{"id":7829,"date":"2024-10-10T21:46:25","date_gmt":"2024-10-10T21:46:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/?p=7829"},"modified":"2024-10-10T21:57:32","modified_gmt":"2024-10-10T21:57:32","slug":"enciclica-dominum-et-vivificantem","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/2024\/10\/10\/enciclica-dominum-et-vivificantem\/","title":{"rendered":"ENCICLICA DOMINUM ET VIVIFICANTEM"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">CARTA ENC\u00cdCLICA<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">DOMINUM ET VIVIFICANTEM<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">DEL SUMO PONT\u00cdFICE<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">JUAN PABLO II<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SOBRE EL ESP\u00cdRITU SANTO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">EN LA VIDA DE LA IGLESIA<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y DEL MUNDO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Venerables hermanos,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">amad\u00edsimos hijos e hijas:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1salud y bendici\u00f3n apost\u00f3lica!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">INTRODUCCI\u00d3N<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. La Iglesia profesa su fe en el Esp\u00edritu Santo que es \u00ab Se\u00f1or y dador de vida \u00bb. As\u00ed lo profesa el S\u00edmbolo de la Fe, llamado nicenoconstantinopolitano por el nombre de los dos Concilios \u2014Nicea (a. 325) y Constantinopla (a. 381)\u2014, en los que fue formulado o promulgado. En ellos se a\u00f1ade tambi\u00e9n que el Esp\u00edritu Santo \u00ab habl\u00f3 por los profetas \u00bb. Son palabras que la Iglesia recibe de la fuente misma de su fe, Jesucristo. En efecto, seg\u00fan el Evangelio de Juan, el Esp\u00edritu Santo nos es dado con la nueva vida, como anuncia y promete Jes\u00fas el d\u00eda grande de la fiesta de los Tabern\u00e1culos: \u00ab &#8221; Si alguno tiene sed, venga a m\u00ed, y beba el que cree en m\u00ed &#8220;, como dice la Escritura: De su seno correr\u00e1n r\u00edos de agua viva \u00bb.1 Y el evangelista explica: \u00ab Esto dec\u00eda refiri\u00e9ndose al Esp\u00edritu que iban a recibir los que creyeran en \u00e9l \u00bb.2 Es el mismo s\u00edmil del agua usado por Jes\u00fas en su coloquio con la Samaritana, cuando habla de una \u00ab fuente de agua que brota para la vida eterna \u00bb,3 y en el coloquio con Nicodemo, cuando anuncia la necesidad de un nuevo nacimiento \u00ab de agua y de Esp\u00edritu \u00bb para \u00ab entrar en el Reino de Dios \u00bb.4<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia, por tanto, instruida por la palabra de Cristo, partiendo de la experiencia de Pentecost\u00e9s y de su historia apost\u00f3lica, proclama desde el principio su fe en el Esp\u00edritu Santo, como aqu\u00e9l que es dador de vida, aqu\u00e9l en el que el inescrutable Dios uno y trino se comunica a los hombres, constituyendo en ellos la fuente de vida eterna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. Esta fe, profesada ininterrumpidamente por la Iglesia, debe ser siempre fortalecida y profundizada en la conciencia del Pueblo de Dios. Durante el \u00faltimo siglo esto ha sucedido varias veces; desde Le\u00f3n XIII, que public\u00f3 la Enc\u00edclica Divinum illud munus (a. 1897) dedicada enteramente al Esp\u00edritu Santo, pasando por P\u00edo XII, que en la Enc\u00edclica Mystici Corporis (a. 1943) se refiri\u00f3 al Esp\u00edritu Santo como principio vital de la Iglesia, en la cual act\u00faa conjuntamente con Cristo, Cabeza del Cuerpo M\u00edstico,5 hasta el Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II, que ha hecho sentir la necesidad de una nueva profundizaci\u00f3n de la doctrina sobre el Esp\u00edritu Santo, como subrayaba Pablo VI: \u00ab A la cristolog\u00eda y especialmente a la eclesiolog\u00eda del Concilio debe suceder un estudio nuevo y un culto nuevo del Esp\u00edritu Santo, justamente como necesario complemento de la doctrina conciliar \u00bb.6<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En nuestra \u00e9poca, pues, estamos de nuevo llamados, por la fe siempre antigua y siempre nueva de la Iglesia, a acercarnos al Esp\u00edritu Santo que es dador de vida. Nos ayuda a ello y nos estimula tambi\u00e9n la herencia com\u00fan con las Iglesias orientales, las cuales han custodiado celosamente las riquezas extraordinarias de las ense\u00f1anzas de los Padres sobre el Esp\u00edritu Santo. Tambi\u00e9n por esto podemos decir que uno de los acontecimientos eclesiales m\u00e1s importantes de los \u00faltimos a\u00f1os ha sido el XVI centenario del I Concilio de Constantinopla, celebrado contempor\u00e1neamente en Constantinopla y en Roma en la solemnidad de Pentecost\u00e9s del 1981. El Esp\u00edritu Santo ha sido comprendido mejor en aquella ocasi\u00f3n, mientras se meditaba sobre el misterio de la Iglesia, como aqu\u00e9l que indica los caminos que llevan a la uni\u00f3n de los cristianos, m\u00e1s a\u00fan, como la fuente suprema de esta unidad, que proviene de Dios mismo y a la que San Pablo dio una expresi\u00f3n particular con las palabras con que frecuentemente se inicia la liturgia eucar\u00edstica: \u00ab La gracia de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, el amor del Padre y la comuni\u00f3n del Esp\u00edritu Santo est\u00e9 con todos vosotros \u00bb.7<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De esta exhortaci\u00f3n han partido, en cierto modo, y en ella se han inspirado las precedentes Enc\u00edclicas Redemptor hominis y Dives in misericordia, las cuales celebran el hecho de nuestra salvaci\u00f3n realizada en el Hijo, enviado por el Padre al mundo, \u00ab para que el mundo se salve por \u00e9l \u00bb 8 y \u00ab toda lengua proclame: Jesucristo es Se\u00f1or, para gloria de Dios Padre \u00bb.9 De esta misma exhortaci\u00f3n arranca ahora la presente Enc\u00edclica sobre el Esp\u00edritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoraci\u00f3n y gloria: \u00e9l es una Persona divina que est\u00e1 en el centro de la fe cristiana y es la fuente y fuerza din\u00e1mica de la renovaci\u00f3n de la Iglesia.10 Esta Enc\u00edclica arranca de la herencia profunda del Concilio. En efecto, los textos conciliares, gracias a su ense\u00f1anza sobre la Iglesia en s\u00ed misma y sobre la Iglesia en el mundo, nos animan a penetrar cada vez m\u00e1s en el misterio trinitario de Dios, siguiendo el itinerario evang\u00e9lico, patr\u00edstico v lit\u00fargico: al Padre, por Cristo, en el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De este modo la Iglesia responde tambi\u00e9n a ciertos deseos profundos, que trata de vislumbrar en el coraz\u00f3n de los hombres de hoy: un nuevo descubrimiento de Dios en su realidad trascendente de Esp\u00edritu infinito, como lo presenta Jes\u00fas a la Samaritana; la necesidad de adorarlo \u00ab en esp\u00edritu y verdad \u00bb; 11 la esperanza de encontrar en \u00e9l el secreto del amor y la fuerza de una \u00ab creaci\u00f3n nueva \u00bb: 12 s\u00ed, precisamente aqu\u00e9l que es dador de vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia se siente llamada a esta misi\u00f3n de anunciar el Esp\u00edritu mientras, junto con la familia humana, se acerca al final del segundo milenio despu\u00e9s de Cristo. En la perspectiva de un cielo y una tierra que \u00ab pasar\u00e1n \u00bb, la Iglesia sabe bien que adquieren especial elocuencia las \u00ab palabras que no pasar\u00e1n \u00bb.13 Son las palabras de Cristo sobre el Esp\u00edritu Santo, fuente inagotable del \u00ab agua que brota para vida eterna \u00bb,14 que es verdad y gracia salvadora. Sobre estas palabras quiere reflexionar y hacia ellas quiere llamar la atenci\u00f3n de los creyentes y de todos los hombres, mientras se prepara a celebrar \u2014como se dir\u00e1 m\u00e1s adelante\u2014 el gran Jubileo que se\u00f1alar\u00e1 el paso del segundo al tercer milenio cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Naturalmente, las consideraciones que siguen no pretenden examinar de modo exhaustivo la riqu\u00edsima doctrina sobre el Esp\u00edritu Santo, ni privilegiar alguna soluci\u00f3n sobre cuestiones todav\u00eda abiertas. Tienen como objetivo principal desarrollar en la Iglesia la conciencia de que en ella \u00ab el Esp\u00edritu Santo la impulsa a cooperar para que se cumpla el designio de Dios, quien constituy\u00f3 a Cristo principio de salvaci\u00f3n para todo el mundo \u00bb.15<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">I PARTE &#8211; EL ESP\u00cdRITU DEL PADRE Y DEL HIJO, DADO A LA IGLESIA<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. Promesa y revelaci\u00f3n de Jes\u00fas durante la Cena pascual<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. Cuando ya era inminente para Jes\u00fas el momento de dejar este mundo, anunci\u00f3 a los ap\u00f3stoles \u00ab otro Par\u00e1clito \u00bb.16 El evangelista Juan, que estaba presente, escribe que Jes\u00fas, durante la Cena pascual anterior al d\u00eda de su pasi\u00f3n y muerte, se dirigi\u00f3 a ellos con estas palabras: \u00ab Todo lo que pid\u00e1is en mi nombre, yo lo har\u00e9, para que el Padre sea glorificado en el Hijo&#8230; y yo pedir\u00e9 al Padre y os dar\u00e1 otro Par\u00e1clito para que est\u00e9 con vosotros para siempre, el Esp\u00edritu de la verdad \u00bb.17<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Precisamente a este Esp\u00edritu de la verdad Jes\u00fas lo llama el Par\u00e1clito, y Par\u00e1kletos quiere decir \u00ab consolador \u00bb, y tambi\u00e9n \u00ab intercesor \u00bb o \u00ab abogado \u00bb. Y dice que es \u00ab otro \u00bb Par\u00e1clito, el segundo, porque \u00e9l mismo, Jes\u00fas, es el primer Par\u00e1clito, 18 al ser el primero que trae y da la Buena Nueva. El Esp\u00edritu Santo viene despu\u00e9s de \u00e9l y gracias a \u00e9l, para continuar en el mundo, por medio de la Iglesia, la obra de la Buena Nueva de salvaci\u00f3n. De esta continuaci\u00f3n de su obra por parte del Esp\u00edritu Santo Jes\u00fas habla m\u00e1s de una vez durante el mismo discurso de despedida, preparando a los ap\u00f3stoles, reunidos en el Cen\u00e1culo, para su partida, es decir, su pasi\u00f3n y muerte en Cruz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las palabras, a las que aqu\u00ed nos referimos, se encuentran en el Evangelio de Juan. Cada una de ellas a\u00f1ade alg\u00fan contenido nuevo a aquel anuncio y a aquella promesa. Al mismo tiempo, est\u00e1n simult\u00e1neamente relacionadas entre s\u00ed no s\u00f3lo por la perspectiva de los mismos acontecimientos, sino tambi\u00e9n por la perspectiva del misterio del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, que quiz\u00e1s en ning\u00fan otro pasaje de la Sagrada Escritura encuentran una expresi\u00f3n tan relevante como \u00e9sta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4. Poco despu\u00e9s del citado anuncio, a\u00f1ade Jes\u00fas: \u00ab Pero el Par\u00e1clito, el Esp\u00edritu Santo, que el Padre enviar\u00e1 en mi nombre, os lo ense\u00f1ar\u00e1 todo y os recordar\u00e1 todo lo que yo he dicho \u00bb.19 El Esp\u00edritu Santo ser\u00e1 el Consolador de los ap\u00f3stoles y de la Iglesia, siempre presente en medio de ellos\u2014aunque invisible\u2014como maestro de la misma Buena Nueva que Cristo anunci\u00f3. Las palabras \u00ab ense\u00f1ar\u00e1 \u00bb y \u00ab recordar\u00e1 \u00bb significan no s\u00f3lo que el Esp\u00edritu, a su manera, seguir\u00e1 inspirando la predicaci\u00f3n del Evangelio de salvaci\u00f3n, sino que tambi\u00e9n ayudar\u00e1 a comprender el justo significado del contenido del mensaje de Cristo, asegurando su continuidad e identidad de comprensi\u00f3n en medio de las condiciones y circunstancias mudables. El Esp\u00edritu Santo, pues, har\u00e1 que en la Iglesia perdure siempre la misma verdad que los ap\u00f3stoles oyeron de su Maestro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5. Los ap\u00f3stoles, al transmitir la Buena Nueva, se unir\u00e1n particularmente al Esp\u00edritu Santo. As\u00ed sigue hablando Jes\u00fas: \u00ab Cuando venga el Par\u00e1clito, que yo os enviar\u00e9 de junto al Padre, el Esp\u00edritu de la verdad, que procede del Padre, \u00e9l dar\u00e1 testimonio de m\u00ed. Pero tambi\u00e9n vosotros dar\u00e9is testimonio, porque est\u00e1is conmigo desde el principio \u00bb.20<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los ap\u00f3stoles fueron testigos directos y oculares. \u00ab Oyeron \u00bb y \u00ab vieron con sus propios ojos \u00bb, \u00ab miraron \u00bb e incluso \u00ab tocaron con sus propias manos \u00bb a Cristo, como se expresa en otro pasaje el mismo evangelista Juan.21 Este testimonio suyo humano, ocular e \u00ab hist\u00f3rico \u00bb sobre Cristo se une al testimonio del Esp\u00edritu Santo: \u00ab El dar\u00e1 testimonio de m\u00ed \u00bb. En el testimonio del Esp\u00edritu de la verdad encontrar\u00e1 el supremo apoyo el testimonio humano de los ap\u00f3stoles. Y luego encontrar\u00e1 tambi\u00e9n en ellos el fundamento interior de su continuidad entre las generaciones de los disc\u00edpulos y de los confesores de Cristo, que se suceder\u00e1n en los siglos posteriores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si la revelaci\u00f3n suprema y m\u00e1s completa de Dios a la humanidad es Jesucristo mismo, el testimonio del Esp\u00edritu de la verdad inspira, garantiza y corrobora su fiel transmisi\u00f3n en la predicaci\u00f3n y en los escritos apost\u00f3licos, 22 mientras que el testimonio de los ap\u00f3stoles asegura su expresi\u00f3n humana en la Iglesia y en la historia de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6. Esto se deduce tambi\u00e9n de la profunda correlaci\u00f3n de contenido y de intenci\u00f3n con el anuncio y la promesa mencionada, que se encuentra en las palabras sucesivas del texto de Juan: \u00ab Mucho podr\u00eda deciros a\u00fan, pero ahora no pod\u00e9is con ello. Cuando venga el Esp\u00edritu de la verdad, os guiar\u00e1 hasta la verdad completa; pues no hablar\u00e1 por su cuenta, sino que hablar\u00e1 lo que oiga, y os anunciar\u00e1 lo que ha de venir \u00bb.23<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con estas palabras Jes\u00fas presenta el Par\u00e1clito. el Esp\u00edritu de la verdad, como el que \u00ab ense\u00f1ar\u00e1 \u00bb y \u00ab recordar\u00e1 \u00bb, como el que \u00ab dar\u00e1 testimonio \u00bb de \u00e9l; luego dice: \u00ab Os guiar\u00e1 hasta la verdad completa \u00bb. Este \u00ab guiar hasta la verdad completa \u00bb, con referencia a lo que dice a los ap\u00f3stoles \u00ab pero ahora no pod\u00e9is con ello \u00bb, est\u00e1 necesariamente relacionado con el anonadamiento de Cristo por medio de la pasi\u00f3n y muerte de Cruz, que entonces, cuando pronunciaba estas palabras, era inminente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s, sin embargo, resulta claro que aquel \u00ab guiar hasta la verdad completa \u00bb se refiere tambi\u00e9n, adem\u00e1s del esc\u00e1ndalo de la cruz, a todo lo que Cristo \u00ab hizo y ense\u00f1\u00f3 \u00bb.24 En efecto, el misterio de Cristo en su globalidad exige la fe ya que \u00e9sta introduce oportunamente al hombre en la realidad del misterio revelado. El \u00ab guiar hasta la verdad completa \u00bb se realiza, pues en la fe y mediante la fe, lo cual es obra del Esp\u00edritu de la verdad y fruto de su acci\u00f3n en el hombre. El Esp\u00edritu Santo debe ser en esto la gu\u00eda suprema del hombre y la luz del esp\u00edritu humano. Esto sirve para los ap\u00f3stoles, testigos oculares, que deben llevar ya a todos los hombres el anuncio de lo que Cristo \u00ab hizo y ense\u00f1\u00f3 \u00bb y, especialmente, el anuncio de su Cruz y de su Resurrecci\u00f3n. En una perspectiva m\u00e1s amplia esto sirve tambi\u00e9n para todas las generaciones de disc\u00edpulos y confesores del Maestro, ya que deber\u00e1n aceptar con fe y confesar con lealtad el misterio de Dios operante en la historia del hombre, el misterio revelado que explica el sentido definitivo de esa misma historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7. Entre el Esp\u00edritu Santo y Cristo subsiste, pues, en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n una relaci\u00f3n \u00edntima por la cual el Esp\u00edritu act\u00faa en la historia del hombre como \u00ab otro Par\u00e1clito \u00bb, asegurando de modo permanente la trasmisi\u00f3n y la irradiaci\u00f3n de la Buena Nueva revelada por Jes\u00fas de Nazaret. Por esto, resplandece la gloria de Cristo en el Esp\u00edritu Santo-Par\u00e1clito, que en el misterio y en la actividad de la Iglesia contin\u00faa incesantemente la presencia hist\u00f3rica del Redentor sobre la tierra y su obra salv\u00edfica, como lo atestiguan las siguientes palabras de Juan: \u00ab El me dar\u00e1 gloria, porque recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo comunicar\u00e1 a vosotros \u00bb.25 Con estas palabras se confirma una vez m\u00e1s todo lo que han dicho los enunciados anteriores. \u00ab Ense\u00f1ar\u00e1 &#8230;, recordar\u00e1 &#8230;, dar\u00e1 testimonio \u00bb. La suprema y completa autorrevelaci\u00f3n de Dios, que se ha realizado en Cristo, atestiguada por la predicaci\u00f3n de los Ap\u00f3stoles, sigue manifest\u00e1ndose en la Iglesia mediante la misi\u00f3n del Par\u00e1clito invisible, el Esp\u00edritu de la verdad. Cu\u00e1n \u00edntimamente esta misi\u00f3n est\u00e9 relacionada con la misi\u00f3n de Cristo y cu\u00e1n plenamente se fundamente en ella misma, consolidando y desarrollando en la historia sus frutos salv\u00edficos, est\u00e1 expresado con el verbo \u00ab recibir \u00bb: \u00ab recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo comunicar\u00e1 \u00bb. Jes\u00fas para explicar la palabra \u00ab recibir\u00e1 \u00bb, poniendo en clara evidencia la unidad divina y trinitaria de la fuente, a\u00f1ade: \u00ab Todo lo que tiene el Padre es m\u00edo. Por eso os he dicho: Recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo comunicar\u00e1 a vosotros \u00bb.26 Tomando de lo \u00ab m\u00edo \u00bb, por eso mismo recibir\u00e1 de \u00ab lo que es del Padre \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la luz pues de aquel \u00ab recibir\u00e1 \u00bb se pueden explicar todav\u00eda las otras palabras significativas sobre el Esp\u00edritu Santo, pronunciadas por Jes\u00fas en el Cen\u00e1culo antes de la Pascua: \u00ab Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendr\u00e1 a vosotros el Par\u00e1clito; pero si me voy, os lo enviar\u00e9; y cuando \u00e9l venga, convencer\u00e1 al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio \u00bb.27 Convendr\u00e1 dedicar todav\u00eda a estas palabras una reflexi\u00f3n aparte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">8. Una caracter\u00edstica del texto jo\u00e1nico es que el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo son llamados claramente Personas; la primera es distinta de la segunda y de la tercera, y \u00e9stas tambi\u00e9n lo son entre s\u00ed. Jes\u00fas habla del Esp\u00edritu Par\u00e1clito usando varias veces el pronombre personal \u00ab \u00e9l \u00bb; y al mismo tiempo, en todo el discurso de despedida, descubre los lazos que unen rec\u00edprocamente al Padre, al Hijo y al Par\u00e1clito. Por tanto, \u00ab el Esp\u00edritu &#8230; procede del Padre \u00bb 28 y el Padre \u00ab dar\u00e1 \u00bb el Esp\u00edritu.29 El Padre \u00ab enviar\u00e1 \u00bb el Esp\u00edritu en nombre del Hijo, 30 el Esp\u00edritu \u00ab dar\u00e1 testimonio \u00bb del Hijo.31 El Hijo pide al Padre que env\u00ede el Esp\u00edritu Par\u00e1clito,32 pero afirma y promete, adem\u00e1s, en relaci\u00f3n con su \u00ab partida \u00bb a trav\u00e9s de la Cruz: \u00ab Si me voy, os lo enviar\u00e9 \u00bb.33 As\u00ed pues, el Padre env\u00eda el Esp\u00edritu Santo con el poder de su paternidad, igual que ha enviado al Hijo,34 y al mismo tiempo lo env\u00eda con la fuerza de la redenci\u00f3n realizada por Cristo; en este sentido el Esp\u00edritu Santo es enviado tambi\u00e9n por el Hijo: \u00ab os lo enviar\u00e9 \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Conviene notar aqu\u00ed que si todas las dem\u00e1s promesas hechas en el Cen\u00e1culo anunciaban la venida del Esp\u00edritu Santo despu\u00e9s de la partida de Cristo, la contenida en el texto de Juan comprende y subraya claramente tambi\u00e9n la relaci\u00f3n de interdependencia, que se podr\u00eda llamar causal, entre la manifestaci\u00f3n de ambos: \u00ab Pero si me voy, os le enviar\u00e9 \u00bb. El Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 cuando Cristo se haya ido por medio de la Cruz; vendr\u00e1 no s\u00f3lo despu\u00e9s, sino como causa de la redenci\u00f3n realizada por Cristo, por voluntad y obra del Padre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">9. As\u00ed, en el discurso pascual de despedida se llega \u2014puede decirse\u2014 al culmen de la revelaci\u00f3n trinitaria. Al mismo tiempo, nos encontramos ante unos acontecimientos definitivos y unas palabras supremas, que al final se traducir\u00e1n en el gran mandato misional dirigido a los ap\u00f3stoles y, por medio de ellos, a la Iglesia: \u00ab Id, pues, y haced disc\u00edpulos a todas las gentes \u00bb, mandato que encierra, en cierto modo, la f\u00f3rmula trinitaria del bautismo: \u00ab bautiz\u00e1ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo \u00bb.35 Esta f\u00f3rmula refleja el misterio \u00edntimo de Dios y de su vida divina, que es el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo, divina unidad de la Trinidad. Se puede leer este discurso como una preparaci\u00f3n especial a esta f\u00f3rmula trinitaria, en la que se expresa la fuerza vivificadora del Sacramento que obra la participaci\u00f3n en la vida de Dios uno y trino, porque da al hombre la gracia santificante como don sobrenatural. Por medio de ella \u00e9ste es llamado y hecho \u00ab capaz \u00bb de participar en la inescrutable vida de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">10. Dios, en su vida \u00edntima, \u00ab es amor \u00bb,36 amor esencial, com\u00fan a las tres Personas divinas. EL Esp\u00edritu Santo es amor personal como Esp\u00edritu del Padre y del Hijo. Por esto \u00ab sondea hasta las profundidades de Dios \u00bb,37 como Amor-don increado. Puede decirse que en el Esp\u00edritu Santo la vida \u00edntima de Dios uno y trino se hace enteramente don, intercambio del amor rec\u00edproco entre las Personas divinas, y que por el Esp\u00edritu Santo Dios \u00ab existe \u00bb como don. El Esp\u00edritu Santo es pues la expresi\u00f3n personal de esta donaci\u00f3n, de este ser-amor.38 Es Persona-amor. Es Persona-don. Tenemos aqu\u00ed una riqueza insondable de la realidad y una profundizaci\u00f3n inefable del concepto de persona en Dios, que solamente conocemos por la Revelaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al mismo tiempo, el Esp\u00edritu Santo, consustancial al Padre y al Hijo en la divinidad, es amor y don (increado) del que deriva como de una fuente (fons vivus) toda d\u00e1diva a las criaturas (don creado): la donaci\u00f3n de la existencia a todas las cosas mediante la creaci\u00f3n; la donaci\u00f3n de la gracia a los hombres mediante toda la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n. Como escribe el ap\u00f3stol Pablo: \u00ab El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo que nos ha sido dado \u00bb.39<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. La donaci\u00f3n salv\u00edfica de Dios por el Esp\u00edritu Santo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">11. El discurso de despedida de Cristo durante la Cena pascual se refiere particularmente a este \u00ab dar \u00bb y \u00ab darse \u00bb del Esp\u00edritu Santo. En el Evangelio de Juan se descubre la \u00ab l\u00f3gica \u00bb m\u00e1s profunda del misterio salv\u00edfico contenido en el designio eterno de Dios como expansi\u00f3n de la inefable comuni\u00f3n del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo. Es la \u00ab l\u00f3gica \u00bb divina, que del misterio de la Trinidad lleva al misterio de la Redenci\u00f3n del mundo por medio de Jesucristo. La Redenci\u00f3n realizada por el Hijo en el \u00e1mbito de la historia terrena del hombre \u2014realizada por su \u00ab partida \u00bb a trav\u00e9s de la Cruz y Resurrecci\u00f3n\u2014 es al mismo tiempo, en toda su fuerza salv\u00edfica, transmitida al Esp\u00edritu Santo: que \u00ab recibir\u00e1 de lo m\u00edo \u00bb.40 Las palabras del texto jo\u00e1nico indican que, seg\u00fan el designio divino, la \u00ab partida \u00bb de Cristo es condici\u00f3n indispensable del \u00ab env\u00edo \u00bb y de la venida del Esp\u00edritu Santo, indican que entonces comienza la nueva comunicaci\u00f3n salv\u00edfica por el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">12. Es un nuevo inicio en relaci\u00f3n con el primero, \u2014inicio originario de la donaci\u00f3n salv\u00edfica de Dios\u2014 que se identifica con el misterio de la creaci\u00f3n. As\u00ed leemos ya en las primeras p\u00e1ginas del libro del G\u00e9nesis: \u00ab En el principio cre\u00f3 Dios los cielos y la tierra &#8230; y el Esp\u00edritu de Dios (ruah Elohim) aleteaba por encima de las aguas \u00bb.41 Este concepto b\u00edblico de creaci\u00f3n comporta no s\u00f3lo la llamada del ser mismo del cosmos a la existencia, es decir, el dar la existencia, sino tambi\u00e9n la presencia del Esp\u00edritu de Dios en la creaci\u00f3n, o sea, el inicio de la comunicaci\u00f3n salv\u00edfica de Dios a las cosas que crea. Lo cual es v\u00e1lido ante todo para el hombre, que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios: \u00ab Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra \u00bb.42 \u00ab Hagamos \u00bb, \u00bfse puede considerar que el plural, que el Creador usa aqu\u00ed hablando de s\u00ed mismo, sugiera ya de alguna manera el misterio trinitario, la presencia de la Trinidad en la obra de la creaci\u00f3n del hombre? El lector cristiano, que conoce ya la revelaci\u00f3n de este misterio, puede tambi\u00e9n descubrir su reflejo en estas palabras. En cualquier caso, el contexto nos permite ver en la creaci\u00f3n del hombre el primer inicio de la donaci\u00f3n salv\u00edfica de Dios a la medida de su \u00ab imagen y semejanza \u00bb, que ha concedido al hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">13. Parece, pues, que las palabras pronunciadas por Jes\u00fas en el discurso de despedida deben ser le\u00eddas tambi\u00e9n con referencia a aquel \u00ab inicio \u00bb tan lejano, pero fundamental, que conocemos por el G\u00e9nesis. \u00ab Si no me voy, no vendr\u00e1 a vosotros el Par\u00e1clito; pero si me voy, os lo enviar\u00e9 \u00bb. Cristo, describiendo su \u00ab partida \u00bb como condici\u00f3n de la \u00ab venida \u00bb del Par\u00e1clito, une el nuevo inicio de la comunicaci\u00f3n salv\u00edfica de Dios por el Esp\u00edritu Santo con el misterio de la Redenci\u00f3n. Este es un nuevo inicio, ante todo porque entre el primer inicio y toda la historia del hombre, \u2014empezando por la ca\u00edda original\u2014, se ha interpuesto el pecado, que es contrario a la presencia del Esp\u00edritu de Dios en la creaci\u00f3n y es, sobre todo, contrario a la comunicaci\u00f3n salv\u00edfica de Dios al hombre. Escribe San Pablo que, precisamente a causa del pecado, \u00ab la creaci\u00f3n &#8230; fue sometida a la vanidad&#8230; gimiendo hasta el presente y sufre dolores de parto \u00bb y \u00ab desea vivamente la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios \u00bb.43<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">14. Por eso Jesucristo dice en el Cen\u00e1culo: \u00ab Os conviene que yo me vaya \u00bb; \u00ab Si me voy, os lo enviar\u00e9 \u00bb.44 La \u00ab partida \u00bb de Cristo a trav\u00e9s de la Cruz tiene la fuerza de la Redenci\u00f3n; y esto significa tambi\u00e9n una nueva presencia del Esp\u00edritu de Dios en la creaci\u00f3n: el nuevo inicio de la comunicaci\u00f3n de Dios al hombre por el Esp\u00edritu Santo. \u00ab La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Esp\u00edritu de su Hijo que clama: \u00a1Abb\u00e1 Padre! \u00bb, escribe el ap\u00f3stol Pablo en la Carta a los G\u00e1latas.45 El Esp\u00edritu Santo es el Esp\u00edritu del Padre, como atestiguan las palabras del discurso de despedida en el Cen\u00e1culo. Es, al mismo tiempo, el Esp\u00edritu del Hijo: es el Esp\u00edritu de Jesucristo, como atestiguar\u00e1n los ap\u00f3stoles y especialmente Pablo de Tarso.46 Con el env\u00edo de este Esp\u00edritu \u00ab a nuestros corazones \u00bb comienza a cumplirse lo que \u00ab la creaci\u00f3n desea vivamente \u00bb, como leemos en la Carta a los Romanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Esp\u00edritu viene a costa de la \u00ab partida \u00bb de Cristo. Si esta \u00ab partida \u00bb caus\u00f3 la tristeza de los ap\u00f3stoles,47 y \u00e9sta deb\u00eda llegar a su culmen en la pasi\u00f3n y muerte del Viernes Santo, a su vez esta \u00ab tristeza se convertir\u00e1 en gozo \u00bb.48 En efecto, Cristo insertar\u00e1 en su \u00ab partida \u00bb redentora la gloria de la resurrecci\u00f3n y de la ascensi\u00f3n al Padre. Por tanto la tristeza, a trav\u00e9s de la cual aparece el gozo, es la parte que toca a los ap\u00f3stoles en el marco de la \u00ab partida \u00bb de su Maestro, una partida \u00ab conveniente \u00bb, porque gracias a ella vendr\u00eda otro \u00ab Par\u00e1clito \u00bb.49 A costa de la Cruz redentora y por la fuerza de todo el misterio pascual de Jesucristo, el Esp\u00edritu Santo viene para quedar se desde el d\u00eda de Pentecost\u00e9s con los Ap\u00f3stoles, para estar con la Iglesia y en la Iglesia y, por medio de ella, en el mundo. De este modo se realiza definitivamente aquel nuevo inicio de la comunicaci\u00f3n de Dios uno y trino en el Esp\u00edritu Santo por obra de Jesucristo, Redentor del Hombre y del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4. El Mes\u00edas ungido con el Esp\u00edritu Santo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">15. Se realiza as\u00ed completamente la misi\u00f3n del Mes\u00edas, que recibi\u00f3 