1anos y emp\u00fajanos a practicar nuestro amor conyugal seg\u00fan la voluntad del Padre. No lo buscamos por ego\u00edsmo, sino para alabarle y glorificarle, en las alegr\u00edas y en las penas, todos los d\u00edas de nuestra vida y as\u00ed contribuir con \u00c9l a la construcci\u00f3n de Su Reino de Amor en nuestro hogar. Por Jesucristo Nuestro Se\u00f1or. Am\u00e9n. <br><br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>INTERPRETACI\u00d3N DE LA CATEQUESIS: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br> La clave de esta catequesis: <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br> Cristo nos alerta de que nuestro coraz\u00f3n, por el pecado, est\u00e1 con \u201cdurezas\u201d que nos impiden amar de verdad pero, lo que es lo m\u00e1s importante, a la vez nos anuncia la buena noticia para superarlo: por su redenci\u00f3n se ha abierto un nuevo ethos (una nueva forma de comportamiento) concreto para m\u00ed, para mis circunstancias, teniendo en cuenta mis debilidades. Gracias a esto los esposos podemos volver a amarnos como \u201dal principio\u201d, de acuerdo con el plan de Dios. Los esposos debemos ayudarnos a encontrar ese nuevo ethos y apoyarnos mutuamente en el camino. <br> Detalles: <\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><li>San Juan Pablo II saca conclusiones a partir de la comparaci\u00f3n que realiza entre la referencia al \u201ccoraz\u00f3n\u201d humano que hace Jes\u00fas en dos textos del Evangelio: &#8220;Todo el que mira a una mujer dese\u00e1ndola, ya adultera con ella en su coraz\u00f3n&#8221; (Mt 5, 8) y las palabras referentes al libelo de repudio: &#8220;Por la dureza de vuestro coraz\u00f3n, os permiti\u00f3 Mois\u00e9s repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue as\u00ed&#8221; (Mt 19, 8). Mientras que, cuando se refiere a \u201cla dureza de vuestro coraz\u00f3n\u201d realiza claramente una acusaci\u00f3n por su resistencia a la ley establecida por Dios desde el principio en la creaci\u00f3n, en el discurso de la monta\u00f1a, cuando hace referencia a \u201cya adultera con ella en su coraz\u00f3n\u201d, no parece una acusaci\u00f3n solamente. <\/li><li>En el discurso de la monta\u00f1a, Cristo proclama un nuevo ethos, el ethos del Evangelio, unido con la conciencia del \u201cprincipio\u201d, de la creaci\u00f3n. Y ese ethos est\u00e1 dirigido de modo realista al hombre \u201chist\u00f3rico\u201d, al hombre del pecado. Cristo sabe que la triple concupiscencia es una herencia de toda la humanidad, por eso en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a, cuando hace referencia al coraz\u00f3n del hombre, no prevalece la acusaci\u00f3n, sino un juicio realista del coraz\u00f3n humano que tiene un fundamento antropol\u00f3gico por un lado y \u00e9tico por el otro. <\/li><li>Con estas palabras, Cristo se refiere tambi\u00e9n a todo hombre \u201chist\u00f3rico\u201d, el \u201chombre de la concupiscencia\u201d cuyo misterio y cuyo coraz\u00f3n es conocido por Cristo. Cada hombre de hoy se siente llamado por su nombre en este enunciado del Maestro. <\/li><li>En esto reside la universalidad del Evangelio, que no es en absoluto una generalizaci\u00f3n, sino que cada uno es llamado en su modo justo, concreto e irrepetible, porque Cristo apela al \u201ccoraz\u00f3n\u201d humano que no puede ser sometido a generalizaci\u00f3n alguna. Al referirse al \u201ccoraz\u00f3n\u201d cada uno es individualizado singularmente