{"id":7845,"date":"2024-10-11T15:04:58","date_gmt":"2024-10-11T15:04:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/?p=7845"},"modified":"2024-10-11T15:05:00","modified_gmt":"2024-10-11T15:05:00","slug":"carta-enciclica-redemptoris-missio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/2024\/10\/11\/carta-enciclica-redemptoris-missio\/","title":{"rendered":"CARTA ENC\u00cdCLICA REDEMPTORIS MISSIO"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">CARTA ENC\u00cdCLICA<br><strong><em>REDEMPTORIS MISSIO<\/em><\/strong><br>DEL SUMO PONT\u00cdFICE<br><strong>JUAN PABLO II<br><\/strong>SOBRE LA PERMANENTE VALIDEZ<br>DEL MANDATO MISIONERO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Venerables Hermanos y amad\u00edsimos Hijos:<br>\u00a1Salud y Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>INTRODUCCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. La misi\u00f3n de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, est\u00e1 a\u00fan lejos de cumplirse. A finales del segundo milenio despu\u00e9s de su venida, una mirada global a la humanidad demuestra que esta misi\u00f3n se halla todav\u00eda en los comienzos y que debemos comprometernos con todas nuestras energ\u00edas en su servicio. Es el Esp\u00edritu Santo quien impulsa a anunciar las grandes obras de Dios: \u00ab Predicar el Evangelio no es para m\u00ed ning\u00fan motivo de gloria; es m\u00e1s bien un deber que me incumbe: Y \u00a1ay de mi si no predicara el Evangelio! \u00bb (<em>1 Cor<\/em>&nbsp;9, 16).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En nombre de toda la Iglesia, siento imperioso el deber de repetir este grito de san Pablo. Desde el comienzo de mi pontificado he tomado la decisi\u00f3n de viajar hasta los \u00faltimos confines de la tierra para poner de manifiesto la solicitud misionera; y precisamente el contacto directo con los pueblos que desconocen a Cristo me ha convencido a\u00fan m\u00e1s de&nbsp;<em>la urgencia de tal actividad&nbsp;<\/em>a la cual dedico la presente Enc\u00edclica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Concilio Vaticano II ha querido renovar la vida y la actividad de la Iglesia seg\u00fan las necesidades del mundo contempor\u00e1neo; ha subrayado su \u00ab \u00edndole misionera \u00bb, bas\u00e1ndola din\u00e1micamente en la misma misi\u00f3n trinitaria. El impulso misionero pertenece, pues, a la naturaleza \u00edntima de la vida cristiana e inspira tambi\u00e9n el ecumenismo: \u00ab Que todos sean uno &#8230; para que el mundo crea que t\u00fa me has enviado \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;17, 21).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. Muchos son ya los frutos misioneros del Concilio: se han multiplicado las Iglesias locales provistas de Obispo, clero y personal apost\u00f3lico propios; se va logrando una inserci\u00f3n m\u00e1s profunda de las comunidades cristianas en la vida de los pueblos; la comuni\u00f3n entre las Iglesias lleva a un intercambio eficaz de bienes y dones espirituales; la labor evangelizadora de los laicos est\u00e1 cambiando la vida eclesial; las Iglesias particulares se muestran abiertas al encuentro, al di\u00e1logo y a la colaboraci\u00f3n con los miembros de otras Iglesias cristianas y de otras religiones. Sobre todo, se est\u00e1 afianzando una conciencia nueva:&nbsp;<em>la misi\u00f3n ata\u00f1e a todos los cristianos,&nbsp;<\/em>a todas las di\u00f3cesis y parroquias, a las instituciones y asociaciones eclesiales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No obstante, en esta \u00ab nueva primaveras del cristianismo no se puede dejar oculta una tendencia negativa, que este Documento quiere contribuir a superar: la misi\u00f3n espec\u00edfica&nbsp;<em>ad gentes&nbsp;<\/em>parece que se va parando, no ciertamente en sinton\u00eda con las indicaciones del Concilio y del Magisterio posterior. Dificultades internas y externas han debilitado el impulso misionero de la Iglesia hacia los no cristianos, lo cual es un hecho que debe preocupar a todos los creyentes en Cristo. En efecto, en la historia de la Iglesia, este impulso misionero ha sido siempre signo de vitalidad , as\u00ed como su disminuci\u00f3n es signo de una crisis de fe.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241\">1<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A los veinticinco a\u00f1os de la clausura del Concilio y de la publicaci\u00f3n del Decreto sobre la actividad misionera&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a>&nbsp;<\/em>y a los quince de la Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a>,&nbsp;<\/em>del Papa Pablo VI, quiero invitar a la Iglesia a un&nbsp;<em>renovado compromiso misionero,&nbsp;<\/em>siguiendo al respecto el Magisterio de mis predecesores.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242\">2<\/a><\/sup>&nbsp;El presente Documento se propone una finalidad interna: la renovaci\u00f3n de la fe y de la vida cristiana. En efecto, la misi\u00f3n renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones.&nbsp;<em>\u00a1La fe se fortalece d\u00e1ndola!&nbsp;<\/em>La nueva evangelizaci\u00f3n de los pueblos cristianos hallar\u00e1 inspiraci\u00f3n y apoyo en el compromiso por la misi\u00f3n universal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero lo que m\u00e1s me mueve a proclamar la urgencia de la evangelizaci\u00f3n misionera es que \u00e9sta constituye el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a la humanidad entera en el mundo actual, el cual est\u00e1 conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades \u00faltimas y de la misma existencia. \u00ab Cristo Redentor \u2014he escrito en mi primera Enc\u00edclica\u2014 revela plenamente el hombre al mismo hombre. El hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a s\u00ed mismo &#8230; debe &#8230; acercarse a Cristo. La Redenci\u00f3n llevada a cabo por medio de la cruz ha vuelto a dar definitivamente al hombre la dignidad y el sentido de su existencia en el mundo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243\">3<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No faltan tampoco otras motivaciones y finalidades, como responder a las numerosas peticiones de un documento de esta \u00edndole; disipar dudas y ambig\u00fcedades sobre la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes,&nbsp;<\/em>confirmando as\u00ed en su entrega a los benem\u00e9ritos hombres y mujeres dedicados a la actividad misionera y a cuantos les ayudan; promover las vocaciones misioneras; animar a los te\u00f3logos a profundizar y exponer sistem\u00e1ticamente los diversos aspectos de la misi\u00f3n; dar nuevo impulso a la misi\u00f3n propiamente dicha, comprometiendo a las Iglesias particulares, especialmente las j\u00f3venes, a mandar y recibir misioneros; asegurar a los no cristianos y, de manera especial, a las autoridades de los pa\u00edses a los que se dirige la actividad misionera, que \u00e9sta tiene como \u00fanico fin servir al hombre, revel\u00e1ndole el amor de Dios que se ha manifestado en Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3.<em>&nbsp;\u00a1Pueblos todos, abrid las puertas a Cristo!&nbsp;<\/em>Su Evangelio no resta nada a la libertad humana, al debido respeto de las culturas, a cuanto hay de bueno en cada religi\u00f3n. Al acoger a Cristo, os abr\u00eds a la Palabra definitiva de Dios, a aquel en quien Dios se ha dado a conocer plenamente y a quien el mismo Dios nos ha indicado como camino para llegar hasta \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El n\u00famero de los que a\u00fan no conocen a Cristo ni forman parte de la Iglesia aumenta constantemente; m\u00e1s a\u00fan, desde el final del Concilio, casi se ha duplicado. Para esta humanidad inmensa, tan amada por el Padre que por ella envi\u00f3 a su propio Hijo, es patente la urgencia de la misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por otra parte, nuestra \u00e9poca ofrece en este campo nuevas ocasiones a la Iglesia: la ca\u00edda de ideolog\u00edas y sistemas pol\u00edticos opresores; la apertura de fronteras y la configuraci\u00f3n de un mundo m\u00e1s unido, merced al incremento de los medios de comunicaci\u00f3n; el afianzarse en los pueblos los valores evang\u00e9licos que Jes\u00fas encarn\u00f3 en su vida (paz, justicia, fraternidad, dedicaci\u00f3n a los m\u00e1s necesitados); un tipo de desarrollo econ\u00f3mico y t\u00e9cnico falto de alma que, no obstante, apremia a buscar la verdad sobre Dios, sobre el hombre y sobre el sentido de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dios abre a la Iglesia horizontes de una humanidad m\u00e1s preparada para la siembra evang\u00e9lica. Preveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelizaci\u00f3n y a la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes.&nbsp;<\/em>Ning\u00fan creyente en Cristo, ninguna instituci\u00f3n de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>CAP\u00cdTULO I<br>JESUCRISTO \u00daNICO SALVADOR<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4. El cometido fundamental de la Iglesia en todas las \u00e9pocas y particularmente en la nuestra \u2014como recordaba en mi primera Enc\u00edclica program\u00e1tica\u2014 es \u00ab dirigir la mirada del hombre, orientar la conciencia y la experiencia de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244\">4<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La misi\u00f3n universal de la Iglesia nace de la fe en Jesucristo, tal como se expresa en la profesi\u00f3n de fe trinitaria: \u00ab Creo en un solo Se\u00f1or, Jesucristo, Hijo \u00fanico de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos&#8230; Por nosotros, los hombres, y por nuestra salvaci\u00f3n baj\u00f3 del cielo y, por obra del Esp\u00edritu Santo, se encarn\u00f3 de Mar\u00eda, la Virgen, y se hizo hombre \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%245\">5<\/a><\/sup>&nbsp;En el hecho de la Redenci\u00f3n est\u00e1 la salvaci\u00f3n de todos, \u00ab porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redenci\u00f3n y con cada uno Cristo se ha unido, para siempre, por medio de este misterio \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%246\">6<\/a><\/sup>&nbsp;S\u00f3lo en la fe se comprende y se fundamenta la misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No obstante, debido tambi\u00e9n a los cambios modernos y a la difusi\u00f3n de nuevas concepciones teol\u00f3gicas, algunos se preguntan: \u00bfEs v\u00e1lida a\u00fan la misi\u00f3n entre los no cristianos? \u00bfNo ha sido sustituida quiz\u00e1s por el di\u00e1logo interreligioso? \u00bfNo es un objetivo suficiente la promoci\u00f3n humana? El respeto de la conciencia y de la libertad \u00bfno excluye toda propuesta de conversi\u00f3n? \u00bfNo puede uno salvarse en cualquier religi\u00f3n?&nbsp;<em>\u00bfPara qu\u00e9, entonces, la misi\u00f3n?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>\u00ab Nadie va al Padre sino por m\u00ed \u00bb (Jn 14, 6)<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5. Remont\u00e1ndonos a los or\u00edgenes de la Iglesia, vemos afirmado claramente que Cristo es el \u00fanico Salvador de la humanidad, el \u00fanico en condiciones de revelar a Dios y de guiar hacia Dios. A las autoridades religiosas jud\u00edas que interrogan a los Ap\u00f3stoles sobre la curaci\u00f3n del tullido realizada por Pedro, \u00e9ste responde: \u00ab Por el nombre de Jesucristo, el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucit\u00f3 de entre los muertos; por su nombre y no por ning\u00fan otro se presenta \u00e9ste aqu\u00ed sano delante de vosotros&#8230; Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos \u00bb (<em>Act<\/em>&nbsp;4, 10. 12). Esta afirmaci\u00f3n, dirigida al Sanedr\u00edn, asume un valor universal, ya que para todos \u2014jud\u00edos y gentiles\u2014 la salvaci\u00f3n no puede venir m\u00e1s que de Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La universalidad de esta salvaci\u00f3n en Cristo es afirmada en todo el Nuevo Testamento San Pablo reconoce en Cristo resucitado al Se\u00f1or: \u00ab Pues \u2014escribe \u00e9l\u2014 aun cuando se les d\u00e9 el nombre de dioses, bien en el cielo, bien en la tierra, de forma que hay multitud de dioses y se\u00f1ores, para nosotros no hay m\u00e1s que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Se\u00f1or, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros \u00bb (<em>1<\/em>&nbsp;<em>Cor&nbsp;<\/em>8, 5-6). Se confiesa a un \u00fanico Dios y a un \u00fanico Se\u00f1or en contraste con la multitud de \u00ab dioses \u00bb y \u00ab se\u00f1ores \u00bb que el pueblo admit\u00eda. Pablo reacciona contra el polite\u00edsmo del ambiente religioso de su tiempo y pone de relieve la caracter\u00edstica de la fe cristiana: fe en un solo Dios y en un solo Se\u00f1or, enviado por Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el Evangelio de san Juan esta universalidad salv\u00edfica de Cristo abarca los aspectos de su misi\u00f3n de gracia, de verdad y de revelaci\u00f3n: \u00ab La Palabra es la luz verdadera que ilumina a todo hombre \u00bb (cf.&nbsp;<em>Jn&nbsp;<\/em>1, 9). Y a\u00f1ade: \u00ab A Dios nadie lo ha visto jam\u00e1s; el Hijo \u00fanico, que est\u00e1 en el seno del Padre, \u00e9l lo ha revelado \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;1, 18; cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;11, 27). La revelaci\u00f3n de Dios se hace definitiva y completa por medio de su Hijo unig\u00e9nito: \u00ab Muchas veces y de muchos modos habl\u00f3 Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos \u00faltimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituy\u00f3 heredero de todo, por quien tambi\u00e9n hizo los mundos \u00bb (<em>Heb<\/em>&nbsp;1, 1-2; cf.&nbsp;<em>Jn&nbsp;<\/em>14, 6). En esta Palabra definitiva de su revelaci\u00f3n, Dios se ha dado a conocer del modo m\u00e1s completo; ha dicho a la humanidad&nbsp;<em>qui\u00e9n es.&nbsp;<\/em>Esta autorrevelaci\u00f3n definitiva de Dios es el motivo fundamental por el que la Iglesia es misionera por naturaleza. Ella no puede dejar de proclamar el Evangelio, es decir, la plenitud de la verdad que Dios nos ha dado a conocer sobre s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo es el \u00fanico mediador entre Dios y los hombres: \u00ab Porque hay un solo Dios, y tambi\u00e9n un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jes\u00fas, hombre tambi\u00e9n, que se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo como rescate por todos. Este es el testimonio dado en el tiempo oportuno, y de este testimonio \u2014digo la verdad, no miento\u2014 yo he sido constituido heraldo y ap\u00f3stol, maestro de los gentiles en la fe y en la verdad \u00bb (<em>1 Tim<\/em>&nbsp;2, 5-7; cf.&nbsp;<em>Heb&nbsp;<\/em>4, 14-16). Los hombres, pues, no pueden entrar en comuni\u00f3n con Dios, si no es por medio de Cristo y bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu. Esta mediaci\u00f3n suya \u00fanica y universal, lejos de ser obst\u00e1culo en el camino hacia Dios, es la v\u00eda establecida por Dios mismo, y de ello Cristo tiene plena conciencia. Aun cuando no se excluyan mediaciones parciales, de cualquier tipo y orden, \u00e9stas sin embargo cobran significado y valor \u00fanicamente por la mediaci\u00f3n de Cristo y no pueden ser entendidas como paralelas y complementarias<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6. Es contrario a la fe cristiana introducir cualquier separaci\u00f3n entre el Verbo y Jesucristo. San Juan afirma claramente que el Verbo, que \u00ab estaba en el principio con Dios \u00bb, es el mismo que \u00ab se hizo carne \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;1, 2.14). Jes\u00fas es el Verbo encarnado, una sola persona e inseparable: no se puede separar a Jes\u00fas de Cristo, ni hablar de un \u00ab Jes\u00fas de la historia \u00bb, que ser\u00eda distinto del \u00ab Cristo de la fe \u00bb. La Iglesia conoce y confiesa a Jes\u00fas como \u00ab el Cristo, el Hijo de Dios vivo \u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;16,16). Cristo no es sino Jes\u00fas de Nazaret, y \u00e9ste es el Verbo de Dios hecho hombre para la salvaci\u00f3n de todos. En Cristo \u00ab reside toda la plenitud de la divinidad corporalmente \u00bb (<em>Col<\/em>&nbsp;2, 9) y \u00ab de su plenitud hemos recibido todos \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;1, 16). El \u00ab Hijo \u00fanico, que est\u00e1 en el seno del Padre \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;1, 18), es el \u00ab Hijo de su amor, en quien tenemos la redenci\u00f3n. Pues Dios tuvo a bien hacer residir en \u00e9l toda la plenitud, y reconciliar por \u00e9l y para \u00e9l todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos \u00bb (<em>Col<\/em>&nbsp;1,13-14.19-20). Es precisamente esta singularidad \u00fanica de Cristo la que le confiere un significado absoluto y universal, por lo cual, mientras est\u00e1 en la historia, es el centro y el fin de la misma:&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%247\">7<\/a><\/sup>&nbsp;\u00ab Yo soy el Alfa y la Omega,&nbsp;<em>el Primero y el \u00daltimo,&nbsp;<\/em>el Principio y el Fin \u00bb (<em>Ap&nbsp;<\/em>22, 13).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si, pues, es l\u00edcito y \u00fatil considerar los diversos aspectos del misterio de Cristo, no se debe perder nunca de vista su unidad. Mientras vamos descubriendo y valorando los dones de todas clases, sobre todo las riquezas espirituales, que Dios ha concedido a cada pueblo, no podemos disociarlos de Jesucristo, centro del plan divino de salvaci\u00f3n. As\u00ed como \u00ab el Hijo de Dios con su encarnaci\u00f3n se ha unido, en cierto modo, con todo hombre \u00bb, as\u00ed tambi\u00e9n \u00ab debemos creer que el Esp\u00edritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en forma s\u00f3lo de Dios conocida, se asocien a este misterio pascual \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%248\">8<\/a><\/sup>&nbsp;El designio divino es \u00ab hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que est\u00e1 en los cielos y lo que est\u00e1 en la tierra \u00bb&nbsp;<em>(Ef<\/em>&nbsp;1, 10).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La fe en Cristo es una propuesta a la libertad del hombre<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7. La urgencia de la actividad misionera brota de la&nbsp;<em>radical novedad de vida,&nbsp;<\/em>tra\u00edda por Cristo y vivida por sus disc\u00edpulos. Esta nueva vida es un don de Dios, y al hombre se le pide que lo acoja y desarrolle, si quiere realizarse seg\u00fan su vocaci\u00f3n integral, en conformidad con Cristo. El Nuevo Testamento es un himno a la vida nueva para quien cree en Cristo y vive en su Iglesia. La salvaci\u00f3n en Cristo, atestiguada y anunciada por la Iglesia, es autocomunicaci\u00f3n de Dios: \u00ab Es el amor, que no s\u00f3lo crea el bien, sino que hace participar en la misma vida de Dios: Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo. En efecto, el que ama desea darse a s\u00ed mismo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%249\">9<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dios ofrece al hombre esta vida nueva: \u00ab \u00bfSe puede rechazar a Cristo y todo lo que \u00e9l ha tra\u00eddo a la historia del hombre? Ciertamente es posible. El hombre es libre. El hombre puede decir no a Dios. El hombre puede decir no a Cristo. Pero sigue en pie la pregunta fundamental. \u00bfEs licito hacer esto? \u00bfCon qu\u00e9 fundamento es licito? \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24A\">10<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">8. En el mundo moderno hay tendencia a reducir el hombre a una mera dimensi\u00f3n horizontal. Pero \u00bfen qu\u00e9 se convierte el hombre sin apertura al Absoluto? La respuesta se halla no s\u00f3lo en la experiencia de cada hombre, sino tambi\u00e9n en la historia de la humanidad con la sangre derramada en nombre de ideolog\u00edas y de reg\u00edmenes pol\u00edticos que han querido construir una \u00ab nueva humanidad \u00bb sin Dios.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24B\">11<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo dem\u00e1s, a cuantos est\u00e1n preocupados por salvar la libertad de conciencia, dice el Concilio Vaticano II: \u00ab La persona humana tiene derecho a la libertad religiosa &#8230; todos los hombres han de estar inmunes de coacci\u00f3n por parte de personas particulares, como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia ni se le impida que act\u00fae conforme a ella en privado y en p\u00fablico, solo o asociado con otros dentro de los limites debidos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24C\">12<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El anuncio y el testimonio de Cristo, cuando se llevan a cabo respetando las conciencias, no violan la libertad. La fe exige la libre adhesi\u00f3n del hombre, pero debe ser propuesta, pues \u00ab las multitudes tienen derecho a conocer la riqueza del misterio de Cristo, dentro del cual creemos que toda la humanidad puede encontrar, con insospechada plenitud , todo lo que busca a tientas acerca de Dios, del hombre y de su destino, de la vida y de la muerte, de la verdad. Por eso, la Iglesia mantiene vivo su empuje misionero e incluso desea intensificarlo en un momento hist\u00f3rico como el nuestro \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24D\">13<\/a><\/sup>&nbsp;Hay que decir tambi\u00e9n con palabras del Concilio que: \u00ab Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas, es decir, dotados de raz\u00f3n y de voluntad libre y, por tanto, enaltecidos con una responsabilidad personal, tienen la obligaci\u00f3n moral de buscar la verdad, sobre todo la que se refiere a la religi\u00f3n. Est\u00e1n obligados, asimismo, a adherirse a la verdad conocida y a ordenar toda su vida seg\u00fan las exigencias de la verdad \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24E\">14<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La Iglesia, signo e instrumento de salvaci\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">9. La primera beneficiaria de la salvaci\u00f3n es la Iglesia. Cristo la ha adquirido con su sangre (cf.&nbsp;<em>Act<\/em>&nbsp;20, 28) y la ha hecho su colaboradora en la obra de la salvaci\u00f3n universal. En efecto, Cristo vive en ella; es su esposo; fomenta su crecimiento; por medio de ella cumple su misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Concilio ha reclamado ampliamente el papel de la Iglesia para la salvaci\u00f3n de la humanidad. A la par que reconoce que Dios ama a todos los hombres y les concede la posibilidad de salvarse (cf.&nbsp;<em>1 Tim<\/em>&nbsp;2, 4),<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24F\">15<\/a><\/sup>&nbsp;la Iglesia profesa que Dios ha constituido a Cristo como \u00fanico mediador y que ella misma ha sido constituida como sacramento universal de salvaci\u00f3n.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24G\">16<\/a><\/sup>&nbsp;\u00ab Todos los hombres son llamados a esta unidad cat\u00f3lica del Pueblo de Dios, y a ella pertenecen o se ordenan de diversos modos, sea los fieles cat\u00f3licos, sea los dem\u00e1s creyentes en Cristo, sea tambi\u00e9n todos los hombres en general llamados a la salvaci\u00f3n por la gracia de Dios \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24H\">17<\/a><\/sup>&nbsp;Es necesario, pues, mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvaci\u00f3n en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvaci\u00f3n. Ambas favorecen la comprensi\u00f3n del&nbsp;<em>\u00fanico misterio salv\u00edfico,&nbsp;<\/em>de manera que se pueda experimentar la misericordia de Dios y nuestra responsabilidad. La salvaci\u00f3n, que siempre es don del Esp\u00edritu, exige la colaboraci\u00f3n del hombre para salvarse tanto a s\u00ed mismo como a los dem\u00e1s. As\u00ed lo ha querido Dios, y para esto ha establecido y asociado a la Iglesia a su plan de salvaci\u00f3n: \u00ab Ese pueblo mesi\u00e1nico \u2014afirma el Concilio\u2014 constituido por Cristo en orden a la comuni\u00f3n de vida, de caridad y de verdad, es empleado tambi\u00e9n por \u00e9l como instrumento de la redenci\u00f3n universal y es enviado a todo el mundo como luz del mundo y sal de la tierra \u00bb<em>.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24I\">18<\/a><\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La salvaci\u00f3n es ofrecida a todos los hombres<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">10. La universalidad de la salvaci\u00f3n no significa que se conceda solamente a los que, de modo expl\u00edcito, creen en Cristo y han entrado en la Iglesia. Si es destinada a todos, la salvaci\u00f3n debe estar en verdad a disposici\u00f3n de todos. Pero es evidente que, tanto hoy como en el pasado, muchos hombres no tienen la posibilidad de conocer o aceptar la revelaci\u00f3n del Evangelio y de entrar en la Iglesia. Viven en condiciones socioculturales que no se lo permiten y, en muchos casos, han sido educados en otras tradiciones religiosas. Para ellos, la salvaci\u00f3n de Cristo es accesible en virtud de la gracia que, aun teniendo una misteriosa relaci\u00f3n con la Iglesia, no les introduce formalmente en ella, sino que los ilumina de manera adecuada en su situaci\u00f3n interior y ambiental Esta gracia proviene de Cristo; es fruto de su sacrificio y es comunicada por el Esp\u00edritu Santo:ella permite a cada uno llegar a la salvaci\u00f3n mediante su libre colaboraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por esto mismo, el Concilio, despu\u00e9s de haber afirmado la centralidad del misterio pascual, afirma: \u00ab Esto vale no solamente para los cristianos, sino tambi\u00e9n para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo coraz\u00f3n obra la gracia de modo invisible. Cristo muri\u00f3 por todos, y la vocaci\u00f3n suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, divina. En consecuencia, debemos creer que el Esp\u00edritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de s\u00f3lo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24J\">19<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>\u00ab Nosotros no podemos menos de hablar \u00bb (Act 4, 20)<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">11. \u00bfQu\u00e9 decir, pues, de las objeciones ya mencionadas sobre la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes?&nbsp;<\/em>Con pleno respeto de todas las creencias y sensibilidades, ante todo debemos afirmar con sencillez nuestra fe en Cristo, \u00fanico salvador del hombre; fe recibida como un don que proviene de lo Alto, sin m\u00e9rito por nuestra parte. Decimos con san Pablo: \u00ab No me averg\u00fcenzo del Evangelio, que es una fuerza de Dios para la salvaci\u00f3n de todo el que cree \u00bb (<em>Rom<\/em>&nbsp;1, 16). Los m\u00e1rtires cristianos de todas las \u00e9pocas \u2014tambi\u00e9n los de la nuestra\u2014 han dado y siguen dando la vida por testimoniar ante los hombres esta fe, convencidos de que cada hombre tiene necesidad de Jesucristo, que ha vencido el pecado y la muerte, y ha reconciliado a los hombres con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo se ha proclamado Hijo de Dios, \u00edntimamente unido al Padre, y, como tal, ha sido reconocido por los disc\u00edpulos, confirmando sus palabras con los milagros y su resurrecci\u00f3n. La Iglesia ofrece a los hombres el Evangelio, documento prof\u00e9tico, que responde a las exigencias y aspiraciones del coraz\u00f3n humano y que es siempre \u00ab Buena Nueva \u00bb. La Iglesia no puede dejar de proclamar que Jes\u00fas, vino a revelar el rostro de Dios y alcanzar, mediante la cruz y la resurrecci\u00f3n, la salvaci\u00f3n para todos los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la pregunta&nbsp;<em>\u00bfPara qu\u00e9 la misi\u00f3n?&nbsp;<\/em>respondemos con la fe y la esperanza de la Iglesia: abrirse al amor de Dios es la verdadera liberaci\u00f3n. En \u00e9l, s\u00f3lo en \u00e9l, somos liberados de toda forma de alienaci\u00f3n y extrav\u00edo, de la esclavitud del poder del pecado y de la muerte. Cristo es verdaderamente \u00ab nuestra paz \u00bb (<em>Ef&nbsp;<\/em>2, 14), y \u00ab el amor de Cristo nos apremia \u00bb (<em>2 Cor&nbsp;<\/em>5, 14), dando sentido y alegr\u00eda a nuestra vida.&nbsp;<em>La misi\u00f3n es un problema de fe,&nbsp;<\/em>es el \u00edndice exacto de nuestra fe en Cristo y en su amor por nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tentaci\u00f3n actual es la de reducir el cristianismo a una sabidur\u00eda meramente humanas, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una \u00ab gradual secularizaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n \u00bb, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensi\u00f3n horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jes\u00fas vino a traer la salvaci\u00f3n integral, que abarca al hombre entero y a todos los hombres, abri\u00e9ndoles a los admirables horizontes de la filiaci\u00f3n divina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u00bfPor qu\u00e9 la misi\u00f3n?&nbsp;<\/em>Porque a nosotros, como a san Pablo, \u00ab se nos ha concedido la gracia de anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo \u00bb (<em>Ef&nbsp;<\/em>3, 8). La novedad de vida en \u00e9l es la \u00ab Buena Nueva \u00bb para el hombre de todo tiempo: a ella han sido llamados y destinados todos los hombres. De hecho, todos la buscan, aunque a veces de manera confusa, y tienen el derecho a conocer el valor de este don y la posibilidad de alcanzarlo. La Iglesia y, en ella, todo cristiano, no puede esconder ni conservar para s\u00ed esta novedad y riqueza, recibidas de la divina bondad para ser comunicadas a todos los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">He ah\u00ed por qu\u00e9 la misi\u00f3n, adem\u00e1s de provenir del mandato formal del Se\u00f1or, deriva de la exigencia profunda de la vida de Dios en nosotros. Quienes han sido incorporados a la Iglesia han de considerarse privilegiados y, por ello, mayormente comprometidos en&nbsp;<em>testimoniar la fe y la vida cristiana&nbsp;<\/em>como servicio a los hermanos y respuesta debida a Dios, recordando que \u00ab su excelente condici\u00f3n no deben atribuirla a los m\u00e9ritos propios sino a una gracia singular de Cristo, no respondiendo a la cual con pensamiento, palabra y obra, lejos de salvarse, ser\u00e1n juzgados con mayor severidad \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24K\">20<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>CAP\u00cdTULO II<br>EL REINO DE DIOS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">12. \u00ab Dios rico en misericordia es el que Jesucristo nos ha revelado como Padre; cabalmente su Hijo, en s\u00ed mismo, nos lo ha manifestado y nos lo ha hecho conocer \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24L\">21<\/a><\/sup>&nbsp;Escrib\u00eda esto al comienzo de la Enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html\">Dives in misericordia<\/a>,&nbsp;<\/em>mostrando c\u00f3mo Cristo es la revelaci\u00f3n y la encarnaci\u00f3n de la misericordia del Padre. La salvaci\u00f3n consiste en creer y acoger el misterio del Padre y de su amor, que se manifiesta y se da en Jes\u00fas mediante el Esp\u00edritu. As\u00ed se cumple el Reino de Dios, preparado ya por la Antigua Alianza, llevado a cabo por Cristo y en Cristo, y anunciado a todas las gentes por la Iglesia, que se esfuerza y ora para que llegue a su plenitud de modo perfecto y definitivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Antiguo Testamento atestigua que Dios ha escogido y formado un pueblo para revelar y llevar a cabo su designio de amor. Pero, al mismo tiempo, Dios es Creador y Padre de todos los hombres se cuida de todos, a todos extiende su bendici\u00f3n (cf.&nbsp;<em>G\u00e9n&nbsp;<\/em>12, 3) y con todos hace una alianza&nbsp;<em>-G\u00e9n<\/em>&nbsp;9, 1-17). Israel tiene experiencia de un Dios personal y salvador (cf.&nbsp;<em>Dt&nbsp;<\/em>4, 37; 7, 6-8;&nbsp;<em>Is<\/em>&nbsp;43, 1-7), del cual se convierte en testigo y portavoz en medio de las naciones. A lo largo de la propia historia, Israel adquiere conciencia de que su elecci\u00f3n tiene un significado universal (cf. por ejemplo&nbsp;<em>Is&nbsp;<\/em>2, 2-5; 6-8; 60, 1-6;&nbsp;<em>Jer<\/em>&nbsp;3, 17; 16, 19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Cristo hace presente el Reino<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">13. Jes\u00fas de Nazaret lleva a cumplimiento el plan de Dios. Despu\u00e9s de haber recibido el Esp\u00edritu Santo en el bautismo, manifiesta su vocaci\u00f3n mesi\u00e1nica: recorre Galilea proclamando \u00ab la Buena Nueva de Dios: &#8220;El tiempo se ha cumplido y el Reino est\u00e1 cerca; convert\u00edos y creed en la Buena Nueva&#8221; \u00bb (<em>Mc<\/em>&nbsp;1, 14-15; cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>4, 17;&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>4, 43). La proclamaci\u00f3n y la instauraci\u00f3n del Reino de Dios son el objeto de su misi\u00f3n: \u00ab Porque a esto he sido enviado \u00bb (<em>Lc&nbsp;<\/em>4, 43). Pero hay algo m\u00e1s: Jes\u00fas en persona es la \u00ab Buena Nueva \u00bb, como \u00e9l mismo afirma al comienzo de su misi\u00f3n en la sinagoga de Nazaret, aplic\u00e1ndose las palabras de Isa\u00edas relativas al Ungido, enviado por el Esp\u00edritu del Se\u00f1or (cf.&nbsp;<em>Lc.&nbsp;<\/em>4, 14-21). Al ser \u00e9l la \u00ab Buena Nueva \u00bb, existe en Cristo plena identidad entre mensaje y mensajero, entre el decir, el actuar y el ser. Su fuerza, el secreto de la eficacia de su acci\u00f3n consiste en la identificaci\u00f3n total con el mensaje que anuncia; proclama la \u00ab Buena Nueva \u00bb no s\u00f3lo con lo que dice o hace, sino tambi\u00e9n con lo que es.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El ministerio de Jes\u00fas se describe en el contexto de los viajes por su tierra. La perspectiva de la misi\u00f3n antes de la Pascua se centra en Israel; sin embargo, Jes\u00fas nos ofrece un elemento nuevo de capital importancia. La realidad escatol\u00f3gica no se aplaza hasta un fin remoto del mundo, sino que se hace pr\u00f3xima y comienza a cumplirse. \u00ab El Reino de Dios est\u00e1 cerca \u00bb (<em>Mc<\/em>&nbsp;1, 15); se ora para que venga (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>6,10); la fe lo ve ya presente en los signos, como los milagros (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>11, 4-5), los exorcismos (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>12, 25-28), la elecci\u00f3n de los Doce (cf.