la plenitud del Esp\u00edritu Santo para el Pueblo elegido de Dios y para toda la humanidad. \u00ab Mes\u00edas \u00bb literalmente significa \u00ab Cristo \u00bb, es decir \u00ab ungido \u00bb; y en la historia de la salvaci\u00f3n significa \u00ab ungido con el Esp\u00edritu Santo \u00bb. Esta era la tradici\u00f3n prof\u00e9tica del Antiguo Testamento. Sigui\u00e9ndola, Sim\u00f3n Pedro dir\u00e1 en casa de Cornelio: \u00ab Vosotros sab\u00e9is lo sucedido en toda Judea &#8230; despu\u00e9s que Juan predic\u00f3 el bautismo; como Dios a Jes\u00fas de Nazaret le ungi\u00f3 con el Esp\u00edritu Santo y con poder \u00bb.50<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde estas palabras de Pedro y otras muchas parecidas 51 conviene remontarse ante todo a la profec\u00eda de Isa\u00edas, llamada a veces \u00ab el quinto evangelio \u00bb o bien el \u00ab evangelio del Antiguo Testamento \u00bb. Aludiendo a la venida de un personaje misterioso, que la revelaci\u00f3n neotestamentaria identificar\u00e1 con Jes\u00fas, Isa\u00edas relaciona la persona y su misi\u00f3n con una acci\u00f3n especial del Esp\u00edritu de Dios, Esp\u00edritu del Se\u00f1or. Dice as\u00ed el Profeta:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab Saldr\u00e1 un v\u00e1stago del tronco de Jes\u00e9<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">y un reto\u00f1o de sus ra\u00edces brotar\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Reposar\u00e1 sobre \u00e9l el esp\u00edritu del Se\u00f1or:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">esp\u00edritu de sabidur\u00eda e inteligencia,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">esp\u00edritu de consejo y fortaleza,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">esp\u00edritu de ciencia y de temor del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y le inspirar\u00e1 en el temor del Se\u00f1or \u00bb.52<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este texto es importante para toda la pneumatolog\u00eda del Antiguo Testamento, porque constituye como un puente entre el antiguo concepto b\u00edblico de \u00ab esp\u00edritu \u00bb, entendido ante todo como \u00ab aliento carism\u00e1tico \u00bb, y el \u00ab Esp\u00edritu \u00bb como persona y como don, don para la persona. El Mes\u00edas de la estirpe de David (\u00ab del tronco de Jes\u00e9 \u00bb) es precisamente aquella persona sobre la que \u00ab se posar\u00e1 \u00bb el Esp\u00edritu del Se\u00f1or. Es obvio que en este caso todav\u00eda no se puede hablar de la revelaci\u00f3n del Par\u00e1clito; sin embargo, con aquella alusi\u00f3n velada a la figura del futuro Mes\u00edas se abre, por decirlo de alg\u00fan modo, la v\u00eda sobre la que se prepara la plena revelaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en la unidad del misterio trinitario, que se manifestar\u00e1 finalmente en la Nueva Alianza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">16. El Mes\u00edas es precisamente esta v\u00eda. En la Antigua Alianza la unci\u00f3n era un s\u00edmbolo externo del don del Esp\u00edritu. El Mes\u00edas (mucho m\u00e1s que cualquier otro personaje ungido en la Antigua Alianza) es el \u00fanico gran Ungido por Dios mismo. Es el Ungido en el sentido de que posee la plenitud del Esp\u00edritu de Dios. El mismo ser\u00e1 tambi\u00e9n el mediador al conceder este Esp\u00edritu a todo el Pueblo. En efecto, dice el Profeta con estas palabras:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab El Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">por cuanto que me ha ungido el Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A anunciar la buena nueva a los pobres me ha a enviado,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">a vendar los corazones rotos;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">a pregonar a los cautivos la liberaci\u00f3n,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">y a los reclusos la libertad;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">a pregonar a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or \u00bb.53<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Ungido es tambi\u00e9n enviado \u00ab con el Esp\u00edritu del Se\u00f1or \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab Ahora el Se\u00f1or Dios me env\u00eda con su esp\u00edritu\u00bb.54<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Seg\u00fan el libro de Isa\u00edas, el Ungido y el Enviado junto con el Esp\u00edritu del Se\u00f1or es tambi\u00e9n el Siervo elegido del Se\u00f1or, sobre el que se posa el Esp\u00edritu de Dios:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab He aqu\u00ed a mi siervo a quien sostengo,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">mi elegido en quien se complace mi alma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">He puesto mi esp\u00edritu sobre \u00e9l \u00bb.55<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se sabe que el Siervo del Se\u00f1or es presentado en el Libro de Isa\u00edas como el verdadero var\u00f3n de dolores: el Mes\u00edas doliente por los pecados del mundo.56 Y a la vez es precisamente aqu\u00e9l cuya misi\u00f3n traer\u00e1 verdaderos frutos de salvaci\u00f3n para toda la humanidad:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab Dictar\u00e1 ley a las naciones &#8230; \u00bb; 57 y ser\u00e1 \u00ab alianza del pueblo y luz de las gentes &#8230; \u00bb; 58 \u00ab para que mi salvaci\u00f3n alcance hasta los confines de la tierra \u00bb.59<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya que:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab Mi esp\u00edritu que ha venido sobre ti<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">y mis palabras que he puesto en tus labios<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">no caer\u00e1n de tu boca ni de la boca de tu descendencia<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">ni de la boca de la descendencia de tu descendencia,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">dice el Se\u00f1or, desde ahora y para siempre \u00bb.60<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los textos prof\u00e9ticos expuestos aqu\u00ed deben ser le\u00eddos por nosotros a la luz del Evangelio, como a su vez el Nuevo Testamento recibe una particular clarificaci\u00f3n por la admirable luz contenida en estos textos veterotestamentarios. El profeta presenta al Mes\u00edas como aqu\u00e9l que viene por el Esp\u00edritu Santo, como aqu\u00e9l que posee la plenitud de este Esp\u00edritu en s\u00ed y, al mismo tiempo, para los dem\u00e1s, para Israel, para todas las naciones y para toda la humanidad. La plenitud del Esp\u00edritu de Dios est\u00e1 acompa\u00f1ada de m\u00faltiples dones, los de la salvaci\u00f3n, destinados de modo particular a los pobres y a los que sufren, a todos los que abren su coraz\u00f3n a estos dones, a veces mediante las dolorosas experiencias de su propia existencia, pero ante todo con aquella disponibilidad interior que viene de la fe. Esto intu\u00eda el anciano Sime\u00f3n, \u00ab hombre justo y piadoso \u00bb ya que \u00ab estaba en \u00e9l el Esp\u00edritu Santo \u00bb, en el momento de la presentaci\u00f3n de Jes\u00fas en el Templo, cuando descubr\u00eda en \u00e9l la \u00ab salvaci\u00f3n preparada a la vista de todos los pueblos \u00bb a costa del gran sufrimiento \u2014la Cruz\u2014 que hab\u00eda de abrazar acompa\u00f1ado por su Madre.61 Esto intu\u00eda todav\u00eda mejor la Virgen Mar\u00eda, que \u00ab hab\u00eda concebido del Esp\u00edritu Santo \u00bb,62 cuando meditaba en su coraz\u00f3n los \u00ab misterios \u00bb del Mes\u00edas al que estaba asociada.63<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">17. Conviene subrayar aqu\u00ed claramente que el \u00ab Esp\u00edritu del Se\u00f1or \u00bb, que \u00ab se posa \u00bb sobre el futuro Mes\u00edas, es ante todo un don de Dios para la persona de aquel Siervo del Se\u00f1or. Pero \u00e9ste no es una persona aislada e independiente, porque act\u00faa por voluntad del Se\u00f1or en virtud de su decisi\u00f3n u opci\u00f3n. Aunque a la luz de los textos de Isa\u00edas la actuaci\u00f3n salv\u00edfica del Mes\u00edas, Siervo del Se\u00f1or, encierra en s\u00ed la acci\u00f3n del Esp\u00edritu que se manifiesta a trav\u00e9s de \u00e9l mismo, sin embargo en el contexto veterotestamentario no est\u00e1 sugerida la distinci\u00f3n de los sujetos o de las personas divinas, tal como subsisten en el misterio trinitario y son reveladas luego en el Nuevo Testamento. Tanto en Isa\u00edas como en el resto del Antiguo Testamento la personalidad del Esp\u00edritu Santo est\u00e1 totalmente \u00ab escondida \u00bb: escondida en la revelaci\u00f3n del \u00fanico Dios, as\u00ed como tambi\u00e9n en el anuncio del futuro Mes\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">18. Jesucristo se referir\u00e1 a este anuncio, contenido en las palabras de Isa\u00edas, al comienzo de su actividad mesi\u00e1nica. Esto acaecer\u00e1 en Nazaret mismo donde hab\u00eda transcurrido treinta a\u00f1os de su vida en la casa de Jos\u00e9, el carpintero junto a Mar\u00eda, su Madre Virgen. Cuando se present\u00f3 la ocasi\u00f3n de tomar la palabra en la Sinagoga, abriendo el libro de Isa\u00edas encontr\u00f3 el pasaje en que estaba escrito: \u00ab EL Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed, por cuanto que me ha ungido el Se\u00f1or \u00bb y despu\u00e9s de haber le\u00eddo este fragmento dijo a los presentes: \u00ab Esta Escritura que acab\u00e1is de o\u00edr, se ha cumplido hoy \u00bb.64 De este modo confes\u00f3 y proclam\u00f3 ser el que \u00ab fue ungido \u00bb por el Padre, ser el Mes\u00edas, es decir Cristo, en quien mora el Esp\u00edritu Santo como don de Dios mismo, aqu\u00e9l que posee la plenitud de este Esp\u00edritu, aqu\u00e9l que marca el \u00ab nuevo inicio \u00bb del don que Dios hace a la humanidad con el Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5. Jes\u00fas de Nazaret \u00ab elevado \u00bb por el Esp\u00edritu Santo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">19. Aunque en Nazaret, su patria, Jes\u00fas no es acogido como Mes\u00edas, sin embargo, al comienzo de su actividad p\u00fablica, su misi\u00f3n mesi\u00e1nica por el Esp\u00edritu Santo es revelada al pueblo por Juan el Bautista. Este, hijo de Zacar\u00edas y de Isabel, anuncia en el Jord\u00e1n la venida del Mes\u00edas y administra el bautismo de penitencia. Dice al respecto: \u00ab Yo os bautizo con agua; pero viene el que es m\u00e1s fuerte que yo, y yo no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizar\u00e1 en Esp\u00edritu Santo y fuego \u00bb.65<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Juan Bautista anuncia al Mes\u00edas-Cristo no s\u00f3lo como el que \u00ab viene \u00bb por el Esp\u00edritu Santo, sino tambi\u00e9n como el que \u00ab lleva \u00bb el Esp\u00edritu Santo, como Jes\u00fas revelar\u00e1 mejor en el Cen\u00e1culo. Juan es aqu\u00ed el eco fiel de las palabras de Isa\u00edas, que en el antiguo Profeta miraban al futuro, mientras que en su ense\u00f1anza a orillas del Jord\u00e1n constituyen la introducci\u00f3n inmediata en la nueva realidad mesi\u00e1nica. Juan no es solamente un profeta sino tambi\u00e9n un mensajero, es el precursor de Cristo. Lo que Juan anuncia se realiza a la vista de todos. Jes\u00fas de Nazaret va al Jord\u00e1n para recibir tambi\u00e9n el bautismo de penitencia. Al ver que llega, Juan proclama: \u00ab He ah\u00ed el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo \u00bb.66 Dice esto por inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo,67 atestiguando el cumplimiento de la profec\u00eda de Isa\u00edas. Al mismo tiempo confiesa la fe en la misi\u00f3n redentora de Jes\u00fas de Nazaret. \u00ab Cordero de Dios \u00bb en boca de Juan Bautista es una expresi\u00f3n de la verdad sobre el Redentor, no menos significativa de la usada por Isa\u00edas: \u00ab Siervo del Se\u00f1or \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, por el testimonio de Juan en el Jord\u00e1n, Jes\u00fas de Nazaret, rechazado por sus conciudadanos, es elevado ante Israel como Mes\u00edas, es decir \u00ab Ungido \u00bb con el Esp\u00edritu Santo. Y este testimonio es corroborado por otro testimonio de orden superior mencionado por los Sin\u00f3pticos. En efecto, cuando todo el pueblo fue bautizado y mientras Jes\u00fas despu\u00e9s de recibir el bautismo estaba en oraci\u00f3n, \u00ab se abri\u00f3 el cielo y baj\u00f3 sobre \u00e9l el Esp\u00edritu Santo en forma corporal, como una paloma \u00bb 68 y al mismo tiempo \u00ab vino una voz del cielo: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco \u00bb.69<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es una teofan\u00eda trinitaria que atestigua la exaltaci\u00f3n de Cristo con ocasi\u00f3n del bautismo en el Jord\u00e1n, la cual no s\u00f3lo confirma el testimonio de Juan Bautista, sino que descubre una dimensi\u00f3n todav\u00eda m\u00e1s profunda de la verdad sobre Jes\u00fas de Nazaret como Mes\u00edas. El Mes\u00edas es el Hijo predilecto del Padre. Su exaltaci\u00f3n solemne no se reduce a la misi\u00f3n mesi\u00e1nica del \u00ab Siervo del Se\u00f1or \u00bb. A la luz de la teofan\u00eda del Jord\u00e1n, esta exaltaci\u00f3n alcanza el misterio de la Persona misma del Mes\u00edas. El es exaltado porque es el Hijo de la divina complacencia. La voz de lo alto dice: \u00ab mi Hijo \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">20. La teofan\u00eda del Jord\u00e1n ilumina s\u00f3lo fugazmente el misterio de Jes\u00fas de Nazaret cuya actividad entera se desarrollar\u00e1 bajo la presencia viva del Esp\u00edritu Santo.70 Este misterio habr\u00eda sido manifestado por Jes\u00fas mismo y confirmado gradualmente a trav\u00e9s de todo lo que \u00ab hizo y ense\u00f1\u00f3 \u00bb.71 En la l\u00ednea de esta ense\u00f1anza y de los signos mesi\u00e1nicos que Jes\u00fas hizo antes de llegar al discurso de despedida en el Cen\u00e1culo, encontramos unos acontecimientos y palabras que constituyen momentos particularmente importantes de esta progresiva revelaci\u00f3n. As\u00ed el evangelista Lucas, que ya ha presentado a Jes\u00fas \u00ab lleno de Esp\u00edritu Santo \u00bb y \u00ab conducido por el Esp\u00edritu en el desierto \u00bb,72 nos hace saber que, despu\u00e9s del regreso de los setenta y dos disc\u00edpulos de la misi\u00f3n confiada por el Maestro,73 mientras llenos de gozo narraban los frutos de su trabajo, \u00ab en aquel momento, se llen\u00f3 de gozo Jes\u00fas en el Esp\u00edritu Santo, y dijo: &#8220;Yo te bendigo, Padre, Se\u00f1or del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a peque\u00f1os. S\u00ed, Padre, pues tal ha sido tu benepl\u00e1cito&#8221; \u00bb.74 Jes\u00fas se alegra por la paternidad divina, se alegra porque le ha sido posible revelar esta paternidad; se alegra, finalmente, por la especial irradiaci\u00f3n de esta paternidad divina sobre los \u00ab peque\u00f1os \u00bb. Y el evangelista califica todo esto como \u00ab gozo en el Esp\u00edritu Santo \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este \u00ab gozo \u00bb, en cierto modo, impulsa a Jes\u00fas a decir todav\u00eda: \u00ab Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quien es el Hijo sino el Padre; y quien es el Padre sino el Hijo, y aqu\u00e9l a quien se lo quiera revelar \u00bb.75<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">21. Lo que durante la teofan\u00eda del Jord\u00e1n vino en cierto modo \u00ab desde fuera \u00bb, desde lo alto aqu\u00ed proviene \u00ab desde dentro \u00bb, es decir, desde la profundidad de lo que es Jes\u00fas. Es otra revelaci\u00f3n del Padre y del Hijo, unidos en el Esp\u00edritu Santo. Jes\u00fas habla solamente de la paternidad de Dios y de su propia filiaci\u00f3n; no habla directamente del Esp\u00edritu que es amor y, por tanto, uni\u00f3n del Padre y del Hijo. Sin embargo, lo que dice del Padre y de s\u00ed como Hijo brota de la plenitud del Esp\u00edritu que est\u00e1 en \u00e9l y que se derrama en su coraz\u00f3n, penetra su mismo \u00ab yo \u00bb, inspira y vivifica profundamente su acci\u00f3n. De ah\u00ed aquel \u00ab gozarse en el Esp\u00edritu Santo \u00bb. La uni\u00f3n de Cristo con el Esp\u00edritu Santo, de la que tiene perfecta conciencia, se expresa en aquel \u00ab gozo \u00bb, que en cierto modo hace \u00ab perceptible \u00bb su fuente arcana. Se da as\u00ed una particular manifestaci\u00f3n y exaltaci\u00f3n, que es propia del Hijo del Hombre, de Cristo-Mes\u00edas, cuya humanidad pertenece a la persona del Hijo de Dios, substancialmente uno con el Esp\u00edritu Santo en la divinidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la magn\u00edfica confesi\u00f3n de la paternidad de Dios, Jes\u00fas de Nazaret manifiesta tambi\u00e9n a s\u00ed mismo su \u00ab yo \u00bb divino; efectivamente, \u00e9l es el Hijo \u00ab de la misma naturaleza \u00bb, y por tanto \u00ab nadie conoce quien es el Hijo sino el Padre; y quien es el Padre sino el Hijo \u00bb, aquel Hijo que \u00ab por nosotros los hombres y por nuestra salvaci\u00f3n \u00bb se hizo hombre por obra del Esp\u00edritu Santo y naci\u00f3 de una virgen, cuyo nombre era Mar\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6. Cristo resucitado dice: \u00ab Recibid el Esp\u00edritu Santo \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">22. Gracias a su narraci\u00f3n Lucas nos acerca a la verdad contenida en el discurso del Cen\u00e1culo. Jes\u00fas de Nazaret, \u00ab elevado \u00bb por el Esp\u00edritu Santo, durante este discurso-coloquio, se manifiesta como el que \u00ab trae \u00bb el Esp\u00edritu, como el que debe llevarlo y \u00ab darlo \u00bb a los ap\u00f3stoles y a la Iglesia a costa de su \u00ab partida \u00bb a trav\u00e9s de la cruz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El verbo \u00ab traer \u00bb aqu\u00ed quiere decir, ante todo, \u00ab revelar \u00bb. En el Antiguo Testamento, desde el Libro del G\u00e9nesis, el esp\u00edritu de Dios fue de alguna manera dado a conocer primero como \u00ab soplo \u00bb de Dios que da vida, como \u00ab soplo vital \u00bb sobrenatural. En el libro de Isa\u00edas es presentado como un \u00ab don \u00bb para la persona del Mes\u00edas, como el que se posa sobre \u00e9l, para guiar interiormente toda su actividad salv\u00edfica. Junto al Jord\u00e1n, el anuncio de Isa\u00edas ha tomado una forma concreta: Jes\u00fas de Nazaret es el que viene por el Esp\u00edritu Santo y lo trae como don propio de su misma persona, para comunicarlo a trav\u00e9s de su humanidad: \u00ab El os bautizar\u00e1 en Esp\u00edritu Santo \u00bb.76 En el Evangelio de Lucas se encuentra confirmada y enriquecida esta revelaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, como fuente \u00edntima de la vida y acci\u00f3n mesi\u00e1nica de Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la luz de lo que Jes\u00fas dice en el discurso del Cen\u00e1culo, el Esp\u00edritu Santo es revelado de una manera nueva y m\u00e1s plena. Es no s\u00f3lo el don a la persona (a la persona del Mes\u00edas), sino que es una Persona-don. Jes\u00fas anuncia su venida como la de \u00ab otro Par\u00e1clito \u00bb, el cual, siendo el Esp\u00edritu de la verdad, guiar\u00e1 a los ap\u00f3stoles y a la Iglesia \u00ab hacia la verdad completa \u00bb.77 Esto se realizar\u00e1 en virtud de la especial comuni\u00f3n entre el Esp\u00edritu Santo y Cristo: \u00ab Recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1 a vosotros \u00bb.78 Esta comuni\u00f3n tiene su fuente primaria en el Padre: \u00ab Todo lo que tiene el Padre es m\u00edo. Por eso os he dicho: que recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1 a vosotros \u00bb.79 Procediendo del Padre, el Esp\u00edritu Santo es enviado por el Padre.80 El Esp\u00edritu Santo ha sido enviado antes como don para el Hijo que se ha hecho hombre, para cumplir las profec\u00edas mesi\u00e1nicas. Seg\u00fan el texto jo\u00e1nico, despu\u00e9s de la \u00ab partida \u00bb de Cristo-Hijo, el Esp\u00edritu Santo \u00ab vendr\u00e1 \u00bb directamente \u2014es su nueva misi\u00f3n\u2014 a completar la obra del Hijo. As\u00ed llevar\u00e1 a t\u00e9rmino la nueva era de la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">23. Nos encontramos en el umbral de los acontecimientos pascuales. La revelaci\u00f3n nueva y definitiva del Esp\u00edritu Santo como Persona, que es el don, se realiza precisamente en este momento Los acontecimientos pascuales \u2014pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo\u2014 son tambi\u00e9n el tiempo de la nueva venida del Esp\u00edritu Santo, como Par\u00e1clito y Esp\u00edritu de la verdad. Son el tiempo del \u00ab nuevo inicio \u00bb de la comunicaci\u00f3n de Dios uno y trino a la humanidad en el Esp\u00edritu Santo, por obra de Cristo Redentor. Este nuevo inicio es la redenci\u00f3n del mundo: \u00ab Tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico \u00bb.81 Ya en el \u00ab dar \u00bb el Hijo, en este don del Hijo, se expresa la esencia m\u00e1s profunda de Dios, el cual, como Amor, es la fuente inagotable de esta d\u00e1diva. En el don hecho por el Hijo se completan la revelaci\u00f3n y la d\u00e1diva del amor eterno: el Esp\u00edritu Santo, que en la inescrutable profundidad de la divinidad es una Persona-don, por obra del Hijo, es decir, mediante el misterio pascual es dado de un modo nuevo a los ap\u00f3stoles y a la Iglesia y, por medio de ellos, a la humanidad y al mundo entero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">24. La expresi\u00f3n definitiva de este misterio tiene lugar el d\u00eda de la Resurrecci\u00f3n. Este d\u00eda, Jes\u00fas de Nazaret, \u00ab nacido del linaje de David \u00bb, como escribe el ap\u00f3stol Pablo, es \u00ab constituido Hijo de Dios con poder, seg\u00fan el Esp\u00edritu de santidad, por su resurrecci\u00f3n de entre los muertos \u00bb.82 Puede decirse, por consiguiente, que la \u00ab elevaci\u00f3n \u00bb mesi\u00e1nica de Cristo por el Esp\u00edritu Santo alcanza su culmen en la Resurrecci\u00f3n, en la cual se revela tambi\u00e9n como Hijo de Dios, \u00ab lleno de poder \u00bb. Y este poder, cuyas fuentes brotan de la inescrutable comuni\u00f3n trinitaria, se manifiesta ante todo en el hecho de que Cristo resucitado, si por una parte realiza la promesa de Dios expresada ya por boca del Profeta: \u00ab Os dar\u00e9 un coraz\u00f3n nuevo, infundir\u00e9 en vosotros un esp\u00edritu nuevo, &#8230; mi esp\u00edritu \u00bb,83 por otra cumple su misma promesa hecha a los ap\u00f3stoles con las palabras: a Si me voy, os lo enviar\u00e9 \u00bb.84 Es \u00e9l: el Esp\u00edritu de la verdad, el Par\u00e1clito enviado por Cristo resucitado para transformarnos en su misma imagen de resucitado.85<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab Al atardecer de aquel primer d\u00eda de la semana, estando cerradas, por miedo a los jud\u00edos, las puertas del lugar donde se encontraban los disc\u00edpulos, se present\u00f3 Jes\u00fas en medio de ellos y les dijo: &#8220;La paz con vosotros&#8221;. Dicho esto, les mostr\u00f3 las manos y el costado. Los disc\u00edpulos se alegraron de ver al Se\u00f1or. Jes\u00fas repiti\u00f3: &#8220;La paz con vosotros. Como el Padre me envi\u00f3, tambi\u00e9n yo os env\u00edo&#8221;. Dicho esto, sopl\u00f3 sobre ellos y les dijo: &#8220;Recibid el Esp\u00edritu Santo&#8221; \u00bb.86<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todos los detalles de este texto-clave del Evangelio de Juan tienen su elocuencia, especialmente si los releemos con referencia a las palabras pronunciadas en el mismo Cen\u00e1culo al comienzo de los acontecimientos pascuales. Tales acontecimientos \u2014el triduo sacro de Jes\u00fas, que el Padre ha consagrado con la unci\u00f3n y enviado al mundo\u2014 alcanzan ya su cumplimiento. Cristo, que \u00ab hab\u00eda entregado el esp\u00edritu en la cruz \u00bb87 como Hijo del hombre y Cordero de Dios, una vez resucitado va donde los ap\u00f3stoles para \u00ab soplar sobre ellos \u00bb con el poder del que habla la Carta a los Romanos.88 La venida del Se\u00f1or llena de gozo a los presentes: \u00ab Su tristeza se convierte en gozo \u00bb,89 como ya hab\u00eda prometido antes de su pasi\u00f3n. Y sobre todo se verifica el principal anuncio del discurso de despedida: Cristo resucitado, como si preparara una nueva creaci\u00f3n, \u00ab trae \u00bb el Esp\u00edritu Santo a los ap\u00f3stoles. Lo trae a costa de su \u00ab partida \u00bb; les da este Esp\u00edritu como a trav\u00e9s de las heridas de su crucifixi\u00f3n: \u00ab les mostr\u00f3 las manos y el costado \u00bb. En virtud de esta crucifixi\u00f3n les dice: \u00ab Recibid el Esp\u00edritu Santo \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se establece as\u00ed una relaci\u00f3n profunda entre el env\u00edo del Hijo y el del Esp\u00edritu Santo. No se da el env\u00edo del Esp\u00edritu Santo (despu\u00e9s del pecado original) sin la Cruz y la Resurrecci\u00f3n: \u00ab Si no me voy, no vendr\u00e1 a vosotros el Par\u00e1clito \u00bb.90 Se establece tambi\u00e9n una relaci\u00f3n \u00edntima entre la misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo y la del Hijo en la Redenci\u00f3n. La misi\u00f3n del Hijo, en cierto modo, encuentra su \u00ab cumplimiento \u00bb en la Redenci\u00f3n: \u00ab Recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1 a vosotros \u00bb.91 La Redenci\u00f3n es realizada totalmente por el Hijo, el Ungido, que ha venido y actuado con el poder del Esp\u00edritu Santo, ofreci\u00e9ndose finalmente en sacrificio supremo sobre el madero de la Cruz. Y esta Redenci\u00f3n, al mismo tiempo, es realizada constantemente en los corazones y en las conciencias humanas \u2014en la historia del mundo\u2014 por el Esp\u00edritu Santo, que es el \u00ab otro Par\u00e1clito \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7. El Esp\u00edritu Santo y la era de la Iglesia<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">25. \u00ab Consumada la obra que el Padre encomend\u00f3 realizar al Hijo sobre la tierra (cf. Jn 17, 4) fue enviado el Esp\u00edritu Santo el d\u00eda de Pentecost\u00e9s a fin de santificar indefinidamente a la Iglesia y para que de este modo los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo Esp\u00edritu (cf. Ef 2, 18). El es el Esp\u00edritu de vida o la fuente de agua que salta hasta la vida eterna (cf. Jn 4, 14; 7, 38-39), por quien el Padre vivifica a los hombres, muertos por el pecado, hasta que resucite sus cuerpos mortales en Cristo (cf. Rom 8, 10-11 ) \u00bb.92<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De este modo el Concilio Vaticano II habla del nacimiento de la Iglesia el d\u00eda de Pentecost\u00e9s. Tal acontecimiento constituye la manifestaci\u00f3n definitiva de lo que se hab\u00eda realizado en el mismo Cen\u00e1culo el domingo de Pascua. Cristo resucitado vino y \u00ab trajo \u00bb a los ap\u00f3stoles el Esp\u00edritu Santo. Se lo dio diciendo: \u00ab Recibid el Esp\u00edritu Santo \u00bb. Lo que hab\u00eda sucedido entonces en el interior del Cen\u00e1culo, \u00ab estando las puertas cerradas \u00bb, m\u00e1s tarde, el d\u00eda de Pentecost\u00e9s es manifestado tambi\u00e9n al exterior, ante los hombres. Se abren las puertas del Cen\u00e1culo y los ap\u00f3stoles se dirigen a los habitantes y a los peregrinos venidos a Jerusal\u00e9n con ocasi\u00f3n de la fiesta, para dar testimonio de Cristo por el poder del Esp\u00edritu Santo. De este modo se cumple el anuncio: \u00ab El dar\u00e1 testimonio de m\u00ed. Pero tambi\u00e9n vosotros dar\u00e9is testimonio, porque est\u00e1is conmigo desde el principio \u00bb.93<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Leemos en otro documento del Vaticano II: \u00ab El Esp\u00edritu Santo obraba ya, sin duda, en el mundo antes de que Cristo fuera glorificado. Sin embargo, el d\u00eda de Pentecost\u00e9s descendi\u00f3 sobre los disc\u00edpulos para permanecer con ellos para siempre; la Iglesia se manifest\u00f3 p\u00fablicamente ante la multitud; comenz\u00f3 la difusi\u00f3n del Evangelio por la predicaci\u00f3n entre los paganos \u00bb.94<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La era de la Iglesia empez\u00f3 con la \u00ab venida \u00bb, es decir, con la bajada del Esp\u00edritu Santo sobre los ap\u00f3stoles reunidos en el Cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n junto con Mar\u00eda, la Madre del Se\u00f1or.95 Dicha era empez\u00f3 en el momento en que las promesas y las profec\u00edas, que expl\u00edcitamente se refer\u00edan al Par\u00e1clito, el Esp\u00edritu de la verdad, comenzaron a verificarse con toda su fuerza y evidencia sobre los ap\u00f3stoles, determinando as\u00ed el nacimiento de la Iglesia. De esto hablan ampliamente y en muchos pasajes los Hechos de los Ap\u00f3stoles de los cu\u00e1les resulta que, seg\u00fan la conciencia de la primera comunidad , cuyas convicciones expresa Lucas, el Esp\u00edritu Santo asumi\u00f3 la gu\u00eda invisible \u2014pero en cierto modo \u00abperceptible\u00bb\u2014 de quienes, despu\u00e9s de la partida del Se\u00f1or Jes\u00fas, sent\u00edan profundamente que hab\u00edan quedado hu\u00e9rfanos. Estos, con la venida del Esp\u00edritu Santo, se sintieron id\u00f3neos para realizar la misi\u00f3n que se les hab\u00eda confiado. Se sintieron llenos de fortaleza. Precisamente esto obr\u00f3 en ellos el Esp\u00edritu Santo, y lo sigue obrando continuamente en la Iglesia, mediante sus sucesores. Pues la gracia del Esp\u00edritu Santo, que los ap\u00f3stoles dieron a sus colaboradores con la imposici\u00f3n de las manos, sigue siendo transmitida en la ordenaci\u00f3n episcopal. Luego los Obispos, con el sacramento del Orden hacen part\u00edcipes de este don espiritual a los ministros sagrados y proveen a que, mediante el sacramento de la Confirmaci\u00f3n, sean corroborados por \u00e9l todos los renacidos por el agua y por el Esp\u00edritu; as\u00ed, en cierto modo, se perpet\u00faa en la Iglesia la gracia de Pentecost\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como escribe el Concilio, \u00abel Esp\u00edritu habita en la Iglesia y en el coraz\u00f3n de los fieles como en un templo (cf. 1 Cor 3, 16; 6,19), y en ellos ora y da testimonio de su adopci\u00f3n como hijos (cf. G\u00e1l 4, 6; Rom 8, 15-16.26). Gu\u00eda a la Iglesia a toda la verdad (cf. Jn 16, 13), la unifica en comuni\u00f3n y misterio, la provee y gobierna con diversos dones jer\u00e1rquicos y carism\u00e1ticos y la embellece con sus frutos (cf. Ef 4, 11-12; 1 Cor 12, 4; G\u00e1l 5, 22) con la fuerza del Evangelio rejuvenece la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la uni\u00f3n consumada con su Esposo \u00bb.96<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">26. Los pasajes citados por la Constituci\u00f3n conciliar Lumen gentium nos indica que, con la venida del Esp\u00edritu Santo, empez\u00f3 la era de la Iglesia. Nos indican tambi\u00e9n que esta era, la era de la Iglesia, perdura. Perdura a trav\u00e9s de los siglos y las generaciones. En nuestro siglo en el que la humanidad se est\u00e1 acercando al final del segundo milenio despu\u00e9s de Cristo, esta \u00abera de la Iglesia\u00bb, se ha manifestado de manera especial por medio del Concilio Vaticano II, como concilio de nuestro siglo. En efecto, se sabe que \u00e9ste ha sido especialmente un concilio \u00ab eclesiol\u00f3gico \u00bb, un concilio sobre el tema de la Iglesia. Al mismo tiempo, la ense\u00f1anza de este concilio es esencialmente \u00ab pneumatol\u00f3gica \u00bb, impregnada por la verdad sobre el Esp\u00edritu Santo, como alma de la Iglesia. Podemos decir que el Concilio Vaticano II en su rico magisterio contiene propiamente todo lo \u00ab que el Esp\u00edritu dice a las Iglesias \u00bb 97 en la fase presente de la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siguiendo la gu\u00eda del Esp\u00edritu de la verdad y dando testimonio junto con \u00e9l, el Concilio ha dado una especial ratificaci\u00f3n de la presencia del Esp\u00edritu Santo Par\u00e1clito. En cierto modo, lo ha hecho nuevamente \u00ab presente \u00bb en nuestra dif\u00edcil \u00e9poca. A la luz de esta convicci\u00f3n se comprende mejor la gran importancia de todas las iniciativas que miran a la realizaci\u00f3n del Vaticano II, de su magisterio y de su orientaci\u00f3n pastoral y ecum\u00e9nica. En este sentido deben ser tambi\u00e9n consideradas y valoradas las sucesivas Asambleas del S\u00ednodo de los Obispos, que tratan de hacer que los frutos de la verdad y del amor \u2014aut\u00e9nticos frutos del Esp\u00edritu Santo\u2014 sean un bien duradero del Pueblo de Dios en su peregrinaci\u00f3n terrena en el curso de los siglos. Es indispensable este trabajo de la Iglesia orientado a la verificaci\u00f3n y consolidaci\u00f3n de los frutos salv\u00edficos del Esp\u00edritu, otorgados en el Concilio. A este respecto conviene saber \u00ab discernirlos \u00bb atentamente de todo lo que contrariamente puede provenir sobre todo del \u00ab pr\u00edncipe de este mundo \u00bb.98 Este discernimiento es tanto m\u00e1s necesario en la realizaci\u00f3n de la obra del Concilio ya que se ha abierto ampliamente al mundo actual, como aparece claramente en las importantes Constituciones conciliares Gaudium et spes y Lumen gentium.