{"id":4802,"date":"2024-01-24T22:40:32","date_gmt":"2024-01-24T22:40:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/?p=4802"},"modified":"2024-01-24T22:40:38","modified_gmt":"2024-01-24T22:40:38","slug":"carta-enciclica-dives-in-misericordia-sobre-la-misericordia-divina-juan-pablo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/2024\/01\/24\/carta-enciclica-dives-in-misericordia-sobre-la-misericordia-divina-juan-pablo-ii\/","title":{"rendered":"Carta Enc\u00edclica &#8211; DIVES IN MISERICORDIA &#8211; SOBRE LA MISERICORDIA DIVINA &#8211; Juan Pablo II"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><br>DIVES IN MISERICORDIA<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"> CARTA ENC\u00cdCLICA <strong>DIVES IN MISERICORDIA<\/strong> DEL SUMO PONT\u00cdFICE<strong> JUAN PABLO II<\/strong> SOBRE <strong>LA MISERICORDIA DIVINA<\/strong> <\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignleft is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/dives-in-misericorida-juan-pablo-II.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4805\" width=\"308\" height=\"171\" srcset=\"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/dives-in-misericorida-juan-pablo-II.jpg 720w, https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/dives-in-misericorida-juan-pablo-II-300x167.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 308px) 100vw, 308px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Venerables Hermanos, amad\u00edsimos Hijos e Hijas:<br>\u00a1salud y Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>I. QUIEN ME VE A MI, VE AL PADRE (cfr.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;14, 9)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>1.<em>&nbsp;Revelaci\u00f3n de la misericordia<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab Dios rico en misericordia \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241\">1<\/a><\/sup>&nbsp;es el que Jesucristo nos ha revelado como Padre; cabalmente su Hijo, en s\u00ed mismo, nos lo ha manifestado y nos lo ha hecho conocer.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242\">2<\/a><\/sup>&nbsp;A este respecto, es digno de recordar aquel momento en que Felipe, uno de los doce ap\u00f3stoles, dirigi\u00e9ndose a Cristo, le dijo: \u00ab Se\u00f1or, mu\u00e9stranos al Padre y nos basta \u00bb; Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00ab \u00bfTanto tiempo ha que estoy con vosotros y no me hab\u00e9is conocido? El que me ha visto a m\u00ed ha visto al Padre \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243\">3<\/a><\/sup>&nbsp;Estas palabras fueron pronunciadas en el discurso de despedida, al final de la cena pascual, a la que siguieron los acontecimientos de aquellos d\u00edas santos, en que deb\u00eda quedar corroborado de una vez para siempre el hecho de que \u00ab Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos am\u00f3, y estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dio vida por Cristo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%244\">4<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siguiendo las ense\u00f1anzas del Concilio Vaticano II y en correspondencia con las necesidades particulares de los tiempos en que vivimos, he dedicado la Enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor Hominis<\/a>&nbsp;<\/em>a la verdad sobre el hombre, verdad que nos es revelada en Cristo, en toda su plenitud y profundidad. Una exigencia de no menor importancia, en estos tiempos cr\u00edticos y nada f\u00e1ciles, me impulsa a descubrir una vez m\u00e1s en el mismo Cristo el rostro del Padre, que es \u00ab misericordioso y Dios de todo consuelo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%245\">5<\/a><\/sup>&nbsp;Efectivamente, en la Constituci\u00f3n&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a>&nbsp;<\/em>leemos: \u00ab Cristo, el nuevo Ad\u00e1n&#8230;, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n \u00bb: y esto lo hace \u00ab en la misma&nbsp;<em>revelaci\u00f3n del misterio del Padre y de su amor \u00bb<\/em>.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%246\">6<\/a><\/sup>&nbsp;Las palabras citadas son un claro testimonio de que la manifestaci\u00f3n del hombre en la plena dignidad de su naturaleza no puede tener lugar sin la referencia \u2014no s\u00f3lo conceptual, sino tambi\u00e9n \u00edntegramente existencial\u2014 a Dios. El hombre y su vocaci\u00f3n suprema se desvelan en Cristo&nbsp;<em>mediante&nbsp;<\/em>la revelaci\u00f3n del misterio del Padre y de su amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por esto mismo, es conveniente ahora que volvamos la mirada a este misterio: lo est\u00e1n sugiriendo m\u00faltiples experiencias de la Iglesia y del hombre contempor\u00e1neo; lo exigen tambi\u00e9n las invocaciones de tantos corazones humanos, con sus sufrimientos y esperanzas, sus angustias y expectaci\u00f3n. Si es verdad que todo hombre es en cierto sentido la v\u00eda de la Iglesia \u2014como dije en la enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor Hominis<\/a>\u2014,&nbsp;<\/em>al mismo tiempo el Evangelio y toda la Tradici\u00f3n nos est\u00e1n indicando constantemente que hemos de recorrer esta v\u00eda con todo hombre, tal como&nbsp;<em>Cristo la ha trazado,&nbsp;<\/em>revelando en s\u00ed mismo al Padre junto con su amor.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%247\">7<\/a><\/sup>&nbsp;En Cristo Jes\u00fas, toda v\u00eda hacia el hombre, cual le ha sido confiado de una vez para siempre a la Iglesia en el mutable contexto de los tiempos, es simult\u00e1neamente un caminar al encuentro con el Padre y su amor. El Concilio Vaticano II ha confirmado esta verdad seg\u00fan las exigencias de nuestros tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuanto m\u00e1s se centre en el hombre la misi\u00f3n desarrollada por la Iglesia; cuanto m\u00e1s sea, por decirlo as\u00ed, antropoc\u00e9ntrica, tanto m\u00e1s debe corroborarse y realizarse teoc\u00e9ntricamente, esto es, orientarse al Padre en Cristo Jes\u00fas. Mientras las diversas corrientes del pasado y presente del pensamiento humano han sido y siguen siendo propensas a dividir e incluso contraponer el teocentrismo y el antropocentrismo, la Iglesia en cambio, siguiendo a Cristo, trata de unirlas en la historia del hombre de manera org\u00e1nica y profunda. Este es tambi\u00e9n uno de los principios fundamentales, y quiz\u00e1s el m\u00e1s importante, del Magisterio del \u00faltimo Concilio. Si pues en la actual fase de la historia de la Iglesia nos proponemos como cometido preeminente&nbsp;<em>actuar la doctrina&nbsp;<\/em>del gran Concilio, debemos en consecuencia volver sobre este principio con fe, con mente abierta y con el coraz\u00f3n. Ya en mi citada enc\u00edclica he tratado de poner de relieve que el ahondar y enriquecer de m\u00faltiples formas la conciencia de la Iglesia, fruto del mismo Concilio, debe abrir m\u00e1s ampliamente nuestra inteligencia y nuestro coraz\u00f3n a Cristo mismo. Hoy quiero a\u00f1adir que la apertura a Cristo, que en cuanto Redentor del mundo \u00ab revela plenamente el hombre al mismo hombre \u00bb, no puede llevarse a efecto m\u00e1s que a trav\u00e9s de una referencia cada vez m\u00e1s madura al Padre y a su amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>2.<em>&nbsp;Encarnaci\u00f3n de la misericordia<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dios, que \u00ab habita una luz inaccesible \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%248\">8<\/a><\/sup>&nbsp;habla a la vez al hombre con el lenguaje de todo el cosmos: \u00ab en efecto, desde la creaci\u00f3n del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, son conocidos mediante las obras \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%249\">9<\/a><\/sup>&nbsp;Este conocimiento indirecto e imperfecto, obra del entendimiento que busca a Dios por medio de las criaturas a trav\u00e9s del mundo visible, no es a\u00fan \u00ab visi\u00f3n del Padre \u00bb. \u00ab A Dios nadie lo ha visto \u00bb, escribe San Juan para dar mayor relieve a la verdad, seg\u00fan la cual \u00ab precisamente el Hijo unig\u00e9nito que est\u00e1 en el seno del Padre, \u00e9se le ha dado a conocer \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24A\">10<\/a><\/sup>&nbsp;Esta \u00ab revelaci\u00f3n \u00bb manifiesta a Dios en el insondable misterio de su ser \u2014uno y trino\u2014 rodeado de \u00ab luz inaccesible \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24B\">11<\/a><\/sup>&nbsp;No obstante, mediante esta \u00ab revelaci\u00f3n \u00bb de Cristo conocemos a Dios, sobre todo en su relaci\u00f3n de amor hacia el hombre: en su \u00ab filantrop\u00eda \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24C\">12<\/a><\/sup>&nbsp;Es justamente ah\u00ed donde \u00ab sus perfecciones invisibles \u00bb se hacen de modo especial \u00ab visibles \u00bb, incomparablemente m\u00e1s visibles que a trav\u00e9s de todas las dem\u00e1s \u00ab obras realizadas por \u00e9l \u00bb: tales perfecciones se hacen&nbsp;<em>visibles en Cristo y por Cristo,&nbsp;<\/em>a trav\u00e9s de sus acciones y palabras y, finalmente, mediante su muerte en la cruz y su resurrecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De este modo en Cristo y por Cristo, se hace tambi\u00e9n particularmente visible Dios en su misericordia, esto es, se pone de relieve el atributo de la divinidad, que ya el Antiguo Testamento, sirvi\u00e9ndose de diversos conceptos y t\u00e9rminos, defini\u00f3 \u00ab&nbsp;<em>misericordia \u00bb.&nbsp;<\/em>Cristo confiere un significado definitivo a toda la tradici\u00f3n veterotestamentaria de la misericordia divina. No s\u00f3lo habla de ella y la explica usando semejanzas y par\u00e1bolas, sino que adem\u00e1s, y ante todo,&nbsp;<em>\u00e9l mismo la encarna y personifica. El mismo es, en cierto sentido, la misericordia. A&nbsp;<\/em>quien la ve y la encuentra en \u00e9l, Dios se hace concretamente \u00ab visible \u00bb como Padre \u00ab rico en misericordia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24D\">13<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mentalidad contempor\u00e1nea, quiz\u00e1s en mayor medida que la del hombre del pasado, parece oponerse al Dios de la misericordia y tiende adem\u00e1s a orillar de la vida y arrancar del coraz\u00f3n humano la idea misma de la misericordia. La palabra y el concepto de \u00ab misericordia \u00bb parecen producir una cierta desaz\u00f3n en el hombre, quien, gracias a los adelantos tan enormes de la ciencia y de la t\u00e9cnica, como nunca fueron conocidos antes en la historia, se ha hecho due\u00f1o y ha dominado la tierra mucho m\u00e1s que en el pasado.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24E\">14<\/a><\/sup>&nbsp;Tal dominio sobre la tierra, entendido tal vez unilateral y superficialmente, parece no dejar espacio a la misericordia. A este respecto, podemos sin embargo recurrir de manera provechosa a la imagen \u00ab de la condici\u00f3n del hombre en el mundo contempor\u00e1neo \u00bb, tal cual es delineada al comienzo de la Constituci\u00f3n&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a>.&nbsp;<\/em>Entre otras, leemos all\u00ed las siguientes frases: \u00ab De esta forma, el mundo moderno aparece a la vez poderoso y d\u00e9bil, capaz de lo mejor y lo peor, pues tiene abierto el camino para optar por la libertad y la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio. El hombre sabe muy bien que est\u00e1 en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que \u00e9l ha desencadenado , y que pueden aplastarle o servirle \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24F\">15<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La situaci\u00f3n del mundo contempor\u00e1neo pone de manifiesto no s\u00f3lo transformaciones tales que hacen esperar&nbsp;<em>en un futuro mejor del hombre sobre la tierra,&nbsp;<\/em>sino que revela tambi\u00e9n m\u00faltiples&nbsp;<em>amenazas,&nbsp;<\/em>que sobrepasan con mucho las hasta ahora conocidas. Sin cesar de denunciar tales amenazas en diversas circunstancias (como en las intervenciones ante la ONU, la UNESCO, la FAO y en otras partes) la Iglesia debe examinarlas al mismo tiempo a la luz de la verdad recibida de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Revelada en Cristo, la verdad acerca de Dios como \u00ab Padre de la misericordia \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24G\">16<\/a><\/sup>&nbsp;nos permite \u00ab verlo \u00bb especialmente cercano al hombre, sobre todo cuando sufre, cuando est\u00e1 amenazado en el n\u00facleo mismo de su existencia y de su dignidad. Debido a esto, en la situaci\u00f3n actual de la Iglesia y del mundo, muchos hombres y muchos ambientes guiados por un vivo sentido de fe se dirigen, yo dir\u00eda casi espont\u00e1neamente, a la misericordia de Dios. Ellos son ciertamente impulsados a hacerlo por Cristo mismo, el cual, mediante su Esp\u00edritu, act\u00faa en lo \u00edntimo de los corazones humanos. En efecto, revelado por El, el misterio de Dios \u00ab Padre de la misericordia \u00bb constituye, en el contexto de las actuales amenazas contra el hombre, como una llamada singular dirigida a la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la presente Enc\u00edclica deseo acoger esta llamada; deseo recurrir al lenguaje eterno \u2014y al mismo tiempo incomparable por su sencillez y profundidad\u2014 de la revelaci\u00f3n y de la fe, para expresar precisamente con \u00e9l una vez m\u00e1s, ante Dios y ante los hombres, las grandes preocupaciones de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, la revelaci\u00f3n y la fe nos ense\u00f1an no tanto a meditar en abstracto el misterio de Dios, como \u00ab Padre de la misericordia \u00bb, cuanto a recurrir a esta misma misericordia en el nombre de Cristo y en uni\u00f3n con El \u00bfNo ha dicho quiz\u00e1 Cristo que nuestro Padre, que \u00ab ve en secreto \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24H\">17<\/a><\/sup>&nbsp;espera, se dir\u00eda que continuamente, que nosotros, recurriendo a El en toda necesidad, escrutemos cada vez m\u00e1s su misterio: el misterio del Padre y de su amor?&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24I\">18<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Deseo pues que estas consideraciones hagan m\u00e1s cercano a todos tal misterio y que sean al mismo tiempo una vibrante llamada de la Iglesia a la misericordia, de la que el hombre y el mundo contempor\u00e1neo tienen tanta necesidad. Y tienen necesidad, aunque con frecuencia no lo saben.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>II. MENSAJE MESI\u00c1NICO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>3.<em>&nbsp;Cuando Cristo comenz\u00f3 a obrar y ense\u00f1ar<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante sus conciudadanos en Nazaret, Cristo hace alusi\u00f3n a las palabras del profeta Isa\u00edas: \u00ab El Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed, porque me ungi\u00f3 para evangelizar a los pobres; me envi\u00f3 a predicar a los cautivos la libertad, a los ciegos la recuperaci\u00f3n de la vista; para poner en libertad a los oprimidos, para anunciar un a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24J\">19<\/a><\/sup>&nbsp;Estas frases, seg\u00fan san Lucas,&nbsp;<em>son su primera declaraci\u00f3n mesi\u00e1nica,&nbsp;<\/em>a la que siguen los hechos y palabras conocidos a trav\u00e9s del Evangelio. Mediante tales hechos y palabras, Cristo hace presente al Padre entre los hombres. Es altamente significativo que estos hombres sean en primer lugar los pobres, carentes de medios de subsistencia, los privados de libertad, los ciegos que no ven la belleza de la creaci\u00f3n, los que viven en aflicci\u00f3n de coraz\u00f3n o sufren a causa de la injusticia social, y finalmente los pecadores. Con relaci\u00f3n a \u00e9stos especialmente, Cristo se convierte sobre todo en signo legible de Dios que es amor; se hace signo del Padre. En tal signo visible, al igual que los hombres de aquel entonces, tambi\u00e9n los hombres de nuestros tiempos pueden ver al Padre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es significativo que, cuando los mensajeros enviados por Juan Bautista llegaron donde estaba Jes\u00fas para preguntarle: \u00ab \u00bfEres t\u00fa el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? \u00bb<em>,<\/em><sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24K\">20<\/a><\/sup>&nbsp;El, recordando el mismo testimonio con que hab\u00eda inaugurado sus ense\u00f1anzas en Nazaret, haya respondido: \u00ab Id y comunicad a Juan lo que hab\u00e9is visto y o\u00eddo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados \u00bb, para concluir diciendo: \u00ab y bienaventurado quien no se escandaliza de m\u00ed \u00bb<em>.<\/em><sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24L\">21<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jes\u00fas, sobre todo con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado c\u00f3mo&nbsp;<em>en el mundo&nbsp;<\/em>en que vivimos&nbsp;<em>est\u00e1 presente el amor,&nbsp;<\/em>el amor operante, el amor que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad. Este amor se hace notar particularmente en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; en contacto con toda la \u00ab condici\u00f3n humana \u00bb hist\u00f3rica, que de distintos modos manifiesta la limitaci\u00f3n y la fragilidad del hombre, bien sea f\u00edsica, bien sea moral. Cabalmente el modo y el \u00e1mbito en que se manifiesta el amor es llamado \u00ab misericordia \u00bb en el lenguaje b\u00edblico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo pues revela a Dios que es Padre, que es \u00ab amor \u00bb, como dir\u00e1 san Juan en su primera Carta;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24M\">22<\/a><\/sup>&nbsp;revela a Dios \u00ab rico de misericordia \u00bb, como leemos en san Pablo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24N\">23<\/a><\/sup>&nbsp;Esta verdad, m\u00e1s que tema de ense\u00f1anza, constituye una realidad que Cristo nos ha hecho presente.&nbsp;<em>Hacer presente al Padre en cuanto amor y misericordia&nbsp;<\/em>es en la conciencia de Cristo mismo la prueba fundamental de su misi\u00f3n de Mes\u00edas; lo corroboran las palabras pronunciadas por El primeramente en la sinagoga de Nazaret y m\u00e1s tarde ante sus disc\u00edpulos y antes los enviados por Juan Bautista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En base a tal modo de manifestar la presencia de Dios que es padre, amor y misericordia, Jes\u00fas hace de la misma misericordia uno de los&nbsp;<em>temas&nbsp;<\/em>principales de su&nbsp;<em>predicaci\u00f3n.&nbsp;<\/em>Como de costumbre, tambi\u00e9n aqu\u00ed ense\u00f1a preferentemente \u00ab en par\u00e1bolas \u00bb, debido a que \u00e9stas expresan mejor la esencia misma de las cosas. Baste recordar la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24O\">24<\/a><\/sup>o la del buen Samaritano&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24P\">25<\/a><\/sup>y tambi\u00e9n \u2014como contraste\u2014 la par\u00e1bola del siervo inicuo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24Q\">26<\/a><\/sup>&nbsp;Son muchos los pasos de las ense\u00f1anzas de Cristo que ponen de manifiesto el amor-misericordia bajo un aspecto siempre nuevo. Basta tener ante los ojos al Buen Pastor en busca de la oveja extraviada&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24R\">27<\/a><\/sup>&nbsp;o la mujer que barre la casa buscando la dracma perdida.