&nbsp;<em>Mc&nbsp;<\/em>3, 13-19), el anuncio de la Buena Nueva a los pobres (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>4, 18). En los encuentros de Jes\u00fas con los paganos se ve con claridad que la entrada en el Reino acaece mediante la fe y la conversi\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Mc&nbsp;<\/em>1, 15) Y no por la mera pertenencia \u00e9tnica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Reino que inaugura Jes\u00fas es el Reino de Dios; \u00e9l mismo nos revela qui\u00e9n es este Dios al que llama con el t\u00e9rmino familiar \u00ab Abba \u00bb, Padre (<em>Mc&nbsp;<\/em>14, 36). El Dios revelado sobre todo en las par\u00e1bolas (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>15, 3-32;&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>20, 1-16) es sensible a las necesidades, a los sufrimientos de todo hombre; es un Padre amoroso y lleno de compasi\u00f3n, que perdona y concede gratuitamente las gracias pedidas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">San Juan nos dice que \u00ab Dios es Amor \u00bb (<em>1 Jn<\/em>&nbsp;4, 8. 16). Todo hombre, por tanto, es invitado a \u00ab convertirse \u00bb y \u00ab creer \u00bb en el amor misericordioso de Dios por \u00e9l; el Reino crecer\u00e1 en a medida en que cada hombre aprenda a dirigirse a Dios como a un Padre en la intimidad de la oraci\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;11, 2;&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>23, 9), y se esfuerce en cumplir su voluntad (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>7, 21).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Caracter\u00edsticas y exigencias del Reino<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">14. Jes\u00fas revela progresivamente las caracter\u00edsticas y exigencias del Reino mediante sus palabras, sus obras y su persona.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Reino est\u00e1 destinado a todos los hombres, dado que todos son llamados a ser sus miembros. Para subrayar este aspecto, Jes\u00fas se ha acercado sobre todo a aquellos que estaban al margen de la sociedad, d\u00e1ndoles su preferencia, cuando anuncia la \u00ab Buena Nueva \u00bb. Al comienzo de su ministerio proclama que ha sido \u00ab enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva \u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;4, 18). A todas las v\u00edctimas del rechazo y del desprecio Jes\u00fas les dice: \u00ab Bienaventurados los pobres \u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;6, 20). Adem\u00e1s, hace vivir ya a estos marginados una experiencia de liberaci\u00f3n, estando con ellos y yendo a comer con ellos (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>5, 30; 15, 2), trat\u00e1ndoles como a iguales y amigos (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;7, 34), haci\u00e9ndolos sentirse amados por Dios y manifestando as\u00ed su inmensa ternura hacia los necesitados y los pecadores (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>15, 1-32).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La liberaci\u00f3n y la salvaci\u00f3n que el Reino de Dios trae consigo alcanzan a la persona humana en su dimensi\u00f3n tanto f\u00edsica como espiritual. Dos gestos caracterizan la misi\u00f3n de Jes\u00fas: curar y perdonar. Las numerosas curaciones demuestran su gran compasi\u00f3n ante la miseria humana, pero significan tambi\u00e9n que en el Reino ya no habr\u00e1 enfermedades ni sufrimientos y que su misi\u00f3n, desde el principio, tiende a liberar de todo ello a las personas. En la perspectiva de Jes\u00fas, las curaciones son tambi\u00e9n signo de salvaci\u00f3n espiritual, de liberaci\u00f3n del pecado. Mientras cura, Jes\u00fas invita a la fe, a la conversi\u00f3n, al deseo de perd\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>5, 24). Recibida la fe, la curaci\u00f3n anima a ir m\u00e1s lejos: introduce en la salvaci\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>18, 42-43). Los gestos liberadores de la posesi\u00f3n del demonio, mal supremo y s\u00edmbolo del pecado y de la rebeli\u00f3n contra Dios, son signos de que \u00ab ha llegado a vosotros el Reino de Dios \u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;12, 28).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">15. El Reino tiende a transformar las relaciones humanas y se realiza progresivamente, a medida que los hombres aprenden a amarse, a perdonarse y a servirse mutuamente. Jes\u00fas se refiere a toda la ley, centr\u00e1ndola en el mandamiento del amor (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;22, 34-40);&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>10, 25-28). Antes de dejar a los suyos les da un \u00ab mandamiento nuevo \u00bb: \u00ab Que os am\u00e9is los unos a los otros como yo os he amado \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;15, 12; cf. 13, 34). El amor con el que Jes\u00fas ha amado al mundo halla su expresi\u00f3n suprema en el don de su vida por los hombres (cf.&nbsp;<em>Jn&nbsp;<\/em>15, 13), manifestando as\u00ed el amor que el Padre tiene por el mundo (cf.&nbsp;<em>Jn&nbsp;<\/em>3, 16). Por tanto la naturaleza del Reino es la comuni\u00f3n de todos los seres humanos entre s\u00ed y con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Reino interesa a todos: a las personas, a sociedad, al mundo entero. Trabajar por el Reino quiere decir reconocer y favorecer el dinamismo divino, que est\u00e1 presente en la historia humana y la transforma. Construir el Reino significa trabajar por la liberaci\u00f3n del mal en todas sus formas. En resumen, el Reino de Dios es la manifestaci\u00f3n y la realizaci\u00f3n de su designio de salvaci\u00f3n en toda su plenitud.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>En el Resucitado, llega a su cumplimiento y es proclamado el Reino de Dios<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">16. Al resucitar Jes\u00fas de entre los muertos Dios ha vencido la muerte y en \u00e9l ha inaugurado definitivamente su Reino. Durante su vida terrena Jes\u00fas es el profeta del Reino y, despu\u00e9s de su pasi\u00f3n, resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n al cielo, participa del poder de Dios y de su dominio sobre el mundo (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>28, 18;&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>2, 36;&nbsp;<em>Ef&nbsp;<\/em>1, 18-31). La resurrecci\u00f3n confiere un alcance universal al mensaje de Cristo, a su acci\u00f3n y a toda su misi\u00f3n. Los disc\u00edpulos se percatan de que el Reino ya est\u00e1 presente en la persona de Jes\u00fas y se va instaurando paulatinamente en el hombre y en el mundo a trav\u00e9s de un v\u00ednculo misterioso con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n ellos predicaban el Reino, anunciando a Jes\u00fas muerto y resucitado. Felipe anunciaba en Samar\u00eda \u00ab la Buena Nueva del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo \u00bb (<em>Act<\/em>&nbsp;8, 12). Pablo predicaba en Roma el Reino de Dios y ense\u00f1aba lo referente al Se\u00f1or Jesucristo (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>28, 31).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n los primeros cristianos anunciaban \u00ab el Reino de Cristo y de Dios \u00bb (<em>Ef<\/em>&nbsp;5, 5; cf.&nbsp;<em>Ap<\/em>&nbsp;11, 15; 12, 10) o bien \u00ab el Reino eterno de nuestro Se\u00f1or Jesucristo \u00bb (<em>2<\/em>&nbsp;<em>Pe&nbsp;<\/em>1<em>,&nbsp;<\/em>11). Es en el anuncio de Jesucristo, con el que el Reino se identifica, donde se centra la predicaci\u00f3n de la Iglesia primitiva. Al igual que entonces, hoy tambi\u00e9n es necesario unir&nbsp;<em>el anuncio del Reino de Dios&nbsp;<\/em>(elcontenido del \u00ab kerigma \u00bb de Jes\u00fas) y&nbsp;<em>la proclamaci\u00f3n del evento de Jesucristo&nbsp;<\/em>(que es el \u00ab kerigma \u00bb de los Ap\u00f3stoles). Los dos anuncios se completan y se iluminan mutuamente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El Reino con relaci\u00f3n a Cristo y a la Iglesia<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">17. Hoy se habla mucho del Reino, pero no siempre en sinton\u00eda con el sentir de la Iglesia. En efecto, se dan concepciones de la salvaci\u00f3n y de la misi\u00f3n que podemos llamar \u00ab antropoc\u00e9ntricas \u00bb, en el sentido reductivo del t\u00e9rmino, al estar centradas en torno a las necesidades terrenas del hombre. En esta perspectiva el Reino tiende a convertirse en una realidad plenamente humana y secularizada, en la que s\u00f3lo cuentan los programas y luchas por la liberaci\u00f3n socioecon\u00f3mica, pol\u00edtica y tambi\u00e9n cultural, pero con unos horizontes cerrados a lo trascendente. Aun no negando que tambi\u00e9n a ese nivel haya valores por promover, sin embargo tal concepci\u00f3n se reduce a los confines de un reino del hombre, amputado en sus dimensiones aut\u00e9nticas y profundas, y se traduce f\u00e1cilmente en una de las ideolog\u00edas que miran a un progreso meramente terreno. El Reino de Dios, en cambio, \u00ab no es de este mundo, no es de aqu\u00ed \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;18, 36).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se dan adem\u00e1s determinadas concepciones que, intencionadamente, ponen el acento sobre el Reino y se presentan como \u00ab reinoc\u00e9ntricas \u00bb, las cuales dan relieve a la imagen de una Iglesia que no piensa en si misma, sino que se dedica a testimoniar y servir al Reino. Es una \u00ab Iglesia para los dem\u00e1s \u00bb, \u2014se dice\u2014 como \u00ab Cristo es el hombre para los dem\u00e1s \u00bb. Se describe el cometido de la Iglesia, como si debiera proceder en una doble direcci\u00f3n; por un lado, promoviendo los llamados \u00ab valores del Reino \u00bb, cuales son la paz, la justicia, la libertad, la fraternidad; por otro, favoreciendo el di\u00e1logo entre los pueblos, las culturas, las religiones, para que, enriqueci\u00e9ndose mutuamente, ayuden al mundo a renovarse y a caminar cada vez m\u00e1s hacia el Reino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Junto a unos aspectos positivos, estas concepciones manifiestan a menudo otros negativos. Ante todo, dejan en silencio a Cristo: el Reino, del que hablan, se basa en un \u00ab teocentrismo \u00bb, porque Cristo \u2014dicen\u2014 no puede ser comprendido por quien no profesa la fe cristiana, mientras que pueblos, culturas y religiones diversas pueden coincidir en la \u00fanica realidad divina, cualquiera que sea su nombre. Por el mismo motivo, conceden privilegio al misterio de la creaci\u00f3n, que se refleja en la diversidad de culturas y creencias, pero no dicen nada sobre el misterio de la redenci\u00f3n. Adem\u00e1s el Reino, tal como lo entienden, termina por marginar o menospreciar a la Iglesia, como reacci\u00f3n a un supuesto \u00ab eclesiocentrismo \u00bb del pasado y porque consideran a la Iglesia misma s\u00f3lo un signo, por lo dem\u00e1s no exento de ambig\u00fcedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">18. Ahora bien, no es \u00e9ste el Reino de Dios que conocemos por la Revelaci\u00f3n, el cual no puede ser separado ni de Cristo ni de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como ya queda dicho, Cristo no s\u00f3lo ha anunciado el Reino, sino que en \u00e9l el Reino mismo se ha hecho presente y ha llegado a su cumplimiento: \u00ab Sobre todo, el Reino se manifiesta en la persona misma de Cristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre, quien vino &#8220;a servir y a dar su vida para la redenci\u00f3n de muchos&#8221; (<em>Mc&nbsp;<\/em>10, 45) \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24M\">22<\/a><\/sup>&nbsp;El Reino de Dios no es un concepto, una doctrina o un programa sujeto a libre elaboraci\u00f3n, sino que es ante todo&nbsp;<em>una persona&nbsp;<\/em>que tiene el rostro y el nombre de Jes\u00fas de Nazaret, imagen del Dios invisible.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24N\">23<\/a><\/sup>&nbsp;Si se separa el Reino de la persona de Jes\u00fas, no existe ya el reino de Dios revelado por \u00e9l, y se termina por distorsionar tanto el significado del Reino \u2014quecorre el riesgo de transformarse en un objetivo puramente humano o ideol\u00f3gico\u2014 como la identidad de Cristo, que no aparece ya como el Se\u00f1or, al cual debe someterse todo (cf.&nbsp;<em>1<\/em>&nbsp;<em>Cor<\/em>&nbsp;l5,27).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Asimismo, el Reino no puede ser separado de la Iglesia. Ciertamente, \u00e9sta no es fin para s\u00ed misma, ya que est\u00e1 ordenada al Reino de Dios, del cual es germen, signo e instrumento. Sin embargo, a la vez que se distingue de Cristo y del Reino, est\u00e1 indisolublemente unida a ambos. Cristo ha dotado a la Iglesia, su Cuerpo, de la plenitud de los bienes y medios de salvaci\u00f3n; el Esp\u00edritu Santo mora en ella, la vivifica con sus dones y carismas, la santifica, la gu\u00eda y la renueva sin cesar.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24O\">24<\/a><\/sup>&nbsp;De ah\u00ed deriva una relaci\u00f3n singular y \u00fanica que, aunque no excluya la obra de Cristo y del Esp\u00edritu Santo fuera de los confines visibles de la Iglesia, le confiere un papel espec\u00edfico y necesario. De ah\u00ed tambi\u00e9n el v\u00ednculo especial de la Iglesia con el Reino de Dios y de Cristo, dado que tiene \u00ab la misi\u00f3n de anunciarlo e instaurarlo en todos los pueblos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24P\">25<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">19. Es en esta visi\u00f3n de conjunto donde se comprende la realidad del Reino. Ciertamente, \u00e9ste exige la promoci\u00f3n de los bienes humanos y de los valores que bien pueden llamarse \u00ab evang\u00e9licos \u00bb, porque est\u00e1n \u00edntimamente unidos a la Buena Nueva. Pero esta promoci\u00f3n, que la Iglesia siente tambi\u00e9n muy dentro de s\u00ed, no debe separarse ni contraponerse a los otros cometidos fundamentales, como son el anuncio de Cristo y de su Evangelio, la fundaci\u00f3n y el desarrollo de comunidades que act\u00faan entre los hombres la imagen viva del Reino. Con esto no hay que tener miedo a caer en una forma de \u00ab eclesiocentrismo \u00bb. Pablo VI, que afirm\u00f3 la existencia de \u00ab un v\u00ednculo profundo entre Cristo, la Iglesia y la evangelizaci\u00f3n \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24Q\">26<\/a><\/sup>&nbsp;dijo tambi\u00e9n que la Iglesia \u00ab no es fin para s\u00ed misma, sino fervientemente sol\u00edcita de ser toda de Cristo, en Cristo y para Cristo, y toda igualmente de los hombres, entre los hombres y para los hombres \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24R\">27<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La Iglesia al servicio del Reino<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">20. La Iglesia est\u00e1 efectiva y concretamente al servicio del Reino. Lo est\u00e1, ante todo, mediante el anuncio que llama a la conversi\u00f3n; \u00e9ste es el primer y fundamental servicio a la venida del Reino en las personas y en la sociedad humana. La salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica empieza, ya desde ahora, con la novedad de vida en Cristo: \u00ab A todos los que la recibieron les dio el poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;1, 12).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia, pues, sirve al Reino, fundando comunidades e instituyendo Iglesias particulares, llev\u00e1ndolas a la madurez de la fe y de la caridad, mediante la apertura a los dem\u00e1s, con el servicio a la persona y a la sociedad, por la comprensi\u00f3n y estima de las instituciones humanas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia, adem\u00e1s, sirve al Reino difundiendo en el mundo los \u00ab valores evang\u00e9licos \u00bb, que son expresi\u00f3n de ese Reino y ayudan a los hombres a acoger el designio de Dios. Es verdad, pues, que la realidad incipiente del Reino puede hallarse tambi\u00e9n fuera de los confines de la Iglesia, en la humanidad entera, siempre que \u00e9sta viva los \u00ab valores evang\u00e9licos \u00bb y est\u00e9 abierta a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu que. sopla donde y como quiere (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;3, 8); pero adem\u00e1s hay que decir que esta dimensi\u00f3n temporal del Reino es incompleta, si no est\u00e1 en coordinaci\u00f3n con el Reino de Cristo, presente en la Iglesia y en tensi\u00f3n hacia la plenitud escatol\u00f3gica.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24S\">28<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las m\u00faltiples perspectivas del Reino de Dios&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24T\">29<\/a><\/sup>&nbsp;no debilitan los fundamentos y las finalidades de la actividad misionera, sino que los refuerzan y propagan. La Iglesia, es sacramento de salvaci\u00f3n para toda la humanidad y su acci\u00f3n no se limita a los que aceptan su mensaje. Es fuerza din\u00e1mica en el camino de la humanidad hacia el Reino escatol\u00f3gico; es signo y a la vez promotora de los valores evang\u00e9licos entre los hombres.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24U\">30<\/a><\/sup>&nbsp;La Iglesia contribuye a este itinerario de conversi\u00f3n al proyecto de Dios, con su testimonio y su actividad, como son el di\u00e1logo, la promoci\u00f3n humana, el compromiso por la justicia y la paz, la educaci\u00f3n, el cuidado de los enfermos, la asistencia a los pobres y a los peque\u00f1os, salvaguardando siempre la prioridad de las realidades trascendentes y espirituales, que son premisas de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia, finalmente, sirve tambi\u00e9n al Reino con su intercesi\u00f3n, al ser \u00e9ste por su naturaleza don y obra de Dios, como recuerdan las par\u00e1bolas del Evangelio y la misma oraci\u00f3n ense\u00f1ada por Jes\u00fas. Nosotros debemos pedirlo, acogerlo, hacerlo crecer dentro de nosotros; pero tambi\u00e9n debemos cooperar para que el Reino sea acogido y crezca entre los hombres, hasta que Cristo \u00ab entregue a Dios Padre el Reino \u00bb y \u00ab Dios sea todo en todo \u00bb (<em>1<\/em>&nbsp;<em>Cor&nbsp;<\/em>15,24.28).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>CAP\u00cdTULO III<br>EL ESP\u00cdRITU SANTO PROTAGONISTA DE LA MISI\u00d3N<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">21. \u00ab En el momento culminante de la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas, el Esp\u00edritu Santo se hace presente en el misterio pascual con toda su subjetividad divina: como el que debe continuar la obra salv\u00edfica, basada en el sacrificio de la cruz. Sin duda esta obra es encomendada por Jes\u00fas a los hombres: a los Ap\u00f3stoles y a la Iglesia. Sin embargo, en estos hombres y por medio de ellos, el Esp\u00edritu Santo sigue siendo el protagonista trascendente de la realizaci\u00f3n de esta obra en el esp\u00edritu del hombre y en la historia del mundo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24V\">31<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Esp\u00edritu Santo es en verdad el protagonista de toda la misi\u00f3n eclesial; su obra resplandece de modo eminente en la misi\u00f3n ad gentes, como se ve en la Iglesia primitiva por la conversi\u00f3n de Cornelio (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>10), por las decisiones sobre los problemas que surg\u00edan (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>15),por la elecci\u00f3n de los territorios y de los pueblos (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>16, 6 ss). El Esp\u00edritu act\u00faa por medio de los Ap\u00f3stoles, pero al mismo tiempo act\u00faa tambi\u00e9n en los oyentes: \u00ab Mediante su acci\u00f3n, la Buena Nueva toma cuerpo en las conciencias y en los corazones humanos y se difunde en la historia. En todo est\u00e1 el Esp\u00edritu Santo que da la vida \u00bb<em>&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24W\">32<\/a><\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El env\u00edo \u00ab hasta los confines de la tierra \u00bb (<\/em>Act<em>&nbsp;1, 8)<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">22. Todos los evangelistas, al narrar el encuentro del Resucitado con los Ap\u00f3stoles, concluyen con el mandato misional: \u00ab Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced disc\u00edpulos a todas las gentes. Sabed que yo estoy con vosotros todos los d\u00edas hasta el fin del mundo \u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;28, 18-20; cf.&nbsp;<em>Mc&nbsp;<\/em>16, 15-18;&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>24, 46-49;&nbsp;<em>Jn&nbsp;<\/em>20, 21-23).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este env\u00edo es&nbsp;<em>env\u00edo en el Esp\u00edritu,&nbsp;<\/em>como aparece claramente en el texto de san Juan: Cristo env\u00eda a los suyos al mundo, al igual que el Padre le ha enviado a \u00e9l y por esto les da el Esp\u00edritu. A su vez, Lucas relaciona estrictamente el testimonio que los Ap\u00f3stoles deber\u00e1n dar de Cristo con la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, que les har\u00e1 capaces de llevar a cabo el mandato recibido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">23. Las diversas formas del \u00ab mandato misionero \u00bb tienen puntos comunes y tambi\u00e9n acentuaciones caracter\u00edsticas. Dos elementos, sin embargo, se hallan en todas las versiones. Ante todo, la dimensi\u00f3n universal de la tarea confiada a los Ap\u00f3stoles: \u00ab A todas las gentes \u00bb (<em>Mt&nbsp;<\/em>28, 19); \u00ab por todo el mundo &#8230; a toda la creaci\u00f3n \u00bb (<em>Mc<\/em>&nbsp;16,15); \u00ab a todas las naciones \u00bb (<em>Act&nbsp;<\/em>1,8). En segundo lugar, la certeza dada por el Se\u00f1or de que en esa tarea ellos no estar\u00e1n solos, sino que recibir\u00e1n la fuerza y los medios para desarrollar su misi\u00f3n. En esto est\u00e1 la presencia y el poder del Esp\u00edritu, y la asistencia de Jes\u00fas: \u00ab Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Se\u00f1or con ellos \u00bb (<em>Mc&nbsp;<\/em>16, 20).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En cuanto a las diferencias de acentuaci\u00f3n en el mandato, Marcos presenta la misi\u00f3n como proclamaci\u00f3n o&nbsp;<em>Kerigma:&nbsp;<\/em>\u00ab Proclaman la Buena Nueva \u00bb (<em>Mc<\/em>&nbsp;16, 15). Objetivo del evangelista es guiar a sus lectores a repetir la confesi\u00f3n de Pedro: \u00ab T\u00fa eres el Cristo \u00bb (<em>Mc<\/em>&nbsp;8,29) y proclamar, como el Centuri\u00f3n romano delante de Jes\u00fas muerto en la cruz: \u00ab Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios \u00bb (<em>Mc&nbsp;<\/em>15, 39). En Mateo el acento misional est\u00e1 puesto en la fundaci\u00f3n de la Iglesia y en su ense\u00f1anza (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>28, 19-20; 16, 18). En \u00e9l, pues, este mandato pone de relieve que la proclamaci\u00f3n del Evangelio debe ser completada por una espec\u00edfica catequesis de orden eclesial y sacramental. En Lucas, la misi\u00f3n se presenta como testimonio (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>24, 48;&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>1, 8), cuyo objeto ante todo es la resurrecci\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>1, 22).El misionero es invitado a creer en la fuerza transformadora del Evangelio y a anunciar lo que tan bien describe Lucas, a saber, la conversi\u00f3n al amor y a la misericordia de Dios, la experiencia de una liberaci\u00f3n total hasta la ra\u00edz de todo mal, el pecado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Juan es el \u00fanico que habla expl\u00edcitamente de \u00ab mandato \u00bb \u2014palabra que equivale a \u00ab misi\u00f3n \u00bb\u2014 relacionando directamente la misi\u00f3n que Jes\u00fas conf\u00eda a sus disc\u00edpulos con la que \u00e9l mismo ha recibido del Padre: \u00ab Como el Padre me envi\u00f3, tambi\u00e9n yo os env\u00edo \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;20, 21). Jes\u00fas dice, dirigi\u00e9ndose al Padre: \u00ab Como t\u00fa me has enviado al mundo, yo tambi\u00e9n los he enviado al mundo \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;17, 18). Todo el sentido misionero del Evangelio de Juan est\u00e1 expresado en la \u00ab oraci\u00f3n sacerdotal \u00bb: \u00ab Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el \u00fanico Dios verdadero, y al que tu has enviado Jesucristo \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;17, 3). Fin \u00faltimo de la misi\u00f3n es hacer participes de la comuni\u00f3n que existe entre el Padre y el Hijo: los disc\u00edpulos deben vivir la unidad entre s\u00ed , permaneciendo en el Padre y en el Hijo, para que el mundo conozca y crea (cf.&nbsp;<em>Jn&nbsp;<\/em>17, 21-23). Es \u00e9ste un significativo texto misionero que nos hace entender que se es misionero ante todo&nbsp;<em>por lo que se es,&nbsp;<\/em>en cuanto Iglesia que vive profundamente la unidad en el amor, antes de serlo&nbsp;<em>por lo que se dice&nbsp;<\/em>o<em>&nbsp;se hace<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por tanto, los cuatro evangelios, en la unidad fundamental de la misma misi\u00f3n, testimonian un cierto pluralismo que refleja experiencias y situaciones diversas de las primeras comunidades cristianas; este pluralismo es tambi\u00e9n fruto del empuje din\u00e1mico del mismo Esp\u00edritu; invita a estar atentos a los diversos carismas misioneros y a las distintas condiciones ambientales y humanas. Sin embargo, todos los evangelistas subrayan que la misi\u00f3n de los disc\u00edpulos es colaboraci\u00f3n con la de Cristo: \u00ab Sabed que yo estoy con vosotros todos los d\u00edas hasta el fin del mundo \u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;28, 20) La misi\u00f3n, por consiguiente , no se basa en las capacidades humanas, sino en el poder del Resucitado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El Esp\u00edritu gu\u00eda la misi\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">24. La misi\u00f3n de la Iglesia, al igual que la de Jes\u00fas, es obra de Dios o, como dice a menudo Lucas, obra del Esp\u00edritu. Despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n de Jes\u00fas, los Ap\u00f3stoles viven una profunda experiencia que los transforma: Pentecost\u00e9s. La venida del Esp\u00edritu Santo los convierte en&nbsp;<em>testigos o profetas&nbsp;<\/em>(cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>1, 8; 2, 17-18), infundi\u00e9ndoles una serena audacia que les impulsa a transmitir a los dem\u00e1s su experiencia de Jes\u00fas y la esperanza que los anima. El Esp\u00edritu les da la capacidad de testimoniar a Jes\u00fas con \u00ab toda libertad \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24X\">33<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando los evangelizadores salen de Jerusal\u00e9n, el Esp\u00edritu asume a\u00fan m\u00e1s la funci\u00f3n de \u00ab gu\u00eda \u00bb tanto en la elecci\u00f3n de las personas como de los caminos de la misi\u00f3n. Su acci\u00f3n se manifiesta de modo especial en el impulso dado a la misi\u00f3n que de hecho, seg\u00fan palabras de Cristo, se extiende desde Jerusal\u00e9n a toda Judea y Samaria, hasta los \u00faltimos confines de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los&nbsp;<em>Hechos&nbsp;<\/em>recogen seis s\u00edntesis de los \u00ab discursos misioneros \u00bb dirigidos a los jud\u00edos el los comienzos de la Iglesia (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>2, 22-39; 3, 12-26; 4, 9-12; 5, 29-32; 10, 34-43; 13, 16-41). Estos discursos-modelo, pronunciados por Pedro y por Pablo, anuncian a Jes\u00fas e invitan a la \u00ab conversi\u00f3n \u00bb, es decir, a acoger a Jes\u00fas por la fe y a dejarse transformar en \u00e9l por el Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pablo y Bernab\u00e9 se sienten empujados por el Esp\u00edritu hacia los paganos (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>13 46-48), lo cual no sucede sin tensiones y problemas. \u00bfC\u00f3mo deben vivir su fe en Jes\u00fas los gentiles convertidos? \u00bfEst\u00e1n ellos vinculados a las tradiciones jud\u00edas y a la ley de la circuncisi\u00f3n? En el primer Concilio, que re\u00fane en Jerusal\u00e9n a miembros de diversas Iglesias alrededor de los Ap\u00f3stoles, se toma una decisi\u00f3n reconocida como proveniente del Esp\u00edritu: para hacerse cristiano no es necesario que un gentil se someta a la ley jud\u00eda (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>15, 5-11.28). Desde aquel momento la Iglesia abre sus puertas y se convierte en la casa donde todos pueden entrar y sentirse a gusto, conservando la propia cultura y las propias tradiciones, siempre que no est\u00e9n en contraste con el Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">25. Los misioneros han procedido seg\u00fan esta l\u00ednea, teniendo muy presentes las expectativas y esperanzas) las angustias y sufrimientos la cultura de la gente para anunciar la salvaci\u00f3n en Cristo. Los discursos de Listra y Atenas (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>14<em>,&nbsp;<\/em>11-17; 17, 22-31) son considerados como modelos para la evangelizaci\u00f3n de los paganos. En ellos Pablo \u00ab entra en di\u00e1logo \u00bb con los valores culturales y religiosos de los diversos pueblos. A los habitantes de Licaonia, que practicaban una religi\u00f3n de tipo c\u00f3smico, les recuerda experiencias religiosas que se refieren al cosmos; con los griegos discute sobre filosof\u00eda y cita a sus poetas (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>17, 18.26-28). El Dios al que quiere revelar est\u00e1 ya presente en su vida; es \u00e9l, en efecto, quien los ha creado y el que dirige misteriosamente los pueblos y la historia. Sin embargo, para reconocer al Dios verdadero, es necesario que abandonen los falsos dioses que ellos mismos han fabricado y abrirse a aquel a quien Dios ha enviado para colmar su ignorancia y satisfacer la espera de sus corazones (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>17, 27-30). Son discursos que ofrecen un ejemplo de inculturaci\u00f3n del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, la fe cristiana se abre decisivamente a las a gentes \u00bb y el testimonio de Cristo se extiende a los centros m\u00e1s importantes del Mediterr\u00e1neo oriental para llegar posteriormente a Roma y al extremo occidente. Es el Esp\u00edritu quien impulsa a ir cada vez mas lejos, no s\u00f3lo en sentido geogr\u00e1fico, sino tambi\u00e9n m\u00e1s all\u00e1 de las barreras \u00e9tnicas y religiosas, para una misi\u00f3n verdaderamente universal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El Esp\u00edritu hace misionera a toda la Iglesia<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">26. El Esp\u00edritu mueve al grupo de los creyentes a \u00ab hacer comunidad \u00bb, a ser Iglesia. Tras el primer anuncio de Pedro, el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, y las conversiones que se dieron a continuaci\u00f3n, se forma la primera comunidad (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>2, 42-47; 4, 32-35).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, uno de los objetivos centrales de la misi\u00f3n es reunir al pueblo para la escucha del Evangelio, en la comuni\u00f3n fraterna, en la oraci\u00f3n y la Eucarist\u00eda. Vivir \u00ab la comuni\u00f3n fraterna \u00bb (koinon\u00eda) significa tener \u00ab un solo coraz\u00f3n y una sola alma \u00bb (<em>Act<\/em>&nbsp;4, 32), instaurando una comuni\u00f3n bajo todos los aspectos: humano, espiritual y material. De hecho, la verdadera comunidad cristiana, se compromete tambi\u00e9n a distribuir los bienes terrenos para que no haya indigentes y todos puedan tener acceso a los bienes \u00ab seg\u00fan su necesidad \u00bb (<em>Act<\/em>&nbsp;2, 45; 4, 35). Las primeras comunidades, en las que reinaba \u00ab la alegr\u00eda y sencillez de coraz\u00f3n \u00bb (<em>Act&nbsp;<\/em>2, 46) eran din\u00e1micamente abiertas y misioneras y \u00ab gozaban de la simpat\u00eda de todo el pueblo \u00bb (<em>Act<\/em>&nbsp;2, 47). Aun antes de ser acci\u00f3n, la misi\u00f3n es testimonio e irradiaci\u00f3n.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24Y\">34<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">27. Los&nbsp;<em>Hechos&nbsp;<\/em>indican que la misi\u00f3n, dirigida primero a Israel y luego a las gentes, se desarrolla a muchos niveles. Ante todo, existe el grupo de los Doce que, como un \u00fanico cuerpo guiado por Pedro, proclama la Buena Nueva. Est\u00e1 luego la comunidad de los creyentes que, con su modo de vivir y actuar, da testimonio del Se\u00f1or y convierte a los paganos (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>2, 46-47). Est\u00e1n tambi\u00e9n los enviados especiales, destinados a anunciar el Evangelio. Y as\u00ed, la comunidad cristiana de Antioqu\u00eda env\u00eda sus miembros a misionar: despu\u00e9s de haber ayunado, rezado y celebrado la Eucarist\u00eda, esta comunidad percibe que el Esp\u00edritu Santo ha elegido a Pablo y Bernab\u00e9 para ser enviados (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>13, 1-4). En sus or\u00edgenes, por tanto, la misi\u00f3n es considerada como un compromiso comunitario y una responsabilidad de la Iglesia local, que tiene necesidad precisamente de \u00ab misioneros \u00bb para lanzarse hacia nuevas fronteras. Junto a aquellos enviados hab\u00eda otros que atestiguaban espont\u00e1neamente la novedad que hab\u00eda transformado sus vidas y luego pon\u00edan en conexi\u00f3n las comunidades en formaci\u00f3n con la Iglesia apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La lectura de los&nbsp;<em>Hechos&nbsp;<\/em>nos hace entender que, al comienzo de la Iglesia, la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes,&nbsp;<\/em>aun contando ya con misioneros \u00ab de por vida \u00bb, entregados a ella por una vocaci\u00f3n especial, de hecho era considerada como un fruto normal de la vida cristiana, un compromiso para todo creyente mediante el testimonio personal y el anuncio expl\u00edcito, cuando era posible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El Esp\u00edritu est\u00e1 presente operante en todo tiempo y lugar<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">28. El Esp\u00edritu se manifiesta de modo particular en la Iglesia y en sus miembros; sin embargo, su presencia y acci\u00f3n son universales, sin l\u00edmite alguno ni de espacio ni de tiempo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%24Z\">35<\/a><\/sup>&nbsp;El Concilio Vaticano II recuerda la acci\u00f3n del Esp\u00edritu en el coraz\u00f3n del hombre, mediante las \u00ab semillas de la Palabra \u00bb, incluso en las iniciativas religiosas, en los esfuerzos de la actividad humana encaminados a la verdad, al bien y a Dios.