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Leemos en la Constituci\u00f3n pastoral: \u00ab La comunidad cristiana (de los disc\u00edpulos de Cristo) est\u00e1 integrada por hombres que, reunidos en Cristo son guiados por el Esp\u00edritu Santo en su peregrinar hacia el Reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvaci\u00f3n para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente \u00edntima y realmente solidaria del g\u00e9nero humano y de su historia \u00bb.99 \u00ab Bien sabe la Iglesia que s\u00f3lo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones m\u00e1s profundas del coraz\u00f3n humano, el cual nunca se sacia plenamente con solos los elementos terrenos \u00bb.100 \u00ab El Esp\u00edritu de Dios &#8230; con admirable providencia gu\u00eda el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra \u00bb.101<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">II PARTE &#8211; EL ESP\u00cdRITU QUE CONVENCE AL MUNDO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">EN LO REFERENTE AL PECADO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. Pecado, justicia y juicio<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">27. Cuando Jes\u00fas, durante el discurso del Cen\u00e1culo, anuncia la venida del Esp\u00edritu Santo \u00ab a costa \u00bb de su partida y promete: \u00ab Si me voy, os lo enviar\u00e9 \u00bb, precisamente en el mismo contexto a\u00f1ade: \u00ab Y cuando \u00e9l venga, convencer\u00e1 al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio \u00bb.102 El mismo Par\u00e1clito y Esp\u00edritu de la verdad, \u2014que ha sido prometido como el que \u00ab ense\u00f1ar\u00e1 \u00bb y \u00ab recordar\u00e1 \u00bb, que \u00ab dar\u00e1 testimonio \u00bb, que \u00ab guiar\u00e1 hasta la verdad completa \u00bb\u2014, con las palabras citadas ahora es anunciado como el que \u00ab convencer\u00e1 al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Significativo parece tambi\u00e9n el contexto Jes\u00fas relaciona este anuncio del Esp\u00edritu Santo con las palabras que indican su propia \u00ab partida \u00bb a trav\u00e9s de la Cruz, e incluso subraya su necesidad: \u00ab Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendr\u00e1 a vosotros el Par\u00e1clito \u00bb.103<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero lo m\u00e1s interesante es la explicaci\u00f3n que Jes\u00fas a\u00f1ade a estas palabras: pecado, justicia, juicio. Dice en efecto: \u00ab El convencer\u00e1 al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en m\u00ed; en lo referente a la justicia, porque me voy al Padre, y ya no me ver\u00e9is; en lo referente al juicio, porque el Pr\u00edncipe de este mundo est\u00e1 juzgado \u00bb.104<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el pensamiento de Jes\u00fas el pecado, la justicia y el juicio tienen un sentido muy preciso, distinto del que quiz\u00e1s alguno ser\u00eda propenso a atribuir a estas palabras, independientemente de la explicaci\u00f3n de quien habla. Esta explicaci\u00f3n indica tambi\u00e9n c\u00f3mo conviene entender aquel \u00ab convencer al mundo \u00bb, que es propio de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. Aqu\u00ed es importante tanto el significado de cada palabra, como el hecho de que Jes\u00fas las haya unido entre s\u00ed en la misma frase.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este pasaje \u00ab el pecado \u00bb, significa la incredulidad que Jes\u00fas encontr\u00f3 entre los \u00ab suyos \u00bb, empezando por sus conciudadanos de Nazaret. Significa el rechazo de su misi\u00f3n que llevar\u00e1 a los hombres a condenarlo a muerte. Cuando seguidamente habla de \u00ab la justicia \u00bb, Jes\u00fas parece que piensa en la justicia definitiva, que el Padre le dar\u00e1 rode\u00e1ndolo con la gloria de la resurrecci\u00f3n y de la ascensi\u00f3n al cielo: \u00ab Voy al Padre \u00bb. A su vez, en el contexto del \u00ab pecado \u00bb y de la \u00ab justicia \u00bb entendidos as\u00ed, \u00ab el juicio \u00bb significa que el Esp\u00edritu de la verdad demostrar\u00e1 la culpa del \u00ab mundo \u00bb en la condena de Jes\u00fas a la muerte en Cruz. Sin embargo, Cristo no vino al mundo s\u00f3lo para juzgarlo y condenarlo: \u00e9l vino para salvarlo.105 El convencer en lo referente al pecado y a la justicia tiene como finalidad la salvaci\u00f3n del mundo y la salvaci\u00f3n de los hombres. Precisamente esta verdad parece estar subrayada por la afirmaci\u00f3n de que \u00ab el juicio \u00bb se refiere solamente al \u00ab Pr\u00edncipe de este mundo \u00bb, es decir, Satan\u00e1s, el cual desde el principio explota la obra de la creaci\u00f3n contra la salvaci\u00f3n, contra la alianza y la uni\u00f3n del hombre con Dios: \u00e9l est\u00e1 \u00ab ya juzgado \u00bb desde el principio. Si el Esp\u00edritu Par\u00e1clito debe convencer al mundo precisamente en lo referente al juicio, es para continuar en \u00e9l la obra salv\u00edfica de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">28. Queremos concentrar ahora nuestra atenci\u00f3n principalmente sobre esta misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que consiste en \u00ab convencer al mundo en lo referente al pecado \u00bb, pero respetando al mismo tiempo el contexto de las palabras de Jes\u00fas en el Cen\u00e1culo. El Esp\u00edritu Santo, que recibe del Hijo la obra de la Redenci\u00f3n del mundo, recibe con ello mismo la tarea del salv\u00edfico \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb. Este convencer se refiere constantemente a la \u00ab justicia \u00bb, es decir, a la salvaci\u00f3n definitiva en Dios, al cumplimiento de la econom\u00eda que tiene como centro a Cristo crucificado y glorificado. Y esta econom\u00eda salv\u00edfica de Dios sustrae, en cierto modo, al hombre del \u00ab juicio, o sea de la condenaci\u00f3n \u00bb, con la que ha sido castigado el pecado de Satan\u00e1s, \u00ab Pr\u00edncipe de este mundo \u00bb, quien por raz\u00f3n de su pecado se ha convertido en \u00ab dominador de este mundo tenebroso \u00bb 106 y he aqu\u00ed que, mediante esta referencia al \u00ab juicio \u00bb, se abren amplios horizontes para la comprensi\u00f3n del \u00ab pecado \u00bb as\u00ed como de la \u00ab justicia \u00bb. El Esp\u00edritu Santo, al mostrar en el marco de la Cruz de Cristo \u00ab el pecado \u00bb en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n (podr\u00eda decirse \u00ab el pecado salvado \u00bb), hace comprender que su misi\u00f3n es la de \u00ab convencer \u00bb tambi\u00e9n en lo referente al pecado que ya ha sido juzgado definitivamente (\u00ab el pecado condenado \u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">29. Todas las palabras, pronunciadas por el Redentor en el Cen\u00e1culo la v\u00edspera de su pasi\u00f3n, se inscriben en la era de la Iglesia: ante todo, las dichas sobre el Esp\u00edritu Santo como Par\u00e1clito y Esp\u00edritu de la verdad. Estas se inscriben en ella de un modo siempre nuevo a lo largo de cada generaci\u00f3n y de cada \u00e9poca. Esto ha sido confirmado, respecto a nuestro siglo, por el conjunto de las ense\u00f1anzas del Concilio Vaticano II, especialmente en la Constituci\u00f3n pastoral \u00ab Gaudium et spes \u00bb. Muchos pasajes de este documento se\u00f1alan con claridad que el Concilio, abri\u00e9ndose a la luz del Esp\u00edritu de la verdad, se presenta como el aut\u00e9ntico depositario de los anuncios y de las promesas hechas por Cristo a los ap\u00f3stoles y a la Iglesia en el discurso de despedida; de modo particular, del anuncio, seg\u00fan el cual el Esp\u00edritu Santo debe \u00ab convencer al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto lo se\u00f1ala ya el texto en el que el Concilio explica c\u00f3mo entiende el \u00ab mundo \u00bb: \u00ab Tiene, pues, ante s\u00ed la Iglesia (el Concilio mismo) al mundo, esto es la entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que \u00e9sta vive; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias; el mundo, que los cristianos creen fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero liberado por Cristo, crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que el mundo se transforme seg\u00fan el prop\u00f3sito divino y llegue a su consumaci\u00f3n \u00bb.107 Respecto a este texto tan sint\u00e9tico es necesario leer en la misma Constituci\u00f3n otros pasajes, que tratan de mostrar con todo el realismo de la fe la situaci\u00f3n del pecado en el mundo contempor\u00e1neo y explicar tambi\u00e9n su esencia partiendo de diversos puntos de vista.108<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando Jes\u00fas, la v\u00edspera de Pascua, habla del Esp\u00edritu Santo, que \u00ab convencer\u00e1 al mundo en lo referente al pecado \u00bb, por un lado se debe dar a esta afirmaci\u00f3n el alcance m\u00e1s amplio posible, porque comprende el conjunto de los pecados en la historia de la humanidad. Por otro lado, sin embargo, cuando Jes\u00fas explica que este pecado consiste en el hecho de que \u00ab no creen en \u00e9l \u00bb, este alcance parece reducirse a los que rechazaron la misi\u00f3n mesi\u00e1nica del Hijo del Hombre, conden\u00e1ndole a la muerte de Cruz. Pero es dif\u00edcil no advertir que este aspecto m\u00e1s \u00ab reducido \u00bb e hist\u00f3ricamente preciso del significado del pecado se extienda hasta asumir un alcance universal por la universalidad de la Redenci\u00f3n, que se ha realizado por medio de la Cruz. La revelaci\u00f3n del misterio de la Redenci\u00f3n abre el camino a una comprensi\u00f3n en la que cada pecado, realizado en cualquier lugar y momento, hace referencia a la Cruz de Cristo y por tanto, indirectamente tambi\u00e9n al pecado de quienes \u00ab no han cre\u00eddo en \u00e9l \u00bb, condenando a Jesucristo a la muerte de Cruz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde este punto de vista es conveniente volver al acontecimiento de Pentecost\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. El testimonio del d\u00eda de Pentecost\u00e9s<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">30. El d\u00eda de Pentecost\u00e9s encontraron su m\u00e1s exacta y directa confirmaci\u00f3n los anuncios de Cristo en el discurso de despedida y, en particular, el anuncio del que estamos tratando: \u00ab El Par\u00e1clito&#8230; convencer\u00e1 al mundo en la referente al pecado \u00bb. Aquel d\u00eda, sobre los ap\u00f3stoles recogidos en oraci\u00f3n junto a Mar\u00eda, Madre de Jes\u00fas, baj\u00f3 el Esp\u00edritu Santo prometido, como leemos en los Hechos de los Ap\u00f3stoles: \u00ab Quedaron todos llenos del Esp\u00edritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, seg\u00fan el Esp\u00edritu les conced\u00eda expresarse \u00bb,109 \u00ab volviendo a conducir de este modo a la unidad las razas dispersas, ofreciendo al Padre las primicias de todas las naciones \u00bb.110<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es evidente la relaci\u00f3n entre este acontecimiento y el anuncio de Cristo. En \u00e9l descubrimos el primero y fundamental cumplimiento de la promesa del Par\u00e1clito. Este viene, enviado por el Padre, \u00ab despu\u00e9s \u00bb de la partida de Cristo, como \u00ab precio \u00bb de ella. Esta es primero una partida a trav\u00e9s de la muerte de Cruz, y luego, cuarenta d\u00edas despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, con su ascensi\u00f3n al Cielo. A\u00fan en el momento de la Ascensi\u00f3n Jes\u00fas mand\u00f3 a los ap\u00f3stoles \u00ab que no se ausentasen de Jerusal\u00e9n, sino que aguardasen la Promesa del Padre \u00bb; \u00ab ser\u00e9is bautizados en el Esp\u00edritu Santo dentro de pocos d\u00edas \u00bb; \u00ab recibir\u00e9is la fuerza del Esp\u00edritu Santo, que vendr\u00e1 sobre vosotros, y ser\u00e9is mis testigos en Jerusal\u00e9n, en toda Judea y Samar\u00eda, y hasta los confines de la tierra \u00bb.111<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas palabras \u00faltimas encierran un eco o un recuerdo del anuncio hecho en el Cen\u00e1culo. Y el d\u00eda de Pentecost\u00e9s este anuncio se cumple fielmente. Actuando bajo el influjo del Esp\u00edritu Santo, recibido por los ap\u00f3stoles durante la oraci\u00f3n en el Cen\u00e1culo ante una muchedumbre de diversas lenguas congregada para la fiesta, Pedro se presenta y habla. Proclama lo que ciertamente no habr\u00eda tenido el valor de decir anteriormente: \u00ab Israelitas &#8230; Jes\u00fas de Nazaret, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y se\u00f1ales que Dios hizo por su medio entre vosotros&#8230; a \u00e9ste, que fue entregado seg\u00fan el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros lo matasteis clav\u00e1ndole en la cruz por mano de los imp\u00edos; a \u00e9ste, pues, Dios lo resucit\u00f3 libr\u00e1ndole de los dolores de la muerte, pues no era posible que quedase bajo su dominio \u00bb.112<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jes\u00fas hab\u00eda anunciado y prometido: \u00ab El dar\u00e1 testimonio de m\u00ed&#8230; pero tambi\u00e9n vosotros dar\u00e9is testimonio \u00bb. En el primer discurso de Pedro en Jerusal\u00e9n este \u00ab testimonio \u00bb encuentra su claro comienzo: es el testimonio sobre Cristo crucificado y resucitado. El testimonio del Esp\u00edritu Par\u00e1clito y de los ap\u00f3stoles. Y en el contenido mismo de aquel primer testimonio, el Esp\u00edritu de la verdad por boca de Pedro \u00ab convence al mundo en lo referente al pecado \u00bb: ante todo, respecto al pecado que supone el rechazo de Cristo hasta la condena a muerte y hasta la Cruz en el G\u00f3lgota. Proclamaciones de contenido similar se repetir\u00e1n, seg\u00fan el libro de los Hechos de los Ap\u00f3stoles, en otras ocasiones y en distintos lugares.113<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">31. Desde este testimonio inicial de Pentecost\u00e9s, la acci\u00f3n del Esp\u00edritu de la verdad, que \u00ab convence al mundo en lo referente al pecado \u00bb del rechazo de Cristo, est\u00e1 vinculada de manera inseparable al testimonio del misterio pascual: misterio del Crucificado y Resucitado. En esta vinculaci\u00f3n el mismo \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb manifiesta la propia dimensi\u00f3n salv\u00edfica. En efecto, es un \u00ab convencimiento \u00bb que no tiene como finalidad la mera acusaci\u00f3n del mundo, ni mucho menos su condena. Jesucristo no ha venido al mundo para juzgarlo y condenarlo, sino para salvarlo.114 Esto est\u00e1 ya subrayado en este primer discurso cuando Pedro exclama: \u00ab Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Se\u00f1or y Cristo a este Jes\u00fas a quien vosotros hab\u00e9is crucificado \u00bb.115 Y a continuaci\u00f3n, cuando los presentes preguntan a Pedro y a los dem\u00e1s ap\u00f3stoles: \u00ab \u00bfQu\u00e9 hemos de hacer, hermanos? \u00bb \u00e9l les responde: \u00ab Convert\u00edos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisi\u00f3n de vuestros pecados; y recibir\u00e9is el don del Esp\u00edritu Santo \u00bb.116<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De este modo el \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb llega a ser a la vez un convencer sobre la remisi\u00f3n de los pecados, por virtud del Esp\u00edritu Santo. Pedro en su discurso de Jerusal\u00e9n exhorta a la conversi\u00f3n, como Jes\u00fas exhortaba a sus oyentes al comienzo de su actividad mesi\u00e1nica.117 La conversi\u00f3n exige la convicci\u00f3n del pecado, contiene en s\u00ed el juicio interior de la conciencia, y \u00e9ste, siendo una verificaci\u00f3n de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu de la verdad en la intimidad del hombre, llega a ser al mismo tiempo el nuevo comienzo de la d\u00e1diva de la gracia y del amor: a Recibid el Esp\u00edritu Santo \u00bb.118 As\u00ed pues en este \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb descubrimos una doble d\u00e1diva: el don de la verdad de la conciencia y el don de la certeza de la redenci\u00f3n. El Esp\u00edritu de la verdad es el Par\u00e1clito. El convencer en lo referente al pecado, mediante el ministerio de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica en la Iglesia naciente, es relacionado \u2014bajo el impulso del Esp\u00edritu derramado en Pentecost\u00e9s\u2014 con el poder redentor de Cristo crucificado y resucitado. De este modo se cumple la promesa referente al Esp\u00edritu Santo hecha antes de Pascua: \u00ab recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1 a vosotros \u00bb. Por tanto, cuando Pedro, durante el acontecimiento de Pentecost\u00e9s, habla del pecado de aquellos que \u00ab no creyeron \u00bb 119 y entregaron a una muerte ignominiosa a Jes\u00fas de Nazaret, da testimonio de la victoria sobre el pecado; victoria que se ha alcanzado, en cierto modo, mediante el pecado m\u00e1s grande que el hombre pod\u00eda cometer: la muerte de Jes\u00fas, Hijo de Dios, consubstancial al Padre. De modo parecido, la muerte del Hijo de Dios vence la muerte humana: \u00ab Ser\u00e9 tu muerte, oh muerte \u00bb.120 Como el pecado de haber crucificado al Hijo de Dios \u00ab vence \u00bb el pecado humano. Aquel pecado que se consum\u00f3 el d\u00eda de Viernes Santo en Jerusal\u00e9n y tambi\u00e9n cada pecado del hombre. Pues, al pecado m\u00e1s grande del hombre corresponde, en el coraz\u00f3n del Redentor, la oblaci\u00f3n del amor supremo, que supera el mal de todos los pecados de los hombres. En base a esta creencia, la Iglesia en la liturgia romana no duda en repetir cada a\u00f1o, en el transcurso de la vigilia Pascual, \u00ab Oh feliz culpa \u00bb, en el anuncio de la resurrecci\u00f3n hecho por el di\u00e1cono con el canto del \u00ab Exsultet \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">32. Sin embargo, de esta verdad inefable nadie puede \u00ab convencer al mundo \u00bb, al hombre y a la conciencia humana , sino es el Esp\u00edritu de la verdad. El es el Esp\u00edritu que \u00ab sondea hasta las profundidades de Dios \u00bb.121 Ante el misterio del pecado se deben sondear totalmente \u00ab las profundidades de Dios \u00bb. No basta sondear la conciencia humana, como misterio \u00edntimo del hombre, sino que se debe penetrar en el misterio \u00edntimo de Dios, en aquellas \u00ab profundidades de Dios \u00bb que se resumen en la s\u00edntesis: al Padre, en el Hijo, por medio del Esp\u00edritu Santo. Es precisamente el Esp\u00edritu Santo que las \u00ab sondea \u00bb y de ellas saca la respuesta de Dios al pecado del hombre. Con esta respuesta se cierra el procedimiento de \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb, como pone en evidencia el acontecimiento de Pentecost\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al convencer al \u00ab mundo \u00bb del pecado del G\u00f3lgota \u2014la muerte del Cordero inocente\u2014, como sucede el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, el Esp\u00edritu Santo convence tambi\u00e9n de todo pecado cometido en cualquier lugar y momento de la historia del hombre, pues demuestra su relaci\u00f3n con la cruz de Cristo. El \u00ab convencer \u00bb es la demostraci\u00f3n del mal del pecado, de todo pecado en relaci\u00f3n con la Cruz de Cristo. El pecado, presentado en esta relaci\u00f3n, es reconocido en la dimensi\u00f3n completa del mal, que le es caracter\u00edstica por el \u00ab misterio de la impiedad \u00bb 122 que contiene y encierra en s\u00ed. El hombre no conoce esta dimensi\u00f3n, \u2014no la conoce absolutamente\u2014 fuera de la Cruz de Cristo. Por consiguiente, no puede ser \u00ab convencido \u00bb de ello sino es por el Esp\u00edritu Santo: Esp\u00edritu de la verdad y, a la vez, Par\u00e1clito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, el pecado, puesto en relaci\u00f3n con la Cruz de Cristo, al mismo tiempo es identificado por la plena dimensi\u00f3n del \u00ab misterio de la piedad \u00bb,123 como ha se\u00f1alado la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica postsinodal \u00ab Reconciliatio et paenitentia \u00bb.124 El hombre tampoco conoce absolutamente esta dimensi\u00f3n del pecado fuera de la Cruz de Cristo. Y tampoco puede ser \u00ab convencido \u00bb de ella sino es por el Esp\u00edritu Santo: por el cual sondea las profundidades de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. El testimonio del principio: la realidad originaria del pecado<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">33. Es la dimensi\u00f3n del pecado que encontramos en el testimonio del principio, recogido en el Libro del G\u00e9nesis. 125 Es el pecado que, seg\u00fan la palabra de Dios revelada, constituye el principio y la ra\u00edz de todos los dem\u00e1s. Nos encontramos ante la realidad originaria del pecado en la historia del hombre y, a la vez, en el conjunto de la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n. Se puede decir que en este pecado comienza el misterio de la impiedad, pero que tambi\u00e9n este es el pecado, respecto al cual el poder redentor del misterio de la piedad llega a ser particularmente transparente y eficaz. Esto lo expresa San Pablo, cuando a la \u00ab desobediencia \u00bb del primer Ad\u00e1n contrapone la \u00ab obediencia \u00bb de Cristo, segundo Ad\u00e1n: \u00ab La obediencia hasta la muerte \u00bb.126<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Seg\u00fan el testimonio de del principio, el pecado en su realidad originaria se dio en la voluntad \u2014y en la conciencia\u2014 del hombre, ante todo, como \u00ab desobediencia \u00bb, es decir, como oposici\u00f3n de la voluntad del hombre a la voluntad de Dios. Esta desobediencia originaria presupone el rechazo o, por lo menos, el alejamiento de la verdad contenida en la Palabra de Dios, que crea el mundo. Esta Palabra es el mismo Verbo, que \u00ab en el principio estaba en Dios \u00bb y que \u00ab era Dios \u00bb y sin \u00e9l no se hizo nada de cuanto existe \u00bb, porque \u00ab el mundo fue hecho por \u00e9l \u00bb.127 El Verbo es tambi\u00e9n ley eterna, fuente de toda ley, que regula el mundo y, de modo especial, los actos humanos. Pues, cuando Jes\u00fas, la v\u00edspera de su pasi\u00f3n, habla del pecado de los que \u00ab no creen en \u00e9l \u00bb, en estas palabras suyas llenas de dolor encontramos como un eco lejano de aquel pecado, que en su forma originaria se inserta oscuramente en el misterio mismo de la creaci\u00f3n. El que habla, pues, es no s\u00f3lo el Hijo del hombre, sino que es tambi\u00e9n el \u00ab Primog\u00e9nito de toda la creaci\u00f3n \u00bb, \u00ab en \u00e9l fueron creadas todas las cosas &#8230; todo fue creado por \u00e9l y para \u00e9l \u00bb. 128 A la luz de esta verdad se comprende que la \u00ab desobediencia \u00bb, en el misterio del principio, presupone en cierto modo la misma \u00ab no-fe \u00bb, aquel mismo \u00ab no creyeron \u00bb que volver\u00e1 a repetirse ante el misterio pascual. Como hemos dicho ya, se trata del rechazo o, por lo menos, del alejamiento de la verdad contenida en la Palabra del Padre. El rechazo se expresa pr\u00e1cticamente como \u00ab desobediencia \u00bb, en un acto realizado como efecto de la tentaci\u00f3n, que proviene del \u00ab padre de la mentira \u00bb.129 Por tanto, en la ra\u00edz del pecado humano est\u00e1 la mentira como radical rechazo de la verdad contenida en el Verbo del Padre, mediante el cual se expresa la amorosa omnipotencia del Creador: la omnipotencia y a la vez el amor de Dios Padre, \u00ab creador de cielo y tierra \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">34. El \u00ab esp\u00edritu de Dios \u00bb, que seg\u00fan la descripci\u00f3n b\u00edblica de la creaci\u00f3n \u00ab aleteaba por encima de las aguas \u00bb,130 indica el mismo \u00ab Esp\u00edritu que sondea hasta las profundidades de Dios \u00bb, sondea las profundidades del Padre y del Verbo-Hijo en el misterio de la creaci\u00f3n. No s\u00f3lo es el testigo directo de su mutuo amor, del que deriva la creaci\u00f3n, sino que \u00e9l mismo es este amor. El mismo, como amor, es el eterno don increado. En \u00e9l se encuentra la fuente y el principio de toda d\u00e1diva a las criaturas. El testimonio del principio, que encontramos en toda la revelaci\u00f3n comenzando por el Libro del G\u00e9nesis, es un\u00edvoco al respecto. Crear quiere decir llamar a la existencia desde la nada; por tanto, crear quiere decir dar la existencia. Y si el mundo visible es creado para el hombre, por consiguiente el mundo es dado al hombre.131 Y contempor\u00e1neamente el mismo hombre en su propia humanidad recibe como don una especial \u00ab imagen y semejanza \u00bb de Dios. Esto significa no s\u00f3lo racionalidad y libertad como propiedades constitutivas de la naturaleza humana, sino adem\u00e1s, desde el principio, capacidad de una relaci\u00f3n personal con Dios, como \u00ab yo \u00bb y \u00ab t\u00fa \u00bb y, por consiguiente, capacidad de alianza que tendr\u00e1 lugar con la comunicaci\u00f3n salv\u00edfica de Dios al hombre. En el marco de la \u00ab imagen y semejanza \u00bb de Dios, \u00ab el don del Esp\u00edritu \u00bb significa, finalmente, una llamada a la amistad, en la que las trascendentales \u00ab profundidades de Dios \u00bb est\u00e1n abiertas, en cierto modo, a la participaci\u00f3n del hombre. El Concilio Vaticano II ense\u00f1a: \u00ab Dios invisible (cf. Col 1, 15; 1 Tim 1, 17) movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos (cf. Bar 3, 38) para invitarlos y recibirlos en su compa\u00f1\u00eda \u00bb.132<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">35. Por consiguiente, el Esp\u00edritu, que \u00ab todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios \u00bb, conoce desde el principio \u00ab lo \u00edntimo del hombre.133 Precisamente por esto s\u00f3lo \u00e9l puede plenamente \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb que se dio en el principio, pecado que es la ra\u00edz de todos los dem\u00e1s y el foco de la pecaminosidad del hombre en la tierra, que no se apaga jam\u00e1s. El Esp\u00edritu de la verdad conoce la realidad originaria del pecado, causado en la voluntad del hombre por obra del \u00ab padre de la mentira \u00bb \u2014de aqu\u00e9l que ya \u00ab est\u00e1 juzgado \u00bb\u2014.134 EL Esp\u00edritu Santo convence, por tanto, al mundo en lo referente al pecado en relaci\u00f3n a este \u00ab juicio \u00bb, pero constantemente guiando hacia la \u00ab justicia \u00bb que ha sido revelada al hombre junto con la Cruz de Cristo, mediante \u00ab la obediencia hasta la muerte \u00bb.135<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00f3lo el Esp\u00edritu Santo puede convencer en lo referente al pecado del principio humano, precisamente el que es amor del Padre y del Hijo, el que es don, mientras el pecado del principio humano consiste en la mentira y en el rechazo del don y del amor que influyen definitivamente sobre el principio del mundo y del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">36. Seg\u00fan el testimonio del principio, que encontramos en la Escritura y en la Tradici\u00f3n, despu\u00e9s de la primera (y a la vez m\u00e1s completa) descripci\u00f3n del G\u00e9nesis, el pecado en su forma originaria es entendido como \u00ab desobediencia \u00bb, lo que significa simple y directamente trasgresi\u00f3n de una prohibici\u00f3n puesta por Dios.136 Pero a la vista de todo el contexto es tambi\u00e9n evidente que las ra\u00edces de esta desobediencia deben buscarse profundamente en toda la situaci\u00f3n real del hombre. Llamado a la existencia, el ser humano \u2014hombre o mujer\u2014 es una criatura. La \u00ab imagen de Dios \u00bb, que consiste en la racionalidad y en la libertad, demuestra la grandeza y la dignidad del sujeto humano, que es persona. Pero este sujeto personal es tambi\u00e9n una criatura: en su existencia y esencia depende del Creador. Seg\u00fan el G\u00e9nesis, \u00ab el \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal \u00bb deb\u00eda expresar y constantemente recordar al hombre el \u00ab l\u00edmite \u00bb insuperable para un ser creado. En este sentido debe entenderse la prohibici\u00f3n de Dios: el Creador proh\u00edbe al hombre y a la mujer que coman los frutos del \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal. Las palabras de la instigaci\u00f3n, es decir de la tentaci\u00f3n, como est\u00e1 formulada en el texto sagrado, inducen a transgredir esta prohibici\u00f3n, o sea a superar aquel \u00ab l\u00edmite \u00bb: \u00ab el d\u00eda en que comiereis de \u00e9l se os abrir\u00e1n los ojos y ser\u00e9is como dioses, conocedores del bien y del mal \u00bb.137<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La \u00ab desobediencia \u00bb significa precisamente pasar aquel l\u00edmite que permanece insuperable a la voluntad y a la libertad del hombre como ser creado. Dios creador es, en efecto, la fuente \u00fanica y definitiva del orden moral en el mundo creado por \u00e9l. El hombre no puede decidir por s\u00ed mismo lo que es bueno y malo, no puede \u00ab conocer el bien y el mal como dioses \u00bb. S\u00ed, en el mundo creado Dios es la fuente primera y suprema para decidir sobre el bien y el mal, mediante la \u00edntima verdad del ser, que es reflejo del Verbo, el eterno Hijo, consubstancial al Padre. Al hombre, creado a imagen de Dios, el Esp\u00edritu Santo da como don la conciencia, para que la imagen pueda reflejar fielmente en ella su modelo, que es sabidur\u00eda y ley eterna, fuente del orden moral en el hombre y en el mundo. La \u00ab desobediencia \u00bb, como dimensi\u00f3n originaria del pecado, significa rechazo de esta fuente por la pretensi\u00f3n del hombre de llegar a ser fuente aut\u00f3noma y exclusiva en decidir sobre el bien y el mal. El Esp\u00edritu que \u00ab sondea las profundidades de Dios \u00bb y que, a la vez, es para el hombre la luz de la conciencia y la fuente del orden moral, conoce en toda su plenitud esta dimensi\u00f3n del pecado, que se inserta en el misterio del principio humano. Y no cesa de \u00ab convencer de ello al mundo \u00bb en relaci\u00f3n con la cruz de Cristo en el G\u00f3lgota.