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24S\">28<\/a><\/sup>&nbsp;El evangelista que trata con detalle estos temas en las ense\u00f1anzas de Cristo es san Lucas, cuyo evangelio ha merecido ser llamado \u00ab el evangelio de la misericordia \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando se habla de la predicaci\u00f3n, se plantea un problema de capital importancia por lo que se refiere al significado de los t\u00e9rminos y al contenido del concepto, sobre todo&nbsp;<em>del concepto de&nbsp;<\/em>\u00ab<em>misericordia&nbsp;<\/em>\u00bb (<em>en su relaci\u00f3n con el concepto de&nbsp;<\/em>\u00ab<em>amor&nbsp;<\/em>\u00bb). Comprender esos contenidos es la clave para entender la realidad misma de la misericordia. Y es esto lo que realmente nos importa. No obstante, antes de dedicar ulteriormente una parte de nuestras consideraciones a este tema, es decir, antes de establecer el significado de los vocablos y el contenido propio del concepto de \u00ab misericordia \u00bb, es necesario constatar que Cristo, al revelar el amor-misericordia de Dios,&nbsp;<em>exig\u00eda&nbsp;<\/em>al mismo tiempo&nbsp;<em>a los hombres&nbsp;<\/em>que a su vez se dejasen guiar en su vida por el amor y la misericordia. Esta exigencia forma parte del n\u00facleo mismo del mensaje mesi\u00e1nico y constituye la esencia del&nbsp;<em>ethos&nbsp;<\/em>evang\u00e9lico. El Maestro lo expresa bien sea a trav\u00e9s del mandamiento definido por \u00e9l como \u00ab el m\u00e1s grande \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24T\">29<\/a><\/sup>&nbsp;bien en forma de bendici\u00f3n, cuando en el discurso de la monta\u00f1a proclama: \u00ab Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzar\u00e1n misericordia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24U\">30<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De este modo, el mensaje mesi\u00e1nico acerca de la misericordia conserva una particular dimensi\u00f3n divino-humana. Cristo \u2014en cuanto cumplimiento de las profec\u00edas mesi\u00e1nicas\u2014, al convertirse en la encarnaci\u00f3n del amor que se manifiesta con peculiar fuerza respecto a los que sufren, a los infelices y a los pecadores, hace presente y revela de este modo m\u00e1s plenamente al Padre, que es Dios \u00ab rico en misericordia \u00bb. Asimismo, al convertirse para los hombres en modelo del amor misericordioso hacia los dem\u00e1s, Cristo proclama con las obras, m\u00e1s que con las palabras, la apelaci\u00f3n a la misericordia que es una de las componentes esenciales del&nbsp;<em>ethos&nbsp;<\/em>evang\u00e9lico. En este caso no se trata s\u00f3lo de cumplir un mandamiento o una exigencia de naturaleza \u00e9tica, sino tambi\u00e9n de satisfacer una condici\u00f3n de capital importancia, a fin de que Dios pueda revelarse en su misericordia hacia el hombre: &#8230;los misericordiosos&#8230; alcanzar\u00e1n misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>III. EL ANTIGUO TESTAMENTO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>4.<em>&nbsp;El concepto de \u00ab misericordia \u00bb en el Antiguo Testamento<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El concepto de \u00ab misericordia \u00bb tiene en el Antiguo Testamento una larga y rica historia. Debemos remontarnos hasta ella para que resplandezca m\u00e1s plenamente la misericordia revelada por Cristo. Al revelarla con sus obras y sus ense\u00f1anzas, El se estaba dirigiendo a hombres, que no s\u00f3lo conoc\u00edan el concepto de misericordia, sino que adem\u00e1s,&nbsp;<em>en cuanto pueblo de Dios de la Antigua Alianza,&nbsp;<\/em>hab\u00edan sacado de su historia plurisecular&nbsp;<em>una experiencia peculiar de la misericordia de Dios.&nbsp;<\/em>Esta experiencia era social y comunitaria, como tambi\u00e9n individual e interior.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Efectivamente, Israel fue el pueblo de la alianza con Dios, alianza que rompi\u00f3 muchas veces. Cuando a su vez adquir\u00eda conciencia de la propia infidelidad \u2014y a lo largo de la historia de Israel no faltan profetas y hombres que despiertan tal conciencia\u2014 se apelaba a la misericordia. A este respecto los Libros del Antiguo Testamento nos ofrecen much\u00edsimos testimonios. Entre los hechos y textos de mayor relieve se pueden recordar: el comienzo de la historia de los Jueces,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24V\">31<\/a><\/sup>&nbsp;la oraci\u00f3n de Salom\u00f3n al inaugurar el Templo,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24W\">32<\/a><\/sup>&nbsp;una parte de la intervenci\u00f3n prof\u00e9tica de Miqueas,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24X\">33<\/a><\/sup>&nbsp;las consoladoras garant\u00edas ofrecidas por Isa\u00edas,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24Y\">34<\/a><\/sup>&nbsp;la s\u00faplica de los hebreos desterrados,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%24Z\">35<\/a><\/sup>&nbsp;la renovaci\u00f3n de la alianza despu\u00e9s de la vuelta del exilio.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2410\">36<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es significativo que los profetas en su predicaci\u00f3n pongan la misericordia, a la que recurren con frecuencia debido a los pecados del pueblo, en conexi\u00f3n con la imagen incisiva del amor por parte de Dios. El Se\u00f1or ama a Israel con el amor de una peculiar elecci\u00f3n, semejante al amor de un esposo,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2411\">37<\/a><\/sup>&nbsp;y por esto perdona sus culpas e incluso sus infidelidades y traiciones. Cuando se ve de cara a la penitencia, a la conversi\u00f3n aut\u00e9ntica, devuelve de nuevo la gracia a su pueblo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2412\">38<\/a><\/sup>&nbsp;En la predicaci\u00f3n de los profetas&nbsp;<em>la misericordia significa una potencia especial del amor,&nbsp;<\/em>que&nbsp;<em>prevalece sobre el pecado y la infidelidad&nbsp;<\/em>del pueblo elegido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este amplio contexto \u00ab social \u00bb, la misericordia aparece como elemento correlativo de la experiencia interior de las personas en particular, que versan en estado de culpa o padecen toda clase de sufrimientos y desventuras.&nbsp;<em>Tanto el mal f\u00edsico como el mal moral o pecado hacen&nbsp;<\/em>que los hijos e hijas de Israel se dirijan al Se\u00f1or recurriendo a su misericordia. As\u00ed lo hace David, con la conciencia de la gravedad de su culpa.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2413\">39<\/a><\/sup>&nbsp;Y as\u00ed lo hace tambi\u00e9n Job, despu\u00e9s de sus rebeliones, en medio de su tremenda desventura.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2414\">40<\/a><\/sup>&nbsp;A \u00e9l se dirige igualmente Ester, consciente de la amenaza mortal a su pueblo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2415\">41<\/a><\/sup>&nbsp;En los Libros del Antiguo Testamento podemos ver otros muchos ejemplos.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2416\">42<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el origen de esta multiforme convicci\u00f3n comunitaria y personal, como puede comprobarse por todo el Antiguo Testamento a lo largo de los siglos, se coloca la experiencia fundamental del pueblo elegido, vivida en tiempos del \u00e9xodo: el Se\u00f1or vio la miseria de su pueblo, reducido a la esclavitud, oy\u00f3 su grito, conoci\u00f3 sus angustias y decidi\u00f3 liberarlo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2417\">43<\/a><\/sup>&nbsp;En este acto de salvaci\u00f3n llevado a cabo por el Se\u00f1or, el profeta supo individuar su amor y compasi\u00f3n.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2418\">44<\/a><\/sup>&nbsp;Es aqu\u00ed precisamente donde radica la seguridad que abriga todo el pueblo y cada uno de sus miembros en la misericordia divina, que se puede invocar en circunstancias dram\u00e1ticas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A esto se a\u00f1ade el hecho de que la miseria del hombre es tambi\u00e9n su pecado. El pueblo de la Antigua Alianza conoci\u00f3 esta miseria desde los tiempos del \u00e9xodo, cuando levant\u00f3 el becerro de oro. Sobre este gesto de ruptura de la alianza, triunf\u00f3 el Se\u00f1or mismo, manifest\u00e1ndose solemnemente a Mois\u00e9s como \u00ab Dios de ternura y de gracia, lento a la ira y rico en misericordia y fidelidad \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2419\">45<\/a><\/sup>&nbsp;Es en esta revelaci\u00f3n central donde el pueblo elegido y cada uno de sus miembros encontrar\u00e1n, despu\u00e9s de toda culpa, la fuerza y la raz\u00f3n para dirigirse al Se\u00f1or con el fin de recordarle lo que El hab\u00eda revelado de s\u00ed mismo&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241A\">46<\/a><\/sup>&nbsp;y para implorar su perd\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y as\u00ed, tanto en sus hechos como en sus palabras, el Se\u00f1or ha revelado su misericordia desde los comienzos del pueblo que escogi\u00f3 para s\u00ed y, a lo largo de la historia, este pueblo se ha confiado continuamente, tanto en las desgracias como en la toma de conciencia de su pecado, al Dios de las misericordias. Todos los matices del amor se manifiestan en la misericordia del Se\u00f1or para con los suyos: \u00e9l es su padre,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241B\">47<\/a><\/sup>&nbsp;ya que Israel es su hijo primog\u00e9nito;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241C\">48<\/a><\/sup>&nbsp;\u00e9l es tambi\u00e9n esposo de la que el profeta anuncia con un nombre nuevo,&nbsp;<em>ruhama,&nbsp;<\/em>\u00ab<em>muy amada&nbsp;<\/em>\u00bb<em>,&nbsp;<\/em>porque ser\u00e1 tratada con misericordia.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241D\">49<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Incluso cuando, exasperado por la infidelidad de su pueblo, el Se\u00f1or decide acabar con \u00e9l, siguen siendo la ternura y el amor generoso para con el mismo lo que le hace superar su c\u00f3lera.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241E\">50<\/a><\/sup>&nbsp;Es f\u00e1cil entonces comprender por qu\u00e9 los Salmistas, cuando desean cantar las alabanzas m\u00e1s sublimes del Se\u00f1or, entonan himnos al Dios del amor, de la ternura, de la misericordia y de la fidelidad.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241F\">51<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De todo esto se deduce que la misericordia no pertenece \u00fanicamente al concepto de Dios, sino que es algo que caracteriza la vida de todo el pueblo de Israel y tambi\u00e9n de sus propios hijos e hijas:&nbsp;<em>es el contenido de la intimidad con su Se\u00f1or,&nbsp;<\/em>el contenido de su di\u00e1logo con El. Bajo este aspecto precisamente la misericordia es expresada en los Libros del Antiguo Testamento con una gran riqueza de expresiones. Ser\u00eda quiz\u00e1 dif\u00edcil buscar en estos Libros una respuesta puramente te\u00f3rica a la pregunta sobre en qu\u00e9 consiste la misericordia en s\u00ed misma. No obstante, ya la&nbsp;<em>terminolog\u00eda&nbsp;<\/em>que en ellos se utiliza, puede decirnos mucho a tal respecto.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241G\">52<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Antiguo Testamento proclama la misericordia del Se\u00f1or sirvi\u00e9ndose de m\u00faltiples t\u00e9rminos de significado af\u00edn entre ellos; se diferencian en su contenido peculiar,&nbsp;<em>pero tienden \u2014podr\u00edamos decir\u2014 desde angulaciones diversas hacia un \u00fanico contenido fundamental&nbsp;<\/em>para expresar su riqueza trascendental y al mismo tiempo acercarla al hombre bajo distintos aspectos. El Antiguo Testamento anima a los hombres desventurados, en primer lugar a quienes versan bajo el peso del pecado \u2014al igual que a todo Israel que se hab\u00eda adherido a la alianza con Dios\u2014&nbsp;<em>a recurrir a la misericordia&nbsp;<\/em>yles concede contar con ella: la recuerda en los momentos de ca\u00edda y de desconfianza. Seguidamente,&nbsp;<em>de gracias y gloria&nbsp;<\/em>cada vez que se ha manifestado y cumplido, bien sea en la vida del pueblo, bien en la vida de cada individuo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De este modo, la misericordia se contrapone en cierto sentido a la justicia divina y se revela en multitud de casos no s\u00f3lo m\u00e1s poderosa, sino tambi\u00e9n m\u00e1s profunda que ella. Ya el Antiguo Testamento ense\u00f1a que, si bien la justicia es aut\u00e9ntica virtud en el hombre y, en Dios, significa la m\u00e1s \u00ab grande \u00bb que ella: es superior en el sentido de que es primario y fundamental. El amor, por as\u00ed decirlo, condiciona a la justicia y en definitiva la justicia es servidora de la caridad. La primac\u00eda y la superioridad del amor respecto a la justicia (lo cual es caracter\u00edstico de toda la revelaci\u00f3n)&nbsp;<em>se manifiestan&nbsp;<\/em>precisamente a trav\u00e9s de la&nbsp;<em>misericordia.&nbsp;<\/em>Esto pareci\u00f3 tan claro a los Salmistas y a los Profetas que el t\u00e9rmino mismo de&nbsp;<em>justicia&nbsp;<\/em>termin\u00f3 por significar la salvaci\u00f3n llevada a cabo por el Se\u00f1or y su misericordia.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241H\">53<\/a><\/sup>&nbsp;<em>La misericordia difiere de la justicia pero no est\u00e1 en contraste con ella,&nbsp;<\/em>siempre que admitamos en la historia del hombre&nbsp;<em>\u2014<\/em>como lo hace el Antiguo Testamento<em>\u2014&nbsp;<\/em>la presencia de Dios, el cual ya en cuanto creador se ha vinculado con especial amor a su criatura. El amor, por su naturaleza, excluye el odio y el deseo de mal, respecto a aquel que una vez ha hecho donaci\u00f3n de s\u00ed mismo:<em>&nbsp;nihil odisti eorum quae fecisti:&nbsp;<\/em>\u00abnada aborreces de lo que has hecho \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241I\">54<\/a><\/sup>&nbsp;Estas palabras indican el fundamento profundo de la relaci\u00f3n entre la justicia y la misericordia en Dios, en sus relaciones con el hombre y con el mundo. Nos est\u00e1n diciendo que debemos buscar las ra\u00edces vivificantes y las razones \u00edntimas de esta relaci\u00f3n, remont\u00e1ndonos al \u00ab principio \u00bb,&nbsp;<em>en el misterio mismo de la creaci\u00f3n.&nbsp;<\/em>Ya en el contexto de la Antigua Alianza anuncian de antemano la plena revelaci\u00f3n de Dios que \u00ab es amor \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241J\">55<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con el misterio de la creaci\u00f3n est\u00e1 vinculado&nbsp;<em>el misterio de la elecci\u00f3n,&nbsp;<\/em>que ha plasmado de manera peculiar la historia del pueblo, cuyo padre espiritual es Abraham en virtud de su fe. Sin embargo, mediante este pueblo que camina a lo largo de la historia, tanto de la Antigua como de la Nueva Alianza, ese misterio de la elecci\u00f3n se refiere a cada hombre, a toda la gran familia humana: \u00ab Con amor eterno te am\u00e9, por eso te he mantenido mi favor \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241K\">56<\/a><\/sup>&nbsp;\u00ab Aunque se retiren los montes&#8230;, no se apartar\u00e1 de ti mi amor, ni mi alianza de paz vacilar\u00e1 \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241L\">57<\/a><\/sup>&nbsp;Esta verdad, anunciada un d\u00eda a Israel, lleva dentro de s\u00ed la perspectiva de la historia entera del hombre:&nbsp;<em>perspectiva&nbsp;<\/em>que es a la vez&nbsp;<em>temporal y escatol\u00f3gica.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241M\">58<\/a><\/sup>&nbsp;<\/em>Cristo revela al Padre en la misma perspectiva y sobre un terreno ya preparado, como lo demuestran amplias p\u00e1ginas de los escritos del Antiguo Testamento. Al final de tal revelaci\u00f3n, en la v\u00edspera de su muerte, dijo El al ap\u00f3stol Felipe estas memorables palabras: \u00ab \u00bfTanto tiempo ha que estoy con vosotros y no me hab\u00e9is conocido? El que me ha visto a m\u00ed, ha visto al Padre \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241N\">59<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>IV. LA PAR\u00c1BOLA DEL HIJO PRODIGO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>5.&nbsp;<em>Analog\u00eda<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya en los umbrales del Nuevo Testamento resuena en el evangelio de san Lucas una correspondencia singular entre dos t\u00e9rminos referentes a la misericordia divina, en los que se refleja intensamente toda la tradici\u00f3n veterotestamentaria. Aqu\u00ed hallan expresi\u00f3n aquellos contenidos sem\u00e1nticos vinculados a la terminolog\u00eda diferenciada de los Libros Antiguos. He ah\u00ed a&nbsp;<em>Mar\u00eda&nbsp;<\/em>que, entrando en casa de Zacar\u00edas,&nbsp;<em>proclama&nbsp;<\/em>con toda su alma la&nbsp;<em>grandeza&nbsp;<\/em>del Se\u00f1or \u00ab&nbsp;<em>por su misericordia&nbsp;<\/em>\u00bb,de la que \u00ab&nbsp;<em>de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n&nbsp;<\/em>\u00bbse hacen part\u00edcipes los hombres que viven en el temor de Dios. Poco despu\u00e9s, recordando la elecci\u00f3n de Israel, ella proclama la misericordia, de la que \u00ab se recuerda \u00bb desde siempre el que la escogi\u00f3 a ella.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241O\">60<\/a><\/sup>&nbsp;Sucesivamente, al nacer Juan Bautista, en la misma casa su padre&nbsp;<em>Zacar\u00edas,&nbsp;<\/em>bendiciendo al Dios de Israel, glorifica la misericordia que ha concedido \u00ab a nuestros padres&nbsp;<em>y se ha recordado de su santa alianza&nbsp;<\/em>\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241P\">61<\/a><\/sup>&nbsp;<em>En las ense\u00f1anzas de Cristo mismo,&nbsp;<\/em>esta imagen heredada del Antiguo Testamento&nbsp;<em>se simplifica y&nbsp;<\/em>a la vez&nbsp;<em>se profundiza.&nbsp;<\/em>Esto se ve quiz\u00e1 con m\u00e1s evidencia en la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241Q\">62<\/a><\/sup>&nbsp;donde la esencia de la misericordia divina, aunque la palabra \u00ab misericordia \u00bb no se encuentre all\u00ed, es expresada de manera particularmente l\u00edmpida. A ello contribuye no s\u00f3lo la terminolog\u00eda, como en los libros veterotestamentarios, sino la analog\u00eda que permite comprender m\u00e1s plenamente el misterio mismo de la misericordia en cuanto drama profundo, que se desarrolla entre el amor del padre y la prodigalidad y el pecado del hijo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquel hijo, que recibe del padre la parte de patrimonio que le corresponde y abandona la casa para malgastarla en un pa\u00eds lejano, \u00ab viviendo disolutamente \u00bb, es en cierto sentido el hombre de todos los tiempos, comenzando por aqu\u00e9l que primeramente perdi\u00f3 la herencia de la gracia y de la justicia original. La analog\u00eda en este punto es muy amplia. La par\u00e1bola toca indirectamente toda clase de rupturas de la alianza de amor, toda p\u00e9rdida de la gracia, todo pecado. En esta analog\u00eda se pone menos de relieve la infidelidad del pueblo de Israel, respecto a cuanto ocurr\u00eda en la tradici\u00f3n prof\u00e9tica, aunque tambi\u00e9n a esa infidelidad se puede aplicar la&nbsp;<em>analog\u00eda del hijo pr\u00f3digo.