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2410\">36<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Esp\u00edritu ofrece al hombre \u00ab su luz y su fuerza &#8230; a fin de que pueda responder a su m\u00e1xima vocaci\u00f3n \u00bb; mediante el Esp\u00edritu \u00ab el hombre llega por la fe a contemplar y saborear el misterio del plan divino \u00bb; m\u00e1s a\u00fan, \u00ab debemos creer que el Esp\u00edritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma que s\u00f3lo Dios conoce, se asocien a este misterio pascual \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2411\">37<\/a><\/sup>&nbsp;En todo caso, la Iglesia \u00ab sabe tambi\u00e9n que el hombre, atra\u00eddo sin cesar por el Esp\u00edritu de Dios, nunca jam\u00e1s ser\u00e1 del todo indiferente ante el problema religioso \u00bb y \u00ab siempre desear\u00e1 &#8230; saber, al menos confusamente, el sentido de su vida, de su acci\u00f3n y de su muerte \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2412\">38<\/a><\/sup>&nbsp;El Esp\u00edritu, pues, est\u00e1 en el origen mismo de la pregunta existencial y religiosa del hombre, la cual surge no s\u00f3lo de situaciones contingentes, sino de la estructura misma de su ser.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2413\">39<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La presencia y la actividad del Esp\u00edritu no afectan \u00fanicamente a los individuos, sino tambi\u00e9n a la sociedad, a la historia, a los pueblos, a las culturas y a las religiones. En efecto, el Esp\u00edritu se halla en el origen de los nobles ideales y de las iniciativas de bien de la humanidad en camino; \u00ab con admirable providencia gu\u00eda el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2414\">40<\/a><\/sup>&nbsp;Cristo resucitado \u00ab obra ya por la virtud de su Esp\u00edritu en el coraz\u00f3n del hombre, no s\u00f3lo despertando el anhelo del siglo futuro, sino tambi\u00e9n, por eso mismo, alentando, purificando y corroborando los generosos prop\u00f3sitos con que la familia humana intenta hacer m\u00e1s llevadera su vida y someter la tierra a este fin \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2415\">41<\/a><\/sup>&nbsp;Es tambi\u00e9n el Esp\u00edritu quien esparce \u00ab las semillas de la Palabra \u00bb presentes en los ritos y culturas, y los prepara para su madurez en Cristo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2416\">42<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">29. As\u00ed el Esp\u00edritu que \u00ab sopla donde quiere \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;3, 8) y \u00ab obraba ya en el mundo aun antes de que Cristo fuera glorificado \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2417\">43<\/a><\/sup>&nbsp;que \u00ab llena el mundo y todo lo mantiene unido, que sabe todo cuanto se habla \u00bb (<em>Sab<\/em>&nbsp;1, 7), nos lleva a abrir m\u00e1s nuestra mirada para considerar su acci\u00f3n presente en todo tiempo y lugar.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2418\">44<\/a><\/sup>&nbsp;Es una llamada que yo mismo he hecho repetidamente y que me ha guiado en mis encuentros con los pueblos m\u00e1s diversos. La relaci\u00f3n de la Iglesia con las dem\u00e1s religiones est\u00e1 guiada por un doble respeto: \u00ab Respeto por el hombre en su b\u00fasqueda de respuesta a las preguntas m\u00e1s profundas de la vida, y respeto por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu en el hombre \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2419\">45<\/a><\/sup>&nbsp;El encuentro interreligioso de As\u00eds, excluida toda interpretaci\u00f3n equ\u00edvoca, ha querido reafirmar mi convicci\u00f3n de que \u00ab toda aut\u00e9ntica plegaria est\u00e1 movida por el Esp\u00edritu Santo, que est\u00e1 presente misteriosamente en el coraz\u00f3n de cada persona.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241A\">46<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este Esp\u00edritu es el mismo que se ha hecho presente en la encarnaci\u00f3n, en la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y que act\u00faa en la Iglesia. No es, por consiguiente, algo alternativo a Cristo, ni viene a llenar una especie de vac\u00edo, como a veces se da por hip\u00f3tesis que exista entre Cristo y el Logos. Todo lo que el Esp\u00edritu obra en los hombres y en la historia de los pueblos, as\u00ed como en las culturas y religiones tiene un papel de preparaci\u00f3n evang\u00e9lica,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241B\">47<\/a><\/sup>&nbsp;y no puede menos de referirse a Cristo, Verbo encarnado por obra del Esp\u00edritu, \u00ab para que, hombre perfecto, salvara a todos y recapitulara todas las cosas \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241C\">48<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La acci\u00f3n universal del Esp\u00edritu no hay que separarla tampoco de la peculiar acci\u00f3n que despliega en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. En efecto, es siempre el Esp\u00edritu quien act\u00faa, ya sea cuando vivifica la Iglesia y la impulsa a anunciar a Cristo, ya sea cuando siembra y desarrolla sus dones en todos los hombres y pueblos, guiando a la Iglesia a descubrirlos, promoverlos y recibirlos mediante el di\u00e1logo. Toda clase de presencia del Esp\u00edritu ha de ser acogida con estima y gratitud; pero el discernirla compete a la Iglesia, a la cual Cristo ha dado su Esp\u00edritu para guiarla hasta la verdad completa (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;16, 13).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La actividad misionera est\u00e1 a\u00fan en sus comienzos<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">30. Nuestra \u00e9poca, con la humanidad en movimiento y b\u00fasqueda, exige&nbsp;<em>un nuevo impulso en la actividad misionera de la Iglesia.&nbsp;<\/em>Los horizontes y las posibilidades de la misi\u00f3n se ensanchan, y nosotros los cristianos estamos llamados a la valent\u00eda apost\u00f3lica, basada en la confianza en el Esp\u00edritu&nbsp;<em>\u00a1El es el protagonista de la misi\u00f3n!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la historia de la humanidad son numerosos los cambios peri\u00f3dicos que favorecen el dinamismo misionero. La Iglesia, guiada por el Esp\u00edritu, ha respondido siempre a ellos con generosidad y previsi\u00f3n. Los frutos no han faltado. Hace poco se ha celebrado el milenario de la evangelizaci\u00f3n de la Rus&#8217; y de los pueblos eslavos y se est\u00e1 acercando la celebraci\u00f3n del V Centenario de la evangelizaci\u00f3n de Am\u00e9rica. Asimismo se han conmemorado recientemente los centenarios de las primeras misiones en diversos Pa\u00edses de Asia, \u00c1frica y Ocean\u00eda. Hoy la Iglesia debe afrontar otros desaf\u00edos, proyect\u00e1ndose hacia nuevas fronteras, tanto en la primera misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes,&nbsp;<\/em>como en la nueva evangelizaci\u00f3n de pueblos que han recibido ya el anuncio de Cristo. Hoy se pide a todos los cristianos, a las Iglesias particulares y a la Iglesia universal la misma valent\u00eda que movi\u00f3 a los misioneros del pasado y la misma disponibilidad para escuchar la voz del Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>CAP\u00cdTULO IV<br>LOS INMENSOS HORIZONTES DE LA MISI\u00d3N&nbsp;<em>AD GENTES<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">31. El Se\u00f1or Jes\u00fas envi\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles a todas las personas y pueblos, y a todos los lugares de la tierra. Por medio de los Ap\u00f3stoles la Iglesia recibi\u00f3 una misi\u00f3n universal, que no conoce confines y concierne a la salvaci\u00f3n en toda su integridad, de conformidad con la plenitud de vida que Cristo vino a traer (cf.&nbsp;<em>Jn&nbsp;<\/em>10,10); ha sido enviada \u00ab para manifestar y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241D\">49<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta misi\u00f3n es \u00fanica, al tener el mismo origen y finalidad; pero en el interior de la Iglesia hay tareas y actividades diversas. Ante todo, se da la actividad misionera que vamos a llamar&nbsp;<em>misi\u00f3n ad gentes,&nbsp;<\/em>con referencia al Decreto conciliar: se trata de una actividad primaria de la Iglesia, esencial y nunca concluida. En efecto, la Iglesia \u00ab no puede sustraerse&nbsp;<em>a la perenne misi\u00f3n de llevar el Evangelio&nbsp;<\/em>a cuantos \u2014y son millones de hombres y mujeres\u2014 no conocen todav\u00eda a Cristo Redentor del hombre. Esta es la responsabilidad m\u00e1s espec\u00edficamente misionera que Jes\u00fas ha confiado y diariamente vuelve a confiar a su Iglesia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241E\">50<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>&nbsp;Un marco religioso, complejo y en movimiento<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">32. Hoy nos encontramos ante una situaci\u00f3n religiosa bastante diversificada y cambiante; los pueblos est\u00e1n en movimiento; realidades sociales y religiosas, que tiempo atr\u00e1s eran claras y definidas, hoy d\u00eda se transforman en situaciones complejas. Baste pensar en algunos fen\u00f3menos, como el urbanismo, las migraciones masivas, el movimiento de pr\u00f3fugos, la descristianizaci\u00f3n de pa\u00edses de antigua cristiandad, el influjo pujante del Evangelio y de sus valores en naciones de grand\u00edsima mayor\u00eda no cristiana, el pulular de mesianismos y sectas religiosas. Es un trastocamiento tal de situaciones religiosas y sociales, que resulta dif\u00edcil aplicar concretamente determinadas distinciones y categor\u00edas eclesiales a las que ya est\u00e1bamos acostumbrados. Antes del Concilio ya se dec\u00eda de algunas metr\u00f3polis o tierras cristianas que se hab\u00edan convertido en \u00ab pa\u00edses de misi\u00f3n \u00bb; ciertamente la situaci\u00f3n no ha mejorado en los a\u00f1os sucesivos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por otra parte, la actividad misionera ha dado ya abundantes frutos en todas las partes del mundo, debido a lo cual hay ya Iglesias establecidas, a veces tan s\u00f3lidas y maduras que proveen adecuadamente a las necesidades de las propias comunidades y env\u00edan tambi\u00e9n personal para la evangelizaci\u00f3n a otras Iglesias y territorios. Surge de aqu\u00ed el contraste con \u00e1reas de antigua cristiandad, que es necesario reevangelizar. Tanto es as\u00ed que algunos se preguntan si a\u00fan se puede hablar de&nbsp;<em>actividad misionera espec\u00edfica&nbsp;<\/em>o de \u00e1mbitos precisos de la misma, o m\u00e1s bien se debe admitir que existe una&nbsp;<em>situaci\u00f3n misionera \u00fanica,&nbsp;<\/em>no habiendo en consecuencia m\u00e1s que una sola misi\u00f3n, igual por todas partes. La dificultad de interpretar esta realidad compleja y mudable respecto al mandato de evangelizaci\u00f3n, se manifiesta ya en el mismo \u00ab vocabulario misionero \u00bb; por ejemplo, existe una cierta duda en usar los t\u00e9rminos \u00ab misiones \u00bb y \u00ab misioneros \u00bb, por considerarlos superados y cargados de resonancias hist\u00f3ricas negativas. Se prefiere emplear el substantivo \u00ab misi\u00f3n \u00bb en singular y el adjetivo \u00ab misionero \u00bb, para calificar toda actividad de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal entorpecimiento esta indicando un cambio real que tiene aspectos positivos. La llamada vuelta o \u00ab repatriaci\u00f3n \u00bb de las&nbsp;<em>misiones&nbsp;<\/em>a la&nbsp;<em>misi\u00f3n&nbsp;<\/em>de la Iglesia, la confluencia de la&nbsp;<em>misionolog\u00eda&nbsp;<\/em>en la&nbsp;<em>eclesiolog\u00eda y&nbsp;<\/em>la inserci\u00f3n de ambas en el designio trinitario de salvaci\u00f3n, han dado un nuevo respiro a la misma actividad misionera, concebida no ya como una tarea al margen de la Iglesia, sino inserta en el centro de su vida, como compromiso b\u00e1sico de todo el Pueblo de Dios. Hay que precaverse, sin embargo, contra el riesgo de igualar situaciones muy distintas y de reducir, si no hacer desaparecer, la misi\u00f3n y los misioneros&nbsp;<em>ad gentes.&nbsp;<\/em>Afirmar que toda la Iglesia es misionera no excluye que haya una espec\u00edfica misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes;&nbsp;<\/em>al igual que decir que todos los cat\u00f3licos deben ser misioneros, no excluye que haya \u00ab misioneros&nbsp;<em>ad gentes<\/em>&nbsp;yde por vida \u00bb, por vocaci\u00f3n espec\u00edfica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La misi\u00f3n \u00ab ad gentes \u00bb conserva su valor<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">33. Las diferencias en cuanto a la actividad dentro de esta&nbsp;<em>misi\u00f3n de la Iglesia,&nbsp;<\/em>nacen no de razones intr\u00ednsecas a la misi\u00f3n misma, sino de las diversas circunstancias en las que \u00e9sta se desarrolla.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241F\">51<\/a><\/sup>&nbsp;Mirando al mundo actual, desde el punto de vista de la evangelizaci\u00f3n, se pueden distinguir&nbsp;<em>tres situaciones.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En primer lugar, aquella a la cual se dirige la actividad misionera de la Iglesia: pueblos, grupos humanos, contextos socioculturales donde Cristo y su Evangelio no son conocidos, o donde faltan comunidades cristianas suficientemente maduras como para poder encarnar la fe en el propio ambiente y anunciarla a otros grupos. Esta es propiamente la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes<\/em>.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241G\">52<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay tambi\u00e9n comunidades cristianas con estructuras eclesiales adecuadas y s\u00f3lidas; tienen un gran fervor de fe y de vida; irradian el testimonio del Evangelio en su ambiente y sienten el compromiso de la misi\u00f3n universal. En ellas se desarrolla la actividad o atenci\u00f3n pastoral de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se da, por \u00faltimo, una situaci\u00f3n intermedia, especialmente en los pa\u00edses de antigua cristiandad, pero a veces tambi\u00e9n en las Iglesias m\u00e1s j\u00f3venes, donde grupos enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio. En este caso es necesaria una \u00ab nueva evangelizaci\u00f3n \u00bb o \u00ab reevangelizaci\u00f3n \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">34. La actividad misionera espec\u00edfica, o misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes<\/em>, tiene como destinatarios \u00ab a los pueblos o grupos humanos que todav\u00eda no creen en Cristo \u00bb, \u00ab a los que est\u00e1n alejados de Cristo \u00bb, entre los cuales la Iglesia \u00ab no ha arraigado todav\u00eda \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241H\">53<\/a><\/sup>&nbsp;y cuya cultura no ha sido influenciada a\u00fan por el Evangelio.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241I\">54<\/a><\/sup>&nbsp;Esta actividad se distingue de las dem\u00e1s actividades eclesiales, porque se dirige a grupos y ambientes no cristianos, debido a la ausencia o insuficiencia del anuncio evang\u00e9lico y de la presencia eclesial. Por tanto, se caracteriza como tarea de anunciar a Cristo y a su Evangelio, de edificaci\u00f3n de la Iglesia local, de promoci\u00f3n de los valores del Reino. La peculiaridad de esta misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes&nbsp;<\/em>est\u00e1 en el hecho de que se dirige a los \u00ab no cristianos \u00bb. Por tanto, hay que evitar que esta \u00ab responsabilidad m\u00e1s espec\u00edficamente misionera que Jes\u00fas ha confiado y diariamente vuelve a confiar a su Iglesia \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241J\">55<\/a><\/sup>&nbsp;se vuelva una flaca realidad dentro de la misi\u00f3n global del Pueblo de Dios y, consiguientemente, descuidada u olvidada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo dem\u00e1s, no es f\u00e1cil definir los confines entre&nbsp;<em>atenci\u00f3n pastoral a los fieles, nueva evangelizaci\u00f3n&nbsp;<\/em>y<em>&nbsp;actividad misionera espec\u00edfica,&nbsp;<\/em>y no es pensable crear entre ellos barreras o recintos estancados. No obstante, es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio y por la fundaci\u00f3n de nuevas Iglesias en los pueblos y grupos humanos donde no existen, porque \u00e9sta es la tarea primordial de la Iglesia, que ha sido enviada a todos los pueblos, hasta los confines dela tierra. Sin la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes,&nbsp;<\/em>la misma dimensi\u00f3n misionera de la Iglesia estar\u00eda privada de su significado fundamental y de su actuaci\u00f3n ejemplar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay que subrayar, adem\u00e1s, una real y creciente&nbsp;<em>interdependencia&nbsp;<\/em>entre las diversas actividades salv\u00edficas de la Iglesia: cada una influye en la otra, la estimula y la ayuda. El dinamismo misionero crea intercambio entre las Iglesias y las orienta hacia el mundo exterior, influyendo positivamente en todos los sentidos. Las Iglesias de antigua cristiandad, por ejemplo, ante la dram\u00e1tica tarea de la nueva evangelizaci\u00f3n, comprenden mejor que no pueden ser misioneras respecto a los no cristianos de otros pa\u00edses o continentes, si antes no se preocupan seriamente de los no cristianos en su propia casa. La misi\u00f3n&nbsp;<em>ad intra&nbsp;<\/em>es signo cre\u00edble y est\u00edmulo para la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad extra,<\/em>&nbsp;y viceversa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>&nbsp;A todos los pueblos, no obstante las dificultades<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">35. La misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes&nbsp;<\/em>tiene ante s\u00ed una tarea inmensa que de ning\u00fan modo est\u00e1 en v\u00edas de extinci\u00f3n. Al contrario, bien sea bajo el punto de vista num\u00e9rico por el aumento demogr\u00e1fico, o bien bajo el punto de vista sociocultural por el surgir de nuevas relaciones, comunicaciones y cambios de situaciones, parece destinada hacia horizontes todav\u00eda m\u00e1s amplios. La tarea de anunciar a Jesucristo a todos los pueblos se presenta inmensa y desproporcionada respecto a las fuerzas humanas de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Las dificultades&nbsp;<\/em>parecen insuperables y podr\u00edan desanimar, si se tratara de una obra meramente humana. En algunos pa\u00edses est\u00e1 prohibida la entrada de misioneros; en otros, est\u00e1 prohibida no s\u00f3lo la evangelizaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n la conversi\u00f3n e incluso el culto cristiano. En otros lugares los obst\u00e1culos son de tipo cultural: la transmisi\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico resulta insignificante o incomprensible, y la conversi\u00f3n est\u00e1 considerada como un abandono del propio pueblo y cultura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">36. No faltan tampoco&nbsp;<em>dificultades internas&nbsp;<\/em>al Pueblo de Dios, las cuales son ciertamente las m\u00e1s dolorosas. Mi predecesor Pablo VI se\u00f1alaba, en primer lugar, \u00ab la falta de fervor, tanto m\u00e1s grave cuanto que viene de dentro. Dicha falta de fervor se manifiesta en la fatiga y desilusi\u00f3n, en la acomodaci\u00f3n al ambiente y en el desinter\u00e9s, y sobre todo en la falta de alegr\u00eda y de esperanza \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241K\">56<\/a><\/sup>&nbsp;Grandes obst\u00e1culos para la actividad misionera de la Iglesia son tambi\u00e9n las divisiones pasadas y presentes entre los cristianos,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241L\">57<\/a><\/sup>&nbsp;la descristianizaci\u00f3n de pa\u00edses cristianos, la disminuci\u00f3n de las vocaciones al apostolado, los antitestimonios de fieles que en su vida no siguen el ejemplo de Cristo. Pero una de las razones m\u00e1s graves del escaso inter\u00e9s por el compromiso misionero es la mentalidad indiferentista, ampliamente difundida, por desgracia, incluso entre los cristianos, enraizada a menudo en concepciones teol\u00f3gicas no correctas y marcada por un relativismo religioso que termina por pensar que \u00ab una religi\u00f3n vale la otra \u00bb. Podemos a\u00f1adir \u2014como dec\u00eda el mismo Pont\u00edfice\u2014 que no faltan tampoco \u00ab pretextos que parecen oponerse a la evangelizaci\u00f3n. Los m\u00e1s insidiosos son ciertamente aquellos para cuya justificaci\u00f3n se quieren emplear ciertas ense\u00f1anzas del Concilio \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241M\">58<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A este respecto, recomiendo vivamente a los te\u00f3logos y a los profesionales de la prensa cristiana que intensifiquen su propio servicio a la misi\u00f3n, para encontrar el sentido profundo de su importante labor, siguiendo la recta v\u00eda del&nbsp;<em>sentire cum Ecclesia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las dificultades internas y externas no deben hacernos pesimistas o inactivos. Lo que cuenta \u2014aqu\u00ed como en todo sector de la vida cristiana\u2014 es la confianza que brota de la fe, o sea, de la certeza de que no somos nosotros los protagonistas de la misi\u00f3n , sino Jesucristo y su Esp\u00edritu. Nosotros \u00fanicamente somos colaboradores y, cuando hayamos hecho todo lo que hemos podido, debemos decir: \u00ab Siervos in\u00fatiles somos; hemos hecho lo que deb\u00edamos hacer \u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;17, 10).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>\u00c1mbitos de la misi\u00f3n \u00ab ad gentes \u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">37. La misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes&nbsp;<\/em>en virtud del mandato universal de Cristo no conoce confines. Sin embargo, se pueden delinear varios \u00e1mbitos en los que se realiza, de modo que se pueda tener una visi\u00f3n real de la situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>a) \u00c1mbitos territoriales.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La actividad misionera ha sido definida normalmente en relaci\u00f3n con territorios concretos. El Concilio Vaticano II ha reconocido la dimensi\u00f3n territorial de la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes,<\/em><sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241N\">59<\/a><\/sup>&nbsp;que tambi\u00e9n hoy es importante, en orden a determinar responsabilidades, competencias y l\u00edmites geogr\u00e1ficos de acci\u00f3n. Es verdad que a una misi\u00f3n universal debe corresponder una perspectiva universal. En efecto, la Iglesia no puede aceptar que l\u00edmites geogr\u00e1ficos o dificultades de \u00edndole pol\u00edtica sean obst\u00e1culo para su presencia misionera. Pero tambi\u00e9n es verdad que la actividad misionera&nbsp;<em>ad gentes,&nbsp;<\/em>al ser diferente de la atenci\u00f3n pastoral a los fieles y de la nueva evangelizaci\u00f3n de los no practicantes, se ejerce en territorios y entre grupos humanos bien definidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El multiplicarse de las j\u00f3venes Iglesias en tiempos recientes no debe crear ilusiones. En los territorios confiados a estas Iglesias, especialmente en Asia, pero tambi\u00e9n en \u00c1frica, Am\u00e9rica Latina y Ocean\u00eda, hay vastas zonas sin evangelizar; a pueblos enteros y \u00e1reas culturales de gran importancia en no pocas naciones no ha llegado a\u00fan el anuncio evang\u00e9lico y la presencia de la Iglesia local.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241O\">60<\/a><\/sup>&nbsp;Incluso en pa\u00edses tradicionalmente cristianos hay regiones confiadas al r\u00e9gimen especial de la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes&nbsp;<\/em>grupos y \u00e1reas no evangelizadas. Se impone pues, incluso en estos pa\u00edses, no s\u00f3lo una nueva evangelizaci\u00f3n sino tambi\u00e9n, en algunos casos, una primera evangelizaci\u00f3n.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241P\">61<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las situaciones, con todo, no son homog\u00e9neas. Aun reconociendo que las afirmaciones sobre la responsabilidad misionera de la Iglesia no son cre\u00edbles, si no est\u00e1n respaldadas por un serio esfuerzo de nueva evangelizaci\u00f3n en los pa\u00edses de antigua cristiandad, no parece justo equiparar la situaci\u00f3n de un pueblo que no ha conocido nunca a Jesucristo con la de otro que lo ha conocido, lo ha aceptado y despu\u00e9s lo ha rechazado, aunque haya seguido viviendo en una cultura que ha asimilado en gran parte los principios y valores evang\u00e9licos. Con respecto a la fe, son dos situaciones sustancialmente distintas. De ah\u00ed que, el criterio geogr\u00e1fico, aunque no muy preciso y siempre provisional, sigue siendo v\u00e1lido todav\u00eda para indicar las fronteras hacia las que debe dirigirse la actividad misionera. Hay pa\u00edses, \u00e1reas geogr\u00e1ficas y culturales en que faltan comunidades cristianas aut\u00f3ctonas; en otros lugares \u00e9stas son tan peque\u00f1as, que no son un signo claro de la presencia cristiana; o bien estas comunidades carecen de dinamismo para evangelizar su sociedad o pertenecen a poblaciones minoritarias, no insertadas en la cultura nacional dominante. En el Continente asi\u00e1tico, en particular, hacia el que deber\u00eda orientarse principalmente la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes,&nbsp;<\/em>los cristianos son una peque\u00f1a minor\u00eda, por m\u00e1s que a veces se den movimientos significativos de conversi\u00f3n y modos ejemplares de presencia cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">b)&nbsp;<em>Mundos y fen\u00f3menos sociales nuevos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las r\u00e1pidas y profundas transformaciones que caracterizan el mundo actual, en particular el Sur, influyen grandemente en el campo misionero: donde antes exist\u00edan situaciones humanas y sociales estables, hoy d\u00eda todo est\u00e1 cambiado. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en la urbanizaci\u00f3n y en el incremento masivo de las ciudades, sobre todo donde es m\u00e1s fuerte la presi\u00f3n demogr\u00e1fica. Ahora mismo, en no pocos pa\u00edses, m\u00e1s de la mitad de la poblaci\u00f3n vive en algunas megal\u00f3polis, donde los problemas humanos a menudo se agravan incluso por el anonimato en que se ven sumergidas las masas humanas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los tiempos modernos la actividad misionera se ha desarrollado sobre todo en regiones aisladas, distantes de los centros civilizados e inaccesibles por la dificultades de comunicaci\u00f3n, de lengua y de clima. Hoy la imagen de la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes&nbsp;<\/em>quiz\u00e1 est\u00e1 cambiando: lugares privilegiados deber\u00edan ser las grandes ciudades, donde surgen nuevas costumbres y modelos de vida, nuevas formas de cultura, que luego influyen sobre la poblaci\u00f3n. Es verdad que la \u00ab opci\u00f3n por los \u00faltimos \u00bb debe llevar a no olvidar los grupos humanos m\u00e1s marginados y aislados, pero tambi\u00e9n es verdad que no se pueden evangelizar las personas o los peque\u00f1os grupos descuidando, por as\u00ed decir, los centros donde nace una humanidad nueva con nuevos modelos de desarrollo. El futuro de las j\u00f3venes naciones se est\u00e1 formando en las ciudades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablando del futuro no se puede olvidar a los j\u00f3venes, que en numerosos pa\u00edses representan ya m\u00e1s de la mitad de la poblaci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo hacer llegar el mensaje de Cristo a los j\u00f3venes no cristianos, que son el futuro de Continentes enteros? Evidentemente ya no bastan los medios ordinarios de la pastoral; hacen falta asociaciones e instituciones, grupos y centros apropiados, iniciativas culturales y sociales para los j\u00f3venes. He ah\u00ed un campo en el que los movimientos eclesiales modernos tienen amplio espacio para trabajar con empe\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre los grandes cambios del mundo contempor\u00e1neo, las migraciones han producido un fen\u00f3meno nuevo: los no cristianos llegan en gran n\u00famero a los pa\u00edses de antigua cristiandad, creando nuevas ocasiones de comunicaci\u00f3n e intercambios culturales, lo cual exige a la Iglesia la acogida, el di\u00e1logo, la ayuda y, en una palabra, la fraternidad. Entre los emigrantes, los refugiados ocupan un lugar destacado y merecen la m\u00e1xima atenci\u00f3n. Estos son ya muchos millones en el mundo y no cesan de aumentar; han huido de condiciones de opresi\u00f3n pol\u00edtica y de miseria inhumana, de carest\u00edas y sequ\u00edas de dimensiones catastr\u00f3ficas. La Iglesia debe acogerlos en el \u00e1mbito de su solicitud apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finalmente, se deben recordar las situaciones de pobreza, a menudo intolerable, que se dan en no pocos pa\u00edses y que, con frecuencia, son el origen de las migraciones de masa. La comunidad de los creyentes en Cristo se ve interpelada por estas situaciones inhumanas: el anuncio de Cristo y del Reino de Dios debe llegar a ser instrumento de rescate humano para estas poblaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">c)<em>&nbsp;\u00c1reas culturales o are\u00f3pagos modernos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pablo, despu\u00e9s de haber predicado en numerosos lugares, una vez llegado a Atenas se dirige al are\u00f3pago donde anuncia el Evangelio usando un lenguaje adecuado y comprensible en aquel ambiente (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>17, 22-31). El are\u00f3pago representaba entonces el centro de la cultura del docto pueblo ateniense, y hoy puede ser tomado como s\u00edmbolo de los nuevos ambientes donde debe proclamarse el Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El primer are\u00f3pago del tiempo moderno es el&nbsp;<em>mundo de la comunicaci\u00f3n,&nbsp;<\/em>que est\u00e1 unificando a la humanidad y transform\u00e1ndola \u2014como suele decirse\u2014 en una \u00ab aldea global \u00bb. Los medios de comunicaci\u00f3n social han alcanzado tal importancia que para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientaci\u00f3n e inspiraci\u00f3n para los comportamientos individuales, familiares y sociales. Las nuevas generaciones, sobre todo, crecen en un mundo condicionado por estos medios. Quiz\u00e1s se ha descuidado un poco este are\u00f3pago: generalmente se privilegian otros instrumentos para el anuncio evang\u00e9lico y para la formaci\u00f3n cristiana, mientras los medios de comunicaci\u00f3n social se dejan a la iniciativa de individuos o de peque\u00f1os grupos, y entran en la programaci\u00f3n pastoral s\u00f3lo a nivel secundario. El trabajo en estos medios, sin embargo, no tiene solamente el objetivo de multiplicar el anuncio. Se trata de un hecho m\u00e1s profundo, porque la evangelizaci\u00f3n misma de la cultura moderna depende en gran parte de su influjo. No basta, pues, usarlos para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta \u00ab nueva cultura \u00bb creada por la comunicaci\u00f3n moderna. Es un problema complejo, ya que esta cultura nace, aun antes que de los contenidos, del hecho mismo de que existen nuevos modos de comunicar con nuevos lenguajes, nuevas t\u00e9cnicas, nuevos comportamientos sicol\u00f3gicos. Mi predecesor Pablo VI dec\u00eda que: \u00ab la ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo \u00bb;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241Q\">62<\/a><\/sup>&nbsp;y el campo de la comunicaci\u00f3n actual confirma plenamente este juicio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Existen otros muchos are\u00f3pagos del mundo moderno hacia los cuales debe orientarse la actividad misionera de la Iglesia. Por ejemplo, el compromiso por la paz, el desarrollo y la liberaci\u00f3n de los pueblos; los derechos del hombre y de los pueblos, sobre todo los de las minor\u00edas; la promoci\u00f3n de la mujer y del ni\u00f1o; la salvaguardia de la creaci\u00f3n, son otros tantos sectores que han de ser iluminados con la luz del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay que recordar, adem\u00e1s, el vast\u00edsimo are\u00f3pago de la cultura, de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, de las relaciones internacionales que favorecen el di\u00e1logo y conducen a nuevos proyectos de vida. Conviene estar atentos y comprometidos con estas instancias modernas. Los hombres se sienten como navegantes en el mar tempestuoso de la vida, llamados siempre a una mayor unidad y solidaridad: las soluciones a los problemas existenciales deben ser estudiadas, discutidas y experimentadas con la colaboraci\u00f3n de todos. Por esto los organismos y encuentros internacionales se demuestran cada vez m\u00e1s importantes en muchos sectores de la vida humana, desde la cultura a la pol\u00edtica, desde la econom\u00eda a la investigaci\u00f3n. Los cristianos, que viven y trabajan en esta dimensi\u00f3n internacional, deben recordar siempre su deber de dar testimonio del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">38. Nuestro tiempo es dram\u00e1tico y al mismo tiempo fascinador. Mientras por un lado los hombres dan la impresi\u00f3n de ir detr\u00e1s de la prosperidad material y de sumergirse cada vez m\u00e1s en el materialismo consum\u00edstico, por otro, manifiestan la angustiosa b\u00fasqueda de sentido, la necesidad de interioridad , el deseo de aprender nuevas formas y modos de concentraci\u00f3n y de oraci\u00f3n. No s\u00f3lo en las culturas impregnadas de religiosidad, sino tambi\u00e9n en las sociedades secularizadas, se busca la dimensi\u00f3n espiritual de la vida como ant\u00eddoto a la deshumanizaci\u00f3n. Este fen\u00f3meno as\u00ed llamado del \u00ab retorno religioso \u00bb no carece de ambig\u00fcedad, pero tambi\u00e9n encierra una invitaci\u00f3n. La Iglesia tiene un inmenso patrimonio espiritual para ofrecer a la humanidad: en Cristo, que se proclama \u00ab el Camino, la Verdad y la Vida \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;14, 6).Es la v\u00eda cristiana para el encuentro con Dios, para la oraci\u00f3n, la ascesis, el descubrimiento del sentido de la vida. Tambi\u00e9n \u00e9ste es un are\u00f3pago que hay que evangelizar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Fidelidad a Cristo y promoci\u00f3n de la libertad del hombre<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">39. Todas las formas de la actividad misionera est\u00e1n marcadas por la conciencia de promover la libertad del hombre, anunci\u00e1ndole a Jesucristo. La Iglesia debe ser fiel a Cristo, del cual es el Cuerpo y continuadora de su misi\u00f3n. Es necesario que ella camine \u00ab por el mismo sendero que Cristo; es decir, por el sendero de la pobreza, la obediencia, el servicio y la inmolaci\u00f3n propia hasta la muerte, de la que surgi\u00f3 victorioso por su resurrecci\u00f3n \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241R\">63<\/a><\/sup>&nbsp;La Iglesia, pues, tiene el deber de hacer todo lo posible para desarrollar su misi\u00f3n en el mundo y llegar a todos los pueblos; tiene tambi\u00e9n el derecho que le ha dado Dios para realizar su plan. La libertad religiosa, a veces todav\u00eda limitada o coartada, es la premisa y la garant\u00eda de todas las libertades que aseguran el bien com\u00fan de las personas y de los pueblos. Es de desear que la aut\u00e9ntica libertad religiosa sea concedida a todos en todo lugar; ya con este fin la Iglesia despliega su labor en los diferentes pa\u00edses, especialmente en los de mayor\u00eda cat\u00f3lica, donde tiene un mayor peso. No se trata de un problema de religi\u00f3n de mayor\u00eda o de minor\u00eda, sino m\u00e1s bien de un derecho inalienable de toda persona humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por otra parte, la Iglesia se dirige al hombre en el pleno respeto de su libertad.