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">37. Seg\u00fan el testimonio del principio, Dios en la creaci\u00f3n se ha revelado a s\u00ed mismo como omnipotencia que es amor. Al mismo tiempo ha revelado al hombre que, como \u00ab imagen y semejanza \u00bb de su creador, es llamado a participar de la verdad y del amor. Esta participaci\u00f3n significa una vida en uni\u00f3n con Dios, que es la \u00ab vida eterna \u00bb.138 Pero el hombre, bajo la influencia del \u00ab padre de la mentira \u00bb, se ha separado de esta participaci\u00f3n. \u00bfEn qu\u00e9 medida? Ciertamente no en la medida del pecado de un esp\u00edritu puro, en la medida del pecado de Satan\u00e1s. El esp\u00edritu humano es incapaz de alcanzar tal medida.139 En la misma descripci\u00f3n del G\u00e9nesis es f\u00e1cil se\u00f1alar la diferencia de grado existente entre \u00ab el soplo del mal \u00bb del que es pecador (o sea permanece en el pecado) desde el principio 140 y que ya \u00ab est\u00e1 juzgado \u00bb 141 y el mal de la desobediencia del hombre. Esta desobediencia, sin embargo, significa tambi\u00e9n dar la espalda a Dios y, en cierto modo, el cerrarse de la libertad humana ante \u00e9l. Significa tambi\u00e9n una determinada apertura de esta libertad \u2014del conocimiento y de la voluntad humana\u2014 hacia el que es el \u00ab padre de la mentira \u00bb. Este acto de elecci\u00f3n responsable no es s\u00f3lo una \u00ab desobediencia \u00bb, sino que lleva consigo tambi\u00e9n una cierta adhesi\u00f3n al motivo contenido en la primera instigaci\u00f3n al pecado y renovada constantemente a lo largo de la historia del hombre en la tierra: \u00ab es que Dios sabe muy bien que el d\u00eda en que comiereis de \u00e9l, se os abrir\u00e1n los ojos y ser\u00e9is como dioses, conocedores del bien y del mal \u00bb. Aqu\u00ed nos encontramos en el centro mismo de lo que se podr\u00eda llamar el \u00ab anti-Verbo \u00bb, es decir la \u00ab anti-verdad \u00bb. En efecto, es falseada la verdad del hombre: qui\u00e9n es el hombre y cu\u00e1les son los l\u00edmites insuperables de su ser y de su libertad. Esta \u00ab anti-verdad \u00bb es posible, porque al mismo tiempo es falseada completamente la verdad sobre quien es Dios. Dios Creador es puesto en estado de sospecha, m\u00e1s a\u00fan incluso en estado de acusaci\u00f3n ante la conciencia de la criatura. Por vez primera en la historia del hombre aparece el perverso \u00ab genio de la sospecha \u00bb. Este trata de \u00ab falsear \u00bb el Bien mismo, el Bien absoluto, que en la obra de la creaci\u00f3n se ha manifestado precisamente como el bien que da de modo inefable: como bonum diffusivum sui, como amor creador. \u00bfQui\u00e9n puede plenamente \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb, es decir de esta motivaci\u00f3n de la desobediencia originaria del hombre sino aqu\u00e9l que s\u00f3lo \u00e9l es el don y la fuente de toda d\u00e1diva, sino el Esp\u00edritu que, \u00ab sondea las profundidades de Dios \u00bb y es amor del Padre y del Hijo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">38. Pues, a pesar de todo el testimonio de la creaci\u00f3n y de la econom\u00eda salv\u00edfica inherente a ella, el esp\u00edritu de las tinieblas 142 es capaz de mostrar a Dios como enemigo de la propia criatura y, ante todo, como enemigo del hombre, como fuente de peligro y de amenaza para el hombre. De esta manera Satan\u00e1s injerta en el \u00e1nimo del hombre el germen de la oposici\u00f3n a aqu\u00e9l que \u00ab desde el principio \u00bb debe ser considerado como enemigo del hombre y no como Padre. El hombre es retado a convertirse en el adversario de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El an\u00e1lisis del pecado en su dimensi\u00f3n originaria indica que, por parte del \u00ab padre de la mentira \u00bb, se dar\u00e1 a lo largo de la historia de la humanidad una constante presi\u00f3n al rechazo de Dios por parte del hombre, hasta llegar al odio: \u00ab Amor de s\u00ed mismo hasta el desprecio de Dios \u00bb, como se expresa San Agust\u00edn. 143 El hombre ser\u00e1 propenso a ver en Dios ante todo una propia limitaci\u00f3n y no la fuente de su liberaci\u00f3n y la plenitud del bien. Esto lo vemos confirmado en nuestros d\u00edas, en los que las ideolog\u00edas ateas intentan desarraigar la religi\u00f3n en base al presupuesto de que determina la radical \u00ab alienaci\u00f3n \u00bb del hombre, como si el hombre fuera expropiado de su humanidad cuando, al aceptar la idea de Dios, le atribuye lo que pertenece al hombre y exclusivamente al hombre. Surge de aqu\u00ed una forma de pensamiento y de praxis hist\u00f3rico-sociol\u00f3gica donde el rechazo de Dios ha llegado hasta la declaraci\u00f3n de su \u00ab muerte \u00bb. Esto es un absurdo conceptual y verbal. Pero la ideolog\u00eda de la \u00ab muerte de Dios \u00bb amenaza m\u00e1s bien al hombre, como indica el Vaticano II, cuando, sometiendo a an\u00e1lisis la cuesti\u00f3n de la \u00ab autonom\u00eda de la realidad terrena \u00bb, afirma: \u00ab La criatura sin el Creador se esfuma &#8230; M\u00e1s a\u00fan, por el olvido de Dios la propia criatura queda oscurecida \u00bb.144 La ideolog\u00eda de la \u00ab muerte de Dios \u00bb en sus efectos demuestra f\u00e1cilmente que es, a nivel te\u00f3rico y pr\u00e1ctico, la ideolog\u00eda de la \u00ab muerte del hombre \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4. El Esp\u00edritu que transforma el sufrimiento en amor salv\u00edfico<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">39. EL Esp\u00edritu, que sondea las profundidades de Dios, ha sido llamado por Jes\u00fas en el discurso del Cen\u00e1culo el Par\u00e1clito. En efecto, desde el comienzo \u00ab es invocado \u00bb 145 para \u00ab convencer al mundo en lo referente al pecado \u00bb. Es invocado de modo definitivo a trav\u00e9s de la Cruz de Cristo. Convencer en lo referente al pecado quiere decir demostrar el mal contenido en \u00e9l. Lo que equivale a revelar el misterio de la impiedad. No es posible comprender el mal del pecado en toda su realidad dolorosa sin sondear las profundidades de Dios. Desde el principio el misterio oscuro del pecado se ha manifestado en el mundo con una clara referencia al Creador de la libertad humana. Ha aparecido como un acto voluntario de la criatura-hombre contrario a la voluntad de Dios: la voluntad salv\u00edfica de Dios; es m\u00e1s, ha aparecido como oposici\u00f3n a la verdad, sobre la base de la mentira ya definitivamente \u00ab juzgada \u00bb: mentira que ha puesto en estado de acusaci\u00f3n, en estado de sospecha permanente, al mismo amor creador y salv\u00edfico. El hombre ha seguido al \u00ab padre de la mentira \u00bb, poni\u00e9ndose contra el Padre de la vida y el Esp\u00edritu de la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb \u00bfno deber\u00e1, por tanto, significar tambi\u00e9n el revelar el sufrimiento? \u00bfNo deber\u00e1 revelar el dolor, inconcebible e indecible, que, como consecuencia del pecado, el Libro Sagrado parece entrever en su visi\u00f3n antropom\u00f3rfica en las profundidades de Dios y, en cierto modo, en el coraz\u00f3n mismo de la inefable Trinidad? La Iglesia, inspir\u00e1ndose en la revelaci\u00f3n, cree y profesa que el pecado es una ofensa a Dios. \u00bfQu\u00e9 corresponde a esta \u00ab ofensa \u00bb, a este rechazo del Esp\u00edritu que es amor y don en la intimidad inexcrutable del Padre, del Verbo y del Esp\u00edritu Santo? La concepci\u00f3n de Dios, como ser necesariamente perfect\u00edsimo, excluye ciertamente de Dios todo dolor derivado de limitaciones o heridas; pero, en las profundidades de Dios, se da un amor de Padre que, ante el pecado del hombre, seg\u00fan el lenguaje b\u00edblico, reacciona hasta el punto de exclamar: \u00ab Estoy arrepentido de haber hecho al hombre \u00bb.146 \u00ab Viendo el Se\u00f1or que la maldad del hombre cund\u00eda en la tierra &#8230; le pes\u00f3 de haber hecho al hombre en la tierra &#8230; y dijo el Se\u00f1or: \u00ab me pesa de haberlos hecho \u00bb.147 Pero a menudo el Libro Sagrado nos habla de un Padre, que siente compasi\u00f3n por el hombre, como compartiendo su dolor. En definitiva, este inescrutable e indecible \u00ab dolor \u00bb de padre engendrar\u00e1 sobre todo la admirable econom\u00eda del amor redentor en Jesucristo, para que, por medio del misterio de la piedad, en la historia del hombre el amor pueda revelarse m\u00e1s fuerte que el pecado Para que prevalezca el \u00ab don \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Esp\u00edritu Santo, que seg\u00fan las palabras de Jes\u00fas \u00ab convence en lo referente al pecado \u00bb, es el amor del Padre y del Hijo y, como tal, es el don trinitario y, a la vez, la fuente eterna de toda d\u00e1diva divina a lo creado. Precisamente en \u00e9l podemos concebir como personificada y realizada de modo trascendente la misericordia, que la tradici\u00f3n patr\u00edstica y teol\u00f3gica, de acuerdo con el Antiguo y el Nuevo Testamento, atribuye a Dios. En el hombre la misericordia implica dolor y compasi\u00f3n por las miserias del pr\u00f3jimo. En Dios, el Esp\u00edritu-amor cambia la dimensi\u00f3n del pecado humano en una nueva d\u00e1diva de amor salv\u00edfico. De \u00e9l, en unidad con el Padre y el Hijo, nace la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, que llena la historia del hombre con los dones de la Redenci\u00f3n. Si el pecado, al rechazar el amor, ha engendrado el \u00ab sufrimiento \u00bb del hombre que en cierta manera se ha volcado sobre toda la creaci\u00f3n,148 el Esp\u00edritu Santo entrar\u00e1 en el sufrimiento humano y c\u00f3smico con una nueva d\u00e1diva de amor, que redimir\u00e1 al mundo. En boca de Jes\u00fas Redentor, en cuya humanidad se verifica el \u00ab sufrimiento \u00bb de Dios, resonar\u00e1 una palabra en la que se manifiesta el amor eterno, lleno de misericordia: \u00ab Siento compasi\u00f3n \u00bb.149 As\u00ed pues, por parte del Esp\u00edritu Santo, el \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb se convierte en una manifestaci\u00f3n ante la creaci\u00f3n \u00ab sometida a la vanidad \u00bb y, sobre todo, en lo \u00edntimo de las conciencias humanas, como el pecado es vencido por el sacrificio del Cordero de Dios que se ha hecho hasta la muerte \u00ab el siervo obediente \u00bb que, reparando la desobediencia del hombre, realiza la redenci\u00f3n del mundo. De esta manera, el Esp\u00edritu de la verdad, el Par\u00e1clito, \u00ab convence en lo referente al pecado \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">40. El valor redentor del sacrificio de Cristo ha sido expresado con palabras muy significativas por parte del autor de la Carta a los Hebreos, que, despu\u00e9s de haber recordado los sacrificios de la Antigua Alianza, en que \u00ab si la sangre de machos cabr\u00edos y de toros &#8230; santifica en orden a la purificaci\u00f3n \u00bb, a\u00f1ade: \u00ab cu\u00e1nto m\u00e1s la sangre de Cristo, que por el Esp\u00edritu Eterno se ofreci\u00f3 a s\u00ed mismo sin tacha a Dios, purificar\u00e1 de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo \u00bb.150 Aun conscientes de otras interpretaciones posibles, nuestra consideraci\u00f3n sobre la presencia del Esp\u00edritu Santo a lo largo de toda la vida de Cristo nos lleva a reconocer en este texto como una invitaci\u00f3n a reflexionar tambi\u00e9n sobre la presencia del mismo Esp\u00edritu en el sacrificio redentor del Verbo Encarnado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Reflexionemos primero sobre el contenido de las palabras iniciales de este sacrificio y, a continuaci\u00f3n, separadamente sobre la \u00ab purificaci\u00f3n de la conciencia \u00bb llevada a cabo por \u00e9l. En efecto, es un sacrificio ofrecido con [ = por obra de ] un Esp\u00edritu Eterno \u00bb, que \u00ab saca \u00bb de \u00e9l la fuerza de \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb en orden a la salvaci\u00f3n. Es el mismo Esp\u00edritu Santo que, seg\u00fan la promesa del Cen\u00e1culo, Jesucristo \u00ab traer\u00e1 \u00bb a los ap\u00f3stoles el d\u00eda de su resurrecci\u00f3n, present\u00e1ndose a ellos con las heridas de la crucifixi\u00f3n, y que les \u00ab dar\u00e1 \u00bb para la remisi\u00f3n de los pecados: \u00ab Recibid el Esp\u00edritu Santo. A quienes perdon\u00e9is los pecados, les quedan perdonados \u00bb.151<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sabemos que Dios \u00ab a Jes\u00fas de Nazaret le ungi\u00f3 con el Esp\u00edritu Santo y con poder \u00bb, como afirmaba Sim\u00f3n Pedro en la casa del centuri\u00f3n Cornelio.152 Conocemos el misterio pascual de su \u00ab partida \u00bb seg\u00fan el Evangelio de Juan. Las palabras de la Carta a los Hebreos nos explican ahora de que modo Cristo \u00ab se ofreci\u00f3 sin mancha a Dios \u00bb y como hizo esto \u00ab con un Esp\u00edritu Eterno \u00bb. En el sacrificio del Hijo del hombre el Esp\u00edritu Santo est\u00e1 presente y act\u00faa del mismo modo con que actuaba en su concepci\u00f3n, en su entrada al mundo, en su vida oculta y en su ministerio p\u00fablico. Seg\u00fan la Carta a los Hebreos, en el camino de su \u00ab partida \u00bb a trav\u00e9s de Getseman\u00ed y del G\u00f3lgota, el mismo Jesucristo en su humanidad se ha abierto totalmente a esta acci\u00f3n del Esp\u00edritu Par\u00e1clito, que del sufrimiento hace brotar el eterno amor salv\u00edfico. Ha sido, por lo tanto, \u00ab escuchado por su actitud reverente y aun siendo Hijo, con lo que padeci\u00f3 experiment\u00f3 la obediencia \u00bb.153 De esta manera dicha Carta demuestra como la humanidad, sometida al pecado en los descendientes del primer Ad\u00e1n, en Jesucristo ha sido sometida perfectamente a Dios y unida a \u00e9l y, al mismo tiempo, est\u00e1 llena de misericordia hacia los hombres. Se tiene as\u00ed una nueva humanidad, que en Jesucristo por medio del sufrimiento de la cruz ha vuelto al amor, traicionado por Ad\u00e1n con su pecado. Se ha encontrado en la misma fuente de la d\u00e1diva originaria: en el Esp\u00edritu que \u00ab sondea las profundidades de Dios \u00bb y es amor y don.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Hijo de Dios, Jesucristo, como hombre, en la ferviente oraci\u00f3n de su pasi\u00f3n, permiti\u00f3 al Esp\u00edritu Santo, que ya hab\u00eda impregnado \u00edntimamente su humanidad, transformarla en sacrificio perfecto mediante el acto de su muerte, como v\u00edctima de amor en la Cruz. El solo ofreci\u00f3 este sacrificio. Como \u00fanico sacerdote \u00ab se ofreci\u00f3 a s\u00ed mismo sin tacha a Dios \u00bb.154 En su humanidad era digno de convertirse en este sacrificio, ya que \u00e9l solo era \u00ab sin tacha \u00bb. Pero lo ofreci\u00f3 \u00ab por el Esp\u00edritu Eterno \u00bb: lo que quiere decir que el Esp\u00edritu Santo actu\u00f3 de manera especial en esta autodonaci\u00f3n absoluta del Hijo del hombre para transformar el sufrimiento en amor redentor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">41. En el Antiguo Testamento se habla varias veces del \u00ab fuego del cielo \u00bb, que quemaba los sacrificios presentados por los hombres.155 Por analog\u00eda se puede decir que el Esp\u00edritu Santo es el \u00ab fuego del cielo \u00bb que act\u00faa en lo m\u00e1s profundo del misterio de la Cruz. Proveniendo del Padre, ofrece al Padre el sacrificio del Hijo, introduci\u00e9ndolo en la divina realidad de la comuni\u00f3n trinitaria. Si el pecado ha engendrado el sufrimiento, ahora el dolor de Dios en Cristo crucificado recibe su plena expresi\u00f3n humana por medio del Esp\u00edritu Santo. Se da as\u00ed un parad\u00f3jico misterio de amor: en Cristo sufre Dios rechazado por la propia criatura: \u00ab No creen en m\u00ed \u00bb; pero, a la vez, desde lo m\u00e1s hondo de este sufrimiento \u2014e indirectamente desde lo hondo del mismo pecado \u00ab de no haber cre\u00eddo \u00bb\u2014 el Esp\u00edritu saca una nueva dimensi\u00f3n del don hecho al hombre y a la creaci\u00f3n desde el principio. En lo m\u00e1s hondo del misterio de la Cruz act\u00faa el amor, que lleva de nuevo al hombre a participar de la vida, que est\u00e1 en Dios mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Esp\u00edritu Santo, como amor y don, desciende, en cierto modo, al centro mismo del sacrificio que se ofrece en la Cruz. Refiri\u00e9ndonos a la tradici\u00f3n b\u00edblica podemos decir: \u00e9l consuma este sacrificio con el fuego del amor, que une al Hijo con el Padre en la comuni\u00f3n trinitaria. Y dado que el sacrificio de la Cruz es un acto propio de Cristo, tambi\u00e9n en este sacrificio \u00e9l \u00ab recibe \u00bb el Esp\u00edritu Santo. Lo recibe de tal manera que despu\u00e9s \u2014\u00e9l solo con Dios Padre\u2014 puede \u00ab darlo \u00bb a los ap\u00f3stoles, a la Iglesia y a la humanidad. El solo lo \u00ab env\u00eda \u00bb desde el Padre.156 El solo se presenta ante los ap\u00f3stoles reunidos en el Cen\u00e1culo, \u00ab sopl\u00f3 sobre ellos \u00bb y les dijo: \u00ab Recibid el Esp\u00edritu Santo. A quienes perdon\u00e9is los pecados, les quedan perdonados \u00bb,157 como hab\u00eda anunciado antes Juan Bautista: \u00ab El os bautizar\u00e1 en Esp\u00edritu Santo y fuego \u00bb.158 Con aquellas palabras de Jes\u00fas el Esp\u00edritu Santo es revelado y a la vez es presentado como amor que act\u00faa en lo profundo del misterio pascual, como fuente del poder salv\u00edfico de la Cruz de Cristo y como don de la vida nueva y eterna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta verdad sobre el Esp\u00edritu Santo encuentra cada d\u00eda su expresi\u00f3n en la liturgia romana, cuando el sacerdote, antes de la comuni\u00f3n, pronuncia aquellas significativas palabras: \u00ab Se\u00f1or Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre y cooperaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, diste con tu muerte vida al mundo \u00bb. Y en la III Plegaria Eucar\u00edstica, refiri\u00e9ndose a la misma econom\u00eda salv\u00edfica, el sacerdote ruega a Dios que el Esp\u00edritu Santo \u00ab nos transforme en ofrenda permanente \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5. \u00ab La sangre que purifica la conciencia \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">42. Hemos dicho que, en el culmen del misterio pascual, el Esp\u00edritu Santo es revelado definitivamente y hecho presente de un modo nuevo. Cristo resucitado dice a los ap\u00f3stoles: \u00ab Recibid el Esp\u00edritu Santo \u00bb. De esta manera es revelado el Esp\u00edritu Santo, pues las palabras de Cristo constituyen la confirmaci\u00f3n de las promesas y de los anuncios del discurso en el Cen\u00e1culo. Y con esto el Par\u00e1clito es hecho presente tambi\u00e9n de un modo nuevo. En realidad ya actuaba desde el principio en el misterio de la creaci\u00f3n y a lo largo de toda la historia de la antigua Alianza de Dios con el hombre. Su acci\u00f3n ha sido confirmada plenamente por la misi\u00f3n del Hijo del hombre como Mes\u00edas, que ha venido con el poder del Esp\u00edritu Santo. En el momento culminante de la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas, el Esp\u00edritu Santo se hace presente en el misterio pascual con toda su subjetividad divina: como el que debe continuar la obra salv\u00edfica, basada en el sacrificio de la Cruz. Sin duda esta obra es encomendada por Jes\u00fas a los hombres: a los ap\u00f3stoles y a la Iglesia. Sin embargo, en estos hombres y por medio de ellos, el Esp\u00edritu Santo sigue siendo el protagonista trascendente de la realizaci\u00f3n de esta obra en el esp\u00edritu del hombre y en la historia del mundo: el invisible y, a la vez, omnipresente Par\u00e1clito. El Esp\u00edritu que \u00ab sopla donde quiere \u00bb.159<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las palabras pronunciadas por Cristo resucitado \u00ab el primer d\u00eda de la semana \u00bb, ponen especialmente de relieve la presencia del Par\u00e1clito consolador, como el que \u00ab convence al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio \u00bb. En efecto, s\u00f3lo tomadas as\u00ed se explican las palabras que Jes\u00fas pone en relaci\u00f3n directa con el \u00ab don \u00bb del Esp\u00edritu Santo a los ap\u00f3stoles. Jes\u00fas dice: \u00ab Recibid el Esp\u00edritu Santo: A quienes perdon\u00e9is los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los reteng\u00e1is, les quedan retenidos \u00bb.160 Jes\u00fas confiere a los ap\u00f3stoles el poder de perdonar los pecados, para que lo transmitan a sus sucesores en la Iglesia. Sin embargo, este poder concedido a los hombres presupone e implica la acci\u00f3n salv\u00edfica del Esp\u00edritu Santo. Convirti\u00e9ndose en \u00ab luz de los corazones \u00bb,161 es decir de las conciencias, el Esp\u00edritu Santo \u00ab convence en lo referente al pecado \u00bb, o sea hace conocer al hombre su mal y, al mismo tiempo, lo orienta hacia el bien. Merced a la multiplicidad de sus dones por lo que es invocado como el portador \u00ab de los siete dones \u00bb, todo tipo de pecado del hombre puede ser vencido por el poder salv\u00edfico de Dios. En realidad \u2014como dice San Buenaventura\u2014 \u00ab en virtud de los siete dones del Esp\u00edritu Santo todos los males han sido destruidos y todos los bienes han sido producidos \u00bb.162<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bajo el influjo del Par\u00e1clito se realiza, por lo tanto, la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n humano, que es condici\u00f3n indispensable para el perd\u00f3n de los pecados. Sin una verdadera conversi\u00f3n, que implica una contrici\u00f3n interior y sin un prop\u00f3sito sincero y firme de enmienda, los pecados quedan \u00ab retenidos \u00bb, como afirma Jes\u00fas, y con El toda la Tradici\u00f3n del Antiguo y del Nuevo Testamento. En efecto, las primeras palabras pronunciadas por Jes\u00fas al comienzo de su ministerio, seg\u00fan el Evangelio de Marcos, son \u00e9stas: \u00ab Convert\u00edos y creed en la Buena Nueva \u00bb.163 La confirmaci\u00f3n de esta exhortaci\u00f3n es el \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb que el Esp\u00edritu Santo emprende de una manera nueva en virtud de la Redenci\u00f3n, realizada por la Sangre del Hijo del hombre. Por esto, la Carta a los Hebreos dice que esta \u00ab sangre purifica nuestra conciencia \u00bb.164 Esta sangre, pues, abre al Esp\u00edritu Santo, por decirlo de alg\u00fan modo, el camino hacia la intimidad del hombre, es decir hacia el santuario de las conciencias humanas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">43. El Concilio Vaticano II ha recordado la ense\u00f1anza cat\u00f3lica sobre la conciencia, al hablar de la vocaci\u00f3n del hombre y, en particular, de la dignidad de la persona humana. Precisamente la conciencia decide de manera espec\u00edfica sobre esta dignidad. En efecto, la conciencia es \u00ab el n\u00facleo m\u00e1s secreto y el sagrario del hombre \u00bb, en el que \u00e9sta se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto m\u00e1s \u00edntimo. Esta voz dice claramente a \u00ab los o\u00eddos de su coraz\u00f3n advirti\u00e9ndole &#8230; haz esto, evita aquello \u00bb. Tal capacidad de mandar el bien y prohibir el mal, puesta por el Creador en el coraz\u00f3n del hombre, es la propiedad clave del sujeto personal. Pero, al mismo tiempo, \u00ab en lo m\u00e1s profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que \u00e9l no se dicta a si mismo, pero a la cual debe obedecer \u00bb.165 La conciencia, por tanto, no es una fuente aut\u00f3noma y exclusiva para decidir lo que es bueno o malo; al contrario, en ella est\u00e1 grabado profundamente un principio de obediencia a la norma objetiva, que fundamenta y condiciona la congruencia de sus decisiones con los preceptos y prohibiciones en los que se basa el comportamiento humano, como se entrev\u00e9 ya en la citada p\u00e1gina del Libro del G\u00e9nesis.166 Precisamente, en este sentido, la conciencia es el \u00ab sagrario \u00edntimo \u00bb donde \u00ab resuena la voz de Dios \u00bb. Es \u00ab la voz de Dios \u00bb aun cuando el hombre reconoce exclusivamente en ella el principio del orden moral del que humanamente no se puede dudar, incluso sin una referencia directa al Creador: precisamente la conciencia encuentra siempre en esta referencia su fundamento y su justificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El evang\u00e9lico \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb bajo el influjo del Esp\u00edritu de la verdad no puede verificarse en el hombre m\u00e1s que por el camino de la conciencia. Si la conciencia es recta, ayuda entonces a \u00ab resolver con acierto los numerosos problemas morales que se presentan al individuo y a la sociedad \u00bb. Entonces \u00ab mayor seguridad tienen las personas y las sociedades para apartarse del ciego capricho y para someterse a las normas objetivas de la moralidad \u00bb. 167<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fruto de la recta conciencia es, ante todo, el llamar por su nombre al bien y al mal, como hace por ejemplo la misma Constituci\u00f3n pastoral: \u00ab Cuanto atenta contra la vida \u2014homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado\u2014; cuanto viola la integridad de la persona, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o f\u00edsicas, los conatos sistem\u00e1ticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostituci\u00f3n, la trata de blancas y de j\u00f3venes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana \u00bb; y despu\u00e9s de haber llamado por su nombre a los numerosos pecados, tan frecuentes y difundidos en nuestros d\u00edas, la misma Constituci\u00f3n a\u00f1ade: \u00ab Todas estas pr\u00e1cticas y otras parecidas son en s\u00ed mismas infamantes, que degradan la civilizaci\u00f3n humana, deshonran m\u00e1s a sus autores que a sus v\u00edctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador \u00bb.168<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al llamar por su nombre a los pecados que m\u00e1s deshonran al hombre, y demostrar que \u00e9sos son un mal moral que pesa negativamente en cualquier balance sobre el progreso de la humanidad, el Concilio describe a la vez todo esto como etapa \u00ab de una lucha, y por cierto dram\u00e1tica, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas \u00bb.169 La Asamblea del S\u00ednodo de los Obispos de 1983 sobre la reconciliaci\u00f3n y la penitencia ha precisado todav\u00eda mejor el significado personal y social del pecado del hombre.170<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">44. Pues bien, en el Cen\u00e1culo la v\u00edspera de su Pasi\u00f3n, y despu\u00e9s la tarde del d\u00eda de Pascua, Jesucristo se refiri\u00f3 al Esp\u00edritu Santo como el que atestigua que en la historia de la humanidad perdura el pecado. Sin embargo, el pecado est\u00e1 sometido al poder salv\u00edfico de la Redenci\u00f3n. El \u00ab convencer al mundo en lo referente al pecado \u00bb no se acaba en el hecho de que venga llamado por su nombre e identificado por lo que es en toda su dimensi\u00f3n caracter\u00edstica. En el convencer al mundo en lo referente al pecado, el Esp\u00edritu de la verdad se encuentra con la voz de las conciencias humanas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De este modo se llega a la demostraci\u00f3n de las ra\u00edces del pecado que est\u00e1n en el interior del hombre, como pone en evidencia la misma Constituci\u00f3n pastoral: \u00ab En realidad de verdad, los desequilibrios que fatigan al mundo moderno est\u00e1n conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus ra\u00edces en el coraz\u00f3n humano. Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de creatura, el hombre experimenta m\u00faltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atra\u00eddo por muchas solicitaciones, tiene que elegir y que renunciar. M\u00e1s a\u00fan, como enfermo y pecador, no raramente hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querr\u00eda llevar a cabo \u00bb.171 El texto conciliar se refiere aqu\u00ed a las conocidas palabras de San Pablo.172<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb que acompa\u00f1a a la conciencia humana en toda reflexi\u00f3n profunda sobre s\u00ed misma, lleva por tanto al descubrimiento de sus ra\u00edces en el hombre, as\u00ed como de sus influencias en la misma conciencia en el transcurso de la historia. Encontramos de este modo aquella realidad originaria del pecado, de la que ya se ha hablado. El Esp\u00edritu Santo \u00ab convence en lo referente al pecado \u00bb respecto al misterio del principio, indicando el hecho de que el hombre es ser-creado y, por consiguiente, est\u00e1 en total dependencia ontol\u00f3gica y \u00e9tica de su Creador y recordando, a la vez, la pecaminosidad hereditaria de la naturaleza humana. Pero el Esp\u00edritu Santo Par\u00e1clito \u00ab convence en lo referente al pecado \u00bb siempre en relaci\u00f3n con la Cruz de Cristo. Por esto el cristianismo rechaza toda \u00ab fatalidad \u00bb del pecado. \u00ab Una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los or\u00edgenes del mundo, durar\u00e1, como dice el Se\u00f1or, hasta el final \u00bb \u2014ense\u00f1a el Concilio\u2014.173 \u00ab Pero el Se\u00f1or vino en persona para liberar y vigorizar al hombre \u00bb.174 El hombre, pues, lejos de dejarse \u00ab enredar \u00bb en su condici\u00f3n de pecado, apoy\u00e1ndose en la voz de la propia conciencia, \u00ab ha de luchar continuamente para acatar el bien, y s\u00f3lo a costa de grandes esfuerzos, con la ayuda de la gracia de Dios, es capaz de establecer la unidad en s\u00ed mismo \u00bb.175 El Concilio ve justamente el pecado como factor de la ruptura que pesa tanto sobre la vida personal como sobre la vida social del hombre; pero, al mismo tiempo, recuerda incansablemente la posibilidad de la victoria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">45. El Esp\u00edritu de la verdad, que \u00ab convence al mundo en lo referente al pecado \u00bb, se encuentra con aquella fatiga de la conciencia humana, de la que los textos conciliares hablan de manera tan sugestiva. Esta fatiga de la conciencia determina tambi\u00e9n los caminos de las conversiones humanas: el dar la espalda al pecado para reconstruir la verdad y el amor en el coraz\u00f3n mismo del hombre. Se sabe que reconocer el mal en uno mismo a menudo cuesta mucho. Se sabe que la conciencia no s\u00f3lo manda o proh\u00edbe, sino que juzga a la luz de las \u00f3rdenes y de las prohibiciones interiores. Es tambi\u00e9n fuente de remordimiento: el hombre sufre interiormente por el mal cometido. \u00bfNo es este sufrimiento como un eco lejano de aquel \u00ab arrepentimiento por haber creado al hombre \u00bb, que con lenguaje antropom\u00f3rfico el Libro sagrado atribuye a Dios; de aquella \u00ab reprobaci\u00f3n \u00bb que, inscribi\u00e9ndose en el \u00ab coraz\u00f3n \u00bb de la Trinidad, en virtud del amor eterno se realiza en el dolor de la Cruz y en la obediencia de Cristo hasta la muerte? Cuando el Esp\u00edritu de la verdad permite a la conciencia humana la participaci\u00f3n en aquel dolor, entonces el sufrimiento de la conciencia es particularmente profundo y tambi\u00e9n salv\u00edfico. Pues, por medio de un acto de contrici\u00f3n perfecta, se realiza la aut\u00e9ntica conversi\u00f3n del coraz\u00f3n: es la \u00ab metanoia \u00bb evang\u00e9lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La fatiga del coraz\u00f3n humano y la fatiga de la conciencia, donde se realiza esta \u00ab metanoia \u00bb o conversi\u00f3n, es el reflejo de aquel proceso mediante el cual la reprobaci\u00f3n se transforma en amor salv\u00edfico, que sabe sufrir. El dispensador oculto de esa fuerza salvadora es el Esp\u00edritu Santo, que es llamado por la Iglesia \u00ab luz de las conciencias \u00bb, el cual penetra y llena \u00ab lo m\u00e1s \u00edntimo de los corazones \u00bb humanos.176 Mediante esta conversi\u00f3n en el Esp\u00edritu Santo, el hombre se abre al perd\u00f3n y a la remisi\u00f3n de los pecados. Y en todo este admirable dinamismo de la conversi\u00f3n-remisi\u00f3n se confirma la verdad de lo escrito por San Agust\u00edn sobre el misterio del hombre, al comentar las palabras del Salmo: \u00ab Abismo que llama al abismo \u00bb.177 Precisamente en esta \u00ab abismal profundidad \u00bb del hombre y de la conciencia humana se realiza la misi\u00f3n del Hijo y del Esp\u00edritu Santo. El Esp\u00edritu Santo \u00ab viene \u00bb en cada caso concreto de la conversi\u00f3n-remisi\u00f3n, en virtud del sacrificio de la Cruz, pues, por \u00e9l, \u00ab la sangre de Cristo &#8230; purifica nuestra conciencia de las obras muertas para rendir culto a Dios vivo \u00bb.178 Se cumplen as\u00ed las palabras sobre el Esp\u00edritu Santo como \u00ab otro Par\u00e1clito \u00bb, palabras dirigidas a los ap\u00f3stoles en el Cen\u00e1culo e indirectamente a todos: \u00ab Vosotros le conoc\u00e9is, porque mora con vosotros \u00bb.179<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6. El pecado contra el Esp\u00edritu Santo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">46. En el marco de lo dicho hasta ahora, resultan m\u00e1s comprensibles otras palabras, impresionantes y desconcertantes, de Jes\u00fas. Las podr\u00edamos llamar las palabras del \u00ab no-perd\u00f3n \u00bb. Nos las refieren los Sin\u00f3pticos respecto a un pecado particular que es llamado \u00ab blasfemia contra el Esp\u00edritu Santo \u00bb. As\u00ed han sido referidas en su triple redacci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mateo: \u00ab Todo pecado y blasfemia se perdonar\u00e1 a los hombres, pero la blasfemia contra el Esp\u00edritu no ser\u00e1 perdonada. Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonar\u00e1; pero al que la diga contra el Esp\u00edritu Santo, no se le perdonar\u00e1 ni en este mundo ni en el otro \u00bb.180<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Marcos: \u00ab Se perdonar\u00e1 todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que \u00e9stas sean. Pero el que blasfeme contra el Esp\u00edritu Santo, no tendr\u00e1 perd\u00f3n nunca, antes bien, ser\u00e1 reo de pecado eterno \u00bb.181<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lucas: \u00ab A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonar\u00e1; pero al que blasfeme contra el Esp\u00edritu Santo, no se le perdonar\u00e1 \u00bb.182<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfPor qu\u00e9 la blasfemia contra el Esp\u00edritu Santo es imperdonable? \u00bfC\u00f3mo se entiende esta blasfemia? Responde Santo Tom\u00e1s de Aquino que se trata de un pecado \u00ab irremisible seg\u00fan su naturaleza, en cuanto excluye aquellos elementos, gracias a los cuales se da la remisi\u00f3n de los pecados \u00bb.183<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Seg\u00fan esta ex\u00e9gesis la \u00ab blasfemia \u00bb no consiste en el hecho de ofender con palabras al Esp\u00edritu Santo; consiste, por el contrario, en el rechazo de aceptar la salvaci\u00f3n que Dios ofrece al hombre por medio del Esp\u00edritu Santo, que act\u00faa en virtud del sacrificio de la Cruz. Si el hombre rechaza aquel \u00ab convencer sobre el pecado \u00bb, que proviene del Esp\u00edritu Santo y tiene un car\u00e1cter salv\u00edfico, rechaza a la vez la \u00ab venida \u00bb del Par\u00e1clito aquella \u00ab venida \u00bb que se ha realizado en el misterio pascual, en la unidad mediante la fuerza redentora de la Sangre de Cristo. La Sangre que \u00ab purifica de las obras muertas nuestra conciencia \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sabemos que un fruto de esta purificaci\u00f3n es la remisi\u00f3n de los pecados. Por tanto, el que rechaza el Esp\u00edritu y la Sangre permanece en las \u00ab obras muertas \u00bb, o sea en el pecado. Y la blasfemia contra el Esp\u00edritu Santo consiste precisamente en el rechazo radical de aceptar esta remisi\u00f3n, de la que el mismo Esp\u00edritu es el \u00edntimo dispensador y que presupone la verdadera conversi\u00f3n obrada por \u00e9l en la conciencia. Si Jes\u00fas afirma que la blasfemia contra el Esp\u00edritu Santo no puede ser perdonada ni en esta vida ni en la futura, es porque esta \u00ab no-remisi\u00f3n \u00bb est\u00e1 unida, como causa suya, a la \u00ab no-penitencia \u00bb, es decir al rechazo radical del convertirse. Lo que significa el rechazo de acudir a las fuentes de la Redenci\u00f3n, las cuales, sin embargo, quedan \u00ab siempre \u00bb abiertas en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, en la que se realiza la misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. El Par\u00e1clito tiene el poder infinito de sacar de estas fuentes: \u00ab recibir\u00e1 de lo m\u00edo \u00bb, dijo Jes\u00fas. De este modo el Esp\u00edritu completa en las almas la obra de la Redenci\u00f3n realizada por Cristo, distribuyendo sus frutos. Ahora bien la blasfemia contra el Esp\u00edritu Santo es el pecado cometido por el hombre, que reivindica un pretendido \u00ab derecho de perseverar en el mal \u00bb \u2014en cualquier pecado\u2014 y rechaza as\u00ed la Redenci\u00f3n El hombre encerrado en el pecado, haciendo imposible por su parte la conversi\u00f3n y, por consiguiente, tambi\u00e9n la remisi\u00f3n de sus pecados, que considera no esencial o sin importancia para su vida. Esta es una condici\u00f3n de ruina espiritual, dado que la blasfemia contra el Esp\u00edritu Santo no permite al hombre salir de su autoprisi\u00f3n y abrirse a las fuentes divinas de la purificaci\u00f3n de las conciencias y remisi\u00f3n de los pecados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">47. La acci\u00f3n del Esp\u00edritu de la verdad, que tiende al salv\u00edfico \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb, encuentra en el hombre que se halla en esta condici\u00f3n una resistencia interior, como una impermeabilidad de la conciencia, un estado de \u00e1nimo que podr\u00eda decirse consolidado en raz\u00f3n de una libre elecci\u00f3n: es lo que la Sagrada Escritura suele llamar \u00ab dureza de coraz\u00f3n \u00bb.184 En nuestro tiempo a esta actitud de mente y coraz\u00f3n corresponde quiz\u00e1s la p\u00e9rdida del sentido del pecado, a la que dedica muchas p\u00e1ginas la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Reconciliatio et paenitentia.185 Anteriormente el Papa P\u00edo XII hab\u00eda afirmado que \u00ab el pecado de nuestro siglo es la p\u00e9rdida del sentido del pecado \u00bb 186 y esta p\u00e9rdida est\u00e1 acompa\u00f1ada por la \u00ab p\u00e9rdida del sentido de Dios \u00bb. En la citada Exhortaci\u00f3n leemos: \u00ab En realidad, Dios es la ra\u00edz y el fin supremo del hombre y \u00e9ste lleva en s\u00ed un germen divino. Por ello, es la realidad de Dios la que descubre e ilumina el misterio del hombre. Es vano, por lo tanto, esperar que tenga consistencia un sentido del pecado respecto al hombre y a los valores humanos, si falta el sentido de la ofensa cometida contra Dios, o sea, el verdadero sentido del pecado \u00bb.187 La Iglesia, por consiguiente, no cesa de implorar a Dios la gracia de que no disminuya la rectitud en las conciencias humanas, que no se aten\u00fae su sana sensibilidad ante el bien y el mal. Esta rectitud y sensibilidad est\u00e1n profundamente unidas a la acci\u00f3n \u00edntima del Esp\u00edritu de la verdad. Con esta luz adquieren un significado particular las exhortaciones del Ap\u00f3stol: \u00ab No exting\u00e1is el Esp\u00edritu \u00bb, \u00ab no entristezc\u00e1is al Esp\u00edritu Santo \u00bb.188 Pero la Iglesia, sobre todo, no cesa de suplicar con gran fervor que no aumente en el mundo aquel pecado llamado por el Evangelio blasfemia contra el Esp\u00edritu Santo; antes bien que retroceda en las almas de los hombres y tambi\u00e9n en los mismos ambientes y en las distintas formas de la sociedad, dando lugar a la apertura de las conciencias, necesaria para la acci\u00f3n salv\u00edfica del Esp\u00edritu Santo. La Iglesia ruega que el peligroso pecado contra el Esp\u00edritu deje lugar a una santa disponibilidad a aceptar su misi\u00f3n de Par\u00e1clito, cuando viene para \u00ab convencer al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">48. Jes\u00fas en su discurso de despedida ha unido estos tres \u00e1mbitos del \u00ab convencer \u00bb como componentes de la misi\u00f3n del Par\u00e1clito: el pecado, la justicia y el juicio. Ellos se\u00f1alan la dimensi\u00f3n de aquel misterio de la piedad, que en la historia del hombre se opone al pecado, es decir al misterio de la impiedad.189 Por un lado, como se expresa San Agust\u00edn, existe el \u00ab amor de uno mismo hasta el desprecio de Dios \u00bb; por el otro, existe el \u00ab amor de Dios hasta el desprecio de uno mismo \u00bb.190 La Iglesia eleva sin cesar su oraci\u00f3n y ejerce su ministerio para que la historia de las conciencias y la historia de las sociedades en la gran familia humana no se abajen al polo del pecado con el rechazo de los mandamientos de Dios \u00ab hasta el desprecio de Dios \u00bb, sino que, por el contrario, se eleven hacia el amor en el que se manifiesta el Esp\u00edritu que da la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los que se dejan \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb por el Esp\u00edritu Santo, se dejan convencer tambi\u00e9n en lo referente a \u00ab la justicia y al juicio \u00bb. El Esp\u00edritu de la verdad que ayuda a los hombres, a las conciencias humanas, a conocer la verdad del pecado, a la vez hace que conozcan la verdad de aquella justicia que entr\u00f3 en la historia del hombre con Jesucristo. De este modo, los que \u00ab convencidos en lo referente al pecado \u00bb se convierten bajo la acci\u00f3n del Par\u00e1clito, son conducidos, en cierto modo, fuera del \u00e1mbito del \u00ab juicio \u00bb: de aquel \u00ab juicio \u00bb mediante el cual \u00ab el Pr\u00edncipe de este mundo est\u00e1 juzgado \u00bb.191 La conversi\u00f3n, en la profundidad de su misterio divino-humano, significa la ruptura de todo v\u00ednculo mediante el cual el pecado ata al hombre en el conjunto del misterio de la impiedad. Los que se convierten, pues, son conducidos por el Esp\u00edritu Santo fuera del \u00e1mbito del \u00ab juicio \u00bb e introducidos en aquella justicia, que est\u00e1 en Cristo Jes\u00fas, porque la \u00ab recibe \u00bb del Padre,192 como un reflejo de la santidad trinitaria. Esta es la justicia del Evangelio y de la Redenci\u00f3n, la justicia del Serm\u00f3n de la monta\u00f1a y de la Cruz, que realiza la purificaci\u00f3n de la conciencia por medio de la Sangre del Cordero. Es la justicia que el Padre da al Hijo y a todos aquellos, que se han unido a \u00e9l en la verdad y en el amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esta justicia el Esp\u00edritu Santo, Esp\u00edritu del Padre y del Hijo, que \u00ab convence al mundo en lo referente al pecado \u00bb se manifiesta y se hace presente al hombre como Esp\u00edritu de vida eterna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">III PARTE &#8211; EL ESP\u00cdRITU QUE DA LA VIDA<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. Motivo del Jubileo del a\u00f1o dos mil: Cristo que fue concebido por obra y gracia del Esp\u00edritu Santo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">49. El pensamiento y el coraz\u00f3n de la Iglesia se dirigen al Esp\u00edritu Santo al final del siglo veinte y en la perspectiva del tercer milenio de la venida de Jesucristo al mundo, mientras miramos al gran Jubileo con el que la Iglesia celebrar\u00e1 este acontecimiento. En efecto, dicha venida se mide, seg\u00fan el c\u00f3mputo del tiempo, como un acontecimiento que pertenece a la historia del hombre en la tierra. La medida del tiempo, usada com\u00fanmente, determina los a\u00f1os, siglos y milenios seg\u00fan trascurran antes o despu\u00e9s del nacimiento de Cristo. Pero hay que tener tambi\u00e9n presente que, para nosotros los cristianos este acontecimiento significa, seg\u00fan el Ap\u00f3stol, la \u00ab plenitud de los tiempos \u00bb,193 porque a trav\u00e9s de ellos Dios mismo, con su \u00ab medida \u00bb, penetr\u00f3 completamente en la historia del hombre: es una presencia trascendente en el \u00ab ahora \u00bb (\u00ab nunc \u00bb) eterno. \u00ab Aqu\u00e9l que es, que era y que va a venir \u00bb; aqu\u00e9l que es \u00ab el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin \u00bb.194 \u00ab Porque tanto am\u00f3 Dios al mundo que le dio su Hijo \u00fanico, para que todo el que crea en \u00e9l no perezca, sino que tenga vida eterna \u00bb.195 \u00ab Pero al llegar la plenitud de los tiempos, envi\u00f3 Dios a su Hijo, nacido de mujer &#8230; para que recibi\u00e9ramos la filiaci\u00f3n \u00bb.196 y esta encarnaci\u00f3n del Hijo-Verbo tuvo lugar \u00ab por obra del Esp\u00edritu Santo \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los dos evangelistas, a quienes debemos la narraci\u00f3n del nacimiento y de la infancia de Jes\u00fas de Nazaret, se pronuncian del mismo modo sobre esta cuesti\u00f3n. Seg\u00fan Lucas, en la anunciaci\u00f3n del nacimiento de Jes\u00fas Mar\u00eda pregunta: \u00ab \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 esto, puesto que no conozco var\u00f3n? \u00bb y recibe esta respuesta: \u00ab El Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 sobre ti, y el poder del Alt\u00edsimo te cubrir\u00e1 con su sombra; por eso el que ha de nacer ser\u00e1 santo y ser\u00e1 llamado Hijo de Dios \u00bb.197<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mateo narra directamente: \u00ab El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, Mar\u00eda, estaba desposada con Jos\u00e9 y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontr\u00f3 encinta por obra del Esp\u00edritu Santo \u00bb.198 Jos\u00e9 turbado por esta situaci\u00f3n, recibe en sue\u00f1os la siguiente explicaci\u00f3n: \u00ab No temas tomar contigo a Mar\u00eda tu esposa, porque lo concebido en ella viene del Esp\u00edritu Santo. Dar\u00e1 a luz a un hijo a quien pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas, porque \u00e9l salvar\u00e1 a su pueblo de sus pecados \u00bb. 199<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por esto, la Iglesia desde el principio profesa el misterio de la encarnaci\u00f3n, misterio-clave de la fe, refiri\u00e9ndose al Esp\u00edritu Santo. Dice el S\u00edmbolo Apost\u00f3lico: \u00ab que fue concebido por obra y gracia del Esp\u00edritu Santo; naci\u00f3 de Santa Mar\u00eda Virgen \u00bb. Y no se diferencia del S\u00edmbolo nicenoconstantinopolitano cuando afirma: \u00ab Y por obra del Esp\u00edritu Santo se encarn\u00f3 de Mar\u00eda la Virgen, y se hizo hombre \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab Por obra del Esp\u00edritu Santo \u00bb se hizo hombre aqu\u00e9l que la Iglesia, con las palabras del mismo S\u00edmbolo, confiesa que es el Hijo consubstancial al Padre: \u00ab Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado \u00bb. Se hizo hombre \u00ab encarn\u00e1ndose en el seno de la Virgen Mar\u00eda \u00bb. Esto es lo que se realiz\u00f3 \u00ab al llegar la plenitud de los tiempos \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">50. El gran Jubileo, que concluir\u00e1 el segundo milenio al que la Iglesia ya se prepara, tiene directamente una dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica; en efecto, se trata de celebrar el nacimiento de Jesucristo. Al mismo tiempo, tiene una dimensi\u00f3n pneumatol\u00f3gica, ya que el misterio de la Encarnaci\u00f3n se realiz\u00f3 \u00ab por obra del Esp\u00edritu Santo \u00bb. Lo \u00ab realiz\u00f3 aquel Esp\u00edritu que \u2014consubstancial al Padre y al Hijo\u2014 es, en el misterio absoluto de Dios uno y trino, la Persona-amor, el don increado, fuente eterna de toda d\u00e1diva que proviene de Dios en el orden de la creaci\u00f3n, el principio directo y, en cierto modo, el sujeto de la autocomunicaci\u00f3n de Dios en el orden de la gracia. El misterio de la Encarnaci\u00f3n de Dios constituye el culmen de esta d\u00e1diva y de esta autocomunicaci\u00f3n divina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, la concepci\u00f3n y el nacimiento de Jesucristo son la obra m\u00e1s grande realizada por el Esp\u00edritu Santo en la historia de la creaci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n: la suprema gracia \u2014\u00ab la gracia de la uni\u00f3n \u00bb\u2014fuente de todas las dem\u00e1s gracias, como explica Santo Tom\u00e1s.200 A esta obra se refiere el gran Jubileo y se refiere tambi\u00e9n \u2014si penetramos en su profundidad\u2014 al art\u00edfice de esta obra: la persona del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A \u00ab la plenitud de los tiempos \u00bb corresponde, en efecto, una especial plenitud de la comunicaci\u00f3n de Dios uno y trino en el Esp\u00edritu Santo. \u00ab Por obra del Esp\u00edritu Santo \u00bb se realiza el misterio de la \u00ab uni\u00f3n hipost\u00e1tica \u00bb, esto es, la uni\u00f3n de la naturaleza divina con la naturaleza humana, de la divinidad con la humanidad en la \u00fanica Persona del Verbo-Hijo. Cuando Mar\u00eda en el momento de la anunciaci\u00f3n pronuncia su \u00ab fiat \u00bb: \u00ab H\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra \u00bb,201 concibe de modo virginal un hombre, el Hijo del hombre, que es el Hijo de Dios. Mediante este \u00ab humanarse \u00bb del Verbo-Hijo, la autocomunicaci\u00f3n de Dios alcanza su plenitud definitiva en la historia de la creaci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n. Esta plenitud adquiere una especial densidad y elocuencia expresiva en el texto del evangelio de San Juan. \u00ab La Palabra se hizo carne \u00bb.202 La Encarnaci\u00f3n de Dios-Hijo significa asumir la unidad con Dios no s\u00f3lo de la naturaleza humana sino asumir tambi\u00e9n en ella, en cierto modo, todo lo que es \u00ab carne \u00bb toda la humanidad, todo el mundo visible y material. La Encarnaci\u00f3n, por tanto, tiene tambi\u00e9n su significado c\u00f3smico y su dimensi\u00f3n c\u00f3smica. El \u00ab Primog\u00e9nito de toda la creaci\u00f3n \u00bb,203 al encarnarse en la humanidad individual de Cristo, se une en cierto modo a toda la realidad del hombre, el cual es tambi\u00e9n \u00ab carne \u00bb,204 y en ella a toda \u00ab carne \u00bb y a toda la creaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">51. Todo esto se realiza por obra del Esp\u00edritu Santo y, por consiguiente, pertenece al contenido del gran Jubileo futuro. La Iglesia no puede prepararse a ello de otro modo, sino es por el Esp\u00edritu Santo. Lo que en \u00ab la plenitud de los tiempos \u00bb se realiz\u00f3 por obra del Esp\u00edritu Santo, solamente por obra suya puede ahora surgir de la memoria de la Iglesia. Por obra suya puede hacerse presente en la nueva fase de la historia del hombre sobre la tierra: el a\u00f1o dos mil del nacimiento de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Esp\u00edritu Santo, que cubri\u00f3 con su sombra el cuerpo virginal de Mar\u00eda, dando comienzo en ella a la maternidad divina, al mismo tiempo hizo que su coraz\u00f3n fuera perfectamente obediente a aquella autocomunicaci\u00f3n de Dios que superaba todo concepto y toda facultad humana. \u00ab \u00a1Feliz la que ha cre\u00eddo! \u00bb; 205 as\u00ed es saludada Mar\u00eda por su parienta Isabel, que tambi\u00e9n estaba \u00ab llena de Esp\u00edritu Santo \u00bb,206 En las palabras de saludo a la que \u00ab ha cre\u00eddo \u00bb, parece vislumbrarse un lejano (pero en realidad muy cercano) contraste con todos aquellos de los que Cristo dir\u00e1 que \u00ab no creyeron \u00bb,207 Mar\u00eda entr\u00f3 en la historia de la salvaci\u00f3n del mundo mediante la obediencia de la fe. Y la fe, en su esencia m\u00e1s profunda, es la apertura del coraz\u00f3n humano ante el don: ante la autocomunicaci\u00f3n de Dios por el Esp\u00edritu Santo. Escribe San Pablo: \u00ab El Se\u00f1or es el Esp\u00edritu, y donde est\u00e1 el Esp\u00edritu del Se\u00f1or, all\u00ed est\u00e1 la libertad \u00bb.208 Cuando Dios Uno y Trino se abre al hombre por el Esp\u00edritu Santo, esta \u00ab apertura \u00bb suya revela y, a la vez, da a la creatura-hombre la plenitud de la libertad. Esta plenitud, de modo sublime, se ha manifestado precisamente mediante la fe de Mar\u00eda, mediante \u00ab la obediencia a la fe \u00bb.209 S\u00ed, \u00ab \u00a1feliz la que ha cre\u00eddo! \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. Motivo del Jubileo: se ha manifestado la gracia<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">52. La obra del Esp\u00edritu \u00ab que da la vida \u00bb alcanza su culmen en el misterio de la Encarnaci\u00f3n. No es posible dar la vida, que est\u00e1 en Dios de modo pleno, sino es haciendo de ella la vida de un Hombre, como lo es Cristo en su humanidad personalizada por el Verbo en la uni\u00f3n hipost\u00e1tica. Y. al mismo tiempo, con el misterio de la Encarnaci\u00f3n se abre de un modo nuevo la fuente de esta vida divina en la historia de la humanidad: el Esp\u00edritu Santo. EL Verbo, \u00ab Primog\u00e9nito de toda la creaci\u00f3n \u00bb, se convierte en \u00ab el primog\u00e9nito entre muchos hermanos \u00bb210 y as\u00ed llega a ser tambi\u00e9n la cabeza del cuerpo que es la Iglesia, que nacer\u00e1 en la Cruz y se manifestar\u00e1 el d\u00eda de Pentecost\u00e9s; y es en la Iglesia la cabeza de la humanidad: de los hombres de toda naci\u00f3n, raza, regi\u00f3n y cultura, lengua y continente, que han sido llamados a la salvaci\u00f3n. \u00ab La Palabra se hizo carne; (aquella Palabra en la que) estaba la vida, y la vida era la Luz de los hombres &#8230; A todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios \u00bb.211 Pero todo esto se realiz\u00f3 y sigue realiz\u00e1ndose incesantemente \u00ab por obra del Esp\u00edritu Santo \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab Hijos de Dios \u00bb son, en efecto, como ense\u00f1a el Ap\u00f3stol, \u00ab los que son guiados por el Esp\u00edritu de Dios \u00bb.212 La filiaci\u00f3n de la adopci\u00f3n divina nace en los hombres sobre la base del misterio de la Encarnaci\u00f3n, o sea, gracias a Cristo, el eterno Hijo. Pero el nacimiento, o el nacer de nuevo, tiene lugar cuando Dios Padre \u00ab ha enviado a nuestros corazones el Esp\u00edritu de su Hijo \u00bb.213 Entonces, realmente \u00ab recibimos un Esp\u00edritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: \u00ab \u00a1Abb\u00e1, Padre! \u00bb.214 Por tanto, aquella filiaci\u00f3n divina, insertada en el alma humana con la gracia santificante, es obra del Esp\u00edritu Santo. \u00ab El Esp\u00edritu mismo se une a nuestro esp\u00edritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si hijos, tambi\u00e9n herederos; herederos de Dios, coherederos de Cristo \u00bb.215 La gracia santificante es en el hombre el principio y la fuente de la nueva vida: vida divina y sobrenatural.