{"id":7860,"date":"2024-10-11T15:30:10","date_gmt":"2024-10-11T15:30:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/?p=7860"},"modified":"2024-10-11T15:30:12","modified_gmt":"2024-10-11T15:30:12","slug":"carta-enciclica-ut-unum-sint","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/2024\/10\/11\/carta-enciclica-ut-unum-sint\/","title":{"rendered":"CARTA ENC\u00cdCLICA UT UNUM SINT"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">CARTA ENC\u00cdCLICA<br><strong><em>UT UNUM SINT<\/em><\/strong><br>DEL SANTO PADRE<br><strong>JUAN PABLO II<\/strong><br>SOBRE EL EMPE\u00d1O ECUM\u00c9NICO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>INTRODUCCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1.&nbsp;<em>Ut unum sint!&nbsp;<\/em>La llamada a la unidad de los cristianos, que el Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II ha renovado con tan vehemente anhelo, resuena con fuerza cada vez mayor en el coraz\u00f3n de los creyentes, especialmente al aproximarse el A\u00f1o Dos mil que ser\u00e1 para ellos un Jubileo sacro, memoria de la Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios, que se hizo hombre para salvar al hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El valiente testimonio de tantos m\u00e1rtires de nuestro siglo, pertenecientes tambi\u00e9n a otras Iglesias y Comunidades eclesiales no en plena comuni\u00f3n con la Iglesia cat\u00f3lica, infunde nuevo impulso a la llamada conciliar y nos recuerda la obligaci\u00f3n de acoger y poner en pr\u00e1ctica su exhortaci\u00f3n. Estos hermanos y hermanas nuestros, unidos en el ofrecimiento generoso de su vida por el Reino de Dios, son la prueba m\u00e1s significativa de que cada elemento de divisi\u00f3n se puede trascender y superar en la entrega total de uno mismo a la causa del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Cristo llama a todos sus disc\u00edpulos a la unidad<\/em>. Me mueve el vivo deseo de renovar hoy esta invitaci\u00f3n, de proponerla de nuevo con determinaci\u00f3n, recordando cuanto se\u00f1al\u00e9 en el Coliseo romano el Viernes Santo de 1994, al concluir la meditaci\u00f3n del&nbsp;<em>V\u00eda Crucis<\/em>, dirigida por las palabras del venerable hermano Bartolom\u00e9, Patriarca ecum\u00e9nico de Constantinopla. En aquella circunstancia afirm\u00e9 que, unidos en el seguimiento de los m\u00e1rtires, los creyentes en Cristo no pueden permanecer divididos. Si quieren combatir verdadera y eficazmente la tendencia del mundo a anular el Misterio de la Redenci\u00f3n, deben&nbsp;<em>profesar juntos la misma verdad sobre la Cruz<\/em>.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241\">1<\/a><\/sup>&nbsp;\u00a1La Cruz! La corriente anticristiana pretende anular su valor, vaciarla de su significado, negando que el hombre encuentre en ella las ra\u00edces de su nueva vida; pensando que la Cruz no pueda abrir ni perspectivas ni esperanzas: el hombre, se dice, es s\u00f3lo un ser terrenal que debe vivir como si Dios no existiese.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. A nadie escapa el desaf\u00edo que todo esto supone para los creyentes. Ellos deben aceptarlo. En efecto, \u00bfc\u00f3mo podr\u00edan negarse a hacer todo lo posible, con la ayuda de Dios, para derribar los muros de la divisi\u00f3n y la desconfianza, para superar los obst\u00e1culos y prejuicios que impiden el anuncio del Evangelio de la salvaci\u00f3n mediante la Cruz de Jes\u00fas, \u00fanico Redentor del hombre, de cada hombre?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Doy gracias a Dios porque nos ha llevado a avanzar por el camino dif\u00edcil, pero tan rico de alegr\u00eda, de la unidad y de la comuni\u00f3n entre los cristianos. El di\u00e1logo interconfesional a nivel teol\u00f3gico ha dado frutos positivos y palpables; esto anima a seguir adelante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, adem\u00e1s de las divergencias doctrinales que hay que resolver, los cristianos no pueden minusvalorar el peso de las<em>&nbsp;incomprensiones ancestrales<\/em>&nbsp;que han heredado del pasado, de los<em>&nbsp;malentendidos<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>prejuicios<\/em>&nbsp;de los unos contra los otros. No pocas veces, adem\u00e1s,&nbsp;<em>la inercia, la indiferencia<\/em>&nbsp;y un&nbsp;<em>insuficiente conocimiento rec\u00edproco<\/em>&nbsp;agravan estas situaciones. Por este motivo, el compromiso ecum\u00e9nico debe basarse en la conversi\u00f3n de los corazones y en la oraci\u00f3n, lo cual llevar\u00e1 incluso a la<em>&nbsp;necesaria purificaci\u00f3n de la memoria hist\u00f3rica<\/em>. Con la gracia del Esp\u00edritu Santo, los disc\u00edpulos del Se\u00f1or, animados por el amor, por la fuerza de la verdad y por la voluntad sincera de perdonarse mutuamente y reconciliarse, est\u00e1n llamados a<em>&nbsp;reconsiderar juntos su doloroso pasado<\/em>&nbsp;y las heridas que desgraciadamente \u00e9ste sigue produciendo tambi\u00e9n hoy. Est\u00e1n invitados por la energ\u00eda siempre nueva del Evangelio a reconocer juntos con sincera y total objetividad los errores cometidos y los factores contingentes que intervinieron en el origen de sus lamentables separaciones. Es necesaria&nbsp;<em>una sosegada y limpia mirada de verdad<\/em>, vivificada por la misericordia divina, capaz de liberar los esp\u00edritus y suscitar en cada uno una renovada disponibilidad, precisamente para anunciar el Evangelio a los hombres de todo pueblo y naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. Con el Concilio Vaticano II la Iglesia cat\u00f3lica se ha comprometido&nbsp;<em>de modo irreversible<\/em>&nbsp;a recorrer el camino de la acci\u00f3n ecum\u00e9nica, poni\u00e9ndose a la escucha del Esp\u00edritu del Se\u00f1or, que ense\u00f1a a leer atentamente los \u00ab signos de los tiempos \u00bb. Las experiencias que ha vivido y contin\u00faa viviendo en estos a\u00f1os la iluminan a\u00fan m\u00e1s profundamente sobre su identidad y su misi\u00f3n en la historia. La Iglesia cat\u00f3lica reconoce y confiesa&nbsp;<em>las debilidades de sus hijos<\/em>, consciente de que sus pecados constituyen otras tantas traiciones y obst\u00e1culos a la realizaci\u00f3n del designio del Salvador. Sinti\u00e9ndose llamada constantemente a la renovaci\u00f3n evang\u00e9lica, no cesa de hacer penitencia. Al mismo tiempo, sin embargo, reconoce y exalta a\u00fan m\u00e1s&nbsp;<em>el poder del Se\u00f1or<\/em>, quien, habi\u00e9ndola colmado con el don de la santidad, la atrae y la conforma a su pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ense\u00f1ada por las m\u00faltiples vicisitudes de su historia, la Iglesia est\u00e1 llamada a liberarse de todo apoyo puramente humano, para vivir en profundidad la ley evang\u00e9lica de las Bienaventuranzas. Consciente de que \u00ab la verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra, con suavidad y firmeza a la vez, en las almas \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242\">2<\/a><\/sup>&nbsp;nada pide para s\u00ed sino la libertad de anunciar el Evangelio. En efecto, su autoridad se ejerce en el servicio de la verdad y de la caridad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo mismo quiero&nbsp;<em>promover cualquier paso \u00fatil&nbsp;<\/em>para que el testimonio de toda la comunidad cat\u00f3lica pueda ser comprendido en su total pureza y coherencia, sobre todo ante la cita que la Iglesia tiene a las puertas del nuevo Milenio, momento excepcional para el cual pide al Se\u00f1or que la unidad de todos los cristianos crezca hasta alcanzar la plena comuni\u00f3n.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243\">3<\/a><\/sup>&nbsp;A este objetivo tan noble mira tambi\u00e9n la presente Carta enc\u00edclica, que en su \u00edndole esencialmente pastoral quiere contribuir a sostener el esfuerzo de cuantos trabajan por la causa de la unidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4. Esta es un preciso deber del Obispo de Roma como sucesor del ap\u00f3stol Pedro. Yo lo llevo a cabo con la profunda convicci\u00f3n de obedecer al Se\u00f1or y con plena conciencia de mi fragilidad humana. En efecto, si Cristo mismo confi\u00f3 a Pedro esta misi\u00f3n especial en la Iglesia y le encomend\u00f3 confirmar a los hermanos, al mismo tiempo le hizo conocer su debilidad humana y su particular necesidad de conversi\u00f3n: \u00ab Y t\u00fa, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos \u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;22, 32). Precisamente en la debilidad humana de Pedro se manifiesta plenamente c\u00f3mo el Papa, para cumplir este especial ministerio en la Iglesia, depende totalmente de la gracia y de la oraci\u00f3n del Se\u00f1or: \u00ab Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca \u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;22, 32). La conversi\u00f3n de Pedro y de sus sucesores se apoya en la oraci\u00f3n misma del Redentor, en la cual la Iglesia participa constantemente. En nuestra \u00e9poca ecum\u00e9nica, marcada por el Concilio Vaticano II, la misi\u00f3n del Obispo de Roma trata particularmente de recordar la exigencia de la plena comuni\u00f3n de los disc\u00edpulos de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Obispo de Roma en primera persona debe hacer propia con fervor la oraci\u00f3n de Cristo por la conversi\u00f3n, que es indispensable a \u00ab Pedro \u00bb para poder servir a los hermanos. Pido encarecidamente que participen de esta oraci\u00f3n los fieles de la Iglesia cat\u00f3lica y todos los cristianos. Junto conmigo, rueguen todos por esta conversi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sabemos que la Iglesia en su peregrinar terreno ha sufrido y continuar\u00e1 sufriendo oposiciones y persecuciones. La esperanza que la sostiene es, sin embargo, inquebrantable, como indestructible es la alegr\u00eda que nace de esta esperanza. En efecto, la roca firme y perenne sobre la que est\u00e1 fundada es Jesucristo, su Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>I<br>EL COMPROMISO ECUM\u00c9NICO DE LA IGLESIA CAT\u00d3LICA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El designio de Dios y la comuni\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5. Junto con todos los disc\u00edpulos de Cristo, la Iglesia cat\u00f3lica basa en el designio de Dios su compromiso ecum\u00e9nico de congregar a todos en la unidad. En efecto, \u00ab la Iglesia no es una realidad replegada sobre s\u00ed misma, sino permanentemente abierta a la din\u00e1mica misionera y ecum\u00e9nica, pues ha sido enviada al mundo para anunciar y testimoniar, actualizar y extender el misterio de comuni\u00f3n que la constituye: a reunir a todos y a todo en Cristo; a ser para todos &#8216;sacramento inseparable de unidad&#8217; \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%244\">4<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya en el Antiguo Testamento, refiri\u00e9ndose a la situaci\u00f3n de entonces del pueblo de Dios, el profeta Ezequiel, recurriendo al simple s\u00edmbolo de dos maderos primero separados, despu\u00e9s acercados uno al otro, expresaba la voluntad divina de \u00ab congregar de todas las partes \u00bb a los miembros del pueblo herido: \u00ab Ser\u00e9 su Dios y ellos ser\u00e1n mi pueblo. Y sabr\u00e1n las naciones que yo soy el Se\u00f1or, que santifico a Israel, cuando mi santuario est\u00e9 en medio de ellos para siempre \u00bb (cf. 37, 16-28). El Evangelio de san Juan, por su parte, y ante la situaci\u00f3n del pueblo de Dios en aquel tiempo, ve en la muerte de Jes\u00fas la raz\u00f3n de la unidad de los hijos de Dios: \u00ab Iba a morir por la naci\u00f3n, y no s\u00f3lo por la naci\u00f3n, sino tambi\u00e9n para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos \u00bb (11, 51-52). En efecto, la Carta a los Efesios ense\u00f1ar\u00e1 que \u00ab derribando el muro que los separaba 1 por medio de la cruz, dando en s\u00ed mismo muerte a la enemistad \u00bb, de lo que estaba dividido hizo una unidad (cf. 2, 14-16).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6. La unidad de toda la humanidad herida es voluntad de Dios. Por esto Dios envi\u00f3 a su Hijo para que, muriendo y resucitando por nosotros, nos diese su Esp\u00edritu de amor. La v\u00edspera del sacrificio de la Cruz, Jes\u00fas mismo ruega al Padre por sus disc\u00edpulos y por todos los que creer\u00e1n en El para que&nbsp;<em>sean una sola cosa<\/em>, una comuni\u00f3n viviente. De aqu\u00ed se deriva no s\u00f3lo el deber, sino tambi\u00e9n la responsabilidad que incumbe ante Dios, ante su designio, sobre aqu\u00e9llos y aqu\u00e9llas que, por medio del Bautismo llegan a ser el Cuerpo de Cristo, Cuerpo en el cual debe realizarse en plenitud la reconciliaci\u00f3n y la comuni\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo es posible permanecer divididos si con el Bautismo hemos sido \u00ab inmersos \u00bb en la muerte del Se\u00f1or, es decir, en el hecho mismo en que, por medio del Hijo, Dios ha derribado los muros de la divisi\u00f3n? La divisi\u00f3n \u00ab contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un esc\u00e1ndalo para el mundo y perjudica a la causa sant\u00edsima de predicar el Evangelio a toda criatura \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%245\">5<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El camino ecum\u00e9nico: camino de la Iglesia<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7. \u00ab El Se\u00f1or de los tiempos, que prosigue sabia y pacientemente el plan de su gracia para con nosotros pecadores, \u00faltimamente ha comenzado a infundir con mayor abundancia en los cristianos separados entre s\u00ed el arrepentimiento y el deseo de la uni\u00f3n. Much\u00edsimos hombres, en todo el mundo, han sido movidos por esta gracia y tambi\u00e9n entre nuestros hermanos separados ha surgido&nbsp;<em>un movimiento cada d\u00eda m\u00e1s amplio<\/em>, con ayuda de la gracia del Esp\u00edritu Santo,&nbsp;<em>para restaurar la unidad de los cristianos<\/em>. Participan en este movimiento de unidad, llamado ecum\u00e9nico, los que invocan al Dios Trino y confiesan a Jes\u00fas como Se\u00f1or y Salvador; y no s\u00f3lo individualmente, sino tambi\u00e9n reunidos en grupos, en los que han o\u00eddo el Evangelio y a los que consideran como su Iglesia y de Dios. No obstante, casi todos, aunque de manera diferente,&nbsp;<em>aspiran a una Iglesia de Dios \u00fanica y visible<\/em>, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, a fin de que el mundo se convierta al Evangelio y as\u00ed se salve para gloria de Dios \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%246\">6<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">8. Esta afirmaci\u00f3n del Decreto&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>&nbsp;se debe comprender en el contexto de todo el magisterio conciliar. El Concilio Vaticano II expresa la decisi\u00f3n de la Iglesia de emprender la acci\u00f3n ecum\u00e9nica en favor de la unidad de los cristianos y de proponerla con convicci\u00f3n y fuerza: \u00ab Este santo S\u00ednodo exhorta a todos los fieles cat\u00f3licos a que, reconociendo los signos de los tiempos, participen diligentemente en el trabajo ecum\u00e9nico \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%247\">7<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al indicar los principios cat\u00f3licos del ecumenismo, el Decreto<em>&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>enlaza ante todo con la ense\u00f1anza sobre la Iglesia de la Constituci\u00f3n&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, en el capitulo que trata sobre el pueblo de Dios.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%248\">8<\/a><\/sup>&nbsp;Al mismo tiempo, tiene presente lo que se afirma en la Declaraci\u00f3n conciliar&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Dignitatis humanae<\/a><\/em>&nbsp;sobre la libertad religiosa.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%249\">9<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia cat\u00f3lica asume con esperanza la acci\u00f3n ecum\u00e9nica como un imperativo de la conciencia cristiana iluminada por la fe y guiada por la caridad. Tambi\u00e9n aqu\u00ed se puede aplicar la palabra de san Pablo a los primeros cristianos de Roma: \u00ab El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo \u00bb; as\u00ed nuestra \u00ab esperanza&#8230; no defrauda \u00bb (<em>Rm<\/em>&nbsp;5, 5). Esta es la esperanza de la unidad de los cristianos que tiene su fuente divina en la unidad Trinitaria del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">9. Jes\u00fas mismo antes de su Pasi\u00f3n rog\u00f3 para \u00ab que todos sean uno \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;17, 21). Esta unidad, que el Se\u00f1or dio a su Iglesia y en la cual quiere abrazar a todos, no es accesoria, sino que est\u00e1 en el centro mismo de su obra. No equivale a un atributo secundario de la comunidad de sus disc\u00edpulos. Pertenece en cambio al ser mismo de la comunidad. Dios quiere la Iglesia, porque quiere la unidad y en la unidad se expresa toda la profundidad de su&nbsp;<em>\u00e1gape<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, la unidad dada por el Esp\u00edritu Santo no consiste simplemente en el encontrarse juntas unas personas que se suman unas a otras. Es una unidad constituida por los v\u00ednculos de la profesi\u00f3n de la fe, de los sacramentos y de la comuni\u00f3n jer\u00e1rquica.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24A\">10<\/a><\/sup>&nbsp;Los fieles son&nbsp;<em>uno&nbsp;<\/em>porque, en el Esp\u00edritu, est\u00e1n en la&nbsp;<em>comuni\u00f3n<\/em>&nbsp;del Hijo y, en El, en su&nbsp;<em>comuni\u00f3n<\/em>&nbsp;con el Padre: \u00ab Y nosotros estamos en&nbsp;<em>comuni\u00f3n<\/em>&nbsp;con el Padre y con su Hijo, Jesucristo \u00bb (<em>1 Jn<\/em>&nbsp;1, 3). As\u00ed pues, para la Iglesia cat\u00f3lica, la<em>&nbsp;comuni\u00f3n<\/em>&nbsp;de los cristianos no es m\u00e1s que la manifestaci\u00f3n en ellos de la gracia por medio de la cual Dios los hace part\u00edcipes de su propia&nbsp;<em>comuni\u00f3n<\/em>, que es su vida eterna. Las palabras de Cristo \u00ab que todos sean uno \u00bb son pues la oraci\u00f3n dirigida al Padre para que su designio se cumpla plenamente, de modo que brille a los ojos de todos \u00ab c\u00f3mo se ha dispensado el Misterio escondido desde siglos en Dios, Creador de todas las cosas \u00bb (<em>Ef<\/em>&nbsp;3, 9). Creer en Cristo significa querer la unidad; querer la unidad significa querer la Iglesia; querer la Iglesia significa querer la comuni\u00f3n de gracia que corresponde al designio del Padre desde toda la eternidad. Este es el significado de la oraci\u00f3n de Cristo: \u00ab&nbsp;<em>Ut unum sint<\/em>&nbsp;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">10. En la situaci\u00f3n actual de divisi\u00f3n entre los cristianos y de confiada b\u00fasqueda de la plena comuni\u00f3n, los fieles cat\u00f3licos se sienten profundamente interpelados por el Se\u00f1or de la Iglesia. El Concilio Vaticano II ha reforzado su compromiso con una visi\u00f3n eclesiol\u00f3gica l\u00facida y abierta a todos los valores eclesiales presentes entre los dem\u00e1s cristianos. Los fieles cat\u00f3licos afrontan la problem\u00e1tica ecum\u00e9nica con un esp\u00edritu de fe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Concilio afirma que \u00ab la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia cat\u00f3lica gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comuni\u00f3n con \u00e9l \u00bb y al mismo tiempo reconoce que \u00ab fuera de su estructura visible pueden encontrarse muchos elementos de santificaci\u00f3n y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, empujan hacia la unidad cat\u00f3lica \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24B\">11<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab Por tanto, las mismas Iglesias y Comunidades separadas, aunque creemos que padecen deficiencias, de ninguna manera carecen de significaci\u00f3n y peso en el misterio de la salvaci\u00f3n. Porque el Esp\u00edritu de Cristo no reh\u00fasa servirse de ellas como medios de salvaci\u00f3n, cuya virtud deriva de la misma plenitud de gracia y verdad que fue confiada a la Iglesia cat\u00f3lica \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24C\">12<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">11. De este modo la Iglesia cat\u00f3lica afirma que, durante los dos mil a\u00f1os de su historia, ha permanecido en la unidad con todos los bienes de los que Dios quiere dotar a su Iglesia, y esto a pesar de las crisis con frecuencia graves que la han sacudido, las faltas de fidelidad de algunos de sus ministros y los errores que cotidianamente cometen sus miembros. La Iglesia cat\u00f3lica sabe que, en virtud del apoyo que le viene del Esp\u00edritu, las debilidades, las mediocridades, los pecados y a veces las traiciones de algunos de sus hijos, no pueden destruir lo que Dios ha infundido en ella en virtud de su designio de gracia. Incluso \u00ab las puertas del infierno no prevalecer\u00e1n contra ella \u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;16, 18). Sin embargo la Iglesia cat\u00f3lica no olvida que muchos en su seno ofuscan el designio de Dios. Al recordar la divisi\u00f3n de los cristianos, el Decreto sobre el ecumenismo no ignora la \u00ab culpa de los hombres por ambas partes \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24D\">13<\/a><\/sup>&nbsp;reconociendo que la responsabilidad no se puede atribuir \u00fanicamente a los \u00ab dem\u00e1s \u00bb. Gracias a Dios, no se ha destruido lo que pertenece a la estructura de la Iglesia de Cristo, ni tampoco la comuni\u00f3n existente con las dem\u00e1s Iglesias y Comunidades eclesiales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, los elementos de santificaci\u00f3n y de verdad presentes en las dem\u00e1s Comunidades cristianas, en grado diverso unas y otras, constituyen la base objetiva de la comuni\u00f3n existente, aunque imperfecta, entre ellas y la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la medida en que estos elementos se encuentran en las dem\u00e1s Comunidades cristianas, la \u00fanica Iglesia de Cristo tiene una presencia operante en ellas. Por este motivo el Concilio Vaticano II habla de una cierta comuni\u00f3n, aunque imperfecta. La Constituci\u00f3n&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>&nbsp;se\u00f1ala que la Iglesia cat\u00f3lica \u00ab se siente unida por muchas razones \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24E\">14<\/a><\/sup>&nbsp;a estas Comunidades con una cierta verdadera uni\u00f3n en el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">12. La misma Constituci\u00f3n explicita ampliamente \u00ab los elementos de santificaci\u00f3n y de verdad \u00bb que, de diversos modos, se encuentran y act\u00faan fuera de los l\u00edmites visibles de la Iglesia cat\u00f3lica: \u00ab Son muchos, en efecto, los que veneran la Sagrada Escritura como norma de fe y de vida y manifiestan un amor sincero por la religi\u00f3n, creen con amor en Dios Padre todopoderoso y en el Hijo de Dios Salvador y est\u00e1n marcados por el Bautismo, por el que est\u00e1n unidos a Cristo, e incluso reconocen y reciben en sus propias Iglesias o Comunidades eclesiales otros sacramentos. Algunos de ellos tienen tambi\u00e9n el Episcopado, celebran la sagrada Eucarist\u00eda y fomentan la devoci\u00f3n a la Virgen Madre de Dios. Se a\u00f1ade a esto la comuni\u00f3n en la oraci\u00f3n y en otros bienes espirituales, incluso una cierta verdadera uni\u00f3n en el Esp\u00edritu Santo. Este act\u00faa, sin duda, tambi\u00e9n en ellos y los santifica con sus dones y gracias y, a algunos de ellos, les dio fuerzas incluso para derramar su sangre. De esta manera, el Esp\u00edritu suscita en todos los disc\u00edpulos de Cristo el deseo de trabajar para que todos se unan en paz, de la manera querida por Cristo, en un solo reba\u00f1o bajo un solo Pastor \u00bb.