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241S\">64<\/a><\/sup>&nbsp;La misi\u00f3n no coarta la libertad, sino m\u00e1s bien la favorece.&nbsp;<em>La Iglesia propone, no impone nada:&nbsp;<\/em>respeta las personas y las culturas, y se detiene ante el sagrario de la conciencia. A quienes se oponen con los pretextos m\u00e1s variados a la actividad misionera de la Iglesia; ella va repitiendo:&nbsp;<em>\u00a1Abrid las puertas a Cristo!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me dirijo a todas las Iglesias particulares, j\u00f3venes y antiguas. El mundo va unific\u00e1ndose cada vez m\u00e1s, el esp\u00edritu evang\u00e9lico debe llevar a la superaci\u00f3n de las barreras culturales y nacional\u00edsticas, evitando toda cerraz\u00f3n. Benedicto XV ya amonestaba a los misioneros de su tiempo a que, si acaso \u00ab se olvidaban de la propia dignidad, pensasen en su patria terrestre m\u00e1s que en la del cielo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241T\">65<\/a><\/sup>&nbsp;La misma amonestaci\u00f3n vale hoy para las Iglesias particulares: \u00a1Abrid las puertas a los misioneros!, ya que \u00ab una Iglesia particular que se desgajara voluntariamente de la Iglesia universal perder\u00eda su referencia al designio de Dios y se empobrecer\u00eda en su dimensi\u00f3n eclesial \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241U\">66<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Dirigir la atenci\u00f3n hacia el Sur y hacia el Oriente<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">40. La actividad misionera representa a\u00fan hoy d\u00eda el mayor desaf\u00edo para la Iglesia. Mientras se aproxima el final del segundo milenio de la Redenci\u00f3n, es cada vez m\u00e1s evidente que las gentes que todav\u00eda no han recibido el primer anuncio de Cristo son la mayor\u00eda de la humanidad. EL balance de la actividad misionera en los tiempos modernos es ciertamente positivo: la Iglesia ha sido fundada en todos los Continentes; es m\u00e1s, hoy la mayor\u00eda de los fieles y de las Iglesias particulares ya no est\u00e1n en la vieja Europa sino en los Continentes que los misioneros han abierto a la fe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, se da el caso de que \u00ab los confines de la tierra \u00bb, a los que debe llegar el Evangelio, se alejan cada vez m\u00e1s, y la sentencia de Tertuliano, seg\u00fan la cual \u00ab el Evangelio ha sido anunciado en toda la tierra y a todos los pueblos \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241V\">67<\/a><\/sup>est\u00e1 muy lejos de su realizaci\u00f3n concreta: la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes&nbsp;<\/em>est\u00e1 todav\u00eda en los comienzos. Nuevos pueblos comparecen en la escena mundial y tambi\u00e9n ellos tienen el derecho a recibir el anuncio de la salvaci\u00f3n. El crecimiento demogr\u00e1fico del Sur y de Oriente, en pa\u00edses no cristianos, hace aumentar continuamente el n\u00famero de personas que ignoran la redenci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay que dirigir, pues, la atenci\u00f3n misionera hacia aquellas \u00e1reas geogr\u00e1ficas y aquellos ambientes culturales que han quedado fuera del influjo evang\u00e9lico. Todos los creyentes en Cristo deben sentir como parte integrante de su fe la solicitud apost\u00f3lica de transmitir a otros su alegr\u00eda y su luz. Esta solicitud debe convertirse, por as\u00ed decirlo, en hambre y sed de dar a conocer al Se\u00f1or, cuando se mira abiertamente hacia los inmensos horizontes del mundo no cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>CAP\u00cdTULO V<br>LOS CAMINOS DE LA MISI\u00d3N<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">41. \u00ab La actividad misionera es, en \u00faltima instancia, la manifestaci\u00f3n del prop\u00f3sito de Dios, o epifan\u00eda, y su realizaci\u00f3n en el mundo y en la historia, en la que Dios, por medio de la misi\u00f3n, perfecciona abiertamente la historia de la salvaci\u00f3n \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241W\">68<\/a><\/sup>&nbsp;\u00bfQu\u00e9 camino sigue la Iglesia para conseguir este resultado?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La misi\u00f3n es una realidad unitaria, pero compleja, y se desarrolla de diversas maneras, entre las cuales algunas son de particular importancia en la presente situaci\u00f3n de la Iglesia y del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La primera forma de evangelizaci\u00f3n es el testimonio<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">42. El hombre contempor\u00e1neo cree m\u00e1s a los testigos que a los maestros;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241X\">69<\/a><\/sup>&nbsp;cree m\u00e1s en la experiencia que en la doctrina, en la vida y los hechos que en las teor\u00edas. El testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de la misi\u00f3n: Cristo, de cuya misi\u00f3n somos continuadores, es el \u00ab Testigo \u00bb por excelencia (<em>Ap<\/em>&nbsp;1, 5; 3, 14) y el modelo del testimonio cristiano. El Esp\u00edritu Santo acompa\u00f1a el camino de la Iglesia y la asocia al testimonio que \u00e9l da de Cristo (cf.&nbsp;<em>Jn&nbsp;<\/em>15, 26-27).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera forma de testimonio es&nbsp;<em>la vida misma del misionero, la de la familia cristiana y de la comunidad eclesial,&nbsp;<\/em>que hace visible un nuevo modo de comportarse. El misionero que, aun con todos los l\u00edmites y defectos humanos, vive con sencillez seg\u00fan el modelo de Cristo, es un signo de Dios y de las realidades trascendentales. Pero todos en la Iglesia, esforz\u00e1ndose por imitar al divino Maestro, pueden y deben dar este testimonio,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241Y\">70<\/a><\/sup>&nbsp;que en muchos casos es el \u00fanico modo posible de ser misioneros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El testimonio evang\u00e9lico, al que el mundo es m\u00e1s sensible, es el de la atenci\u00f3n a las personas y el de la caridad para con los pobres y los peque\u00f1os, con los que sufren. La gratuidad de esta actitud y de estas acciones, que contrastan profundamente con el ego\u00edsmo presente en el hombre, hace surgir unas preguntas precisas que orientan hacia Dios y el Evangelio. Incluso el trabajar por la paz, la justicia, los derechos del hombre, la promoci\u00f3n humana, es un testimonio del Evangelio, si es un signo de atenci\u00f3n a las personas y est\u00e1 ordenado al desarrollo integral del hombre.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%241Z\">71<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">43. EL cristiano y las comunidades cristianas viven profundamente insertados en la vida de sus pueblos respectivos y son signo del Evangelio incluso por la fidelidad a su patria, a su pueblo, a la cultura nacional, pero siempre con la libertad que Cristo ha tra\u00eddo. El cristianismo est\u00e1 abierto a la fraternidad universal, porque todos los hombres son hijos del mismo Padre y hermanos en Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia est\u00e1 llamada a dar su testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y prof\u00e9ticas ante la corrupci\u00f3n del poder pol\u00edtico o econ\u00f3mico; no buscando la gloria o bienes materiales; usando sus bienes para el servicio de los m\u00e1s pobres e imitando la sencillez de vida de Cristo. La Iglesia y los misioneros deben dar tambi\u00e9n testimonio de humildad, ante todo en s\u00ed mismos, lo cual se traduce en la capacidad de un examen de conciencia, a nivel personal y comunitario, para corregir en los propios comportamientos lo que es antievang\u00e9lico y desfigura el rostro de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El primer anuncio de Cristo Salvador<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">44. EL anuncio tiene la prioridad permanente en la misi\u00f3n: la Iglesia no puede substraerse al mandato expl\u00edcito de Cristo; no puede privar a los hombres de la \u00ab Buena Nueva \u00bb de que son amados y salvados por Dios. \u00ab La evangelizaci\u00f3n tambi\u00e9n debe contener siempre \u2014como base, centro y a la vez culmen de su dinamismo\u2014 una clara proclamaci\u00f3n de que en Jesucristo, se ofrece la salvaci\u00f3n a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2420\">72<\/a><\/sup>&nbsp;Todas las formas de la actividad misionera est\u00e1n orientadas hacia esta proclamaci\u00f3n que revela e introduce el misterio escondido en los siglos y revelado en Cristo (cf.&nbsp;<em>Ef&nbsp;<\/em>3, 3-9<em>; Col&nbsp;<\/em>1, 25-29), el cual es el centro de la misi\u00f3n y de la vida de la Iglesia, como base de toda la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la compleja realidad de la misi\u00f3n, el primer anuncio tiene una funci\u00f3n central e insustituible, porque introduce \u00ab en el misterio del amor de Dios, quien lo llama a iniciar una comunicaci\u00f3n personal con \u00e9l en Cristo \u00bb<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2421\">73<\/a><\/sup>&nbsp;y abre la v\u00eda para la conversi\u00f3n. La fe nace del anuncio, y toda comunidad eclesial tiene su origen y vida en la respuesta de cada fiel a este anuncio.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2422\">74<\/a><\/sup>&nbsp;Como la econom\u00eda salv\u00edfica est\u00e1 centrada en Cristo, as\u00ed la actividad misionera tiende a la proclamaci\u00f3n de su misterio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">EL anuncio tiene por objeto a Cristo crucificado, muerto y resucitado: en \u00e9l se realiza la plena y aut\u00e9ntica liberaci\u00f3n del mal, del pecado y de la muerte; por \u00e9l, Dios da la \u00ab nueva vida \u00bb, divina y eterna. Esta es la \u00ab Buena Nueva \u00bb que cambia al hombre y la historia de la humanidad, y que todos los pueblos tienen el derecho a conocer. Este anuncio se hace en el contexto de la vida del hombre y de los pueblos que lo reciben. Debe hacerse adem\u00e1s con una actitud de amor y de estima hacia quien escucha, con un lenguaje concreto y adaptado a las circunstancias. En este anuncio el Esp\u00edritu act\u00faa e instaura una comuni\u00f3n entre el misionero y los oyentes, posible en la medida en que uno y otros entran en comuni\u00f3n, por Cristo, con el Padre.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2423\">75<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">45. Al hacerse en uni\u00f3n con toda la comunidad eclesial, el anuncio nunca es un hecho personal. El misionero est\u00e1 presente y act\u00faa en virtud de un mandato recibido y, aunque se encuentre solo , est\u00e1 unido por v\u00ednculos invisibles, pero profundos, a la actividad evangelizadora de toda la Iglesia.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2424\">76<\/a><\/sup>&nbsp;Los oyentes, pronto o m\u00e1s tarde, vislumbran a trav\u00e9s de \u00e9l la comunidad que lo ha enviado y lo sostiene.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El anuncio est\u00e1 animado por la fe, que suscita entusiasmo y fervor en el misionero. Como ya se ha dicho, los&nbsp;<em>Hechos de los Ap\u00f3stoles&nbsp;<\/em>expresan esta actitud con la palabra&nbsp;<em>parres\u00eda,&nbsp;<\/em>que significa hablar con franqueza y valent\u00eda; este t\u00e9rmino se encuentra tambi\u00e9n en san Pablo: \u00ab Confiados en nuestro Dios, tuvimos la valent\u00eda de predicaros el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas \u00bb (1&nbsp;<em>Tes&nbsp;<\/em>2, 2). \u00ab Orando &#8230; tambi\u00e9n por m\u00ed, para que me sea dada la Palabra al abrir mi boca y pueda dar a conocer con valent\u00eda el misterio del Evangelio, del cual soy embajador entre cadenas, y pueda hablar de \u00e9l valientemente como conviene \u00bb (<em>Ef<\/em>&nbsp;6, 19-20).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al anunciar a Cristo a los no cristianos, el misionero est\u00e1 convencido de que existe ya en las personas y en los pueblos, por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, una espera, aunque sea inconsciente, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre el camino que lleva a la liberaci\u00f3n del pecado y de la muerte. El entusiasmo por anunciar a Cristo deriva de la convicci\u00f3n de responder a esta esperanza, de modo que el misionero no se desalienta ni desiste de su testimonio, incluso cuando es llamado a manifestar su fe en un ambiente hostil o indiferente. Sabe que el Esp\u00edritu del Padre habla en \u00e9l (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>10, 17-20;&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>12, 11-12) y puede repetir con los Ap\u00f3stoles: \u00ab Nosotros somos testigos de estas cosas, y tambi\u00e9n el Esp\u00edritu Santo \u00bb (<em>Act<\/em>&nbsp;5, 32). Sabe que no anuncia una verdad humana, sino la \u00ab Palabra de Dios \u00bb, la cual tiene una fuerza intr\u00ednseca y misteriosa (cf.&nbsp;<em>Rom&nbsp;<\/em>1, 16).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La prueba suprema es el don de la vida, hasta aceptar la muerte para testimoniar la fe en Jesucristo. Como siempre en la historia cristiana, los \u00ab m\u00e1rtires \u00bb, es decir, los testigos, son numerosos e indispensables para el camino del Evangelio. Tambi\u00e9n en nuestra \u00e9poca hay muchos: obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, as\u00ed como laicos; a veces h\u00e9roes desconocidos que dan la vida como testimonio de la fe. Ellos son los anunciadores y los testigos por excelencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Conversi\u00f3n y bautismo<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">46. El anuncio de la Palabra de Dios tiende a la&nbsp;<em>conversi\u00f3n cristiana,&nbsp;<\/em>es decir, a la adhesi\u00f3n plena y sincera a Cristo y a su Evangelio mediante la fe. La conversi\u00f3n es un don de Dios, obra de la Trinidad; es el Esp\u00edritu que abre las puertas de los corazones, a fin de que los hombres puedan creer en el Se\u00f1or y \u00ab confesarlo \u00bb (cf.&nbsp;<em>1 Cor&nbsp;<\/em>12, 3). De quien se acerca a \u00e9l por la fe, Jes\u00fas dice: \u00ab Nadie puede venir a m\u00ed, si el Padre que me ha enviado no lo atrae \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;6, 44).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La conversi\u00f3n se expresa desde el principio con una fe total y radical, que no pone l\u00edmites ni obst\u00e1culos al don de Dios. Al mismo tiempo, sin embargo, determina un proceso din\u00e1mico y permanente que dura toda la existencia, exigiendo un esfuerzo continuo por pasar de la vida \u00ab seg\u00fan la carne \u00bb a la \u00ab vida seg\u00fan el Esp\u00edritu (cf.&nbsp;<em>Rom&nbsp;<\/em>8, 3-13). La conversi\u00f3n significa aceptar, con decisi\u00f3n personal, la soberan\u00eda de Cristo y hacerse disc\u00edpulos suyos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia llama a todos a esta conversi\u00f3n, siguiendo el ejemplo de Juan Bautista que preparaba los caminos hacia Cristo, \u00ab proclamando un bautismo de conversi\u00f3n para perd\u00f3n de los pecados \u00bb (<em>Mc&nbsp;<\/em>1, 4), y los caminos de Cristo mismo, el cual, \u00ab despu\u00e9s que Juan fue entregado, march\u00f3 &#8230; a Galilea y proclamaba la Buena Nueva de Dios: &#8220;El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios est\u00e1 cerca;&nbsp;<em>convert\u00edos<\/em>&nbsp;y creed en la Buena Nueva&#8221; \u00bb (<em>Mc&nbsp;<\/em>1, 14-15).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy la llamada a la conversi\u00f3n, que los misioneros dirigen a los no cristianos, se pone en tela de juicio o pasa en silencio. Se ve en ella un acto de \u00ab proselitismo \u00bb; se dice que basta ayudar a los hombres a ser m\u00e1s hombres o m\u00e1s fieles a la propia religi\u00f3n; que basta formar comunidades capaces de trabajar por la justicia, la libertad, la paz, la solidaridad. Pero se olvida que toda persona tiene el derecho a escuchar la \u00ab Buena Nueva \u00bb de Dios que se revela y se da en Cristo, para realizar en plenitud la propia vocaci\u00f3n. La grandeza de este acontecimiento resuena en las palabras de Jes\u00fas a la Samaritana: \u00ab Si conocieras el don de Dios \u00bb y en el deseo inconsciente, pero ardiente de la mujer: \u00ab Se\u00f1or, dame de esa agua, para que no tenga m\u00e1s sed \u00bb (<em>Jn&nbsp;<\/em>4,10.15).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">47. Los Ap\u00f3stoles, movidos por el Esp\u00edritu Santo, invitaban a todos a cambiar de vida, a convertirse y a recibir el bautismo. Inmediatamente despu\u00e9s del acontecimiento de Pentecost\u00e9s, Pedro habla a la multitud de manera persuasiva \u00ab Al o\u00edr esto, dijeron con el coraz\u00f3n compungido a Pedro y a los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles: &#8220;\u00bfQu\u00e9 hemos de hacer, hermanos?&#8221; Pedro les contest\u00f3: &#8220;<em>Convert\u00edos&nbsp;<\/em>y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo para remisi\u00f3n de vuestros pecados; y recibir\u00e9is el don del Esp\u00edritu Santo&#8221; \u00bb (<em>Act<\/em>&nbsp;2, 37-38). Y bautiz\u00f3 aquel d\u00eda cerca de tres mil personas. Pedro mismo, despu\u00e9s de la curaci\u00f3n del tullido, habla a la multitud y repite: \u00ab&nbsp;<em>Arrepent\u00edos,&nbsp;<\/em>pues, y convert\u00edos, para que vuestros pecados sean borrados \u00bb (<em>Act<\/em>&nbsp;3, 19).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La conversi\u00f3n a Cristo est\u00e1 relacionada con el bautismo, no s\u00f3lo por la praxis de la Iglesia, sino por voluntad del mismo Cristo, que envi\u00f3 a hacer disc\u00edpulos a todas las gentes y a bautizarlas (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>28, 19); est\u00e1 relacionada tambi\u00e9n por la exigencia intr\u00ednseca de recibir la plenitud de la nueva vida en \u00e9l: \u00ab En verdad, en verdad te digo: \u2014dice Jes\u00fas a Nicodemo\u2014 el que no nazca del agua y del Esp\u00edritu, no puede entrar en el Reino de Dios \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;3, 5). En efecto, el bautismo nos regenera a la vida de los hijos de Dios, nos une a Jesucristo y nos unge en el Esp\u00edritu Santo: no es un mero sello de la conversi\u00f3n, como un signo exterior que la demuestra y la certifica, sino que es un sacramento que significa y lleva a cabo este nuevo nacimiento por el Esp\u00edritu; instaura v\u00ednculos reales e inseparables con la Trinidad; hace miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo esto hay que recordarlo, porque no pocos, precisamente donde se desarrolla la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes,&nbsp;<\/em>tienden a separar la conversi\u00f3n a Cristo del bautismo, consider\u00e1ndolo como no necesario. Es verdad que en ciertos ambientes se advierten aspectos sociol\u00f3gicos relativos al bautismo que oscurecen su genuino significado de fe y su valor eclesial. Esto se debe a diversos factores hist\u00f3ricos y culturales, que es necesario remover donde todav\u00eda subsisten, a fin de que el sacramento de la regeneraci\u00f3n espiritual aparezca en todo su valor. A este cometido deben dedicarse las comunidades eclesiales locales. Tambi\u00e9n es verdad que no pocas personas afirman que est\u00e1n interiormente comprometidas con Cristo y con su mensaje, pero no quieren estarlo sacramentalmente, porque, a causa de sus prejuicios o de las culpas de los cristianos, no llegan a percibir la verdadera naturaleza de la Iglesia, misterio de fe y de amor.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2425\">77<\/a><\/sup>&nbsp;Deseo alentar, pues, a estas personas a abrirse plenamente a Cristo, record\u00e1ndoles que, si sienten el atractivo de Cristo, \u00e9l mismo ha querido a la Iglesia como \u00ab lugar \u00bb donde pueden encontrarlo realmente. Al mismo tiempo, invito a los fieles y a las comunidades cristianas a dar aut\u00e9ntico testimonio de Cristo con su nueva vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ciertamente, cada convertido es un don hecho a la Iglesia y comporta una grave responsabilidad para ella, no s\u00f3lo porque debe ser preparado para el bautismo con el catecumenado y continuar luego con la instrucci\u00f3n religiosa, sino porque, especialmente si es adulto, lleva consigo, como una energ\u00eda nueva, el entusiasmo de la fe, el deseo de encontrar en la Iglesia el Evangelio vivido. Ser\u00eda una desilusi\u00f3n para \u00e9l, si despu\u00e9s de ingresar en la comunidad eclesial encontrase en la misma una vida que carece de fervor y sin signos de renovaci\u00f3n. No podemos predicar la conversi\u00f3n, si no nos convertimos nosotros mismos cada d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Formaci\u00f3n de Iglesias locales<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">48. La conversi\u00f3n y el bautismo introducen en la Iglesia, donde ya existe, o requieren la constituci\u00f3n de nuevas comunidades que confiesen a Jes\u00fas Salvador y Se\u00f1or. Esto forma parte del designio de Dios, al cual plugo \u00ab llamar a los hombres a participar de su vida no s\u00f3lo individualmente, sin mutua conexi\u00f3n alguna entre ellos, sino constituirlos en un pueblo en el que sus hijos, que estaban dispersos, se congreguen en unidad \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2426\">78<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes&nbsp;<\/em>tiene este objetivo: fundar comunidades cristianas, hacer crecer las Iglesias hasta su completa madurez. Esta es una meta central y espec\u00edfica de la actividad misionera, hasta el punto de que \u00e9sta no puede considerarse desarrollada, mientras no consiga edificar una nueva Iglesia particular, que funcione normalmente en el ambiente local. De esto habla ampliamente el Decreto&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2427\">79<\/a><\/sup>&nbsp;Despu\u00e9s del Concilio se ha ido desarrollando una l\u00ednea teol\u00f3gica para subrayar que todo el misterio de la Iglesia est\u00e1 contenido en cada Iglesia particular, con tal de que \u00e9sta no se a\u00edsle, sino que permanezca en comuni\u00f3n con la Iglesia universal y, a su vez, se haga misionera. Se trata de un trabajo considerable y largo, del cual es dif\u00edcil indicar las etapas precisas, con las que se termina la acci\u00f3n propiamente misionera y se pasa a la actividad pastoral. No obstante, algunos puntos deben quedar claros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">49. Es necesario, ante todo, tratar de establecer en cada lugar comunidades cristianas que sean un \u00ab exponente de la presencia de Dios en el mundo \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2428\">80<\/a><\/sup>&nbsp;y crezcan hasta llegar a ser Iglesias. A pesar del gran n\u00famero de di\u00f3cesis, existen todav\u00eda grandes \u00e1reas en que las Iglesias locales o no existen en absoluto o son insuficientes con respecto a la extensi\u00f3n del territorio y a la densidad y variedad de la poblaci\u00f3n; queda por realizar un gran trabajo de implantaci\u00f3n y desarrollo de la Iglesia. Esta fase de la historia eclesial, llamada&nbsp;<em>plantatio Ecclesiae,&nbsp;<\/em>no est\u00e1 terminada; es m\u00e1s, en muchos agrupamientos humanos debe empezar a\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La responsabilidad de este cometido recae sobre la Iglesia universal y sobre las Iglesias particulares, sobre el pueblo de Dios entero y sobre todas las fuerzas misioneras. Cada Iglesia, incluso la formada por neoconvertidos, es misionera por naturaleza, es evangelizada y evangelizadora, y la fe siempre debe ser presentada como un don de Dios para vivirlo en comunidad (familias, parroquias, asociaciones) y para irradiarlo fuera, sea con el testimonio de vida, sea con la palabra. La acci\u00f3n evangelizadora de la comunidad cristiana, primero en su propio territorio y luego en otras partes, como participaci\u00f3n en la misi\u00f3n universal, es el signo m\u00e1s claro de madurez en la fe. Es necesaria una radical conversi\u00f3n de la mentalidad para hacerse misioneros, y esto vale tanto para las personas, como para las comunidades. El Se\u00f1or llama siempre a salir de uno mismo, a compartir con los dem\u00e1s los bienes que tenemos, empezando por el m\u00e1s precioso que es la fe. A la luz de este imperativo misionero se deber\u00e1 medir la validez de los organismos, movimientos, parroquias u obras de apostolado de la Iglesia. S\u00f3lo haci\u00e9ndose misionera la comunidad cristiana podr\u00e1 superar las divisiones y tensiones internas y recobrar su unidad y su vigor de fe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las fuerzas misioneras provenientes de otras Iglesias y pa\u00edses deben actuar en comuni\u00f3n con las Iglesias locales para el desarrollo de la comunidad cristiana. En particular, concierne a ellas \u2014siguiendo siempre las directrices de los Obispos y en colaboraci\u00f3n con los responsables del lugar\u2014 promover la difusi\u00f3n de la fe y la expansi\u00f3n de la Iglesia en los ambientes y grupos no cristianos; y animar en sentido misionero a las Iglesias locales, de manera que la preocupaci\u00f3n pastoral vaya unida siempre a la preocupaci\u00f3n por la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes.&nbsp;<\/em>Cada Iglesia har\u00e1 propia, entonces, la solicitud de Cristo, Buen Pastor, que se entrega a su grey y al mismo tiempo, se preocupa de las \u00ab otras ovejas que no son de este redil \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;10, 15).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">50. Esta solicitud constituir\u00e1 un motivo y un est\u00edmulo para una renovada acci\u00f3n ecum\u00e9nica. Los v\u00ednculos existentes entre&nbsp;<em>actividad ecum\u00e9nica&nbsp;<\/em>y<em>&nbsp;actividad misionera&nbsp;<\/em>hacen necesario considerar dos factores concomitantes. Por una parte se debe reconocer que \u00ab la divisi\u00f3n de los cristianos perjudica a la causa sant\u00edsima de la predicaci\u00f3n del Evangelio a toda criatura y cierra a muchos las puertas de la fe \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2429\">81<\/a><\/sup>&nbsp;El hecho de que la Buena Nueva de la reconciliaci\u00f3n sea predicada por los cristianos divididos entre s\u00ed debilita su testimonio, y por esto es urgente trabajar por la unidad de los cristianos, a fin de que la actividad misionera sea m\u00e1s incisiva. Al mismo tiempo, no debemos olvidar que los mismos esfuerzos por la unidad constituyen de por s\u00ed un signo de la obra de reconciliaci\u00f3n que Dios realiza en medio de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por otra parte, es verdad que todos los que han recibido el bautismo en Cristo est\u00e1n en una cierta comuni\u00f3n entre s\u00ed, aunque no perfecta. Sobre esta base se funda la orientaci\u00f3n dada por el Concilio: \u00ab En cuanto lo permitan las condiciones religiosas, promu\u00e9vase la acci\u00f3n ecum\u00e9nica de forma que, excluida toda especie tanto de indiferentismo y confusionismo como de emulaci\u00f3n insensata, los cat\u00f3licos colaboren fraternalmente con los hermanos separados, seg\u00fan las normas del Decreto sobre el Ecumenismo mediante la profesi\u00f3n com\u00fan, en cuanto sea posible, de la fe en Dios y en Jesucristo delante de las naciones y den vida a la cooperaci\u00f3n en asuntos sociales y t\u00e9cnicos, culturales y religiosos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242A\">82<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La actividad ecum\u00e9nica y el testimonio concorde de Jesucristo, por parte de los cristianos pertenecientes a diferentes Iglesias y comunidades eclesiales, ha dado ya abundantes frutos. Es cada vez m\u00e1s urgente que ellos colaboren y den testimonio unidos, en este tiempo en el que sectas cristianas y paracristianas siembran confusi\u00f3n con su acci\u00f3n. La expansi\u00f3n de estas sectas constituye una amenaza para la Iglesia cat\u00f3lica y para todas las comunidades eclesiales con las que ella mantiene un di\u00e1logo. Donde sea posible y seg\u00fan las circunstancias locales, la respuesta de los cristianos deber\u00e1 ser tambi\u00e9n ecum\u00e9nica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Las \u00ab comunidades eclesiales de base \u00bb fuerza evangelizadora<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">51. Un fen\u00f3meno de r\u00e1pida expansi\u00f3n en las j\u00f3venes Iglesias, promovido, a veces, por los Obispos y sus Conferencias como opci\u00f3n prioritaria de la pastoral, lo constituyen las \u00ab comunidades eclesiales de base \u00bb (conocidas tambi\u00e9n con otros nombres), que est\u00e1n dando prueba positiva como centros de formaci\u00f3n cristiana y de irradiaci\u00f3n misionera. Se trata de grupos de cristianos a nivel familiar o de \u00e1mbito restringido, los cuales se re\u00fanen para la oraci\u00f3n, la lectura de la Escritura, la catequesis, para compartir problemas humanos y eclesiales de cara a un compromiso com\u00fan. Son un signo de vitalidad de la Iglesia, instrumento de formaci\u00f3n y de evangelizaci\u00f3n un punto de partida v\u00e1lido para una nueva sociedad fundada sobre la \u00ab civilizaci\u00f3n del Amor \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas comunidades descentralizan y articulan la comunidad parroquial a la que permanecen siempre unidas; se enra\u00edzan en ambientes populares y rurales, convirti\u00e9ndose en fermento de vida cristiana, de atenci\u00f3n a los \u00faltimos, de compromiso en pos de la transformaci\u00f3n de la sociedad. En ellas cada cristiano hace una experiencia comunitaria, gracias a la cual tambi\u00e9n \u00e9l se siente un elemento activo, estimulado a ofrecer su colaboraci\u00f3n en las tareas de todos. De este modo, las mismas comunidades son instrumento de evangelizaci\u00f3n y de primer anuncio, as\u00ed como fuente de nuevos ministerios, a la vez que, animadas por la caridad de Cristo, ofrecen tambi\u00e9n una orientaci\u00f3n sobre el modo de superar divisiones, tribalismos y racismos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, toda comunidad, para ser cristiana, debe formarse y vivir en Cristo, en la escucha de la Palabra de Dios, en la oraci\u00f3n centra da en la Eucarist\u00eda, en la comuni\u00f3n expresada en la uni\u00f3n de corazones y esp\u00edritus, as\u00ed como en el compartir seg\u00fan las necesidades de los miembros (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>2, 42-47). Cada comunidad \u2014recordaba Pablo VI\u2014 debe vivir unida a la Iglesia particular y universal, en sincera comuni\u00f3n con los Pastores y el Magisterio, comprometida en la irradiaci\u00f3n misionera y evitando toda forma de cerraz\u00f3n y de instrumentalizaci\u00f3n ideol\u00f3gica.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242B\">83<\/a><\/sup>&nbsp;Y el S\u00ednodo de los Obispos ha afirmado: \u00ab Porque la Iglesia es comuni\u00f3n, las as\u00ed llamadas nuevas comunidades de base, si verdaderamente viven en la unidad con la Iglesia, son verdadera expresi\u00f3n de comuni\u00f3n e instrumento para edificar una comuni\u00f3n m\u00e1s profunda. Por ello, dan una gran esperanza para la vida de la Iglesia.