m\u00e1s a\u00fan que por el propio nombre. Es alcanzado en lo que le determina de modo \u00fanico e irrepetible, lo que le define desde el interior. <\/li><li>La historia del coraz\u00f3n humano est\u00e1 escrita bajo la presi\u00f3n de la triple concupiscencia. Y ese interior afecta al comportamiento exterior de cada hombre y por tanto a las estructuras e instituciones de la sociedad. Si analizamos estas estructuras e instituciones deducimos los contenidos del ethos, donde encontraremos la imagen del interior del hombre. <\/li><\/ol>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>EL MENSAJE DE ESTA CATEQUESIS PARA EL HOMBRE DE HOY: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br> Cristo conoce el coraz\u00f3n del hombre. Sabe de d\u00f3nde partimos a partir de la ruptura del coraz\u00f3n que se produce con la triple concupiscencia fruto del pecado original. Parece como que tiene una mirada misericordiosa hacia nosotros al conocer nuestro coraz\u00f3n. De alguna manera tenemos que reconocer que tenemos debilidades, tentaciones y lo que hay que evitar es darle cobijo en el coraz\u00f3n a esas tentaciones. <br> El coraz\u00f3n del hombre \u201chist\u00f3rico\u201d perdura en ese estar afectado por la triple concupiscencia. Eso permanece en el tiempo y por lo tanto, la llamada de Cristo al \u201ccoraz\u00f3n\u201d humano sigue estando viva en todo momento. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo, consciente de mi debilidad, lo que me propone es una nueva forma de vida, para m\u00ed, contando con mi fragilidad, con mis dificultades. <br>\nJes\u00fas, conoce mi coraz\u00f3n, conoce mis circunstancias hist\u00f3ricas y me llama personalmente, a m\u00ed, sabiendo mi situaci\u00f3n y me propone a m\u00ed una nueva vida, real, posible, d\u00e1ndome lo que necesito en lo m\u00e1s profundo y m\u00e1s \u00edntimo de m\u00ed. <br>\nNuestros actos son un reflejo de lo que hay en nuestro coraz\u00f3n. El mal de la sociedad y del mundo es un reflejo del estado del interior de los individuos que la forman. A veces pensamos que nuestro pecado no afecta a nadie y no es as\u00ed. Hay una onda expansiva destructiva que afecta much\u00edsimo. Lo mismo ocurre cuando optamos por el bien. <br>\nLo importante es construir nuestro interior para soportar las inclemencias del exterior.  <br>\nEntre los esposos, debemos actuar de la misma manera como administradores del amor de Dios. No juzgando nuestros comportamientos de una manera general, sino, como hace Dios, adentr\u00e1ndonos en las circunstancias del otro para ayudarle en su camino particular, desde donde est\u00e1 hacia donde Dios quiere que llegue. <br>\nEl camino de los esposos es ir descubriendo ese nuevo ethos, esa nueva forma de comportarme que es posible gracias a la redenci\u00f3n de Cristo, gracias a que ha muerto por m\u00ed.  Ese nuevo ethos es ir construyendo un amor de comuni\u00f3n, a imagen de la Sant\u00edsima Trinidad, \u201ccomo al principio\u201d, aprendiendo a amar de verdad, como Ellos se aman, aun a pesar de mi coraz\u00f3n \u201cde concupiscencia\u201d. Para ello necesito: <\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><li>Ser consciente de c\u00f3mo mi coraz\u00f3n est\u00e1 afectado por el pecado, por la concupiscencia. Fruto de \u00e9sta tengo esa dureza de coraz\u00f3n que me impide amar a mi c\u00f3nyuge de verdad, en lo bueno y en lo malo. As\u00ed que lo primero que tengo que hacer es sospechar