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24F\">15<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Decreto conciliar sobre el ecumenismo, refiri\u00e9ndose a las Iglesias ortodoxas llega a declarar que \u00ab por la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda del Se\u00f1or en cada una de esas Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24G\">16<\/a><\/sup>&nbsp;Reconocer todo esto es una exigencia de la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">13. El mismo Documento presenta someramente las implicaciones doctrinales. En relaci\u00f3n a los miembros de esas Comunidades, declara: \u00ab Justificados por la fe en el Bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con raz\u00f3n por los hijos de la Iglesia cat\u00f3lica como hermanos en el Se\u00f1or \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24H\">17<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Refiri\u00e9ndose a los m\u00faltiples bienes presentes en las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, el Decreto a\u00f1ade: \u00ab Todas estas realidades, que proceden de Cristo y conducen a El, pertenecen, por derecho, a la \u00fanica Iglesia de Cristo. Nuestros hermanos separados practican tambi\u00e9n no pocas acciones sagradas de la religi\u00f3n cristiana, las cuales, de distintos modos, seg\u00fan la diversa condici\u00f3n de cada Iglesia o comunidad, pueden sin duda producir realmente la vida de la gracia, y deben ser consideradas aptas para abrir el acceso a la comuni\u00f3n de la salvaci\u00f3n \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24I\">18<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se trata de textos ecum\u00e9nicos de m\u00e1xima importancia. Fuera de la comunidad cat\u00f3lica no existe el vac\u00edo eclesial. Muchos elementos de gran valor (<em>eximia<\/em>), que en la Iglesia cat\u00f3lica son parte de la plenitud de los medios de salvaci\u00f3n y de los dones de gracia que constituyen la Iglesia, se encuentran tambi\u00e9n en las otras Comunidades cristianas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">14. Todos estos elementos llevan en s\u00ed mismos la llamada a la unidad para encontrar en ella su plenitud. No se trata de poner juntas todas las riquezas diseminadas en las Comunidades cristianas con el fin de llegar a la Iglesia deseada por Dios. De acuerdo con la gran Tradici\u00f3n atestiguada por los Padres de Oriente y Occidente, la Iglesia cat\u00f3lica cree que en el evento de Pentecost\u00e9s Dios manifest\u00f3&nbsp;<em>ya<\/em>&nbsp;la Iglesia en su realidad escatol\u00f3gica, que El hab\u00eda preparado \u00ab desde el tiempo de Abel el Justo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24J\">19<\/a><\/sup>&nbsp;Est\u00e1 ya dada. Por este motivo nosotros estamos ya en los \u00faltimos tiempos. Los elementos de esta Iglesia ya dada existen, juntos en su plenitud, en la Iglesia cat\u00f3lica y, sin esta plenitud, en las otras Comunidades,&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24K\">20<\/a><\/sup>&nbsp;donde ciertos aspectos del misterio cristiano han estado a veces m\u00e1s eficazmente puestos de relieve. El ecumenismo trata precisamente de hacer crecer la comuni\u00f3n parcial existente entre los cristianos hacia la comuni\u00f3n plena en la verdad y en la caridad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Renovaci\u00f3n y conversi\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">15. Pasando de los principios, del imperativo de la conciencia cristiana, a la realizaci\u00f3n del camino ecum\u00e9nico hacia la unidad, el Concilio Vaticano II pone sobre todo de relieve&nbsp;<em>la necesidad de conversi\u00f3n interior<\/em>. El anuncio mesi\u00e1nico \u00ab el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios est\u00e1 cerca \u00bb y la llamada consiguiente \u00ab convert\u00edos y creed en la Buena Nueva \u00bb (<em>Mc<\/em>&nbsp;1, 15), con la que Jes\u00fas inaugura su misi\u00f3n, indican el elemento esencial que debe caracterizar todo nuevo inicio: la necesidad fundamental de la evangelizaci\u00f3n en cada etapa del camino salv\u00edfico de la Iglesia. Esto se refiere, de modo particular, al proceso iniciado por el Concilio Vaticano II, incluyendo en la renovaci\u00f3n la tarea ecum\u00e9nica de unir a los cristianos divididos entre s\u00ed. \u00ab&nbsp;<em>No hay verdadero ecumenismo sin conversi\u00f3n interior<\/em>&nbsp;\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24L\">21<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Concilio llama tanto a la conversi\u00f3n personal como a la comunitaria. La aspiraci\u00f3n de cada Comunidad cristiana a la unidad es paralela a su fidelidad al Evangelio. Cuando se trata de personas que viven su vocaci\u00f3n cristiana, el Evangelio habla de conversi\u00f3n interior, de una renovaci\u00f3n de la mente.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24M\">22<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada uno debe pues convertirse m\u00e1s radicalmente al Evangelio y, sin perder nunca de vista el designio de Dios, debe cambiar su mirada. Con el ecumenismo la contemplaci\u00f3n de las \u00ab maravillas de Dios \u00bb (<em>mirabilia Dei<\/em>) se ha enriquecido de nuevos espacios, en los que el Dios Trinitario suscita la acci\u00f3n de gracias: la percepci\u00f3n de que el Esp\u00edritu act\u00faa en las otras Comunidades cristianas, el descubrimiento de ejemplos de santidad, la experiencia de las riquezas ilimitadas de la comuni\u00f3n de los santos, el contacto con aspectos impensables del compromiso cristiano. Por otro lado, se ha difundido tambi\u00e9n la necesidad de penitencia: el ser conscientes de ciertas exclusiones que hieren la caridad fraterna, de ciertos rechazos que deben ser perdonados, de un cierto orgullo, de aquella obstinaci\u00f3n no evang\u00e9lica en la condena de los \u00ab otros \u00bb, de un desprecio derivado de una presunci\u00f3n nociva. As\u00ed la vida entera de los cristianos queda marcada por la preocupaci\u00f3n ecum\u00e9nica y est\u00e1n llamados a asumirla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">16. En el magisterio del Concilio hay un nexo claro entre renovaci\u00f3n, conversi\u00f3n y reforma. Afirma as\u00ed: \u00ab La Iglesia, peregrina en este mundo, es llamada por Cristo a esta reforma permanente de la que ella, como instituci\u00f3n terrena y humana, necesita continuamente; de modo que si algunas cosas, por circunstancias de tiempo y lugar, hubieran sido observadas menos cuidadosamente 2 deben restaurarse en el momento oportuno y debidamente \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24N\">23<\/a><\/sup>&nbsp;Ninguna Comunidad cristiana puede eludir esta llamada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dialogando con franqueza, las Comunidades se ayudan a mirarse mutuamente unas a otras a la luz de la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica. Esto las lleva a preguntarse si verdaderamente expresan de manera adecuada todo lo que el Esp\u00edritu ha transmitido por medio de los Ap\u00f3stoles.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24O\">24<\/a><\/sup>&nbsp;En relaci\u00f3n a la Iglesia cat\u00f3lica, en diversas circunstancias, como con ocasi\u00f3n del aniversario del&nbsp;<em>Bautismo de la Rus&#8217;<\/em>,&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24P\">25<\/a><\/sup>&nbsp;o del recuerdo, despu\u00e9s de once siglos, de la obra evangelizadora de los santos Cirilo y Metodio,&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24Q\">26<\/a><\/sup>&nbsp;me he referido a estas exigencias y perspectivas. M\u00e1s recientemente, el<em>&nbsp;Directorio para la aplicaci\u00f3n de los principios y de las normas acerca del ecumenismo<\/em>, publicado con mi aprobaci\u00f3n por el Pontificio Consejo para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos, las ha aplicado en el campo pastoral.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24R\">27<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">17. En relaci\u00f3n a los dem\u00e1s cristianos, los principales documentos de la Comisi\u00f3n&nbsp;<em>Fe y Constituci\u00f3n<\/em>&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24S\">28<\/a><\/sup>&nbsp;y las declaraciones de numerosos di\u00e1logos bilaterales han ofrecido ya a las Comunidades cristianas instrumentos \u00fatiles para discernir lo que es necesario para el movimiento ecum\u00e9nico y para la conversi\u00f3n que \u00e9ste debe suscitar. Estos estudios son importantes bajo una doble perspectiva: muestran los notables progresos ya alcanzados e infunden esperanza por constituir una base segura para la sucesiva y profundizada investigaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La comuni\u00f3n creciente en una reforma continua, realizada a la luz de la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica, es sin duda, en la situaci\u00f3n actual del pueblo cristiano, una de las caracter\u00edsticas distintivas y m\u00e1s importantes del ecumenismo. Por otra parte, es tambi\u00e9n una garant\u00eda esencial para su futuro. Los fieles de la Iglesia cat\u00f3lica deben saber que el impulso ecum\u00e9nico del Concilio Vaticano II es uno de los resultados de la postura que la Iglesia adopt\u00f3 entonces para escrutarse a la luz del Evangelio y de la gran Tradici\u00f3n. Mi predecesor, el Papa Juan XXIII, lo hab\u00eda comprendido bien rechazando separar actualizaci\u00f3n y apertura ecum\u00e9nica al convocar el Concilio.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24T\">29<\/a><\/sup>&nbsp;Al t\u00e9rmino de la asamblea conciliar, el Papa Pablo VI, reanudando el di\u00e1logo de caridad con las Iglesias en comuni\u00f3n con el Patriarcado de Constantinopla, y realizando el gesto concreto y altamente significativo de \u00ab relegar en el olvido \u00bb \u2014y hacer \u00ab desaparecer de la memoria y del interior de la Iglesia \u00bb\u2014 las excomuniones del pasado, consagr\u00f3 la vocaci\u00f3n ecum\u00e9nica del Concilio. Es interesante recordar que la creaci\u00f3n de un organismo especial para el ecumenismo coincide con el comienzo mismo de la preparaci\u00f3n del Concilio Vaticano II&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24U\">30<\/a><\/sup>&nbsp;y que, a trav\u00e9s de este organismo, las opiniones y valoraciones de las dem\u00e1s Comunidades cristianas estuvieron presentes en los grandes debates sobre la Revelaci\u00f3n, la Iglesia, la naturaleza del ecumenismo y la libertad religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Importancia fundamental de la doctrina<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">18. Bas\u00e1ndose en una idea que el mismo Papa Juan XXIII hab\u00eda expresado en la apertura del Concilio,&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24V\">31<\/a><\/sup>&nbsp;el Decreto sobre el ecumenismo menciona el modo de exponer la doctrina entre los elementos de la continua reforma.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24W\">32<\/a><\/sup>&nbsp;No se trata en este contexto de modificar el dep\u00f3sito de la fe, de cambiar el significado de los dogmas, de suprimir en ellos palabras esenciales, de adaptar la verdad a los gustos de una \u00e9poca, de quitar ciertos art\u00edculos del&nbsp;<em>Credo<\/em>&nbsp;con el falso pretexto de que ya no son comprensibles hoy. La unidad querida por Dios s\u00f3lo se puede realizar en la adhesi\u00f3n com\u00fan al contenido \u00edntegro de la fe revelada. En materia de fe, una soluci\u00f3n de compromiso est\u00e1 en contradicci\u00f3n con Dios que es la Verdad. En el Cuerpo de Cristo que es \u00ab camino, verdad y vida \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;14, 6), \u00bfqui\u00e9n considerar\u00eda leg\u00edtima una reconciliaci\u00f3n lograda a costa de la verdad? La Declaraci\u00f3n conciliar sobre la libertad religiosa&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Dignitatis humanae<\/a>&nbsp;<\/em>atribuye a la dignidad humana la b\u00fasqueda de la verdad, \u00ab sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24X\">33<\/a><\/sup>&nbsp;y la adhesi\u00f3n a sus exigencias. Por tanto, un \u00ab estar juntos \u00bb que traicionase la verdad estar\u00eda en oposici\u00f3n con la naturaleza de Dios que ofrece su comuni\u00f3n, y con la exigencia de verdad que est\u00e1 en lo m\u00e1s profundo de cada coraz\u00f3n humano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">19. Sin embargo, la doctrina debe ser presentada de un modo que sea comprensible para aqu\u00e9llos a quienes Dios la destina. En la Carta enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_19850602_slavorum-apostoli.html\">Slavorum apostoli<\/a><\/em>&nbsp;recordaba c\u00f3mo Cirilo y Metodio, por este mismo motivo, tradujeron las nociones de la Biblia y los conceptos de la teolog\u00eda griega en un contexto de experiencias hist\u00f3ricas y de pensamiento muy diverso. Quer\u00edan que la \u00fanica palabra de Dios fuese \u00ab hecha accesible de este modo seg\u00fan las formas expresivas propias de cada civilizaci\u00f3n \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24Y\">34<\/a><\/sup>&nbsp;Comprendieron pues que no pod\u00edan \u00ab imponer a los pueblos, cuya evangelizaci\u00f3n les encomendaron, ni siquiera la indiscutible superioridad de la lengua griega y de la cultura bizantina, o los usos y comportamientos de la sociedad m\u00e1s avanzada, en la que ellos hab\u00edan crecido \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%24Z\">35<\/a><\/sup>&nbsp;As\u00ed hac\u00edan realidad aquella \u00ab perfecta comuni\u00f3n en el amor 3 preserva a la Iglesia de cualquier forma de particularismo o de exclusivismo \u00e9tnico o de prejuicio racial, as\u00ed como de cualquier orgullo nacionalista \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2410\">36<\/a><\/sup>&nbsp;En este mismo esp\u00edritu, no dud\u00e9 en decir a los abor\u00edgenes de Australia: \u00ab No ten\u00e9is que ser un pueblo dividido en dos partes 4 Jes\u00fas os invita a aceptar sus palabras y sus valores dentro de vuestra propia cultura \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2411\">37<\/a><\/sup>&nbsp;Puesto que por su naturaleza la verdad de fe est\u00e1 destinada a toda la humanidad, exige ser traducida a todas las culturas. En efecto, el elemento que determina la comuni\u00f3n en la verdad es el&nbsp;<em>significado de la verdad&nbsp;<\/em>misma. La expresi\u00f3n de la verdad puede ser multiforme, y la renovaci\u00f3n de las formas de expresi\u00f3n se hace necesaria para transmitir al hombre de hoy el mensaje evang\u00e9lico en su inmutable significado.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2412\">38<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab Esta renovaci\u00f3n tiene, pues, gran importancia ecum\u00e9nica \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2413\">39<\/a><\/sup>&nbsp;Y es no s\u00f3lo renovaci\u00f3n del modo de expresar la fe, sino de la misma vida de fe. Se podr\u00eda preguntar: \u00bfqui\u00e9n debe realizarla? El Concilio responde claramente a este interrogante: corresponde a \u00ab la Iglesia entera, tanto los fieles como los pastores; y afecta a cada uno seg\u00fan su propia capacidad, ya sea en la vida cristiana diaria o en las investigaciones teol\u00f3gicas e hist\u00f3ricas \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2414\">40<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">20. Todo esto es sumamente importante y de significado fundamental para la actividad ecum\u00e9nica. De ello resulta inequ\u00edvocamente que el ecumenismo, el movimiento a favor de la unidad de los cristianos,&nbsp;<em>no es s\u00f3lo un mero&nbsp;<\/em>\u00ab&nbsp;<em>ap\u00e9ndice<\/em>&nbsp;\u00bb, que se a\u00f1ade a la actividad tradicional de la Iglesia. Al contrario, pertenece org\u00e1nicamente a su vida y a su acci\u00f3n y debe, en consecuencia, inspirarlas y ser como el fruto de un \u00e1rbol que, sano y lozano, crece hasta alcanzar su pleno desarrollo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed cre\u00eda en la unidad de la Iglesia el Papa Juan XXIII y as\u00ed miraba a la unidad de todos los cristianos. Refiri\u00e9ndose a los dem\u00e1s cristianos, a la gran familia cristiana, constataba: \u00ab Es mucho m\u00e1s fuerte lo que nos une que lo que nos divide \u00bb. Por su parte, el Concilio Vaticano II exhorta: \u00ab Recuerden todos los fieles cristianos que promover\u00e1n e incluso practicar\u00e1n tanto mejor la uni\u00f3n cuanto m\u00e1s se esfuercen por vivir una vida m\u00e1s pura seg\u00fan el Evangelio. Pues cuanto m\u00e1s estrecha sea su comuni\u00f3n con el Padre, el Verbo y el Esp\u00edritu, m\u00e1s \u00edntima y f\u00e1cilmente podr\u00e1n aumentar la fraternidad mutua \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2415\">41<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Primac\u00eda de la oraci\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">21. \u00ab Esta&nbsp;<em>conversi\u00f3n del coraz\u00f3n y santidad de vida, junto con las oraciones p\u00fablicas y privadas por la unidad de los cristianos<\/em>, deben considerarse como el alma de todo el movimiento ecum\u00e9nico y pueden llamarse con raz\u00f3n ecumenismo espiritual \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2416\">42<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se avanza en el camino que lleva a la conversi\u00f3n de los corazones seg\u00fan el amor que se tenga a Dios y, al mismo tiempo, a los hermanos: a todos los hermanos, incluso a los que no est\u00e1n en plena comuni\u00f3n con nosotros. Del amor nace el deseo de la unidad, tambi\u00e9n en aqu\u00e9llos que siempre han ignorado esta exigencia. El amor es art\u00edfice de comuni\u00f3n entre las personas y entre las Comunidades. Si nos amamos, es m\u00e1s profunda nuestra comuni\u00f3n, y se orienta hacia la perfecci\u00f3n.&nbsp;<em>El amor se dirige a Dios<\/em>&nbsp;como fuente perfecta de comuni\u00f3n \u2014la unidad del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u2014, para encontrar la fuerza de suscitar esta misma comuni\u00f3n entre las personas y entre las Comunidades, o de restablecerla entre los cristianos a\u00fan divididos. El amor es la corriente profund\u00edsima que da vida e infunde vigor al proceso hacia la unidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este amor halla&nbsp;<em>su expresi\u00f3n m\u00e1s plena en la oraci\u00f3n com\u00fan<\/em>. Cuando los hermanos que no est\u00e1n en perfecta comuni\u00f3n entre s\u00ed se re\u00fanen para rezar, su oraci\u00f3n es definida por el Concilio Vaticano II como&nbsp;<em>alma de todo el movimiento ecum\u00e9nico<\/em>. La oraci\u00f3n es \u00ab un medio sumamente eficaz para pedir la gracia de la unidad \u00bb, una \u00ab&nbsp;<em>expresi\u00f3n aut\u00e9ntica de los v\u00ednculos que siguen uniendo a los cat\u00f3licos con los hermanos separados<\/em>&nbsp;\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2417\">43<\/a><\/sup>&nbsp;Incluso cuando no se reza en sentido formal por la unidad de los cristianos, sino por otros motivos, como, por ejemplo, por la paz, la oraci\u00f3n se convierte por s\u00ed misma en expresi\u00f3n y confirmaci\u00f3n de la unidad. La oraci\u00f3n com\u00fan de los cristianos invita a Cristo mismo a visitar la Comunidad de aqu\u00e9llos que lo invocan: \u00ab Donde est\u00e1n dos o tres reunidos en mi nombre, all\u00ed estoy yo en medio de ellos \u00bb (<em>Mt&nbsp;<\/em>18, 20).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">22. Cuando los cristianos rezan juntos la meta de la unidad aparece m\u00e1s cercana. La larga historia de los cristianos marcada por m\u00faltiples divisiones parece recomponerse, tendiendo a la Fuente de su unidad que es Jesucristo. \u00a1El es el mismo ayer, hoy y siempre! (cf.