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242C\">84<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Encarnar el Evangelio en las culturas de los pueblos<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">52. Al desarrollar su actividad misionera entre las gentes, la Iglesia encuentra diversas culturas y se ve comprometida en el proceso de inculturaci\u00f3n. Es \u00e9sta una exigencia que ha marcado todo su camino hist\u00f3rico, pero hoy es particularmente aguda y urgente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El proceso de inserci\u00f3n de la Iglesia en las culturas de los pueblos requiere largo tiempo: no se trata de una mera adaptaci\u00f3n externa, ya que la inculturaci\u00f3n \u00ab significa una \u00edntima transformaci\u00f3n de los aut\u00e9nticos valores culturales mediante su integraci\u00f3n en el cristianismo y la radicaci\u00f3n del cristianismo en las diversas culturas \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242D\">85<\/a><\/sup>&nbsp;Es, pues, un proceso profundo y global que abarca tanto el mensaje cristiano, como la reflexi\u00f3n y la praxis de la Iglesia. Pero es tambi\u00e9n un proceso dif\u00edcil, porque no debe comprometer en ning\u00fan modo las caracter\u00edsticas y la integridad de la fe cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por medio de la inculturaci\u00f3n la Iglesia encarna el Evangelio en las diversas culturas y, al mismo tiempo, introduce a los pueblos con sus culturas en su misma comunidad;&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242E\">86<\/a><\/sup>&nbsp;transmite a las mismas sus propios valores, asumiendo lo que hay de bueno en ellas y renov\u00e1ndolas desde dentro.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242F\">87<\/a><\/sup>&nbsp;Por su parte, con la inculturaci\u00f3n, la Iglesia se hace signo m\u00e1s comprensible de lo que es e instrumento m\u00e1s apto para la misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gracias a esta acci\u00f3n en las Iglesias locales, la misma Iglesia universal se enriquece con expresiones y valores en los diferentes sectores de la vida cristiana, como la evangelizaci\u00f3n, el culto, la teolog\u00eda, la caridad; conoce y expresa a\u00fan mejor el misterio de Cristo, a la vez que es alentada a una continua renovaci\u00f3n. Estos temas, presentes en el Concilio y en el Magisterio posterior, los he afrontado repetidas veces en mis visitas pastorales a las Iglesias j\u00f3venes.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242G\">88<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La inculturaci\u00f3n es un camino lento que acompa\u00f1a toda la vida misionera y requiere la aportaci\u00f3n de los diversos colaboradores de la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes,&nbsp;<\/em>la de las comunidades cristianas a medida que se desarrollan, la de los Pastores que tienen la responsabilidad de discernir y fomentar su actuaci\u00f3n.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242H\">89<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">53. Los misioneros, provenientes de otras Iglesias y pa\u00edses, deben insertarse en el mundo sociocultural de aquellos a quienes son enviados, superando los condicionamientos del propio ambiente de origen. As\u00ed, deben aprender la lengua de la regi\u00f3n donde trabajan, conocer las expresiones m\u00e1s significativas de aquella cultura, descubriendo sus valores por experiencia directa. Solamente con este conocimiento los misioneros podr\u00e1n llevar a los pueblos de manera cre\u00edble y fruct\u00edfera el conocimiento del misterio escondido (cf.&nbsp;<em>Rom&nbsp;<\/em>16,25-27;&nbsp;<em>Ef&nbsp;<\/em>3, 5). Para ellos no se trata ciertamente de renegar a la propia identidad cultural, sino de comprender, apreciar, promover y evangelizar la del ambiente donde act\u00faan y, por consiguiente, estar en condiciones de comunicar realmente con \u00e9l, asumiendo un estilo de vida que sea signo de testimonio evang\u00e9lico y de solidaridad con la gente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las comunidades eclesiales que se est\u00e1n formando, inspiradas en el Evangelio, podr\u00e1n manifestar progresivamente la propia experiencia cristiana en manera y forma originales, conformes con las propias tradiciones culturales, con tal de que est\u00e9n siempre en sinton\u00eda con las exigencias objetivas de la misma fe. A este respecto, especialmente en relaci\u00f3n con los sectores de inculturaci\u00f3n m\u00e1s delicados, las Iglesias particulares del mismo territorio deber\u00e1n actuar en comuni\u00f3n entre si&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242I\">90<\/a><\/sup>&nbsp;y con toda la Iglesia, convencidas de que s\u00f3lo la atenci\u00f3n tanto a la Iglesia universal como a las Iglesias particulares las har\u00e1n capaces de traducir el tesoro de la fe en la legitima variedad de sus expresiones.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242J\">91<\/a><\/sup>&nbsp;Por esto, los grupos evangelizados ofrecer\u00e1n los elementos para una \u00ab traducci\u00f3n \u00bb del mensaje evang\u00e9lico&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242K\">92<\/a><\/sup>&nbsp;teniendo presente las aportaciones positivas recibidas a trav\u00e9s de los siglos gracias al contacto del cristianismo con las diversas culturas, sin olvidar los peligros de alteraciones que a veces se han verificado.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242L\">93<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">54. A este respecto, son fundamentales algunas indicaciones. La inculturaci\u00f3n, en su recto proceso debe estar dirigida por dos principios: \u00ab la compatibilidad con el Evangelio de las varias culturas a asumir y la comuni\u00f3n con la Iglesia universal \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242M\">94<\/a><\/sup>&nbsp;Los Obispos, guardianes del \u00ab dep\u00f3sito de la fe \u00bb se cuidar\u00e1n de la fidelidad y, sobre todo, del discernimiento,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242N\">95<\/a><\/sup>&nbsp;para lo cual es necesario un profundo equilibrio; en efecto, existe el riesgo de pasar acr\u00edticamente de una especie de alienaci\u00f3n de la cultura a una supervaloraci\u00f3n de la misma, que es un producto del hombre, en consecuencia, marcada por el pecado. Tambi\u00e9n ella debe ser \u00ab purificada, elevada y perfeccionada \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242O\">96<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este proceso necesita una gradualidad, para que sea verdaderamente expresi\u00f3n de la experiencia cristiana de la comunidad: \u00ab Ser\u00e1 necesaria una incubaci\u00f3n del misterio cristiano en el seno de vuestro pueblo \u2014dec\u00eda Pablo VI en Kampala\u2014, para que su voz nativa, m\u00e1s l\u00edmpida y franca, se levante armoniosa en el coro de las voces de la Iglesia universal \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242P\">97<\/a><\/sup>&nbsp;Finalmente, la inculturaci\u00f3n debe implicar a todo el pueblo de Dios, no s\u00f3lo a algunos expertos, ya que se sabe que el pueblo reflexiona sobre el genuino sentido de la fe que nunca conviene perder de vista. Esta inculturaci\u00f3n debe ser dirigida y estimulada, pero no forzada, para no suscitar reacciones negativas en los cristianos: debe ser expresi\u00f3n de la vida comunitaria, es decir, debe madurar en el seno de la comunidad, y no ser fruto exclusivo de investigaciones eruditas. La salvaguardia de los valores tradicionales es efecto de una fe madura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El di\u00e1logo con los hermanos de otras religiones<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">55. El di\u00e1logo interreligioso forma parte de la misi\u00f3n evangelizadora de la Iglesia. Entendido como m\u00e9todo y medio para un conocimiento y enriquecimiento rec\u00edproco , no est\u00e1 en contraposici\u00f3n con la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes;&nbsp;<\/em>es m\u00e1s, tiene v\u00ednculos especiales con ella y es una de sus expresiones. En efecto, esta misi\u00f3n tiene como destinatarios a los hombres que no conocen a Cristo y su Evangelio, y que en su gran mayor\u00eda pertenecen a otras religiones. Dios llama a s\u00ed a todas las gentes en Cristo, queriendo comunicarles la plenitud de su revelaci\u00f3n y de su amor; y no deja de hacerse presente de muchas maneras, no s\u00f3lo en cada individuo sino tambi\u00e9n en los pueblos mediante sus riquezas espirituales, cuya expresi\u00f3n principal y esencial son las religiones, aunque contengan \u00ab lagunas, insuficiencias y errores \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242Q\">98<\/a><\/sup>&nbsp;Todo ello ha sido subrayado ampliamente por el Concilio Vaticano II y por el Magisterio posterior, defendiendo siempre que&nbsp;<em>la salvaci\u00f3n viene de Cristo y que el di\u00e1logo no dispensa de la evangelizaci\u00f3n.<\/em><sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242R\">99<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la luz de la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, la Iglesia no ve un contraste entre el anuncio de Cristo y el di\u00e1logo interreligioso; sin embargo siente la necesidad de compaginarlos en el \u00e1mbito de su misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes.&nbsp;<\/em>En efecto, conviene que estos dos elementos mantengan su vinculaci\u00f3n \u00edntima y, al mismo tiempo, su distinci\u00f3n, por lo cual no deben ser confundidos, ni instrumentalizados, ni tampoco considerados equivalentes, como si fueran intercambiables.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recientemente he escrito a los Obispos de Asia: \u00ab Aunque la Iglesia reconoce con gusto cuanto hay de verdadero y de santo en las tradiciones religiosas del Budismo, del Hinduismo y del Islam \u2014reflejos de aquella verdad que ilumina a todos los hombres\u2014, sigue en pie su deber y su determinaci\u00f3n de proclamar sin titubeos a Jesucristo, que es &#8220;el camino, la verdad y la vida&#8221;&#8230; El hecho de que los seguidores de otras religiones puedan recibir la gracia de Dios y ser salvados por Cristo independientemente de los medios ordinarios que \u00e9l ha establecido, no quita la llamada a la fe y al bautismo que Dios quiere para todos los pueblos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242S\">100<\/a><\/sup>&nbsp;En efecto, Cristo mismo, \u00ab al inculcar con palabras expl\u00edcitas la necesidad de la fe y el bautismo&#8230; confirm\u00f3 al mismo tiempo la&nbsp;<em>necesidad de la Iglesia,&nbsp;<\/em>en la que los hombres entran por el bautismo como por una puerta \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242T\">101<\/a><\/sup>&nbsp;El di\u00e1logo debe ser conducido y llevado a t\u00e9rmino con la convicci\u00f3n de que&nbsp;<em>la Iglesia es el camino ordinario de salvaci\u00f3n&nbsp;<\/em>yque&nbsp;<em>s\u00f3lo ella&nbsp;<\/em>posee la plenitud de los medios de salvaci\u00f3n.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242U\">102<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">56. El di\u00e1logo no nace de una t\u00e1ctica o de un inter\u00e9s, sino que es una actividad con motivaciones, exigencias y dignidad propias: es exigido por el profundo respeto hacia todo lo que en el hombre ha obrado el Esp\u00edritu, que \u00ab sopla donde quiere \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;3, 8).<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242V\">103<\/a><\/sup>&nbsp;Con ello la Iglesia trata de descubrir las \u00ab semillas de la Palabra \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242W\">104<\/a><\/sup>&nbsp;el \u00ab destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242X\">105<\/a><\/sup>&nbsp;semillas y destellos que se encuentran en las personas y en las tradiciones religiosas de la humanidad. El di\u00e1logo se funda en la esperanza y la caridad, y dar\u00e1 frutos en el Esp\u00edritu. Las otras religiones constituyen un desaf\u00edo positivo para la Iglesia de hoy; en efecto, la estimulan tanto a descubrir y a conocer los signos de la presencia de Cristo y de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, como a profundizar la propia identidad y a testimoniar la integridad de la Revelaci\u00f3n, de la que es depositaria para el bien de todos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De aqu\u00ed deriva el esp\u00edritu que debe animar este di\u00e1logo en el \u00e1mbito de la misi\u00f3n. EL interlocutor debe ser coherente con las propias tradiciones y convicciones religiosas y abierto para comprender las del otro, sin disimular o cerrarse, sino con una actitud de verdad, humildad y lealtad, sabiendo que el di\u00e1logo puede enriquecer a cada uno. No debe darse ning\u00fan tipo de abdicaci\u00f3n ni de irenismo, sino el testimonio rec\u00edproco para un progreso com\u00fan en el camino de b\u00fasqueda y experiencia religiosa y, al mismo tiempo, para superar prejuicios, intolerancias y malentendidos. El di\u00e1logo tiende a la purificaci\u00f3n y conversi\u00f3n interior que, si se alcanza con docilidad al Esp\u00edritu, ser\u00e1 espiritualmente fruct\u00edfero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">57. Un vasto campo se le abre al di\u00e1logo, pudiendo asumir m\u00faltiples formas y expresiones, desde los intercambios entre expertos de las tradiciones religiosas o representantes oficiales de las mismas, hasta la colaboraci\u00f3n para el desarrollo integral y la salvaguardia de los valores religiosos; desde la comunicaci\u00f3n de las respectivas experiencias espirituales hasta el llamado \u00ab di\u00e1logo de vida \u00bb, por el cual los creyentes de las diversas religiones atestiguan unos a otros en la existencia cotidiana los propios valores humanos y espirituales, y se ayudan a vivirlos para edificar una sociedad m\u00e1s justa y fraterna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todos los fieles y las comunidades cristianas est\u00e1n llamados a practicar el di\u00e1logo, aunque no al mismo nivel y de la misma forma. Para ello es indispensable la aportaci\u00f3n de los laicos que \u00ab con el ejemplo de su vida y con la propia acci\u00f3n, pueden favorecer la mejora de las relaciones entre los seguidores de las diversas religiones \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242Y\">106<\/a><\/sup>&nbsp;mientras algunos de ellos podr\u00e1n tambi\u00e9n ofrecer una aportaci\u00f3n de b\u00fasqueda y de estudio.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%242Z\">107<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sabiendo que no pocos misioneros y comunidades cristianas encuentran en ese camino dif\u00edcil y a menudo incomprensible del di\u00e1logo la \u00fanica manera de dar sincero testimonio de Cristo y un generoso servicio al hombre, deseo alentarlos a perseverar con fe y caridad, incluso all\u00ed donde sus esfuerzos no encuentran acogida y respuesta. El di\u00e1logo es un camino para el Reino y seguramente dar\u00e1 sus frutos, aunque los tiempos y momentos los tiene fijados el Padre (cf.&nbsp;<em>Act<\/em>&nbsp;1, 7).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>&nbsp;Promover el desarrollo, educando las conciencias<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">58. La misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes&nbsp;<\/em>se despliega aun hoy d\u00eda, mayormente, en aquellas regiones del Sur del mundo donde es m\u00e1s urgente la acci\u00f3n para el desarrollo integral y la liberaci\u00f3n de toda opresi\u00f3n. La Iglesia siempre ha sabido suscitar, en las poblaciones que ha evangelizado, un impulso hacia el progreso, y ahora mismo los misioneros, m\u00e1s que en el pasado, son conocidos tambi\u00e9n como&nbsp;<em>promotores de desarrollo&nbsp;<\/em>por gobiernos y expertos internacionales, los cuales se maravillan del hecho de que se consigan notables resultados con escasos medios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la Enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a>&nbsp;<\/em>he afirmado que \u00ab la Iglesia no tiene soluciones t\u00e9cnicas que ofrecer al problema del subdesarrollo en cuanto tal \u00bb, sino que \u00ab da su primera contribuci\u00f3n a la soluci\u00f3n del problema urgente del desarrollo cuando proclama la verdad sobre Cristo, sobre s\u00ed misma y sobre el hombre, aplic\u00e1ndola a una situaci\u00f3n concreta \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2430\">108<\/a><\/sup>&nbsp;La Conferencia de los Obispos latinoamericanos en Puebla afirm\u00f3 que \u00ab el mejor servicio al hermano es la evangelizaci\u00f3n, que lo prepara a realizarse como hijo de Dios, lo libera de las injusticias y lo promueve integralmente \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2431\">109<\/a><\/sup>&nbsp;La misi\u00f3n de la Iglesia no es actuar directamente en el plano econ\u00f3mico, t\u00e9cnico, pol\u00edtico o contribuir materialmente al desarrollo, sino que consiste esencialmente en ofrecer a los pueblos no un \u00ab tener m\u00e1s \u00bb, sino un \u00ab ser m\u00e1s \u00bb, despertando las conciencias con el Evangelio. El desarrollo humano aut\u00e9ntico debe echar sus ra\u00edces en una evangelizaci\u00f3n cada vez m\u00e1s profunda \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2432\">110<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia y los misioneros son tambi\u00e9n promotores de desarrollo con sus escuelas, hospitales, tipograf\u00edas, universidades, granjas agr\u00edcolas experimentales. Pero el desarrollo de un pueblo no deriva primariamente ni del dinero, ni de las ayudas materiales, ni de las estructuras t\u00e9cnicas, sino m\u00e1s bien de la formaci\u00f3n de las conciencias, de la madurez de la mentalidad y de las costumbres.&nbsp;<em>Es el hombre el protagonista del desarrollo,&nbsp;<\/em>no el dinero ni la t\u00e9cnica. La Iglesia educa las conciencias revelando a los pueblos al Dios que buscan, pero que no conocen; la grandeza del hombre creado a imagen de Dios y amado por \u00e9l; la igualdad de todos los hombres como hijos de Dios; el dominio sobre la naturaleza creada y puesta al servicio del hombre; el deber de trabajar para el desarrollo del hombre entero y de todos los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">59. Con el mensaje evang\u00e9lico la Iglesia ofrece una fuerza liberadora y promotora de desarrollo, precisamente porque lleva a la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n y de la mentalidad; ayuda a reconocer la dignidad de cada persona; dispone a la solidaridad, al compromiso, al servicio de los hermanos; inserta al hombre en el proyecto de Dios, que es la construcci\u00f3n del Reino de paz y de justicia, a partir ya de esta vida. Es la perspectiva b\u00edblica de los \u00ab nuevos cielos y nueva tierra \u00bb (cf.&nbsp;<em>Is&nbsp;<\/em>65,17;&nbsp;<em>2 Pe<\/em>&nbsp;3, 13;&nbsp;<em>Ap<\/em>&nbsp;21, 1), la que ha introducido en la historia el est\u00edmulo y la meta para el progreso de la humanidad. El desarrollo del hombre viene de Dios, del modelo de Jes\u00fas Dios y hombre, y debe llevar a Dios.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2433\">111<\/a><\/sup>&nbsp;He ah\u00ed por qu\u00e9 entre el anuncio evang\u00e9lico y promoci\u00f3n del hombre hay una estrecha conexi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La aportaci\u00f3n de la Iglesia y de su obra evangelizadora al desarrollo de los pueblos abarca no s\u00f3lo el Sur del mundo, para combatir la miseria y el subdesarrollo, sino tambi\u00e9n el Norte, que est\u00e1 expuesto a la miseria moral y espiritual causada por el \u00ab superdesarrollo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2434\">112<\/a><\/sup>&nbsp;Una cierta modernidad arreligiosa, dominante en algunas partes del mundo, se basa sobre la idea de que, para hacer al hombre m\u00e1s hombre, baste enriquecerse y perseguir el crecimiento t\u00e9cnico-econ\u00f3mico. Pero un desarrollo sin alma no puede bastar al hombre, y el exceso de opulencia es nocivo para \u00e9l, como lo es el exceso de pobreza. El Norte del mundo ha construido un \u00ab modelo de desarrollo \u00bb y lo difunde en el Sur, donde el esp\u00edritu religioso y los valores humanos, all\u00ed presentes, corren el riesgo de ser inundados por la ola del consumismo. \u00ab Contra el hambre cambia la vida \u00bb es el lema surgido en ambientes eclesiales, que indica a los pueblos ricos el camino para convertirse en hermanos de los pobres; es necesario volver a una vida m\u00e1s austera que favorezca un nuevo modelo de desarrollo, atento a los valores \u00e9ticos y religiosos. La&nbsp;<em>actividad misionera&nbsp;<\/em>lleva a los pobres luz y aliento para un verdadero desarrollo, mientras que la&nbsp;<em>nueva evangelizaci\u00f3n&nbsp;<\/em>debe crear en los ricos, entre otras cosas, la conciencia de que ha llegado el momento de hacerse realmente hermanos de los pobres en la com\u00fan conversi\u00f3n hacia el \u00ab desarrollo integral \u00bb, abierto al Absoluto.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2435\">113<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La Caridad, fuente y criterio de la misi\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">60. \u00ab La Iglesia en todo el mundo \u2014dije en mi primera visita pastoral al Brasil\u2014 quiere ser la Iglesia de los pobres&#8230; quiere extraer toda la verdad contenida en las bienaventuranzas de Cristo y sobre todo en esta primera: &#8220;Bienaventurados los pobres de esp\u00edritu&#8230;&#8221;. Quiere ense\u00f1ar esta verdad y quiere ponerla en pr\u00e1ctica, igual que Jes\u00fas vino a hacer y ense\u00f1ar \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2436\">114<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las j\u00f3venes Iglesias que en su mayor\u00eda viven entre pueblos afligidos por una pobreza muy difundida, expresan a menudo esta preocupaci\u00f3n como parte integrante de su misi\u00f3n. La III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, despu\u00e9s de haber recordado el ejemplo de Jes\u00fas, escribe que \u00ab los pobres merecen una atenci\u00f3n preferencial, cualquiera que sea la situaci\u00f3n moral o personal en que se encuentren. Hechos a imagen y semejanza de Dios para ser sus hijos, esta imagen est\u00e1 ensombrecida y aun escarnecida. Por eso, Dios toma su defensa y los ama. Es as\u00ed como los pobres son los primeros destinatarios de la misi\u00f3n y su evangelizaci\u00f3n es por excelencia se\u00f1al y prueba de la misi\u00f3n de Jes\u00fas \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2437\">115<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fiel al esp\u00edritu de las bienaventuranzas, la Iglesia est\u00e1 llamada a compartir con los pobres y los oprimidos de todo tipo. Por esto, exhorto a todos los disc\u00edpulos de Cristo y a las comunidades cristianas, desde las familias a las di\u00f3cesis, desde las parroquias a los Institutos religiosos, a hacer una sincera revisi\u00f3n de la propia vida en el sentido de la solidaridad con los pobres. Al mismo tiempo, doy gracias a los misioneros quienes, con su presencia amorosa y su humilde servicio, trabajan por el desarrollo integral de la persona y de la sociedad por medio de escuelas, centros sanitarios, leproser\u00edas, casas de asistencia para minusv\u00e1lidos y ancianos, iniciativas para la promoci\u00f3n de la mujer y otras similares. Doy gracias a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a los laicos por su entrega. Tambi\u00e9n aliento a los voluntarios de Organizaciones no gubernamentales, cada d\u00eda m\u00e1s numerosos, los cuales se dedican a estas obras de caridad y de promoci\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, son estas numerosas \u00ab obras de caridad \u00bb las que atestiguan el esp\u00edritu de toda la actividad misionera:&nbsp;<em>El amor,&nbsp;<\/em>que es y sigue siendo la&nbsp;<em>fuerza de la misi\u00f3n,&nbsp;<\/em>y es tambi\u00e9n \u00ab el \u00fanico criterio seg\u00fan el cual todo debe hacerse y no hacerse, cambiarse y no cambiarse. Es el principio que debe dirigir toda acci\u00f3n y el fin al que debe tender. Actuando con caridad o inspirados por la caridad, nada es disconforme y todo es bueno \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2438\">116<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>CAP\u00cdTULO VI<br>RESPONSABLES Y AGENTES DE LA PASTORAL MISIONERA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">61. No se da testimonio sin testigos, como no existe misi\u00f3n sin misioneros. Para que colaboren en su misi\u00f3n y contin\u00faen su obra salv\u00edfica, Jes\u00fas escoge y env\u00eda a unas personas como testigos suyos y Ap\u00f3stoles: \u00ab Ser\u00e9is mis testigos en Jerusal\u00e9n, en toda Judea y Samar\u00eda, y hasta los confines de la tierra \u00bb (<em>Act<\/em>&nbsp;1, 8).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los Doce son los primeros agentes de la misi\u00f3n universal: constituyen un \u00ab sujeto colegial \u00bb de la misi\u00f3n, al haber sido escogidos por Jes\u00fas para estar con \u00e9l y ser enviados \u00ab a las ovejas perdidas de la casa de Israel \u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;10, 6<em>).&nbsp;<\/em>Esta colegialidad no impide que en el grupo se distingan figuras singularmente, como Santiago, Juan y, por encima de todos, Pedro, cuya persona asume tanto relieve que justifica la expresi\u00f3n: \u00ab Pedro y los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles \u00bb (<em>Act<\/em>&nbsp;2, 14. 37). Gracias a \u00e9l se abren los horizontes de la misi\u00f3n universal en la que posteriormente destacar\u00e1 Pablo, quien por voluntad divina fue llamado y enviado a los gentiles (cf.&nbsp;<em>G\u00e1l&nbsp;<\/em>1, 15-16).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la expansi\u00f3n misionera de los or\u00edgenes junto a los Ap\u00f3stoles encontramos a otros agentes menos conocidos que no deben olvidarse: son personas, grupos, comunidades. Un t\u00edpico ejemplo de Iglesia local es la comunidad de Antioqu\u00eda que de evangelizada, pasa a ser evangelizadora y env\u00eda sus misioneros a los gentiles (cf.&nbsp;<em>Act&nbsp;<\/em>13, 2-3). La Iglesia primitiva vive la misi\u00f3n como tarea comunitaria, aun reconociendo en su seno a \u00ab enviados especiales \u00bb o \u00ab misioneros consagrados a los gentiles \u00bb, como lo son Pablo y Bernab\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">62. Lo que se hizo al principio del cristianismo para la misi\u00f3n universal, tambi\u00e9n sigue siendo v\u00e1lido y urgente hoy.&nbsp;<em>La Iglesia es misionera por su propia naturaleza&nbsp;<\/em>ya que el mandato de Cristo no es algo contingente y externo, sino que alcanza al coraz\u00f3n mismo de la Iglesia. Por esto, toda la Iglesia y cada Iglesia es enviada a las gentes. Las mismas Iglesias m\u00e1s j\u00f3venes, precisamente \u00ab para que ese celo misionero florezca en los miembros de su patria \u00bb, deben participar \u00ab cuanto antes y de hecho en la misi\u00f3n universal de la Iglesia, enviando tambi\u00e9n ellas misioneros a predicar por todas las partes del mundo el Evangelio, aunque sufran escasez de clero \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2439\">117<\/a><\/sup>&nbsp;Muchas ya act\u00faan as\u00ed, y yo las aliento vivamente a continuar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este v\u00ednculo esencial de comuni\u00f3n entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares se desarrolla la aut\u00e9ntica y plena condici\u00f3n misionera. \u00ab En un mundo que, con la desaparici\u00f3n de las distancias, se hace cada vez m\u00e1s peque\u00f1o, las comunidades eclesiales deben relacionarse entre s\u00ed, intercambiarse energ\u00edas y medios, comprometerse aunadamente en la \u00fanica y com\u00fan misi\u00f3n de anunciar y de vivir el Evangelio&#8230; Las llamadas Iglesias m\u00e1s j\u00f3venes&#8230; necesitan la fuerza de las antiguas, mientras que \u00e9stas tienen necesidad del testimonio y del empuje de las m\u00e1s j\u00f3venes, de tal modo que cada Iglesia se beneficie de las riquezas de las otras Iglesias \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243A\">118<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Los primeros responsables de la actividad misionera<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">63. As\u00ed como el Se\u00f1or resucitado confiri\u00f3 al Colegio apost\u00f3lico encabezado por Pedro el mandato de la misi\u00f3n universal, as\u00ed esta responsabilidad incumbe al Colegio episcopal encabezado por el Sucesor de Pedro.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243B\">119<\/a><\/sup>&nbsp;Consciente de esta responsabilidad, en los encuentros con los Obispos siento el deber de compartirla, con miras tanto a la nueva evangelizaci\u00f3n como a la misi\u00f3n universal. Me he puesto en marcha por los caminos del mundo \u00ab para anunciar el Evangelio, para &#8220;confirmar a los hermanos&#8221; en la, fe, para consolar a la Iglesia, para encontrar al hombre. Son viajes de fe&#8230; Son otras tantas ocasiones de catequesis itinerante, de anuncio evang\u00e9lico para la prolongaci\u00f3n, en todas las latitudes, del Evangelio y del Magisterio apost\u00f3lico dilatado a las actuales esferas planetarias \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243C\">120<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mis hermanos Obispos son directamente responsables conmigo de la evangelizaci\u00f3n del mundo, ya sea como miembros del Colegio episcopal, ya sea como pastores de las Iglesias particulares. El Concilio Vaticano II dice al respecto: \u00ab El cuidado de anunciar el Evangelio en todo el mundo pertenece al Cuerpo de los Pastores, ya que a todos ellos, en com\u00fan, dio Cristo el mandato \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243D\">121<\/a><\/sup>&nbsp;El Concilio afirma tambi\u00e9n que los Obispos \u00ab han sido consagrados no s\u00f3lo para la salvaci\u00f3n de todo el mundo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243E\">122<\/a><\/sup>&nbsp;Esta responsabilidad colegial tiene consecuencias pr\u00e1cticas. Asimismo, \u00ab el S\u00ednodo de los Obispos, &#8230; entre los asuntos de importancia general, hab\u00eda de considerar especialmente la actividad misionera, deber supremo y sant\u00edsimo de la Iglesia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243F\">123<\/a><\/sup>&nbsp;La misma responsabilidad se refleja, en diversa medida, en las Conferencias Episcopales y en sus organismos a nivel continental, que por ello tienen que ofrecer su propia contribuci\u00f3n a la causa misionera.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243G\">124<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Amplio es tambi\u00e9n el deber misionero de cada Obispo, como pastor de una Iglesia particular. Compete a \u00e9l, \u00ab como rector y centro de la unidad en el apostolado diocesano, promover; dirigir y coordinar la actividad misionera&#8230; Procure, adem\u00e1s, que la actividad apost\u00f3lica no se limite s\u00f3lo a los convertidos, sino que se destine una parte conveniente de operarios y de recursos a la evangelizaci\u00f3n de los no cristianos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243H\">125<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">64. Toda Iglesia particular debe abrirse generosamente a las necesidades de las dem\u00e1s. La colaboraci\u00f3n entre las Iglesias, por medio de una reciprocidad real que las prepare a dar y a recibir, es tambi\u00e9n fuente de enriquecimiento para todas y abarca varios sectores de la vida eclesial. A este respecto, es ejemplar la declaraci\u00f3n de los Obispos en Puebla: \u00ab Finalmente, ha llegado para Am\u00e9rica Latina la hora &#8230; de proyectarse m\u00e1s all\u00e1 de sus propias fronteras,&nbsp;<em>ad gentes.&nbsp;<\/em>Es verdad que nosotros mismos necesitamos misioneros. Pero debemos dar desde nuestra pobreza \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243I\">126<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con este esp\u00edritu invito a los Obispos y a las Conferencias Episcopales a poner generosamente en pr\u00e1ctica todo lo que ha sido previsto en las&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cclergy\/documents\/rc_con_cclergy_doc_19800325_postquam-apostoli_sp.html\">Normas directivas<\/a>,&nbsp;<\/em>que la Congregaci\u00f3n para el Clero eman\u00f3 para la colaboraci\u00f3n entre las Iglesias particulares y, especialmente, para la mejor distribuci\u00f3n del clero en el mundo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243J\">127<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La misi\u00f3n de la Iglesia es m\u00e1s vasta que la \u00ab comuni\u00f3n entre las Iglesias \u00bb: \u00e9sta, adem\u00e1s de la ayuda para la nueva evangelizaci\u00f3n, debe tener sobre todo una orientaci\u00f3n con miras a la especifica \u00edndole misionera. Hago una llamada a todas las Iglesias, j\u00f3venes y antiguas, para que compartan esta preocupaci\u00f3n conmigo, favoreciendo el incremento de las vocaciones misioneras y tratando de superar las diversas dificultades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>&nbsp;Misioneros e Institutos \u00ab ad gentes \u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">65. Entre los agentes de la pastoral misionera, ocupan a\u00fan hoy, como en el pasado, un puesto de fundamental importancia aquellas personas e instituciones a las que el Decreto&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a>&nbsp;<\/em>dedica el cap\u00edtulo del t\u00edtulo: \u00ab Los misioneros \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243K\">128<\/a><\/sup>A este respecto, se impone ante todo, una profunda reflexi\u00f3n, para los misioneros mismos, que debido a los cambios de la misi\u00f3n pueden sentirse inclinados a no comprender ya el sentido de su vocaci\u00f3n, a no saber ya qu\u00e9 espera precisamente hoy de ellos la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Punto de referencia son estas palabras del Concilio: \u00ab Aunque a todo disc\u00edpulo de Cristo incumbe la tarea de propagar la fe seg\u00fan su condici\u00f3n, Cristo Se\u00f1or, de entre los disc\u00edpulos, llama siempre a los que quiere, para que lo acompa\u00f1en y para enviarlos a predicar a las gentes. Por lo cual, por medio del Esp\u00edritu Santo, que distribuye los carismas seg\u00fan quiere para com\u00fan utilidad, inspira la vocaci\u00f3n misionera en el coraz\u00f3n de cada uno y suscita al mismo tiempo en la Iglesia institutos que asuman como misi\u00f3n propia el deber de la evangelizaci\u00f3n, que pertenece a toda la Iglesia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243L\">129<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se trata, pues, de una \u00ab vocaci\u00f3n especial \u00bb, que tiene como modelo la de los Ap\u00f3stoles: se manifiesta en el compromiso total al servicio de la evangelizaci\u00f3n; se trata de una entrega que abarca a toda la persona y toda la vida del misionero, exigiendo de \u00e9l una donaci\u00f3n sin l\u00edmites de fuerzas y de tiempo. Quienes est\u00e1n dotados de tal vocaci\u00f3n, \u00ab enviados por la autoridad leg\u00edtima, se dirigen por la fe y obediencia a los que est\u00e1n alejados de Cristo, segregados para la obra a que han sido llamados, como ministros del Evangelio \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243M\">130<\/a><\/sup>&nbsp;Los misioneros deben meditar siempre sobre la correspondencia que requiere el don recibido por ellos y ponerse al d\u00eda en lo relativo a su formaci\u00f3n doctrinal y apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">66. Los Institutos misioneros, pues, deben emplear todos los recursos necesarios, poniendo a disposici\u00f3n su experiencia y creatividad con fidelidad al carisma originario, para preparar adecuadamente a los candidatos y asegurar el relevo de las energ\u00edas espirituales, morales y f\u00edsicas de sus miembros.