&nbsp;<\/em>Aquel hijo, \u00ab cuando hubo gastado todo&#8230;, comenz\u00f3 a sentir necesidad \u00bb, tanto m\u00e1s cuanto que sobrevino una gran carest\u00eda \u00ab en el pa\u00eds \u00bb, al que hab\u00eda emigrado despu\u00e9s de abandonar la casa paterna. En este estado de cosas \u00ab hubiera querido saciarse \u00bb con algo, incluso \u00ab con las bellotas que com\u00edan los puercos \u00bb que \u00e9l mismo pastoreaba por cuenta de \u00ab uno de los habitantes de aquella regi\u00f3n \u00bb. Pero tambi\u00e9n esto le estaba prohibido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La analog\u00eda se desplaza claramente hacia el interior del hombre. El patrimonio que aquel tal hab\u00eda recibido de su padre era un recurso de bienes materiales, pero m\u00e1s importante que estos bienes materiales era&nbsp;<em>su<\/em>&nbsp;<em>dignidad de hijo en la casa paterna.&nbsp;<\/em>La situaci\u00f3n en que lleg\u00f3 a encontrarse cuando ya hab\u00eda perdido los bienes materiales, le deb\u00eda hacer consciente, por necesidad, de la p\u00e9rdida de esa dignidad. El no hab\u00eda pensado en ello anteriormente, cuando pidi\u00f3 a su padre que le diese la parte de patrimonio que le correspond\u00eda, con el fin de marcharse. Y parece que tampoco sea consciente ahora, cuando se dice a s\u00ed mismo: \u00ab \u00a1Cu\u00e1ntos asalariados en casa de mi padre tienen pan en abundancia y yo aqu\u00ed me muero de hambre! \u00bb. El se mide a s\u00ed mismo con el metro de los bienes que hab\u00eda perdido y que ya \u00ab no posee \u00bb, mientras que los asalariados en casa de su padre los \u00ab poseen \u00bb. Estas palabras se refieren ante todo a una relaci\u00f3n con los bienes materiales. No obstante, bajo estas palabras se esconde el drama de la dignidad perdida, la conciencia de la filiaci\u00f3n echada a perder.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es entonces cuando toma la decisi\u00f3n: \u00ab Me levantar\u00e9 e&nbsp;<em>ir\u00e9 a mi padre y le dir\u00e9: Padre, he pecado,&nbsp;<\/em>contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Tr\u00e1tame como a uno de tus jornaleros \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241R\">63<\/a><\/sup>&nbsp;Palabras, \u00e9stas, que revelan m\u00e1s a fondo el problema central. A trav\u00e9s de la compleja situaci\u00f3n material, en que el hijo pr\u00f3digo hab\u00eda llegado a encontrarse debido a su ligereza, a causa del pecado, hab\u00eda ido madurando el sentido de la dignidad perdida. Cuando \u00e9l decide volver a la casa paterna y pedir a su padre que lo acoja \u2014no ya en virtud del derecho de hijo, sino en condiciones de mercenario\u2014 parece externamente que obra por razones del hambre y de la miseria en que ha ca\u00eddo; pero este motivo est\u00e1 impregnado por la conciencia de una p\u00e9rdida m\u00e1s profunda: ser&nbsp;<em>un jornalero en la casa del propio padre&nbsp;<\/em>es ciertamente una gran humillaci\u00f3n y verg\u00fcenza. No obstante, el hijo pr\u00f3digo est\u00e1 dispuesto a afrontar tal humillaci\u00f3n y verg\u00fcenza. Se da cuenta de que ya no tiene ning\u00fan otro derecho, sino el de ser mercenario en la casa de su padre. Su decisi\u00f3n es tomada en plena conciencia de lo que merece y de aquello a lo que puede a\u00fan tener derecho seg\u00fan las normas de la justicia. Precisamente este razonamiento demuestra que, en el centro de la conciencia del hijo pr\u00f3digo, emerge el sentido de la dignidad perdida, de aquella dignidad que brota de la relaci\u00f3n del hijo con el padre. Con esta decisi\u00f3n emprende el camino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo no se utiliza, ni siquiera una sola vez, el t\u00e9rmino \u00ab justicia \u00bb; como tampoco, en el texto original, se usa la palabra \u00ab misericordia \u00bb; sin embargo,&nbsp;<em>la relaci\u00f3n de la justicia con el amor, que se manifiesta como misericordia&nbsp;<\/em>est\u00e1 inscrito con gran precisi\u00f3n en el contenido de la par\u00e1bola evang\u00e9lica. Se hace m\u00e1s obvio que el amor se transforma en misericordia, cuando hay que superar la norma precisa de la justicia: precisa y a veces demasiado estrecha. El hijo pr\u00f3digo, consumadas las riquezas recibidas de su padre, merece \u2014a su vuelta\u2014 ganarse la vida trabajando como jornalero en la casa paterna y eventualmente conseguir poco a poco una cierta provisi\u00f3n de bienes materiales; pero quiz\u00e1 nunca en tanta cantidad como hab\u00eda malgastado. Tales ser\u00edan las exigencias del orden de la justicia; tanto m\u00e1s cuanto que aquel hijo no s\u00f3lo hab\u00eda disipado la parte de patrimonio que le correspond\u00eda, sino que adem\u00e1s&nbsp;<em>hab\u00eda tocado en lo m\u00e1s vivo y hab\u00eda ofendido a su padre&nbsp;<\/em>con su conducta. Esta, que a su juicio le hab\u00eda despose\u00eddo de la dignidad filial, no pod\u00eda ser indiferente a su padre; deb\u00eda hacerle sufrir y en alg\u00fan modo incluso implicarlo. Pero en fin de cuentas se trataba del propio hijo y tal relaci\u00f3n no pod\u00eda ser alienada, ni destruida por ning\u00fan comportamiento. El hijo pr\u00f3digo era consciente de ello y es precisamente tal conciencia lo que le muestra con claridad la dignidad perdida y lo que le hace valorar con rectitud el puesto que pod\u00eda corresponderle a\u00fan en casa de su padre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>6. Reflexi\u00f3n particular sobre la dignidad humana<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta&nbsp;<em>imagen concreta del estado de \u00e1nimo del hijo pr\u00f3digo nos permite comprender&nbsp;<\/em>con exactitud&nbsp;<em>en qu\u00e9 consiste la misericordia divina.&nbsp;<\/em>No hay lugar a dudas de que en esa analog\u00eda sencilla pero penetrante la figura del progenitor nos revela a Dios como Padre. El comportamiento del padre de la par\u00e1bola, su modo de obrar que pone de manifiesto su actitud interior, nos permite hallar cada uno de los hilos de la visi\u00f3n veterotestamentaria de la misericordia, en una s\u00edntesis completamente nueva, llena de sencillez y de profundidad. El padre del hijo pr\u00f3digo&nbsp;<em>es fiel a su paternidad, fiel al amor&nbsp;<\/em>que desde siempre sent\u00eda por su hijo. Tal fidelidad se expresa en la par\u00e1bola no s\u00f3lo con la inmediata prontitud en acogerlo cuando vuelve a casa despu\u00e9s de haber malgastado el patrimonio; se expresa a\u00fan m\u00e1s plenamente con aquella alegr\u00eda, con aquel aire festivo tan generoso respecto al disipador despu\u00e9s de su vuelta, de tal manera que suscita contrariedad y envidia en el hermano mayor, quien no se hab\u00eda alejado nunca del padre ni hab\u00eda abandonado la casa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La fidelidad a s\u00ed mismo por parte del padre \u2014un comportamiento ya conocido por el t\u00e9rmino veterotestamentario \u00ab&nbsp;<em>hesed&nbsp;<\/em>\u00bb\u2014 es expresada al mismo tiempo de manera singularmente impregnada de amor. Leemos en efecto que cuando el padre divis\u00f3 de lejos al hijo pr\u00f3digo que volv\u00eda a casa, \u00ab le sali\u00f3&nbsp;<em>conmovido&nbsp;<\/em>al encuentro, le ech\u00f3 los brazos al cuello y lo bes\u00f3 \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241S\">64<\/a><\/sup>&nbsp;Est\u00e1 obrando ciertamente a impulsos de un profundo afecto, lo cual explica tambi\u00e9n su generosidad hacia el hijo, aquella generosidad que indignar\u00e1 tanto al hijo mayor. Sin embargo las causas de la conmoci\u00f3n hay que buscarlas m\u00e1s en profundidad. S\u00ed, el padre es consciente de que se ha salvado un bien fundamental: el bien de la humanidad de su hijo. Si bien \u00e9ste hab\u00eda malgastado el patrimonio,&nbsp;<em>no obstante ha quedado a salvo su humanidad. Es&nbsp;<\/em>m\u00e1s,&nbsp;<em>\u00e9sta ha sido de alg\u00fan modo encontrada&nbsp;<\/em>de nuevo. Lo dicen las palabras dirigidas por el padre al hijo mayor: \u00ab Hab\u00eda que hacer fiesta y alegrarse porque este hermano tuyo hab\u00eda muerto y ha resucitado, se hab\u00eda perdido y ha sido hallado \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241T\">65<\/a><\/sup>&nbsp;En el mismo cap\u00edtulo XV del evangelio de san Lucas, leemos la par\u00e1bola de la oveja extraviada&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241U\">66<\/a><\/sup>&nbsp;y sucesivamente de la dracma perdida.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241V\">67<\/a><\/sup>&nbsp;Se pone siempre de relieve la misma alegr\u00eda, presente en el caso del hijo pr\u00f3digo. La fidelidad del padre a s\u00ed mismo est\u00e1 totalmente centrada en la humanidad del hijo perdido, en su dignidad. As\u00ed se explica ante todo la alegre conmoci\u00f3n por su vuelta a casa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Prosiguiendo, se puede decir por tanto que el amor hacia el hijo, el amor que brota de la esencia misma de la paternidad, obliga en cierto sentido al padre a tener solicitud por la dignidad del hijo. Esta solicitud constituye la medida de su amor, como escribir\u00e1 san Pablo: \u00ab La caridad es paciente, es benigna&#8230;, no es interesada, no se irrita&#8230;, no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad&#8230;, todo lo espera, todo lo tolera \u00bb y \u00ab no pasa jam\u00e1s \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241W\">68<\/a><\/sup>&nbsp;La misericordia \u2014tal como Cristo nos la ha presentado en la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo\u2014&nbsp;<em>tiene la forma interior del amor,&nbsp;<\/em>que en el Nuevo Testamento se llama&nbsp;<em>agap\u00e9.&nbsp;<\/em>Tal amor es capaz de inclinarse hacia todo hijo pr\u00f3digo, toda miseria humana y singularmente hacia toda miseria moral o pecado. Cuando esto ocurre, el que es objeto de misericordia no se siente humillado, sino como hallado de nuevo y \u00ab revalorizado \u00bb. El padre le manifiesta, particularmente, su alegr\u00eda por haber sido \u00ab hallado de nuevo \u00bb y por \u00ab haber resucitado \u00bb. Esta alegr\u00eda indica un bien inviolado: un hijo, por m\u00e1s que sea pr\u00f3digo, no deja de ser hijo real de su padre; indica adem\u00e1s un bien hallado de nuevo, que en el caso del hijo pr\u00f3digo fue la vuelta a la verdad de s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que ha ocurrido en la relaci\u00f3n del padre con el hijo, en la par\u00e1bola de Cristo, no se puede valorar \u00ab desde fuera \u00bb. Nuestros prejuicios en torno al tema de la misericordia son a lo m\u00e1s el resultado de una valoraci\u00f3n exterior. Ocurre a veces que, siguiendo tal sistema de valoraci\u00f3n,&nbsp;<em>percibimos principalmente en la misericordia una relaci\u00f3n de desigualdad&nbsp;<\/em>entre el que la ofrece y el que la recibe. Consiguientemente estamos dispuestos a deducir que la misericordia difama a quien la recibe y ofende la dignidad del hombre. La par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo demuestra cu\u00e1n&nbsp;<em>diversa es&nbsp;<\/em>la realidad: la relaci\u00f3n de misericordia se funda en la com\u00fan experiencia de aquel bien que es el hombre, sobre la com\u00fan experiencia de la dignidad que le es propia. Esta experiencia com\u00fan hace que el hijo pr\u00f3digo comience a verse a s\u00ed mismo y sus acciones con toda verdad (semejante visi\u00f3n en la verdad es aut\u00e9ntica humildad); en cambio para el padre, y precisamente por esto, el hijo se convierte en un bien particular: el padre ve el bien que se ha realizado con una claridad tan l\u00edmpida, gracias a una irradiaci\u00f3n misteriosa de la verdad y del amor, que parece olvidarse de todo el mal que el hijo hab\u00eda cometido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo expresa de manera sencilla, pero profunda&nbsp;<em>la realidad de la conversi\u00f3n.&nbsp;<\/em>Esta es la expresi\u00f3n m\u00e1s concreta de la obra del amor y de la presencia de la misericordia en el mundo humano. El significado verdadero y propio de la misericordia en el mundo no consiste \u00fanicamente en la mirada, aunque sea la m\u00e1s penetrante y compasiva, dirigida al mal moral, f\u00edsico o material: la misericordia se manifiesta en su aspecto verdadero y propio, cuando revalida, promueve y&nbsp;<em>extrae el bien de todas las formas de mal&nbsp;<\/em>existentes en el mundo y en el hombre. As\u00ed entendida, constituye el contenido fundamental del mensaje mesi\u00e1nico de Cristo y la fuerza constitutiva de su misi\u00f3n. As\u00ed entend\u00edan tambi\u00e9n y practicaban la misericordia sus disc\u00edpulos y seguidores. Ella no ces\u00f3 nunca de revelarse en sus corazones y en sus acciones, como una prueba singularmente creadora del amor que no se deja \u00ab vencer por el mal \u00bb, sino que \u00ab vence con el bien al mal \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241X\">69<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es necesario que el rostro genuino de la misericordia sea siempre desvelado de nuevo. No obstante m\u00faltiples prejuicios, ella se presenta particularmente necesaria en nuestros tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>V. EL MISTERIO PASCUAL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>7.&nbsp;<em>Misericordia revelada en la cruz y en la resurrecci\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El mensaje mesi\u00e1nico de Cristo y su actividad entre los hombres terminan con la cruz y la resurrecci\u00f3n. Debemos penetrar hasta lo hondo en este acontecimiento final que, de modo especial en el lenguaje conciliar, es definido&nbsp;<em>mysterium paschale,&nbsp;<\/em>si queremos expresar profundamente la verdad de la misericordia, tal como ha sido hondamente revelada en la historia de nuestra salvaci\u00f3n. En este punto de nuestras consideraciones, tendremos que acercarnos m\u00e1s a\u00fan al contenido de la Enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor Hominis<\/a>.&nbsp;<\/em>En efecto, si la realidad de la redenci\u00f3n, en su dimensi\u00f3n humana desvela la grandeza inaudita del hombre,&nbsp;<em>que mereci\u00f3 tener tan gran Redentor,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241Y\">70<\/a><\/sup>&nbsp;<\/em>al mismo tiempo yo dir\u00eda que la&nbsp;<em>dimensi\u00f3n divina de la redenci\u00f3n&nbsp;<\/em>nos permite, en el momento m\u00e1s emp\u00edrico e \u00ab hist\u00f3rico \u00bb, desvelar la profundidad de aquel amor que no se echa atr\u00e1s ante el extraordinario sacrificio del Hijo, para colmar la fidelidad del Creador y Padre respecto a los hombres creados a su imagen y ya desde el \u00ab principio \u00bb elegidos, en este Hijo, para la gracia y la gloria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los acontecimientos del Viernes Santo y, aun antes, la oraci\u00f3n en Getseman\u00ed, introducen en todo el curso de la revelaci\u00f3n del amor y de la misericordia, en la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de Cristo, un cambio fundamental. El que \u00ab pas\u00f3 haciendo el bien y sanando \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%241Z\">71<\/a><\/sup>&nbsp;\u00ab curando toda clase de dolencias y enfermedades \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2420\">72<\/a><\/sup>&nbsp;\u00e9l mismo parece merecer ahora la m\u00e1s grande misericordia y&nbsp;<em>apelarse a la misericordia&nbsp;<\/em>cuando es arrestado, ultrajado, condenado, flagelado, coronado de espinas; cuando es clavado en la cruz y expira entre terribles tormentos.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2421\">73<\/a><\/sup>&nbsp;Es entonces cuando merece de modo particular la misericordia de los hombres, a quienes ha hecho el bien, y no la recibe. Incluso aquellos que est\u00e1n m\u00e1s cercanos a El, no saben protegerlo y arrancarlo de las manos de los opresores. En esta etapa final de la funci\u00f3n mesi\u00e1nica se cumplen en Cristo las palabras pronunciadas por los profetas, sobre todo Isa\u00edas, acerca del Siervo de Yahv\u00e9: \u00ab por sus llagas hemos sido curados \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2422\">74<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo, en cuanto hombre que sufre realmente y de modo terrible en el Huerto de los Olivos y en el Calvario, se dirige al Padre, a aquel Padre, cuyo amor ha predicado a los hombres, cuya misericordia ha testimoniado con todas sus obras. Pero no le es ahorrado \u2014precisamente a \u00e9l\u2014 el tremendo sufrimiento de la muerte en cruz: \u00ab&nbsp;<em>a<\/em>&nbsp;<em>quien no conoci\u00f3 el pecado, Dios le hizo pecado por nosotros \u00bb<\/em>,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2423\">75<\/a><\/sup>&nbsp;escrib\u00eda san Pablo, resumiendo en pocas palabras toda la profundidad del misterio de la cruz y a la vez la dimensi\u00f3n divina de la realidad de la redenci\u00f3n. Justamente esta redenci\u00f3n es la revelaci\u00f3n \u00faltima y definitiva de la santidad de Dios, que es la plenitud absoluta de la perfecci\u00f3n: plenitud de la justicia y del amor, ya que la justicia se funda sobre el amor, mana de \u00e9l y tiende hacia \u00e9l. En la pasi\u00f3n y muerte de Cristo \u2014en el hecho de que el Padre no perdon\u00f3 la vida a su Hijo, sino que lo \u00ab hizo pecado por nosotros \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2424\">76<\/a><\/sup>\u2014 se expresa la justicia absoluta, porque Cristo sufre la pasi\u00f3n y la cruz a causa de los pecados de la humanidad. Esto es incluso una \u00ab sobreabundancia \u00bb de la justicia, ya que los pecados del hombre son \u00ab compensados \u00bb por el sacrificio del Hombre-Dios. Sin embargo, tal justicia, que es propiamente justicia \u00ab a medida \u00bb de Dios, nace toda ella del amor: del amor del Padre y del Hijo, y fructifica toda ella en el amor. Precisamente por esto la justicia divina, revelada en la cruz de Cristo, es \u00ab a medida \u00bb de Dios, porque nace del amor y se completa en el amor, generando frutos de salvaci\u00f3n.&nbsp;<em>La dimensi\u00f3n divina de la redenci\u00f3n&nbsp;<\/em>no se act\u00faa solamente haciendo justicia del pecado, sino restituyendo al amor su fuerza creadora en el interior del hombre, gracias a la cual \u00e9l tiene acceso de nuevo a la plenitud de vida y de santidad, que viene de Dios. De este modo la redenci\u00f3n comporta la revelaci\u00f3n de la misericordia en su plenitud.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El misterio pascual es el culmen de esta revelaci\u00f3n y actuaci\u00f3n de la misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia en el sentido del orden salv\u00edfico querido por Dios desde el principio para el hombre y, mediante el hombre, en el mundo. Cristo que sufre, habla sobre todo al hombre, y no solamente al creyente. Tambi\u00e9n el hombre no creyente podr\u00e1 descubrir en El la elocuencia de la solidaridad con la suerte humana, como tambi\u00e9n la armoniosa plenitud de una dedicaci\u00f3n desinteresada a la causa del hombre, a la verdad y al amor. La dimensi\u00f3n divina del misterio pascual llega sin embargo a mayor profundidad a\u00fan.