&nbsp;<em>Hb<\/em>&nbsp;13, 8). Cristo est\u00e1 realmente presente en la comuni\u00f3n de oraci\u00f3n; ora \u00ab en nosotros \u00bb, \u00ab con nosotros \u00bb y \u00ab por nosotros \u00bb. El dirige nuestra oraci\u00f3n en el Esp\u00edritu Consolador que prometi\u00f3 y dio ya a su Iglesia en el Cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n, cuando la constituy\u00f3 en su unidad originaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el camino ecum\u00e9nico hacia la unidad, la primac\u00eda corresponde sin duda a la&nbsp;<em>oraci\u00f3n com\u00fan<\/em>, a la uni\u00f3n orante de quienes se congregan en torno a Cristo mismo. Si los cristianos, a pesar de sus divisiones, saben unirse cada vez m\u00e1s en oraci\u00f3n com\u00fan en torno a Cristo, crecer\u00e1 en ellos la conciencia de que es menos lo que los divide que lo que los une. Si se encuentran m\u00e1s frecuente y asiduamente delante de Cristo en la oraci\u00f3n, hallar\u00e1n fuerza para afrontar toda la dolorosa y humana realidad de las divisiones, y de nuevo se encontrar\u00e1n en aquella comunidad de la Iglesia que Cristo forma incesantemente en el Esp\u00edritu Santo, a pesar de todas las debilidades y limitaciones humanas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">23. En suma,&nbsp;<em>la comuni\u00f3n de oraci\u00f3n lleva a mirar con ojos nuevos a la Iglesia y al cristianismo<\/em>. En efecto, no se debe olvidar que el Se\u00f1or pidi\u00f3 al Padre la unidad de sus disc\u00edpulos, para que \u00e9sta fuera testimonio de su misi\u00f3n y el mundo pudiese creer que el Padre lo hab\u00eda enviado (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;17, 21). Se puede decir que el movimiento ecum\u00e9nico haya partido en cierto sentido de la experiencia negativa de quienes, anunciando el \u00fanico Evangelio, se refer\u00edan cada uno a su propia Iglesia o Comunidad eclesial; una contradicci\u00f3n que no pod\u00eda pasar desapercibida a quien escuchaba el mensaje de salvaci\u00f3n y encontraba en ello un obst\u00e1culo a la acogida del anuncio evang\u00e9lico. Lamentablemente este grave impedimento no est\u00e1 superado. Es cierto, no estamos todav\u00eda en plena comuni\u00f3n. Sin embargo, a pesar de nuestras divisiones, estamos recorriendo el camino hacia la unidad plena, aquella unidad que caracterizaba a la Iglesia apost\u00f3lica en sus principios, y que nosotros buscamos sinceramente: prueba de esto es nuestra oraci\u00f3n com\u00fan, animada por la fe. En la oraci\u00f3n nos reunimos en el nombre de Cristo que es Uno. El es nuestra unidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La oraci\u00f3n&nbsp;<\/em>\u00ab&nbsp;<em>ecum\u00e9nica<\/em>&nbsp;\u00bb&nbsp;<em>est\u00e1 al servicio de la misi\u00f3n cristiana y de su credibilidad.&nbsp;<\/em>Por eso debe estar particularmente presente en la vida de la Iglesia y en cada actividad que tenga como fin favorecer la unidad de los cristianos. Es como si nosotros debi\u00e9ramos volver siempre a reunirnos en el Cen\u00e1culo del Jueves Santo, aunque nuestra presencia com\u00fan en este lugar, aguarda todav\u00eda su perfecto cumplimiento, hasta que, superados los obst\u00e1culos para la perfecta comuni\u00f3n eclesial, todos los cristianos se re\u00fanan en la \u00fanica celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2418\">44<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">24. Es motivo de alegr\u00eda constatar c\u00f3mo tantos encuentros ecum\u00e9nicos incluyen casi siempre la oraci\u00f3n y, m\u00e1s a\u00fan, culminan con ella.&nbsp;<em>La Semana de Oraci\u00f3n por la unidad de los cristianos<\/em>, que se celebra en el mes de enero, o en torno a Pentecost\u00e9s en algunos pa\u00edses, se ha convertido en una tradici\u00f3n difundida y consolidada. Pero adem\u00e1s de ella, son muchas las ocasiones que durante el a\u00f1o llevan a los cristianos a rezar juntos. En este contexto, deseo evocar la experiencia particular de las<em>&nbsp;peregrinaciones del Papa por las Iglesias<\/em>, en los diferentes continentes y en los varios pa\u00edses de la&nbsp;<em>oikoumene<\/em>&nbsp;contempor\u00e1nea. Soy bien consciente de que el Concilio Vaticano II orient\u00f3 al Papa hacia este particular ejercicio de su ministerio apost\u00f3lico. Se puede decir a\u00fan m\u00e1s. El Concilio hizo de este peregrinar del Papa una clara necesidad, en cumplimiento del papel del Obispo de Roma al servicio de la comuni\u00f3n.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2419\">45<\/a><\/sup>&nbsp;Estas visitas casi siempre han incluido un encuentro ecum\u00e9nico y la&nbsp;<em>oraci\u00f3n en com\u00fan de los hermanos que buscan la unidad en Cristo y en su Iglesia<\/em>. Recuerdo con una emoci\u00f3n muy especial la oraci\u00f3n con el Primado de la Comuni\u00f3n anglicana en la catedral de Canterbury, el 29 de mayo de 1982, cuando en aquel admirable templo ve\u00eda un \u00ab elocuente testimonio, al mismo tiempo,&nbsp;<em>de nuestros largos a\u00f1os de herencia com\u00fan y de los tristes a\u00f1os de divisi\u00f3n que vinieron a continuaci\u00f3n<\/em>&nbsp;\u00bb;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241A\">46<\/a><\/sup>&nbsp;tampoco puedo olvidar las realizadas en los Pa\u00edses escandinavos y n\u00f3rdicos (1-10 de junio de 1989), en Am\u00e9rica, Africa, o aqu\u00e9lla en la sede del Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias (12 de junio de 1984), organismo que tiene como objetivo llamar a las Iglesias y a las Comunidades eclesiales que forman parte \u00ab a la meta de la comuni\u00f3n visible en una sola fe y en una sola comuni\u00f3n eucar\u00edstica expresada en el culto y en la vida com\u00fan en Cristo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241B\">47<\/a><\/sup>&nbsp;Y \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda olvidar mi participaci\u00f3n en la liturgia eucar\u00edstica en la iglesia de san Jorge, en el Patriarcado ecum\u00e9nico (30 de noviembre de 1979), y la celebraci\u00f3n en la Bas\u00edlica de san Pedro durante la visita a Roma de mi venerable Hermano, el Patriarca Dimitrios I (6 de diciembre de 1987)? En aquella circunstancia, junto al altar de la Confesi\u00f3n, profesamos juntos el S\u00edmbolo niceno-constantinopolitano, seg\u00fan el texto original griego. No se pueden describir con pocas palabras los aspectos concretos que han caracterizado cada uno de estos encuentros de oraci\u00f3n. Por los condicionamientos del pasado que, de modo diverso, pesaban sobre cada uno de ellos, todos tienen una propia y singular elocuencia; todos est\u00e1n grabados en la memoria de la Iglesia, guiada por el Par\u00e1clito en la b\u00fasqueda de la unidad de todos los creyentes en Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">25. No s\u00f3lo el Papa se ha hecho peregrino. En estos a\u00f1os muchos dignos representantes de otras Iglesias y Comunidades eclesiales me han visitado en Roma y he podido rezar con ellos en encuentros p\u00fablicos y privados. Ya he mencionado la presencia del Patriarca ecum\u00e9nico Dimitrios I. Quisiera ahora recordar tambi\u00e9n el encuentro de oraci\u00f3n con los Arzobispos luteranos, primados de Suecia y Finlandia, en la misma Bas\u00edlica de san Pedro, para la celebraci\u00f3n de V\u00edsperas, con ocasi\u00f3n del VI centenario de la canonizaci\u00f3n de santa Br\u00edgida (5 de octubre de 1991). Se trata de un ejemplo, porque la Iglesia es consciente de que el deber de orar por la unidad es propio de su vida. No hay un acontecimiento importante y significativo que no se beneficie con la presencia rec\u00edproca y la oraci\u00f3n de los cristianos. Me es imposible enumerar todos estos encuentros, aunque cada uno merezca ser nombrado. Verdaderamente el Se\u00f1or nos lleva de la mano y nos gu\u00eda. Estos intercambios, estas oraciones han escrito ya p\u00e1ginas y p\u00e1ginas de nuestro \u00ab Libro de la unidad \u00bb, \u00ab Libro \u00bb que debemos siempre hojear y releer para hallar inspiraci\u00f3n y esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">26. La oraci\u00f3n, la comunidad de oraci\u00f3n, nos permite reencontrar siempre la verdad evang\u00e9lica de las palabras \u00ab&nbsp;<em>uno solo es vuestro Padre<\/em>&nbsp;\u00bb (<em>Mt&nbsp;<\/em>23, 9), aquel Padre, Abb\u00e1, al cual Cristo mismo se dirige, El que es Hijo unig\u00e9nito de la misma sustancia. Y adem\u00e1s: \u00ab&nbsp;<em>Uno solo es vuestro Maestro<\/em>;&nbsp;<em>y vosotros sois todos hermanos<\/em>&nbsp;\u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;23, 8). La oraci\u00f3n \u00ab ecum\u00e9nica \u00bb manifiesta esta dimensi\u00f3n fundamental de fraternidad en Cristo, que muri\u00f3 para unir a los hijos de Dios dispersos, para que nosotros, llegando a ser hijos en el Hijo (cf.&nbsp;<em>Ef<\/em>&nbsp;1, 5), reflej\u00e1semos m\u00e1s plenamente la inescrutable realidad de la paternidad de Dios y, al mismo tiempo, la verdad sobre la humanidad propia de cada uno y de todos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La oraci\u00f3n \u00ab ecum\u00e9nica \u00bb, la oraci\u00f3n de los hermanos y hermanas, expresa todo esto. Ellos, precisamente por estar divididos entre s\u00ed, con mayor esperanza&nbsp;<em>se unen en Cristo, confi\u00e1ndole el futuro de su unidad y de su comuni\u00f3n<\/em>. A esta situaci\u00f3n se podr\u00eda aplicar una vez m\u00e1s felizmente la ense\u00f1anza del Concilio: \u00ab El Se\u00f1or Jes\u00fas, cuando pide al Padre &#8216;que&nbsp;<em>todos sean uno<\/em>&nbsp;1&nbsp;<em>como nosotros tambi\u00e9n somos uno<\/em>&#8216; (<em>Jn<\/em>&nbsp;17, 21-22), ofreciendo perspectivas inaccesibles a la raz\u00f3n humana, sugiere cierta semejanza entre la uni\u00f3n de las personas divinas y la uni\u00f3n de los hijos de Dios en la verdad y el amor \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241C\">48<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La conversi\u00f3n del coraz\u00f3n, condici\u00f3n esencial de toda aut\u00e9ntica b\u00fasqueda de la unidad, brota de la oraci\u00f3n y \u00e9sta la lleva hacia su cumplimiento: \u00ab Los deseos de unidad brotan y maduran como fruto de la renovaci\u00f3n de la mente, de la negaci\u00f3n de s\u00ed mismo y de una efusi\u00f3n lib\u00e9rrima de la caridad. Por ello, debemos<em>&nbsp;implorar del Esp\u00edritu divino&nbsp;<\/em>la gracia de una sincera abnegaci\u00f3n, humildad y mansedumbre en el servicio a los dem\u00e1s y esp\u00edritu de generosidad fraterna hacia ellos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241D\">49<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">27. Orar por la unidad no est\u00e1 sin embargo reservado a quien vive en un contexto de divisi\u00f3n entre los cristianos. En el di\u00e1logo \u00edntimo y personal que cada uno de nosotros debe tener con el Se\u00f1or en la oraci\u00f3n, no puede excluirse la preocupaci\u00f3n por la unidad. En efecto, s\u00f3lo de este modo \u00e9sta formar\u00e1 parte plenamente de la realidad de nuestra vida y de los compromisos que hayamos asumido en la Iglesia. Para poner de relieve esta exigencia he querido proponer a los fieles de la Iglesia cat\u00f3lica un modelo que me parece ejemplar, el de una religiosa trapense,<em>&nbsp;Mar\u00eda Gabriela de la Unidad<\/em>, que proclam\u00e9 beata el 25 de enero de 1983.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241E\">50<\/a><\/sup>&nbsp;Sor Mar\u00eda Gabriela, llamada por su vocaci\u00f3n a vivir alejada del mundo, dedic\u00f3 su existencia a la meditaci\u00f3n y a la oraci\u00f3n centrada en el cap\u00edtulo 17 del Evangelio de san Juan y la ofreci\u00f3 por la unidad de los cristianos. Este es el soporte de toda oraci\u00f3n: la entrega total y sin reservas de la propia vida al Padre, por medio del Hijo, en el Esp\u00edritu Santo. El ejemplo de sor Mar\u00eda Gabriela nos ense\u00f1a, nos hace comprender c\u00f3mo no existen tiempos, situaciones o lugares particulares para rezar por la unidad. La oraci\u00f3n de Cristo al Padre es modelo para todos, siempre y en todo lugar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Di\u00e1logo ecum\u00e9nico<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">28. Si la oraci\u00f3n es el \u00ab alma \u00bb de la renovaci\u00f3n ecum\u00e9nica y de la aspiraci\u00f3n a la unidad; sobre ella se fundamenta y en ella encuentra su fuerza&nbsp;<em>todo lo que el Concilio define como \u00abdi\u00e1logo<\/em>&nbsp;\u00bb. Esta definici\u00f3n no est\u00e1 ciertamente lejos del<em>&nbsp;pensamiento personalista<\/em>&nbsp;actual. La actitud de \u00ab di\u00e1logo \u00bb se sit\u00faa en el nivel de la naturaleza de la persona y de su dignidad. Desde el punto de vista filos\u00f3fico, esta posici\u00f3n se relaciona con la verdad cristiana sobre el hombre expresada por el Concilio. En efecto, el hombre \u00ab es la \u00fanica criatura en la tierra a la que Dios ha amado por s\u00ed misma \u00bb; por tanto \u00ab no puede encontrarse plenamente a s\u00ed mismo sino en la entrega sincera de s\u00ed mismo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241F\">51<\/a><\/sup>&nbsp;El di\u00e1logo es paso obligado del camino a recorrer&nbsp;<em>hacia la autorrealizaci\u00f3n del hombre<\/em>, tanto del<em>&nbsp;individuo<\/em>&nbsp;como tambi\u00e9n de&nbsp;<em>cada comunidad humana<\/em>. Si bien del concepto de \u00ab di\u00e1logo \u00bb parece emerger en primer plano el momento cognoscitivo (<em>dia<\/em>&#8211;<em>logos<\/em>), cada di\u00e1logo encierra una dimensi\u00f3n global, existencial. Abarca al sujeto humano totalmente; el di\u00e1logo entre las comunidades compromete de modo particular la subjetividad de cada una de ellas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta verdad sobre el di\u00e1logo, expresada tan profundamente por el Papa Pablo VI en la Enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html\">Ecclesiam suam<\/a><\/em>,&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241G\">52<\/a><\/sup>&nbsp;fue tambi\u00e9n asumida por la doctrina y la actividad ecum\u00e9nica del Concilio. El di\u00e1logo no es s\u00f3lo un intercambio de ideas. Siempre es de todos modos un \u00ab intercambio de dones \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241H\">53<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">29. Por este motivo, el Decreto conciliar sobre el ecumenismo pone tambi\u00e9n en primer plano \u00ab todos los esfuerzos para eliminar palabras, juicios y acciones que no respondan, seg\u00fan la justicia y la verdad, a la condici\u00f3n de los hermanos separados, y que por lo mismo hagan m\u00e1s dif\u00edciles las relaciones mutuas con ellos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241I\">54<\/a><\/sup>&nbsp;Este Documento afronta la cuesti\u00f3n desde el punto de vista de la Iglesia cat\u00f3lica y se refiere al criterio que ella debe aplicar en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s cristianos. Sin embargo, en todo esto hay una exigencia de reciprocidad. Seguir este criterio es un compromiso indispensable de cada una de las partes que quieren dialogar y es condici\u00f3n previa para comenzarlo. Es necesario pasar de una situaci\u00f3n de antagonismo y de conflicto a un nivel en el que uno y otro se reconocen rec\u00edprocamente como&nbsp;<em>asociados<\/em>. Cuando se empieza a dialogar,&nbsp;<em>cada una de las partes debe presuponer una voluntad de reconciliaci\u00f3n en su interlocutor<\/em>, de<em>&nbsp;unidad en la verdad<\/em>. Para realizar todo esto, deben evitarse las manifestaciones de rec\u00edproca oposici\u00f3n. S\u00f3lo as\u00ed el di\u00e1logo ayudar\u00e1 a superar la divisi\u00f3n y podr\u00e1 acercar a la unidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">30. Se puede afirmar, con viva gratitud hacia el Esp\u00edritu de verdad, que el Concilio Vaticano II fue un tiempo providencial durante el cual se realizaron las condiciones fundamentales para la participaci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico. Por otra parte, la presencia de numerosos observadores de varias Iglesias y Comunidades eclesiales, su profunda implicaci\u00f3n en el acontecimiento conciliar, los numerosos encuentros y las oraciones en com\u00fan que el Concilio ha hecho posibles, han contribuido a que se dieran&nbsp;<em>las condiciones para el di\u00e1logo<\/em>. Durante el Concilio, los representantes de las Iglesias y Comunidades cristianas experimentaron la disposici\u00f3n para el di\u00e1logo del episcopado cat\u00f3lico del mundo entero y, en particular, de la Sede Apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Estructuras locales de di\u00e1logo<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">31. El di\u00e1logo ecum\u00e9nico, tal y como se ha manifestado desde los d\u00edas del Concilio, lejos de ser una prerrogativa de la Sede Apost\u00f3lica, ata\u00f1e tambi\u00e9n a las Iglesias locales o particulares. Las Conferencias episcopales y los S\u00ednodos de las Iglesias orientales cat\u00f3licas han instituido comisiones especiales para la promoci\u00f3n del esp\u00edritu y de la acci\u00f3n ecum\u00e9nicos. Oportunas estructuras an\u00e1logas trabajan a nivel diocesano. Estas iniciativas manifiestan el deber concreto y general de la Iglesia cat\u00f3lica de aplicar las orientaciones conciliares sobre ecumenismo: este es un aspecto esencial del movimiento ecum\u00e9nico.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241J\">55<\/a><\/sup>&nbsp;No s\u00f3lo se ha emprendido el di\u00e1logo, sino que&nbsp;<em>se ha convertido en una necesidad declarada, una de las prioridades de la Iglesia<\/em>; en consecuencia, se ha perfilado la \u00ab t\u00e9cnica \u00bb para dialogar, favoreciendo al mismo tiempo el crecimiento del esp\u00edritu de di\u00e1logo. En este contexto se quiere ante todo considerar el di\u00e1logo entre cristianos de las diferentes Iglesias o Comunidades, \u00ab entablado entre expertos adecuadamente formados, en el que cada uno explica con mayor profundidad la doctrina de su Comuni\u00f3n y presenta con claridad sus caracter\u00edsticas \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241K\">56<\/a><\/sup>&nbsp;Sin embargo, conviene que cada cristiano conozca el m\u00e9todo adecuado al di\u00e1logo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">32. Como afirma la Declaraci\u00f3n conciliar sobre la libertad religiosa, \u00ab la verdad debe buscarse de un modo adecuado a la dignidad de la persona humana y a su naturaleza social, es decir, mediante la investigaci\u00f3n libre, con la ayuda del magisterio o ense\u00f1anza, de la comunicaci\u00f3n y del di\u00e1logo, en los que unos exponen a los otros la verdad que han encontrado o piensan haber encontrado, para ayudarse mutuamente en la b\u00fasqueda de la verdad; una vez conocida la verdad, hay que adherirse a ella firmemente con el asentimiento personal \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241L\">57<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El di\u00e1logo ecum\u00e9nico tiene una importancia esencial. \u00ab Pues, por medio de este di\u00e1logo, todos adquieren un conocimiento m\u00e1s aut\u00e9ntico y&nbsp;<em>una estima m\u00e1s justa<\/em>&nbsp;de la doctrina y de la vida de cada Comuni\u00f3n; adem\u00e1s, tambi\u00e9n las Comuniones consiguen&nbsp;<em>una mayor colaboraci\u00f3n<\/em>&nbsp;en aquellas obligaciones en pro del bien com\u00fan exigidas por toda conciencia cristiana, y se re\u00fanen, en cuanto es posible, en la oraci\u00f3n un\u00e1nime. Finalmente, todos examinan su fidelidad a la voluntad de Cristo sobre la Iglesia y emprenden valientemente, como conviene, la obra de renovaci\u00f3n y de reforma \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241M\">58<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Di\u00e1logo como examen de conciencia<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">33. En la intenci\u00f3n del Concilio, el di\u00e1logo ecum\u00e9nico tiene el car\u00e1cter de una b\u00fasqueda com\u00fan de la verdad, particularmente sobre la Iglesia. En efecto, la verdad forma las conciencias y orienta su actuaci\u00f3n en favor de la unidad. Al mismo tiempo, exige que la conciencia de los cristianos, hermanos divididos entre s\u00ed, y sus obras se conformen a la oraci\u00f3n de Cristo por la unidad. Existe una correlaci\u00f3n entre oraci\u00f3n y di\u00e1logo. Una oraci\u00f3n m\u00e1s profunda y consciente hace el di\u00e1logo m\u00e1s rico en frutos. Si por una parte la oraci\u00f3n es la condici\u00f3n para el di\u00e1logo, por otra llega a ser, de forma cada vez m\u00e1s madura, su fruto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">34. Gracias al di\u00e1logo ecum\u00e9nico podemos hablar de mayor madurez de nuestra oraci\u00f3n com\u00fan. Esto es posible en cuanto&nbsp;<em>el di\u00e1logo cumple tambi\u00e9n y al mismo tiempo la funci\u00f3n de un examen de conciencia<\/em>. \u00bfC\u00f3mo no recordar en este contexto las palabras de la Primera Carta de Juan? \u00ab Si decimos: &#8216;No tenemos pecado&#8217;, nos enga\u00f1amos y la verdad no est\u00e1 en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es \u00e9l 2 para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia \u00bb (1, 8-9). Juan nos lleva a\u00fan m\u00e1s all\u00e1 cuando afirma: \u00ab Si decimos: &#8216;No hemos pecado&#8217;, le hacemos mentiroso y su Palabra no est\u00e1 en nosotros \u00bb (1, 10). Una&nbsp;<em>exhortaci\u00f3n que reconoce tan radicalmente nuestra condici\u00f3n de pecadores<\/em>&nbsp;debe ser tambi\u00e9n una caracter\u00edstica del esp\u00edritu con que se afronta el di\u00e1logo ecum\u00e9nico. Si \u00e9ste no llegara a ser un examen de conciencia, como un \u00ab di\u00e1logo de las conciencias \u00bb, \u00bfpodr\u00edamos contar con la certeza que la misma Carta nos transmite? \u00ab Hijos m\u00edos, os escribo esto para que no pequ\u00e9is. Pero si alguno peca,&nbsp;<em>tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo<\/em>. El es v\u00edctima de propiciaci\u00f3n por nuestros pecados, no s\u00f3lo por los nuestros, sino tambi\u00e9n por los del mundo entero \u00bb (2, 1-2). El sacrificio salv\u00edfico de Cristo se ofrece por todos los pecados del mundo, y por tanto tambi\u00e9n los cometidos contra la unidad de la Iglesia: los pecados de los cristianos, tanto de los pastores como de los fieles. Incluso despu\u00e9s de tantos pecados que han contribuido a las divisiones hist\u00f3ricas,&nbsp;<em>es posible la unidad de los cristianos<\/em>, si somos conscientes humildemente de haber pecado contra la unidad y estamos convencidos de la necesidad de nuestra conversi\u00f3n. No s\u00f3lo se deben perdonar y superar los pecados personales, sino tambi\u00e9n los sociales, es decir, las \u00ab estructuras \u00bb mismas del pecado que han contribuido y pueden contribuir a la divisi\u00f3n y a su consolidaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">35. Una vez m\u00e1s el Concilio Vaticano II nos ayuda. Se puede decir que todo el Decreto sobre el ecumenismo est\u00e1 lleno del esp\u00edritu de conversi\u00f3n.