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El don de esta nueva vida es como una respuesta definitiva de Dios a las palabras del Salmista en las que, en cierto modo, resuena la voz de todas las criaturas: \u00ab Env\u00edas tu soplo y son creadas, y renuevas la faz de la tierra \u00bb.216 Aqu\u00e9l que en el misterio de la creaci\u00f3n da al hombre y al cosmos la vida en sus m\u00faltiples formas visibles e invisibles, la renueva mediante el misterio de la Encarnaci\u00f3n. De esta manera, la creaci\u00f3n es completada con la Encarnaci\u00f3n e impregnada desde entonces por las fuerzas de la redenci\u00f3n que abarcan la humanidad y todo lo creado. Nos lo dice San Pablo, cuya visi\u00f3n c\u00f3smico-teol\u00f3gica parece evocar la voz del antiguo Salmo: \u00ab la ansiosa espera de la creaci\u00f3n desea vivamente la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios \u00bb,217 esto es, de aquellos que Dios, habi\u00e9ndoles \u00ab conocido desde siempre \u00bb, \u00ab los predestin\u00f3 a reproducir \u00ab la imagen de su Hijo \u00bb.218 Se da as\u00ed una \u00ab adopci\u00f3n sobrenatural \u00bb de los hombres, de la que es origen el Esp\u00edritu Santo, amor y don. Como tal es dado a los hombres. Y en la sobreabundancia del don increado, por medio del cual los hombres \u00ab se hacen part\u00edcipes de la naturaleza divina \u00bb.219 As\u00ed la vida humana es penetrada por la participaci\u00f3n de la vida divina y recibe tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n divina y sobrenatural. Se tiene as\u00ed la nueva vida en la que, como part\u00edcipes del misterio de la Encarnaci\u00f3n, \u00ab con el Esp\u00edritu Santo pueden los hombres llegar hasta el Padre \u00bb.220 Hay, por tanto, una \u00edntima dependencia causal entre el Esp\u00edritu que da la vida, la gracia santificante y aquella m\u00faltiple vitalidad sobrenatural que surge en el hombre: entre el Esp\u00edritu increado y el esp\u00edritu humano creado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">53. Puede decirse que todo esto se enmarca en el \u00e1mbito del gran Jubileo mencionado antes. En efecto, es necesario ir mas all\u00e1 de la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica del hecho, considerado exteriormente. Es necesario insertar, en el mismo contenido cristol\u00f3gico del hecho, la dimensi\u00f3n pneumatol\u00f3gica, abarcando con la mirada de la fe los dos milenios de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu de la verdad, el cual, a trav\u00e9s de los siglos, ha recibido del tesoro de la Redenci\u00f3n de Cristo, dando a los hombres la nueva vida, realizando en ellos la adopci\u00f3n en el Hijo unig\u00e9nito, santific\u00e1ndolos, de tal modo que puedan repetir con San Pablo: \u00ab hemos recibido el Esp\u00edritu que viene de Dios \u00bb.221 Pero siguiendo el tema del Jubileo, no es posible limitarse a los dos mil a\u00f1os transcurridos desde el nacimiento de Cristo. Hay que mirar atr\u00e1s, comprender toda la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo a\u00fan antes de Cristo: desde el principio, en todo el mundo y, especialmente, en la econom\u00eda de la Antigua Alianza. En efecto, esta acci\u00f3n en todo lugar y tiempo, m\u00e1s a\u00fan, en cada hombre, se ha desarrollado seg\u00fan el plan eterno de salvaci\u00f3n, por el cual est\u00e1 \u00edntimamente unida al misterio de la Encarnaci\u00f3n y de la Redenci\u00f3n, que a su vez ejerci\u00f3 su influjo en los creyentes en Cristo que hab\u00eda de venir. Esto lo atestigua de modo particular la Carta a los Efesios.222 por tanto, la gracia lleva consigo una caracter\u00edstica cristol\u00f3gica y a la vez pneumatol\u00f3gica que se verifica sobre todo en quienes expl\u00edcitamente se adhieren a Cristo: \u00ab En \u00e9l (en Cristo) &#8230; fuisteis sellados con el Esp\u00edritu Santo de la Promesa, que es prenda de nuestra herencia para redenci\u00f3n del Pueblo de su posesi\u00f3n \u00bb.223<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero siempre en la perspectiva del gran Jubileo, debemos mirar m\u00e1s abiertamente y caminar \u00ab hacia el mar abierto \u00bb, conscientes de que \u00ab el viento sopla donde quiere \u00bb, seg\u00fan la imagen empleada por Jes\u00fas en el coloquio con Nicodemo.224 El Concilio Vaticano II, centrado sobre todo en el tema de la Iglesia, nos recuerda la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo incluso \u00ab fuera \u00bb del cuerpo visible de la Iglesia. Nos habla justamente de \u00ab todos los hombres de buena voluntad, en cuyo coraz\u00f3n obra la gracia de modo visible. Cristo muri\u00f3 por todos, y la vocaci\u00f3n suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Esp\u00edritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de s\u00f3lo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual \u00bb.225<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">54. \u00ab Dios es esp\u00edritu, y los que adoran deben adorar en esp\u00edritu y verdad \u00bb. 226 Estas palabras las pronunci\u00f3 Jes\u00fas en otro de sus coloquios: aqu\u00e9l con la Samaritana. El gran Jubileo, que se celebrar\u00e1 al final de este milenio y al comienzo del que viene, ha de constituir una fuerte llamada dirigida a todos los que \u00ab adoran a Dios en esp\u00edritu y verdad \u00bb. Ha de ser para todos una ocasi\u00f3n especial para meditar el misterio de Dios uno y trino, que en s\u00ed mismo es completamente trascendente respecto al mundo, especialmente el mundo visible. En efecto, es Esp\u00edritu absoluto: \u00ab Dios es esp\u00edritu \u00bb; 227 y a la vez, y de manera admirable no s\u00f3lo est\u00e1 cercano a este mundo, sino que est\u00e1 presente en \u00e9l y, en cierto modo, inmanente, lo penetra y vivifica desde dentro. Esto sirve especialmente para el hombre: Dios est\u00e1 en lo \u00edntimo de su ser como pensamiento, conciencia, coraz\u00f3n; es realidad psicol\u00f3gica y ontol\u00f3gica ante la cual San Agust\u00edn dec\u00eda: \u00ab es m\u00e1s \u00edntimo de mi intimidad \u00bb.228 Estas palabras nos ayudan a entender mejor las que Jes\u00fas dirigi\u00f3 a la Samaritana: \u00ab Dios es esp\u00edritu \u00bb. Solamente el Esp\u00edritu puede ser \u00ab m\u00e1s \u00edntimo de mi intimidad \u00bb tanto en el ser como en la experiencia espiritual; solamente el Esp\u00edritu puede ser tan inmanente al hombre y al mundo, al permanecer inviolable e inmutable en su absoluta trascendencia<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero la presencia divina en el mundo y en el hombre se ha manifestado de modo nuevo y de forma visible en Jesucristo. Verdaderamente en \u00e9l \u00ab se ha manifestado la gracia \u00bb.229 El amor de Dios Padre, don, gracia infinita, principio de vida, se ha hecho visible en Cristo, y en su humanidad se ha hecho \u00ab parte \u00bb del universo, del g\u00e9nero humano y de la historia. La \u00ab manifestaci\u00f3n de la gracia en la historia del hombre, mediante Jesucristo, se ha realizado por obra del Esp\u00edritu Santo, que es el principio de toda acci\u00f3n salv\u00edfica de Dios en el mundo: es el \u00ab Dios oculto \u00bb 230 que como amor y don \u00ab llena la tierra \u00bb.231 Toda la vida de la Iglesia, como se manifestar\u00e1 en el gran Jubileo, significa ir al encuentro de Dios oculto, al encuentro del Esp\u00edritu que da la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. El Esp\u00edritu Santo en el drama interno del hombre: la carne tiene apetencias contrarias al esp\u00edritu y el esp\u00edritu contrarias a la carne<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">55. Por desgracia, a trav\u00e9s de la historia de la salvaci\u00f3n resulta que la cercan\u00eda y presencia de Dios en el hombre y en el mundo, aquella admirable condescendencia del Esp\u00edritu, encuentra resistencia y oposici\u00f3n en nuestra realidad humana. Desde este punto de vista son muy elocuentes las palabras prof\u00e9ticas del anciano Sime\u00f3n que \u00ab movido por el Esp\u00edritu, vino al Templo de Jerusal\u00e9n para anunciar ante el reci\u00e9n nacido de Bel\u00e9n que \u00e9ste \u00ab est\u00e1 puesto para ca\u00edda y elevaci\u00f3n de muchos en Israel, y para ser se\u00f1al de contradicci\u00f3n \u00bb.232 La oposici\u00f3n a Dios, que es Esp\u00edritu invisible, nace ya en cierto modo en el terreno de la diversidad radical del mundo respecto a \u00e9l, esto es, de su \u00ab visibilidad \u00bb y \u00ab materialidad \u00bb con relaci\u00f3n a \u00e9l, Esp\u00edritu \u00ab invisible \u00bb y \u00ab absoluto \u00bb; nace de su esencial e inevitable imperfecci\u00f3n respecto a \u00e9l, ser perfect\u00edsimo. Pero la oposici\u00f3n se convierte en drama y rebeli\u00f3n en el terreno \u00e9tico, por aquel pecado que toma posesi\u00f3n del coraz\u00f3n humano, en el que \u00ab la carne tiene apetencias contrarias al esp\u00edritu, y el esp\u00edritu contrarias a la carne \u00bb.233 Como ya hemos dicho, el Esp\u00edritu debe \u00ab convencer al mundo \u00bb en lo referente a este pecado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">San Pablo es quien de manera particular mente elocuente describe la tensi\u00f3n y la lucha que turba el coraz\u00f3n humano. Leemos en la Carta a los G\u00e1latas: \u00ab Por mi parte os digo: Si viv\u00eds seg\u00fan el Esp\u00edritu, no dar\u00e9is satisfacci\u00f3n a las apetencias de la carne. Pues la carne tiene apetencias contrarias al esp\u00edritu, y el esp\u00edritu contrarias a la carne, como son entre si antag\u00f3nicos, de forma que no hac\u00e9is lo que quisierais \u00bb.234 Ya en el hombre en cuanto ser compuesto, espiritual y corporal, existe una cierta tensi\u00f3n, tiene lugar una cierta lucha entre el \u00ab esp\u00edritu \u00bb y la \u00ab carne \u00bb. Pero esta lucha pertenece de hecho a la herencia del pecado, del que es una consecuencia y, a la: vez, una confirmaci\u00f3n. Forma parte de la experiencia cotidiana. Como escribe el Ap\u00f3stol: \u00ab Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicaci\u00f3n, impureza, libertinaje &#8230; embriaguez, org\u00edas y cosas semejantes \u00bb. Son los pecados que se podr\u00edan llamar \u00ab carnales \u00bb. Pero el Ap\u00f3stol a\u00f1ade tambi\u00e9n otros: \u00ab odios, discordias, celos, iras, rencillas, divisiones, envidias \u00bb.235 Todo esto son \u00ab las obras de la carne \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero a estas obras, que son indudablemente malas, Pablo contrapone \u00ab el fruto del Esp\u00edritu \u00bb: \u00ab amor, alegr\u00eda, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de s\u00ed \u00bb.236 Por el contexto parece claro que para el Ap\u00f3stol no se trata de discriminar o condenar el cuerpo, que con el alma espiritual constituye la naturaleza del hombre y su subjetividad personal; sino que trata de las obras, \u2014mejor dicho, de las disposiciones estables\u2014 virtudes y vicios, moralmente buenas o malas, que son fruto de sumisi\u00f3n (en el primer caso) o bien de resistencia (en el segundo) a la acci\u00f3n salv\u00edfica del Esp\u00edritu Santo. Por ello, el Ap\u00f3stol escribe: \u00ab Si vivimos seg\u00fan el Esp\u00edritu, obremos tambi\u00e9n seg\u00fan el Esp\u00edritu \u00bb.237 Y en otros pasajes dice: \u00ab Los que viven seg\u00fan la carne, desean lo carnal; m\u00e1s los que viven seg\u00fan el Esp\u00edritu, lo espiritual \u00bb; \u00ab mas nosotros no estamos en la carne, sino en el Esp\u00edritu, ya que el Esp\u00edritu de Dios habita en nosotros \u00bb.238 La contraposici\u00f3n que San Pablo establece entre la vida \u00ab seg\u00fan el esp\u00edritu \u00bb y la vida \u00ab seg\u00fan la carne \u00bb, genera una contraposici\u00f3n ulterior: la de la \u00ab vida \u00bb y la \u00ab muerte \u00bb. \u00ab Las tendencias de la carne son muerte; mas las del esp\u00edritu, vida y paz \u00bb; de aqu\u00ed su exhortaci\u00f3n: \u00ab Si vivis seg\u00fan la carne, morir\u00e9is. Pero si con el Esp\u00edritu hac\u00e9is morir las obras del cuerpo, vivir\u00e9is \u00bb.239<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo cual \u00e9sta es una exhortaci\u00f3n a vivir en la verdad, esto es, seg\u00fan los imperativos de la recta conciencia y, al mismo tiempo, es una profesi\u00f3n de fe en el Esp\u00edritu de la verdad, que da la vida. En efecto, \u00ab Aunque el cuerpo haya muerto ya a causa del pecado, el esp\u00edritu es vida a causa de la justicia \u00bb; \u00ab As\u00ed que &#8230; no somos deudores de la carne para vivir seg\u00fan la carne \u00bb; 240 somos mas bien, deudores de Cristo, que en el misterio pascual ha realizado nuestra justificaci\u00f3n consigui\u00e9ndonos el Esp\u00edritu Santo: \u00ab \u00a1Hemos sido bien comprados! \u00bb.241<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los textos de San Pablo se superponen \u2014y se compenetran rec\u00edprocamente\u2014 la dimensi\u00f3n ontol\u00f3gica (la carne y el esp\u00edritu), la \u00e9tica (el bien y el mal) y la pneumatol\u00f3gica (la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en el orden de la gracia). Sus palabras (especialmente en las Cartas a los Romanos y a los G\u00e1latas) nos permiten conocer y sentir vivamente la fuerza de aquella tensi\u00f3n y lucha que tiene lugar en el hombre entre la apertura a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, y la resistencia y oposici\u00f3n a \u00e9l, a su don salv\u00edfico. Los t\u00e9rminos o polos contrapuestos son, por parte del hombre, su limitaci\u00f3n y pecaminosidad, puntos neur\u00e1lgicos de su realidad psicol\u00f3gica y \u00e9tica; y, por parte de Dios, el misterio del don, aquella incesante donaci\u00f3n de la vida divina por el Esp\u00edritu Santo. \u00bfDe quien ser\u00e1 la victoria? De quien haya sabido acoger el don.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">56. Por desgracia, la resistencia al Esp\u00edritu Santo, que San Pablo subraya en la dimensi\u00f3n interior y subjetiva como tensi\u00f3n, lucha y rebeli\u00f3n que tiene lugar en el coraz\u00f3n humano, encuentra en las diversas \u00e9pocas hist\u00f3ricas y, especialmente, en la \u00e9poca moderna su dimensi\u00f3n externa, concentr\u00e1ndose como contenido de la cultura y de la civilizaci\u00f3n, como sistema filos\u00f3fico, como ideolog\u00eda, como programa de acci\u00f3n y formaci\u00f3n de los comportamientos humanos. Encuentra su m\u00e1xima expresi\u00f3n en el materialismo, ya sea en su forma te\u00f3rica \u2014como sistema de pensamiento\u2014 ya sea en su forma pr\u00e1ctica \u2014como m\u00e9todo de lectura y de valoraci\u00f3n de los hechos\u2014 y adem\u00e1s como programa de conducta correspondiente. El sistema que ha dado el m\u00e1ximo desarrollo y ha llevado a sus extremas consecuencias pr\u00e1cticas esta forma de pensamiento, de ideolog\u00eda y de praxis, es el materialismo dial\u00e9ctico e hist\u00f3rico, reconocido hoy como n\u00facleo vital del marxismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por principio y de hecho el materialismo excluye radicalmente la presencia y la acci\u00f3n de Dios, que es Esp\u00edritu, en el mundo y, sobre todo, en el hombre por la raz\u00f3n fundamental de que no acepta su existencia, al ser un sistema esencial y program\u00e1ticamente ateo. Es el fen\u00f3meno impresionante de nuestro tiempo al que el Concilio Vaticano II ha dedicado algunas p\u00e1ginas significativas: el ate\u00edsmo.242 Aunque no se puede hablar del ate\u00edsmo de modo un\u00edvoco, ni se le puede reducir exclusivamente a la filosof\u00eda materialista dado que existen varias especies de ate\u00edsmo y quiz\u00e1s puede decirse que a menudo se usa esta palabra de modo equ\u00edvoco sin embargo es cierto que un materialismo verdadero y propio entendido como teor\u00eda explica la realidad y tomado como principio clave de la acci\u00f3n personal y social, tiene car\u00e1cter ateo. El horizonte de los valores y de los fines de la praxis, que \u00e9l delimita, est\u00e1 \u00edntimamente unido a la interpretaci\u00f3n de toda la realidad como \u00ab materia \u00bb. Si a veces habla tambi\u00e9n del \u00ab esp\u00edritu \u00bb y de las \u00ab cuestiones del esp\u00edritu \u00bb, por ejemplo en el campo de la cultura o de la moral, lo hace solamente porque considera algunos hechos como derivados (epifen\u00f3menos) de la materia, la cual seg\u00fan este sistema es la forma \u00fanica y exclusiva del ser. De aqu\u00ed se sigue que, seg\u00fan esta interpretaci\u00f3n, la religi\u00f3n puede ser entendida solamente como una especie de \u00ab ilusi\u00f3n idealista \u00bb que ha de ser combatida con los modos y m\u00e9todos m\u00e1s oportunos seg\u00fan los lugares y circunstancias hist\u00f3ricas, para eliminarlas de la sociedad y del coraz\u00f3n mismo del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se puede decir, por tanto, que el materialismo es el desarrollo sistem\u00e1tico y coherente de aquella \u00ab resistencia \u00bb y oposici\u00f3n denunciados por San Pablo con estas palabras: \u00ab La carne tiene apetencias contrarias al esp\u00edritu \u00bb. Este conflicto es, sin embargo, rec\u00edproco como lo pone de relieve el Ap\u00f3stol en la segunda parte de su m\u00e1xima: \u00ab El esp\u00edritu tiene apetencias contrarias a la carne \u00bb. El que quiere vivir seg\u00fan el Esp\u00edritu, aceptando y correspondiendo a su acci\u00f3n salv\u00edfica, no puede dejar de rechazar las tendencias y pretensiones internas y externas de la \u00ab carne \u00bb, incluso en su expresi\u00f3n ideol\u00f3gica e hist\u00f3rica de \u00ab materialismo \u00bb antirreligioso. En esta perspectiva tan caracter\u00edstica de nuestro tiempo se deben subrayar las \u00ab apetencias del esp\u00edritu \u00bb en los preparativos del gran Jubileo, como llamadas que resuenan en la noche de un nuevo tiempo de adviento, donde al final, como hace dos mil a\u00f1os, \u00ab todos ver\u00e1n la salvaci\u00f3n de Dios \u00bb.243 Esta es una posibilidad y una esperanza que la Iglesia conf\u00eda a los hombres de hoy. Ella sabe que el encuentro-choque entre las \u00ab apetencias contrarias al esp\u00edritu \u00bb \u2014que caracterizan tantos aspectos de la civilizaci\u00f3n contempor\u00e1nea, especialmente en algunos de sus \u00e1mbitos\u2014 y las \u00ab apetencias contrarias a la carne \u00bb, con el acercamiento de Dios, con su encarnaci\u00f3n, con su comunicaci\u00f3n siempre nueva del Esp\u00edritu Santo, puede representar en muchos casos un car\u00e1cter dram\u00e1tico y terminar en nuevas derrotas humanas. Pero ella cree firmemente que, por parte de Dios, existe siempre una comunicaci\u00f3n salv\u00edfica, una venida salv\u00edfica y, si acaso, un salv\u00edfico \u00ab convencer en lo referente al pecado \u00bb por obra del Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">57. En la contraposici\u00f3n paulina entre el \u00ab esp\u00edritu \u00bb y la \u00ab carne \u00bb est\u00e1 incluida tambi\u00e9n la contraposici\u00f3n entre la \u00ab vida \u00bb y la \u00ab muerte \u00bb. Este es un grave problema sobre el que se debe decir ahora que el materialismo, como sistema de pensamiento en cualquiera de sus versiones, significa la aceptaci\u00f3n de la muerte como final definitivo de la existencia humana. Todo lo que es material es corruptible y, por tanto, el cuerpo humano (en cuanto \u00ab animal \u00bb) es mortal. Si el hombre en su esencia es s\u00f3lo \u00ab carne \u00bb, la muerte es para \u00e9l una frontera y un t\u00e9rmino insalvable. Entonces se entiende el que pueda decirse que la vida humana es exclusivamente un \u00ab existir para morir \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es necesario a\u00f1adir que en el horizonte de la civilizaci\u00f3n contempor\u00e1nea \u2014especialmente la m\u00e1s avanzada en sentido t\u00e9cnico-cient\u00edfico\u2014 los signos y se\u00f1ales de muerte han llegado a ser particularmente presentes y frecuentes. Baste pensar en la carrera armamentista y en el peligro, a que la misma conlleva, de una autodestrucci\u00f3n nuclear. Por otra parte, se hace cada vez m\u00e1s patente a todos la grave situaci\u00f3n de extensas regiones del planeta, marcadas por la indigencia y el hambre que llevan a la muerte. Se trata de problemas que no son s\u00f3lo econ\u00f3micos, sino tambi\u00e9n y ante todo \u00e9ticos. Pero en el horizonte de nuestra \u00e9poca se vislumbran \u00ab signos de muerte \u00bb a\u00fan m\u00e1s sombr\u00edos; se ha difundido el uso \u2014que en algunos lugares corre el riesgo de convertirse en instituci\u00f3n\u2014 de quitar la vida a los seres humanos a\u00fan antes de su nacimiento, o tambi\u00e9n antes de que lleguen a la meta natural de la muerte. Y m\u00e1s a\u00fan, a pesar de tan nobles esfuerzos en favor de la paz, se han desencadenado y se dan todav\u00eda nuevas guerras que privan de la vida o de la salud a centenares de miles de hombres. Y \u00bfc\u00f3mo no recordar los atentados a la vida humana por parte del terrorismo, organizado incluso a escala internacional?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por desgracia, esto es solamente un esbozo parcial e incompleto del cuadro de muerte que se est\u00e1 perfilando en nuestra \u00e9poca, mientras nos acercamos cada vez m\u00e1s al final del segundo milenio cristiano. Desde el sombr\u00edo panorama de la civilizaci\u00f3n materialista y, en particular, desde aquellos signos de muerte que se multiplican en el marco sociol\u00f3gico-hist\u00f3rico en que se mueve \u00bfno surge acaso una nueva invocaci\u00f3n, m\u00e1s o menos consciente, al Esp\u00edritu que da la vida? En cualquier caso, incluso independientemente del grado de esperanza o de desesperaci\u00f3n humana, as\u00ed como de las ilusiones o de los desenga\u00f1os que se derivan del desarrollo de los sistemas materialistas de pensamiento y de vida, queda la certeza cristiana de que el viento sopla donde quiere, de que nosotros poseemos \u00ab las primicias del Esp\u00edritu \u00bb y que, por tanto, podemos estar tambi\u00e9n sujetos a los sufrimientos del tiempo que pasa, pero \u00ab gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo \u00bb,244 esto es, de nuestro ser humano, corporal y espiritual. Gemimos, s\u00ed, pero en una espera llena de indefectible esperanza, porque precisamente a este ser humano se ha acercado Dios, que es Esp\u00edritu. \u00ab Dios, habiendo enviado a su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado, y en orden al pecado, conden\u00f3 el pecado en la carne \u00bb.245 En el culmen del misterio pascual, el Hijo de Dios, hecho hombre y crucificado por los pecados del mundo, se present\u00f3 en medio de sus disc\u00edpulos despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, sopl\u00f3 sobre ellos y dijo: \u00ab Recibid el Esp\u00edritu Santo \u00bb. Este \u00ab soplo \u00bb permanece para siempre. He aqu\u00ed que \u00ab el Esp\u00edritu viene en ayuda de nuestra flaqueza \u00bb.246<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4. El Esp\u00edritu Santo fortalece el \u00ab hombre interior \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">58. El misterio de la Resurrecci\u00f3n y de Pentecost\u00e9s es anunciado y vivido por la Iglesia, que es la heredera y continuadora del testimonio de los Ap\u00f3stoles sobre la resurrecci\u00f3n de Jesucristo. Es el testigo perenne de la victoria sobre la muerte, que revel\u00f3 la fuerza del Esp\u00edritu Santo y determin\u00f3 su nueva venida, su nueva presencia en los hombres y en el mundo. En efecto, en la resurreci\u00f3n de Cristo, el Esp\u00edritu Santo Par\u00e1clito se revel\u00f3 sobre todo como el que da la vida: \u00ab Aqu\u00e9l que resucit\u00f3 a Cristo de entre los muertos dar\u00e1 tambi\u00e9n la vida a vuestros cuerpos mortales por su Esp\u00edritu que habita en vosotros \u00bb.247 En nombre de la resurrecci\u00f3n de Cristo la Iglesia anuncia la vida, que se ha manifestado m\u00e1s all\u00e1 del l\u00edmite de la muerte, la vida que es m\u00e1s fuerte que la muerte. Al mismo tiempo, anuncia al que da la vida: el Esp\u00edritu vivificante; lo anuncia y coopera con \u00e9l en dar la vida. En efecto, \u00ab aunque el cuerpo haya muerto ya a causa del pecado, el esp\u00edritu es vida a causa de la justicia \u00bb 248 realizada por Cristo crucificado y resucitado. Y en nombre de la resurrecci\u00f3n de Cristo, la Iglesia sirve a la vida que proviene de Dios mismo, en \u00edntima uni\u00f3n y humilde servicio al Esp\u00edritu. Precisamente por medio de este servicio el hombre se convierte de modo siempre nuevo en \u00ab el camino de la Iglesia \u00bb, como dije ya en la Enc\u00edclica sobre Cristo Redentor 249 y ahora repito en \u00e9sta sobre el Esp\u00edritu Santo. La Iglesia unida al Esp\u00edritu, es consciente m\u00e1s que nadie de la realidad del hombre interior, de lo que en el hombre hay de m\u00e1s profundo y esencial, porque es espiritual e incorruptible. A este nivel el Esp\u00edritu injerta la \u00ab ra\u00edz de la inmortalidad \u00bb,250 de la que brota la nueva vida, esto es, la vida del hombre en Dios que, como fruto de su comunicaci\u00f3n salv\u00edfica por el Esp\u00edritu Santo, puede desarrollarse y consolidarse solamente bajo su acci\u00f3n. Por ello, el Ap\u00f3stol se dirige a Dios en favor de los creyentes, a los que dice: \u00ab Doblo mis rodillas ante el Padre &#8230; para que os conceda que se\u00e1is fortalecidos por la acci\u00f3n de su Esp\u00edritu en el hombre interior \u00bb.251<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bajo el influjo del Esp\u00edritu Santo madura y se refuerza este hombre interior, esto es, \u00ab espiritual \u00bb. Gracias a la comunicaci\u00f3n divina el esp\u00edritu humano que \u00ab conoce los secretos del hombre \u00bb, se encuentra con el Esp\u00edritu que \u00ab todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios \u00bb.252 Por este Esp\u00edritu, que es el don eterno, Dios uno y trino se abre al hombre, al esp\u00edritu humano. El soplo oculto del Esp\u00edritu divino hace que el esp\u00edritu humano se abra, a su vez, a la acci\u00f3n de Dios salv\u00edfica y santificante. Mediante el don de la gracia que viene del Esp\u00edritu el hombre entra en \u00ab una nueva vida \u00bb, es introducido en la realidad sobrenatural de la misma vida divina y llega a ser \u00ab santuario del Esp\u00edritu Santo \u00bb, \u00ab templo vivo de Dios \u00bb.253 En efecto, por el Esp\u00edritu Santo, el Padre y el Hijo vienen al hombre y ponen en \u00e9l su morada.254 En la comuni\u00f3n de gracia con la Trinidad se dilata el \u00ab \u00e1rea vital \u00bb del hombre, elevada a nivel sobrenatural por la vida divina. El hombre vive en Dios y de Dios: vive \u00ab seg\u00fan el Esp\u00edritu \u00bb y \u00ab desea lo espiritual \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">59. La relaci\u00f3n \u00edntima con Dios por el Esp\u00edritu Santo hace que el hombre se comprenda, de un modo nuevo, tambi\u00e9n a s\u00ed mismo y a su propia humanidad. De esta manera, se realiza plenamente aquella imagen y semejanza de Dios que es el hombre desde el principio.255 Esta verdad \u00edntima sobre el ser humano ha de ser descubierta constantemente a la luz de Cristo que es el prototipo de la relaci\u00f3n con Dios y, en \u00e9l, debe ser descubierta tambi\u00e9n la raz\u00f3n de \u00ab la entrega sincera de s\u00ed mismo a los dem\u00e1s \u00bb, como escribe el Concilio Vaticano II; precisamente en raz\u00f3n de esta semejanza divina se demuestra que el hombre \u00ab es la \u00fanica criatura terrestre a la que Dios ha amado por s\u00ed misma \u00bb, en su dignidad de persona, pero abierta a la integraci\u00f3n y comuni\u00f3n social.256 El conocimiento eficaz y la realizaci\u00f3n plena de esta verdad del ser se dan solamente por obra del Esp\u00edritu Santo. El hombre llega al conocimiento de esta verdad por Jesucristo y la pone en pr\u00e1ctica en su vida por obra del Esp\u00edritu, que el mismo Jes\u00fas nos ha dado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este camino, \u00ab camino de madurez interior \u00bb que supone el pleno descubrimiento del sentido de la humanidad, Dios se acerca al hombre, penetra cada vez m\u00e1s a fondo en todo el mundo humano. Dios uno y trino, que en s\u00ed mismo \u00ab existe \u00bb como realidad trascendente de don interpersonal al comunicarse por el Esp\u00edritu Santo como don al hombre, transforma el mundo humano desde dentro, desde el interior de los corazones y de las conciencias. De este modo el mundo, part\u00edcipe del don divino, se hace como ense\u00f1a el Concilio, \u00ab cada vez m\u00e1s humano, cada vez m\u00e1s profundamente humano \u00bb,257 mientras madura en \u00e9l, a trav\u00e9s de los corazones y de las conciencias de los hombres, el Reino en el que Dios ser\u00e1 definitivamente \u00ab todo en todos \u00bb: 258 como don y amor. Don y amor: \u00e9ste es el eterno poder de la apertura de Dios uno y trino al hombre y al mundo, por el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la perspectiva del a\u00f1o dos mil desde el nacimiento de Cristo se trata de conseguir que un n\u00famero cada vez mayor de hombres \u00ab puedan encontrar su propia plenitud &#8230; en la entrega sincera de s\u00ed mismo a los dem\u00e1s \u00bb seg\u00fan la citada frase del Concilio. Que bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Par\u00e1clito se realice en nuestro mundo el proceso de verdadera maduraci\u00f3n en la humanidad, en la vida individual y comunitaria por el cual Jes\u00fas mismo \u00ab cuando ruega al Padre que &#8220;todos sean uno, como nosotros tambi\u00e9n somos uno&#8221; (Jn 17, 21-22), sugiere una cierta semejanza entre la uni\u00f3n de las personas divinas y la uni\u00f3n de los hijos de Dios en la verdad y en la caridad \u00bb.259 El Concilio reafirma esta verdad sobre el hombre, y la Iglesia ve en ella una indicaci\u00f3n particularmente fuerte y determinante de sus propias tareas apost\u00f3licas. En efecto, si el hombre es \u00ab el camino de la Iglesia \u00bb, este camino pasa a trav\u00e9s de todo el misterio de Cristo, como modelo divino del hombre. Sobre este camino el Esp\u00edritu Santo, reforzando en cada uno de nosotros \u00ab al hombre interior \u00bb hace que el hombre, cada vez mejor, pueda \u00ab encontrarse en la entrega sincera de s\u00ed mismo a los dem\u00e1s \u00bb. Puede decirse que en estas palabras de la Constituci\u00f3n pastoral del Concilio se compendia toda la antropolog\u00eda cristiana: la teor\u00eda y la praxis, fundada en el Evangelio, en la cual el hombre, descubriendo en s\u00ed mismo su pertenencia a Cristo, y en a la elevaci\u00f3n a \u00ab hijo de Dios \u00bb, comprende mejor tambi\u00e9n su dignidad de hombre, precisamente porque es el sujeto del acercamiento y de la presencia de Dios, sujeto de la condescendencia divina en la que est\u00e1 contenida la perspectiva e incluso la ra\u00edz misma de la glorificaci\u00f3n definitiva. Entonces se puede repetir verdaderamente que la \u00ab gloria de Dios es el hombre viviente, pero la vida del hombre es la visi\u00f3n de Dios \u00bb: 260 el hombre, viviendo una vida divina, es la gloria de Dios, y el Esp\u00edritu Santo es el dispensador oculto de esta vida y de esta gloria. El \u2014dice Basilio el Grande\u2014 \u00ab simple en su esencia y variado en sus dones &#8230; se reparte sin sufrir divisi\u00f3n &#8230; est\u00e1 presente en cada hombre capaz de recibirlo, como si s\u00f3lo \u00e9l existiera y, no obstante, distribuye a todos gracia abundante y completa \u00bb.261<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">60. Cuando, bajo el influjo del Par\u00e1clito, los hombres descubren esta dimensi\u00f3n divina de su ser y de su vida, ya sea como personas ya sea como comunidad, son capaces de liberarse de los diversos determinismos derivados principalmente de las bases materialistas del pensamiento, de la praxis y de su respectiva metodolog\u00eda. En nuestra \u00e9poca estos factores han logrado penetrar hasta lo m\u00e1s \u00edntimo del hombre, en el santuario de la conciencia, donde el Esp\u00edritu Santo infunde constantemente la luz y la fuerza de la vida nueva seg\u00fan la libertad de los hijos de Dios. La madurez del hombre en esta vida est\u00e1 impedida por los condicionamientos y las presiones que ejercen sobre \u00e9l las estructuras y los mecanismos dominantes en los diversos sectores de la sociedad. Se puede decir que en muchos casos los factores sociales, en vez de favorecer el desarrollo y la expansi\u00f3n del esp\u00edritu humano, terminan por arrancarlo de la verdad genuina de su ser y de su vida, \u2014sobre la que vela el Esp\u00edritu Santo\u2014 para someterlo as\u00ed al \u00ab Pr\u00edncipe de este mundo \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El gran Jubileo del a\u00f1o dos mil contiene, por