&nbsp;<em>La cruz&nbsp;<\/em>colocada sobre el Calvario, donde Cristo tiene su \u00faltimo di\u00e1logo con el Padre,&nbsp;<em>emerge del n\u00facleo mismo de aquel amor,&nbsp;<\/em>del que el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, ha sido gratificado seg\u00fan el eterno designio divino. Dios, tal como Cristo ha revelado, no permanece solamente en estrecha vinculaci\u00f3n con el mundo, en cuanto Creador y fuente \u00faltima de la existencia. El es adem\u00e1s Padre: con el hombre, llamado por El a la existencia en el mundo visible, est\u00e1 unido por un v\u00ednculo m\u00e1s profundo a\u00fan que el de Creador. Es el amor, que no s\u00f3lo crea el bien, sino que hace participar en la vida misma de Dios: Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo. En efecto el que ama desea darse a s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Cruz de Cristo sobre el Calvario surge&nbsp;<em>en el camino&nbsp;<\/em>de aquel&nbsp;<em>admirabile commercium,&nbsp;<\/em>de aquel&nbsp;<em>admirable comunicarse de Dios al hombre&nbsp;<\/em>en el que est\u00e1 contenida a su vez&nbsp;<em>la llamada&nbsp;<\/em>dirigida al hombre, a fin de que, don\u00e1ndose a s\u00ed mismo a Dios y donando consigo mismo todo el mundo visible, participe en la vida divina, y para que como hijo adoptivo se haga part\u00edcipe de la verdad y del amor que est\u00e1 en Dios y proviene de Dios. Justamente en el camino de la elecci\u00f3n eterna del hombre a la dignidad de hijo adoptivo de Dios, se alza en la historia la Cruz de Cristo, Hijo unig\u00e9nito que, en cuanto \u00ab luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2425\">77<\/a><\/sup>&nbsp;ha venido para dar el testimonio \u00faltimo de la admirable&nbsp;<em>alianza de Dios con la humanidad, de Dios con el hombre,&nbsp;<\/em>con todo hombre. Esta alianza tan antigua como el hombre \u2014se remonta al misterio mismo de la creaci\u00f3n\u2014 restablecida posteriormente en varias ocasiones con un \u00fanico pueblo elegido, es asimismo la alianza nueva y definitiva, establecida all\u00ed, en el Calvario, y no limitada ya a un \u00fanico pueblo, a Israel, sino abierta a todos y cada uno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 nos est\u00e1 diciendo pues la cruz de Cristo, que es en cierto sentido la \u00faltima palabra de su mensaje y de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica? Y sin embargo \u00e9sta no es a\u00fan la \u00faltima palabra del Dios de la alianza: esa palabra ser\u00e1 pronunciada en aquella alborada, cuando las mujeres primero y los Ap\u00f3stoles despu\u00e9s, venidos al sepulcro de Cristo crucificado, ver\u00e1n la tumba vac\u00eda y proclamar\u00e1n por vez primera: \u00ab Ha resucitado \u00bb. Ellos lo repetir\u00e1n a los otros y ser\u00e1n testigos de Cristo resucitado. No obstante, tambi\u00e9n en esta glorificaci\u00f3n del hijo de Dios sigue estando presente la cruz, la cual \u2014a trav\u00e9s de todo el testimonio mesi\u00e1nico del Hombre-Hijo\u2014 que sufri\u00f3 en ella la muerte,&nbsp;<em>habla y no cesa nunca de decir que Dios-Padre, que es absolutamente fiel a su eterno amor por el hombre,&nbsp;<\/em>ya que \u00ab tanto am\u00f3 al mundo \u2014por tanto al hombre en el mundo\u2014 que le dio a su Hijo unig\u00e9nito, para que quien crea en \u00e9l no muera, sino que tenga la vida eterna \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2426\">78<\/a><\/sup>&nbsp;Creer en el Hijo crucificado significa \u00ab ver al Padre \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2427\">79<\/a><\/sup>&nbsp;significa creer que el amor est\u00e1 presente en el mundo y que este amor es m\u00e1s fuerte que toda clase de mal, en que el hombre, la humanidad, el mundo est\u00e1n metidos. Creer en ese amor significa&nbsp;<em>creer en la misericordia.&nbsp;<\/em>En efecto, es \u00e9sta la dimensi\u00f3n indispensable del amor, es como su segundo nombre y a la vez el modo espec\u00edfico de su revelaci\u00f3n y actuaci\u00f3n respecto a la realidad del mal presente en el mundo que afecta al hombre y lo asedia, que se insin\u00faa asimismo en su coraz\u00f3n y puede hacerle \u00ab perecer en la gehenna \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2428\">80<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>8. Amor mas fuerte que la muerte mas fuerte que el pecado<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La cruz de Cristo en el Calvario es asimismo testimonio de la fuerza del mal contra el mismo Hijo de Dios, contra aqu\u00e9l que, \u00fanico entre los hijos de los hombres, era por su naturaleza absolutamente inocente y libre de pecado, y cuya venida al mundo estuvo exenta de la desobediencia de Ad\u00e1n y de la herencia del pecado original. Y he ah\u00ed que, precisamente en El, en Cristo, se hace justicia del pecado a precio de su sacrificio, de su obediencia \u00ab hasta la muerte \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2429\">81<\/a><\/sup>&nbsp;Al que estaba sin pecado, \u00ab Dios lo hizo pecado en favor nuestro \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242A\">82<\/a><\/sup>&nbsp;Se hace tambi\u00e9n justicia de la muerte que, desde los comienzos de la historia del hombre, se hab\u00eda aliado con el pecado. Este hacer justicia de la muerte se lleva a cabo bajo el precio de la muerte del que estaba sin pecado y del \u00fanico que pod\u00eda \u2014mediante la propia muerte\u2014 infligir la muerte a la misma muerte.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242B\">83<\/a><\/sup>&nbsp;De este modo&nbsp;<em>la cruz de Cristo,&nbsp;<\/em>sobre la cual el Hijo, consubstancial al Padre,&nbsp;<em>hace plena justicia a Dios,&nbsp;<\/em>es tambi\u00e9n&nbsp;<em>una revelaci\u00f3n radical de la misericordia,&nbsp;<\/em>es decir, del amor que sale al encuentro de lo que constituye la ra\u00edz misma del mal en la historia del hombre: al encuentro del pecado y de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La cruz es la inclinaci\u00f3n m\u00e1s profunda de la Divinidad hacia el hombre y todo lo que el hombre \u2014de modo especial en los momentos dif\u00edciles y dolorosos\u2014 llama su infeliz destino. La cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas m\u00e1s dolorosas de la existencia terrena del hombre, es el cumplimiento, hasta el final, del programa mesi\u00e1nico que Cristo formul\u00f3 una vez en la sinagoga de Nazaret&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242C\">84<\/a><\/sup>&nbsp;y repiti\u00f3 m\u00e1s tarde ante los enviados de Juan Bautista.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242D\">85<\/a><\/sup>&nbsp;Seg\u00fan las palabras ya escritas en la profec\u00eda de Isa\u00edas,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242E\">86<\/a><\/sup>&nbsp;tal programa consist\u00eda en la revelaci\u00f3n del amor misericordioso a los pobres, los que sufren, los prisioneros, los ciegos, los oprimidos y los pecadores. En el misterio pascual es superado el l\u00edmite del mal m\u00faltiple, del que se hace part\u00edcipe el hombre en su existencia terrena: la cruz de Cristo, en efecto, nos hace comprender las ra\u00edces m\u00e1s profundas del mal que ahondan en el pecado y en la muerte; y as\u00ed la cruz se convierte en un signo escatol\u00f3gico. Solamente en el cumplimiento escatol\u00f3gico y en la renovaci\u00f3n definitiva del mundo,&nbsp;<em>el amor vencer\u00e1 en todos los elegidos las fuentes m\u00e1s profundas del mal,&nbsp;<\/em>dando como fruto plenamente maduro el reino de la vida, de la santidad y de la inmortalidad gloriosa. El fundamento de tal cumplimiento escatol\u00f3gico est\u00e1 encerrado ya en la cruz de Cristo y en su muerte. El hecho de que Cristo \u00ab ha resucitado al tercer d\u00eda \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242F\">87<\/a><\/sup>&nbsp;constituye el signo final de la misi\u00f3n mesi\u00e1nica, signo que corona la entera revelaci\u00f3n del amor misericordioso en el mundo sujeto al mal. Esto constituye a la vez el signo que preanuncia \u00ab un cielo nuevo y una tierra nueva \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242G\">88<\/a><\/sup>&nbsp;cuando Dios \u00ab enjugar\u00e1 las l\u00e1grimas de nuestros ojos; no habr\u00e1 ya muerte, ni luto, ni llanto, ni af\u00e1n, porque las cosas de antes han pasado \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242H\">89<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el cumplimiento escatol\u00f3gico, la misericordia se revelar\u00e1 como amor, mientras que en la temporalidad, en la historia del hombre \u2014que es a la vez historia de pecado y de muerte\u2014 el amor debe revelarse ante todo como misericordia y actuarse en cuanto tal. El programa mesi\u00e1nico de Cristo, \u2014programa de misericordia\u2014 se convierte en el programa de su pueblo, el de su Iglesia. Al centro del mismo est\u00e1 siempre la cruz, ya que en ella la revelaci\u00f3n del amor misericordioso alcanza su punto culminante. Mientras \u00ab las cosas de antes no hayan pasado \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242I\">90<\/a><\/sup>&nbsp;la cruz permanecer\u00e1 como ese \u00ab lugar \u00bb, al que a\u00fan podr\u00edan referirse otras palabras del Apocalipsis de Juan: \u00ab Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y abre la puerta, yo entrar\u00e9 a \u00e9l y cenar\u00e9 con \u00e9l y \u00e9l conmigo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242J\">91<\/a><\/sup>&nbsp;De manera particular Dios revela asimismo su misericordia,&nbsp;<em>cuando invita al hombre a la&nbsp;<\/em>\u00ab<em>&nbsp;misericordia&nbsp;<\/em>\u00bb<em>&nbsp;hacia su Hijo, hacia el Crucificado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo, en cuanto crucificado, es el Verbo que no pasa;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242K\">92<\/a><\/sup>&nbsp;es el que est\u00e1 a la puerta y llama al coraz\u00f3n de todo hombre,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242L\">93<\/a><\/sup>&nbsp;sin coartar su libertad, tratando de sacar de esa misma libertad el amor que es no solamente un acto de solidaridad con el Hijo del Hombre que sufre, sino tambi\u00e9n, en cierto modo, \u00ab misericordia \u00bb manifestada por cada uno de nosotros al Hijo del Padre eterno. En este programa mesi\u00e1nico de Cristo, en toda la revelaci\u00f3n de la misericordia mediante la cruz, \u00bfcabe quiz\u00e1 la posibilidad de que sea mayormente respetada y elevada la dignidad del hombre, dado que \u00e9l, experimentando la misericordia, es tambi\u00e9n en cierto sentido el que \u00ab manifiesta contempor\u00e1neamente la misericordia \u00bb?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En definitiva, \u00bfno toma quiz\u00e1 Cristo tal posici\u00f3n respecto al hombre, cuando dice: \u00ab cada vez que hab\u00e9is hecho estas cosas a uno de \u00e9stos&#8230;, lo hab\u00e9is hecho a m\u00ed \u00bb?<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242M\">94<\/a><\/sup>&nbsp;Las palabras del serm\u00f3n de la monta\u00f1a: \u00ab Bienaventurados los misericordiosos porque alcanzar\u00e1n misericordia \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242N\">95<\/a><\/sup>&nbsp;\u00bfno constituyen en cierto sentido una s\u00edntesis de toda la Buena Nueva, de todo el \u00ab cambio admirable \u00bb (<em>admirabile commercium<\/em>)en ella encerrado, que es una ley sencilla, fuerte y \u00ab dulce \u00bb a la vez&nbsp;<em>de la misma econom\u00eda de la salvaci\u00f3n<\/em>?Estas palabras del serm\u00f3n de la monta\u00f1a, al hacer ver las posibilidades del \u00ab coraz\u00f3n humano \u00bb en su punto de partida (\u00ab ser misericordiosos \u00bb), \u00bfno revelan quiz\u00e1, dentro de la misma perspectiva, el misterio profundo de Dios: la inescrutable unidad del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, en la que el amor, conteniendo la justicia, abre el camino a la misericordia, que a su vez revela la perfecci\u00f3n de la justicia?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El misterio pascual es Cristo en el culmen de la revelaci\u00f3n del inescrutable misterio de Dios. Precisamente entonces se cumplen hasta lo \u00faltimo las palabras pronunciadas en el Cen\u00e1culo: \u00ab Quien me ha visto a m\u00ed, ha visto al Padre \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242O\">96<\/a><\/sup>&nbsp;Efectivamente, Cristo, a quien el Padre \u00ab no perdon\u00f3 \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242P\">97<\/a><\/sup>&nbsp;en bien del hombre y que en su pasi\u00f3n as\u00ed como en el suplicio de la cruz no encontr\u00f3 misericordia humana, en su resurrecci\u00f3n ha revelado la plenitud del amor que el Padre nutre por El y, en El, por todos los hombres. \u00ab No es un Dios de muertos, sino de vivos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242Q\">98<\/a><\/sup>&nbsp;En su resurrecci\u00f3n Cristo&nbsp;<em>ha revelado al Dios de amor misericordioso,&nbsp;<\/em>precisamente porque&nbsp;<em>ha aceptado la cruz&nbsp;<\/em>como&nbsp;<em>v\u00eda hacia la resurrecci\u00f3n.&nbsp;<\/em>Por esto \u2014cuando recordamos la cruz de Cristo, su pasi\u00f3n y su muerte\u2014 nuestra fe y nuestra esperanza se centran en el Resucitado: en Cristo que \u00ab la tarde de aquel mismo d\u00eda, el primero despu\u00e9s del s\u00e1bado&#8230; se present\u00f3 en medio de ellos \u00bb en el Cen\u00e1culo, \u00ab donde estaban los disc\u00edpulos,&#8230; alent\u00f3 sobre ellos y les dijo: recibid el Esp\u00edritu Santo; a quienes perdon\u00e9is los pecados les ser\u00e1n perdonados y a quienes los reteng\u00e1is les ser\u00e1n retenidos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242R\">99<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este es el Hijo de Dios que en su resurrecci\u00f3n ha experimentado de manera radical en s\u00ed mismo la misericordia, es decir, el amor del Padre que es&nbsp;<em>m\u00e1s fuerte que la muerte.<\/em>&nbsp;Yes tambi\u00e9n el mismo Cristo, Hijo de Dios, quien al t\u00e9rmino \u2014y en cierto sentido, m\u00e1s all\u00e1 del t\u00e9rmino\u2014 de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica, se revela a s\u00ed mismo como fuente inagotable de la misericordia, del mismo amor que, en la perspectiva ulterior de la historia de la salvaci\u00f3n en la Iglesia, debe confirmarse perennemente&nbsp;<em>m\u00e1s fuerte que el pecado.&nbsp;<\/em>El Cristo pascual es la encarnaci\u00f3n definitiva de la misericordia, su signo viviente: hist\u00f3rico-salv\u00edfico y a la vez escatol\u00f3gico. En el mismo esp\u00edritu, la liturgia del tiempo pascual pone en nuestros labios las palabras del salmo: \u00ab Cantar\u00e9 eternamente las misericordias del Se\u00f1or \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242S\">100<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>9.<em>&nbsp;La Madre de la Misericordia<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En estas palabras pascuales de la Iglesia resuenan en la plenitud de su contenido prof\u00e9tico las ya pronunciadas por Mar\u00eda durante la visita hecha a Isabel, mujer de Zacar\u00edas: \u00ab Su misericordia de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242T\">101<\/a><\/sup>&nbsp;Ellas, ya desde el momento de la encarnaci\u00f3n, abren una nueva perspectiva en la historia de la salvaci\u00f3n. Despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Cristo, esta perspectiva se hace nueva en el aspecto hist\u00f3rico y, a la vez, lo es en sentido escatol\u00f3gico. Desde entonces se van sucediendo siempre nuevas generaciones de hombres dentro de la inmensa familia humana, en dimensiones crecientes; se van sucediendo adem\u00e1s nuevas generaciones del Pueblo de Dios, marcadas por el estigma de la cruz y de la resurrecci\u00f3n, \u00ab selladas \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242U\">102<\/a><\/sup>&nbsp;a su vez con el signo del misterio pascual de Cristo, revelaci\u00f3n absoluta de la misericordia proclamada por Mar\u00eda en el umbral de la casa de su pariente: \u00ab su misericordia de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242V\">103<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s Mar\u00eda es la que de manera singular y excepcional ha experimentado \u2014como nadie\u2014 la misericordia y, tambi\u00e9n de manera excepcional, ha hecho posible con el sacrificio de su coraz\u00f3n la propia participaci\u00f3n en la revelaci\u00f3n de la misericordia divina. Tal sacrificio est\u00e1 estrechamente vinculado con la cruz de su Hijo, a cuyos pies ella se encontrar\u00eda en el Calvario. Este sacrificio suyo es una participaci\u00f3n singular en la revelaci\u00f3n de la misericordia, es decir, en la absoluta fidelidad de Dios al propio amor, a la alianza querida por El desde la eternidad y concluida en el tiempo con el hombre, con el pueblo, con la humanidad; es la participaci\u00f3n en la revelaci\u00f3n definitivamente cumplida a trav\u00e9s de la cruz.&nbsp;<em>Nadie ha experimentado, como la Madre del Crucificado&nbsp;<\/em>el misterio de la cruz, el pasmoso encuentro de la trascendente justicia divina con el amor: el \u00ab beso \u00bb dado por la misericordia a la justicia.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242W\">104<\/a><\/sup>&nbsp;Nadie como ella, Mar\u00eda, ha acogido de coraz\u00f3n ese misterio: aquella dimensi\u00f3n verdaderamente divina de la redenci\u00f3n, llevada a efecto en el Calvario mediante la muerte de su Hijo, junto con el sacrificio de su coraz\u00f3n de madre, junto con su \u00ab fiat \u00bb definitivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mar\u00eda pues es la que&nbsp;<em>conoce m\u00e1s a fondo el misterio de la misericordia divina.&nbsp;<\/em>Sabe su precio y sabe cu\u00e1n alto es. En este sentido la llamamos tambi\u00e9n&nbsp;<em>Madre de la misericordia<\/em>:Virgen de la misericordia o Madre de la divina misericordia; en cada uno de estos t\u00edtulos se encierra un profundo significado teol\u00f3gico, porque expresan la preparaci\u00f3n particular de su alma, de toda su personalidad, sabiendo ver primeramente a trav\u00e9s de los complicados acontecimientos de Israel, y de todo hombre y de la humanidad entera despu\u00e9s, aquella misericordia de la que \u00ab por todas la generaciones \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242X\">105<\/a><\/sup>&nbsp;nos hacemos part\u00edcipes seg\u00fan el eterno designio de la Sant\u00edsima Trinidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los susodichos t\u00edtulos que atribuimos a la Madre de Dios nos hablan no obstante de ella, por encima de todo, como Madre del Crucificado y del Resucitado; como de&nbsp;<em>aquella que, habiendo experimentado la misericordia de modo excepcional,<\/em>&nbsp;\u00ab<em>&nbsp;merece&nbsp;<\/em>\u00bb de igual manera&nbsp;<em>tal misericordia&nbsp;<\/em>a lo largo de toda su vida terrena, en particular a los pies de la cruz de su Hijo; finalmente, como de aquella que a trav\u00e9s de la participaci\u00f3n escondida y, al mismo tiempo, incomparable en la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de su Hijo ha sido llamada singularmente a acercar los hombres al amor que El hab\u00eda venido a revelar: amor que halla su expresi\u00f3n m\u00e1s concreta en aquellos que sufren, en los pobres, los prisioneros, los que no ven, los oprimidos y los pecadores, tal como habl\u00f3 de ellos Cristo, siguiendo la profec\u00eda de Isa\u00edas, primero en la sinagoga de Nazaret&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242Y\">106<\/a><\/sup>&nbsp;y m\u00e1s tarde en respuesta a la pregunta hecha por los enviados de Juan Bautista.