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241N\">59<\/a><\/sup>&nbsp;El di\u00e1logo ecum\u00e9nico presenta en este documento un car\u00e1cter propio; se transforma en \u00ab di\u00e1logo de la conversi\u00f3n \u00bb, y por tanto, seg\u00fan la expresi\u00f3n de Pablo VI, en aut\u00e9ntico \u00ab di\u00e1logo de salvaci\u00f3n \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241O\">60<\/a><\/sup>&nbsp;El di\u00e1logo no puede desarrollarse siguiendo una trayectoria exclusivamente horizontal, limit\u00e1ndose al encuentro, al intercambio de puntos de vista, o incluso de dones propios de cada Comunidad. Tiende tambi\u00e9n y sobre todo a una dimensi\u00f3n vertical que lo orienta hacia Aqu\u00e9l, Redentor del mundo y Se\u00f1or de la historia, que es nuestra reconciliaci\u00f3n. La dimensi\u00f3n vertical del di\u00e1logo est\u00e1 en el com\u00fan y rec\u00edproco reconocimiento de nuestra condici\u00f3n de hombres y mujeres que han pecado. Precisamente esto abre en los hermanos que viven en comunidades que no est\u00e1n en plena comuni\u00f3n entre ellas, un espacio interior en donde Cristo, fuente de unidad de la Iglesia, puede obrar eficazmente, con toda la potencia de su Esp\u00edritu Par\u00e1clito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Di\u00e1logo para resolver las divergencias<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">36. El di\u00e1logo es tambi\u00e9n un instrumento natural para confrontar diversos puntos de vista y sobre todo examinar las divergencias que obstaculizan la plena comuni\u00f3n de los cristianos entre s\u00ed. El Decreto sobre el ecumenismo describe, en primer lugar, las disposiciones morales con las que se deben afrontar las conversaciones doctrinales: \u00ab Los te\u00f3logos cat\u00f3licos, afianzados en la doctrina de la Iglesia, deben seguir adelante en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico con amor a la verdad, caridad y humildad, investigando juntamente con los hermanos separados sobre los misterios divinos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241P\">61<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El amor a la verdad es la dimensi\u00f3n m\u00e1s profunda de una aut\u00e9ntica b\u00fasqueda de la plena comuni\u00f3n entre los cristianos. Sin este amor ser\u00eda imposible afrontar las objetivas dificultades teol\u00f3gicas, culturales, psicol\u00f3gicas y sociales que se encuentran al examinar las divergencias. A esta dimensi\u00f3n interior y personal est\u00e1 inseparablemente unido el esp\u00edritu de caridad y humildad. Caridad hacia el interlocutor, humildad hacia la verdad que se descubre y que podr\u00eda exigir revisiones de afirmaciones y actitudes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En relaci\u00f3n al estudio de las divergencias, el Concilio pide que se presente toda la doctrina con claridad. Al mismo tiempo, exige que el modo y el m\u00e9todo de enunciar la fe cat\u00f3lica no sea un obst\u00e1culo para el di\u00e1logo con los hermanos.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241Q\">62<\/a><\/sup>&nbsp;Ciertamente es posible testimoniar la propia fe y explicar la doctrina de un modo correcto, leal y comprensible, y tener presente contempor\u00e1neamente tanto las categor\u00edas mentales como la experiencia hist\u00f3rica concreta del otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Obviamente, la plena comuni\u00f3n deber\u00e1 realizarse en la aceptaci\u00f3n de toda la verdad, en la que el Esp\u00edritu Santo introduce a los disc\u00edpulos de Cristo. Por tanto debe evitarse absolutamente toda forma de reduccionismo o de f\u00e1cil \u00ab estar de acuerdo \u00bb. Las cuestiones serias deben resolverse, porque de lo contrario resurgir\u00edan en otros momentos, con id\u00e9ntica configuraci\u00f3n o bajo otro aspecto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">37. El Decreto&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>&nbsp;se\u00f1ala tambi\u00e9n un criterio a seguir cuando los cat\u00f3licos tienen que presentar o confrontar las doctrinas: \u00ab Han de recordar que existe un orden o &#8216;jerarqu\u00eda&#8217; de las verdades de la doctrina cat\u00f3lica, puesto que es diversa su conexi\u00f3n con el fundamento de la fe cristiana. As\u00ed se preparar\u00e1 el camino por el cual todos, por esta emulaci\u00f3n fraterna, se estimular\u00e1n a un conocimiento m\u00e1s profundo y a una exposici\u00f3n m\u00e1s clara de las riquezas insondables de Cristo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241R\">63<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">38. En el di\u00e1logo nos encontramos inevitablemente con el problema de las diferentes formulaciones con las que se expresa la doctrina en las distintas Iglesias y Comunidades eclesiales, lo cual tiene m\u00e1s de una consecuencia para la actividad ecum\u00e9nica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En primer lugar, ante formulaciones doctrinales que se diferencian de las habituales de la comunidad a la que se pertenece, conviene ante todo aclarar si las palabras no sobrentienden un contenido id\u00e9ntico, como, por ejemplo, se ha constatado en recientes declaraciones comunes firmadas por mis Predecesores y por m\u00ed junto con los Patriarcas de Iglesias con las que desde siglos exist\u00eda un contencioso cristol\u00f3gico. En relaci\u00f3n a la formulaci\u00f3n de las verdades reveladas, la Declaraci\u00f3n&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_con_cfaith_doc_19730705_mysterium-ecclesiae_sp.html\">Mysterium Ecclesiae<\/a><\/em>&nbsp;afirma: \u00ab Si bien las verdades que la Iglesia quiere ense\u00f1ar de manera efectiva con sus f\u00f3rmulas dogm\u00e1ticas se distinguen del pensamiento mutable de una \u00e9poca y pueden expresarse al margen de estos pensamientos, sin embargo, puede darse el caso de que tales verdades pueden ser enunciadas por el sagrado Magisterio con palabras que sean evocaci\u00f3n del mismo pensamiento. Teniendo todo esto presente hay que decir que las&nbsp;<em>f\u00f3rmulas<\/em>&nbsp;dogm\u00e1ticas del Magisterio de la Iglesia han sido aptas desde el principio para comunicar la verdad revelada y que, permaneciendo las mismas, lo ser\u00e1n siempre para quienes las interpretan rectamente \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241S\">64<\/a><\/sup>&nbsp;A este respecto, el di\u00e1logo ecum\u00e9nico, que anima a las partes implicadas a interrogarse, comprenderse y explicarse rec\u00edprocamente, permite descubrimientos inesperados. Las pol\u00e9micas y controversias intolerantes han transformado en afirmaciones incompatibles lo que de hecho era el resultado de dos intentos de escrutar la misma realidad, aunque desde dos perspectivas diversas. Es necesario hoy encontrar la f\u00f3rmula que, expresando la realidad en su integridad, permita superar lecturas parciales y eliminar falsas interpretaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una de las ventajas del ecumenismo es que ayuda a las Comunidades cristianas a descubrir la insondable riqueza de la verdad. Tambi\u00e9n en este contexto, todo lo que el Esp\u00edritu realiza en los \u00ab otros \u00bb puede contribuir a la edificaci\u00f3n de cada comunidad&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241T\">65<\/a><\/sup>&nbsp;y en cierto modo a instruirla sobre el misterio de Cristo. El ecumenismo aut\u00e9ntico es una gracia de cara a la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">39. Finalmente, el di\u00e1logo pone a los interlocutores frente a las verdaderas y propias divergencias que afectan a la fe. Estas divergencias deben sobre todo ser afrontadas con esp\u00edritu sincero de caridad fraterna, de respeto de las exigencias de la propia conciencia y la del pr\u00f3jimo, con profunda humildad y amor a la verdad. La confrontaci\u00f3n en esta materia tiene dos puntos de referencia esenciales: la Sagrada Escritura y la gran Tradici\u00f3n de la Iglesia. Para los cat\u00f3licos es una ayuda el Magisterio siempre vivo de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La colaboraci\u00f3n pr\u00e1ctica<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">40. Las relaciones entre los cristianos no tienden s\u00f3lo al mero conocimiento rec\u00edproco, a la oraci\u00f3n en com\u00fan y al di\u00e1logo. Prev\u00e9n y exigen desde ahora cualquier posible colaboraci\u00f3n pr\u00e1ctica en los diversos \u00e1mbitos: pastoral, cultural, social, e incluso en el testimonio del mensaje del Evangelio.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241U\">66<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab La cooperaci\u00f3n de todos los cristianos expresa vivamente aquella conjunci\u00f3n por la cual est\u00e1n ya unidos entre s\u00ed y presenta bajo una luz m\u00e1s plena el rostro de Cristo siervo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241V\">67<\/a><\/sup>&nbsp;Una cooperaci\u00f3n as\u00ed fundada sobre la fe com\u00fan, no s\u00f3lo es rica por la comuni\u00f3n fraterna, sino que es una epifan\u00eda de Cristo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s, la cooperaci\u00f3n ecum\u00e9nica es una verdadera escuela de ecumenismo, es un camino din\u00e1mico hacia la unidad. La unidad de acci\u00f3n lleva a la plena unidad de fe: \u00ab Con esta cooperaci\u00f3n, todos los que creen en Cristo aprender\u00e1n f\u00e1cilmente c\u00f3mo pueden conocerse mejor los unos a los otros, apreciarse m\u00e1s y allanar el camino de la unidad de los cristianos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241W\">68<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A los ojos del mundo la cooperaci\u00f3n entre los cristianos asume las dimensiones del com\u00fan testimonio cristiano y llega a ser instrumento de evangelizaci\u00f3n en beneficio de unos y otros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>II<br>FRUTOS DEL DIALOGO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La fraternidad reencontrada<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">41. Cuanto he dicho anteriormente en relaci\u00f3n al di\u00e1logo ecum\u00e9nico desde la clausura del Concilio en adelante, lleva a dar gracias al Esp\u00edritu de la verdad prometido por Cristo Se\u00f1or a los Ap\u00f3stoles y a la Iglesia (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;14, 26). Es la primera vez en la historia que la acci\u00f3n en favor de la unidad de los cristianos ha adquirido proporciones tan grandes y se ha extendido a un \u00e1mbito tan amplio. Esto es ya un don inmenso que Dios ha concedido y que merece toda nuestra gratitud. De la plenitud de Cristo recibimos \u00ab gracia por gracia \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;1, 16). Reconocer lo que Dios ya ha concedido es condici\u00f3n que nos predispone a recibir aquellos dones a\u00fan indispensables para llevar a t\u00e9rmino la obra ecum\u00e9nica de la unidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una visi\u00f3n de conjunto de los \u00faltimos treinta a\u00f1os ayuda a comprender mejor muchos de los frutos de esta conversi\u00f3n com\u00fan al Evangelio de la que el Esp\u00edritu de Dios ha hecho instrumento al movimiento ecum\u00e9nico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">42. Sucede por ejemplo que \u2014en el mismo esp\u00edritu del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a\u2014 los cristianos pertenecientes a una confesi\u00f3n ya no consideran a los dem\u00e1s cristianos como enemigos o extranjeros, sino que ven en ellos a hermanos y hermanas. Por otra parte, hoy se tiende a sustituir incluso el uso de la expresi\u00f3n&nbsp;<em>hermanos separados<\/em>&nbsp;por t\u00e9rminos m\u00e1s adecuados para evocar la profundidad de la comuni\u00f3n \u2014ligada al car\u00e1cter bautismal\u2014 que el Esp\u00edritu alimenta a pesar de las roturas hist\u00f3ricas y can\u00f3nicas. Se habla de \u00ab otros cristianos \u00bb, de \u00ab otros bautizados \u00bb, de \u00ab cristianos de otras Comunidades \u00bb. El&nbsp;<em>Directorio para la aplicaci\u00f3n de los principios y de las normas acerca del ecumenismo<\/em>&nbsp;llama a las Comunidades a las que pertenecen estos cristianos como \u00ab Iglesias o Comunidades eclesiales que no est\u00e1n en plena comuni\u00f3n con la Iglesia cat\u00f3lica \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241X\">69<\/a><\/sup>&nbsp;Esta ampliaci\u00f3n de la terminolog\u00eda traduce una notable evoluci\u00f3n de la mentalidad. La conciencia de la com\u00fan pertenencia a Cristo se profundiza. Lo he podido constatar personalmente muchas veces, durante las celebraciones ecum\u00e9nicas que constituyen uno de los eventos importantes de mis viajes apost\u00f3licos por las diversas partes del mundo, o en los encuentros y celebraciones ecum\u00e9nicas realizados en Roma. La \u00ab fraternidad universal \u00bb de los cristianos se ha convertido en una firme convicci\u00f3n ecum\u00e9nica. Relegando al olvido las excomuniones del pasado, las Comunidades que en un tiempo fueron rivales hoy en muchos casos se ayudan mutuamente; a veces se prestan los edificios de culto, se ofrecen becas de estudio para la formaci\u00f3n de los ministros de las Comunidades carentes de medios, se interviene ante las autoridades civiles para defender a otros cristianos injustamente acusados, se demuestra la falta de fundamento de las calumnias que padecen ciertos grupos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En una palabra, los cristianos se han convertido a una caridad fraterna que abarca a todos los disc\u00edpulos de Cristo. Si sucede que, como consecuencia de agitaciones pol\u00edticas violentas, surge en situaciones concretas una cierta agresividad o un esp\u00edritu de revancha, las autoridades de las partes en conflicto se afanan generalmente por hacer prevalecer la \u00ab Ley nueva \u00bb del esp\u00edritu de caridad. Desgraciadamente, este esp\u00edritu no ha podido transformar todas las situaciones de conflicto cruento. El compromiso ecum\u00e9nico en estas circunstancias exige no raramente de quien lo vive opciones de aut\u00e9ntico hero\u00edsmo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es preciso afirmar a este respecto que el reconocimiento de la fraternidad no es la consecuencia de un filantropismo liberal o de un vago esp\u00edritu de familia. Tiene su ra\u00edz en el reconocimiento del \u00fanico Bautismo y en la consiguiente exigencia de que Dios sea glorificado en su obra. El&nbsp;<em>Directorio para la aplicaci\u00f3n de los principios y de las normas acerca del ecumenismo<\/em>&nbsp;alienta a un reconocimiento rec\u00edproco y oficial de los Bautismos.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241Y\">70<\/a><\/sup>&nbsp;Esto es mucho m\u00e1s que un mero acto de cortes\u00eda ecum\u00e9nica, y constituye una afirmaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica importante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es oportuno recordar que el car\u00e1cter fundamental del Bautismo en la obra de la edificaci\u00f3n de la Iglesia se ha puesto de relieve claramente tambi\u00e9n gracias al di\u00e1logo multilateral.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%241Z\">71<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La solidaridad al servicio de la humanidad<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">43. Sucede cada vez m\u00e1s que los responsables de las Comunidades cristianas adoptan conjuntamente posiciones, en nombre de Cristo, sobre problemas importantes que afectan a la vocaci\u00f3n humana, la libertad, la justicia, la paz y el futuro del mundo. Obrando as\u00ed \u00ab comulgan \u00bb con uno de los elementos constitutivos de la misi\u00f3n cristiana: recordar a la sociedad, de un modo realista, la voluntad de Dios, haciendo ver a las autoridades y a los ciudadanos el peligro de seguir caminos que llevar\u00edan a la violaci\u00f3n de los derechos humanos. Es claro, y la experiencia lo demuestra, que en algunas circunstancias la voz com\u00fan de los cristianos tiene m\u00e1s impacto que una voz aislada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los responsables de las Comunidades no son sin embargo los \u00fanicos que se unen en este compromiso por la unidad. Numerosos cristianos de todas las Comunidades, movidos por su fe, participan juntos en proyectos audaces que pretenden cambiar el mundo para que triunfe el respeto de los derechos y de las necesidades de todos, especialmente de los pobres, los marginados y los indefensos. En la Carta enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/em>&nbsp;he constatado con alegr\u00eda esta colaboraci\u00f3n, se\u00f1alando que la Iglesia cat\u00f3lica no puede soslayarla.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2420\">72<\/a><\/sup>&nbsp;En efecto, los cristianos que tiempo atr\u00e1s actuaban de modo independiente, ahora est\u00e1n comprometidos juntos al servicio de esta causa para que la benevolencia de Dios pueda triunfar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La l\u00f3gica es la del Evangelio. Por ello, reafirmando lo que escrib\u00ed en mi primera Carta enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor hominis<\/a><\/em>, he tenido oportunidad \u00ab de insistir sobre este punto y de estimular todo esfuerzo realizado en esta direcci\u00f3n, a todos los niveles en los que nos encontramos con los otros cristianos hermanos nuestros \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2421\">73<\/a><\/sup>&nbsp;y he dado gracias a Dios por \u00ab lo que ha realizado en las otras Iglesias y Comunidades eclesiales y por medio de ellas \u00bb, como tambi\u00e9n por medio de la Iglesia cat\u00f3lica.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2422\">74<\/a><\/sup>&nbsp;Hoy constato con satisfacci\u00f3n que la ya vasta red de colaboraci\u00f3n ecum\u00e9nica se extiende cada vez m\u00e1s. Tambi\u00e9n se realiza una gran tarea en este campo gracias al Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Convergencias en la palabra de Dios y en el culto divino<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">44. Los progresos de la conversi\u00f3n ecum\u00e9nica son tambi\u00e9n significativos en otro sector, el relativo a la palabra de Dios. Pienso ante todo en un hecho tan importante para diversos grupos ling\u00fc\u00edsticos como son las traducciones ecum\u00e9nicas de la Biblia. Despu\u00e9s de la promulgaci\u00f3n, por parte del Concilio Vaticano II, de la Constituci\u00f3n&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\">Dei Verbum<\/a><\/em>, la Iglesia cat\u00f3lica acogi\u00f3 con alegr\u00eda dicha iniciativa.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2423\">75<\/a><\/sup>&nbsp;Estas traducciones, obra de especialistas, ofrecen generalmente una base segura para la oraci\u00f3n y la actividad pastoral de todos los disc\u00edpulos de Cristo. Quien recuerda todo lo que influyeron las disputas en torno a la Escritura en las divisiones, especialmente en Occidente, puede comprender el notable paso que representan estas traducciones comunes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">45. A la renovaci\u00f3n lit\u00fargica realizada por la Iglesia cat\u00f3lica, corresponde en diversas Comunidades eclesiales la iniciativa de renovar sus cultos. Algunas de ellas, a partir de los deseos expresados a nivel ecum\u00e9nico,&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2424\">76<\/a><\/sup>&nbsp;han abandonado la costumbre de celebrar su liturgia de la Cena s\u00f3lo en contadas ocasiones y han optado por una celebraci\u00f3n dominical. Por otra parte, comparando los ciclos de las lecturas lit\u00fargicas de distintas Comunidades cristianas occidentales, se constata que convergen en lo esencial. Siempre a nivel ecum\u00e9nico,&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2425\">77<\/a><\/sup>&nbsp;se ha dado un relieve muy especial a la liturgia y a los signos lit\u00fargicos (im\u00e1genes, iconos, ornamentos, luces, incienso, gestos). Adem\u00e1s, en los institutos de teolog\u00eda donde se forman los futuros ministros el estudio de la historia y del significado de la liturgia comienza a formar parte de los programas, como una necesidad que se est\u00e1 descubriendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se trata de signos convergentes en varios aspectos de la vida sacramental. Ciertamente, a causa de las divergencias relativas a la fe, no es posible todav\u00eda concelebrar la misma liturgia eucar\u00edstica. Y sin embargo, tenemos el ardiente deseo de celebrar juntos la \u00fanica Eucarist\u00eda del Se\u00f1or, y este deseo es ya una alabanza com\u00fan, una misma imploraci\u00f3n. Juntos nos dirigimos al Padre y lo hacemos cada vez m\u00e1s \u00ab con un mismo coraz\u00f3n \u00bb. En ocasiones, el poder consumar esta comuni\u00f3n \u00ab real aunque todav\u00eda no plena \u00bb parece estar m\u00e1s cerca. \u00bfQui\u00e9n hubiera podido pensarlo hace un siglo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">46. En este contexto, es motivo de alegr\u00eda recordar que los ministros cat\u00f3licos pueden, en determinados casos particulares, administrar los sacramentos de la Eucarist\u00eda, la Penitencia y la Unci\u00f3n de enfermos a otros cristianos que no est\u00e1n en comuni\u00f3n plena con la Iglesia cat\u00f3lica, pero que desean vivamente recibirlos, los piden libremente y manifiestan la fe que la Iglesia cat\u00f3lica confiesa en estos sacramentos. Rec\u00edprocamente, en determinados casos y por circunstancias particulares, tambi\u00e9n los cat\u00f3licos pueden solicitar estos mismos sacramentos a los ministros de aquellas Iglesias en que sean v\u00e1lidos. Las condiciones para esta acogida rec\u00edproca est\u00e1n fijadas en normas cuya observancia es necesaria para la promoci\u00f3n ecum\u00e9nica.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2426\">78<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Apreciar los bienes presentes en los otros cristianos<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">47. El di\u00e1logo no se desarrolla s\u00f3lo en relaci\u00f3n a la doctrina, sino que abarca toda la persona: es tambi\u00e9n un di\u00e1logo de amor. El Concilio afirm\u00f3: \u00ab Es necesario que los cat\u00f3licos reconozcan con gozo y aprecien los bienes verdaderamente cristianos, procedentes del patrimonio com\u00fan, que se encuentran en nuestros hermanos separados. Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cristo y las obras de virtud en la vida de otros que dan testimonio de Cristo, a veces hasta el derramamiento de la sangre: Dios es siempre admirable y digno de admiraci\u00f3n en sus obras \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2427\">79<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">48. Las relaciones que los miembros de la Iglesia cat\u00f3lica han establecido con los dem\u00e1s cristianos a partir del Concilio, han hecho descubrir lo que Dios realiza en quienes pertenecen a las otras Iglesias y Comunidades eclesiales. Este contacto directo, a varios niveles, entre los pastores y entre miembros de las Comunidades nos ha hecho tomar conciencia del testimonio que los otros cristianos ofrecen a Dios y a Cristo. Se ha abierto as\u00ed un espacio ampl\u00edsimo para toda la experiencia ecum\u00e9nica, que es al mismo tiempo el reto de nuestra \u00e9poca. \u00bfNo es acaso el siglo veinte un tiempo de gran testimonio, que llega \u00ab hasta el derramamiento de la sangre? \u00bb \u00bfNo mira tambi\u00e9n este testimonio a las distintas Iglesias y Comunidades eclesiales, que toman su nombre de Cristo, crucificado y resucitado?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este com\u00fan testimonio de santidad, como fidelidad al \u00fanico Se\u00f1or, es un potencial ecum\u00e9nico extraordinariamente rico de gracia. El Concilio Vaticano II se\u00f1al\u00f3 que los bienes presentes en los otros cristianos pueden contribuir a la edificaci\u00f3n de los cat\u00f3licos: \u00ab No hay que olvidar tampoco que todo lo que la gracia del Esp\u00edritu Santo obra en los hermanos separados puede contribuir tambi\u00e9n a nuestra edificaci\u00f3n. Todo lo que es verdaderamente cristiano no se opone nunca a los bienes aut\u00e9nticos de la fe: es m\u00e1s, siempre puede conseguir que se alcance de modo m\u00e1s perfecto el misterio de Cristo y de la Iglesia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2428\">80<\/a><\/sup>&nbsp;El di\u00e1logo ecum\u00e9nico, como verdadero di\u00e1logo de salvaci\u00f3n, no dejar\u00e1 de animar este proceso, bien encaminado ya en s\u00ed mismo a avanzar hacia la verdadera y plena comuni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Crecimiento de la comuni\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">49. El crecimiento de la comuni\u00f3n es un fruto precioso de las relaciones entre los cristianos y del di\u00e1logo teol\u00f3gico que mantienen. Lo uno y lo otro han hecho a los cristianos conscientes de los elementos de fe que tienen en com\u00fan. Esto ha servido para consolidar posteriormente su compromiso hacia la plena unidad. En ello el Concilio Vaticano II aparece como potente foco de promoci\u00f3n y orientaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>&nbsp;<\/em>relaciona la doctrina sobre la Iglesia cat\u00f3lica con el reconocimiento de los elementos salv\u00edficos que se encuentran en las otras Iglesias y Comunidades eclesiales.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2429\">81<\/a><\/sup>&nbsp;No se trata de una toma de conciencia de elementos est\u00e1ticos, presentes pasivamente en esas Iglesias o Comunidades. Como bienes de la Iglesia de Cristo, por su naturaleza, tienden hacia el restablecimiento de la unidad. De esto se deriva que la b\u00fasqueda de la unidad de los cristianos no es un hecho facultativo o de oportunidad, sino una exigencia que nace de la misma naturaleza de la comunidad cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Igualmente, los di\u00e1logos teol\u00f3gicos bilaterales con las mayores Comunidades cristianas parten del reconocimiento del grado de comuni\u00f3n ya presente para discutir despu\u00e9s, de modo progresivo, las divergencias existentes con cada una. El Se\u00f1or ha concedido a los cristianos de nuestro tiempo ir superando las discusiones tradicionales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El di\u00e1logo con las Iglesias de Oriente<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">50. A este respecto, se debe ante todo constatar, con gratitud particular a la Providencia divina, que la relaci\u00f3n con las Iglesias de Oriente, debilitada durante siglos, se ha afianzado con el Concilio Vaticano II. Los observadores de estas Iglesias presentes en el Concilio, junto con los representantes de las Iglesias y Comunidades eclesiales de Occidente, manifestaron p\u00fablicamente, en un momento tan solemne para la Iglesia cat\u00f3lica, la voluntad com\u00fan de buscar la comuni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Concilio, por su parte, consider\u00f3 con objetividad y con profundo afecto a las Iglesias de Oriente, poniendo de relieve su eclesialidad y los v\u00ednculos objetivos de comuni\u00f3n que las unen con la Iglesia cat\u00f3lica. El Decreto sobre el ecumenismo afirma: \u00ab Por la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda del Se\u00f1or en cada una de estas Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios \u00bb, a\u00f1adiendo que estas Iglesias \u00ab aunque separadas, tienen verdaderos sacramentos, y sobre todo, en virtud de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, el Sacerdocio y la Eucarist\u00eda, con los que se unen a\u00fan con nosotros con v\u00ednculos estrech\u00edsimos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242A\">82<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De las Iglesias de Oriente se reconoce su gran tradici\u00f3n lit\u00fargica y espiritual, el car\u00e1cter espec\u00edfico de su desarrollo hist\u00f3rico, las disciplinas observadas por ellas desde los primeros tiempos y sancionadas por los Santos Padres y por los Concilios ecum\u00e9nicos, su modo propio de enunciar la doctrina. Todo esto con la convicci\u00f3n de que la leg\u00edtima diversidad no se opone de ning\u00fan modo a la unidad de la Iglesia, sino que por el contrario aumenta su honor y contribuye no poco al cumplimiento de su misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II quiere fundamentar el di\u00e1logo sobre la comuni\u00f3n existente y llama la atenci\u00f3n precisamente sobre la rica realidad de las Iglesias de Oriente: \u00ab Por ello, el sacrosanto S\u00ednodo exhorta a todos, pero principalmente a aquellos que desean trabajar por la instauraci\u00f3n de la deseada comuni\u00f3n plena entre las Iglesias orientales y la Iglesia cat\u00f3lica, a que tengan la debida consideraci\u00f3n de esta peculiar condici\u00f3n de las Iglesias que nacen y crecen en Oriente y de la \u00edndole de las relaciones existentes entre \u00e9stas y la Sede de Roma antes de la separaci\u00f3n, y a que se formen una recta opini\u00f3n sobre todas estas cosas \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242B\">83<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">51. Esta orientaci\u00f3n conciliar ha sido fecunda tanto por las relaciones de fraternidad, que se han ido desarrollando a trav\u00e9s del di\u00e1logo de caridad, como por la discusi\u00f3n doctrinal en el \u00e1mbito de la&nbsp;<em>Comisi\u00f3n mixta para el di\u00e1logo teol\u00f3gico entre la Iglesia cat\u00f3lica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto<\/em>. Igualmente han sido muy fruct\u00edferas las relaciones con las antiguas Iglesias de Oriente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ha sido un proceso lento y laborioso, pero fuente de mucha alegr\u00eda; ha sido tambi\u00e9n alentador porque ha permitido reencontrar progresivamente la fraternidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Reanudaci\u00f3n de contactos<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">52. En relaci\u00f3n a la Iglesia de Roma y al Patriarcado ecum\u00e9nico de Constantinopla, el proceso al que acabamos de hacer alusi\u00f3n se inici\u00f3 gracias a la apertura rec\u00edproca mostrada por los Papas Juan XXIII y Pablo VI, y tambi\u00e9n por el Patriarca ecum\u00e9nico Aten\u00e1goras I y sus sucesores. El cambio producido tiene su expresi\u00f3n hist\u00f3rica en el acto eclesial por medio del cual \u00ab se ha borrado de la memoria y del interior de las Iglesias \u00bb&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242C\">84<\/a><\/sup>&nbsp;el recuerdo de las excomuniones que, novecientos a\u00f1os antes, en 1054, se convirtieron en s\u00edmbolo del cisma entre Roma y Constantinopla. Aquel acontecimiento eclesial, tan denso de contenido ecum\u00e9nico, tuvo lugar en los \u00faltimos d\u00edas del Concilio, el 7 de diciembre de 1965. La asamblea conciliar se conclu\u00eda as\u00ed con un acto solemne que era al mismo tiempo purificaci\u00f3n de la memoria hist\u00f3rica, perd\u00f3n rec\u00edproco y compromiso solidario por la b\u00fasqueda de la comuni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este gesto estuvo precedido por el encuentro entre Pablo VI y el Patriarca Aten\u00e1goras I en Jerusal\u00e9n, en enero de 1964, durante la peregrinaci\u00f3n del Papa a Tierra Santa. En aquella ocasi\u00f3n pudo encontrar tambi\u00e9n al Patriarca ortodoxo de Jerusal\u00e9n, Benedictos. Posteriormente, el Papa Pablo VI visit\u00f3 al Patriarca Aten\u00e1goras en El Fanar (Estambul), el 25 de julio de 1967 y, en el mes de octubre del mismo a\u00f1o, el Patriarca fue acogido solemnemente en Roma. Estos encuentros de oraci\u00f3n se\u00f1alaban el camino a seguir para el acercamiento entre la Iglesia de Oriente y la Iglesia de Occidente, y el restablecimiento de la unidad que exist\u00eda entre ellas en el primer milenio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de la muerte del Papa Pablo VI y del breve pontificado del Papa Juan Pablo I, cuando se me confi\u00f3 el ministerio de Obispo de Roma, consider\u00e9 que era uno de los deberes primeros de mi ministerio pontificio tener de nuevo un contacto personal con el Patriarca ecum\u00e9nico Dimitrios I, que en este tiempo hab\u00eda asumido la sucesi\u00f3n del Patriarca Aten\u00e1goras en la sede de Constantinopla. Durante mi visita a El Fanar el 29 de noviembre de 1979, el Patriarca y yo decidimos inaugurar el di\u00e1logo teol\u00f3gico entre la Iglesia cat\u00f3lica y todas las Iglesias ortodoxas en comuni\u00f3n can\u00f3nica con la sede de Constantinopla. Es importante a\u00f1adir, a este prop\u00f3sito, que estaban ya entonces en curso los preparativos para la convocatoria del futuro Concilio de las Iglesias ortodoxas. La b\u00fasqueda de su armon\u00eda es una contribuci\u00f3n a la vida y vitalidad de esas Iglesias hermanas, y esto considerando tambi\u00e9n la funci\u00f3n que est\u00e1n llamadas a desarrollar en el camino hacia la unidad. El Patriarca ecum\u00e9nico quiso devolverme la visita que le hab\u00eda hecho y, en diciembre de 1987, tuve la alegr\u00eda de recibirlo en Roma con sincero afecto y con la solemnidad que le correspond\u00eda. En este contexto de fraternidad eclesial se debe recordar la costumbre, establecida ya desde hace varios a\u00f1os, de acoger en Roma, para la fiesta de los santos ap\u00f3stoles Pedro y Pablo, una delegaci\u00f3n del Patriarcado ecum\u00e9nico, as\u00ed como de enviar a El Fanar una delegaci\u00f3n de la Santa Sede para la solemne celebraci\u00f3n de san Andr\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">53. Estos contactos regulares permiten entre otras cosas un intercambio directo de informaciones y pareceres para una coordinaci\u00f3n fraterna. Por otra parte, nuestra participaci\u00f3n com\u00fan en la oraci\u00f3n nos habit\u00faa a vivir al lado los unos de los otros, nos lleva a aceptar juntos, y por tanto a poner en pr\u00e1ctica, la voluntad del Se\u00f1or para con su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el camino que hemos recorrido desde el Concilio Vaticano II, debemos mencionar al menos dos acontecimientos particularmente elocuentes y de gran importancia ecum\u00e9nica en las relaciones entre Oriente y Occidente: en primer lugar, el Jubileo de 1984, convocado para conmemorar el XI centenario de la obra evangelizadora de Cirilo y Metodio, y en el que proclam\u00e9 copatronos de Europa a los dos santos ap\u00f3stoles de los Eslavos, mensajeros de fe. Ya el Papa Pablo VI en 1964, durante el Concilio, hab\u00eda proclamado patr\u00f3n de Europa a san Benito. Asociar los dos hermanos de Tesal\u00f3nica al gran fundador del monacato occidental quiere poner indirectamente de relieve la doble tradici\u00f3n eclesial y cultural tan significativa para los dos mil a\u00f1os de cristianismo que ha caracterizado la historia del continente europeo. No es superfluo recordar que Cirilo y Metodio proven\u00edan del \u00e1mbito de la Iglesia bizantina de su tiempo, \u00e9poca en la que estaba en comuni\u00f3n con Roma. Al proclamarlos, junto con san Benito, patronos de Europa quer\u00eda no s\u00f3lo ratificar la verdad hist\u00f3rica sobre el cristianismo en el continente europeo, sino tambi\u00e9n proporcionar un tema importante al di\u00e1logo entre Oriente y Occidente que tantas esperanzas ha suscitado en el posconcilio. En los santos Metodio y Cirilo, como en san Benito, Europa reencuentra sus ra\u00edces espirituales. Ahora que llega a t\u00e9rmino el segundo milenio del nacimiento de Cristo, se les debe venerar<em>&nbsp;juntos<\/em>, como patronos de nuestro pasado y como santos a quienes las Iglesias y las naciones del continente europeo conf\u00edan su futuro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">54. El otro acontecimiento que me es grato recordar es la celebraci\u00f3n del Milenio del Bautismo de la Rus&#8217; (988-1988). La Iglesia cat\u00f3lica, y de modo particular la Sede Apost\u00f3lica, quisieron tomar parte en las celebraciones jubilares y trataron de se\u00f1alar c\u00f3mo el Bautismo conferido en Kiev a san Vladimiro fue uno de los sucesos centrales para la evangelizaci\u00f3n del mundo. A ello deben su fe no s\u00f3lo las grandes naciones eslavas del Este europeo, sino tambi\u00e9n los pueblos que viven m\u00e1s all\u00e1 de los montes Urales y hasta Alaska.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esta perspectiva encuentra su motivo m\u00e1s profundo una expresi\u00f3n que he usado otras veces: \u00a1la Iglesia debe respirar con sus dos pulmones! En el primer milenio de la historia del cristianismo se hace referencia sobre todo a la dualidad BizancioRoma; desde el Bautismo de la Rus&#8217; en adelante, esta expresi\u00f3n ensancha sus horizontes: la evangelizaci\u00f3n se ha extendido a un \u00e1mbito mucho m\u00e1s amplio, de modo que aquella expresi\u00f3n se refiere ya a la Iglesia entera. Si se considera adem\u00e1s que este acontecimiento salv\u00edfico, que tuvo lugar en las orillas del Dniepr, se remonta a una \u00e9poca en la que la Iglesia de Oriente y la de Occidente no estaban divididas, se comprende claramente c\u00f3mo la perspectiva que debe seguirse para buscar la comuni\u00f3n plena es aquella de la unidad en la leg\u00edtima diversidad. Es lo que he afirmado con fuerza en la Carta enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_19850602_slavorum-apostoli.html\">Slavorum apostoli<\/a><\/em>&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242D\">85<\/a><\/sup>&nbsp;dedicada a los santos Cirilo y Metodio y en la Carta apost\u00f3lica&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1988\/documents\/hf_jp-ii_apl_19880125_euntes-in-mundum-universum.html\">Euntes in mundum<\/a><\/em>&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242E\">86<\/a><\/sup>&nbsp;dirigida a los fieles de la Iglesia cat\u00f3lica en la conmemoraci\u00f3n del Milenio del Bautismo de la Rus&#8217; de Kiev.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Iglesias hermanas<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">55. El Decreto conciliar&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a>&nbsp;<\/em>tiene presente en su horizonte hist\u00f3rico la unidad que, a pesar de todo, se vivi\u00f3 en el primer milenio y que se configura, en cierto sentido, como modelo. \u00ab Es grato para el sagrado Concilio recordar a todos 1 que en Oriente florecen muchas Iglesias particulares o locales, entre las que ocupan el primer lugar las Iglesias patriarcales, y muchas de \u00e9stas se glor\u00edan de tener su origen en los mismos Ap\u00f3stoles \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242F\">87<\/a><\/sup>&nbsp;El camino de la Iglesia se inici\u00f3 en Jerusal\u00e9n el d\u00eda de Pentecost\u00e9s y todo su desarrollo original en la&nbsp;<em>oikoumene<\/em>&nbsp;de entonces se concentraba alrededor de Pedro y de los Once (cf.<em>&nbsp;Hch&nbsp;<\/em>2, 14). Las estructuras de la Iglesia en Oriente y en Occidente se formaban por tanto en relaci\u00f3n con aquel patrimonio apost\u00f3lico. Su unidad, en el primer milenio, se manten\u00eda en esas mismas estructuras mediante los Obispos, sucesores de los Ap\u00f3stoles, en comuni\u00f3n con el Obispo de Roma. Si hoy, al final del segundo milenio, tratamos de restablecer la plena comuni\u00f3n, debemos referirnos a esta unidad estructurada as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Decreto sobre el ecumenismo se\u00f1ala un posterior aspecto caracter\u00edstico, gracias al cual todas las Iglesias particulares permanec\u00edan en la unidad, la \u00ab preocupaci\u00f3n y el inter\u00e9s por conservar las relaciones fraternas en comuni\u00f3n de fe y caridad que deben tener vigencia, como entre hermanos, entre las Iglesias locales \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242G\">88<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">56. Despu\u00e9s del Concilio Vaticano II y con referencia a aquella tradici\u00f3n, se ha restablecido el uso de llamar \u00ab Iglesias hermanas \u00bb a las Iglesias particulares o locales congregadas en torno a su Obispo. La supresi\u00f3n adem\u00e1s de las excomuniones rec\u00edprocas, quitando un doloroso obst\u00e1culo de orden can\u00f3nico y psicol\u00f3gico, ha sido un paso muy significativo en el camino hacia la plena comuni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las estructuras de unidad existentes antes de la divisi\u00f3n son un patrimonio de experiencia que gu\u00eda nuestro camino para la plena comuni\u00f3n. Obviamente, durante el segundo milenio, el Se\u00f1or no ha dejado de dar a su Iglesia abundante frutos de gracia y crecimiento. Pero por desgracia el progresivo distanciamiento rec\u00edproco entre las Iglesias de Occidente y las de Oriente las ha privado de las riquezas de sus dones y ayudas mutuas. Es necesario hacer con la gracia de Dios un gran esfuerzo para restablecer entre ellas la plena comuni\u00f3n, fuente de tantos bienes para la Iglesia de Cristo. Este esfuerzo exige toda nuestra buena voluntad, la oraci\u00f3n humilde y una colaboraci\u00f3n perseverante que no se debe desanimar ante nada. San Pablo nos amonesta: \u00ab Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas \u00bb (<em>Ga<\/em>&nbsp;6, 2). \u00a1C\u00f3mo se adapta a nosotros y qu\u00e9 actual es la exhortaci\u00f3n del Ap\u00f3stol! El t\u00e9rmino tradicional de \u00ab Iglesias hermanas \u00bb deber\u00eda acompa\u00f1arnos incesantemente en este camino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">57. Como deseaba el Papa Pablo VI, nuestro objetivo es el de reencontrar juntos la plena unidad en la leg\u00edtima diversidad: \u00ab Dios nos ha concedido recibir en la fe este testimonio de los Ap\u00f3stoles. Por el Bautismo somos&nbsp;<em>uno en Cristo Jes\u00fas&nbsp;<\/em>(cf.&nbsp;<em>Ga<\/em>&nbsp;3, 28). En virtud de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, el Sacerdocio y la Eucarist\u00eda nos unimos m\u00e1s \u00edntimamente; participando de los dones de Dios a su Iglesia, estamos en comuni\u00f3n con el Padre, por el Hijo, en el Esp\u00edritu Santo 2 En cada Iglesia local se realiza este misterio del amor divino. \u00bfAcaso no es \u00e9ste el motivo por el que las Iglesias locales gustaban llamarse con la bella expresi\u00f3n tradicional de Iglesias hermanas? (cf. Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, 14). Esta vida de Iglesias hermanas la vivimos durante siglos, celebrando juntos los Concilios ecum\u00e9nicos, que defendieron el dep\u00f3sito de la fe de toda alteraci\u00f3n. Ahora, despu\u00e9s de un largo per\u00edodo de divisi\u00f3n e incomprensi\u00f3n rec\u00edproca, el Se\u00f1or nos concede redescubrirnos como Iglesias hermanas, a pesar de los obst\u00e1culos que en el pasado se interpusieron entre nosotros \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242H\">89<\/a><\/sup>&nbsp;Si hoy, a las puertas del tercer milenio, buscamos el restablecimiento de la plena comuni\u00f3n, debemos tender a la realizaci\u00f3n de este objetivo y debemos hacer referencia al mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El contacto con esta gloriosa tradici\u00f3n es fecundo para la Iglesia. \u00ab Las Iglesias de Oriente \u2014afirma el Concilio\u2014 poseen desde su origen un tesoro, del que la Iglesia de Occidente ha tomado muchas cosas en materia lit\u00fargica, en la tradici\u00f3n espiritual y en el ordenamiento jur\u00eddico \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242I\">90<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Forman parte de este \u00ab tesoro \u00bb tambi\u00e9n \u00ab las riquezas de aquellas tradiciones espirituales que encontraron su expresi\u00f3n principalmente en el monaquismo. Pues all\u00ed, desde los tiempos gloriosos de los Santos Padres, floreci\u00f3 aquella espiritualidad mon\u00e1stica, que se extendi\u00f3 luego a Occidente \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242J\">91<\/a><\/sup>&nbsp;Como he se\u00f1alado en la reciente Carta apost\u00f3lica&nbsp;<em>Orientale lumen<\/em>, las Iglesias de Oriente han vivido con gran generosidad el compromiso testimoniado por la vida mon\u00e1stica, \u00ab comenzando por la evangelizaci\u00f3n, que es el servicio m\u00e1s alto que el cristiano puede prestar a su hermano, para proseguir con muchas otras formas de ayuda espiritual y material. Es m\u00e1s, se puede decir que el monaquismo fue en la antig\u00fcedad \u2014y, en varias ocasiones, tambi\u00e9n en tiempos posteriores\u2014 el instrumento privilegiado para la evangelizaci\u00f3n de los pueblos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242K\">92<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Concilio no se limita a se\u00f1alar todo lo que hace semejantes entre s\u00ed a las Iglesias en Oriente y en Occidente. En armon\u00eda con la verdad hist\u00f3rica no duda en afirmar: \u00ab No hay que admirarse, pues, de que a veces unos hayan captado mejor que otros y expongan con mayor claridad algunos aspectos del misterio revelado, de manera que hay que reconocer que con frecuencia las varias f\u00f3rmulas teol\u00f3gicas, m\u00e1s que oponerse, se complementan entre s\u00ed \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242L\">93<\/a><\/sup>&nbsp;El intercambio de dones entre las Iglesias en su complementariedad hace fecunda la comuni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">58. El Concilio Vaticano II ha sacado de la consolidada comuni\u00f3n de fe ya existente conclusiones pastorales adecuadas para la vida concreta de los fieles y para la promoci\u00f3n del esp\u00edritu de unidad. En funci\u00f3n de los estrech\u00edsimos v\u00ednculos sacramentales existentes entre la Iglesia cat\u00f3lica y las Iglesias ortodoxas, el Decreto&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_orientalium-ecclesiarum_sp.html\">Orientalium ecclesiarum<\/a><\/em>&nbsp;ha puesto de relieve que \u00ab la pr\u00e1ctica pastoral demuestra, en lo que se refiere a los hermanos orientales, que se pueden y se deben considerar diversas circunstancias personales en las que ni sufre da\u00f1o la unidad de la Iglesia, ni hay peligros que se deban evitar, y apremia la necesidad de salvaci\u00f3n y el bien espiritual de las almas. Por eso, la Iglesia cat\u00f3lica, seg\u00fan las circunstancias de tiempos, lugares y personas, us\u00f3 y usa con frecuencia un modo de actuar m\u00e1s suave, ofreciendo a todos medios de salvaci\u00f3n y testimonio de caridad entre los cristianos, mediante la participaci\u00f3n en los sacramentos y en otras funciones y cosas sagradas \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242M\">94<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta orientaci\u00f3n teol\u00f3gica y pastoral, con la experiencia de los a\u00f1os del posconcilio, ha sido recogida por los dos C\u00f3digos de Derecho Can\u00f3nico.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242N\">95<\/a><\/sup>&nbsp;Ha sido desarrollada desde el punto de vista pastoral por el&nbsp;<em>Directorio para la aplicaci\u00f3n de los principio y de las normas acerca del ecumenismo<\/em>.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242O\">96<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esta materia tan importante y delicada, es necesario que los Pastores instruyan con atenci\u00f3n a los fieles para que \u00e9stos conozcan con claridad las razones precisas tanto de esta participaci\u00f3n en el culto lit\u00fargico como de las distintas disciplinas existentes al respecto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No se debe perder nunca de vista la dimensi\u00f3n eclesiol\u00f3gica de la participaci\u00f3n en los sacramentos, sobre todo en la sagrada Eucarist\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Progresos del di\u00e1logo<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">59. Desde su creaci\u00f3n en 1979, la&nbsp;<em>Comisi\u00f3n mixta internacional para el di\u00e1logo teol\u00f3gico entre la Iglesia cat\u00f3lica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto<\/em>&nbsp;ha trabajado intensamente, orientando progresivamente su labor hacia las perspectivas que, de com\u00fan acuerdo, hab\u00edan sido determinadas con el fin de restablecer la plena comuni\u00f3n entre las dos Iglesias. Esta comuni\u00f3n basada en la unidad de fe, en continuidad con la experiencia y la tradici\u00f3n de la Iglesia antigua, encontrar\u00e1 su plena expresi\u00f3n en la concelebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda. Con actitud positiva, bas\u00e1ndose en cuanto tenemos en com\u00fan, la Comisi\u00f3n mixta ha podido avanzar sustancialmente y, como pude declarar junto con el venerable Hermano, Su Santidad Dimitrios I, Patriarca ecum\u00e9nico, ha logrado expresar \u00ab lo que la Iglesia cat\u00f3lica y la Iglesia ortodoxa pueden ya profesar juntas como fe com\u00fan sobre el misterio de la Iglesia y el v\u00ednculo entre la fe y los sacramentos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242P\">97<\/a><\/sup>&nbsp;La comisi\u00f3n ha podido constatar y afirmar adem\u00e1s que \u00ab en nuestras Iglesias la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica es fundamental para la santificaci\u00f3n y la unidad del pueblo de Dios \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242Q\">98<\/a><\/sup>&nbsp;Se trata de puntos de referencia importantes para la continuaci\u00f3n del di\u00e1logo. M\u00e1s a\u00fan: estas afirmaciones hechas en com\u00fan constituyen la base que permite a los cat\u00f3licos y ortodoxos ofrecer desde ahora, en nuestro tiempo, un testimonio com\u00fan fiel y concorde para que el nombre del Se\u00f1or sea anunciado y glorificado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">60. M\u00e1s recientemente, la Comisi\u00f3n mixta internacional ha dado un paso significativo en la cuesti\u00f3n tan delicada del m\u00e9todo a seguir en la b\u00fasqueda de la comuni\u00f3n plena entre la Iglesia cat\u00f3lica y la Iglesia ortodoxa, cuesti\u00f3n que ha alterado con frecuencia las relaciones entre cat\u00f3licos y ortodoxos. La Comisi\u00f3n ha puesto las bases doctrinales para una soluci\u00f3n positiva del problema, que se fundamentan en la doctrina de las Iglesias hermanas. En este contexto se ha visto tambi\u00e9n claramente que el m\u00e9todo a seguir para la plena comuni\u00f3n es el di\u00e1logo de la verdad, animado y sostenido por el di\u00e1logo de la caridad. El derecho reconocido a las Iglesias orientales cat\u00f3licas de organizarse y desarrollar su apostolado, as\u00ed como la participaci\u00f3n efectiva de estas Iglesias en el di\u00e1logo de la caridad y en el teol\u00f3gico, favorecer\u00e1n no s\u00f3lo un real y fraterno respeto rec\u00edproco entre los ortodoxos y los cat\u00f3licos que viven en un mismo territorio, sino tambi\u00e9n su com\u00fan empe\u00f1o en la b\u00fasqueda de la unidad.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242R\">99<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se ha dado un paso adelante. El esfuerzo debe continuar. Se puede constatar desde ahora una pacificaci\u00f3n de los \u00e1nimos, que hace la b\u00fasqueda m\u00e1s fecunda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Respecto a las Iglesias orientales en comuni\u00f3n con la Iglesia cat\u00f3lica, el Concilio dijo: \u00ab Este santo S\u00ednodo, dando gracias a Dios porque muchos orientales, hijos de la Iglesia 1 viven ya en comuni\u00f3n plena con los hermanos que practican la tradici\u00f3n occidental, declara que todo este patrimonio espiritual y lit\u00fargico, disciplinar y teol\u00f3gico, en sus diversas tradiciones, pertenece a la plena catolicidad y apostolicidad de la Iglesia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242S\">100<\/a><\/sup>&nbsp;Ciertamente las Iglesias orientales cat\u00f3licas, en el esp\u00edritu del Decreto sobre el ecumenismo, podr\u00e1n participar positivamente en el di\u00e1logo de la caridad y en el di\u00e1logo teol\u00f3gico, tanto a nivel local como universal, contribuyendo as\u00ed a la rec\u00edproca comprensi\u00f3n y a una b\u00fasqueda din\u00e1mica de la plena unidad.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242T\">101<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">61. En esta l\u00ednea, la Iglesia cat\u00f3lica no busca m\u00e1s que la plena comuni\u00f3n entre Oriente y Occidente. Para ello se inspira en la experiencia del primer milenio. En efecto, en este per\u00edodo \u00ab el desarrollo de diferentes experiencias de vida eclesial no imped\u00eda que, mediante relaciones rec\u00edprocas, los cristianos pudieran seguir teniendo la certeza de que en cualquier Iglesia se pod\u00edan sentir como en casa, porque de todas se elevaba, con una admirable variedad de lenguas y de modulaciones, la alabanza al \u00fanico Padre, por Cristo, en el Esp\u00edritu Santo; todas se hallaban reunidas para celebrar la Eucarist\u00eda, coraz\u00f3n y modelo para la comunidad no s\u00f3lo por lo que ata\u00f1e a la espiritualidad o a la vida moral, sino tambi\u00e9n para la estructura misma de la Iglesia, en la variedad de los ministerios y de los servicios bajo la presidencia del Obispo, sucesor de los Ap\u00f3stoles. Los primeros Concilios son un testimonio elocuente de esta constante unidad en la diversidad \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242U\">102<\/a><\/sup>&nbsp;\u00bfC\u00f3mo reconstruir la unidad despu\u00e9s de casi mil a\u00f1os? Esta es la gran tarea que debe asumir y que corresponde tambi\u00e9n a la Iglesia ortodoxa. De ah\u00ed se comprende la gran actualidad del di\u00e1logo, sostenido por la luz y la fuerza del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Relaciones con las antiguas Iglesias de Oriente<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">62. Despu\u00e9s del Concilio Vaticano II la Iglesia cat\u00f3lica, con modalidades y ritmos diversos, ha reanudado tambi\u00e9n las relaciones fraternas con aquellas antiguas Iglesias de Oriente que contestaron las f\u00f3rmulas dogm\u00e1ticas de los Concilios de Efeso y Calcedonia. Todas estas Iglesias enviaron observadores delegados al Concilio Vaticano II; sus Patriarcas nos han honrado con sus visitas y con ellos el Obispo de Roma ha podido hablar como con unos hermanos que, despu\u00e9s de mucho tiempo, se reencuentran con alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La reanudaci\u00f3n de las relaciones fraternas con las antiguas Iglesias de Oriente, testigos de la fe cristiana en situaciones con frecuencia hostiles y tr\u00e1gicas, es un signo concreto de c\u00f3mo Cristo nos une a pesar de las barreras hist\u00f3ricas, pol\u00edticas, sociales y culturales. Precisamente en relaci\u00f3n al tema cristol\u00f3gico, hemos podido declarar junto con los Patriarcas de algunas de estas Iglesias nuestra fe com\u00fan en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. El Papa Pablo VI de venerable memoria firm\u00f3 unas declaraciones en este sentido con Su Santidad Shenouda III, Papa de Alejandr\u00eda y Patriarca copto ortodoxo,&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242V\">103<\/a><\/sup>&nbsp;con el Patriarca siro ortodoxo de Antioqu\u00eda, Su Santidad Jacoub III.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242W\">104<\/a><\/sup>&nbsp;Yo mismo he podido ratificar este acuerdo cristol\u00f3gico y extraer consecuencias: para el desarrollo del di\u00e1logo con el Papa Shenouda&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242X\">105<\/a><\/sup>&nbsp;y para la colaboraci\u00f3n pastoral con el Patriarca siro de Antio- qu\u00eda Mar Ignacio Zakka I Iwas.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242Y\">106<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con el venerable Patriarca de la Iglesia de Etiop\u00eda, Abuna Paulos, que me visit\u00f3 en Roma el 11 de junio de 1993, hemos puesto de relieve la profunda comuni\u00f3n existente entre nuestras dos Iglesias: \u00ab Compartimos la fe transmitida por los Ap\u00f3stoles, as\u00ed como los mismos sacramentos y el mismo ministerio, que se remontan a la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica 2. Hoy, adem\u00e1s, podemos afirmar que profesamos la misma fe en Cristo, a pesar de que durante mucho tiempo esto fue causa de divisi\u00f3n entre nosotros \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%242Z\">107<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s recientemente, el Se\u00f1or me ha concedido la gracia de firmar una declaraci\u00f3n com\u00fan cristol\u00f3gica con el Patriarca asirio de Oriente, Su Santidad Mar Dinkha IV, que por este motivo me visit\u00f3 en Roma en el mes de noviembre de 1994. Teniendo en cuenta las formulaciones teol\u00f3gicas diferentes, hemos podido as\u00ed profesar juntos la verdadera fe en Cristo.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2430\">108<\/a><\/sup>&nbsp;Quiero manifestar mi alegr\u00eda por todo esto con las palabras de la Virgen: \u00ab Proclama mi alma la grandeza del Se\u00f1or \u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;1, 46).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">63. En las controversias tradicionales sobre la cristolog\u00eda, los contactos ecum\u00e9nicos han hecho pues posible clarificaciones esenciales, que nos han permitido confesar juntos aquella fe que tenemos en com\u00fan. Una vez m\u00e1s se debe constatar que este importante logro es seguramente fruto de la profundizaci\u00f3n teol\u00f3gica y del di\u00e1logo fraterno. Y no s\u00f3lo esto. Ello nos estimula: en efecto, nos muestra que el camino recorrido es justo y que es razonable esperar encontrar juntos la soluci\u00f3n para las dem\u00e1s cuestiones controvertidas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Di\u00e1logo con las otras Iglesias y Comunidades eclesiales en Occidente<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">64. En el amplio objetivo dirigido al restablecimiento de la unidad entre todos los cristianos, el Decreto sobre ecumenismo toma en consideraci\u00f3n igualmente las relaciones con las Iglesias y Comunidades eclesiales de Occidente. A fin de instaurar un clima de fraternidad cristiana y de di\u00e1logo, el Concilio presenta dos consideraciones de orden general: una de car\u00e1cter hist\u00f3rico-psicol\u00f3gico y otra de car\u00e1cter teol\u00f3gico-doctrinal. Por una parte, el documento citado se\u00f1ala: \u00ab Las Iglesias y Comunidades eclesiales que se separaron de la Sede Apost\u00f3lica Romana, bien en aquella grav\u00edsima crisis que comenz\u00f3 en Occidente ya a finales de la Edad Media, bien en tiempos posteriores, est\u00e1n unidas con la Iglesia cat\u00f3lica por una peculiar relaci\u00f3n de afinidad a causa del mucho tiempo en que, en siglos pasados, el pueblo cristiano llev\u00f3 una vida en comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2431\">109<\/a><\/sup>&nbsp;Por otra parte, se constata con id\u00e9ntico realismo: \u00ab Hay que reconocer que entre estas Iglesias y Comunidades y la Iglesia cat\u00f3lica existen discrepancias de gran peso, no s\u00f3lo de \u00edndole hist\u00f3rica, sociol\u00f3gica, psicol\u00f3gica y cultural, sino, ante todo, de interpretaci\u00f3n de la verdad revelada \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2432\">110<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">65. Son comunes las ra\u00edces y son semejantes, a pesar de las diferencias, las orientaciones que han inspirado en Occidente el desarrollo de la Iglesia cat\u00f3lica y de las Iglesias y Comunidades surgidas de la Reforma. Por lo tanto, ellas poseen una caracter\u00edstica occidental com\u00fan. Las \u00ab divergencias \u00bb mencionadas antes, aunque importantes, no excluyen pues rec\u00edprocas influencias y aspectos complementarios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El movimiento ecum\u00e9nico comenz\u00f3 precisamente en el \u00e1mbito de las Iglesias y Comunidades de la Reforma. Contempor\u00e1neamente, ya en enero de 1920, el Patriarcado ecum\u00e9nico hab\u00eda expresado su deseo de que se organizase una colaboraci\u00f3n entre las Comuniones cristianas. Este hecho muestra que la incidencia del trasfondo cultural no es determinante. En cambio es esencial la cuesti\u00f3n de la fe. La oraci\u00f3n de Cristo, nuestro \u00fanico Se\u00f1or, Redentor y Maestro, habla a todos del mismo modo, tanto al Oriente como al Occidente. Esa oraci\u00f3n es un imperativo que nos exige abandonar las divisiones, para buscar y reencontrar la unidad, animados incluso por las mismas y amargas experiencias de la divisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">66. El Concilio Vaticano II no pretende hacer la \u00ab descripci\u00f3n \u00bb del cristianismo posterior a la Reforma, ya que \u00ab estas Iglesias y Comunidades eclesiales difieren mucho, no s\u00f3lo de nosotros, sino tambi\u00e9n entre s\u00ed \u00bb, y esto \u00ab por la diversidad de su origen, doctrina y vida espiritual \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2433\">111<\/a><\/sup>&nbsp;Adem\u00e1s, el mismo Decreto observa c\u00f3mo el movimiento ecum\u00e9nico y el deseo de paz con la Iglesia cat\u00f3lica no ha penetrado a\u00fan en todas partes.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2434\">112<\/a><\/sup>&nbsp;Sin embargo, el Concilio propone el di\u00e1logo independientemente de estas circunstancias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Decreto conciliar trata despu\u00e9s de \u00ab ofrecer 3 algunos puntos que pueden y deben ser fundamento y est\u00edmulo para este di\u00e1logo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2435\">113<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab Nuestra atenci\u00f3n se dirige 4 a aquellos cristianos que confiesan p\u00fablicamente a Jesucristo como Dios y Se\u00f1or, y \u00fanico mediador entre Dios y los hombres, para gloria del \u00fanico Dios Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2436\">114<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estos hermanos cultivan el amor y la veneraci\u00f3n por las Sagradas Escrituras: \u00ab Invocando al Esp\u00edritu Santo, buscan en la Sagrada Escritura a Dios como a quien les habla en Cristo, anunciado por los profetas, Verbo de Dios, encarnado por nosotros. En ella contemplan la vida de Cristo y cuanto el divino Maestro ense\u00f1\u00f3 y realiz\u00f3 para la salvaci\u00f3n de los hombres, sobre todo los misterios de su muerte y resurrecci\u00f3n 5; afirman la autoridad divina de los Sagrados Libros \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2437\">115<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al mismo tiempo, sin embargo, \u00ab piensan de distinta manera que nosotros 6 acerca de la relaci\u00f3n entre las Escrituras y la Iglesia, en la cual, seg\u00fan la fe cat\u00f3lica, el magisterio aut\u00e9ntico tiene un lugar peculiar en la exposici\u00f3n y predicaci\u00f3n de la palabra de Dios escrita \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2438\">116<\/a><\/sup>&nbsp;A pesar de esto, \u00ab en el di\u00e1logo 7&#8230; las Sagradas Escrituras son un instrumento precioso en la mano poderosa de Dios para lograr la unidad que el Salvador ofrece a todos los hombres \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2439\">117<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s, el sacramento del Bautismo, que tenemos en com\u00fan, representa \u00ab un v\u00ednculo sacramental de unidad, vigente entre los que han sido regenerados por \u00e9l \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243A\">118<\/a><\/sup>&nbsp;Las implicaciones teol\u00f3gicas, pastorales y ecum\u00e9nicas del com\u00fan Bautismo son muchas e importantes. Si bien por s\u00ed mismo constituye \u00ab s\u00f3lo un principio y un comienzo \u00bb, este sacramento \u00ab se ordena a la profesi\u00f3n \u00edntegra de la fe, a la incorporaci\u00f3n plena en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, como el mismo Cristo quiso, y finalmente a la incorporaci\u00f3n \u00edntegra en la comuni\u00f3n eucar\u00edstica \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243B\">119<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">67. Han surgido divergencias doctrinales e hist\u00f3ricas del tiempo de la Reforma a prop\u00f3sito de la Iglesia, de los sacramentos y del Ministerio ordenado. El Concilio pide por tanto \u00ab establecer como objeto de di\u00e1logo la doctrina sobre la Cena del Se\u00f1or, sobre los dem\u00e1s sacramentos, sobre el culto y los ministerios de la Iglesia \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243C\">120<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Decreto&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, poniendo de relieve c\u00f3mo a las Comunidades posteriores a la Reforma les falta \u00ab esa unidad plena con nosotros que dimana del Bautismo \u00bb, advierte que ellas, \u00ab sobre todo por defecto del sacramento del Orden, no han conservado la sustancia genuina e \u00edntegra del Misterio eucar\u00edstico \u00bb, aunque, \u00ab al conmemorar en la santa Cena la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, profesan que en la comuni\u00f3n con Cristo se significa la vida, y esperan su venida gloriosa \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243D\">121<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">68. El Decreto no olvida la vida espiritual y las consecuencias morales: \u00ab La vida cristiana de estos hermanos se nutre de la fe en Cristo y se fomenta con la gracia del Bautismo y la escucha de la palabra de Dios. Se manifiesta en la oraci\u00f3n privada, en la meditaci\u00f3n b\u00edblica, en la vida de la familia cristiana, en el culto de la comunidad congregada para alabar a Dios. Por otra parte, su culto presenta, a veces, elementos notables de la antigua liturgia com\u00fan \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243E\">122<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s, el documento conciliar no se limita a estos aspectos espirituales, morales y culturales, sino que extiende su consideraci\u00f3n al vivo sentimiento de la justicia y a la caridad sincera hacia el pr\u00f3jimo, que est\u00e1n presentes en estos hermanos; no olvida tampoco sus iniciativas para hacer m\u00e1s humanas las condiciones sociales de la vida y para restablecer la paz. Todo esto con la sincera voluntad de adherirse a la palabra de Cristo como fuente de la vida cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De este modo el texto manifiesta una problem\u00e1tica que, en el campo \u00e9tico-moral, se hace cada vez m\u00e1s urgente en nuestro tiempo: \u00ab Muchos cristianos no entienden el Evangelio 8 de igual manera que los