tanto, un mensaje de liberaci\u00f3n por obra del Esp\u00edritu, que es el \u00fanico que puede ayudar a las personas y a las comunidades a liberarse de los viejos y nuevos determinismos, gui\u00e1ndolos con la \u00ab ley del esp\u00edritu que da la vida en Cristo Jes\u00fas \u00bb,262 descubriendo y realizando la plena dimensi\u00f3n de la verdadera libertad del hombre. En efecto \u2014como escribe San Pablo\u2014 \u00ab donde est\u00e1 el Esp\u00edritu del Se\u00f1or, all\u00ed est\u00e1 la libertad \u00bb.263 Esta revelaci\u00f3n de la libertad y, por consiguiente, de la verdadera dignidad del hombre adquiere un significado particular para los cristianos y para la Iglesia en estado de persecuci\u00f3n \u2014ya sea en los tiempos antiguos, ya sea en la actualidad\u2014, porque los testigos de la verdad divina son entonces una verificaci\u00f3n viva de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu de la verdad, presente en el coraz\u00f3n y en la conciencia de los fieles, y a menudo sellan con su martirio la glorificaci\u00f3n suprema de la dignidad humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n en las situaciones normales de la sociedad los cristianos, como testigos de la aut\u00e9ntica dignidad del hombre, por su obediencia al Esp\u00edritu Santo, contribuyen a la m\u00faltiple \u00ab renovaci\u00f3n de la faz de la tierra \u00bb, colaborando con sus hermanos a realizar y valorar todo lo que el progreso actual de la civilizaci\u00f3n, de la cultura, de la ciencia, de la t\u00e9cnica y de los dem\u00e1s sectores del pensamiento y de la actividad humana, tiene de bueno, noble y bello.264 Esto lo hacen como disc\u00edpulos de Cristo, \u2014como escribe el Concilio\u2014 \u00ab constituido Se\u00f1or por su resurrecci\u00f3n &#8230; obra ya por virtud de su Esp\u00edritu en el coraz\u00f3n del hombre, no s\u00f3lo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando, purificando y robusteciendo tambi\u00e9n con ese deseo aquellos generosos prop\u00f3sitos con los que la familia humana intenta hacer m\u00e1s llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin \u00bb.265 De esta manera, afirman a\u00fan m\u00e1s la grandeza del hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios; grandeza que es iluminada por el misterio de la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios, el cual, \u00ab en la plenitud de los tiempos \u00bb, por obra del Esp\u00edritu Santo, ha entrado en la historia y se ha manifestado como verdadero hombre, primog\u00e9nito de toda criatura, \u00ab del cual proceden todas las cosas y para el cual somos \u00bb.266<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5. La Iglesia sacramento de la uni\u00f3n intima con Dios<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">61. Acerc\u00e1ndose el final del segundo milenio, que a todos debe recordar y casi hacer presente de nuevo la venida del Verbo en la plenitud de los tiempos, la Iglesia, una vez m\u00e1s, trata de penetrar en la esencia misma de su constituci\u00f3n divino-humana y de aquella misi\u00f3n que la hace participar en la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de Cristo, seg\u00fan la ense\u00f1anza y el plan siempre v\u00e1lido del Concilio Vaticano II. Siguiendo esta l\u00ednea, podemos remontarnos al Cen\u00e1culo donde Jesucristo revela el Esp\u00edritu Santo como Par\u00e1clito, como Esp\u00edritu de la verdad, y habla de su propia \u00ab partida \u00bb mediante la Cruz como condici\u00f3n necesaria de su \u00ab venida \u00bb: \u00ab Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendr\u00e1 a vosotros el Par\u00e1clito; pero si me voy, os lo enviar\u00e9 \u00bb.267 Hemos visto que este anuncio ha tenido ya su primera realizaci\u00f3n la tarde del d\u00eda de Pascua y luego durante la celebraci\u00f3n de Pentecost\u00e9s en Jerusal\u00e9n, y que desde entonces se verifica en la historia de la humanidad a trav\u00e9s de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la luz de este anuncio adquiere igualmente pleno significado lo que Jes\u00fas, durante la \u00faltima Cena, dice a prop\u00f3sito de su nueva \u00ab venida \u00bb. En efecto, es significativo que en el mismo discurso de despedida, anuncie no s\u00f3lo su \u00ab partida \u00bb, sino tambi\u00e9n su nueva \u00ab venida \u00bb. Dice textualmente: \u00ab No os dejar\u00e9 hu\u00e9rfanos; volver\u00e9 a vosotros \u00bb.268 Y en el momento de la despedida definitiva, antes de subir al cielo, repetir\u00e1 aun m\u00e1s expl\u00edcitamente: \u00ab He aqu\u00ed que yo estoy con vosotros todos los d\u00edas hasta el fin del mundo \u00bb.269 Esta nueva \u00ab venida \u00bb de Cristo, este continuo venir para estar con los ap\u00f3stoles y con la Iglesia, este \u00ab yo estoy con vosotros todos los d\u00edas hasta el fin del mundo \u00bb, ciertamente no cambia el hecho de su \u00ab partida \u00bb; le sigue a \u00e9sa tras la conclusi\u00f3n de la actividad mesi\u00e1nica de Cristo en la tierra, y tiene lugar en el marco del preanunciado env\u00edo del Esp\u00edritu Santo y, por as\u00ed decir, se encuadra dentro de su misma misi\u00f3n. Y sin embargo se cumple por obra del Esp\u00edritu Santo, el cual hace que Cristo, que se ha ido, venga ahora y siempre de un modo nuevo. Esta nueva venida de Cristo por obra del Esp\u00edritu Santo y su constante presencia y acci\u00f3n en la vida espiritual, se realizan en la realidad sacramental. En ella Cristo, que se ha ido en su humanidad visible, viene, est\u00e1 presente y act\u00faa en la Iglesia de una manera tan \u00edntima que la constituye como Cuerpo suyo. En cuanto tal, la Iglesia vive, act\u00faa y crece \u00ab hasta el fin del mundo \u00bb. Todo esto acontece por obra del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">62. La expresi\u00f3n sacramental m\u00e1s completa de la partida de Cristo por medio del misterio de la Cruz y de la Resurrecci\u00f3n es la Eucarist\u00eda. En ella se realiza sacramentalmente cada vez su venida y su presencia salv\u00edfica: en el Sacrificio y en la Comuni\u00f3n. Se realiza por obra del Esp\u00edritu Santo, dentro de su propia misi\u00f3n.270 Mediante la Eucarist\u00eda el Esp\u00edritu Santo realiza aquel \u00ab fortalecimiento del hombre interior \u00bb del que habla la Carta a los Efesios.271 Mediante la Eucarist\u00eda, las personas y comunidades, bajo la acci\u00f3n del Par\u00e1clito consolador, aprenden a descubrir el sentido divino de la vida humana, aludido por el Concilio: el sentido por el que Jesucristo \u00ab revela plenamente el hombre al hombre \u00bb, sugiriendo \u00ab una cierta semejanza entre la uni\u00f3n de las Personas divinas y la uni\u00f3n de los hijos de Dios en la verdad y en la caridad \u00bb.272 Esta uni\u00f3n se expresa y se realiza especialmente mediante la Eucarist\u00eda en la que el hombre, participando del sacrificio de Cristo, que tal celebraci\u00f3n actualiza, aprende tambi\u00e9n a \u00ab encontrarse &#8230; en la entrega sincera de s\u00ed mismo \u00bb 273 en la comuni\u00f3n con Dios y con los otros hombres, sus hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por esto los primeros cristianos, ya desde los d\u00edas que siguieron a la venida del Esp\u00edritu Santo, \u00ab acud\u00edan asiduamente a la fracci\u00f3n del pan y a la oraci\u00f3n \u00bb, formando as\u00ed una comunidad unida en las ense\u00f1anzas de los ap\u00f3stoles.274 De esta manera \u00ab reconoc\u00edan \u00bb que su Se\u00f1or resucitado y ya ascendido al cielo, ven\u00eda nuevamente, en medio de ellos, en la comunidad eucar\u00edstica de la Iglesia y por medio de \u00e9sta. Guiada por el Esp\u00edritu Santo, la Iglesia desde el principio se manifest\u00f3 y se confirm\u00f3 a s\u00ed misma a trav\u00e9s de la Eucarist\u00eda. Y as\u00ed ha sido siempre en todas las generaciones cristianas hasta nuestros d\u00edas, hasta esta vigilia del cumplimiento del segundo milenio cristiano. Ciertamente, debemos constatar, por desgracia, que el milenio ya transcurrido ha sido el de las grandes divisiones entre los cristianos. Por consiguiente, todos los creyentes en Cristo, a ejemplo de los Ap\u00f3stoles, deber\u00e1n poner todo su empe\u00f1o en conformar su pensamiento y acci\u00f3n a la voluntad del Esp\u00edritu Santo, \u00ab principio de unidad de la Iglesia \u00bb,275 para que todos los bautizados en un solo Esp\u00edritu, para formar un solo cuerpo, se encuentren unidos como hermanos en la celebraci\u00f3n de la misma Eucarist\u00eda \u00ab sacramento de piedad, signo de unidad, v\u00ednculo de caridad \u00bb.276<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">63. La presencia eucar\u00edstica de Cristo, su sacramental \u00ab estoy con vosotros \u00bb, permite a la Iglesia descubrir cada vez m\u00e1s profundamente su propio misterio, como atestigua toda la eclesiolog\u00eda del Concilio Vaticano II, para el cual \u00ab la Iglesia es en Cristo un sacramento, o sea signo o instrumento de la uni\u00f3n \u00edntima con Dios y de unidad de todo el g\u00e9nero humano \u00bb.277 Como sacramento, la Iglesia se desarrolla desde el misterio pascual de la \u00ab partida \u00bb de Cristo, viviendo de su \u00ab venida \u00bb siempre nueva por obra del Esp\u00edritu Santo, dentro de la misma misi\u00f3n del Par\u00e1clito-Esp\u00edritu de la verdad. Este es precisamente el misterio esencial de la Iglesia como proclama el Concilio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si en virtud de la creaci\u00f3n Dios es aqu\u00e9l en el que todos \u00ab vivimos, nos movemos y existimos \u00bb,278 a su vez la fuerza de la Redenci\u00f3n perdura y se desarrolla en la historia del hombre y del mundo como en un doble \u00ab ritmo \u00bb, cuya fuente se encuentra en el eterno Padre. Por un lado, es el ritmo de la misi\u00f3n del Hijo, que ha venido al mundo, naciendo de la Virgen Mar\u00eda por obra del Esp\u00edritu Santo; y por el otro, es tambi\u00e9n el ritmo de la misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, como ha sido revelado definitivamente por Cristo. Por medio de la \u00ab partida \u00bb del Hijo, el Esp\u00edritu ha venido y viene constantemente como Par\u00e1clito y Esp\u00edritu de la verdad. Y en el \u00e1mbito de su misi\u00f3n, casi como en la intimidad de la presencia invisible del Esp\u00edritu, el Hijo, que \u00ab se hab\u00eda ido \u00bb a trav\u00e9s del misterio pascual, \u00ab viene \u00bb y est\u00e1 continuamente presente en el misterio de la Iglesia, ocult\u00e1ndose o manifest\u00e1ndose en su historia y dirigiendo siempre su curso. Todo esto tiene lugar sacramentalmente por obra del Esp\u00edritu Santo, el cual, tomando de las riquezas de la Redenci\u00f3n de Cristo, da la vida continuamente. La Iglesia, al tomar conciencia cada vez m\u00e1s viva de este misterio, se ve mejor a s\u00ed misma sobre todo como sacramento. Esto sucede tambi\u00e9n porque, por voluntad de su Se\u00f1or, mediante los diversos sacramentos la Iglesia realiza su ministerio salv\u00edfico para el hombre. El ministerio sacramental, cada vez que se realiza, lleva consigo el misterio de la \u00ab partida \u00bb de Cristo mediante la Cruz y la Resurrecci\u00f3n, por medio de la cual viene el Esp\u00edritu Santo. Viene y act\u00faa: \u00ab da la vida \u00bb. En efecto, los Sacramentos significan la gracia y confieren la gracia; significan la vida y dan la vida. La Iglesia es la dispensadora visible de los signos sagrados, mientras el Esp\u00edritu Santo act\u00faa en ellos como dispensador invisible de la vida que significan. Junto con el Esp\u00edritu est\u00e1 y act\u00faa en ellos Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">64. Si la Iglesia es el sacramento de la uni\u00f3n \u00edntima con Dios, lo es en Jesucristo, en quien esta misma uni\u00f3n se verifica como realidad salv\u00edfica. Lo es en Jesucristo, por obra del Esp\u00edritu Santo. La plenitud de la realidad salv\u00edfica, que es Cristo en la historia, se difunde de modo sacramental por el poder del Esp\u00edritu Par\u00e1clito. De este modo, el Esp\u00edritu Santo es \u00ab el otro Par\u00e1clito \u00bb o \u00ab nuevo consolador \u00bb porque, mediante su acci\u00f3n, la Buena Nueva toma cuerpo en las conciencias y en los corazones humanos y se difunde en la historia. En todo est\u00e1 el Esp\u00edritu Santo que da la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando usamos la palabra \u00ab sacramento \u00bb referido a la Iglesia, hemos de tener presente que en el texto conciliar la sacramentalidad de la Iglesia aparece distinta de aquella que, en sentido estricto, es propia de los Sacramentos. Leemos al respecto: \u00ab La Iglesia es &#8230; como un sacramento, o sea signo o instrumento de la uni\u00f3n \u00edntima con Dios \u00bb. Pero lo que cuenta y emerge del sentido anal\u00f3gico, con el que la palabra es empleada en los dos casos, es la relaci\u00f3n que la Iglesia tiene con el poder del Esp\u00edritu Santo, que \u00e9l solo da la vida; la Iglesia es signo e instrumento de la presencia y de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu vivificante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Vaticano II a\u00f1ade que la Iglesia es \u00ab un sacramento de la unidad de todo el g\u00e9nero humano \u00bb. Se trata evidentemente de la unidad que el g\u00e9nero humano, diferenciado en s\u00ed mismo de muchas maneras, tiene de Dios y en Dios. Ella tiene sus ra\u00edces en el misterio de la creaci\u00f3n y adquiere una nueva dimensi\u00f3n en el misterio de la Redenci\u00f3n, en orden a la salvaci\u00f3n universal. Puesto que Dios \u00ab quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad \u00bb,279 la Redenci\u00f3n comprende todos los hombres y, en cierto modo, toda la creaci\u00f3n. En la misma dimensi\u00f3n universal de la Redenci\u00f3n act\u00faa, en virtud de la \u00ab partida \u00bb de Cristo, el Esp\u00edritu Santo. Por ello la Iglesia, fundamentada mediante su propio misterio en la econom\u00eda trinitaria de la salvaci\u00f3n, con raz\u00f3n se ve a s\u00ed misma como \u00ab sacramento de la unidad de todo el g\u00e9nero humano \u00bb. Sabe que lo es por el poder del Esp\u00edritu Santo, de cuyo poder es signo e instrumento en la actuaci\u00f3n del plan salv\u00edfico de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De este modo, se realiza la \u00ab condescendencia \u00bb del infinito Amor trinitario: el acercamiento de Dios, Esp\u00edritu invisible, al mundo visible. Dios uno y trino se comunica al hombre por el Esp\u00edritu Santo desde el principio mediante su \u00ab imagen y semejanza \u00bb. Bajo la acci\u00f3n del mismo Esp\u00edritu el hombre y, por medio de \u00e9l, el mundo creado redimido por Cristo, se acercan a su destino definitivo en Dios. De este acercamiento de los dos polos de la creaci\u00f3n y de la redenci\u00f3n, Dios y el hombre, la Iglesia se convierte en \u00ab sacramento, o sea signo e instrumento \u00bb. Ella act\u00faa para restablecer y reforzar la unidad en las ra\u00edces mismas del g\u00e9nero humano: en la relaci\u00f3n de comuni\u00f3n que el hombre tiene con Dios como su Creador, Se\u00f1or y Redentor. Es una verdad que, en base a las ense\u00f1anzas del Concilio, podemos meditar, desarrollar y aplicar en toda la extensi\u00f3n de su significado en esta fase del paso del segundo al tercer milenio cristiano. Y nos resulta entra\u00f1able tener conciencia cada vez m\u00e1s viva del hecho de que dentro de la acci\u00f3n desarrollada por la Iglesia en la historia de la salvaci\u00f3n \u2014que est\u00e1 inscrita en la historia de la humanidad\u2014 est\u00e1 presente y operante el Esp\u00edritu Santo, aqu\u00e9l que con el soplo de la vida divina impregna la peregrinaci\u00f3n terrena del hombre y hace confluir toda la creaci\u00f3n \u2014toda la historia\u2014hacia su \u00faltimo t\u00e9rmino en el oc\u00e9ano infinito de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6. El Esp\u00edritu y la Esposa dicen: \u00ab \u00a1Ven! \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">65. El soplo de la vida divina, el Esp\u00edritu Santo, en su manera m\u00e1s simple y com\u00fan, se manifiesta y se hace sentir en la oraci\u00f3n. Es hermoso y saludable pensar que, en cualquier lugar del mundo donde se ora, all\u00ed est\u00e1 el Esp\u00edritu Santo, soplo vital de la oraci\u00f3n. Es hermoso y saludable reconocer que si la oraci\u00f3n est\u00e1 difundida en todo el orbe, en el pasado, en el presente y en el futuro, de igual modo est\u00e1 extendida la presencia y la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que \u00ab alienta \u00bb la oraci\u00f3n en el coraz\u00f3n del hombre en toda la inmensa gama de las mas diversas situaciones y de las condiciones, ya favorables, ya adversas a la vida espiritual y religiosa. Muchas veces, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, la oraci\u00f3n brota del coraz\u00f3n del hombre no obstante las prohibiciones y persecuciones, e incluso las proclamaciones oficiales sobre el car\u00e1cter arreligioso o incluso ateo de la vida p\u00fablica. La oraci\u00f3n es siempre la voz de todos aquellos que aparentemente no tienen voz, y en esta voz resuena siempre aquel \u00ab poderoso clamor \u00bb, que la Carta a los Hebreos atribuye a Cristo.280 La oraci\u00f3n es tambi\u00e9n la revelaci\u00f3n de aquel abismo que es el coraz\u00f3n del hombre: una profundidad que es de Dios y que s\u00f3lo Dios puede colmar, precisamente con el Esp\u00edritu Santo. Leemos en San Lucas: \u00ab Si, pues, vosotros, siendo malos, sab\u00e9is dar cosas buenas a vuestros hijos, cu\u00e1nto m\u00e1s el Padre del cielo dar\u00e1 el Esp\u00edritu Santo a los que se lo pidan \u00bb.281<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Esp\u00edritu Santo es el don, que viene al coraz\u00f3n del hombre junto con la oraci\u00f3n. En ella se manifiesta ante todo y sobre todo como el don que \u00ab viene en auxilio de nuestra debilidad \u00bb. Es el rico pensamiento desarrollado por San Pablo en la Carta a los Romanos cuando escribe: \u00ab Nosotros no sabemos c\u00f3mo pedir para orar como conviene; mas el mismo Esp\u00edritu intercede por nosotros con gemidos inefables \u00bb.282 Por consiguiente, el Esp\u00edritu Santo no s\u00f3lo hace que oremos, sino que nos gu\u00eda \u00ab interiormente \u00bb en la oraci\u00f3n, supliendo nuestra insuficiencia y remediando nuestra incapacidad de orar. Est\u00e1 presente en nuestra oraci\u00f3n y le da una dimensi\u00f3n divina.283 De esta manera, \u00ab el que escruta los corazones conoce cual es la aspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu y que su intercesi\u00f3n a favor de los santos es seg\u00fan Dios \u00bb.284 La oraci\u00f3n por obra del Esp\u00edritu Santo llega a ser la expresi\u00f3n cada vez m\u00e1s madura del hombre nuevo, que por medio de ella participa de la vida divina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nuestra dif\u00edcil \u00e9poca tiene especial necesidad de la oraci\u00f3n. Si en el transcurso de la historia \u2014ayer como hoy\u2014 muchos hombres y mujeres han dado testimonio de la importancia de la oraci\u00f3n, consagr\u00e1ndose a la alabanza a Dios y a la vida de oraci\u00f3n, sobre todo en los Monasterios, con gran beneficio para la Iglesia, en estos a\u00f1os va aumentando tambi\u00e9n el n\u00famero de personas que, en movimientos o grupos cada vez m\u00e1s extendidos, dan la primac\u00eda a la oraci\u00f3n y en ella buscan la renovaci\u00f3n de la vida espiritual. Este es un s\u00edntoma significativo y consolador, ya que esta experiencia ha favorecido realmente la renovaci\u00f3n de la oraci\u00f3n entre los fieles que han sido ayudados a considerar mejor el Esp\u00edritu Santo, que suscita en los corazones un profundo anhelo de santidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En muchos individuos y en muchas comunidades madura la conciencia de que, a pesar del vertiginoso progreso de la civilizaci\u00f3n t\u00e9cnico-cient\u00edfica y no obstante las conquistas reales y las metas alcanzadas, el hombre y la humanidad est\u00e1n amenazados. Frente a este peligro, y habiendo ya experimentado antes la espantosa realidad de la decadencia espiritual del hombre, personas y comunidades enteras \u2014como guiados por un sentido interior de la fe\u2014 buscan la fuerza que sea capaz de levantar al hombre, salvarlo de s\u00ed mismo, de su propios errores y desorientaciones, que con frecuencia convierten en nocivas sus propias conquistas. Y de esta manera descubren la oraci\u00f3n, en la que se manifiesta \u00ab el Esp\u00edritu que viene en ayuda de nuestra flaqueza \u00bb. De este modo, los tiempos en que vivimos acercan al Esp\u00edritu Santo muchas personas que vuelven a la oraci\u00f3n. Y conf\u00edo en que todas ellas encuentren en la ense\u00f1anza de esta Enc\u00edclica una ayuda para su vida interior y consigan fortalecer, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, su compromiso de oraci\u00f3n, de acuerdo con la Iglesia y su Magisterio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">66. En medio de los problemas, de las desilusiones y esperanzas, de las deserciones y retornos de nuestra \u00e9poca, la Iglesia permanece fiel al misterio de su nacimiento. Si es un hecho hist\u00f3rico que la Iglesia sali\u00f3 del Cen\u00e1culo el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, se puede decir en cierto modo que nunca lo ha dejado. Espiritualmente el acontecimiento de Pentecost\u00e9s no pertenece s\u00f3lo al pasado: la Iglesia est\u00e1 siempre en el Cen\u00e1culo que lleva en su coraz\u00f3n. La Iglesia persevera en la oraci\u00f3n, como los Ap\u00f3stoles junto a Mar\u00eda, Madre de Cristo, y junto a aquellos que constitu\u00edan en Jerusal\u00e9n el primer germen de la comunidad cristiana y aguardaban , en oraci\u00f3n, la venida del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia persevera en oraci\u00f3n con Mar\u00eda. Esta uni\u00f3n de la Iglesia orante con la Madre de Cristo forma parte del misterio de la Iglesia desde el principio: la vemos presente en este misterio como est\u00e1 presente en el misterio de su Hijo. Nos lo dice el Concilio: \u00ab La Virgen Sant\u00edsima &#8230; cubierta con la sombra del Esp\u00edritu Santo &#8230; dio a la luz al Hijo, a quien Dios constituy\u00f3 primog\u00e9nito entre muchos hermanos (cf. Rom 8, 29), esto es, los fieles, a cuya generaci\u00f3n y educaci\u00f3n coopera con amor materno \u00bb; ella, \u00ab por sus gracias y dones singulares, &#8230; unida con la Iglesia &#8230; es tipo de la Iglesia \u00bb.285 \u00ab La Iglesia, contemplando su profunda santidad e imitando su caridad &#8230; se hace tambi\u00e9n madre \u00bb y \u00ab a imitaci\u00f3n de la Madre de su Se\u00f1or, por la virtud del Esp\u00edritu Santo, conserva virginalmente una fe \u00edntegra, una esperanza s\u00f3lida y una caridad sincera \u00bb. Ella (la Iglesia) \u00ab es igualmente virgen, que guarda &#8230; la fe prometida al Esposo \u00bb. 286<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De este modo se comprende el profundo sentido del motivo por el que la Iglesia, unida a la Virgen Madre, se dirige incesantemente como Esposa a su divino Esposo, como lo atestiguan las palabras del Apocalipsis que cita el Concilio: \u00ab El Esp\u00edritu y la Esposa dicen al Se\u00f1or Jes\u00fas: \u00ab \u00a1Ven! \u00bb.287 La oraci\u00f3n de la Iglesia es esta invocaci\u00f3n incesante en la que a el Esp\u00edritu mismo intercede por nosotros \u00bb; en cierta manera \u00e9l mismo la pronuncia con la Iglesia y en la Iglesia. En efecto, el Esp\u00edritu ha sido dado a la Iglesia para que, por su poder, toda la comunidad del pueblo de Dios, a pesar de sus m\u00faltiples ramificaciones y diversidades, persevere en la esperanza: aquella esperanza en la que \u00ab hemos sido salvados \u00bb.288 Es la esperanza escatol\u00f3gica, la esperanza del cumplimiento definitivo en Dios, la esperanza del Reino eterno, que se realiza por la participaci\u00f3n en la vida trinitaria. El Esp\u00edritu Santo, dado a los Ap\u00f3stoles como Par\u00e1clito, es el custodio y el animador de esta esperanza en el coraz\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la perspectiva del tercer milenio despu\u00e9s de Cristo, mientras \u00ab el Esp\u00edritu y la Esposa dicen al Se\u00f1or Jes\u00fas; &#8220;\u00a1Ven!&#8221;, esta oraci\u00f3n suya conlleva, como siempre, una dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica destinada tambi\u00e9n a dar pleno significado a la celebraci\u00f3n del gran Jubileo. Es una oraci\u00f3n encaminada a los destinos salv\u00edficos hacia los cuales el Esp\u00edritu Santo abre los corazones con su acci\u00f3n a trav\u00e9s de toda la historia del hombre en la tierra. Pero al mismo tiempo, esta oraci\u00f3n se orienta hacia un momento concreto de la historia, en el que se pone de relieve la \u00ab plenitud de los tiempos \u00bb, marcada por el a\u00f1o dos mil. La Iglesia desea prepararse a este Jubileo por medio del Esp\u00edritu Santo, as\u00ed como por el Esp\u00edritu Santo fue preparada la Virgen de Nazaret, en la que el Verbo se hizo carne.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">CONCLUSI\u00d3N<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">67. Deseamos concluir estas consideraciones en el coraz\u00f3n de la Iglesia y en el coraz\u00f3n del hombre. El camino de la Iglesia pasa a trav\u00e9s del coraz\u00f3n del hombre porque est\u00e1 aqu\u00ed el lugar rec\u00f3ndito del encuentro salv\u00edfico con el Esp\u00edritu Santo, con el Dios oculto y, precisamente aqu\u00ed el Esp\u00edritu Santo se convierte en \u00ab fuente de agua que brota para vida eterna \u00bb.289 El llega aqu\u00ed como Esp\u00edritu de la verdad y como Par\u00e1clito, del mismo modo que hab\u00eda sido prometido por Cristo. Desde aqu\u00ed \u00e9l act\u00faa como Consolador, Intercesor y Abogado, especialmente cuando el hombre, o la humanidad, se encuentra ante el juicio de condena de aquel \u00ab acusador \u00bb, del que el Apocalipsis dice que \u00ab acusa \u00bb a nuestros hermanos d\u00eda y noche delante de nuestro Dios \u00bb.290 El Esp\u00edritu Santo no deja de ser el custodio de la esperanza en el coraz\u00f3n del hombre: la esperanza de todas las criaturas humanas y, especialmente, de aquellas que \u00ab poseen las primicias del Esp\u00edritu \u00bb y \u00ab esperan la redenci\u00f3n de su cuerpo \u00bb.291<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Esp\u00edritu Santo, en su misterioso v\u00ednculo de comuni\u00f3n divina con el Redentor del hombre, continua su obra; recibe de Cristo y lo transmite a todos, entrando incesantemente en la historia del mundo a trav\u00e9s del coraz\u00f3n del hombre. En este viene a ser \u2014como proclama la Secuencia de la solemnidad de Pentecost\u00e9s\u2014 verdadero \u00ab padre de los pobres, dador de sus dones, luz de los corazones \u00bb; se convierte en \u00ab dulce hu\u00e9sped del alma \u00bb, que la Iglesia saluda incesantemente en el umbral de la intimidad de cada hombre. En efecto, \u00e9l trae \u00ab descanso \u00bb y \u00ab refrigerio \u00bb en medio de las fatigas del trabajo f\u00edsico e intelectual; trae \u00ab descanso \u00bb y \u00ab brisa \u00bb en pleno calor del d\u00eda, en medio de las inquietudes, luchas y peligros de cada \u00e9poca; trae por \u00faltimo, el \u00ab consuelo \u00bb cuando el coraz\u00f3n humano llora y est\u00e1 tentado por la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por esto la misma Secuencia exclama: \u00ab Sin tu ayuda nada hay en el hombre, nada que sea bueno \u00bb. En efecto, s\u00f3lo el Esp\u00edritu Santo \u00ab convence en lo referente al pecado \u00bb y al mal, con el fin de instaurar el bien en el hombre y en el mundo: para \u00ab renovar la faz de la tierra \u00bb. Por eso realiza la purificaci\u00f3n de todo lo que \u00ab desfigura \u00bb al hombre, de todo \u00ab lo que est\u00e1 manchado \u00bb; cura las heridas incluso las m\u00e1s profundas de la existencia humana; cambia la aridez interior de las almas transform\u00e1ndolas en f\u00e9rtiles campos de gracia y santidad. \u00ab Doblega lo que est\u00e1 r\u00edgido \u00bb, \u00ab calienta lo que est\u00e1 fr\u00edo \u00bb, \u00ab endereza lo que est\u00e1 extraviado \u00bb a trav\u00e9s de los caminos de la salvaci\u00f3n.292<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Orando de esta manera, la Iglesia profesa incesantemente su fe: existe en nuestro mundo creado un Esp\u00edritu, que es un don increado. Es el Esp\u00edritu del Padre y del Hijo; como el Padre y el Hijo es increado, inmenso, eterno, omnipotente, Dios y Se\u00f1or.293 Este Esp\u00edritu de Dios \u00ab llena la tierra \u00bb y todo lo creado reconoce en \u00e9l la fuente de su propia identidad, en \u00e9l encuentra su propia expresi\u00f3n trascendente, a \u00e9l se dirige y lo espera, lo invoca con su mismo ser. A \u00e9l, como Par\u00e1clito, como Esp\u00edritu de la verdad y del amor, se dirige el hombre que vive de la verdad y del amor y que sin la fuente de la verdad y del amor no puede vivir. A \u00e9l se dirige la Iglesia, que es el coraz\u00f3n de la humanidad, para pedir para todos y dispensar a todos aquellos dones del amor, que por su medio \u00ab ha sido derramado en nuestros corazones \u00bb.294 A \u00e9l se dirige la Iglesia a lo largo de los intrincados caminos de la peregrinaci\u00f3n del hombre sobre la tierra; y pide, de modo incesante la rectitud de los actos humanos como obra suya; pide el gozo y el consuelo que solamente \u00e9l, verdadero consolador, puede traer abaj\u00e1ndose a la intimidad de los corazones humanos; 295 pide la gracia de las virtudes, que merecen la gloria celeste; pide la salvaci\u00f3n eterna en la plena comunicaci\u00f3n divina a la que el Padre ha \u00ab predestinado \u00bb eternamente a los hombres creados por amor a imagen y semejanza de la Sant\u00edsima Trinidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia con su coraz\u00f3n, que abarca todos los corazones humanos, pide al Esp\u00edritu Santo la felicidad que s\u00f3lo en Dios tiene su realizaci\u00f3n plena: la alegr\u00eda \u00ab que nadie podr\u00e1 quitar \u00bb,296 la alegr\u00eda que es fruto del amor y, por consiguiente, de Dios que es amor; pide \u00ab justicia, paz y gozo en el Esp\u00edritu Santo \u00bb en el que, seg\u00fan San Pablo, consiste el Reino de Dios.297<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n la paz es fruto del amor: esa paz interior que el hombre cansado busca en la intimidad de su ser; esa paz que piden la humanidad, la familia humana, los pueblos, las naciones, los continentes, con la ansiosa esperanza de obtenerla en la perspectiva del paso del segundo milenio cristiano. Ya que el camino de la paz pasa en definitiva a trav\u00e9s del amor y tiende a crear la civilizaci\u00f3n del amor, la Iglesia fija su mirada en aqu\u00e9l que es el amor del Padre y del Hijo y, a pesar de las crecientes amenazas, no deja de tener confianza, no deja de invocar y de servir a la paz del hombre sobre la tierra. Su confianza se funda en aqu\u00e9l que siendo Esp\u00edritu-amor, es tambi\u00e9n el Esp\u00edritu de la paz y no deja de estar presente en nuestro mundo, en el horizonte de las conciencias y de los corazones, para \u00ab llenar la tierra \u00bb de amor y de paz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante \u00e9l me arrodillo al terminar estas consideraciones implorando que, como Esp\u00edritu del Padre y del Hijo, nos conceda a todos la bendici\u00f3n y la gracia, que deseo transmitir en el nombre de la Sant\u00edsima Trinidad, a los hijos y a las hijas de la Iglesia y a toda la familia humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dado en Roma, junto a San Pedro, el d\u00eda 18 de mayo, solemnidad de Pentecost\u00e9s del a\u00f1o 1986, octavo de mi Pontificado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">IOANNES PAULUS PP. II<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1 Jn 7, 37 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2 Jn 7, 39.