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%242Z\">107<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Precisamente, en este amor \u00ab misericordioso \u00bb, manifestado ante todo en contacto con el mal moral y f\u00edsico, participaba de manera singular y excepcional el coraz\u00f3n de la que fue Madre del Crucificado y del Resucitado \u2014participaba Mar\u00eda\u2014. En ella y por ella, tal amor no cesa de revelarse en la historia de la Iglesia y de la humanidad. Tal revelaci\u00f3n es especialmente fructuosa, porque se funda, por parte de la Madre de Dios, sobre el tacto singular de su coraz\u00f3n materno, sobre su sensibilidad particular, sobre su especial aptitud para llegar a todos aquellos que&nbsp;<em>aceptan m\u00e1s f\u00e1cilmente el amor misericordioso de parte de una madre.&nbsp;<\/em>Es \u00e9ste uno de los misterios m\u00e1s grandes y vivificantes del cristianismo, tan \u00edntimamente vinculado con el misterio de la encarnaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab Esta maternidad de Mar\u00eda en la econom\u00eda de la gracia \u2014tal como se expresa el Concilio Vaticano II\u2014 perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prest\u00f3 fielmente en la Anunciaci\u00f3n, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumaci\u00f3n perpetua de todos los elegidos. Pues asunta a los cielos, no ha dejado esta misi\u00f3n salvadora, sino que con su m\u00faltiple intercesi\u00f3n contin\u00faa obteni\u00e9ndonos los dones de la salvaci\u00f3n eterna. Con su amor materno cuida a los hermanos de su Hijo, que todav\u00eda peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2430\">108<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>VI. \u00ab MISERICORDIA&#8230; DE GENERACI\u00d3N EN GENERACI\u00d3N \u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>10.<em>&nbsp;Imagen de nuestra generaci\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tenemos pleno derecho a creer que tambi\u00e9n nuestra generaci\u00f3n est\u00e1 comprendida en las palabras de la Madre de Dios, cuando glorificaba la misericordia, de la que \u00ab de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n \u00bb son part\u00edcipes cuantos se dejan guiar por el temor de Dios. Las palabras del&nbsp;<em>Magnificat<\/em>&nbsp;mariano tienen un contenido prof\u00e9tico, que afecta no s\u00f3lo al pasado de Israel, sino tambi\u00e9n al futuro del Pueblo de Dios sobre la tierra.&nbsp;<em>Somos&nbsp;<\/em>en efecto todos nosotros, los que vivimos hoy en la tierra,&nbsp;<em>la generaci\u00f3n&nbsp;<\/em>que es consciente del aproximarse del tercer milenio y que&nbsp;<em>siente&nbsp;<\/em>profundamente&nbsp;<em>el cambio&nbsp;<\/em>que se est\u00e1 verificando en la historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La presente generaci\u00f3n se siente privilegiada porque el progreso le ofrece tantas posibilidades, insospechadas hace solamente unos decenios. La actividad creadora del hombre, su inteligencia y su trabajo, han provocado cambios profundos, tanto en el dominio de la ciencia y de la t\u00e9cnica como en la vida social y cultural. El hombre ha extendido su poder sobre la naturaleza; ha adquirido un conocimiento m\u00e1s profundo de las leyes de su comportamiento social. Ha visto derrumbarse o atenuarse los obst\u00e1culos y distancias que separan hombres y naciones por un sentido acrecentado de lo universal, por una conciencia m\u00e1s clara de la unidad del g\u00e9nero humano, por la aceptaci\u00f3n de la dependencia rec\u00edproca dentro de una solidaridad aut\u00e9ntica, finalmente por el deseo \u2014y la posibilidad\u2014 de entrar en contacto con sus hermanos y hermanas por encima de las divisiones artificiales de la geograf\u00eda o las fronteras nacionales o raciales. Los j\u00f3venes de hoy d\u00eda, sobre todo, saben que los progresos de la ciencia y de la t\u00e9cnica son capaces de aportar no s\u00f3lo nuevos bienes materiales, sino tambi\u00e9n una participaci\u00f3n m\u00e1s amplia a su conocimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El desarrollo de la inform\u00e1tica, por ejemplo, multiplicar\u00e1 la capacidad creadora del hombre y le permitir\u00e1 el acceso a las riquezas intelectuales y culturales de otros pueblos. Las nuevas t\u00e9cnicas de la comunicaci\u00f3n favorecer\u00e1n una mayor participaci\u00f3n en los acontecimientos y un intercambio creciente de las ideas. Las adquisiciones de la ciencia biol\u00f3gica, psicol\u00f3gica o social ayudar\u00e1n al hombre a penetrar mejor en la riqueza de su propio ser. Y si es verdad que ese progreso sigue siendo todav\u00eda muy a menudo el privilegio de los pa\u00edses industrializados, no se puede negar que la perspectiva de hacer beneficiarios a todos los pueblos y a todos los pa\u00edses no es ya una simple utop\u00eda, dado que existe una real voluntad pol\u00edtica a este respecto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero al lado de todo esto \u2014o m\u00e1s bien&nbsp;<em>en<\/em>&nbsp;todo esto\u2014 existen al mismo tiempo dificultades que se manifiestan en todo crecimiento. Existen inquietudes e imposibilidades que ata\u00f1en a la respuesta profunda que el hombre sabe que debe dar. El panorama del mundo contempor\u00e1neo presenta tambi\u00e9n sombras y desequilibrios no siempre superficiales. La Constituci\u00f3n pastoral&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a>&nbsp;<\/em>del Concilio Vaticano II no es ciertamente el \u00fanico documento que trata de la vida de la generaci\u00f3n contempor\u00e1nea, pero es un documento de particular importancia. \u00ab En verdad, los desequilibrios que sufre el mundo moderno \u2014leemos en ella\u2014 est\u00e1n conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus ra\u00edces en el coraz\u00f3n humano. Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de criatura, el hombre experimenta m\u00faltiples limitaciones; se siente sin embargo ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atra\u00eddo por muchas solicitaciones tiene que elegir y renunciar. M\u00e1s a\u00fan, como enfermo y pecador, no raramente hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querr\u00eda llevar a cabo. Por ello siente en s\u00ed mismo la divisi\u00f3n que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2431\">109<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hacia el final de la exposici\u00f3n introductoria de la misma, leemos: \u00ab &#8230; ante la actual evoluci\u00f3n del mundo, son cada d\u00eda m\u00e1s numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetraci\u00f3n las cuestiones m\u00e1s fundamentales: \u00bfqu\u00e9 es el hombre?&nbsp;<em>\u00bfCu\u00e1l es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que,&nbsp;<\/em>a pesar de tantos progresos hechos,&nbsp;<em>subsisten todav\u00eda?&nbsp;<\/em>\u00bfQu\u00e9 valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2432\">110<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el marco de estos quince a\u00f1os, a partir de la conclusi\u00f3n del Concilio Vaticano II, \u00bfse ha hecho quiz\u00e1 menos inquietante aquel cuadro de tensiones y de amenazas propias de nuestra \u00e9poca? Parece que no. Al contrario, las tensiones y amenazas que en el documento conciliar parec\u00edan solamente delinearse y no manifestar hasta el fondo todo el peligro que escond\u00edan dentro de s\u00ed, en el espacio de estos a\u00f1os se han ido revelando mayormente, han confirmado aquel peligro y no permiten nutrir las ilusiones de un tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>11.<em>&nbsp;Fuentes de inquietud<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De ah\u00ed que aumente en nuestro mundo la sensaci\u00f3n de amenaza. Aumenta el temor existencial ligado sobre todo \u2014como ya insinu\u00e9 en la Enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor Hominis<\/a><\/em>\u2014 a la perspectiva de un conflicto que, teniendo en cuenta los actuales arsenales at\u00f3micos, podr\u00eda significar la autodestrucci\u00f3n parcial de la humanidad. Sin embargo, la amenaza no concierne \u00fanicamente a lo que los hombres pueden hacer a los hombres, vali\u00e9ndose de los medios de la t\u00e9cnica militar; afecta tambi\u00e9n a otros muchos peligros, que son el producto de una civilizaci\u00f3n material\u00edstica, la cual \u2014no obstante declaraciones \u00ab human\u00edsticas \u00bb\u2014 acepta la primac\u00eda de las cosas sobre la persona. El hombre contempor\u00e1neo tiene pues miedo de que con el uso de los medios inventados por este tipo de civilizaci\u00f3n,&nbsp;<em>cada individuo<\/em>, lo mismo que los ambientes, las comunidades, las sociedades, las naciones,&nbsp;<em>pueda ser v\u00edctima del&nbsp;<\/em>atropello de&nbsp;<em>otros&nbsp;<\/em>individuos, ambientes, sociedades. La historia de nuestro siglo ofrece abundantes ejemplos. A pesar de todas las declaraciones sobre los derechos del hombre en su dimensi\u00f3n integral, esto es, en su existencial corporal y espiritual, no podemos decir que estos ejemplos sean solamente cosa del pasado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El hombre tiene precisamente miedo de ser v\u00edctima de una opresi\u00f3n que lo prive de la libertad interior, de la posibilidad de manifestar exteriormente la verdad de la que est\u00e1 convencido, de la fe que profesa, de la facultad de obedecer a la voz de la conciencia que le indica la recta v\u00eda a seguir. Los medios t\u00e9cnicos a disposici\u00f3n de la civilizaci\u00f3n actual, ocultan, en efecto, no s\u00f3lo la posibilidad de una auto-destrucci\u00f3n por v\u00eda de un conflicto militar, sino tambi\u00e9n la&nbsp;<em>posibilidad de una subyugaci\u00f3n<\/em>&nbsp;\u00ab pac\u00edfica \u00bb&nbsp;<em>de los individuos<\/em>,&nbsp;<em>de los ambientes de vida<\/em>, de sociedades enteras y de naciones, que por cualquier motivo pueden resultar inc\u00f3modos a quienes disponen de medios suficientes y est\u00e1n dispuestos a servirse de ellos sin escr\u00fapulos. Se piense tambi\u00e9n en la tortura, todav\u00eda existente en el mundo, ejercida sistem\u00e1ticamente por la autoridad como instrumento de dominio y de atropello pol\u00edtico, y practicada impunemente por los subalternos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, junto a la conciencia de la amenaza biol\u00f3gica, crece la conciencia de otra amenaza, que destruye a\u00fan m\u00e1s lo que es esencialmente humano, lo que est\u00e1 en conexi\u00f3n \u00edntima con la dignidad de la persona, con su derecho a la verdad y a la libertad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo esto se desarrolla&nbsp;<em>sobre el fondo de un gigantesco remordimiento&nbsp;<\/em>constituido por el hecho de que, al lado de los hombres y de las sociedades bien acomodadas y saciadas, que viven en la abundancia, sujetas al consumismo y al disfrute, no faltan dentro de la misma familia humana individuos ni grupos sociales&nbsp;<em>que sufren el hambre.&nbsp;<\/em>No faltan ni\u00f1os que mueren de hambre a la vista de sus madres. No faltan en diversas partes del mundo, en diversos sistemas socioecon\u00f3micos, \u00e1reas enteras de miseria, de deficiencia y de subdesarrollo. Este hecho es universalmente conocido.&nbsp;<em>El estado de desigualdad&nbsp;<\/em>entre hombres y pueblos no s\u00f3lo perdura, sino que va en aumento. Sucede todav\u00eda que, al lado de los que viven acomodados y en la abundancia, existen otros que viven en la indigencia, sufren la miseria y con frecuencia mueren incluso de hambre; y su n\u00famero alcanza decenas y centenares de millones. Por esto, la inquietud moral est\u00e1 destinada a hacerse m\u00e1s profunda. Evidentemente, un defecto fundamental o m\u00e1s bien un conjunto de defectos, m\u00e1s a\u00fan, un mecanismo defectuoso est\u00e1 en la base de la econom\u00eda contempor\u00e1nea y de la civilizaci\u00f3n materialista, que no permite a la familia humana alejarse, yo dir\u00eda, de situaciones tan radicalmente injustas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta imagen del mundo de hoy, donde existe tanto mal f\u00edsico y moral como para hacer de \u00e9l un mundo enredado en contradicciones y tensiones y, al mismo tiempo, lleno de amenazas dirigidas contra la libertad humana, la conciencia y la religi\u00f3n, explica la inquietud a la que est\u00e1 sujeto el hombre contempor\u00e1neo. Tal inquietud es experimentada no s\u00f3lo por quienes son marginados u oprimidos, sino tambi\u00e9n por quienes disfrutan de los privilegios de la riqueza, del progreso, del poder. Y, si bien no faltan tampoco quienes buscan poner al descubierto las causas de tales inquietudes o reaccionar con medios inmediatos puestos a su alcance por la t\u00e9cnica, la riqueza o el poder, sin embargo en lo m\u00e1s profundo del \u00e1nimo humano&nbsp;<em>esa inquietud supera todos los medios provisionales.&nbsp;<\/em>Afecta \u2014como han puesto justamente de relieve los an\u00e1lisis del Concilio Vaticano II\u2014 los problemas fundamentales de toda la existencia humana. Esta inquietud est\u00e1 vinculada con el sentido mismo de la existencia del hombre en el mundo; es inquietud para el futuro del hombre y de toda la humanidad, y exige resoluciones decisivas que ya parecen imponerse al g\u00e9nero humano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>12.<em>&nbsp;\u00bf Basta la justicia ?<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es dif\u00edcil constatar que&nbsp;<em>el sentido de la justicia&nbsp;<\/em>se ha despertado a gran escala en el mundo contempor\u00e1neo; sin duda, ello pone mayormente de relieve lo que est\u00e1 en contraste con la justicia tanto en las relaciones entre los hombres, los grupos sociales o las \u00ab clases \u00bb, como entre cada uno de los pueblos y estados, y entre los sistemas pol\u00edticos, m\u00e1s a\u00fan, entre los diversos mundos. Esta corriente profunda y multiforme, en cuya base la conciencia humana contempor\u00e1nea ha situado la justicia, atestigua el car\u00e1cter \u00e9tico de las tensiones y de las luchas que invaden el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La Iglesia comparte con los hombres de nuestro tiempo&nbsp;<\/em>este profundo y ardiente deseo de una vida justa bajo todos los aspectos y no se abstiene ni siquiera de someter a reflexi\u00f3n los diversos aspectos de la justicia, tal como lo exige la vida de los hombres y de las sociedades. Prueba de ello es el campo de la doctrina social cat\u00f3lica ampliamente desarrollada en el arco del \u00faltimo siglo. Siguiendo las huellas de tal ense\u00f1anza procede la educaci\u00f3n y la formaci\u00f3n de las conciencias humanas en el esp\u00edritu de la justicia, lo mismo que las iniciativas concretas, sobre todo en el \u00e1mbito del apostolado de los seglares, que se van desarrollando en tal sentido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No obstante, ser\u00eda dif\u00edcil no darse uno cuenta de que no raras veces&nbsp;<em>los programas que parten de la idea de justicia&nbsp;<\/em>y que deben servir a ponerla en pr\u00e1ctica en la convivencia de los hombres, de los grupos y de las sociedades humanas,&nbsp;<em>en la pr\u00e1ctica sufren deformaciones.&nbsp;<\/em>Por m\u00e1s que sucesivamente recurran a la misma idea de justicia, sin embargo la experiencia demuestra que otras fuerzas negativas, como son el rencor, el odio e incluso la crueldad han tomado la delantera a la justicia. En tal caso el ansia de aniquilar al enemigo, de limitar su libertad y hasta de imponerle una dependencia total, se convierte en el motivo fundamental de la acci\u00f3n; esto contrasta con la esencia de la justicia, la cual tiende por naturaleza a establecer la igualdad y la equiparaci\u00f3n entre las partes en conflicto. Esta especie de abuso de la idea de justicia y la alteraci\u00f3n pr\u00e1ctica de ella atestiguan hasta qu\u00e9 punto la acci\u00f3n humana puede&nbsp;<em>alejarse&nbsp;<\/em>de la misma&nbsp;<em>justicia,&nbsp;<\/em>por m\u00e1s que se haya emprendido en su nombre. No en vano Cristo contestaba a sus oyentes, fieles a la doctrina del Antiguo Testamento, la actitud que pon\u00edan de manifiesto las palabras: \u00ab Ojo por ojo y diente por diente \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2433\">111<\/a><\/sup>&nbsp;Tal era la forma de alteraci\u00f3n de la justicia en aquellos tiempos; las formas de hoy d\u00eda siguen teniendo en ella su modelo. En efecto, es obvio que, en nombre de una presunta justicia (hist\u00f3rica o de clase, por ejemplo), tal vez se aniquila al pr\u00f3jimo, se le mata, se le priva de la libertad, se le despoja de los elementales derechos humanos. La experiencia del pasado y de nuestros tiempos demuestra que la justicia por si sola no es suficiente y que, m\u00e1s a\u00fan, puede conducir a la negaci\u00f3n y al aniquilamiento de s\u00ed misma, si no se le permite&nbsp;<em>a esa forma m\u00e1s profunda que es el amor&nbsp;<\/em>plasmar la vida humana en sus diversas dimensiones. Ha sido ni m\u00e1s ni menos la experiencia hist\u00f3rica la que entre otras cosas ha llevado a formular esta aserci\u00f3n:&nbsp;<em>summum ius, summa iniuria.&nbsp;<\/em>Tal afirmaci\u00f3n no disminuye el valor de la justicia ni aten\u00faa el significado del orden instaurado sobre ella; indica solamente, en otro aspecto, la necesidad de recurrir a las fuerzas del esp\u00edritu, m\u00e1s profundas a\u00fan, que condicionan el orden mismo de la justicia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Teniendo a la vista la imagen de la generaci\u00f3n a la que pertenecemos,&nbsp;<em>la Iglesia comparte la inquietud de tantos hombres contempor\u00e1neos.&nbsp;<\/em>Por otra parte, debemos preocuparnos tambi\u00e9n por&nbsp;<em>el ocaso&nbsp;<\/em>de tantos valores fundamentales que constituyen un bien indiscutible no s\u00f3lo de la moral cristiana, sino simplemente&nbsp;<em>de la moral humana,&nbsp;<\/em>de la&nbsp;<em>cultura moral,&nbsp;<\/em>como el respeto a la vida humana desde el momento de la concepci\u00f3n, el respeto al matrimonio en su unidad indisoluble, el respeto a la estabilidad de la familia. El permisivismo moral afecta sobre todo a este \u00e1mbito m\u00e1s sensible de la vida y de la convivencia humana. A \u00e9l van unidas la crisis de la verdad en las relaciones interhumanas, la falta de responsabilidad al hablar, la relaci\u00f3n meramente utilitaria del hombre con el hombre, la disminuci\u00f3n del sentido del aut\u00e9ntico bien com\u00fan y la facilidad con que \u00e9ste es enajenado. Finalmente, existe la desacralizaci\u00f3n que a veces se transforma en \u00ab deshumanizaci\u00f3n \u00bb: el hombre y la sociedad para quienes nada es \u00ab sacro \u00bb van decayendo moralmente, a pesar de las apariencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>VII.