cat\u00f3licos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243F\">123<\/a><\/sup>&nbsp;En esta amplia materia hay un gran espacio de di\u00e1logo sobre los principios morales del Evangelio y sus aplicaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">69. Los deseos y la invitaci\u00f3n del Concilio Vaticano II se han realizado, y progresivamente se ha abierto el di\u00e1logo teol\u00f3gico bilateral con las diferentes Iglesias y Comunidades cristianas mundiales de Occidente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por otra parte, en relaci\u00f3n al di\u00e1logo multilateral, ya en 1964 se inici\u00f3 el proceso para la constituci\u00f3n de un \u00ab Grupo Mixto de Trabajo \u00bb con el Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias, y desde 1968, algunos te\u00f3logos cat\u00f3licos entraron a formar parte, como miembros de pleno derecho, del Departamento teol\u00f3gico de dicho Consejo, la Comisi\u00f3n \u00ab Fe y Constituci\u00f3n \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El di\u00e1logo ha sido y es fecundo, rico de promesas. Los temas propuestos por el Decreto conciliar como materia de di\u00e1logo han sido ya afrontados, o lo ser\u00e1n pronto. La reflexi\u00f3n de los diversos di\u00e1logos bilaterales, realizados con una entrega que merece el elogio de toda la comunidad ecum\u00e9nica, se ha centrado sobre muchas cuestiones controvertidas como el Bautismo, la Eucarist\u00eda, el Ministerio ordenado, la sacramentalidad y la autoridad de la Iglesia, la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica. Se han delineado as\u00ed perspectivas de soluci\u00f3n inesperadas y al mismo tiempo se ha comprendido la necesidad de examinar m\u00e1s profundamente algunos argumentos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">70. Esta investigaci\u00f3n dif\u00edcil y delicada, que implica problemas de fe y respeto de la propia conciencia y de la del otro, ha estado acompa\u00f1ada y sostenida por la oraci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica y de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales. La oraci\u00f3n por la unidad, tan enraizada y difundida ya en la realidad eclesial, muestra que los cristianos son conscientes de la importancia de la cuesti\u00f3n ecum\u00e9nica. Precisamente porque la b\u00fasqueda de la plena unidad exige confrontar la fe entre creyentes que tienen un \u00fanico Se\u00f1or, la oraci\u00f3n es la fuente que ilumina la verdad que se ha de acoger enteramente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Asimismo, por medio de la oraci\u00f3n, la b\u00fasqueda de la unidad, lejos de quedar restringida al \u00e1mbito de los especialistas, se extiende a cada bautizado. Todos, independientemente de su misi\u00f3n en la Iglesia y de su formaci\u00f3n cultural, pueden contribuir activamente, de forma misteriosa y profunda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Relaciones eclesiales<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">71. Es necesario dar gracias tambi\u00e9n a la Divina Providencia por todos los acontecimientos que testimonian el progreso hacia la b\u00fasqueda de la unidad. Junto al di\u00e1logo teol\u00f3gico es oportuno mencionar las dem\u00e1s formas de encuentro, la oraci\u00f3n en com\u00fan y la colaboraci\u00f3n pr\u00e1ctica. El Papa Pablo VI dio un gran impulso a este proceso con su visita el 10 de junio de 1969 a la sede del Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias en Ginebra, y recibiendo muchas veces a representantes de varias Iglesias y Comunidades eclesiales. Estos contactos contribuyen eficazmente a mejorar el conocimiento rec\u00edproco y a incrementar la fraternidad cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Papa Juan Pablo I, al inicio de su brev\u00edsimo pontificado, manifest\u00f3 la voluntad de continuar el camino.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243G\">124<\/a><\/sup>&nbsp;El Se\u00f1or me ha concedido a m\u00ed proseguir en esta direcci\u00f3n. Adem\u00e1s de los importantes encuentros ecum\u00e9nicos en Roma, una parte significativa de mis visitas pastorales se dedica regularmente al testimonio en favor de la unidad de los cristianos. Algunos de mis viajes tienen incluso una \u00ab prioridad \u00bb ecum\u00e9nica, especialmente en los pa\u00edses donde las comunidades cat\u00f3licas constituyen una minor\u00eda respecto a las Comuniones posteriores a la Reforma; o donde estas \u00faltimas representan una porci\u00f3n considerable de los creyentes en Cristo de una sociedad determinada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">72. Esto se refiere sobre todo a los pa\u00edses europeos, donde tuvieron inicio estas divisiones, y a Am\u00e9rica del Norte. En este contexto, y sin hacer de menos las dem\u00e1s visitas, merecen atenci\u00f3n especial las que, en el continente europeo, realic\u00e9 por dos veces a Alemania, en noviembre de 1980 y en abril-mayo de 1987; la visita al Reino Unido (Inglaterra, Escocia y Gales) en mayo-junio de 1982; a Suiza en junio de 1984; y a los Pa\u00edses escandinavos y n\u00f3rdicos (Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca e Islandia), a donde fui en junio de 1989. En el gozo, el respeto rec\u00edproco, la solidaridad cristiana y la oraci\u00f3n, me he encontrado con tantos y tantos hermanos, todos comprometidos en la b\u00fasqueda de la fidelidad al Evangelio. Constatar todo esto ha sido para m\u00ed motivo de gran aliento. Hemos experimentado la presencia del Se\u00f1or entre nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quisiera a este respecto recordar una actitud inspirada por la caridad fraterna y caracterizada por la profunda luz de fe que he vivido con intensa participaci\u00f3n. Me refiero a las celebraciones eucar\u00edsticas que presid\u00ed en Finlandia y Suecia durante mi viaje a los Pa\u00edses escandinavos y n\u00f3rdicos. En el momento de la comuni\u00f3n, los Obispos luteranos se acercaron al celebrante. Ellos quisieron manifestar con un gesto concordado el deseo de alcanzar el momento en que nosotros, cat\u00f3licos y luteranos, podremos participar en la misma Eucarist\u00eda, y quisieron recibir la bendici\u00f3n del celebrante. Con amor, los bendije. El mismo gesto, tan rico de significado, se repiti\u00f3 en Roma durante la misa que presid\u00ed en la plaza Farnese con ocasi\u00f3n del VI centenario de la canonizaci\u00f3n de santa Br\u00edgida, el 6 de octubre de 1991.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">He encontrado tambi\u00e9n sentimientos an\u00e1logos al otro lado del oc\u00e9ano, en Canad\u00e1, en septiembre de 1984; y especialmente en septiembre de 1987 en los Estados Unidos, donde se percibe una gran apertura ecum\u00e9nica. Es el caso, por ejemplo, del encuentro ecum\u00e9nico en Columbia, en Carolina del Sur el 11 de septiembre de 1987. El hecho de que tengan lugar con regularidad estos encuentros entre los hermanos de la \u00ab Posreforma \u00bb y el Papa es en s\u00ed mismo importante. Estoy profundamente agradecido porque tanto los responsables de las diferentes Comunidades, como las Comunidades en su conjunto, me han acogido de buen grado. Desde este punto de vista considero significativa la celebraci\u00f3n ecum\u00e9nica de la Palabra, tenida en Columbia sobre el tema de la familia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">73. Adem\u00e1s es motivo de gran alegr\u00eda comprobar que durante el per\u00edodo posconciliar y en las Iglesias locales abundan las iniciativas y las acciones en favor de la unidad de los cristianos, las cuales extienden su incidencia directa a las Conferencias episcopales, di\u00f3cesis y comunidades parroquiales, as\u00ed como a los distintos movimientos eclesiales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Colaboraciones realizadas<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">74. \u00ab No todo el que me diga: &#8216;Se\u00f1or, Se\u00f1or&#8217;, entrar\u00e1 en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial \u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;7, 21). La coherencia y honestidad de las intenciones y afirmaciones de principio se verifican aplic\u00e1ndolas en la vida concreta. El Decreto conciliar sobre el ecumenismo nota c\u00f3mo en los otros cristianos \u00ab la fe con la que se cree en Cristo produce frutos de alabanza y acci\u00f3n de gracias por los beneficios recibidos de Dios; se a\u00f1ade, adem\u00e1s, un vivo sentido de la justicia y una sincera caridad para con el pr\u00f3jimo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243H\">125<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto \u00faltimo es un terreno f\u00e9rtil no s\u00f3lo para el di\u00e1logo, sino tambi\u00e9n para una colaboraci\u00f3n din\u00e1mica: la \u00ab fe activa ha producido tambi\u00e9n no pocas instituciones para aliviar la miseria espiritual y corporal, para cultivar la educaci\u00f3n de la juventud, para humanizar las condiciones sociales de vida, para consolidar la paz en el mundo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243I\">126<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La vida social y cultural ofrece amplios espacios de colaboraci\u00f3n ecum\u00e9nica. Cada vez con m\u00e1s frecuencia los cristianos se unen para defender la dignidad humana, para promover el bien de la paz, la aplicaci\u00f3n social del Evangelio, para hacer presente el esp\u00edritu cristiano en las ciencias y en las artes. Se unen cada vez m\u00e1s para hacer frente a las miserias de nuestro tiempo: el hambre, las calamidades y la injusticia social.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">75. Esta cooperaci\u00f3n, que se inspira en el Evangelio mismo, nunca es para los cristianos una mera acci\u00f3n humanitaria. Tiene su raz\u00f3n de ser en la palabra del Se\u00f1or: \u00ab Tuve hambre, y me disteis de comer \u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;25, 35). Como ya he se\u00f1alado, la cooperaci\u00f3n de todos los cristianos manifiesta claramente aquel grado de comuni\u00f3n que ya existe entre ellos.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243J\">127<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De cara al mundo, la acci\u00f3n conjunta de los cristianos en la sociedad tiene entonces el valor trasparente de un testimonio dado en com\u00fan al nombre del Se\u00f1or. Asume tambi\u00e9n las dimensiones de un anuncio, ya que revela el rostro de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las divergencias doctrinales que permanecen ejercen un influjo negativo y ponen l\u00edmites incluso a la colaboraci\u00f3n. Sin embargo, la comuni\u00f3n de fe ya existente entre los cristianos ofrece una base s\u00f3lida no s\u00f3lo para su acci\u00f3n conjunta en el campo social, sino tambi\u00e9n en el \u00e1mbito religioso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta cooperaci\u00f3n facilitar\u00e1 la b\u00fasqueda de la unidad. El Decreto sobre el ecumenismo se\u00f1ala que con ella \u00ab los que creen en Cristo aprender\u00e1n f\u00e1cilmente c\u00f3mo pueden conocerse mejor los unos a los otros, apreciarse m\u00e1s y allanar el camino de la unidad de los cristianos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243K\">128<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">76. \u00bfC\u00f3mo no recordar, en este contexto, el inter\u00e9s ecum\u00e9nico por la paz que se manifiesta en la oraci\u00f3n y en la acci\u00f3n con una participaci\u00f3n creciente de los cristianos y con una motivaci\u00f3n teol\u00f3gica cada vez m\u00e1s profunda? No podr\u00eda ser de otro modo. \u00bfAcaso no creemos en Jesucristo, Pr\u00edncipe de la paz? Los cristianos est\u00e1n cada vez m\u00e1s unidos en el rechazo de la violencia, de todo tipo de violencia, desde la guerra a la injusticia social.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estamos llamados a un esfuerzo cada vez m\u00e1s activo, para que se vea a\u00fan m\u00e1s claramente que los motivos religiosos no son la causa verdadera de los conflictos actuales, aunque, lamentablemente, no haya desaparecido el riesgo de instrumentalizaciones con fines pol\u00edticos y pol\u00e9micos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1986, en As\u00eds, durante la&nbsp;<em>Jornada Mundial de oraci\u00f3n por la paz<\/em>, los cristianos de las diversas Iglesias y Comunidades eclesiales invocaron con una sola voz al Se\u00f1or de la historia por la paz del mundo. Aquel d\u00eda, de modo distinto pero paralelo, rezaron por la paz tambi\u00e9n los Hebreos y los Representantes de las religiones no cristianas, en una sinton\u00eda de sentimientos que hicieron vibrar las dimensiones m\u00e1s profundas del esp\u00edritu humano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No quisiera olvidar la&nbsp;<em>Jornada de oraci\u00f3n por la paz en Europa, especialmente en los Balcanes<\/em>, que me llev\u00f3 como peregrino a la ciudad de san Francisco el 9 y 10 de enero de 1993, y la&nbsp;<em>Misa por la paz en los Balcanes, y en particular en Bosnia-Herzegovina<\/em>, que presid\u00ed el 23 de enero de 1994 en la Bas\u00edlica de san Pedro en el marco de la&nbsp;<em>Semana de oraci\u00f3n por la unidad de los cristianos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando nuestra mirada recorre el mundo, la alegr\u00eda invade nuestro \u00e1nimo. En efecto, constatamos c\u00f3mo los cristianos se sienten cada vez m\u00e1s interpelados por el problema de la paz. Lo consideran relacionado \u00edntimamente con el anuncio del Evangelio y con la venida del Reino de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>III<br>QUANTA EST NOBIS VIA?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Continuar intensificando el di\u00e1logo<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">77. Podemos ahora preguntarnos cu\u00e1nto camino nos separa todav\u00eda del feliz d\u00eda en que se alcance la plena unidad en la fe y podamos concelebrar en concordia la sagrada Eucarist\u00eda del Se\u00f1or. El mejor conocimiento rec\u00edproco que ya se da entre nosotros, las convergencias doctrinales alcanzadas, que han tenido como consecuencia un crecimiento afectivo y efectivo de la comuni\u00f3n, no son suficientes para la conciencia de los cristianos que profesan la Iglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica. El fin \u00faltimo del movimiento ecum\u00e9nico es el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los bautizados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En vista de esta meta, todos los resultados alcanzados hasta ahora no son m\u00e1s que una etapa, si bien prometedora y positiva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">78. Dentro del movimiento ecum\u00e9nico, no es s\u00f3lo la Iglesia cat\u00f3lica, junto con las Iglesias ortodoxas, quien posee esta concepci\u00f3n exigente de la unidad querida por Dios. La tendencia hacia una unidad de este tipo aparece expresada tambi\u00e9n por otros.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243L\">129<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El ecumenismo implica que las Comunidades cristianas se ayuden mutuamente para que en ellas est\u00e9 verdaderamente presente todo el contenido y todas las exigencias de \u00ab la herencia transmitida por los Ap\u00f3stoles \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243M\">130<\/a><\/sup>&nbsp;Sin eso, la plena comuni\u00f3n nunca ser\u00e1 posible. Esta ayuda mutua en la b\u00fasqueda de la verdad es una forma suprema de caridad evang\u00e9lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La b\u00fasqueda de la unidad se ha puesto de manifiesto en varios documentos de las numerosas Comisiones mixtas internacionales de di\u00e1logo. En tales textos se trata del Bautismo, de la Eucarist\u00eda, del Ministerio y la Autoridad partiendo de una cierta unidad fundamental de doctrina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De esta unidad fundamental, aunque parcial, se debe pasar ahora a la necesaria y suficiente unidad visible, que se exprese en la realidad concreta, de modo que las Iglesias realicen verdaderamente el signo de aquella comuni\u00f3n plena en la Iglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica que se realizar\u00e1 en la concelebraci\u00f3n eucar\u00edstica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este camino hacia la necesaria y suficiente unidad visible, en la comuni\u00f3n de la \u00fanica Iglesia querida por Cristo, exige todav\u00eda un trabajo paciente y audaz. Para ello es necesario no imponer m\u00e1s cargas de las indispensables (cf.&nbsp;<em>Hch<\/em>&nbsp;15, 28).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">79. Desde ahora es posible indicar los argumentos que deben ser profundizados para alcanzar un verdadero consenso de fe: 1) las relaciones entre la sagrada Escritura, suprema autoridad en materia de fe, y la sagrada Tradici\u00f3n, interpretaci\u00f3n indispensable de la palabra de Dios; 2) la Eucarist\u00eda, sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo, ofrenda de alabanza al Padre, memorial sacrificial y presencia real de Cristo, efusi\u00f3n santificadora del Esp\u00edritu Santo; 3) el Orden, como sacramento, bajo el triple ministerio del episcopado, presbiterado y diaconado; 4) el Magisterio de la Iglesia, confiado al Papa y a los Obispos en comuni\u00f3n con \u00e9l, entendido como responsabilidad y autoridad en nombre de Cristo para la ense\u00f1anza y salvaguardia de la fe; 5) la Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios e Icono de la Iglesia, Madre espiritual que intercede por los disc\u00edpulos de Cristo y por toda la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este valiente camino hacia la unidad, la claridad y prudencia de la fe nos llevan a evitar el falso irenismo y el desinter\u00e9s por las normas de la Iglesia.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243N\">131<\/a><\/sup>&nbsp;Inversamente, la misma claridad y la misma prudencia nos recomiendan evitar la tibieza en la b\u00fasqueda de la unidad y m\u00e1s a\u00fan la oposici\u00f3n preconcebida, o el derrotismo que tiende a ver todo como negativo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mantener una visi\u00f3n de la unidad que tenga presente todas las exigencias de la verdad revelada no significa poner un freno al movimiento ecum\u00e9nico.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243O\">132<\/a><\/sup>&nbsp;Al contrario, significa no contentarse con soluciones aparentes, que no conducir\u00edan a nada estable o s\u00f3lido.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243P\">133<\/a><\/sup>&nbsp;La exigencia de la verdad debe llegar hasta el fondo. \u00bfAcaso no es \u00e9sta la ley del Evangelio?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Acogida de los resultados alcanzados<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">80. Mientras prosigue el di\u00e1logo sobre nuevos temas o se desarrolla con mayor profundidad, tenemos una nueva tarea que llevar a cabo: c\u00f3mo acoger los resultados alcanzados hasta ahora. Estos no pueden quedarse en conclusiones de las Comisiones bilaterales, sino que deben llegar a ser patrimonio com\u00fan. Para que sea as\u00ed y se refuercen los v\u00ednculos de comuni\u00f3n, es necesario un serio examen que, de modos, formas y competencias diversas, abarque a todo el pueblo de Dios. En efecto, se trata de cuestiones que con frecuencia afectan a la fe, y \u00e9stas exigen el consenso universal, que se extiende desde los Obispos a los fieles laicos, todos los cuales han recibido la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243Q\">134<\/a><\/sup>&nbsp;Es el mismo Esp\u00edritu que asiste al Magisterio y suscita el&nbsp;<em>sensus fidei<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para acoger los resultados del di\u00e1logo es necesario pues un amplio y cuidadoso proceso cr\u00edtico que los analice y verifique con rigor su coherencia con la Tradici\u00f3n de fe recibida de los Ap\u00f3stoles y vivida en la comunidad de los creyentes reunida en torno al Obispo, su leg\u00edtimo Pastor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">81. Este proceso, que debe hacerse con prudencia y actitud de fe, es animado por el Esp\u00edritu Santo. Para que tenga un resultado favorable, es necesario que sus aportaciones sean divulgadas oportunamente por personas competentes. A este respecto, es de gran importancia la contribuci\u00f3n que los te\u00f3logos y las facultades de teolog\u00eda est\u00e1n llamados a dar en raz\u00f3n de su carisma en la Iglesia. Adem\u00e1s es claro que las comisiones ecum\u00e9nicas tienen, en este sentido, responsabilidades y cometidos muy singulares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo el proceso es seguido y ayudado por los Obispos y la Santa Sede. La autoridad docente tiene la responsabilidad de expresar el juicio definitivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En todo esto, ser\u00e1 de gran ayuda atenerse metodol\u00f3gicamente a la distinci\u00f3n entre el dep\u00f3sito de la fe y la formulaci\u00f3n con que se expresa, como recomendaba el Papa Juan XXIII en el dis- curso pronunciado en la apertura del Concilio Vaticano II.