de mi coraz\u00f3n para identificar esas durezas, esas debilidades que me impiden amar de verdad (si no las veo es que me queda mucho por recorrer). Para esto es fundamental el camino de la oraci\u00f3n, donde al confrontarme con Cristo, viendo c\u00f3mo el habr\u00eda amado a mi c\u00f3nyuge en las circunstancias del d\u00eda a d\u00eda, sobre todo en las que m\u00e1s me han dolido, voy descubriendo c\u00f3mo est\u00e1 mi coraz\u00f3n, sus durezas,\u2026 La relaci\u00f3n con mi c\u00f3nyuge en los diferentes momentos del d\u00eda (sobre todo en aquellos que me duelen, me enfadan,\u2026), rezados a la luz del Se\u00f1or, me ayudan a descubrir mi dureza de coraz\u00f3n, que me ha impedido acoger con misericordia, ponerme en su lugar, ahondar en su coraz\u00f3n, amar de verdad,\u2026 <\/li><li>A la vez que voy descubriendo la dureza de mi coraz\u00f3n, junto a mi espos@ voy encontrando el nuevo ethos que Cristo ha hecho posible gracias a su redenci\u00f3n. Esa nueva forma de comportamiento consiste en aprender a amar a mi c\u00f3nyuge \u201ccomo al principio\u201d Dios hab\u00eda planeado, llenando mi coraz\u00f3n de amor a mi c\u00f3nyuge y de amor a Dios, que va unido (amo a Dios amando a mi c\u00f3nyuge). Amando as\u00ed voy reduciendo las durezas de mi coraz\u00f3n, que me ten\u00edan preso. Cristo proclama esta nueva forma de amar que hace posible con su redenci\u00f3n, con la instauraci\u00f3n de los sacramentos y, en concreto, con el sacramento del matrimonio para nosotros, esposos. Mediante el sacramento del matrimonio, los esposos actuamos como administradores del amor de Dios. Como Dios me ama, yo amo a mi c\u00f3nyuge. Y le miro como Dios me mira a m\u00ed, sin juzgar, con misericordia. Con mi oraci\u00f3n personal Cristo me va mostrando c\u00f3mo estoy amando y c\u00f3mo debo amar. Con nuestra oraci\u00f3n conyugal vamos descubriendo el coraz\u00f3n de nuestro c\u00f3nyuge, mostr\u00e1ndole el nuestro y vamos ayud\u00e1ndonos a encontrar el camino del nuevo ethos. As\u00ed: <br>\n1)    la oraci\u00f3n me va dando luz sobre mi coraz\u00f3n y el de mi c\u00f3nyuge, mostrando c\u00f3mo debo amar, mostrando el nuevo ethos hecho posible por la redenci\u00f3n de Cristo, <br>\n2)    los sacrificios por \u00e9l\/ella van reforzando mi voluntad para poder perseverar, y  <br>\n3)    con la gracia de nuestro sacramento, amando a mi c\u00f3nyuge con el amor de Cristo, vamos construyendo un amor de comuni\u00f3n, para acabar siendo un solo coraz\u00f3n, un solo alma, una sola carne. <\/li><\/ol>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>RATO DE ORACION JUNTOS: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br> Mi buen Jes\u00fas, has muerto por m\u00ed y por mi esposo\/a, para que podamos amarnos como T\u00fa nos amas, como ten\u00edas pensado que fuera nuestro matrimonio \u201cdesde el principio\u201d. <br> Jes\u00fas, T\u00fa me conoces como nadie, conoces todo mi coraz\u00f3n, y me adviertes de la dureza que hay en \u00e9l y que me impide amar de verdad. Jes\u00fas, que no me ciegue mi soberbia pensando que no est\u00e1 mi coraz\u00f3n tan duro. Por favor, ay\u00fadame a ver esas durezas, ay\u00fadame a sospechar de mi coraz\u00f3n. Mi Se\u00f1or, dame luz para ir descubriendo en mis reacciones en el d\u00eda a d\u00eda con mi esposo\/a esas durezas: cuando no acojo su debilidad, cuando creo que tengo raz\u00f3n, cuando le juzgo, cuando me indigno por lo que hace,\u2026 <br> Adem\u00e1s, Jes\u00fas, ay\u00fadame q descubrir el coraz\u00f3n de mi esposo\/a, a mirarle como T\u00fa lo miras, poni\u00e9ndome en su lugar, con misericordia, con disculpa, con cari\u00f1o,\u2026 <br> Por favor, mi Se\u00f1or, ay\u00fadame a amar a mi esposo\/a como T\u00fa le amas, entreg\u00e1ndome, acogi\u00e9ndole en su debilidad, am\u00e1ndolo en lo que me gusta y en lo que no y, sobre todo, fij\u00e1ndome en todo lo bueno que tiene para estar cada d\u00eda m\u00e1s enamorado de \u00e9l\/ella.  <br> Se\u00f1or, que mi objetivo cada d\u00eda sea enamorar m\u00e1s a mi esposo\/a. <br> Textos para rezar: <br> Par\u00e1bola del Buen Samaritano, Lucas 10 25-37 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>EL CASO: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br> Antonio y Marta \u00faltimamente est\u00e1n inc\u00f3modos, saben que algo no va bien. Van pasando los a\u00f1os y su amor no crece, sino que m\u00e1s bien decrece.  <br> Marta no soporta el genio de Antonio, los gritos a sus hijos cuando algo sale mal, la forma grosera de hablarle cuando llega de trabajar y est\u00e1 cansado. Marta piensa que eso est\u00e1 maleducando a sus hijos y, adem\u00e1s, que ella no tiene que consentir que \u00e9l la hable as\u00ed, porque qui\u00e9n es \u00e9l para hablarle as\u00ed. Por eso reacciona con ira, enfad\u00e1ndose con \u00e9l con dureza. Piensa que tiene que cambiar ya de una vez. <br> Antonio piensa que Marta cada vez tiene menos paciencia, que se pone hecha una fiera a la m\u00ednima. Puede que \u00e9l sea brusco, pero las reacciones de Marta son excesivas. Nadie le habla as\u00ed, en su trabajo hasta en las situaciones de mayor tensi\u00f3n nadie le habla as\u00ed y Marta no puede ser la excepci\u00f3n, siendo encima su mujer. Piensa que su mujer o cambia ya o se va a cargar su matrimonio. <br> Preguntas: <br> \u00bfC\u00f3mo pueden Antonio y Marta descubrir el nuevo ethos, la nueva forma de amarse, que Cristo quiere para ellos y que ha hecho posible con su redenci\u00f3n, muriendo por ellos? <br> \u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda si ambos, en lugar de culpabilizar al otro, vieran c\u00f3mo se est\u00e1n comportando cada uno? <br> \u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00eda si al menos uno de los dos empieza a cambiar, a sospechar de su coraz\u00f3n, a ver su pecado en lugar del del c\u00f3nyuge, y a aprender a amar ah\u00ed? <br> \u00bfY si se empe\u00f1aran en centrarse cada uno en descubrir d\u00f3nde no est\u00e1n amando, d\u00f3nde est\u00e1n sus \u201cdurezas\u201d y en amar al otro en su debilidad?  <br> \u00bfC\u00f3mo pueden ir consiguiendo amarse como est\u00e1 llamados a hacerlo, como Dios les ama? <br> Un camino de verdad de oraci\u00f3n, sacramentos, sacrificios por el c\u00f3nyuge y esfuerzo por acoger y entregarse ir\u00eda transformando sus corazones y su matrimonio en un matrimonio como Dios lo pens\u00f3 e ir\u00eda haciendo de su d\u00eda a d\u00eda un anticipo del Cielo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>COMPROMISO <\/strong><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>Cada d\u00eda en mi oraci\u00f3n personal voy a rezar c\u00f3mo am\u00e9 a mi c\u00f3nyuge el d\u00eda anterior (que cada momento de mi relaci\u00f3n con \u00e9l\/ella me d\u00e9 luz para descubrir la dureza de mi coraz\u00f3n y si he amado de verdad) <\/li><li>Cada d\u00eda en nuestra oraci\u00f3n conyugal voy a