<\/strong>&nbsp;<strong>LA MISERICORDIA DE DIOS EN LA MISI\u00d3N DE LA IGLESIA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En relaci\u00f3n con esta imagen de nuestra generaci\u00f3n, que no deja de suscitar una profunda inquietud, vienen a la mente las palabras que, con motivo de la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios, resonaron en el&nbsp;<em>Magnificat&nbsp;<\/em>de Mar\u00eda y que cantan la \u00ab misericordia&#8230; de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n \u00bb. Conservando siempre en el coraz\u00f3n la elocuencia de estas palabras inspiradas y aplic\u00e1ndolas a las experiencias y sufrimientos propios de la gran familia humana, es menester que la Iglesia de nuestro tiempo adquiera conciencia m\u00e1s honda y concreta de la necesidad de&nbsp;<em>dar testimonio de la misericordia de Dios&nbsp;<\/em>en toda su misi\u00f3n, siguiendo las huellas de la tradici\u00f3n de la Antigua y Nueva Alianza, en primer lugar del mismo Cristo y de sus Ap\u00f3stoles. La Iglesia debe dar testimonio de la misericordia de Dios revelada en Cristo, en toda su misi\u00f3n de Mes\u00edas,&nbsp;<em>profes\u00e1ndola&nbsp;<\/em>principalmente como verdad salv\u00edfica de fe necesaria para una vida coherente con la misma fe,&nbsp;<em>tratando despu\u00e9s de introducirla y encarnarla en la vida&nbsp;<\/em>bien sea de sus fieles, bien sea\u2014en cuanto posible\u2014en la de todos los hombres de buena voluntad. Finalmente, la Iglesia\u2014profesando la misericordia y permaneciendo siempre fiel a ella\u2014tiene el derecho y el deber de recurrir a la misericordia de Dios,&nbsp;<em>implor\u00e1ndola&nbsp;<\/em>frente a todos los fen\u00f3menos del mal f\u00edsico y moral, ante todas las amenazas que pesan sobre el entero horizonte de la vida de la humanidad contempor\u00e1nea.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>13.<em>&nbsp;La Iglesia profesa la misericordia de Dios y la proclama<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia debe&nbsp;<em>profesar y proclamar la misericordia divina en toda su verdad,&nbsp;<\/em>cual nos ha sido transmitida por la revelaci\u00f3n. En las p\u00e1ginas precedentes de este documento hemos tratado de delinear al menos el perfil de esta verdad que encuentra tan rica expresi\u00f3n en toda la Sagrada Escritura y en la Tradici\u00f3n. En la vida cotidiana de la Iglesia la verdad acerca de la misericordia de Dios, expresada en la Biblia, resuena cual eco perenne a trav\u00e9s de numerosas lecturas de la Sagrada Liturgia. La percibe el aut\u00e9ntico sentido de la fe del Pueblo de Dios, como atestiguan varias expresiones de la piedad personal y comunitaria. Ser\u00eda ciertamente dif\u00edcil enumerarlas y resumirlas todas, ya que la mayor parte de ellas est\u00e1n vivamente inscritas en lo \u00edntimo de los corazones y de las conciencias humanas. Si algunos te\u00f3logos afirman que la misericordia es el m\u00e1s grande entre los atributos y las perfecciones de Dios, la Biblia, la Tradici\u00f3n y toda la vida de fe del Pueblo de Dios dan testimonios exhaustivos de ello. No se trata aqu\u00ed de la perfecci\u00f3n de la inescrutable esencia de Dios dentro del misterio de la misma divinidad, sino de la perfecci\u00f3n y del atributo con que el hombre, en la verdad intima de su existencia, se encuentra particularmente cerca y no raras veces con el Dios vivo. Conforme a las palabras dirigidas por Cristo a Felipe,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2434\">112<\/a><\/sup>&nbsp;\u00ab la visi\u00f3n del Padre \u00bb\u2014visi\u00f3n de Dios mediante la fe\u2014halla precisamente en el encuentro con su misericordia un momento singular de sencillez interior y de verdad, semejante a la que encontramos en la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab Quien me ha visto a m\u00ed, ha visto al Padre \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2435\">113<\/a><\/sup>&nbsp;La Iglesia profesa la misericordia de Dios, la Iglesia vive de ella en su amplia experiencia de fe y tambi\u00e9n en sus ense\u00f1anzas, contemplando constantemente a Cristo, concentr\u00e1ndose en EL, en su vida y en su evangelio, en su cruz y en su resurrecci\u00f3n, en su misterio entero. Todo esto que forma la \u00ab visi\u00f3n \u00bb de Cristo en la fe viva y en la ense\u00f1anza de la Iglesia nos acerca a la \u00ab visi\u00f3n del Padre \u00bb en la santidad de su misericordia. La Iglesia parece profesar de manera particular la misericordia de Dios y venerarla dirigi\u00e9ndose al coraz\u00f3n de Cristo. En efecto, precisamente el acercarnos a Cristo en el misterio de su coraz\u00f3n, nos permite detenernos en este punto \u2014en un cierto sentido y al mismo tiempo accesible en el plano humano\u2014de la revelaci\u00f3n del amor misericordioso del Padre, que ha constituido el n\u00facleo central de la misi\u00f3n mesi\u00e1nica del Hijo del Hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La Iglesia&nbsp;<\/em>vive una vida aut\u00e9ntica, cuando&nbsp;<em>profesa y proclama la misericordia\u2014<\/em>el atributo m\u00e1s estupendo del Creador y del Redentor\u2014y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora. En este \u00e1mbito tiene un gran significado la meditaci\u00f3n constante de la palabra de Dios, y sobre todo la participaci\u00f3n consciente y madura&nbsp;<em>en la Eucarist\u00eda y en el sacramento de la penitencia o reconciliaci\u00f3n.&nbsp;<\/em>La Eucarist\u00eda nos acerca siempre a aquel&nbsp;<em>amor&nbsp;<\/em>que es m\u00e1s fuerte que la muerte: en efecto, \u00ab cada vez que comemos de este pan o bebemos de este c\u00e1liz \u00bb, no s\u00f3lo anunciamos la muerte del Redentor, sino que adem\u00e1s proclamamos su resurrecci\u00f3n, mientras esperamos su venida en la gloria.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2436\">114<\/a><\/sup>&nbsp;El mismo rito eucar\u00edstico, celebrado en memoria de quien en su misi\u00f3n mesi\u00e1nica nos ha revelado al Padre, por medio de la palabra y de la cruz, atestigua el&nbsp;<em>amor inagotable,&nbsp;<\/em>en virtud del cual desea siempre El unirse e identificarse con nosotros, saliendo al encuentro de todos los corazones humanos. Es el sacramento de la penitencia o reconciliaci\u00f3n el que allana el camino a cada uno, incluso cuando se siente bajo el peso de grandes culpas. En este sacramento cada hombre puede experimentar de manera singular la misericordia, es decir, el amor que es m\u00e1s fuerte que el pecado. Se ha hablado ya de ello en la enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor Hominis<\/a>;&nbsp;<\/em>convendr\u00e1 sin embargo volver una vez m\u00e1s sobre este tema fundamental.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Precisamente porque existe el pecado en el mundo, al que \u00ab Dios am\u00f3 tanto.. que le dio su Hijo unig\u00e9nito \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2437\">115<\/a><\/sup>&nbsp;Dios que \u00ab es amor \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2438\">116<\/a><\/sup>&nbsp;<em>no puede revelarse de otro modo si&nbsp;<\/em>no es como misericordia. Esta corresponde no s\u00f3lo con la verdad m\u00e1s profunda de ese amor que es Dios, sino tambi\u00e9n con la verdad interior del hombre y del mundo que es su patria temporal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La misericordia en s\u00ed misma, en cuanto perfecci\u00f3n de Dios infinito es tambi\u00e9n infinita. Infinita pues e inagotable es la prontitud del Padre en acoger a los hijos pr\u00f3digos que vuelven a casa.&nbsp;<em>Son infinitas la prontitud y la fuerza del perd\u00f3n&nbsp;<\/em>que brotan continuamente del valor admirable del sacrificio de su Hijo. No hay pecado humano que prevalezca por encima de esta fuerza y ni siquiera que la limite. Por parte del hombre puede limitarla \u00fanicamente la falta de buena voluntad, la falta de prontitud en la conversi\u00f3n y en la penitencia, es decir, su perdurar en la obstinaci\u00f3n, oponi\u00e9ndose a la gracia y a la verdad especialmente frente al testimonio de la cruz y de la resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por tanto, la Iglesia profesa y proclama la conversi\u00f3n. La conversi\u00f3n a Dios consiste siempre en&nbsp;<em>descubrir su misericordia,&nbsp;<\/em>es decir, ese amor que es paciente y benigno&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%2439\">117<\/a><\/sup>&nbsp;a medida del Creador y Padre: el amor, al que \u00ab Dios, Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243A\">118<\/a><\/sup>&nbsp;es fiel hasta las \u00faltimas consecuencias en la historia de la alianza con el hombre: hasta la cruz, hasta la muerte y la resurrecci\u00f3n de su Hijo. La conversi\u00f3n a Dios es siempre fruto del \u00ab reencuentro \u00bb de este Padre, rico en misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El aut\u00e9ntico conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una constante e inagotable fuente de conversi\u00f3n, no solamente como moment\u00e1neo acto interior, sino tambi\u00e9n como disposici\u00f3n estable, como estado de \u00e1nimo. Quienes llegan a conocer de este modo a Dios, quienes lo \u00ab ven \u00bb as\u00ed, no pueden vivir sino convirti\u00e9ndose sin cesar a El. Viven pues&nbsp;<em>in statu conversionis;&nbsp;<\/em>es este estado el que traza la componente m\u00e1s profunda de la peregrinaci\u00f3n de todo hombre por la tierra&nbsp;<em>in statu viatoris.&nbsp;<\/em>Es evidente que la Iglesia profesa la misericordia de Dios, revelada en Cristo crucificado y resucitado, no s\u00f3lo con la palabra de sus ense\u00f1anzas, sino, por encima de todo, con la m\u00e1s profunda pulsaci\u00f3n de la vida de todo el Pueblo de Dios. Mediante este testimonio de vida, la Iglesia cumple la propia misi\u00f3n del Pueblo de Dios, misi\u00f3n que es participaci\u00f3n y, en cierto sentido, continuaci\u00f3n de la misi\u00f3n mesi\u00e1nica del mismo Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia contempor\u00e1nea es altamente consciente de que \u00fanicamente sobre la base de la misericordia de Dios podr\u00e1 hacer realidad los cometidos que brotan de la doctrina del Concilio Vaticano II, en primer lugar el cometido ecum\u00e9nico que tiende a unir a todos los que confiesan a Cristo. Iniciando m\u00faltiples esfuerzos en tal direcci\u00f3n, la Iglesia confiesa con humildad que solo ese&nbsp;<em>amor,&nbsp;<\/em>m\u00e1s fuerte que la debilidad de las divisiones humanas,&nbsp;<em>puede realizar definitivamente la unidad&nbsp;<\/em>por la que oraba Cristo al Padre y que el Esp\u00edritu no cesa de pedir para nosotros \u00ab con gemidos inenarrables \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243B\">119<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>14.<em>&nbsp;La Iglesia trata de practicar la misericordia<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jesucristo ha ense\u00f1ado que el hombre no s\u00f3lo recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino que est\u00e1 llamado a \u00ab usar misericordia \u00bb con los dem\u00e1s: \u00ab Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzar\u00e1n misericordia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243C\">120<\/a><\/sup>&nbsp;La Iglesia ve en estas palabras una llamada a la acci\u00f3n y se esfuerza por practicar la misericordia. Si todas las bienaventuranzas del serm\u00f3n de la monta\u00f1a indican el camino de la conversi\u00f3n y del cambio de vida, la que se refiere a los misericordiosos es a este respecto particularmente elocuente. El hombre alcanza el amor misericordioso de Dios, su misericordia, en cuanto \u00e9l mismo interiormente se transforma en el esp\u00edritu de tal amor hacia el pr\u00f3jimo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este proceso aut\u00e9nticamente evang\u00e9lico no es s\u00f3lo una transformaci\u00f3n espiritual realizada de una vez para siempre, sino que constituye todo un estilo de vida, una caracter\u00edstica esencial y continua de la vocaci\u00f3n cristiana. Consiste en el descubrimiento constante y en la actuaci\u00f3n perseverante del&nbsp;<em>amor en cuanto fuerza unificante y a la vez elevante: \u2014<\/em>a pesar de todas las dificultades de naturaleza psicol\u00f3gica o social\u2014se trata, en efecto, de un&nbsp;<em>amor misericordioso&nbsp;<\/em>que por su esencia es amor creador. El amor misericordioso, en las relaciones rec\u00edprocas entre los hombres, no es nunca un acto o un proceso unilateral. Incluso en los casos en que todo parecer\u00eda indicar que s\u00f3lo una parte es la que da y ofrece, mientras la otra s\u00f3lo recibe y toma (por ejemplo, en el caso del m\u00e9dico que cura, del maestro que ense\u00f1a, de los padres que mantienen y educan a los hijos, del benefactor que ayuda a los menesterosos), sin embargo en realidad, tambi\u00e9n aquel que da, queda siempre beneficiado. En todo caso, tambi\u00e9n \u00e9ste puede encontrarse f\u00e1cilmente en la posici\u00f3n del que recibe, obtiene un beneficio, prueba el amor misericordioso, o se encuentra en estado de ser objeto de misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Cristo&nbsp;<\/em>crucificado, en este sentido, es para nosotros el modelo, la inspiraci\u00f3n y el impulso m\u00e1s grande. Bas\u00e1ndonos en este&nbsp;<em>desconcertante modelo,&nbsp;<\/em>podemos con toda humildad manifestar misericordia a los dem\u00e1s, sabiendo que la recibe como demostrada a s\u00ed mismo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243D\">121<\/a><\/sup>&nbsp;Sobre la base de este modelo, debemos purificar tambi\u00e9n continuamente todas nuestras acciones y todas nuestras intenciones, all\u00ed donde la misericordia es entendida y practicada de manera unilateral, como bien hecho a los dem\u00e1s. S\u00f3lo entonces, en efecto, es realmente un acto de amor misericordioso: cuando, practic\u00e1ndola, nos convencemos profundamente de que al mismo tiempo la experimentamos por parte de quienes la aceptan de nosotros. Si falta esta bilateralidad, esta reciprocidad, entonces nuestras acciones no son a\u00fan aut\u00e9nticos actos de misericordia, ni se ha cumplido plenamente en nosotros la conversi\u00f3n, cuyo camino nos ha sido manifestado por Cristo con la palabra y con el ejemplo hasta la cruz, ni tampoco participamos completamente&nbsp;<em>en la magn\u00edfica fuente del amor misericordioso&nbsp;<\/em>que nos ha sido revelada por El.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, el camino que Cristo nos ha manifestado en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a con la bienaventuranza de los misericordiosos, es mucho m\u00e1s rico de lo que podemos observar a veces en los comunes juicios humanos sobre el tema de la misericordia. Tales juicios consideran la misericordia como un acto o proceso unilateral que presupone y mantiene las distancias entre el que usa misericordia y el que es gratificado, entre el que hace el bien y el que lo recibe. Deriva de ah\u00ed la pretensi\u00f3n de liberar de la misericordia las relaciones interhumanas y sociales, y basarlas \u00fanicamente en la justicia. No obstante, tales juicios acerca de la misericordia no descubren la vinculaci\u00f3n fundamental entre la misericordia y la justicia, de que habla toda la tradici\u00f3n b\u00edblica, y en particular la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de Jesucristo.&nbsp;<em>La aut\u00e9ntica misericordia es por decirlo as\u00ed la fuente m\u00e1s profunda de la justicia. Si&nbsp;<\/em>\u00e9sta \u00faltima es de por s\u00ed apta para servir de \u00ab \u00e1rbitro \u00bb entre los hombres en la rec\u00edproca repartici\u00f3n de los bienes objetivos seg\u00fan una medida adecuada el amor en cambio, y solamente el amor, (tambi\u00e9n ese amor benigno que llamamos \u00ab misericordia \u00bb) es capaz de restituir el hombre a s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La misericordia&nbsp;<\/em>aut\u00e9nticamente cristiana es tambi\u00e9n, en cierto sentido,&nbsp;<em>la m\u00e1s perfecta encarnaci\u00f3n&nbsp;<\/em>de la \u00ab igualdad \u00bb entre los hombres y por consiguiente tambi\u00e9n la encarnaci\u00f3n m\u00e1s perfecta de la&nbsp;<em>justicia,&nbsp;<\/em>en cuanto tambi\u00e9n \u00e9sta, dentro de su \u00e1mbito, mira al mismo resultado. La igualdad introducida mediante la justicia se limita, sin embargo al \u00e1mbito de los bienes objetivos y extr\u00ednsecos, mientras el amor y la misericordia logran que los hombres se encuentren entre s\u00ed en ese valor que es el mismo hombre, con la dignidad que le es propia. Al mismo tiempo, la \u00ab igualdad \u00bb de los hombres mediante el amor \u00ab paciente y benigno \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243E\">122<\/a><\/sup>&nbsp;no borra las diferencias: el que da se hace m\u00e1s generoso, cuando se siente contempor\u00e1neamente gratificado por el que recibe su don; viceversa, el que sabe recibir el don con la conciencia de que tambi\u00e9n \u00e9l, acogi\u00e9ndolo, hace el bien, sirve por su parte a la gran causa de la dignidad de la persona y esto contribuye a unir a los hombres entre s\u00ed de manera m\u00e1s profunda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, la misericordia se hace elemento indispensable para&nbsp;<em>plasmar&nbsp;<\/em>las relaciones mutuas entre los hombres, en el esp\u00edritu del m\u00e1s profundo respeto de lo que es humano y de la rec\u00edproca fraternidad. Es imposible lograr establecer este v\u00ednculo entre los hombres si se quiere regular las mutuas relaciones \u00fanicamente con la medida de la justicia. Esta, en todas las esferas de las relaciones interhumanas, debe experimentar&nbsp;<em>por decirlo as\u00ed, una notable \u00ab correcci\u00f3n \u00bb&nbsp;<\/em>por parte del amor que\u2014como proclama san Pablo\u2014es \u00ab paciente \u00bb y \u00ab benigno \u00bb, o dicho en otras palabras lleva en s\u00ed los caracteres del amor&nbsp;<em>misericordioso&nbsp;<\/em>tan esenciales al evangelio y al cristianismo. Recordemos adem\u00e1s que el&nbsp;<em>amor misericordioso&nbsp;<\/em>indica tambi\u00e9n esa cordial&nbsp;<em>ternura y sensibilidad,&nbsp;<\/em>de que tan elocuentemente nos habla la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243F\">123<\/a><\/sup>&nbsp;o la de la oveja extraviada o la de la dracma perdida.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243G\">124<\/a><\/sup>&nbsp;Por tanto, el amor misericordioso es sumamente indispensable entre aquellos que est\u00e1n m\u00e1s cercanos: entre los esposos, entre padres e hijos, entre amigos; es tambi\u00e9n indispensable en la educaci\u00f3n y en la pastoral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su radio de acci\u00f3n, no obstante, no halla aqu\u00ed su t\u00e9rmino. Si Pablo VI indic\u00f3 en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n la \u00ab civilizaci\u00f3n del amor \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243H\">125<\/a><\/sup>&nbsp;como fin al que deben tender todos los esfuerzos en campo social y cultural, lo mismo que econ\u00f3mico y pol\u00edtico, hay que a\u00f1adir que este fin no se conseguir\u00e1 nunca, si en nuestras concepciones y actuaciones, relativas a las amplias y complejas esferas de la convivencia humana, nos detenemos en el criterio del \u00ab ojo por ojo, diente por diente \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243I\">126<\/a><\/sup>&nbsp;y no tendemos en cambio a transformarlo esencialmente, super\u00e1ndolo con otro esp\u00edritu. Ciertamente, en tal direcci\u00f3n nos conduce tambi\u00e9n el Concilio Vaticano II cuando hablando repetidas veces de la necesidad de&nbsp;<em>hacer el mundo m\u00e1s humano,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243J\">127<\/a><\/sup>&nbsp;<\/em>individ\u00faa la misi\u00f3n de la Iglesia en el mundo contempor\u00e1neo precisamente en la realizaci\u00f3n de tal cometido. El mundo de los hombres puede hacerse cada vez m\u00e1s humano, \u00fanicamente si introducimos en el \u00e1mbito pluriforme de las relaciones humanas y sociales, junto con la justicia, el \u00ab amor misericordioso \u00bb que constituye el mensaje mesi\u00e1nico del evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El mundo de los hombres puede hacerse \u00ab cada vez m\u00e1s humano \u00bb, solamente si en todas las relaciones rec\u00edprocas que plasman su rostro moral introducimos el momento del perd\u00f3n, tan esencial al evangelio. El perd\u00f3n atestigua que en el mundo est\u00e1 presente el&nbsp;<em>amor m\u00e1s fuerte que el pecado.