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3 Jn 4, 14; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Cost. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4 Cf. Jn 3, 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5 Cf. Le\u00f3n XIII, Ep. Encicl. Divinum illud munus (9 mayo 1897): Acta Leonis, 17 (1898), pp. 125-148; P\u00edo XII, Carta Encicl. Mystici Corporis (29 de junio 1943): AAS 35 (1943), pp. 183-248.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6 Audiencia general del 6 de junio de 1973: Pablo VI. Ense\u00f1anzas al Pueblo de Dios, XI (1973), 74.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7 Misal Romano; cf. 2 Cor 13, 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">8 Jn 3, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">9 Flp 2, 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">10 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 4; Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el Congreso internacional de Pneumatolog\u00eda (26 de marzo de 1982): \u00ab L&#8217;Osservatore Romano \u00bb en lengua espa\u00f1ola, 30 de mayo, 1982, p. 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">11 Cf. Jn 4, 24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">12 Cf. Rom 8,22; G\u00e1l 6,15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">13 Cf. Mt 24, 35<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">14 Jn 4, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">15 Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">16 Allon parakleton: Jn 14, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">17 Jn 14, 13. 16 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">18 Cf. 1 Jn 2, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">19 Jn 14, 26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">20 Jn 15, 26 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">21 Cf. 1 Jn 1, 1-3; 4,14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">22 \u00ab La revelaci\u00f3n que la Sagrada Escritura contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo \u00bb, por lo tanto la misma sagrada Escritura \u00ab se ha de leer con el mismo Esp\u00edritu con que fue escrita \u00bb: Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, sobre la divina revelaci\u00f3n, 11. 12.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">23 Jn 16, 12 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">24 Act 1, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">25 Jn 16,14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">26 Jn 16, 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">27 Jn 16, 7s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">28 Jn 15, 26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">29 Jn 14, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">30 Jn 14, 26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">31 Jn 15, 26<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">32 Jn 14, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">33 Jn 16, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">34 Cf. Jn 3, 16 s., 34; 6, 57; 17, 3. 18. 23.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">35 Mt 28, 19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">36 Cf. 1 Jn 4, 8. 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">37 1 Cor 2, 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">38 Cf. S. Tom\u00e1s De Aquino, Summa Theol. Ia, qq. 37-38.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">39 Rm 5, 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">40 Jn 16, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">41 G\u00e9n 1, 1 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">42 G\u00e9n 1, 26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">43 Rm 8, 19-22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">44 Jn 16-7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">45 G\u00e1l 4, 6; cf. Rm 8, 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">46 Cf. G\u00e1l 4, 6; Flp 1, 19; Rm 8, 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">47 Cf. Jn 16, 6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">48 Cf. Jn 16, 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">49 Cf. Jn 16, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">50 Act 10, 37 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">51 Cf. Lc 4, 16-21; 3, 16; 4, 14; Mc 1, 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">52 Is 11, 1-3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">53 Is 61, 1 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">54 Is 48, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">55 Is 42, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">56 Cf. Is 53, 5-6. 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">57 Is 42, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">58 Is 42, 6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">59 Is 49, 6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">60 Is 59, 21.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">61 Cf. Lc 2, 25-35.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">62 Cf. Lc 1, 35.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">63 Cf. Lc 2, 19. 51.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">64 Cf. Lc 4, 16-21; Is 61, 1 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">65 Lc 3, 16, cf. Mt 3, 11, Mc 1, 7s.; Jn 1, 33.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">66 Jn 1,29.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">67 Cf. Jn 1,33 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">68 Lc 3, 31 s.; Cf. Mt 3, 16; Mc 1, 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">69 Mt 3, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">70 Cf. S. Basilio, De Spiritu Sancto, XVI, 39: PG 32, 139.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">71 Act 1, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">72 Cf. Lc 4, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">73 Cf. Lc 10, 17-20<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">74 Lc 10, 21; cf. Mt 11, 25 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">75 Lc 10, 22; cf. Mt 11, 27.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">76 Mt 3, 11; Lc 3, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">77 Jn 16, 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">78 Jn 16, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">79 Jn 16, 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">80 Cf. Jn 14, 26; 15, 26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">81 Jn 3, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">82 Rm 1, 3 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">83 Ez 36, 26 s.; cf. Jn 7, 37-39; 19, 34<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">84 Jn 16, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">85 Cf. S. Cirilo de Alejandr\u00eda, In Johannis Evangelium, lib. V, cap. II: PG 73, 755.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">86 Jn 20, 19-22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">87 Cf. Jn 19, 30<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">88 Cf. Rom 1, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">89 Cf. Jn 16, 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">90 Jn 16, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">91 Jn 16, 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">92 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">93 Jn 15, 26 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">94 Decreto Ad gentes, sobre la actividad rnisionera de la Iglesia, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">95 Cf. Act l, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">96 Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 4. Existe toda una tradici\u00f3n patr\u00edstica y teol\u00f3gica sobre la uni\u00f3n \u00edntima entre el Esp\u00edritu Santo y la Iglesia, uni\u00f3n presentada a veces de modo an\u00e1logo a la relaci\u00f3n entre el alma y cuerpo en el hombre: cf. S. Ireneo, Adversus haereses, III, 24, 1: SC 211, pp. 470-474; S. Agust\u00edn, Sermo 267, 4, 4; PL 38, 1231; Sermo 268, 2: PL 38, 1232; In Iohannis evangelium tractatus, XXV, 13; XXVII, 6: CCL 36, 266, 272 s.; S. Gregorio Magno, In septem psalmos poenitentiales expositio, psal. V, 1: PL 79, 602; D\u00eddimo Alejandrino, De Trinitate, II, 1: PG 39, 449 s.; S. Atanasio, Oratio III contra Arianos, 22, 23, 24: PG 26, 368 s., 372; S.Juan Cris\u00f3stomo. In Epistolam ad Ephesios, Homil. IX, 3: PG 62, 72 s. Santo Tom\u00e1s de Aquino ha sintetizado la precedente tradici\u00f3n patr\u00edstica y teol\u00f3gica, al presentar al Esp\u00edritu Santo como el \u00abcoraz\u00f3n\u00bb y el \u00abalma\u00bb de la Iglesia: cf. Summa Theol., III, q. 8, a. 1, ad 3; In symbolum Apostolorum Expositio, a. IX; In Tertium Librum Sententiarum, Dist. XIIIfi q. 2, a. 2, quaestiuncula 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">97 Cf. Ap 2, 29; 3, 6. 13. 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">98 Cf. Jn 12, 31; 14, 30; 16, 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">99 Gaudium et spes, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">100 Ibid., 41.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">101 Ibid., 26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">102 Jn 16, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">103 Jn 16, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">104 Jn 16, 8-11<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">105 Cf. Jn 3, 17; 12, 47<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">106 Cf. Ef 6, 12.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">107 Const past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 2<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">108 Cf. Ibid., 10, 13, 27, 37, 63, 73, 79, 80.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">109 Act 2, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">110 Cf. S. Ireneo, Adversus haereses, III, 17, 2: SC 211, p. 330-332.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">111 Act 1, 4. 5. 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">112 Act 2, 22-24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">113 Cf. Act 3, 14 s.; 4, 10. 27 s.; 7, 52; 10, 39; 13, 28 s. etc.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">114 Cf. Jn 3, 17; 12, 47.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">115 Act 2, 36.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">116 Act 2, 37 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">117 Cf. Mc 1,15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">118 Jn 20, 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">119 Cf. Jn 16, 9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">120 Os 13, 14 Vg; cf. 1 Cor 15, 55.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">121 Cf. 1 Cor 2, 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">122 Cf. 2 Tes 2, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">123 Cf. 1 Tim 3, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">124 Cf. Reconciliatio et paenitentia (2 de diciembre de 1984), 19-22: AAS 77 (1985), pp. 229-233.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">125 Cf. G\u00e9n 1-3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">126 Cf. Rm 5, 19; Flp 2, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">127 Cf. Jn 1, 1. 2. 3. 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">128 Cf. Col 1, 15-18.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">129 Cf. Jn 8, 44.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">130 Cf. G\u00e9n 1, 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">131 Cf. G\u00e9n 1, 26. 28. 29.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">132 Const. dogm. Dei Verbum, sobre la divina revelaci\u00f3n, 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">133 Cf. 1 Cor 2, 10 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">134 Cf. Jn 16, 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">135 Cf. Flp 2, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">136 G\u00e9n 2, 16 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">137 G\u00e9n 3, 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">138 Cf. G\u00e9n 3, 22 sobre el \u00ab \u00e1rbol de la vida \u00bb; cf. tambi\u00e9n Jn 3, 36; 4, 14; 5, 24; 6, 40. 47; 10, 28; 12, 50; 14, 6; Act 13, 48; Rm 6, 23; G\u00e1l 6, 8; 1 Tim 1, 16; Tit 1, 2; 3, 7; 1 Pe 3, 22; 1 Jn 1, 2; 2, 25; 5, 11. 13; Ap 2, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">139 Cf. S. Tom\u00e1s de Aquino, Summa Theol., Ia-IIa, q. 80, a. 4 ad 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">140 1 Jn 3, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">141 Jn 16, 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">142 Cf. Ef 6, 12; Lc 22, 53.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">143 Cf. De Civitate Dei XIV, 28: CCL 48, p. 451.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">144 Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en e1 mundo actual, 36.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">145 En griego el verbo es parakalein = invocar, llamar hacia s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">146 Cf. G\u00e9n 6, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">147 G\u00e9n 6, 5-7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">148 Cf. Rm 8, 20-22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">149 Cf. Mt 15, 32; Mc 8, 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">150 Heb 9, 13 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">151 Jn 20, 22 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">152 Act 10, 38.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">153 Heb 5, 7 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">154 Heb 9,14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">155 Cf. Lev 9, 24; 1 Re 18, 38; 2 Cro 7, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">156 Cf. Jn 15, 26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">157 Jn 20, 22 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">158 Mt 3, 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">159 Cf. Jn 3, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">160 Jn 20, 22 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">161 Cf. Secuencia Veni, Sancte Spiritus.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">162 S. Buenaventura, De septem donis Spiritus Sancti, Colatio II, 3: Ad Claras Aquas, V, 463.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">163 Mc 1, 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">164 Cf. Heb 9, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">165 Const past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">166 Cf. G\u00e9n 2, 9. 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">167 Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">168 Ibid., 27.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">169 Ibid., 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">170 Cf. Juan Pablo II, Exhort. Apost. postsinodal Reconciliatio et paenitentia (2 de diciembre de 1984),16: AAS 77 (1985), pp. 213-217.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">171 Const. past. Gaudium et spes, 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">172 Cf. Rom 7, 14-15. 19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">173 Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 37.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">174 Ibid., 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">175 Ibid., 37.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">176 Cf. Secuencia de Pentecost\u00e9s: Reple cordis intima.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">177 Cf. S. Agust\u00edn, Enarr. in Ps. XLI, 13: CCL 38, 470: \u00ab \u00bfQu\u00e9 abismo es, pues, y a qu\u00e9 abismo llama? Si abismo significa profundidad, \u00bfpensamos acaso que el coraz\u00f3n del hombre no sea un abismo? \u00bfHay algo, pues, m\u00e1s profundo que este abismo? Los hombres pueden hablar, pueden ser vistos a trav\u00e9s de las acciones que hacen con sus miembros, pueden ser escuchados en sus conversaciones; pero, \u00bfde qui\u00e9n se puede penetrar el pensamiento? \u00bfde qui\u00e9n se puede leer en su coraz\u00f3n? \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">178 Cf. Heb 9, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">179 Jn 14, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">180 Mt 12. 31 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">181 Mc 3, 28 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">182 Lc 12, 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">183 S. Tom\u00e1s De Aquino, Summa Theol. IIa-IIae, q. 14, a. 3; cf. S. Agust\u00edn, Epist. 185, 11, 48-49: PL 33, 814 s.; S. Buenaventura, Comment. in Evang. S. Lucae cap. XIV, 15-16: Ad Claras Aquas, VII, pp. 314 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">184 Cf. Sal 81 [80], 13; Jer 7, 24, Mc 3, 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">185 Juan Pablo II, Exhort. Apost. postsinodal Reconciliatio et paenitentia (2 de diciembre de 1984), 18: AAS 77 (1985), pp. 224-228.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">186 P\u00edo XII, Radiomensaje al Congreso Catequ\u00edstico Nacional de los Estados Unidos de Am\u00e9rica en Boston (26 de octubre de 1946): Discursos y radiomensajes, VIII (1946), 288.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">187 Juan Pablo II, Exhort. Apost. postsinodal Reconciliatio et paenitentia (2 de diciembre de 1984), 18: AAS 77 (1985), pp. 225 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">188 1 Tes 5, 19; Ef 4, 30.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">189 Juan Pablo II, Exhort. Apost. postsinodal Reconciliatio et paenitentia (2 de didembre de 1984), 14-22: AAS 77 (1985), pp. 211-233.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">190 Cf. S. Agust\u00edn, De Civitate Dei, XIV, 28: CCL 48, 451.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">191 Cf. Jn 16, 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">192 Cf. Jn 16,15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">193 Cf. G\u00e1l 4, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">194 Ap 1, 8; 22, 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">195 Jn 3, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">196 G\u00e1l 4, 4 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">197 Lc 1, 34 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">198 Mt 1, 18.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">199 Mt 1, 20 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">200 S. Tom\u00e1s De Aquino, Summa Theol. IIIa, q. 2, aa. 10-12; q. 6, a. 6; q. 7, a. 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">201 Lc 1, 38.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">202 Jn 1, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">203 Col 1, 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">204 Cf. Por ejemplo, G\u00e9n 9, 11; Dt 5, 26; Job 34, 15; Is 40, 6; 52, 10; Sal 145 [144], 21; Lc 3, 6; 1 Pe 1, 24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">205 Lc 1, 45.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">206 Cf. Lc 1, 41.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">207 Cf. Jn 16, 9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">208 2 Cor 3, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">209 Cf. Rom 1, 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">210 Rom 8, 29.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">211 Cf. Jn 1, 14. 4. 12 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">212 Cf. Rom 8, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">213 Cf. G\u00e1l 4, 6; Rom 5, 5; 2 Cor 1, 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">214 Rom 8, 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">215 Rom 8, 16 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">216 Cfr. Sal 104 (103), 30.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">217 Rom 8, 19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">218 Rom 8, 29.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">219 Cf. 2 Pe 1, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">220 Cf. Ef 2, 18; Const. dogm. Dei Verbum, sobre la divina revelaci\u00f3n, 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">221 Cf. 1 Cor 2, 12.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">222 Cf. Ef 1, 3-14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">223 Ef 1, 13 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">224 Cf. Jn 3, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">225 Const past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 22; cf. Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">226 Jn 4, 24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">227 Ibid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">228 Cf. S. Agust\u00edn, Confess. III, 6, 11: CCL 27, 33.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">229 Cf. Tit 2, 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">230 Cf. Is 45, 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">231 Cf. Sab 1, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">232 Lc 2, 27. 34.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">233 G\u00e1l 5,17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">234 G\u00e1l 5, 16 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">235 Cf. G\u00e1l 5, 19-21.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">236 Gal 5, 22 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">237 G\u00e1l 5, 25.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">238 Cf. Rom 8, 5. 9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">239 Rm. 8, 6. 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">240 Rm 8, 10. 12.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">241 Cf. 1 Cor 6, 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">242 Cf. Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 19. 20. 21.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">243 Lc 3, 6; cf. Is 40, 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">244 Cf. Rom 8, 23.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">245 Rom 8, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">246 Rom 8, 26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">247 Rom 8, 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">248 Rom 8, 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">249 Cf. Enc. Redemptor hominis (4 de marzo de 1979), 14: AAS 71 (1979), pp. 284 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">250 Cf. Sab 15, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">251 Cf. Ef 3, 14-16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">252 Cf. 1 Cor 2, 10 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">253 Cf. Rom 8, 9; 1 Cor 6, 19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">254 Cf. Jn 14, 23; S. Ireneo, Adversus haereses, V, 6, 1: SC 153, pp. 72-80; S. Hilario, De Trinitate, VIII, 19. 21: PL 16, 752 s.; S. Agust\u00edn, Enarr. in Ps. XLIX, 2: CCL 38, pp. 575 s.; S. Cirilo de Alejandr\u00eda, In Ioannis Evangelium, lib. I; II: PG 73, 154-158; 246; lib. IX: PG 74, 262; S. Atanasio, Oratio III contra Arianos, 24: PG 26, 374 s.; Epist. I ad Serapionem, 24: PG 26, 586 s.; D\u00eddimo Alejandrino, De Trinitate, II, 6-7: PG 39, 523-530; S. Juan Cris\u00f3stomo, In epist. ad Romanos homilia XIII, 8: PG 60, 519; S. Tom\u00e1s de Aquino, Summa Theol. Ia, q. 43, aa. 1, 3-6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">255 Cf. G\u00e9n 1, 26 s.; S. Tom\u00e1s de Aquino, Summa Theol. Ia, q. 93; aa. 4. 5. 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">256 Cf. Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 24; cf. tambi\u00e9n 25.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">257 Cf. Ibid., 38, 40.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">258 Cf. 1 Cor 15, 28.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">259 Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">260 Cf. S. Ireneo, Adversus haereses, IV, 20, 7: SC 100\/2 p. 648.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">261 S. Basilio, De Spirito Sancto, IX, 22: PG 32, 110.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">262 Rom 8, 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">263 2 Cor 3, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">264 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 53-59.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">265 Ibid., 38.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">266 1 Cor 8, 6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">267 Jn 16, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">268 Jn 14, 18.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">269 Mt 28, 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">270 Es lo que expresa la \u00ab Epiclesis \u00bb antes de la Consagraci\u00f3n: \u00ab Santifica estos dones con la efusi\u00f3n de tu Esp\u00edritu, de manera que sean para nosotros Cuerpo y Sangre de Jesucristo, nuestro Se\u00f1or \u00bb (Plegaria eucar\u00edstica II).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">271 Cf. Ef 3, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">272 Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">273 Ibid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">274 Cf. Act 2, 42.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">275 Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Unitatis redintegratio, sobre el ecumenismo, 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">276 S. Agust\u00edn, In Iohannis Evangelium Tractatus XXVI, 13: CCL 36, p. 266; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, 47.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">277 Const. dogrn. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">278 Act 17, 28.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">279 1 Tim 2, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">280 Cf. Heb 5, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">281 Lc 11, 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">282 Rm 8, 26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">283 Cf. Or\u00edgenes, De oratione, 2: PG 11, 419-423.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">284 Rom 8, 27.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">285 Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 63.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">286 Ibid., 64.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">287 Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 4; cf. Ap 22, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">288 Cf. Rom 8, 24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">289 Cf. Jn 4, 14; Const dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">290 Cf. Ap 12, 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">291 Cf. Rom 8, 23.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">292 Cf. Secuencia Veni, Sancte Spiritus.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">293 Cf. S\u00edmbolo Quicumque: DS 75.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">294 Cf. Rom 5, 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">295 Conviene recordar aqu\u00ed la importante Exhort. Apost. Gaudete in Domino, del Sumo Pont\u00edfice Pablo VI, publicada el 9 de mayo del A\u00f1o Santo 1975. En efecto, es siempre v\u00e1lida la invitaci\u00f3n expresa da en ella a \u00ab pedir al Esp\u00edritu Santo el don de la alegr\u00eda \u00bb y tambi\u00e9n a \u00ab saborear la alegr\u00eda propiamente espiritual, que es un fruto del Esp\u00edritu Santo \u00bb: AAS 67 (1975), pp. 289; 302.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">296 Cf. Jn 16, 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">297 Cf. Rom 14, 17; G\u00e1l 5, 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Copyright \u00a9 Dicastero per la Comunicazione &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARTA ENC\u00cdCLICA DOMINUM ET VIVIFICANTEM DEL SUMO PONT\u00cdFICE JUAN PABLO II SOBRE EL ESP\u00cdRITU SANTO EN LA VIDA DE LA IGLESIA Y DEL MUNDO Venerables hermanos, amad\u00edsimos hijos e hijas: \u00a1salud y bendici\u00f3n apost\u00f3lica! INTRODUCCI\u00d3N 1. La Iglesia profesa su fe en el Esp\u00edritu Santo que es \u00ab Se\u00f1or y dador de vida \u00bb. 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