mostrarle c\u00f3mo est\u00e1 mi coraz\u00f3n, mis durezas, mi lucha por aprender a amar de verdad, como Dios quiere. <\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>ORACI\u00d3N FINAL: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br> Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por siempre. Que por siempre te alaben los cielos y todas tus criaturas. T\u00fa creaste a Ad\u00e1n y le diste a Eva, su mujer, como ayuda y apoyo. De ellos naci\u00f3 la estirpe humana. T\u00fa dijiste: \u201cNo es bueno que el nombre est\u00e9 solo; hag\u00e1mosle una ayuda semejante a \u00e9l\u201d. No busco la uni\u00f3n con mi esposo\/a por impuro deseo, sino con la mejor intenci\u00f3n. Ten misericordia de nosotros y haz que lleguemos juntos a la vejez. (\u00c9l) Am\u00e9n, (Ella) Am\u00e9n. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Copia \u00edntegra de la catequesis de JPII: <br><strong> JUAN PABLO II <br> AUDIENCIA GENERAL <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi\u00e9rcoles 6 de agosto de 1980 <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El matrimonio a la luz del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a <\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><li>Prosiguiendo nuestro ciclo, volvemos hoy al discurso de la monta\u00f1a y precisamente al enunciado &#8220;Todo el que mira a una mujer dese\u00e1ndola, ya adultera con ella en su coraz\u00f3n&#8221; (Mt 5, 8). Jes\u00fas apela aqu\u00ed al &#8220;coraz\u00f3n&#8221;. <br>\nEn su coloquio con los fariseos, Jes\u00fas, haciendo referencia al &#8220;principio&#8221; (cf. los an\u00e1lisis precedentes), pronuncia las siguientes palabras referentes al libelo de repudio: &#8220;Por la dureza de vuestro coraz\u00f3n, os permiti\u00f3 Mois\u00e9s repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue as\u00ed&#8221; (Mt 19, 8). Esta frase encierra indudablemente una acusaci\u00f3n. &#8220;La dureza de coraz\u00f3n&#8221; [1] indica lo que seg\u00fan el ethos del pueblo del Antiguo Testamento, hab\u00eda fundado la situaci\u00f3n contraria al originario designio de Dios-Jahv\u00e9 seg\u00fan el G\u00e9nesis 2, 24. Y es ah\u00ed donde hay que buscar la clave para interpretar toda la legislaci\u00f3n de Israel en el \u00e1mbito del matrimonio y, con un sentido m\u00e1s amplio en el conjunto de las relaciones entre hombre y mujer. Hablando de la &#8220;dureza de coraz\u00f3n&#8221;, Cristo acusa, por decirlo as\u00ed, a todo el &#8220;sujeto interior&#8221;, que es responsable de la deformaci\u00f3n de la ley. En el discurso de la monta\u00f1a (Mt 5, 27-28) hace tambi\u00e9n una alusi\u00f3n al &#8220;coraz\u00f3n&#8221;, pero las palabras pronunciadas ah\u00ed no parecen una acusaci\u00f3n solamente. <\/li><li>Debemos reflexionar una vez m\u00e1s sobre ellas, insert\u00e1ndolas lo m\u00e1s posible en su dimensi\u00f3n &#8220;hist\u00f3rica&#8221;. El an\u00e1lisis hecho hasta ahora, tendiente a enfocar al &#8220;hombre de la concupiscencia&#8221; en su momento gen\u00e9tico casi en el punto inicial de su historia entrelazada con la teolog\u00eda, constituye una amplia introducci\u00f3n, sobre todo antropol\u00f3gica, al trabajo que todav\u00eda hay que emprender. La sucesiva etapa de nuestro an\u00e1lisis deber\u00e1 ser de car\u00e1cter \u00e9tico. El discurso de la monta\u00f1a, y en especial ese pasaje que hemos elegido como centro de nuestros an\u00e1lisis, forma parte de la