&nbsp;<\/em>El perd\u00f3n es adem\u00e1s la condici\u00f3n fundamental de la reconciliaci\u00f3n, no s\u00f3lo en la relaci\u00f3n de Dios con el nombre, sino tambi\u00e9n en las rec\u00edprocas relaciones entre los hombres. Un mundo, del que se eliminase el perd\u00f3n, ser\u00eda solamente un mundo de justicia fr\u00eda e irrespetuosa, en nombre de la cual cada uno reivindicar\u00eda sus propios derechos respecto a los dem\u00e1s; as\u00ed los ego\u00edsmos de distintos g\u00e9neros, adormecidos en el hombre, podr\u00edan transformar la vida y la convivencia humana en un sistema de opresi\u00f3n de los m\u00e1s d\u00e9biles por parte de los m\u00e1s fuertes o en una arena de lucha permanente de los unos contra los otros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por esto, la Iglesia debe considerar como uno de sus deberes principales\u2014en cada etapa de la historia y especialmente en la edad contempor\u00e1nea\u2014<em>el de proclamar e introducir en la vida&nbsp;<\/em>el misterio de la misericordia, revelado en sumo grado en Cristo Jes\u00fas. Este misterio, no s\u00f3lo para la misma Iglesia en cuanto comunidad de creyentes, sino tambi\u00e9n en cierto sentido para todos los hombres, es&nbsp;<em>fuente&nbsp;<\/em>de una vida diversa de la que el hombre, expuesto a las fuerzas prepotentes de la triple concupiscencia que obran en \u00e9l,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243K\">128<\/a><\/sup>&nbsp;est\u00e1 en condiciones de construir. Precisamente en nombre de este misterio Cristo nos ense\u00f1a a perdonar siempre. \u00a1Cu\u00e1ntas veces repetimos las palabras de la oraci\u00f3n que El mismo nos ense\u00f1\u00f3, pidiendo: \u00ab&nbsp;<em>perd\u00f3nanos&nbsp;<\/em>nuestras deudas&nbsp;<em>como nosotros perdonamos&nbsp;<\/em>a nuestros deudores \u00bb, es decir, a aquellos que son culpables de algo respecto a nosotros!<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243L\">129<\/a><\/sup>&nbsp;Es en verdad dif\u00edcil expresar el valor profundo de la actitud que tales palabras trazan e inculcan. \u00a1Cu\u00e1ntas cosas dicen estas palabras a todo hombre acerca de su semejante y tambi\u00e9n acerca de s\u00ed mismo! La conciencia de ser deudores unos de otros va pareja con la llamada a la solidaridad fraterna que san Pablo ha expresado en la invitaci\u00f3n concisa a soportarnos \u00ab mutuamente con amor \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243M\">130<\/a><\/sup>&nbsp;\u00a1Qu\u00e9 lecci\u00f3n de humildad se encierra aqu\u00ed respecto del hombre, del pr\u00f3jimo y de s\u00ed mismo a la vez! \u00a1Qu\u00e9 escuela de buena voluntad para la convivencia de cada d\u00eda, en las diversas condiciones de nuestra existencia! Si desatendi\u00e9ramos esta lecci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 quedar\u00eda de cualquier programa \u00ab human\u00edstico \u00bb de la vida y de la educaci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo subraya con tanta insistencia la necesidad de perdonar a los dem\u00e1s que a Pedro, el cual le hab\u00eda preguntado cu\u00e1ntas veces deber\u00eda perdonar al pr\u00f3jimo, le indic\u00f3 la cifra simb\u00f3lica de \u00ab setenta veces siete \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243N\">131<\/a><\/sup>&nbsp;queriendo decir con ello que deber\u00eda saber perdonar a todos y siempre. Es obvio que una exigencia tan grande de&nbsp;<em>perdonar no anula&nbsp;<\/em>las objetivas&nbsp;<em>exigencias de la justicia.&nbsp;<\/em>La justicia rectamente entendida constituye por as\u00ed decirlo la finalidad del perd\u00f3n. En ning\u00fan paso del mensaje evang\u00e9lico el perd\u00f3n, y ni siquiera la misericordia como su fuente, significan indulgencia para con el mal, para con el esc\u00e1ndalo, la injuria, el ultraje cometido. En todo caso, la reparaci\u00f3n del mal o del esc\u00e1ndalo, el resarcimiento por la injuria, la satisfacci\u00f3n del ultraje son condici\u00f3n del perd\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues la estructura fundamental de la justicia penetra siempre en el campo de la misericordia. Esta, sin embargo, tiene la fuerza de conferir a la justicia un contenido nuevo que se expresa de la manera m\u00e1s sencilla y plena en el perd\u00f3n. Este en efecto manifiesta que, adem\u00e1s del proceso de \u00ab compensaci\u00f3n \u00bb y de \u00ab tregua \u00bb que es espec\u00edfico de la justicia, es necesario el amor, para que el hombre se corrobore como tal. El cumplimiento de las condiciones de la justicia es indispensable, sobre todo, a fin de que el amor pueda revelar el propio rostro. Al analizar la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, hemos llamado ya la atenci\u00f3n sobre el hecho de que&nbsp;<em>aqu\u00e9l que perdona y aqu\u00e9l que es perdonado&nbsp;<\/em>se encuentran en un punto esencial, que es la dignidad, es decir, el valor esencial del hombre que no puede dejarse perder y cuya afirmaci\u00f3n o cuyo reencuentro es fuente de la m\u00e1s grande alegr\u00eda.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243O\">132<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia considera justamente como propio deber, como finalidad de la propia misi\u00f3n,&nbsp;<em>custodiar la autenticidad del perd\u00f3n,&nbsp;<\/em>tanto en la vida y en el comportamiento como en la educaci\u00f3n y en la pastoral. Ella no la protege de otro modo m\u00e1s que custodiando la&nbsp;<em>fuente,&nbsp;<\/em>esto es, el misterio de la misericordia de Dios mismo, revelado en Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la base de la misi\u00f3n de la Iglesia, en todas las esferas de que hablan numerosas indicaciones del reciente Concilio y la plurisecular experiencia del apostolado, no hay m\u00e1s que el \u00ab sacar de las fuentes del Salvador \u00bb:<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243P\">133<\/a><\/sup>&nbsp;es esto lo que traza m\u00faltiples orientaciones a la misi\u00f3n de la Iglesia en la vida de cada uno de los cristianos, de las comunidades y tambi\u00e9n de todo el Pueblo de Dios. Este \u00ab sacar de las fuentes del Salvador \u00bb no puede ser realizado de otro modo, si no es en el esp\u00edritu de aquella pobreza a la que nos ha llamado el Se\u00f1or con la palabra y el ejemplo: \u00ab lo que hab\u00e9is recibido gratuitamente, dadlo gratuitamente \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243Q\">134<\/a><\/sup>&nbsp;As\u00ed, en todos los cambios de la vida y del ministerio de la Iglesia\u2014a trav\u00e9s de la pobreza evang\u00e9lica de los ministros y dispensadores, y del pueblo entero que da testimonio \u00ab de todas las obras del Se\u00f1or \u00bb\u2014se ha manifestado a\u00fan mejor el Dios \u00ab rico en misericordia \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>VIII. ORACI\u00d3N DE LA IGLESIA DE NUESTROS TIEMPOS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>15.&nbsp;<em>La Iglesia recurre a la misericordia divina<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia proclama la verdad de la misericordia de Dios, revelada en Cristo crucificado y resucitado, y la profesa de varios modos. Adem\u00e1s, trata de practicar la misericordia para con los hombres a trav\u00e9s de los hombres, viendo en ello una condici\u00f3n indispensable de la solicitud por un mundo mejor y \u00ab m\u00e1s humano \u00bb, hoy y ma\u00f1ana. Sin embargo, en ning\u00fan momento y en ning\u00fan per\u00edodo hist\u00f3rico \u2014especialmente en una \u00e9poca tan cr\u00edtica como la nuestra\u2014la Iglesia puede olvidar&nbsp;<em>la oraci\u00f3n que es un grito a la misericordia de Dios&nbsp;<\/em>ante las m\u00faltiples formas de mal que pesan sobre la humanidad y la amenazan. Precisamente \u00e9ste es el fundamental derecho-deber de la Iglesia en Jesucristo: es el derecho-deber de la Iglesia para con Dios y para con los hombres. La conciencia humana, cuanto m\u00e1s pierde el sentido del significado mismo de la palabra \u00ab misericordia \u00bb, sucumbiendo a la secularizaci\u00f3n; cuanto m\u00e1s se distancia del misterio de la misericordia alej\u00e1ndose de Dios, tanto m\u00e1s&nbsp;<em>la Iglesia tiene el derecho y el deber&nbsp;<\/em>de recurrir al Dios de la misericordia \u00ab con poderosos clamores \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243R\">135<\/a><\/sup>&nbsp;Estos poderosos clamores deben estar presentes en la Iglesia de nuestros tiempos, dirigidos a Dios, para implorar su misericordia, cuya manifestaci\u00f3n ella profesa y proclama en cuanto realizada en Jes\u00fas crucificado y resucitado, esto es, en el misterio pascual. Es este misterio el que lleva en s\u00ed la m\u00e1s completa revelaci\u00f3n de la misericordia, es decir, del amor que es m\u00e1s fuerte que la muerte, m\u00e1s fuerte que el pecado y que todo mal, del amor que eleva al hombre de las ca\u00eddas graves y lo libera de las m\u00e1s grandes amenazas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El hombre contempor\u00e1neo siente estas amenazas. Lo que, a este respecto, ha sido dicho m\u00e1s arriba es solamente un simple esbozo. El hombre contempor\u00e1neo se interroga con frecuencia, con ansia profunda, sobre la soluci\u00f3n de las terribles tensiones que se han acumulado sobre el mundo y que se entrelazan en medio de los hombres. Y si tal vez no tiene&nbsp;<em>la valent\u00eda de pronunciar la palabra \u00ab misericordia \u00bb,&nbsp;<\/em>o en su conciencia privada de todo contenido religioso no encuentra su equivalente,&nbsp;<em>tanto m\u00e1s se hace necesario que la Iglesia pronuncie esta palabra,&nbsp;<\/em>no s\u00f3lo en nombre propio sino tambi\u00e9n en nombre de todos los hombres contempor\u00e1neos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es pues necesario que todo cuanto he dicho en el presente documento sobre la misericordia&nbsp;<em>se transforme continuamente en una ferviente plegaria:&nbsp;<\/em>en un grito que implore la misericordia en conformidad con las necesidades del hombre en el mundo contempor\u00e1neo. Que este&nbsp;<em>grito condense toda la verdad sobre la misericordia,&nbsp;<\/em>que ha hallado tan rica expresi\u00f3n en la Sagrada Escritura y en la Tradici\u00f3n, as\u00ed como en la aut\u00e9ntica vida de fe de tantas generaciones del Pueblo de Dios. Con tal grito nos volvemos, como todos los escritores sagrados, al Dios que no puede despreciar nada de lo que ha creado,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243S\">136<\/a><\/sup>&nbsp;al Dios que es fiel a s\u00ed mismo, a su paternidad y a su amor. Y al igual que los profetas, recurramos al amor que tiene caracter\u00edsticas maternas y, a semejanza de una madre, sigue a cada uno de sus hijos, a toda oveja extraviada, aunque hubiese millones de extraviados, aunque en el mundo la iniquidad prevaleciese sobre la honestidad, aunque la humanidad contempor\u00e1nea mereciese por sus pecados un nuevo \u00ab diluvio \u00bb, como lo mereci\u00f3 en su tiempo la generaci\u00f3n de No\u00e9. Recurramos al amor paterno que Cristo nos ha revelado en su misi\u00f3n mesi\u00e1nica y que alcanza su culmen en la cruz, en su muerte y resurrecci\u00f3n. Recurramos a Dios mediante Cristo, recordando las palabras del&nbsp;<em>Magnificat&nbsp;<\/em>de Mar\u00eda, que proclama la misericordia \u00ab de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n \u00bb. Imploremos la misericordia divina para la generaci\u00f3n contempor\u00e1nea. La Iglesia que, siguiendo el ejemplo de Mar\u00eda, trata de ser tambi\u00e9n madre de los hombres en Dios, exprese en esta plegaria su materna solicitud y al mismo tiempo su amor confiado, del que nace la m\u00e1s ardiente necesidad de la oraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Elevemos nuestras&nbsp;<em>s\u00faplicas, guiados por la fe, la esperanza, la caridad&nbsp;<\/em>que Cristo ha injertado en nuestros corazones. Esta actitud es asimismo amor hacia Dios, a quien a veces el hombre contempor\u00e1neo ha alejado de s\u00ed ha hecho ajeno a s\u00ed, proclamando de diversas maneras que es algo \u00ab superfluo \u00bb. Esto es pues&nbsp;<em>amor a Dios,&nbsp;<\/em>cuya ofensa-rechazo por parte del hombre contempor\u00e1neo sentimos profundamente, dispuestos a gritar con Cristo en la cruz: \u00ab Padre, perd\u00f3nalos porque no saben lo que hacen \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243T\">137<\/a><\/sup>&nbsp;Esto es al mismo tiempo&nbsp;<em>amor a los hombres,&nbsp;<\/em>a todos los hombres sin excepci\u00f3n y divisi\u00f3n alguna: sin diferencias de raza, cultura, lengua, concepci\u00f3n del mundo, sin distinci\u00f3n entre amigos y enemigos. Esto es amor a los hombres que desea todo bien verdadero a cada uno y a toda la comunidad humana, a toda familia, naci\u00f3n, grupo social; a los j\u00f3venes, los adultos, los padres, los ancianos, los enfermos: es amor a todos, sin excepci\u00f3n. Esto es amor, es decir, solicitud apremiante para garantizar a cada uno todo bien aut\u00e9ntico y alejar y conjurar el mal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y si alguno de los contempor\u00e1neos no comparte la fe y la esperanza que me inducen, en cuanto siervo de Cristo y ministro de los misterios de Dios,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243U\">138<\/a><\/sup>&nbsp;a implorar en esta hora de la historia la misericordia de Dios en favor de la humanidad, que trate al menos de comprender&nbsp;<em>el motivo de esta premura. Est\u00e1 dictada por el amor al hombre,&nbsp;<\/em>a todo lo que es humano y que, seg\u00fan la intuici\u00f3n de gran parte de los contempor\u00e1neos, est\u00e1 amenazado por un peligro inmenso. El misterio de Cristo que, desvel\u00e1ndonos la gran vocaci\u00f3n del hombre, me ha impulsado a confirmar en la Enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor Hominis<\/a>&nbsp;<\/em>su incomparable dignidad, me obliga al mismo tiempo a proclamar la misericordia como amor compasivo de Dios, revelado en el mismo misterio de Cristo, Ello me obliga tambi\u00e9n a recurrir a tal misericordia y a implorarla en esta dif\u00edcil, cr\u00edtica fase de la historia de la Iglesia y del mundo, mientras nos encaminamos al final del segundo Milenio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el nombre de Jesucristo, crucificado y resucitado, en el esp\u00edritu de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica, que permanece en la historia de la humanidad,&nbsp;<em>elevemos nuestra voz y supliquemos&nbsp;<\/em>que en esta etapa de la historia se revele una vez m\u00e1s aquel Amor que est\u00e1 en el Padre y que por obra del Hijo y del Esp\u00edritu Santo se haga presente en el mundo contempor\u00e1neo como m\u00e1s fuerte que el mal: m\u00e1s fuerte que el pecado y la muerte. Supliquemos por intercesi\u00f3n de Aquella que no cesa de proclamar \u00ab la misericordia de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n \u00bb, y tambi\u00e9n de aquellos en quienes se han cumplido hasta el final las palabras del serm\u00f3n de la monta\u00f1a: \u00ab Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzar\u00e1n misericordia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243V\">139<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al continuar el gran cometido de actuar el Concilio Vaticano II, en el que podemos ver justamente una nueva fase de la autorrealizaci\u00f3n de la Iglesia\u2014a medida de la \u00e9poca en que nos ha tocado vivir\u2014la&nbsp;<em>Iglesia&nbsp;<\/em>misma debe guiarse por la plena conciencia de que en esta obra no le es l\u00edcito, en modo alguno, replegarse sobre s\u00ed misma. La&nbsp;<em>raz\u00f3n&nbsp;<\/em>de su&nbsp;<em>ser&nbsp;<\/em>es en efecto la de&nbsp;<em>revelar a Dios,&nbsp;<\/em>esto es, al Padre que nos permite \u00ab verlo \u00bb en Cristo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#%243W\">140<\/a><\/sup>&nbsp;Por muy fuerte que pueda ser la resistencia de la historia humana; por muy marcada que sea la heterogeneidad de la civilizaci\u00f3n contempor\u00e1nea; por muy grande que sea la negaci\u00f3n de Dios en el mundo, tanto m\u00e1s grande debe ser la proximidad a ese misterio que, escondido desde los siglos en Dios, ha sido despu\u00e9s realmente participado al hombre en el tiempo mediante Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con mi Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Dado en Roma, junto a San Pedro, el d\u00eda 30 de noviembre, primer domingo de Adviento, del a\u00f1o 1980, tercero de mi Pontificado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>IOANNES PAULUS PP. II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1\">1<\/a>&nbsp;Ef 2, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2\">2<\/a>&nbsp;Cfr. Jn 1, 18; Heb 1, 1 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3\">3<\/a>&nbsp;Jn 14, 8 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-4\">4<\/a>&nbsp;Ef 2, 4 s<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-5\">5<\/a>&nbsp;2 Cor 1, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-6\">6<\/a>&nbsp;Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/em>, 22: A.A.S. 58 (1966), p. 1042.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-7\">7<\/a>&nbsp;Cfr. ib.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-8\">8<\/a>&nbsp;1 Tim 6, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-9\">9<\/a>&nbsp;Rom 1, 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-A\">10<\/a>&nbsp;Jn 1, 18.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-B\">11<\/a>&nbsp;1 Tim 6 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-C\">12<\/a>&nbsp;Tit 3, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-D\">13<\/a>&nbsp;Ef 2, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-E\">14<\/a>&nbsp;Cfr. G\u00e9n 1, 28.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-F\">15<\/a>&nbsp;Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/em>, 9: A.A.S. 58 (1966), p. 1032.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-G\">16<\/a>&nbsp;2 Cor 1, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-H\">17<\/a>&nbsp;Mt 6, 4. 6. 18.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-I\">18<\/a>&nbsp;Cfr. Ef 3, 18; adem\u00e1s Lc 11, 5-13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-J\">19<\/a>&nbsp;Lc 4, 18 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-K\">20<\/a>&nbsp;Lc 7, 19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-L\">21<\/a>&nbsp;Lc 7, 22 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-M\">22<\/a>&nbsp;1 Jn 4, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-N\">23<\/a>&nbsp;Ef 2, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-O\">24<\/a>&nbsp;Lc 15, 11-32<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-P\">25<\/a>&nbsp;Lc 10, 30-37.