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243N\">131<\/a><\/sup>&nbsp;Que \u00e9stos se sientan parte activa de la comunidad eclesial y que act\u00faen en comuni\u00f3n con la misma. De hecho, \u00ab todos los Institutos religiosos han nacido por la Iglesia y para ella; obligaci\u00f3n de los mismos es enriquecerla con sus propias caracter\u00edsticas en conformidad con su esp\u00edritu peculiar y su misi\u00f3n espec\u00edfica \u00bb y los mismos Obispos son custodios de esta fidelidad al carisma originarlo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243O\">132<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los Institutos misioneros generalmente han nacido en las Iglesias de antigua cristiandad e hist\u00f3ricamente han sido instrumentos de la Congregaci\u00f3n de&nbsp;<em>Propaganda Fide&nbsp;<\/em>para la difusi\u00f3n de la fe y la fundaci\u00f3n de nuevas Iglesias. Ellos acogen hoy de manera creciente candidatos provenientes de las j\u00f3venes Iglesias que han fundado, mientras nuevos Institutos han surgido precisamente en los pa\u00edses que antes recib\u00edan solamente misioneros y que hoy los env\u00edan. Es de alabar esta doble tendencia que demuestra la validez y la actualidad de la vocaci\u00f3n misionera espec\u00edfica de estos Institutos, que todav\u00eda \u00ab contin\u00faan siendo muy necesarios \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243P\">133<\/a><\/sup>&nbsp;no s\u00f3lo para la actividad misionera&nbsp;<em>ad gentes,&nbsp;<\/em>como es su tradici\u00f3n, sino tambi\u00e9n para la animaci\u00f3n misionera tanto en las Iglesias de antigua cristiandad, como en las m\u00e1s j\u00f3venes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La vocaci\u00f3n especial de los misioneros&nbsp;<em>ad vitam&nbsp;<\/em>conserva toda su validez: representa el paradigma del compromiso misionero de la Iglesia, que siempre necesita donaciones radicales y totales, impulsos nuevos y valientes Que los misioneros y misioneras, que han con sagrado toda la vida para dar testimonio del Resucitado entre las gentes, no se dejen atemorizar por dudas, incomprensiones, rechazos, persecuciones. Aviven la gracia de su carisma especifico y emprendan de nuevo con valent\u00eda su camino, prefiriendo \u2014con esp\u00edritu de fe obediencia y comuni\u00f3n con los propios Pastores\u2014 los lugares m\u00e1s humildes y dif\u00edciles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Sacerdotes diocesanos para la misi\u00f3n universal<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">67. Colaboradores del Obispo, los presb\u00edteros, en virtud del sacramento del Orden, est\u00e1n llamados a compartir la solicitud por la misi\u00f3n: \u00ab El don espiritual que los presb\u00edteros recibieron en la ordenaci\u00f3n no los prepara a una misi\u00f3n limitada y restringida, sino a&nbsp;<em>la misi\u00f3n universal y ampl\u00edsima de salvaci\u00f3n&nbsp;<\/em>&#8220;hasta los confines de la tierra&#8221;, pues cualquier ministerio sacerdotal participa de la misma amplitud universal de la misi\u00f3n confiada por Cristo a los Ap\u00f3stoles \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243Q\">134<\/a><\/sup>&nbsp;Por esto, la misma formaci\u00f3n de los candidatos al sacerdocio debe tender a darles \u00ab&nbsp;<em>un esp\u00edritu genuinamente cat\u00f3lico&nbsp;<\/em>que les habit\u00fae a mirar m\u00e1s all\u00e1 de los limites de la propia di\u00f3cesis, naci\u00f3n, rito y lanzarse en ayuda de las necesidades de toda la Iglesia con \u00e1nimo dispuesto para predicar el Evangelio en todas partes \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243R\">135<\/a><\/sup>&nbsp;Todos los sacerdotes deben de tener coraz\u00f3n y mentalidad misioneros, estar abiertos a las necesidades de la Iglesia y del mundo, atentos a los m\u00e1s alejados y, sobre todo, a los grupos no cristianos del propio ambiente. Que en la oraci\u00f3n y, particularmente, en el sacrificio eucar\u00edstico sientan la solicitud de toda la Iglesia por la humanidad entera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Especialmente los sacerdotes que se encuentran en \u00e1reas de minor\u00eda cristiana deben sentirse movidos por un celo especial y el compromiso misionero. El Se\u00f1or les conf\u00eda no s\u00f3lo el cuidado pastoral de la comunidad cristiana, sino tambi\u00e9n y sobre todo la evangelizaci\u00f3n de sus compatriotas que no forman parte de su grey. Los sacerdotes \u00ab no dejar\u00e1n adem\u00e1s de estar concretamente disponibles al Esp\u00edritu Santo y al Obispo, para ser enviados a predicar el Evangelio m\u00e1s all\u00e1 de los confines del propio pa\u00eds. Esto exigir\u00e1 en ellos no s\u00f3lo madurez en la vocaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n una capacidad no com\u00fan de desprendimiento de la propia patria, grupo \u00e9tnico y familia, y una particular idoneidad para insertarse en otras culturas, con inteligencia y respeto \u00bb.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243S\">136<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">68. En la Enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_21041957_fidei-donum.html\">Fidei donum<\/a>,&nbsp;<\/em>P\u00edo XII con intuici\u00f3n prof\u00e9tica, alent\u00f3 a los Obispos a ofrecer algunos de sus sacerdotes para un servicio temporal a las Iglesias de \u00c1frica, aprobando las iniciativas ya existentes al respecto. A veinticinco a\u00f1os de distancia, quise subrayar la gran novedad de aquel Documento, que ha hecho superar \u00ab la dimensi\u00f3n territorial del servicio sacerdotal para ponerlo a disposici\u00f3n de toda la Iglesia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243T\">137<\/a><\/sup>&nbsp;Hoy se ven confirmadas la validez y los frutos de esta experiencia; en efecto, los presb\u00edteros&nbsp;<em>llamados Fidei donum&nbsp;<\/em>ponen en evidencia de manera singular el v\u00ednculo de comuni\u00f3n entre las Iglesias, ofrecen una aportaci\u00f3n valiosa al crecimiento de comunidades eclesiales necesitadas, mientras encuentran en ellas frescor y vitalidad de fe. Es necesario, ciertamente, que el servicio misionero del sacerdote diocesano responda a algunos criterios y condiciones. Se deben enviar sacerdotes escogidos entre los mejores, id\u00f3neos y debidamente preparados para el trabajo peculiar que les espera.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243U\">138<\/a><\/sup>&nbsp;Deber\u00e1n insertarse en el nuevo ambiente de la Iglesia que los recibe con \u00e1nimo abierto y fraterno, y constituir\u00e1n un \u00fanico presbiterio con los sacerdotes del lugar, bajo la autoridad del Obispo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243V\">139<\/a><\/sup>&nbsp;Mi deseo es que el esp\u00edritu de servicio aumente en el presbiterio de las Iglesias antiguas y que sea promovido en el presbiterio de las Iglesias m\u00e1s j\u00f3venes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>&nbsp;Fecundidad misionera de la consagraci\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">69. En la inagotable y multiforme riqueza del Esp\u00edritu se sit\u00faan las vocaciones de los&nbsp;<em>Institutos de vida consagrada,&nbsp;<\/em>cuyos miembros, \u00ab dado que por su misma consagraci\u00f3n se dedican al servicio de la Iglesia &#8230; est\u00e1n obligados a contribuir de modo especial a la tarea misional, seg\u00fan el modo propio de su Instituto \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243W\">140<\/a><\/sup>&nbsp;La historia da testimonio de los grandes m\u00e9ritos de las Familias religiosas en la propagaci\u00f3n de la fe y en la formaci\u00f3n de nuevas Iglesias: desde las antiguas Instituciones mon\u00e1sticas, las Ordenes medievales y hasta las Congregaciones modernas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>a)&nbsp;<\/em>Siguiendo el Concilio, invito a los&nbsp;<em>Institutos de vida contemplativa&nbsp;<\/em>a establecer comunidades en las j\u00f3venes Iglesias, para dar \u00ab preclaro testimonio entre los no cristianos de la majestad y de la caridad de Dios, as\u00ed como de uni\u00f3n en Cristo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243X\">141<\/a><\/sup>&nbsp;Esta presencia es beneficiosa por doquiera en el mundo no cristiano, especial mente en aquellas regiones donde las religiones tienen en gran estima la vida contemplativa por medio de la ascesis y la b\u00fasqueda del Absoluto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>b)&nbsp;<\/em>A los&nbsp;<em>Institutos de vida activa&nbsp;<\/em>indico los inmensos espacios para la caridad, el anuncio evang\u00e9lico, la educaci\u00f3n cristiana, la cultura y la solidaridad con los pobres , los discriminados, los marginados y oprimidos. Estos Institutos, persigan o no un fin estrictamente misionero, se deben plantear la posibilidad y disponibilidad a extender su propia actividad para la expansi\u00f3n del Reino de Dios. Esta petici\u00f3n ha sido acogida en tiempos m\u00e1s recientes por no pocos Institutos, pero quisiera que se considerase mejor y se actuase con vistas a un aut\u00e9ntico servicio. La Iglesia debe dar a conocer los grandes valores evang\u00e9licos de que es portadora; y nadie los atestigua m\u00e1s eficazmente que quienes hacen profesi\u00f3n de vida consagrada en la castidad, pobreza y obediencia, con una donaci\u00f3n total a Dios y con plena disponibilidad a servir al hombre y a la sociedad, siguiendo el ejemplo de Cristo.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243Y\">142<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">70. Quiero dirigir unas palabras de especial gratitud a las religiosas misioneras, en quienes la virginidad por el Reino se traduce en m\u00faltiples frutos de maternidad seg\u00fan el esp\u00edritu. Precisamente la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes&nbsp;<\/em>les ofrece un campo vast\u00edsimo para \u00ab entregarse por amor de un modo total e indiviso \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%243Z\">143<\/a><\/sup>&nbsp;El ejemplo y la laboriosidad de la mujer virgen, consagrada a la caridad hacia Dios y el pr\u00f3jimo, especialmente el m\u00e1s pobre, son indispensables como signo evang\u00e9lico entre aquellos pueblos y culturas en que la mujer debe realizar todav\u00eda un largo camino en orden a su promoci\u00f3n humana y a su liberaci\u00f3n. Es de desear que muchas j\u00f3venes mujeres cristianas sientan el atractivo de entregarse a Cristo con generosidad, encontrando en su consagraci\u00f3n la fuerza y la alegr\u00eda para dar testimonio de \u00e9l entre los pueblos que a\u00fan no lo conocen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>&nbsp;Todos los laicos son misioneros en virtud del bautismo<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">71. Los Pont\u00edfices de la \u00e9poca m\u00e1s reciente han insistido mucho sobre la importancia del papel de los laicos en la actividad misionera.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2440\">144<\/a><\/sup>&nbsp;En la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a>,<\/em>&nbsp;tambi\u00e9n yo me he ocupado expl\u00edcitamente de la \u00ab perenne misi\u00f3n de llevar el Evangelio a cuantos \u2014y son millones y millones de hombres y mujeres\u2014 no conocen todav\u00eda a Cristo Redentor del hombre,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2441\">145<\/a><\/sup>&nbsp;y de la correspondiente responsabilidad de los fieles laicos. La misi\u00f3n es de todo el pueblo de Dios: aunque la fundaci\u00f3n de una nueva Iglesia requiere la Eucarist\u00eda y, consiguientemente, el ministerio sacerdotal, sin embargo la misi\u00f3n, que se desarrolla de diversas formas, es tarea de todos los fieles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La participaci\u00f3n de los laicos en la expansi\u00f3n de la fe aparece claramente, desde los primeros tiempos del cristianismo, por obra de los fieles y familias, y tambi\u00e9n de toda la comunidad. Esto lo recordaba ya el Papa P\u00edo XII, refiri\u00e9ndose a las vicisitudes de las misiones, en la primera Enc\u00edclica misionera sobre la historia de las misiones laicales.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2442\">146<\/a><\/sup>&nbsp;En los tiempos modernos no ha faltado la participaci\u00f3n activa de los misioneros laicos y de las misioneras laicas. \u00bfC\u00f3mo no recordar el importante papel desempe\u00f1ado por \u00e9stas, su trabajo en las familias, en las escuelas, en la vida pol\u00edtica, social y cultural y, en particular, su ense\u00f1anza de la doctrina cristiana? Es m\u00e1s, hay que reconocer \u2014y esto es un motivo de gloria\u2014 que algunas Iglesias han tenido su origen, gracias a la actividad de los laicos y de las laicas misioneros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Concilio Vaticano II ha confirmado esta tradici\u00f3n, poniendo de relieve el car\u00e1cter misionero de todo el Pueblo de Dios, concretamente el apostolado de los laicos,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2443\">147<\/a><\/sup>&nbsp;y subrayando la contribuci\u00f3n espec\u00edfica que \u00e9stos est\u00e1n llamados a dar en la actividad misionera.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2444\">148<\/a><\/sup>&nbsp;La necesidad de que todos los fieles compartan tal responsabilidad no es s\u00f3lo cuesti\u00f3n de eficacia apost\u00f3lica, sino de un deber-derecho basado en la dignidad bautismal, por la cual \u00ab los fieles laicos participan, seg\u00fan el modo que les es propio, en el triple oficio \u2014sacerdotal, prof\u00e9tico y real\u2014 de Jesucristo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2445\">149<\/a><\/sup>&nbsp;Ellos, por consiguiente, \u00ab tienen la obligaci\u00f3n general, y gozan del derecho, tanto personal como asociadamente, de trabajar para que el mensaje divino de salvaci\u00f3n sea conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo; obligaci\u00f3n que les apremia todav\u00eda m\u00e1s en aquellas circunstancias en las que s\u00f3lo a trav\u00e9s de ellos pueden los hombres o\u00edr el Evangelio y conocer a Jesucristo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2446\">150<\/a><\/sup>&nbsp;Adem\u00e1s, dada su propia \u00edndole secular, tienen la vocaci\u00f3n espec\u00edfica de \u00ab buscar el Reino de Dios tratando los asuntos temporales y orden\u00e1ndolos seg\u00fan Dios \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2447\">151<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">72. Los sectores de presencia y de acci\u00f3n misionera de los laicos son muy amplios. \u00ab El campo propio &#8230; es el mundo vasto y complejo de la pol\u00edtica, de lo social, de la econom\u00eda &#8230; \u00bb<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2448\">152<\/a><\/sup>&nbsp;a nivel local, nacional e internacional. Dentro de la Iglesia se presentan diversos tipos de servicios, funciones, ministerios y formas de animaci\u00f3n de la vida cristiana. Recuerdo, como novedad surgida recientemente en no pocas Iglesias, el gran desarrollo de los \u00ab Movimientos eclesiales \u00bb, dotados de dinamismo misionero. Cuando se integran con humildad en la vida de las Iglesias locales y son acogidos cordialmente por Obispos y sacerdotes en las estructuras diocesanas y parroquiales, los Movimientos representan un verdadero don de Dios para la nueva evangelizaci\u00f3n y para la actividad misionera propiamente dicha. Por tanto, recomiendo difundirlos y valerse de ellos para dar nuevo vigor, sobre todo entre los j\u00f3venes, a la vida cristiana y a la evangelizaci\u00f3n, con una visi\u00f3n pluralista de los modos de asociarse y de expresarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la actividad misionera hay que revalorar las varias agrupaciones del laicado, respetando su \u00edndole y finalidades: asociaciones del laicado misionero, organismos cristianos y hermandades de diverso tipo; que todos se entreguen a la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes&nbsp;<\/em>y la colaboraci\u00f3n con las Iglesias locales. De este modo se favorecer\u00e1 el crecimiento de un laicado maduro y responsable, cuya \u00ab formaci\u00f3n &#8230; se presenta en las j\u00f3venes Iglesias como elemento esencial e irrenunciable de la&nbsp;<em>plantatio Ecclesiae.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%2449\">153<\/a><\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La obra de los catequistas y la variedad de los ministerios<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">73. Entre los laicos que se hacen evangelizadores se encuentran en primera l\u00ednea los catequistas. El Decreto conciliar misionero los define como \u00ab esa legi\u00f3n tan benem\u00e9rita de la, obra de las misiones entre los gentiles \u00bb, los cuales, \u00ab llenos de esp\u00edritu apost\u00f3lico, prestan con grandes sacrificios una ayuda singular y enteramente necesaria para la expansi\u00f3n de la fe y de la Iglesia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244A\">154<\/a><\/sup>&nbsp;No sin raz\u00f3n las Iglesias m\u00e1s antiguas, al entregarse a una nueva evangelizaci\u00f3n, han incrementado el n\u00famero de catequistas e intensificado la catequesis. \u00ab El t\u00edtulo de &#8220;catequista&#8221; se aplica por excelencia a los catequistas de tierras de misi\u00f3n &#8230; Sin ellos no se habr\u00edan edificado Iglesias hoy d\u00eda florecientes \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244B\">155<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque ha habido un incremento de los, servicios eclesiales y extraeclesiales, el ministerio de los catequistas contin\u00faa siendo siempre necesario y tiene unas caracter\u00edsticas peculiares: los catequistas son agentes especializados, testigos directos, evangelizadores insustituibles, que representan la fuerza b\u00e1sica de las comunidades cristianas, especialmente en las Iglesias j\u00f3venes, como varias veces he afirmado y constatado en mis viajes misioneros. El nuevo C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico reconoce sus cometidos, cualidades y requisitos.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244C\">156<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero no se puede olvidar que el trabajo de los catequistas resulta cada vez m\u00e1s dif\u00edcil y exigente debido a los cambios eclesiales y culturales en curso. Es v\u00e1lido tambi\u00e9n en nuestros d\u00edas lo que el Concilio mismo suger\u00eda: una preparaci\u00f3n doctrinal y pedag\u00f3gica m\u00e1s cuidada, la constante renovaci\u00f3n espiritual y apost\u00f3lica. La necesidad de \u00ab procurar &#8230; una condici\u00f3n de vida decorosa y la seguridad social \u00bb a los catequistas.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244D\">157<\/a><\/sup>&nbsp;Igualmente, es importante favorecer la creaci\u00f3n y el potenciamiento de las escuelas para catequistas, que, aprobadas por las Conferencias Episcopales, otorguen t\u00edtulos oficialmente reconocidos por \u00e9stas \u00faltimas.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244E\">158<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">74. Adem\u00e1s de los catequistas, hay que recordar las dem\u00e1s formas de servicio a la vida de la Iglesia y a la misi\u00f3n, as\u00ed como otros agentes: animadores de la oraci\u00f3n, del canto y de la liturgia; responsables de comunidades eclesiales de base y de grupos b\u00edblicos; encargados de las obras caritativas; administradores de los bienes de la Iglesia; dirigentes de los diversos grupos y asociaciones apost\u00f3licas; profesores de religi\u00f3n en las escuelas. Todos los fieles laicos deben dedicar a la Iglesia parte de su tiempo, viviendo con coherencia la propia fe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Congregaci\u00f3n para la Evangelizaci\u00f3n de los Pueblos y otras estructuras para la actividad misionera<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">75. Los responsables y los agentes de la pastoral misionera deben sentirse unidos en la comuni\u00f3n que caracteriza al Cuerpo m\u00edstico. Por ello Cristo pidi\u00f3 en la \u00faltima cena: \u00ab Como t\u00fa, Padre, en m\u00ed y yo en ti, que ellos tambi\u00e9n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t\u00fa me has enviado \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;17, 21). En esta comuni\u00f3n est\u00e1 el fundamento de la fecundidad de la misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero la Iglesia es tambi\u00e9n una comuni\u00f3n visible y org\u00e1nica, y por esto la misi\u00f3n requiere igualmente una uni\u00f3n externa y ordenada entre las diversas responsabilidades y funciones, de manera que todos los miembros \u00ab dediquen sus esfuerzos con unanimidad a la edificaci\u00f3n de la Iglesia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244F\">159<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Corresponde al Dicasterio misional \u00ab dirigir y coordinar en todo el mundo la obra de evangelizaci\u00f3n de los pueblos y la cooperaci\u00f3n misionera, salvo la competencia de la Congregaci\u00f3n para las Iglesias Orientales \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244G\">160<\/a><\/sup>&nbsp;Por ello es de su competencia el que \u00ab forme y distribuya a los misioneros seg\u00fan las necesidades m\u00e1s urgentes de las regiones&#8230;, haga la planificaci\u00f3n, dicte normas, directrices y principios para la adecuada evangelizaci\u00f3n y d\u00e9 impulsos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244H\">161<\/a><\/sup>&nbsp;No puedo sino confirmar estas sabias disposiciones: para impulsar la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes&nbsp;<\/em>es necesario un centro de promoci\u00f3n, direcci\u00f3n y coordinaci\u00f3n como es la Congregaci\u00f3n para la Evangelizaci\u00f3n de los Pueblos. Invito, pues, a las Conferencias Episcopales y a sus organismos, a los Superiores Mayores de las Ordenes, Congregaciones e Institutos, a los organismos laicales comprometidos en la actividad misionera, a colaborar fielmente con dicha Congregaci\u00f3n, que tiene la autoridad necesaria para programar y dirigir la actividad y la cooperaci\u00f3n misionera a nivel universal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La misma Congregaci\u00f3n, que cuenta con una larga y gloriosa experiencia est\u00e1 llamada a desempe\u00f1ar un papel de primera importancia a nivel de reflexi\u00f3n, de programas operativos, de los cuales tiene necesidad la Iglesia para orientarse m\u00e1s decididamente hacia la misi\u00f3n en sus diversas formas. Para conseguir este fin, la Congregaci\u00f3n debe mantener una estrecha relaci\u00f3n con los otros Dicasterios de la Santa Sede, con las Iglesias particulares y con las fuerzas misioneras. En una eclesiolog\u00eda de comuni\u00f3n, en la que la Iglesia es toda ella misionera, pero al mismo tiempo se ven siempre como indispensables las vocaciones e instituciones espec\u00edficas para la labor&nbsp;<em>ad gentes,&nbsp;<\/em>sigue siendo muy importante el papel de gu\u00eda y coordinaci\u00f3n del Dicasterio misional para afrontar conjuntamente las grandes cuestiones de inter\u00e9s com\u00fan, salvo las competencias propias de cada autoridad y estructura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">76. Para la orientaci\u00f3n y coordinaci\u00f3n de la actividad misionera a nivel nacional y regional, son de gran importancia las Conferencias Episcopales y sus diversas agrupaciones. A ellas les pide el Concilio que \u00ab traten &#8230;, de com\u00fan acuerdo, los asuntos m\u00e1s graves y los problemas m\u00e1s urgentes, pero sin descuidar las diferencias locales \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244I\">162<\/a><\/sup>&nbsp;as\u00ed como el problema de la inculturaci\u00f3n. De hecho, existe ya una amplia y continuada acci\u00f3n en este campo y los frutos son visibles. Es una acci\u00f3n que debe ser intensificada y mejor concertada con la de otros organismos de las mismas Conferencias, de manera que la solicitud misionera no quede reducida a la direcci\u00f3n de un determinado sector u organismo, sino que sea compartida por todos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Que los mismos organismos e instituciones que se ocupan de la actividad misionera a\u00fanen oportunamente esfuerzos e iniciativas. Que las Conferencias de los Superiores Mayores tengan tambi\u00e9n este mismo objetivo en su \u00e1mbito, en contacto con las Conferencias Episcopales, seg\u00fan las indicaciones y normas establecidas,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244J\">163<\/a><\/sup>&nbsp;recurriendo incluso a comisiones mixtas.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244K\">164<\/a><\/sup>&nbsp;De modo an\u00e1logo, finalmente, hay que promover encuentros y formas de colaboraci\u00f3n entre las diferentes instituciones misioneras, ya sea para la formaci\u00f3n y el estudio,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244L\">165<\/a><\/sup>&nbsp;ya sea para la acci\u00f3n apost\u00f3lica que hay que desarrollar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>CAP\u00cdTULO VII<br>LA COOPERACI\u00d3N EN LA ACTIVIDAD MISIONERA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">77. Miembros de la Iglesia en virtud del bautismo, todos los cristianos son corresponsables de la actividad misionera. La participaci\u00f3n de las comunidades y de cada fiel en este derecho-deber se llama \u00ab cooperaci\u00f3n misionera \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal cooperaci\u00f3n se fundamenta y se vive, ante todo, mediante la uni\u00f3n personal con Cristo: s\u00f3lo si se est\u00e1 unido a \u00e9l, como el sarmiento a la vi\u00f1a (cf.&nbsp;<em>Jn&nbsp;<\/em>15, 5), se pueden producir buenos frutos. La santidad de vida permite a cada cristiano ser fecundo en la misi\u00f3n de la Iglesia: \u00ab El Concilio invita a todos a una profunda renovaci\u00f3n interior, a fin de que, teniendo viva conciencia de la propia responsabilidad en la difusi\u00f3n del Evangelio, acepten su participaci\u00f3n en la obra misionera entre los gentiles \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244M\">166<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La participaci\u00f3n en la misi\u00f3n universal no se reduce, pues, a algunas actividades particulares, sino que es signo de la madurez de la fe y de una vida cristiana que produce frutos. De esta manera el creyente ampl\u00eda los confines de su caridad, manifestando la solicitud por quienes est\u00e1n lejos y por quienes est\u00e1n cerca: ruega por las misiones y por las vocaciones misioneras, ayuda a los misioneros, sigue sus actividades con inter\u00e9s y, cuando regresan, los acoge con aquella alegr\u00eda con la que las primeras comunidades cristianas escuchaban de los Ap\u00f3stoles las maravillas que Dios hab\u00eda obrado mediante su predicaci\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Act<\/em>&nbsp;14, 27).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Oraci\u00f3n y sacrificios por los misioneros<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">78. Entre las formas de participaci\u00f3n, el primer lugar corresponde a la cooperaci\u00f3n espiritual: oraci\u00f3n, sacrificios, testimonio de vida cristiana. La oraci\u00f3n debe acompa\u00f1ar el camino de los misioneros, para que el anuncio de la Palabra resulte eficaz por medio de la gracia divina. San Pablo, en sus&nbsp;<em>Cartas,&nbsp;<\/em>pide a menudo a los fieles que recen por \u00e9l, para que pueda anunciar el Evangelio con confianza y franqueza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la oraci\u00f3n es necesario unir el sacrificio. El valor salv\u00edfico de todo sufrimiento, aceptado y ofrecido a Dios con amor, deriva del sacrificio de Cristo, que llama a los miembros de su Cuerpo m\u00edstico a unirse a sus padecimientos y completarlos en la propia carne (cf.&nbsp;<em>Col&nbsp;<\/em>1, 24). El sacrificio del misionero debe ser compartido y sostenido por el de todos los fieles. Por esto, recomiendo a quienes ejercen su ministerio pastoral entre los enfermos, que los instruyan sobre el valor del sufrimiento, anim\u00e1ndoles a ofrecerlo a Dios por los misioneros. Con tal ofrecimiento los enfermos se hacen tambi\u00e9n misioneros, como lo subrayan algunos movimientos surgidos entre ellos y para ellos. Incluso la misma solemnidad de Pentecost\u00e9s, inicio de la misi\u00f3n de la Iglesia, es celebrada en algunas comunidades como \u00ab Jornada del sufrimiento por las Misiones \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>\u00ab Heme aqu\u00ed, Se\u00f1or, estoy dispuesto, env\u00edame \u00bb (cf. Is 6, 8)<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">79. La cooperaci\u00f3n se manifiesta adem\u00e1s en el promover las vocaciones misioneras. A este respecto, hay que reconocer la validez de las diversas formas de actividad misionera; pero, al mismo tiempo, es necesario reafirmar la&nbsp;<em>prioridad de la donaci\u00f3n total y perpetua a la obra de las misiones,&nbsp;<\/em>especialmente en los Institutos y Congregaciones misioneras, masculinas y femeninas. La promoci\u00f3n de estas vocaciones es el coraz\u00f3n de la cooperaci\u00f3n: el anuncio del Evangelio requiere anunciadores, la mies necesita obreros, la misi\u00f3n se hace, sobre todo, con hombres y mujeres consagrados de por vida a la obra del Evangelio, dispuestos a ir por todo el mundo para llevar la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Deseo, por tanto, recordar y alentar esta&nbsp;<em>solicitud por las vocaciones misioneras.&nbsp;<\/em>Conscientes de la responsabilidad universal de los pueblos cristianos en contribuir a la obra misional y al desarrollo de los pueblos pobres, debemos preguntarnos por qu\u00e9 en varias naciones, mientras aumentan los donativos, se corre el peligro de que desaparezcan las vocaciones misioneras, las cuales reflejan la verdadera dimensi\u00f3n de la entrega a los hermanos. Las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada son un signo seguro de la vitalidad de una Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">80. Pensando en este grave problema, dirijo mi llamada, con particular confianza y afecto, a las familias y a los j\u00f3venes. Las familias y, sobre todo, los padres han de ser conscientes de que deben dar \u00ab una contribuci\u00f3n particular a la causa misionera de la Iglesia, cultivando las vocaciones misioneras entre sus hijos e hijas \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244N\">167<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una vida de oraci\u00f3n intensa, un sentido real del servicio al pr\u00f3jimo y una generosa participaci\u00f3n en las actividades eclesiales ofrecen a las familias las condiciones favorables para la vocaci\u00f3n de los j\u00f3venes. Cuando los padres est\u00e1n dispuestos a consentir que uno de sus hijos marche para la misi\u00f3n, cuando han pedido al Se\u00f1or esta gracia, \u00e9l los recompensar\u00e1, con gozo, el d\u00eda en que un hijo suyo o hija escuche su llamada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A los mismos j\u00f3venes ruego que escuchen la palabra de Cristo que les dice, igual que a Sim\u00f3n Pedro y Andr\u00e9s en la orilla del lago: \u00ab Venid conmigo, y os har\u00e9 pescadores de hombres \u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;4, 19<em>)<\/em>. Que los j\u00f3venes tengan la valent\u00eda de responder, igual que Isa\u00edas: \u00ab Heme aqu\u00ed, Se\u00f1or, estoy dispuesto, env\u00edame \u00bb (cf.