proclamaci\u00f3n del nuevo ethos: el ethos del Evangelio. En las ense\u00f1anzas de Cristo, est\u00e1 profundamente unido con la conciencia del &#8220;principio&#8221;; por tanto, con el misterio de la creaci\u00f3n en su originaria sencillez y riqueza. Y, al mismo tiempo, el ethos, que Cristo proclama en el discurso de la monta\u00f1a, est\u00e1 enderezado de modo realista al &#8220;hombre hist\u00f3rico&#8221;, transformado en hombre de la concupiscencia. La triple concupiscencia, en efecto, es herencia de toda la humanidad y el &#8220;coraz\u00f3n&#8221; humano realmente participa en ella. Cristo, que sabe &#8220;lo que hay en todo hombre&#8221; (Jn 2, 25) [2], no puede hablar de otro modo, sino con semejante conocimiento de causa. Desde ese punto de vista, en las palabras de Mt 5, 27-28, no prevalece la acusaci\u00f3n, sino el juicio: un juicio realista sobre el coraz\u00f3n humano, un juicio que de una parte tiene un fundamento antropol\u00f3gico y, de otra, un car\u00e1cter directamente \u00e9tico. Para el ethos del Evangelio es un juicio constitutivo. <\/li><li>En el discurso de la monta\u00f1a Cristo se dirige directamente al hombre que pertenece a una sociedad bien definida. Tambi\u00e9n el Maestro pertenece a esa sociedad, a ese pueblo. Por tanto, hay que buscar en las palabras de Cristo una referencia a los hechos, a las situaciones, a las instituciones con que estaba cotidianamente familiarizado. Hay que someter tales referencias a un an\u00e1lisis por lo menos sumario, a fin de que surja m\u00e1s claramente el significado \u00e9tico de las palabras de Mateo 5, 27-28. Sin embargo, con esas palabras, Cristo se dirige tambi\u00e9n, de modo indirecto pero real, a todo hombre &#8220;hist\u00f3rico&#8221; (entendiendo este adjetivo sobre todo en funci\u00f3n teol\u00f3gica). Y este hombre es precisamente el &#8220;hombre de la concupiscencia&#8221;, cuyo misterio y cuyo coraz\u00f3n es conocido por Cristo (&#8220;pues El conoc\u00eda lo que en el hombre hab\u00eda&#8221;: Jn 2, 25). Las palabras del discurso de la monta\u00f1a nos permiten establecer un contacto con la experiencia interior de este hombre, casi en toda latitud y longitud geogr\u00e1fica, en las diversas \u00e9pocas, en los diversos condicionamientos sociales y culturales. El hombre de nuestro tiempo se siente llamado por su nombre en este enunciado de Cristo, no menos que el hombre de &#8220;entonces&#8221;, al que el Maestro directamente se dirig\u00eda. <\/li><li>En esto reside la universalidad del Evangelio, que no es en absoluto una generalizaci\u00f3n. Quiz\u00e1 precisamente en ese enunciado de Cristo que estamos ahora analizando, eso se manifiesta con particular claridad. En virtud de ese enunciado, el hombre de todo tiempo y de todo lugar se siente llamado en su modo justo, concreto, irrepetible; porque precisamente Cristo apela al &#8220;coraz\u00f3n&#8221; humano, que no puede ser sometido a generalizaci\u00f3n alguna. Con la categor\u00eda del &#8220;coraz\u00f3n&#8221;, cada uno es individualizado singularmente m\u00e1s a\u00fan que por el nombre; es alcanzado en lo que lo determina de modo \u00fanico e irrepetible; es definido en su humanidad &#8220;desde el interior&#8221;. <\/li><li>La imagen del hombre de la concupiscencia afecta ante todo a su interior [3]. La historia del &#8220;coraz\u00f3n&#8221; humano despu\u00e9s del pecado original, est\u00e1 escrita bajo la presi\u00f3n de la triple