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-Q\">26<\/a>&nbsp;Mt 18, 23-35.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-R\">27<\/a>&nbsp;Mt 18, 12-14; Lc 15, 3-7<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-S\">28<\/a>&nbsp;Lc 15, 8-10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-T\">29<\/a>&nbsp;Mt 22, 38.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-U\">30<\/a>&nbsp;Mt 5, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-V\">31<\/a>&nbsp;Cfr. Jue 3, 7-9<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-W\">32<\/a>&nbsp;Cfr. 1 Re 8, 22-53<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-X\">33<\/a>&nbsp;Cfr. Miq 7, 18-20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-Y\">34<\/a>&nbsp;Cfr. Is 1, 18; 51, 4-16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-Z\">35<\/a>&nbsp;Cfr. Bar 2, 11-3, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-10\">36<\/a>&nbsp;Cfr. Neh 9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-11\">37<\/a>&nbsp;Cfr. p. ej. Os 2, 21-25 y 15; Is 54, 6-8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-12\">38<\/a>&nbsp;Cfr. Jer 31, 20; Ez 39, 25-29.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-13\">39<\/a>&nbsp;Cfr. 2 Sam 11, 12, 24, 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-14\">40<\/a>&nbsp;Job passim.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-15\">41<\/a>&nbsp;Est 4, 17k ss.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-16\">42<\/a>&nbsp;Cfr. p. ej. Neh 9, 30-32; Tob 3, 2-3. 11-12; 8, 16-17; 1 Mac 4, 24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-17\">43<\/a>&nbsp;Cfr. Ex 3, 7 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-18\">44<\/a>&nbsp;Cfr. Is 63, 9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-19\">45<\/a>&nbsp;Ex 34, 6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1A\">46<\/a>&nbsp;Cfr. Num 14, 18; 2 Par 30, 9; Neh 9, 17; Sal 86 (85), 15; Sab 15, 1; Eclo 2, 11; Jl 2, 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1B\">47<\/a>&nbsp;Cfr. Is 63, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1C\">48<\/a>&nbsp;Cfr. Ex 4, 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1D\">49<\/a>&nbsp;Cfr. Os 2 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1E\">50<\/a>&nbsp;Cfr. Os 11, 7-9; Jer 31, 20; Is 54, 7 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1F\">51<\/a>&nbsp;Sal 103 (102) y 145 (144).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1G\">52<\/a>&nbsp;Al definir la misericordia los Libros del Antiguo Testamento usan sobre todo dos expresiones, cada una de las cuales tiene un matiz sem\u00e1ntico distinto. Ante todo est\u00e1 el t\u00e9rmino&nbsp;<em>hesed<\/em>, que indica una actitud profunda de \u00ab bondad \u00bb. Cuando esa actitud se da entre dos hombres, \u00e9stos son no solamente ben\u00e9volos el uno con el otro, sino al mismo tiempo rec\u00edprocamente fieles en virtud de un compromiso interior, por tanto tambi\u00e9n en virtud de una fidelidad hacia s\u00ed mismos. Si adem\u00e1s&nbsp;<em>hesed<\/em>&nbsp;significa tambi\u00e9n \u00ab gracia \u00bb o \u00ab amor \u00bb, esto es precisamente en base a tal fidelidad. El hecho de que el compromiso en cuesti\u00f3n tenga un car\u00e1cter no s\u00f3lo moral, sino casi jur\u00eddico, no cambia nada. Cuando en el Antiguo Testamento el vocablo&nbsp;<em>hesed<\/em>&nbsp;es referido el Se\u00f1or, esto tiene lugar siempre en relaci\u00f3n con la alianza que Dios ha hecho con Israel. Esa alianza fue, por parte de Dios, un don y una gracia para Israel. Sin embargo, puesto que en coherencia con la alianza hecha Dios se hab\u00eda comprometido a respetarla,&nbsp;<em>hesed<\/em>&nbsp;cobraba, en cierto modo, un contenido legal. El compromiso jur\u00eddico por parte de Dios dejaba de obligar cuando Israel infring\u00eda la alianza y no respetaba sus condiciones. Pero precisamente entonces&nbsp;<em>hesed<\/em>, dejando de ser obligaci\u00f3n jur\u00eddica, descubr\u00eda su aspecto m\u00e1s profundo: se manifiesta lo que era al principio, es decir, como amor que da, amor m\u00e1s fuerte que la traici\u00f3n, gracia m\u00e1s fuerte que el pecado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta fidelidad para con la \u00ab hija de mi pueblo \u00bb infiel (cfr. Lam 4, 3. 6) es, en definitiva, por parte de Dios, fidelidad a s\u00ed mismo. Esto resulta frecuente sobre todo en el recurso frecuente al binomio&nbsp;<em>hesed we emet<\/em>&nbsp;(=gracia y fidelidad), que podr\u00eda considerarse una end\u00edadis (cfr. por ej. Ex 34, 6; 2 Sam 2, 6; 15, 20; Sal 25 [24], 10; 40 [39], 11 s.; 85 [84], 11; 138 [137], 2; Miq 7, 20). \u00ab No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino m\u00e1s bien por el honor de mi nombre \u00bb (Ez 36, 22). Por tanto tambi\u00e9n Israel, aunque lleno de culpas por haber roto la alianza, no puede recurrir al&nbsp;<em>hesed<\/em>&nbsp;de Dios en base a una justicia legal; no obstante, puede y debe continuar esperando y tener confianza en obtenerlo, siendo el Dios de la alianza realmente \u00ab responsable de su amor \u00bb. Frutos de ese amor son el perd\u00f3n, la restauraci\u00f3n en la gracia y el restablecimiento de la alianza interior.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El segundo vocablo, que en la terminolog\u00eda del Antiguo Testamento sirve para definir la misericordia, es&nbsp;<em>rah mim<\/em>. Este tiene un matiz distinto del&nbsp;<em>hesed<\/em>. Mientras \u00e9ste pone en evidencia los caracteres de la fidelidad hacia s\u00ed mismo y de la \u00ab responsabilidad del propio amor \u00bb (que son caracteres en cierto modo masculinos ),&nbsp;<em>rah min<\/em>, ya en su ra\u00edz, denota el amor de la madre (<em>rehem<\/em>= regazo materno). Desde el v\u00ednculo m\u00e1s profundo y originario, mejor, desde la unidad que liga a la madre con el ni\u00f1o, brota una relaci\u00f3n particular con \u00e9l, un amor particular. Se puede decir que este amor es totalmente gratuito, no fruto de m\u00e9rito, y que bajo este aspecto constituye una necesidad interior: es una exigencia del coraz\u00f3n. Es una variante casi \u00ab femenina \u00bb de la fidelidad masculina a s\u00ed mismo, expresada en el&nbsp;<em>hesed<\/em>. Sobre ese trasfondo psicol\u00f3gico,&nbsp;<em>rah mim<\/em>&nbsp;engendra una escala de sentimientos, entre los que est\u00e1n la bondad y la ternura, la paciencia y la comprensi\u00f3n, es decir, la disposici\u00f3n a perdonar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Antiguo Testamento atribuye al Se\u00f1or precisamente esos caracteres, cuando habla de \u00e9l sirvi\u00e9ndose del t\u00e9rmino&nbsp;<em>rah mim<\/em>. Leemos en Isa\u00edas: \u00ab \u00bfPuede acaso una mujer olvidarse de su mamoncillo, no compadecerse del hijo de sus entra\u00f1as? Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidar\u00eda \u00bb (Is 49, 15). Este amor, fiel e invencible gracias a la misteriosa fuerza de la maternidad, se expresa en los texos veterotestamentarios de diversos modos: ya sea como salvaci\u00f3n de los peligros, especialmente de los enemigos, ya sea tambi\u00e9n como perd\u00f3n de los pecados \u2014respecto de cada individuo as\u00ed como tambi\u00e9n de todo Israel\u2014 y, finalmente, en la prontitud para cumplir la promesa y la esperanza (escatol\u00f3gicas), no obstante la infidelidad humana, como leemos en Oseas: \u00ab Yo curar\u00e9 su rebeld\u00eda y los amar\u00e9 generosamente \u00bb (Os 14, 5).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la terminolog\u00eda del Antiguo Testamento encontramos todav\u00eda otras expresiones, referidas diversamente al mismo contenido fundamental. Sin embargo, las dos antedichas merecen una atenci\u00f3n particular. En ellas se manifiesta claramente su original aspecto antropom\u00f3rfico: al presentar la misericordia divina, los autores b\u00edblicos se sirven de los t\u00e9rminos que corresponden a la conciencia y a la experiencia del hombre contempor\u00e1neo suyo. La terminolog\u00eda griega usada por los Setenta muestra una riqueza menor que la hebraica: no ofrece, pues, todos los matices sem\u00e1nticos propios del texto original. En cada caso, el Nuevo Testamento construye sobre la riqueza y profundidad, que ya distingu\u00eda el Antiguo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De ese modo heredamos del Antiguo Testamento \u2014casi en una s\u00edntesis especial\u2014 no solamente la riqueza de las expresiones usadas por aquellos Libros para definir la misericordia divina, sino tambi\u00e9n una espec\u00edfica, obviamente antropom\u00f3rfica \u00ab psicolog\u00eda \u00bb de Dios: la palpitante imagen de su amor, que en contacto con el mal y en particular, con el pecado del hombre y del pueblo, se manifiesta como misericordia. Esa imagen est\u00e1 compuesta, adem\u00e1s del contenido m\u00e1s bien general del verbo&nbsp;<em>hanan<\/em>, tambi\u00e9n por el contenido de&nbsp;<em>hesed<\/em>&nbsp;y por el de&nbsp;<em>rahamim<\/em>. El t\u00e9rmino&nbsp;<em>hanan<\/em>&nbsp;expresa un concepto m\u00e1s amplio; significa, en efecto, la manifestaci\u00f3n de la gracia, que comporta, por as\u00ed decir, una constante predisposici\u00f3n magn\u00e1nima, ben\u00e9vola y clemente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s de estos elementos sem\u00e1nticos fundamentales, el concepto de misericordia en el Antiguo Testamento est\u00e1 compuesto tambi\u00e9n por lo que encierra el verbo&nbsp;<em>hamal<\/em>, que literalmente significa \u00ab perdonar (al enemigo vencido) \u00bb, pero tambi\u00e9n \u00ab manifestar piedad y compasi\u00f3n \u00bb y, como consecuencia, perd\u00f3n y remisi\u00f3n de la culpa. Tambi\u00e9n el t\u00e9rmino&nbsp;<em>hus<\/em>&nbsp;expresa piedad y compasi\u00f3n, pero sobre todo en sentido afectivo. Estos t\u00e9rminos aparecen en los textos b\u00edblicos m\u00e1s raramente para indicar la misericordia. Adem\u00e1s, conviene destacar el ya recordado vocablo&nbsp;<em>emet<\/em>, que significa en primer lugar \u00ab solidez, seguridad \u00bb (en el griego de los LXX: \u00ab verdad \u00bb) y en segundo lugar, \u00ab fidelidad \u00bb, y en ese sentido parece relacionarse con el contenido sem\u00e1ntico propio del t\u00e9rmino&nbsp;<em>hesed<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1H\">53<\/a>&nbsp;Sal 40, 11; 98, 2 s.; Is 45, 21; 51, 5. 8; 56, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1I\">54<\/a>&nbsp;Sab 11, 24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1J\">55<\/a>&nbsp;1 Jn 4, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1K\">56<\/a>&nbsp;Jer 31, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1L\">57<\/a>&nbsp;Is 54, 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1M\">58<\/a>&nbsp;Jon 4, 2. 11; Sal 145, 9; Eclo 18, 8-14; Sab 11, 23-12, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1N\">59<\/a>&nbsp;Jn 14, 9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1O\">60<\/a>&nbsp;En ambos casos se trata de&nbsp;<em>hesed<\/em>, es decir de la fidelidad que Dios manifiesta al propio amor hada su pueblo; fidelidad a las promesas, que precisamente en la maternidad de la Madre de Dios encontrar\u00e1n su cumplimiento definitivo (cfr. Lc 1, 49-54).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1P\">61<\/a>&nbsp;Lc 1, 66-72. Tambi\u00e9n en este caso se trata de la misericordia con el significado de&nbsp;<em>hesed<\/em>, en cuanto en las frases siguientes, en las que Zacar\u00edas habla de las \u00ab entra\u00f1as misericordiosas de nuestro Dios \u00bb, se expresa claramente el segundo significado, el de&nbsp;<em>rah mim<\/em>&nbsp;(traducci\u00f3n latina:&nbsp;<em>viscera misericordiae<\/em>), que identifica m\u00e1s bien la misericordia divina con el amor materno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1Q\">62<\/a>&nbsp;Cfr. Lc 15, 11-32<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1R\">63<\/a>&nbsp;Lc 15, 18 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1S\">64<\/a>&nbsp;Lc 15, 20<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1T\">65<\/a>&nbsp;Lc 15, 32<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1U\">66<\/a>&nbsp;Cfr. Lc 15, 3-6<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1V\">67<\/a>&nbsp;Cfr. Lc 15, 8 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1W\">68<\/a>&nbsp;1 Cor 13, 4-8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1X\">69<\/a>&nbsp;Cfr. Rom 12, 21.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1Y\">70<\/a>&nbsp;Cfr. Liturgia de la Vigilia pascual: \u00ab Exsultet \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-1Z\">71<\/a>&nbsp;Act 10, 38.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-20\">72<\/a>&nbsp;Mt 9, 35.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-21\">73<\/a>&nbsp;Cfr. Mc 15, 37; Jn 19, 30.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-22\">74<\/a>&nbsp;Is 53, 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-23\">75<\/a>&nbsp;2 Cor 5, 21.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-24\">76<\/a>&nbsp;Ib.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-25\">77<\/a>&nbsp;Credo nicenoconstantinopolitano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-26\">78<\/a>&nbsp;Jn 3, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-27\">79<\/a>&nbsp;Cfr. Jn 14, 9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-28\">80<\/a>&nbsp;Mt 10, 28.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-29\">81<\/a>&nbsp;Flp 2, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2A\">82<\/a>&nbsp;2 Cor 5, 21.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2B\">83<\/a>&nbsp;Cfr. 1 Cor 15, 54 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2C\">84<\/a>&nbsp;Cfr. Lc 4, 18-21.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2D\">85<\/a>&nbsp;Cfr. Lc 7, 20-23.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2E\">86<\/a>&nbsp;Cfr. Is 35, 5; 61, 1-3<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2F\">87<\/a>&nbsp;1 Cor 15, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2G\">88<\/a>&nbsp;Ap 21, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2H\">89<\/a>&nbsp;Ap 21, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2I\">90<\/a>&nbsp;Cfr. ib.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2J\">91<\/a>&nbsp;Ap 3, 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2K\">92<\/a>&nbsp;Cfr. Mt 24, 35.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2L\">93<\/a>&nbsp;Cfr. Ap 3, 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2M\">94<\/a>&nbsp;Mt 25, 40.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2N\">95<\/a>&nbsp;Mt 5, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2O\">96<\/a>&nbsp;Jn 14, 9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2P\">97<\/a>&nbsp;Rom 8, 32.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2Q\">98<\/a>&nbsp;Mc 12, 27.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2R\">99<\/a>&nbsp;Jn 20, 19-23.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2S\">100<\/a>&nbsp;Cfr. Sal 89 (88), 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2T\">101<\/a>&nbsp;Lc 1, 50.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2U\">102<\/a>&nbsp;Cfr. 2 Cor 1, 21 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2V\">103<\/a>&nbsp;Lc 1, 50.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2W\">104<\/a>&nbsp;Cfr. Sal 85 (84), 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2X\">105<\/a>&nbsp;Lc 1, 50.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2Y\">106<\/a>&nbsp;Cfr. Lc 4, 18.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-2Z\">107<\/a>&nbsp;Cfr. Lc 7, 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-30\">108<\/a>&nbsp;Const. dogm. sobre la Iglesia&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen Gentium<\/a><\/em>, 62: A.A.S. 57 (1965), p. 63.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-31\">109<\/a>&nbsp;Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/em>, 10: A.A.S. 58 (1966), p. 1032.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-32\">110<\/a>&nbsp;Ib.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-33\">111<\/a>&nbsp;Mt 5, 38.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-34\">112<\/a>&nbsp;Cfr. Jn 14, 9 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-35\">113<\/a>&nbsp;Ib.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-36\">114<\/a>&nbsp;Cfr. 1 Cor 11, 26; aclamaci\u00f3n en el \u00ab Misal Romano \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-37\">115<\/a>&nbsp;Jn 3, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-38\">116<\/a>&nbsp;1 Jn 4, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-39\">117<\/a>&nbsp;Cfr. 1 Cor 13, 4<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3A\">118<\/a>&nbsp;2 Cor 1, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3B\">119<\/a>&nbsp;Rm 8, 26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3C\">120<\/a>&nbsp;Mt 5, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3D\">121<\/a>&nbsp;Cfr. Mt 25, 34-40.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3E\">122<\/a>&nbsp;Cfr. 1Cor 13, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3F\">123<\/a>&nbsp;Cfr. Lc 15, 11-32.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3G\">124<\/a>&nbsp;Cfr. Lc 15, 1-10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3H\">125<\/a>&nbsp;Pablo VI. Ense\u00f1anzas al Pueblo de Dios (1975), p. 482 (Clausura del A\u00f1o Santo, 25 diciembre 1975).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3I\">126<\/a>&nbsp;Mt 5, 38.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3J\">127<\/a>&nbsp;Cfr. Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/em>, 40: A.A.S. 58 (1966), p. 1057 ss. Pablo VI, Exhort. Apost.&nbsp;<em>Paterna cum benevolentia<\/em>, esp. nn. 1 y 6: A.A.S. 67 (1975), p. 7-9; 17-23.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3K\">128<\/a>&nbsp;Cfr. 1 Jn 2, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3L\">129<\/a>&nbsp;Mt 6, 12.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3M\">130<\/a>&nbsp;Ef 4, 2; cfr. Gal 6, 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3N\">131<\/a>&nbsp;Mt 18, 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3O\">132<\/a>&nbsp;Cfr. Lc 15, 32.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3P\">133<\/a>&nbsp;Cfr. Is 12, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3Q\">134<\/a>&nbsp;Mt 10, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3R\">135<\/a>&nbsp;Cfr. Heb 5, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3S\">136<\/a>&nbsp;Cfr. Sab 11, 24; Sal 145 (144), 9; G\u00e9n 1, 31.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3T\">137<\/a>&nbsp;Lc 23, 34.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3U\">138<\/a>&nbsp;Cfr. 1 Cor 4, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3V\">139<\/a>&nbsp;Mt 5, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html#-3W\">140<\/a>&nbsp;Cfr. Jn 14, 9.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DIVES IN MISERICORDIA CARTA ENC\u00cdCLICA DIVES IN MISERICORDIA DEL SUMO PONT\u00cdFICE JUAN PABLO II SOBRE LA MISERICORDIA DIVINA Venerables Hermanos, amad\u00edsimos Hijos e Hijas:\u00a1salud y Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica! I. 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