&nbsp;<em>Is&nbsp;<\/em>6, 8). Ellos tendr\u00e1n ante s\u00ed una vida atrayente y experimentar\u00e1n la verdadera satisfacci\u00f3n de anunciar la \u00ab Buena Nueva \u00bb a los hermanos y hermanas, a quienes guiar\u00e1n por el camino de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>\u00ab Mayor felicidad hay en dar que en recibir \u00bb (Act 20, 35)<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">81. Son muchas las necesidades materiales y econ\u00f3micas de las misiones; no s\u00f3lo para fundar la Iglesia con estructuras m\u00ednimas (capillas, escuelas para catequistas y seminaristas, viviendas), sino tambi\u00e9n para sostener las obras de caridad, de educaci\u00f3n y promoci\u00f3n humana, campo inmenso de acci\u00f3n, especialmente en los pa\u00edses pobres. La Iglesia misionera da lo que recibe; distribuye a los pobres lo que sus hijos m\u00e1s pudientes en recursos materiales ponen generosamente a su disposici\u00f3n. A este respecto, deseo dar las gracias a todos aquellos que dan con sacrificio para la obra misionera; sus renuncias y su participaci\u00f3n son indispensables para construir la Iglesia y testimoniar la caridad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Respecto a las ayudas materiales es importante comprobar el esp\u00edritu con el que se da. Para ello, es necesario revisar el propio estilo de vida: las misiones no piden solamente ayuda, sino compartir el anuncio y la caridad para con los pobres. Todo lo que hemos recibido de Dios \u2014tanto la vida como los bienes materiales\u2014 no es nuestro sino que nos ha sido dado para usarlo. La generosidad en el dar debe estar siempre iluminada e inspirada por la fe: entonces s\u00ed que hay m\u00e1s alegr\u00eda en dar que en recibir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La&nbsp;<em>Jornada Misionera Mundial,&nbsp;<\/em>orientada a sensibilizar sobre el problema misionero, as\u00ed como a recoger donativos, es una cita importante en la vida de la Iglesia, porque ense\u00f1a c\u00f3mo se ha de dar:&nbsp;<em>en la&nbsp;<\/em>celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, esto es, como ofrenda a Dios, y para todas las misiones del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>&nbsp;Nuevas formas de cooperaci\u00f3n misionera<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">82. La cooperaci\u00f3n se abre hoy a&nbsp;<em>nuevas formas,&nbsp;<\/em>incluyendo no s\u00f3lo la ayuda econ\u00f3mica sino tambi\u00e9n la participaci\u00f3n directa.&nbsp;<em>Nuevas situaciones&nbsp;<\/em>relacionadas con el fen\u00f3meno de la movilidad humana exigen a los cristianos un aut\u00e9ntico esp\u00edritu misionero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El turismo a escala internacional es ya un fen\u00f3meno de masas positivo, si se practica con actitud respetuosa en orden a un mutuo enriquecimiento cultural, evitando ostentaciones y derroches, y buscando la comunicaci\u00f3n humana. Pero a los cristianos se les exige sobre todo la conciencia de deber ser siempre testigos de la fe y de la caridad en Cristo. Tambi\u00e9n el conocimiento directo de la vida misionera y de las comunidades cristianas puede enriquecer y dar vigor a la fe. Son encomiables las visitas a las misiones, sobre todo por parte de los j\u00f3venes, que van para prestar un servicio y tener una experiencia fuerte de vida cristiana<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las exigencias del trabajo llevan hoy a numerosos cristianos de j\u00f3venes comunidades a regiones donde el cristianismo es desconocido y, a veces, proscrito o perseguido. Esto pasa tambi\u00e9n con los fieles de pa\u00edses de antigua tradici\u00f3n cristiana, que trabajan temporalmente en pa\u00edses no cristianos. Estas circunstancias son ciertamente una ocasi\u00f3n para vivir y testimoniar la fe. Durante los primeros siglos, el cristianismo se difundi\u00f3 sobre todo porque los cristianos, viajando o estableci\u00e9ndose en regiones donde Cristo no hab\u00eda sido anunciado, testimoniaban con valent\u00eda su fe y fundaban all\u00ed las primeras comunidades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s numerosos son los ciudadanos de pa\u00edses de misi\u00f3n y los que pertenecen a regiones no cristianas, que van a establecerse en otras naciones por motivos de trabajo, de estudio, o bien obligados por las condiciones pol\u00edticas o econ\u00f3micas de sus lugares de origen. La presencia de estos hermanos en los pa\u00edses de antigua tradici\u00f3n cristiana es un desaf\u00edo para las comunidades eclesiales, anim\u00e1ndolas a la acogida, al di\u00e1logo, al servicio, a compartir, al testimonio y al anuncio directo. De hecho, tambi\u00e9n en los pa\u00edses cristianos se forman grupos humanos y culturales que exigen la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes.&nbsp;<\/em>Las Iglesias locales, con la ayuda de personas provenientes de los pa\u00edses de los emigrantes y de misioneros que hayan regresado, deben ocuparse generosamente de estas situaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La cooperaci\u00f3n puede implicar tambi\u00e9n a los responsables de la pol\u00edtica, de la econom\u00eda de la cultura, del periodismo, adem\u00e1s de los expertos de los diversos Organismos internacionales. En el mundo moderno es cada vez m\u00e1s dif\u00edcil trazar l\u00edneas de demarcaci\u00f3n geogr\u00e1fica y cultural; se da una creciente interdependencia entre los pueblos, lo cual es un est\u00edmulo para el testimonio cristiano y para la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Animaci\u00f3n y formaci\u00f3n del Pueblo de Dios<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">83. La formaci\u00f3n misionera del Pueblo de Dios es obra de la Iglesia local con la ayuda de los misioneros y de sus Institutos, as\u00ed como de los miembros de las Iglesias j\u00f3venes. Esta labor ha de ser entendida no como algo marginal, sino central en la vida cristiana. Para la misma \u00ab nueva evangelizaci\u00f3n \u00bb de los pueblos cristianos, el tema misionero puede ser de gran ayuda: en efecto, el testimonio de los misioneros conserva su atractivo incluso para los alejados y los no creyentes, y es transmisor de valores cristianos. Las Iglesias locales, por consiguiente, han de incluir la animaci\u00f3n misionera como elemento primordial de su pastoral ordinaria en las parroquias, asociaciones y grupos, especialmente los juveniles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para conseguir este fin, es valiosa ante todo la informaci\u00f3n mediante la prensa misionera y los diversos medios audiovisuales. Su papel es de gran importancia en cuanto ayudan a conocer la vida de la Iglesia universal, las voces y la experiencia de los misioneros y de las Iglesias locales donde ellos trabajan. Conviene que en las Iglesias m\u00e1s j\u00f3venes, que no est\u00e1n a\u00fan en condiciones de poseer una prensa y otros instrumentos, los Institutos misioneros destinen personal y medios para estas iniciativas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para esta formaci\u00f3n est\u00e1n llamados los sacerdotes y sus colaboradores, los educadores y profesores, los te\u00f3logos, particularmente los que ense\u00f1an en los seminarios y en los centros para laicos. La ense\u00f1anza teol\u00f3gica no puede ni debe prescindir de la misi\u00f3n universal de la Iglesia, del ecumenismo, del estudio de las grandes religiones y de la misionolog\u00eda. Recomiendo que sobre todo en los Seminarios y en las Casas de formaci\u00f3n para religiosos y religiosas se lleven a cabo tales estudios, procurando que algunos sacerdotes, o alumnos y alumnas, se especialicen en los diversos campos de las ciencias misionol\u00f3gicas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las actividades de animaci\u00f3n deben orientarse siempre hacia sus fines espec\u00edficos: informar y formar al Pueblo de Dios para la misi\u00f3n universal de la Iglesia; promover vocaciones&nbsp;<em>ad<\/em>&nbsp;<em>gentes;&nbsp;<\/em>suscitar cooperaci\u00f3n para la evangelizaci\u00f3n. En efecto, no se puede dar una imagen reductiva de la actividad misionera, como si fuera principalmente ayuda a los pobres, contribuci\u00f3n a la liberaci\u00f3n de los oprimidos, promoci\u00f3n del desarrollo, defensa de los derechos humanos. La Iglesia misionera est\u00e1 comprometida tambi\u00e9n en estos frentes, pero su cometido primario es otro: los pobres tienen hambre de Dios, y no s\u00f3lo de pan y libertad; la actividad misionera ante todo ha de testimoniar y anunciar la salvaci\u00f3n en Cristo, fundando las Iglesias locales que son luego instrumento de liberaci\u00f3n en todos los sentidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La responsabilidad primaria de las Obras Misionales Pontificias<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">84. En esta obra de animaci\u00f3n el cometido primario corresponde a las&nbsp;<em>Obras Misionales Pontificias,&nbsp;<\/em>como he afirmado varias veces en los Mensajes para la Jornada Mundial de las Misiones. Las cuatro Obras \u2014Propagaci\u00f3n de la Fe, San Pedro Ap\u00f3stol, Santa Infancia y Uni\u00f3n Misional\u2014 tienen en com\u00fan el objetivo de promover el esp\u00edritu misionero universal en el Pueblo de Dios. La Uni\u00f3n Misional tiene como fin inmediato y espec\u00edfico la sensibilizaci\u00f3n y formaci\u00f3n misionera de los sacerdotes, religiosos y religiosas que, a su vez, deben cultivarla en las comunidades cristianas; adem\u00e1s, trata de promover otras Obras, de las que ella es el alma.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244O\">168<\/a><\/sup>&nbsp;\u00ab La consigna ha de ser \u00e9sta: Todas las Iglesias para la conversi\u00f3n de todo el mundo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244P\">169<\/a><\/sup>&nbsp;Estas Obras, por ser del Papa y del Colegio Episcopal, incluso en el \u00e1mbito de las Iglesias particulares, \u00ab deben ocupar con todo derecho el primer lugar, pues son medios para difundir entre los cat\u00f3licos, desde la infancia, el sentido verdaderamente universal y misionero, y para estimular la recogida eficaz de subsidios en favor de todas las misiones , seg\u00fan las necesidades de cada una \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244Q\">170<\/a><\/sup>&nbsp;Otro objetivo de las Obras Misionales es suscitar vocaciones&nbsp;<em>ad gentes<\/em>&nbsp;y de por vida, tanto en las Iglesias antiguas como en las m\u00e1s j\u00f3venes. Recomiendo vivamente que se oriente cada vez m\u00e1s a este fin su servicio de animaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el ejercicio de sus actividades, estas Obras dependen, a nivel universal, de la Congregaci\u00f3n para la Evangelizaci\u00f3n de los Pueblos y, a nivel local, de las Conferencias Episcopales y de los Obispos en cada Iglesia particular, colaborando con los centros de animaci\u00f3n existentes: ellas llevan al mundo cat\u00f3lico el esp\u00edritu de universalidad y de servicio a la misi\u00f3n, sin el cual no existe aut\u00e9ntica cooperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>No s\u00f3lo dar a la misi\u00f3n, sino tambi\u00e9n recibir<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">85. Cooperar con las misiones quiere decir no s\u00f3lo dar, sino tambi\u00e9n saber recibir: todas las Iglesias particulares, j\u00f3venes o antiguas, est\u00e1n llamadas a dar y a recibir en favor de la misi\u00f3n universal y ninguna deber\u00e1 encerrarse en s\u00ed misma: \u00ab En virtud de esta catolicidad \u2014dice el Concilio\u2014, cada una de las partes colabora con sus dones propios con las restantes partes y con toda la Iglesia, de tal modo que el todo y cada una de las partes aumenten a causa de todos los que mutuamente se comunican y tienden a la plenitud en la unidad &#8230; De aqu\u00ed se derivan&#8230; entre las diversas partes de la Iglesia, unos v\u00ednculos de \u00edntima comuni\u00f3n en lo que respecta a riquezas espirituales, obreros apost\u00f3licos y ayudas temporales \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244R\">171<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Exhorto a todas las Iglesias, a los Pastores, sacerdotes, religiosos y fieles a&nbsp;<em>abrirse a la universalidad de la Iglesia,&nbsp;<\/em>evitando cualquier forma de particularismo, exclusivismo o sentimiento de autosuficiencia. Las Iglesias locales, aunque arraigadas en su pueblo y en su cultura, sin embargo deben mantener concretamente este sentido universal de la fe, es decir, dando y recibiendo de las otras Iglesias dones espirituales, experiencias pastorales del primer anuncio y de evangelizaci\u00f3n, personal apost\u00f3lico y medios materiales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, la tendencia a cerrarse puede ser fuerte: las Iglesias antiguas, comprometidas en la nueva evangelizaci\u00f3n, piensan que la misi\u00f3n han de realizarla en su propia casa, y corren el riesgo de frenar el impulso hacia el mundo no cristiano, concediendo no de buena gana las vocaciones a los Institutos misioneros, a las Congregaciones religiosas y a las dem\u00e1s Iglesias. Sin embargo, es dando generosamente de lo nuestro como recibiremos; y ya hoy las Iglesias j\u00f3venes \u2014no pocas de las cuales experimentan un prodigioso florecimiento de vocaciones\u2014 son capaces de enviar sacerdotes, religiosos y religiosas a las antiguas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por otra parte, estas Iglesias j\u00f3venes sienten el problema de la propia identidad, de la inculturaci\u00f3n, de la libertad de crecer sin influencias externas, con la posible consecuencia de cerrar las puertas a los misioneros. A estas Iglesias les digo: lejos de aislaros, acoged abiertamente a misioneros y medios de las otras Iglesias y enviadlos tambi\u00e9n vosotras mismas al mundo. Precisamente por los problemas que os angustian ten\u00e9is necesidad de manteneros en continua comunicaci\u00f3n con los hermanos y hermanas en la fe. Haced valer por todos los medios leg\u00edtimos las libertades a las que ten\u00e9is derecho, acord\u00e1ndoos de que los disc\u00edpulos de Cristo tienen el deber de \u00ab obedecer a Dios antes que a los hombres \u00bb (<em>Act<\/em>&nbsp;5, 29).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Dios prepara una nueva primavera del Evangelio<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">86. Si se mira superficialmente a nuestro mundo, impresionan no pocos hechos negativos que pueden llevar al pesimismo. Mas \u00e9ste es un sentimiento injustificado: tenemos fe en Dios Padre y Se\u00f1or, en su bondad y misericordia. En la proximidad del tercer milenio de la Redenci\u00f3n, Dios est\u00e1 preparando una gran primavera cristiana, de la que ya se vislumbra su comienzo. En efecto, tanto en el mundo no cristiano como en el de antigua tradici\u00f3n cristiana, existe un progresivo acercamiento de los pueblos a los ideales y a los valores evang\u00e9licos, que la Iglesia se esfuerza en favorecer. Hoy se manifiesta una nueva convergencia de los pueblos hacia estos valores: el rechazo de la violencia y de la guerra; el respeto de la persona humana y de sus derechos; el deseo de libertad, de justicia y de fraternidad; la tendencia a superar los racismos y nacionalismos; el afianzamiento de la dignidad y la valoraci\u00f3n de la mujer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La esperanza cristiana nos sostiene en nuestro compromiso a fondo para la nueva evangelizaci\u00f3n y para la misi\u00f3n universal, y nos lleva a pedir como Jes\u00fas nos ha ense\u00f1ado: \u00ab Venga tu reino, h\u00e1gase tu voluntad en la tierra como en el cielo \u00bb (<em>Mt&nbsp;<\/em>6, 10).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los hombres que esperan a Cristo son todav\u00eda un n\u00famero inmenso: los \u00e1mbitos humanos y culturales, que a\u00fan no han recibido el anuncio evang\u00e9lico o en los cuales la Iglesia esta escasamente presente, son tan vastos, que requieren la unidad de todas las fuerzas. Al prepararse a celebrar el jubileo del a\u00f1o dos mil, toda la Iglesia est\u00e1 comprometida todav\u00eda m\u00e1s en el nuevo adviento misionero. Hemos de fomentar en nosotros el af\u00e1n apost\u00f3lico por transmitir a los dem\u00e1s la luz y la gloria de la fe, y para este ideal debemos educar a todo el Pueblo de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No podemos permanecer tranquilos si pensamos en los millones de hermanos y hermanas nuestros, redimidos tambi\u00e9n por la sangre de Cristo, que viven sin conocer el amor de Dios. Para el creyente, en singular, lo mismo que para toda la Iglesia, la causa misionera debe ser la primera, porque concierne al destino eterno de los hombres y responde al designio misterioso y misericordioso de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>CAP\u00cdTULO VIII<br>ESPIRITUALIDAD MISIONERA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">87. La actividad misionera exige una espiritualidad espec\u00edfica, que concierne particularmente a quienes Dios ha llamado a ser misioneros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Dejarse guiar por el Esp\u00edritu<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta espiritualidad se expresa, ante todo , viviendo con plena docilidad al Esp\u00edritu; ella compromete a dejarse plasmar interiormente por \u00e9l, para hacerse cada vez m\u00e1s semejantes a Cristo. No se puede dar testimonio de Cristo sin reflejar su imagen, la cual se hace viva en nosotros por la gracia y por obra del Esp\u00edritu. La docilidad al Esp\u00edritu compromete adem\u00e1s a acoger los dones de fortaleza y discernimiento, que son rasgos esenciales de la espiritualidad misionera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es emblem\u00e1tico el caso de los Ap\u00f3stoles , quienes durante la vida p\u00fablica del Maestro, no obstante su amor por \u00e9l y la generosidad de la respuesta a su llamada, se mostraron incapaces de comprender sus palabras y fueron reacios a seguirle en el camino del sufrimiento y de la humillaci\u00f3n. El Esp\u00edritu los transformar\u00e1 en testigos valientes de Cristo y preclaros anunciadores de su palabra: ser\u00e1 el Esp\u00edritu quien los conducir\u00e1 por los caminos arduos y nuevos de la misi\u00f3n, siguiendo sus decisiones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n la misi\u00f3n sigue siendo dif\u00edcil y compleja como en el pasado y exige igualmente la valent\u00eda y la luz del Esp\u00edritu. Vivimos frecuentemente el drama de la primera comunidad cristiana, que ve\u00eda c\u00f3mo fuerzas incr\u00e9dulas y hostiles se aliaban \u00ab contra el Se\u00f1or y contra su Ungido \u00bb (<em>Act<\/em>&nbsp;4, 26). Como entonces, hoy conviene orar para que Dios nos conceda la libertad de proclamar el Evangelio; conviene escrutar las v\u00edas misteriosas del Esp\u00edritu y dejarse guiar por \u00e9l hasta la verdad completa (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;16, 13) .<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Vivir el misterio de Cristo \u00ab enviado \u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">88. Nota esencial de la espiritualidad misionera es la comuni\u00f3n \u00edntima con Cristo: no se puede comprender y vivir la misi\u00f3n si no es con referencia a Cristo, en cuanto enviado a evangelizar. Pablo describe sus actitudes: \u00ab Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo: El cual, siendo de condici\u00f3n divina, no retuvo \u00e1vidamente el ser igual a Dios. Sino que se despoj\u00f3 de si mismo tomando la condici\u00f3n de siervo, haci\u00e9ndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como un hombre; y se humill\u00f3 a si mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz \u00bb (Flp 2, 5-8).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se describe aqu\u00ed el misterio de la Encarnaci\u00f3n y de la Redenci\u00f3n, como despojamiento total de s\u00ed, que lleva a Cristo a vivir plenamente la condici\u00f3n humana y a obedecer hasta el final el designio del Padre. Se trata de un anonadamiento que, no obstante, est\u00e1 impregnado de amor y expresa el amor. La misi\u00f3n recorre este mismo camino y tiene su punto de llegada a los pies de la cruz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al misionero se le pide \u00ab renunciarse a s\u00ed mismo y a todo lo que tuvo hasta entonces y a hacerse todo para todos \u00bb:&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244S\">172<\/a><\/sup>&nbsp;en la pobreza que lo deja libre para el Evangelio; en el desapego de personas y bienes del propio ambiente, para hacerse as\u00ed hermano de aquellos a quienes es enviado y llevarles a Cristo Salvador. A esto se orienta la espiritualidad del misionero: \u00ab Me he hecho d\u00e9bil con los d\u00e9biles &#8230; Me he hecho todo para todos, para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio \u00bb (<em>1 Cor<\/em>&nbsp;9, 22-23).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Precisamente porque es \u00ab enviado \u00bb, el misionero experimenta la presencia consoladora de Cristo, que lo acompa\u00f1a en todo momento de su vida. \u00ab No tengas miedo &#8230; porque yo estoy contigo \u00bb (<em>Act<\/em>&nbsp;18, 9-10). Cristo lo espera en el coraz\u00f3n de cada hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Amar a la Iglesia y a los hombres como Jes\u00fas los ha amado<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">89. La espiritualidad misionera se caracteriza adem\u00e1s, por la caridad apost\u00f3lica; la de Cristo que vino \u00ab para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;11, 52); Cristo, Buen Pastor que conoce sus ovejas, las busca y ofrece su vida por ellas (cf.&nbsp;<em>Jn&nbsp;<\/em>10). Quien tiene esp\u00edritu misionero siente el ardor de Cristo por las almas y ama a la Iglesia, como Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El misionero se mueve a impulsos del \u00ab celo por las almas \u00bb, que se inspira en la caridad misma de Cristo y que est\u00e1 hecha de atenci\u00f3n, ternura, compasi\u00f3n, acogida, disponibilidad, inter\u00e9s por los problemas de la gente. El amor de Jes\u00fas es muy profundo: \u00e9l, que \u00ab conoc\u00eda lo que hay en el hombre \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;2, 25), amaba a todos ofreci\u00e9ndoles la redenci\u00f3n, y sufr\u00eda cuando \u00e9sta era rechazada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El misionero es el hombre de la caridad: para poder anunciar a todo hombre que es amado por Dios y que \u00e9l mismo puede amar, debe dar testimonio de caridad para con todos, gastando la vida por el pr\u00f3jimo. EL misionero es el \u00ab hermano universal \u00bb; lleva consigo el esp\u00edritu de la Iglesia, su apertura y atenci\u00f3n a todos los pueblos y a todos los hombres, particularmente a los m\u00e1s peque\u00f1os y pobres. En cuanto tal, supera las fronteras y las divisiones de raza, casta e ideolog\u00eda: es signo del amor de Dios en el mundo, que es amor sin exclusi\u00f3n ni preferencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por \u00faltimo, lo mismo que Cristo, \u00e9l debe amar a la Iglesia: \u00ab Cristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 a si mismo por ella \u00bb (<em>Ef<\/em>&nbsp;5, 25). Este amor, hasta dar la vida, es para el misionero un punto de referencia. S\u00f3lo un amor profundo por la Iglesia puede sostener el celo del misionero; su preocupaci\u00f3n cotidiana \u2014como dice san Pablo\u2014 es \u00ab la solicitud por todas las Iglesias \u00bb (2&nbsp;<em>Cor&nbsp;<\/em>11, 28). Para todo misionero y toda comunidad \u00ab la fidelidad a Cristo no puede separarse de la fidelidad a la Iglesia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244T\">173<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El verdadero misionero es el santo<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">90. La llamada a la misi\u00f3n deriva de por s\u00ed de la llamada a la santidad. Cada misionero, lo es aut\u00e9nticamente si se esfuerza en el camino de la santidad: \u00ab La santidad es un presupuesto fundamental y una condici\u00f3n insustituible para realizar la misi\u00f3n salv\u00edfica de la Iglesia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244U\">174<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La vocaci\u00f3n universal a la santidad&nbsp;<\/em>est\u00e1 estrechamente unida a la&nbsp;<em>vocaci\u00f3n universal a la misi\u00f3n.&nbsp;<\/em>Todo fiel est\u00e1 llamado a la santidad y a la misi\u00f3n. Esta ha sido la ferviente voluntad del Concilio al desear, \u00ab con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia, iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244V\">175<\/a><\/sup>&nbsp;La espiritualidad misionera de la Iglesia es un camino hacia la santidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El renovado impulso hacia la misi\u00f3n&nbsp;<em>ad gentes&nbsp;<\/em>exige misioneros santos. No basta renovar los m\u00e9todos pastorales, ni organizar y coordinar mejor las fuerzas eclesiales, ni explorar con mayor agudeza los fundamentos b\u00edblicos y teol\u00f3gicos de la fe: es necesario suscitar un nuevo \u00ab anhelo de santidad \u00bb entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana, particularmente entre aquellos que son los colaboradores m\u00e1s \u00edntimos de los misioneros.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244W\">176<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pensemos, queridos hermanos y hermanas, en el empuje misionero de las primeras comunidades cristianas. A pesar de la escasez de medios de transporte y de comunicaci\u00f3n de entonces, el anuncio evang\u00e9lico lleg\u00f3 en breve tiempo a los confines del mundo. Y se trataba de la religi\u00f3n de un hombre muerto en cruz, \u00ab esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos, necedad para los gentiles \u00bb (<em>1 Cor&nbsp;<\/em>1, 23). En la base de este dinamismo misionero estaba la santidad de los primeros cristianos y de las primeras comunidades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">91. Me dirijo, por tanto, a los bautizados de las comunidades j\u00f3venes y de las Iglesias j\u00f3venes. Hoy sois vosotros la esperanza de nuestra Iglesia, que tiene dos mil a\u00f1os: siendo j\u00f3venes en la fe, deb\u00e9is ser como los primeros cristianos e irradiar entusiasmo y valent\u00eda, con generosa entrega a Dios y al pr\u00f3jimo; en una palabra, deb\u00e9is tomar el camino de la santidad. S\u00f3lo de esta manera podr\u00e9is ser signos de Dios en el mundo y revivir en vuestros pa\u00edses la epopeya misionera de la Iglesia primitiva. Y ser\u00e9is tambi\u00e9n fermento de esp\u00edritu misionero para las Iglesias m\u00e1s antiguas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por su parte, los misioneros reflexionen sobre el deber de ser santos, que el don de la vocaci\u00f3n les pide, renovando constantemente su esp\u00edritu y actualizando tambi\u00e9n su formaci\u00f3n doctrinal y pastoral. El misionero ha de ser un \u00ab contemplativo en acci\u00f3n \u00bb. El halla respuesta a los problemas a la luz de la Palabra de Dios y con la oraci\u00f3n personal y comunitaria. El contacto con los representantes de las tradiciones espirituales no cristianas, en particular, las de Asia, me ha corroborado que el futuro de la misi\u00f3n depende en gran parte de la contemplaci\u00f3n. El misionero, sino es contemplativo, no puede anunciar a Cristo de modo cre\u00edble. El misionero es un testigo de la experiencia de Dios y debe poder decir como los Ap\u00f3stoles: \u00ab Lo que contemplamos &#8230; acerca de la Palabra de vida &#8230;, os lo anunciamos \u00bb (<em>1 Jn&nbsp;<\/em>1, 1-3).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El misionero es el hombre de las Bienaventuranzas. Jes\u00fas instruye a los Doce, antes de mandarlos a evangelizar, indic\u00e1ndoles los caminos de la misi\u00f3n: pobreza, mansedumbre, aceptaci\u00f3n de los sufrimientos y persecuciones, deseo de justicia y de paz, caridad; es decir, les indica precisamente las Bienaventuranzas, practicadas en la vida apost\u00f3lica (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;5, 1-12). Viviendo las Bienaventuranzas el misionero experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que \u00e9l lo ha acogido. La caracter\u00edstica de toda vida misionera aut\u00e9ntica es la alegr\u00eda interior, que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al pesimismo, el anunciador de la \u00ab Buena Nueva \u00bb ha de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>CONCLUSI\u00d3N<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">92. Nunca como hoy la Iglesia ha tenido la oportunidad de hacer llegar el Evangelio, con el testimonio y la palabra, a todos los hombres y a todos los pueblos. Veo amanecer una nueva \u00e9poca misionera, que llegar\u00e1 a ser un d\u00eda radiante y rica en frutos, si todos los cristianos y, en particular, los misioneros y las j\u00f3venes Iglesias responden con generosidad y santidad a las solicitaciones y desaf\u00edos de nuestro tiempo. Como los Ap\u00f3stoles despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n de Cristo, la Iglesia debe reunirse en el Cen\u00e1culo con \u00ab Mar\u00eda, la madre de Jes\u00fas \u00bb (<em>Act&nbsp;<\/em>1, 14), para implorar el Esp\u00edritu y obtener fuerza y valor para cumplir el mandato misionero. Tambi\u00e9n nosotros, mucho m\u00e1s que los Ap\u00f3stoles, tenemos necesidad de ser transformados y guiados por el Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En v\u00edsperas del tercer milenio, toda la Iglesia es invitada a vivir m\u00e1s profundamente el misterio de Cristo, colaborando con gratitud en la obra de la salvaci\u00f3n. Esto lo hace con Mar\u00eda y como Mar\u00eda, su madre y modelo: es ella, Mar\u00eda, el ejemplo de aquel amor maternal que es necesario que est\u00e9n animados todos aquellos que, en la misi\u00f3n apost\u00f3lica de la Iglesia, cooperan a la regeneraci\u00f3n de los hombres. Por esto, \u00ab la Iglesia, confortada por la presencia de Cristo, camina en el tiempo hacia la consumaci\u00f3n de los siglos y va al encuentro del Se\u00f1or que llega. Pero en este camino &#8230; procede recorriendo de nuevo el&nbsp;<em>itinerario&nbsp;<\/em>realizado por la Virgen Mar\u00eda \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244X\">177<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la \u00ab mediaci\u00f3n de Mar\u00eda, orientada plenamente hacia Cristo y encaminada a la revelaci\u00f3n de su poder salv\u00edfico \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#%244Y\">178<\/a><\/sup>&nbsp;conf\u00edo la Iglesia y, en particular, aquellos que se dedican a cumplir el mandato misionero en el mundo de hoy. Como Cristo envi\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, as\u00ed, mientras renuevo el mismo mandato, imparto a todos vosotros la Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica, en el nombre de la Sant\u00edsima Trinidad. Am\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Dado en Roma, junto a San Pedro, el d\u00eda 7 de diciembre, XXV aniversario del Decreto conciliar&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a>, del a\u00f1o 1990, decimotercero de mi Pontificado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>IOANNES PAULUS PP. II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1\">1<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Pablo VI,&nbsp;<em>Mensaje para la Jornada Misionera Mundial 72<\/em>: \u00ab \u00a1Cu\u00e1ntas tensiones internas, que debilitan y desgarran a algunas Iglesias e Instituciones locales , se desvanecer\u00edan ante la convicci\u00f3n firme de que la salvaci\u00f3n de las comunidades locales se logra con la cooperaci\u00f3n a la obra misionera en la universalidad del mundo! \u00bb&nbsp;<em>Insegnamenti<\/em>&nbsp;X (1972), 522.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2\">2<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Benedicto XV, Cart. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xv\/es\/apost_letters\/documents\/hf_ben-xv_apl_19191130_maximum-illud.html\">Maximum illud<\/a><\/em>&nbsp;(30 de noviembre de 1919): AAS 11 (1919), pp. 440-445; P\u00edo XI, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19260228_rerum-ecclesiae.html\">Rerum Ecclesiae<\/a><\/em>&nbsp;(28 de febrero de 1926): AAS 18 (1926), pp. 65-83; P\u00edo XII , Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_02061951_evangelii-praecones.html\">Evangelii praecones<\/a><\/em>&nbsp;(2 de junio de 1951): AAS 43 (1951) pp. 497-528; Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_21041957_fidei-donum.html\">Fidei donum<\/a><\/em>&nbsp;(21 de abril de 1957): AAS 49 (1957): pp. 225-248; Juan XXIII, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_28111959_princeps.html\">Princeps Pastorum<\/a><\/em>&nbsp;(28 de noviembre de 1959) AAS 5l (1959), 833-864.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3\">3<\/a><\/strong>&nbsp;Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor hominis&nbsp;<\/a><\/em>(4 de marzo de 1979), n. 10: AAS 71 (1979), 274 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4\">4<\/a><\/strong>&nbsp;Ibid., l.c., 275.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-5\">5<\/a><\/strong>&nbsp;Credo niceno-constantinopolitano: Ds 150.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-6\">6<\/a><\/strong>&nbsp;Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor hominis&nbsp;<\/a><\/em>, n. 13: l.c., 283.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-7\">7<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>&nbsp;sobre la Iglesia en el mundo actual, 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-8\">8<\/a><\/strong>&nbsp;Ibid., 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-9\">9<\/a><\/strong>&nbsp;Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html\">Dives in misericordia<\/a><\/em>&nbsp;(30 de noviernbre 1980), 7: AAS 72 (1980), 1202.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-A\">10<\/a><\/strong>&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1979\/documents\/hf_jp-ii_hom_19790610_polonia-cracovia-blonia-k.html\">Homil\u00eda de la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica en Cracovia<\/a><\/em>, (10 de junio de 1979): AAS 71 (1979), 873.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-B\">11<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Juan XXIII, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et magistra<\/a><\/em>&nbsp;(15 de mayo de 1961), IV: AAS 53 (1961), 451-453.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-C\">12<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Declar.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Dignitatis humanae<\/a><\/em>, sobre la libertad religiosa, 2<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-D\">13<\/a><\/strong>&nbsp;Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>&nbsp;(8 de diciembre de 1975), 53: AAS 68 (1976), 42.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-E\">14<\/a><\/strong>&nbsp;Declar.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Dignitatis humanae<\/a><\/em>, sobre la libertad religiosa, 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-F\">15<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 14-17; Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la Actividad misionera de la Iglesia, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-G\">16<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 48, Const. past.