concupiscencia, con la que se enlaza tambi\u00e9n la m\u00e1s profunda imagen del ethos en sus diversos documentos hist\u00f3ricos. Sin embargo, ese interior es tambi\u00e9n la fuerza que decide sobre el comportamiento humano &#8220;exterior&#8221; y tambi\u00e9n sobre la forma de m\u00faltiples estructuras e instituciones a nivel de vida social. Si de estas estructuras e instituciones deducimos los contenidos del ethos, en sus diversas formulaciones hist\u00f3ricas, siempre encontramos ese aspecto \u00edntimo, propio de la imagen interior del hombre. Esta es, en efecto, la componente m\u00e1s esencial. Las palabras de Cristo en el discurso de la monta\u00f1a, y especialmente las de Mateo 5, 27-28, lo indican de modo inequ\u00edvoco. Ning\u00fan estudio sobre el ethos humano puede dejar de lado esto con indiferencia. <br>\nPor tanto, en nuestras sucesivas reflexiones trataremos de someter a un an\u00e1lisis m\u00e1s detallado ese enunciado de Cristo que dice: &#8220;Hab\u00e9is o\u00eddo que fue dicho: no adulterar\u00e1s. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer dese\u00e1ndola, ya adulter\u00f3 con ella en su coraz\u00f3n&#8221; (o tambi\u00e9n: Ya la ha hecho ad\u00faltera en su coraz\u00f3n). <br>\nPara comprender mejor este texto analizaremos primero cada una de sus partes, a fin de obtener despu\u00e9s una visi\u00f3n global m\u00e1s profunda. Tomaremos en consideraci\u00f3n no solamente los destinatarios de entonces, que escucharon con sus propios o\u00eddos el discurso de la monta\u00f1a, sino tambi\u00e9n, en cuanto sea posible, a los contempor\u00e1neos, a los hombres de nuestro tiempo. <\/li><\/ol>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[1]    El t\u00e9rmino griego sklerokardia ha sido forjado por los Setenta para expresar lo que en hebreo significaba: &#8220;incircuncisi\u00f3n de coraz\u00f3n&#8221; (cf. como ej. Dt 10, 16; Jer 4, 4; Sir 3, 26 s.) y que, en la traducci\u00f3n literal del Nuevo Testamento, aparece una sola vez (Act 7, 51). <br>\nLa &#8220;incircuncisi\u00f3n&#8221; significaba el &#8220;paganismo&#8221;, la &#8220;impureza&#8221;, la &#8220;distancia de la Alianza con Dios&#8221;; la &#8220;incircuncisi\u00f3n de coraz\u00f3n&#8221; expresaba la ind\u00f3mita obstinaci\u00f3n en oponerse a Dios. Lo confirma la frase del di\u00e1cono Esteban: &#8220;Duros de cerviz e incircuncisos de coraz\u00f3n y o\u00eddos, vosotros siempre hab\u00e9is resistido al Esp\u00edritu Santo. Como vuestros padres, as\u00ed tambi\u00e9n vosotros&#8221; (Act 7, 51). <br>\nPor tanto hay que entender la &#8220;dureza de coraz\u00f3n&#8221; en este contexto filol\u00f3gico.  <br>\n[2]    Cf. Ap 2, 23: &#8220;\u2026el que escudri\u00f1a las entra\u00f1as y los corazones\u2026&#8221;; Act 1, 24: &#8220;T\u00fa, Se\u00f1or, que conoces los corazones de todos\u2026&#8221; (kardiognostes).  <br>\n[3]    &#8220;Porque del coraz\u00f3n provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias. Esto es lo que contamina al hombre\u2026&#8221; (Mt 15, 19-20). <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Descargar presentaci\u00f3n en PDF El matrimonio a la luz del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a Invocamos al Esp\u00edritu Santo: Esp\u00edritu Santo, ven cada d\u00eda a nuestros corazones. Ens\u00e9\u00f1anos y emp\u00fajanos a practicar nuestro amor conyugal seg\u00fan la voluntad del Padre. 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