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>, sobre la Iglesia en el mundo Actual, 43; Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la Actividad misionera de la Iglesia, 7. 21.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-H\">17<\/a><\/strong>&nbsp;Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-I\">18<\/a><\/strong>&nbsp;Ibid., 9.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-J\">19<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Const. past.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>, sobre la Iglesia en el mundo actual, 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-K\">20<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II. Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-L\">21<\/a><\/strong>&nbsp;Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html\">Dives in misericordia<\/a><\/em>, 1: l.c., 1177.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-M\">22<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-N\">23<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>&nbsp;sobre la Iglesia en el mundo actual, 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-O\">24<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>&nbsp;, sobre la Iglesia, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-P\">25<\/a><\/strong>&nbsp;Ibid.,5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-Q\">26<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 16. l.c., 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-R\">27<\/a><\/strong>&nbsp;<em>Discurso en la apertura de la III sesi\u00f3n del Conc. Ecum. Vat. II<\/em>, 14 de septiembre de 1964: AAS 56 (1964), 810.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-S\">28<\/a><\/strong>&nbsp;Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 34: l.c, 28.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-T\">29<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional,&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/cti_documents\/rc_cti_1984_ecclesiologia_sp.html\">Temas selectos de eclesiolog\u00eda en el XX aniversario de la clausura del Conc. Ecum. Vat. II<\/a><\/em>&nbsp;(7 de octubre de 1985), 10: \u00ab&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/cti_documents\/rc_cti_1984_ecclesiologia_sp.html#El_car%C3%A1cter_escatol%C3%B3gico\">Indole escatol\u00f3gica de la Iglesia: Reino de Dios e Iglesia<\/a>&nbsp;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-U\">30<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>, sobre la Iglesia en el mundo actual, 39.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-V\">31<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_18051986_dominum-et-vivificantem.html\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/em>&nbsp;(18 de mayo de 1986), 42: AAS 78 (1986), 857.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-W\">32<\/a><\/strong>&nbsp;Ibid., 64: l.c., 892.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-X\">33<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Este t\u00e9rmino corresponde al griego \u00ab parres\u00eda \u00bb que significa tambi\u00e9n entusiasmo, vigor; cf. Act 2, 29; 4, 13. 29. 31; 9, 27. 28; 13, 46; 14, 3; 18, 26; 19, 8. 26; 28, 31.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-Y\">34<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 41-42: l.c., 31-33.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-Z\">35<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_18051986_dominum-et-vivificantem.html\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/em>, 53: l.c., 874 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-10\">36<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 3. 11. 15; Const. past. Gudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 10-11. 22. 26. 38. 41. 92-93.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-11\">37<\/a><\/strong>&nbsp;Conc Ecum. Vat. II, Const. past.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>, sobre la Iglesia en el mundo actual, 10. 15. 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-12\">38<\/a><\/strong>&nbsp;Ibid., 41.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-13\">39<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_18051986_dominum-et-vivificantem.html\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/em>, 54: l.c., 875-876 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-14\">40<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>, sobre la Iglesia en el mundo actual, 26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-15\">41<\/a><\/strong>&nbsp;Ibid., 38; cf. 93.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-16\">42<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 17; Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 3. 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-17\">43<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 4.<br><br><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-18\">44<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_18051986_dominum-et-vivificantem.html\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/em>, 53: l.c., 874.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-19\">45<\/a><\/strong>&nbsp;<em>Discurso a los representantes de las religiones no cristianas en Madr\u00e1s<\/em>, 5 de febrero de 1986: AAS 78 (1986), 767; cf.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1981\/february\/documents\/hf_jp-ii_spe_19810221_manila-auditorium.html\">Mensaje a los Pueblos de Asia en Manila<\/a><\/em>, 21 de febrero de 1981, 2-4: AAS 73 (1981), 392 s.;&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1981\/february\/documents\/hf_jp-ii_spe_19810224_giappone-tokyo-non-cristiani.html\">Discurso a los representantes de las religiones no cristianas en Tokyo<\/a><\/em>, 24 de febrero de 1981, 3-4:&nbsp;<em>Insegnamenti<\/em>&nbsp;IV\/1 (1981), 507 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1A\">46<\/a><\/strong>&nbsp;<em>Discurso a los Cardenales y Prelados de la Curia Romana<\/em>, 22 de diciembre de 1986, 11: AAS 79 (1987), 1089.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1B\">47<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1C\">48<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>, sobre la Iglesia en el mundo actual, 45; cf. Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_18051986_dominum-et-vivificantem.html\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/em>, 54: l.c., 876.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1D\">49<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1E\">50<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/em>&nbsp;(30 de diciembre de1988, 35: AAS 81 (1989), 457.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1F\">51<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 6<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1G\">52<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. ibid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1H\">53<\/a><\/strong>&nbsp;Ibid., 6. 23. 27.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1I\">54<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf. Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 18-20: l.c., 17-19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1J\">55<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/em>, 35: l.c., 457.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1K\">56<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 80: l.c., 73.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1L\">57<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia,6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1M\">58<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 80: l.c., 73.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1N\">59<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1O\">60<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. ibid., 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1P\">61<\/a><\/strong>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Discurso a los miembros del Simposio del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa<\/em>, 11de octubrede1985: AAS 78 (1986), 178-189.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1Q\">62<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 20: l.c., 19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1R\">63<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 5: cf. Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1S\">64<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decl.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Dignitatis humanae<\/a><\/em>, sobre la libertad religiosa, 3-4; Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 79-80: l.c., 71-75; Juan Pablo II, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor hominis&nbsp;<\/a><\/em>, 12: l.c., 278-281.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1T\">65<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cart. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xv\/es\/apost_letters\/documents\/hf_ben-xv_apl_19191130_maximum-illud.html\">Maximum illud<\/a><\/em>: l.c., 446.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1U\">66<\/a><\/strong>&nbsp;Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 62: l.c., 52.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1V\">67<\/a><\/strong>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>De praescriptione haereticorum<\/em>, XX: CCL I, 201 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1W\">68<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 9; cf. nn. 10-18.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1X\">69<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf.Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 41: l.c., 31-32.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1Y\">70<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Conc Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 28. 35. 38; Const. past.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>, sobre la Iglesia en el mundo actual, 43; Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 11-12<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-1Z\">71<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Pablo VI, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/em>&nbsp;(26 de marzo de 1967), 21. 42: AAS 59 (1967), pp. 267 s., 278.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-20\">72<\/a><\/strong>&nbsp;Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 27: l.c., 23.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-21\">73<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-22\">74<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 15: l.c., 13-15; Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 13-14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-23\">75<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_18051986_dominum-et-vivificantem.html\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/em>, 42. 64: l.c.,857-859, 892-894.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-24\">76<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 60: l.c., 50-51.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-25\">77<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 6-9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-26\">78<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad. gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 2; cf. Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-27\">79<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 19-22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-28\">80<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. ecum . Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-29\">81<\/a><\/strong>&nbsp;Ibid., 6.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2A\">82<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Ibid., 15; cf. Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2B\">83<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 58: l.c., 46-49.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2C\">84<\/a><\/strong>&nbsp;Asamblea extraordinaria del 1985, Relaci\u00f3n final, II, C, 6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2D\">85<\/a><\/strong>&nbsp;Ibid. II, D, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2E\">86<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae.html\">Catechesi tradendae<\/a><\/em>&nbsp;(16 de octubre 1979), 53: AAS 71 (1979), 1320; Ep. Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_19850602_slavorum-apostoli.html\">Slavorum apostoli<\/a><\/em>&nbsp;(2 de junio de 1985), 21: AAS 77 (1985), pp. 802 s.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2F\">87<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf. Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 20: l.c., 18.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2G\">88<\/a><\/strong>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1980\/may\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800503_vescovi-zaire.html\">Discurso a los Obispos del Zaire en Kinshasa<\/a><\/em>, 3 de mayo de 1980, 4-6: AAS 72 (1980), 432-435;&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1980\/may\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800507_vescovi-kenya.html\">Discurso a los Obispos de Kenya en Nairobi<\/a><\/em>, 7 de mayo de 1980, 6: AAS 72 (1980), 497;&nbsp;<em>Discurso a los Obispos de la India en Delhi<\/em>, 1 de febrero de 1986, 5: AAS 78 (1986), 748 s.;&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1986\/documents\/hf_jp-ii_hom_19860706_cartagena.html\">Homil\u00eda en Cartagena<\/a><\/em>&nbsp;(Colombia), 6 de julio de 1986, 7-8: AAS 79 (1987), 105 s.; cf. tambi\u00e9n Ep. Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_19850602_slavorum-apostoli.html\">Slavorum apostoli<\/a><\/em>, 21-22: l.c. 802-804.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2H\">89<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2I\">90<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. ibid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2J\">91<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 64: l.c., 55.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2K\">92<\/a><\/strong>&nbsp;Las Iglesias particulares \u00ab tienen la funci\u00f3n de asimilar lo esencial del mensaje evang\u00e9lico, de trasvasarlo, sin la menor traici\u00f3n a su verdad esencial, al lenguaje que esos hombres comprenden, y, despu\u00e9s, de anunciarlo con ese mismo lenguaje&#8230; El lenguaje debe entenderse aqu\u00ed no tanto a nivel sem\u00e1ntico o literario cuanto al que podr\u00eda llamarse antropol\u00f3gico y cultural \u00bb (Ibid., 63: l.c., 53)<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2L\">93<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/audiences\/1988\/documents\/hf_jp-ii_aud_19880413.html\">Discurso en la Audiencia general del 13 abril de 1988<\/a><\/em>:&nbsp;<em>Insegnamenti<\/em>&nbsp;XI\/1 (1988), 877-881.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2M\">94<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/em>&nbsp;(22 de noviembre de 1981), 10, en la que se trata de la inculturaci\u00f3n \u00ab en el \u00e1mbito del matrimonio y de la familia \u00bb: AAS 74 (1982), 91.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2N\">95<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>i, 63-65: l.c., 53-56.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2O\">96<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2P\">97<\/a><\/strong>&nbsp;<em>Discurso a los participantes en el Simposio de los Obispos de \u00c1frica<\/em>, en Kampala, 31 de julio de 1969, 2: AAS 61 (1969), 577.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2Q\">98<\/a><\/strong>&nbsp;Pablo VI,&nbsp;<em>Discurso en la apertura de la II sesi\u00f3n del Conc. Ecum. Vat. II,<\/em>&nbsp;29 de septiembre de 1963: AAS 55 (1963), 858; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decl.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html\">Nostra aetate<\/a><\/em>, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, 2; Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 16; Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la lglesia, 9; Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 53: l.c., 41 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2R\">99<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Pablo VI, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html\">Ecclesiam suam<\/a><\/em>&nbsp;(6 de agosto de 1964) AAS 56 (1964), 609-659; Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 11. 41; Secretariado para los no cristianos. La actitud de la Iglesia frente a los seguidores de otras religiones. Reflexi\u00f3n y orientaciones sobre di\u00e1logo y misi\u00f3n (4 de septiembre de l954): AAS 76 (1984), 816-828.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2S\">100<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Carta a los Obispos de Asia con ocasi\u00f3n de la V Asamblea Plenaria de la Federaci\u00f3n de sus Conferencias Episcopales (23 de junio de 1990), 4:&nbsp;<em>L&#8217;Osservatore Romano<\/em>, ed. en lengua espa\u00f1ola, 19 de agosto de 1990.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2T\">101<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 14; cf. Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2U\">102<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 3; Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2V\">103<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor hominis&nbsp;<\/a><\/em>, 12: l.c., 279.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2W\">104<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 11. 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2X\">105<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decl.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html\">Nostra aetate<\/a><\/em>, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2Y\">106<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/em>&nbsp;35: l.c., 458.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-2Z\">107<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II. Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 41.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-30\">108<\/a><\/strong>&nbsp;Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/em>&nbsp;(30 de diciembre de 1987), 41: AAS 80 (1988), 570 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-31\">109<\/a><\/strong>&nbsp;Documentos de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, M\u00e9xico, (1979), 3760 (1145).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-32\">110<\/a><\/strong>&nbsp;Discurso a los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, en Yakarta, Indonesia, 10 de octubre de 1989, 5:&nbsp;<em>L&#8217;Osservatore Romano,<\/em>&nbsp;ed. en lengua espa\u00f1ola, 22 de octubre de 1989.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-33\">111<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Pablo VI, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/em>, 14-21; 40-42: l.c., 264-268, 277 s.; Juan Pablo II, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/em>, 27-41: l.c., 547-572.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-34\">112<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf. Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/em>, 28 : l.c., 548-550.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-35\">113<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. ibid., cap. IV, 27-34: l.c., 547-560; Pablo VI, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/em>, 19-21. 41-42: l.c., 266-268, 277 s.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-36\">114<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1980\/july\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800702_vidigal-brasile.html\">Discurso a los habitantes de la \u00ab Favela Vidigal \u00bb en R\u00edo de Janeiro<\/a><\/em>, 2 de julio de 1980, 4: AAS 72 (1980), 854.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-37\">115<\/a><\/strong>&nbsp;Documentos de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, M\u00e9xico, 3757 (1142).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-38\">116<\/a><\/strong>&nbsp;Isaac de Stella,&nbsp;<em>Serm\u00f3n<\/em>&nbsp;31: PL 194, 1793.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-39\">117<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat II. Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia. 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3A\">118<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/em>&nbsp;, 35: l.c., 458.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3B\">119<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 38.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3C\">120<\/a><\/strong>&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1980\/june\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800628_collaboratori-governo.html\">Discurso a los Cardenales y a los colaboradores de la Curia Romana, de la Ciudad del Vaticano y del Vicariato de Roma<\/a><\/em>, 28 de junio de 1980,&nbsp;<em>Insegnamenti<\/em>&nbsp;III\/1 (1980), 1887.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3D\">121<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 23.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3E\">122<\/a><\/strong>&nbsp;Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 38.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3F\">123<\/a><\/strong>&nbsp;Ibid., 29.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3G\">124<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. ibid., 38.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3H\">125<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Ibid., 30.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3I\">126<\/a><\/strong>&nbsp;Documentos de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, M\u00e9xico, 2941 (368).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3J\">127<\/a><\/strong>&nbsp;Cf.&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cclergy\/documents\/rc_con_cclergy_doc_19800325_postquam-apostoli_sp.html\"><em>Normas directivas para la colaboraci\u00f3n de las Iglesias particulares y especialmente para una mejor distribuci\u00f3n del clero en el mundo<\/em>, Postquam Apostoli<\/a>&nbsp;(25 de marzo de 1980): AAS 72 (1980), 343-364.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3K\">128<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 23-27.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3L\">129<\/a><\/strong>&nbsp;Ibid., 23.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3M\">130<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Ibid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3N\">131<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. ibid., 23. 27.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3O\">132<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. S. Congregaci\u00f3n para los Religiosos y los Institutos Seculares y S. Congregaci\u00f3n para los Obispos,&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/ccscrlife\/documents\/rc_con_ccscrlife_doc_14051978_mutuae-relationes_sp.html\">Criterios para la relaci\u00f3n entre los Obispos y los Religiosos en la Iglesia, Mutuae relationes&nbsp;<\/a><\/em>(14 de mayo de 1978), 14 b: AAS 70 (1978), 482; cf. 28: l.c., 490.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3P\">133<\/a><\/strong>&nbsp;Conc . Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 27.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3Q\">134<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II. Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum ordinis<\/a><\/em>, 10; cf. Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 39.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3R\">135<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_optatam-totius_sp.html\">Optatam totius<\/a><\/em>, sobre la forrnaci\u00f3n sacerdotal, 20; cf. \u00ab&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cevang\/documents\/rc_con_cevang_doc_19971001_priests_sp.html\">Gu\u00eda Pastoral para los Sacerdotes Diocesanos de las Iglesias que dependen de la Congregaci\u00f3n para la Evangelizaci\u00f3n de los Pueblos<\/a>&nbsp;\u00bb, Roma, 1989.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3S\">136<\/a><\/strong>&nbsp;<em>Discurso a los participantes en la Plenaria de la Congregaci\u00f3n para la Evangelizaci\u00f3n de los Pueblos<\/em>, 14 de abril de 1989, 4: AAS 81 (1989), 1140.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3T\">137<\/a><\/strong>&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/missions\/documents\/hf_jp-ii_mes_30051982_world-day-for-missions-1982.html\">Mensaje para la Jornada Misionera Mundial de 1982<\/a><\/em>:&nbsp;<em>Insegnamenti<\/em>&nbsp;V\/2 (1982), 1879.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3U\">138<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II. Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 38; S. Congregaci\u00f3n para el Clero,&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cclergy\/documents\/rc_con_cclergy_doc_19800325_postquam-apostoli_sp.html\">Normas directivas Postquam Apostoli<\/a><\/em>, 24-25: l.c., 361.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3V\">139<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. S. Congregaci\u00f3n para el Clero,&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cclergy\/documents\/rc_con_cclergy_doc_19800325_postquam-apostoli_sp.html\">Normas directivas Postquam Apostoli<\/a>, 29: l.c., 362 s.; Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>&nbsp;sobre la actividad misionera de la Iglesia, 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3W\">140<\/a><\/strong>&nbsp;C.I.C., c\u00e1n. 783.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3X\">141<\/a><\/strong>&nbsp;Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 40.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3Y\">142<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 69: l.c., 58 s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-3Z\">143<\/a><\/strong>&nbsp;Cart. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_15081988_mulieris-dignitatem.html\">Mulieris dignitatem<\/a><\/em>&nbsp;(15 de agosto de 1988), 20: AAS 80 (1988), 1703.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-40\">144<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf. P\u00edo XII, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_02061951_evangelii-praecones.html\">Evangelii praecones<\/a><\/em>: l.c., 510 s.; Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_21041957_fidei-donum.html\">Fidei donum<\/a><\/em>: l.c., 228 ss.; Juan XXIII, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_28111959_princeps.html\">Princeps Pastorum<\/a><\/em>: l.c., 855 ss.; Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 70-73: l.c., 59-63.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-41\">145<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/em>, 35: l.c., 457.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-42\">146<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf. Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_02061951_evangelii-praecones.html\">Evangelii praecones<\/a><\/em>: l.c., 510-514.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-43\">147<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 17. 33 ss.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-44\">148<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 35-36. 41.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-45\">149<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/em>, 14: l.c. , 410.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-46\">150<\/a><\/strong>&nbsp;C.I.C., c\u00e1n. 225, 1; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolicam actuositatem<\/a><\/em>, sobre el apostolado de los seglares, 6. 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-47\">151<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 31; cf. C.I.C., c\u00e1n. 225, 2.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-48\">152<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Pablo VI, Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>, 70: l.c. 60.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-49\">153<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/em>, 35: l.c., 458.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4A\">154<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4B\">155<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae.html\">Catechesi tradendae<\/a><\/em>, 66: l.c., 1331.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4C\">156<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. c\u00e1n 785, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4D\">157<\/a><\/strong>&nbsp;Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad rnisionera de la Iglesia, 17.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4E\">158<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf. Asamblea Plenaria de la S. Congregaci\u00f3n para la Evangelizaci\u00f3n de los Pueblos de 1969, sobre los catequistas y la relativa \u00ab Instrucci\u00f3n \u00bb de abril de 1970 Bibliograf\u00eda misionera 34 (1970), 197-212, y S.C. de Propaganda Fide Memoria Rerum, III\/2 (1976), 821-831.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4F\">159<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 28.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4G\">160<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Const. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_constitutions\/documents\/hf_jp-ii_apc_19880628_pastor-bonus-index.html\">Pastor Bonus<\/a><\/em>, sobre la Curia Romana (28 de junio de 1988), 85: AAS 80 (1988), 881; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 29.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4H\">161<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 29; cf. Juan Pablo II, Const. Ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_constitutions\/documents\/hf_jp-ii_apc_19880628_pastor-bonus-index.html\">Pastor Bonus<\/a><\/em>, sobre la Curia Romana, 86: l.c., 882.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4I\">162<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 31.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4J\">163<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. ibid., 33.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4K\">164<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Pablo VI, Cart. Ap. motu proprio data&nbsp;<em>Ecclesiae Sanctae<\/em>&nbsp;(6 de agosto de 1966), II, 43: AAS 58 (1966), 782.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4L\">165<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 34; Pablo Vl, Motu proprio&nbsp;<em>Ecclesiae sanctae<\/em>, III, n. 22: l.c., 787.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4M\">166<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 35; cf. C.I.C. c\u00e1nn. 211. 781.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4N\">167<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap.<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/em>, 54: l.c., 147.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4O\">168<\/a><\/strong>&nbsp;Cf. Pablo VI, Cart. Ap.&nbsp;<em>Graves et increscentes<\/em>&nbsp;(5 de septiembre de 1966): AAS 58 (1966), 750-756.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4P\">169<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;P. Manna,&nbsp;<em>Le nostre \u00ab Chiese \u00bb e la propagazione del Vangelo<\/em>, Trentola Ducenta, 1952 (2) p. 35.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4Q\">170<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 38.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4R\">171<\/a><\/strong>&nbsp;Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4S\">172<\/a><\/strong>&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/em>, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 24.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4T\">173<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum ordinis<\/a><\/em>, sobre el ministerio y vida de los presb\u00edteros, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4U\">174<\/a><\/strong>&nbsp;Exh. Ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/em>, 17: l.c., 419.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4V\">175<\/a><\/strong>&nbsp;Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4W\">176<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1983\/march\/documents\/hf_jp-ii_spe_19830309_assemblea-celam.html\">Discurso a la Asamblea del CELAM en Puerto Pr\u00edncipe, Hait\u00ed<\/a><\/em>, 9 marzo de 1983: AAS 75 (1983), 771-779;&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1984\/documents\/hf_jp-ii_hom_19841012_celebrazione-santo-domingo.html\">Homil\u00eda en Santo Domingo, Rep\u00fablica Dominicana, para la apertura de la \u00ab novena de a\u00f1os \u00bb, promovida por el CELAM<\/a><\/em>, 12 de octubre de 1984:&nbsp;<em>Insegnamenti<\/em>&nbsp;VII\/2 (1984), 885-897.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4X\">177<\/a><\/strong>&nbsp;Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25031987_redemptoris-mater.html\">Redemptoris Mater<\/a><\/em>&nbsp;(25 de marzo de 1987), 2: AAS 79 (1987), 362 s.<strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html#-4Y\">178<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Ibid., 22: l.c., 390.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Copyright \u00a9 Dicastero per la Comunicazione &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARTA ENC\u00cdCLICAREDEMPTORIS MISSIODEL SUMO PONT\u00cdFICEJUAN PABLO IISOBRE LA PERMANENTE VALIDEZDEL MANDATO MISIONERO Venerables Hermanos y amad\u00edsimos Hijos:\u00a1Salud y Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica! INTRODUCCI\u00d3N 1. La misi\u00f3n de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, est\u00e1 a\u00fan lejos de cumplirse. 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