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243R\">135<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Continuar el ecumenismo espiritual y testimoniar la santidad<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">82. Se comprende que la importancia de la tarea ecum\u00e9nica interpele profundamente a los fieles cat\u00f3licos. El Esp\u00edritu los invita a un serio examen de conciencia. La Iglesia cat\u00f3lica debe entrar en lo que se podr\u00eda llamar \u00ab di\u00e1logo de conversi\u00f3n \u00bb, en donde tiene su fundamento interior el di\u00e1logo ecum\u00e9nico. En ese di\u00e1logo, que se realiza ante Dios, cada uno debe reconocer las propias faltas, confesar sus culpas, y ponerse de nuevo en las manos de Aqu\u00e9l que es el Intercesor ante el Padre, Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ciertamente, en este proceso de conversi\u00f3n a la voluntad del Padre y, al mismo tiempo, de penitencia y confianza absoluta en el poder reconciliador de la verdad que es Cristo, se halla la fuerza para llevar a buen fin el largo y arduo camino ecum\u00e9nico. El \u00ab di\u00e1logo de conversi\u00f3n \u00bb de cada comunidad con el Padre, sin indulgencias consigo misma, es el fundamento de unas relaciones fraternas diversas de un mero entendimiento cordial o de una convivencia s\u00f3lo exterior. Los v\u00ednculos de la&nbsp;<em>koinonia<\/em>&nbsp;fraterna se entrelazan ante Dios y en Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00f3lo el ponerse ante Dios puede ofrecer una base s\u00f3lida para la conversi\u00f3n de los cristianos y para la reforma continua de la Iglesia como instituci\u00f3n tambi\u00e9n humana y terrena,&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243S\">136<\/a><\/sup>&nbsp;que son las condiciones preliminares de toda tarea ecum\u00e9nica. Uno de los procedimientos fundamentales del di\u00e1logo ecum\u00e9nico es el esfuerzo por comprometer a las Comunidades cristianas en este espacio espiritual, interior, donde Cristo, con el poder del Esp\u00edritu, las induce sin excepci\u00f3n a examinarse ante el Padre y a preguntarse si han sido fieles a su designio sobre la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">83. He hablado de la voluntad del Padre, del espacio espiritual en el que cada comunidad escucha la llamada a superar los obst\u00e1culos para la unidad. Pues bien, todas las Comunidades cristianas saben que una exigencia y una superaci\u00f3n de este tipo, con la fuerza que da el Esp\u00edritu, no est\u00e1n fuera de su alcance. En efecto, todas tienen m\u00e1rtires de la fe cristiana.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243T\">137<\/a><\/sup>&nbsp;A pesar del drama de la divisi\u00f3n, estos hermanos han mantenido una adhesi\u00f3n a Cristo y a su Padre tan radical y absoluta que les ha permitido llegar hasta el derramamiento de su sangre. \u00bfNo es acaso esta misma adhesi\u00f3n la que se pide en esto que he calificado como \u00ab di\u00e1logo de conversi\u00f3n \u00bb ? \u00bfNo es precisamente este di\u00e1logo el que se\u00f1ala la necesidad de llegar hasta el fondo en la experiencia de verdad para alcanzar la plena comuni\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">84. Si nos ponemos ante Dios, nosotros cris- tianos tenemos ya un&nbsp;<em>Martirologio<\/em>&nbsp;com\u00fan. Este incluye tambi\u00e9n a los m\u00e1rtires de nuestro siglo, m\u00e1s numerosos de lo que se piensa, y muestra c\u00f3mo, en un nivel profundo, Dios mantiene entre los bautizados la comuni\u00f3n en la exigencia suprema de la fe, manifestada con el sacrifico de su vida.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243U\">138<\/a><\/sup>&nbsp;Si se puede morir por la fe, esto demuestra que se puede alcanzar la meta cuando se trata de otras formas de aquella misma exigencia. Ya he constatado, y con alegr\u00eda, c\u00f3mo la comuni\u00f3n, imperfecta pero real, se mantiene y crece en muchos niveles de la vida eclesial. Considero ahora que es ya perfecta en lo que todos consideramos el v\u00e9rtice de la vida de gracia, el&nbsp;<em>martyria<\/em>&nbsp;hasta la muerte, la comuni\u00f3n m\u00e1s aut\u00e9ntica que existe con Cristo, que derrama su sangre y, en este sacrificio, acerca a quienes un tiempo estaban lejanos (cf.&nbsp;<em>Ef<\/em>&nbsp;2, 13).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si los m\u00e1rtires son para todas las Comunidades cristianas la prueba del poder de la gracia, no son sin embargo los \u00fanicos que testimonian ese poder. La comuni\u00f3n a\u00fan no plena de nuestras comunidades est\u00e1 en verdad cimentada s\u00f3lidamente, si bien de modo invisible, en la comuni\u00f3n plena de los santos, es decir, de aqu\u00e9llos que al final de una existencia fiel a la gracia est\u00e1n en comuni\u00f3n con Cristo glorioso. Estos&nbsp;<em>santos<\/em>&nbsp;proceden de todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, que les abrieron la entrada en la comuni\u00f3n de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando se habla de un patrimonio com\u00fan se debe incluir en \u00e9l no s\u00f3lo las instituciones, los ritos, los medios de salvaci\u00f3n, las tradiciones que todas las comunidades han conservado y por las cuales han sido modeladas, sino en primer lugar y ante todo esta realidad de la santidad.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243V\">139<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la irradiaci\u00f3n que emana del \u00ab patrimonio de los santos \u00bb pertenecientes a todas las Comunidades, el \u00ab di\u00e1logo de conversi\u00f3n \u00bb hacia la unidad plena y visible aparece entonces bajo una luz de esperanza. En efecto, esta presencia universal de los santos prueba la trascendencia del poder del Esp\u00edritu. Ella es signo y testimonio de la victoria de Dios sobre las fuerzas del mal que dividen la humanidad. Como cantan las liturgias, \u00ab al coronar sus m\u00e9ritos coronas tu propia obra \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243W\">140<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Donde existe la voluntad sincera de seguir a Cristo, el Esp\u00edritu infunde con frecuencia su gracia en formas diversas de las ordinarias. La experiencia ecum\u00e9nica nos ha permitido comprenderlo mejor. Si en el espacio espiritual interior que he descrito las comunidades saben verdaderamente \u00ab convertirse \u00bb a la b\u00fasqueda de la comuni\u00f3n plena y visible, Dios har\u00e1 por ellas lo que ha hecho por sus santos. Har\u00e1 superar los obst\u00e1culos heredados del pasado y las guiar\u00e1, por sus caminos, a donde El quiere: a la&nbsp;<em>koinonia&nbsp;<\/em>visible que al mismo tiempo es alabanza de su gloria y servicio a su designio de salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">85. Ya que Dios en su infinita misericordia puede siempre sacar provecho incluso de las situaciones que se contraponen a su designio, podemos descubrir c\u00f3mo el Esp\u00edritu ha hecho que las contrariedades sirvieran en algunos casos para explicitar aspectos de la vocaci\u00f3n cristiana, como sucede en la vida de los santos. A pesar de la divisi\u00f3n, que es un mal que debemos sanar, se ha producido como una comunicaci\u00f3n de la riqueza de la gracia que est\u00e1 destinada a embellecer la&nbsp;<em>koinonia<\/em>. La gracia de Dios estar\u00e1 con todos aquellos que, siguiendo el ejemplo de los santos, se comprometen a cumplir sus exigencias. Y nosotros, \u00bfc\u00f3mo podemos dudar de convertirnos a las expectativas del Padre? El est\u00e1 con nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Aportaci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica en la b\u00fasqueda de la unidad de los cristianos<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">86. La Constituci\u00f3n&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, en una de sus afirmaciones fundamentales recogida por el Decreto&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243X\">141<\/a><\/sup>&nbsp;declara que la \u00fanica Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia cat\u00f3lica.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243Y\">142<\/a><\/sup>&nbsp;El Decreto sobre el ecumenismo se\u00f1ala la presencia en la misma de la plenitud (<em>plenitudo<\/em>) de los medios de salvaci\u00f3n.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%243Z\">143<\/a><\/sup>&nbsp;La plena unidad se realizar\u00e1 cuando todos participen de la plenitud de medios de salvaci\u00f3n que Cristo ha confiado a su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">87. En el camino que conduce hacia la plena unidad, el di\u00e1logo ecum\u00e9nico se esfuerza en suscitar una rec\u00edproca ayuda fraterna a trav\u00e9s de la cual las comunidades se comprometan a intercambiarse aquello que cada una necesita para crecer seg\u00fan el designio de Dios hacia la plenitud definitiva (cf.&nbsp;<em>Ef<\/em>&nbsp;4, 11-13). He afirmado c\u00f3mo somos conscientes, en cuanto Iglesia cat\u00f3lica, de haber recibido mucho del testimonio, de la b\u00fasqueda e incluso del modo como las otras Iglesias y Comunidades cristianas han puesto de relieve y vivido ciertos valores cristianos comunes. Entre los progresos alcanzados en los treinta \u00faltimos a\u00f1os, se debe destacar el fraterno y rec\u00edproco influjo. En la presente etapa,&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2440\">144<\/a><\/sup>&nbsp;este dinamismo de enriquecimiento mutuo debe ser tomado seriamente en consideraci\u00f3n. Basado en la comuni\u00f3n que existe ya gracias a los elementos eclesiales presentes en las Comunidades cristianas, no dejar\u00e1 de impulsar hacia la comuni\u00f3n plena y visible, meta ansiada del camino que estamos realizando. Es la expresi\u00f3n ecum\u00e9nica de la ley evang\u00e9lica del compartir. Esto me anima a repetir: \u00ab Hay que demostrar en cada cosa la diligencia de salir al encuentro de lo que nuestros hermanos cristianos, leg\u00edtimamente, desean y esperan de nosotros, conociendo su modo de pensar y su sensibilidad 1. Es preciso que los dones de cada uno se desarrollen para utilidad y beneficio de todos \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2441\">145<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El ministerio de unidad del Obispo de Roma<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">88. Entre todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, la Iglesia cat\u00f3lica es consciente de haber conservado el ministerio del Sucesor del ap\u00f3stol Pedro, el Obispo de Roma, que Dios ha constituido como \u00ab principio y fundamento perpetuo y visible de unidad \u00bb,<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2442\">146<\/a><\/sup>&nbsp;y que el Esp\u00edritu sostiene para que haga part\u00edcipes de este bien esencial a todas las dem\u00e1s. Seg\u00fan la hermosa expresi\u00f3n del Papa Gregorio Magno, mi ministerio es el del&nbsp;<em>servus servorum Dei<\/em>. Esta definici\u00f3n preserva de la mejor manera el riesgo de separar la potestad (y en particular el primado) del ministerio, lo cual estar\u00eda en contradicci\u00f3n con el significado de potestad seg\u00fan el Evangelio: \u00ab Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve \u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;22, 27), dice nuestro Se\u00f1or Jesucristo, Cabeza de la Iglesia. Por otra parte, como tuve la oportunidad de afirmar con ocasi\u00f3n del importante encuentro con el Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias en Ginebra, el 12 de junio de 1984, el convencimiento de la Iglesia cat\u00f3lica de haber conservado, en fidelidad a la tradici\u00f3n apost\u00f3lica y a la fe de los Padres, en el ministerio del Obispo de Roma, el signo visible y la garant\u00eda de la unidad, constituye una dificultad para la mayor\u00eda de los dem\u00e1s cristianos, cuya memoria est\u00e1 marcada por ciertos recuerdos dolorosos. Por aquello de lo que somos responsables, con mi Predecesor Pablo VI imploro perd\u00f3n.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2443\">147<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">89. Sin embargo es significativo y alentador que la cuesti\u00f3n del primado del Obispo de Roma haya llegado a ser actualmente objeto de estudio, inmediato o en perspectiva, y tambi\u00e9n es significativo y alentador que este asunto est\u00e9 presente como tema esencial no s\u00f3lo en los di\u00e1logos teol\u00f3gicos que la Iglesia cat\u00f3lica mantiene con las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, sino incluso de un modo m\u00e1s general en el conjunto del movimiento ecum\u00e9nico. Recientemente los participantes en la quinta asamblea mundial de la Comisi\u00f3n \u00ab Fe y Constituci\u00f3n \u00bb del Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias, celebrada en Santiago de Compostela, recomendaron que esta comisi\u00f3n \u00ab inicie un nuevo estudio sobre la cuesti\u00f3n de un ministerio universal de la unidad cristiana \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2444\">148<\/a><\/sup>&nbsp;Despu\u00e9s de siglos de duras pol\u00e9micas, las otras Iglesias y Comunidades eclesiales escrutan cada vez m\u00e1s con una mirada nueva este ministerio de unidad.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2445\">149<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">90. El Obispo de Roma es el Obispo de la Iglesia que conserva el testimonio del martirio de Pedro y de Pablo: \u00ab Por un misterioso designio de la Providencia, 2 termina en Roma su camino en el seguimiento de Jes\u00fas y en Roma da esta prueba m\u00e1xima de amor y de fidelidad. Tambi\u00e9n en Roma Pablo, el Ap\u00f3stol de las Gentes, da el testimonio supremo. La Iglesia de Roma se convert\u00eda as\u00ed en la Iglesia de Pedro y de Pablo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2446\">150<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el Nuevo Testamento Pedro tiene un puesto peculiar. En la primera parte de los Hechos de los Ap\u00f3stoles, aparece como cabeza y portavoz del colegio apost\u00f3lico, designado como \u00ab Pedro&#8230; con los Once \u00bb (2, 14; cf. tambi\u00e9n 2, 37; 5, 29). El lugar que tiene Pedro se fundamenta en las palabras mismas de Cristo, tal y como vienen recordadas por las tradiciones evang\u00e9licas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">91. El Evangelio de Mateo describe y precisa la misi\u00f3n pastoral de Pedro en la Iglesia: \u00ab Bienaventurado eres Sim\u00f3n, hijo de Jon\u00e1s, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que est\u00e1 en los cielos. Y yo a mi vez te digo que t\u00fa eres Pedro, y sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecer\u00e1n contra ella. A ti te dar\u00e9 las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedar\u00e1 atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedar\u00e1 desatado en los cielos \u00bb (16, 17-19). Lucas se\u00f1ala c\u00f3mo Cristo recomienda a Pedro que confirme a sus hermanos, pero al mismo tiempo le muestra su debilidad humana y su necesidad de conversi\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;22, 31-32). Es precisamente como si, desde la debilidad humana de Pedro, se manifestara de un modo pleno que su ministerio particular en la Iglesia procede totalmente de la gracia; es como si el Maestro se dedicara de un modo especial a su conversi\u00f3n para prepararlo a la misi\u00f3n que se dispone a confiarle en la Iglesia y fuera muy exigente con \u00e9l. Las misma funci\u00f3n de Pedro, ligada siempre a una afirmaci\u00f3n realista de su debilidad, se encuentra en el cuarto Evangelio: \u00ab Sim\u00f3n de Juan, \u00bfme amas m\u00e1s que \u00e9stos? 3 Apacienta mis ovejas \u00bb (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;21, 15-19). Es significativo adem\u00e1s que seg\u00fan la Primera Carta de Pablo a los Corintios, Cristo resucitado se aparezca a Cefas y luego a los Doce (cf. 15, 5).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es importante notar c\u00f3mo la debilidad de Pedro y de Pablo manifiesta que la Iglesia se fundamenta sobre la potencia infinita de la gracia (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;16, 17;&nbsp;<em>2 Cor<\/em>&nbsp;12, 7-10). Pedro, poco despu\u00e9s de su investidura, es reprendido con severidad por Cristo que le dice: \u00ab \u00a1Esc\u00e1ndalo eres par m\u00ed! \u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;16, 23). \u00bfC\u00f3mo no ver en la misericordia que Pedro necesita una relaci\u00f3n con el ministerio de aquella misericordia que \u00e9l experimenta primero? Igualmente, renegar\u00e1 tres veces de Jes\u00fas. El Evangelio de Juan se\u00f1ala adem\u00e1s que Pedro recibe el encargo de apacentar el reba\u00f1o en una triple profesi\u00f3n de amor (cf. 21, 15-17) que se corresponde con su triple traici\u00f3n (cf. 13, 38). Por su parte Lucas, en la palabra de Cristo que ya he citado, a la cual unir\u00e1 la primera tradici\u00f3n en un intento por describir la misi\u00f3n de Pedro, insiste en el hecho de que deber\u00e1 \u00ab confirmar a sus hermanos cuando haya vuelto \u00bb (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;22, 32).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">92. En cuanto a Pablo, puede concluir la descripci\u00f3n de su ministerio con la desconcertante afirmaci\u00f3n que ha recibido de los labios del Se\u00f1or: \u00ab Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza \u00bb y puede pues exclamar: \u00ab Cuando estoy d\u00e9bil, entonces es cuando soy fuerte \u00bb (<em>2 Cor<\/em>&nbsp;12, 9-10). Esta es una caracter\u00edstica fundamental de la experiencia cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Heredero de la misi\u00f3n de Pedro, en la Iglesia fecundada por la sangre de los pr\u00edncipes de los Ap\u00f3stoles, el Obispo de Roma ejerce un ministerio que tiene su origen en la multiforme misericordia de Dios, que convierte los corazones e infunde la fuerza de la gracia all\u00ed donde el disc\u00edpulo prueba el sabor amargo de su debilidad y de su miseria. La autoridad propia de este ministerio est\u00e1 toda ella al servicio del designio misericordioso de Dios y debe ser siempre considerada en este sentido. Su poder se explica as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">93. Refiri\u00e9ndose a la triple profesi\u00f3n de amor de Pedro, que corresponde a la triple traici\u00f3n, su sucesor sabe que debe ser signo de misericordia. El suyo es un ministerio de misericordia nacido de un acto de misericordia de Cristo. Toda esta lecci\u00f3n del Evangelio ha de ser rele\u00edda continuamente, para que el ejercicio del ministerio petrino no pierda su autenticidad y trasparencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia de Dios est\u00e1 llamada por Cristo a manifestar a un mundo esclavo de sus culpabilidades y de sus torcidos prop\u00f3sitos que, a pesar de todo, Dios puede, en su misericordia, convertir los corazones a la unidad, haci\u00e9ndoles acceder a su comuni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">94. Este servicio a la unidad, basado en la obra de la divina misericordia, es confiado, dentro mismo del colegio de los Obispos a uno de aqu\u00e9llos que han recibido del Esp\u00edritu el encargo, no de ejercer el poder sobre el pueblo \u2014como hacen los jefes de las naciones y los poderosos (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;20, 25;&nbsp;<em>Mc<\/em>&nbsp;10,42)\u2014, sino de guiarlo para que pueda encaminarse hacia pastos tranquilos. Este encargo puede exigir el ofrecer la propia vida (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;10, 11-18). Despu\u00e9s de haber mostrado que Cristo es \u00ab el \u00fanico Pastor, en el que todos los pastores son uno \u00bb, san Agust\u00edn concluye: \u00ab Que todos se identifiquen con el \u00fanico Pastor y hagan o\u00edr la \u00fanica voz del Pastor, para que la oigan las ovejas y sigan al \u00fanico Pastor, y no a \u00e9ste o a aqu\u00e9l, sino al \u00fanico y que todos en \u00e9l hagan o\u00edr la misma voz, y que no tengan cada uno su propia voz 4 Que las ovejas oigan esta voz, limpia de toda divisi\u00f3n y purificada de toda herej\u00eda \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2447\">151<\/a><\/sup>&nbsp;La misi\u00f3n del Obispo de Roma en el grupo de todos los Pastores consiste precisamente en \u00ab vigilar \u00bb (<em>episkopein<\/em>) como un centinela, de modo que, gracias a los Pastores, se escuche en todas las Iglesias particulares la verdadera voz de Cristo-Pastor. As\u00ed, en cada una de estas Iglesias particulares confiadas a ellos se realiza la&nbsp;<em>Iglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica<\/em>. Todas las Iglesias est\u00e1n en comuni\u00f3n plena y visible porque todos los Pastores est\u00e1n en comuni\u00f3n con Pedro, y as\u00ed en la unidad de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Obispo de Roma, con el poder y la autoridad sin los cuales esta funci\u00f3n ser\u00eda ilusoria, debe asegurar la comuni\u00f3n de todas las Iglesias. Por esta raz\u00f3n, es el primero entre los servidores de la unidad. Este primado se ejerce en varios niveles, que se refieren a la vigilancia sobre la trasmisi\u00f3n de la Palabra, la celebraci\u00f3n sacramental y lit\u00fargica, la misi\u00f3n, la disciplina y la vida cristiana. Corresponde al Sucesor de Pedro recordar las exigencias del bien com\u00fan de la Iglesia, si alguien estuviera tentado de olvidarlo en funci\u00f3n de sus propios intereses. Tiene el deber de advertir, poner en guardia, declarar a veces inconciliable con la unidad de fe esta o aquella opini\u00f3n que se difunde. Cuando las circunstancias lo exigen, habla en nombre de todos los Pastores en comuni\u00f3n con \u00e9l. Puede incluso \u2014en condiciones bien precisas, se\u00f1aladas por el Concilio Vaticano I\u2014 declarar&nbsp;<em>ex cathedra<\/em>&nbsp;que una doctrina pertenece al dep\u00f3sito de la fe.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2448\">152<\/a><\/sup>&nbsp;Testimoniando as\u00ed la verdad, sirve a la unidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">95. Todo esto, sin embargo, se debe realizar siempre en la comuni\u00f3n. Cuando la Iglesia cat\u00f3lica afirma que la funci\u00f3n del Obispo de Roma responde a la voluntad de Cristo, no separa esta funci\u00f3n de la misi\u00f3n confiada a todos los Obispos, tambi\u00e9n ellos \u00ab vicarios y legados de Cristo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%2449\">153<\/a><\/sup>&nbsp;El Obispo de Roma pertenece a su \u00ab colegio \u00bb y ellos son sus hermanos en el ministerio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que afecta a la unidad de todas las Comunidades cristianas forma parte obviamente del \u00e1mbito de preocupaciones del primado. Como Obispo de Roma soy consciente, y lo he reafirmado en esta Carta enc\u00edclica, que la comuni\u00f3n plena y visible de todas las Comunidades, en las que gracias a la fidelidad de Dios habita su Esp\u00edritu, es el deseo ardiente de Cristo. Estoy convencido de tener al respecto una responsabilidad particular, sobre todo al constatar la aspiraci\u00f3n ecum\u00e9nica de la mayor parte de las Comunidades cristianas y al escuchar la petici\u00f3n que se me dirige de encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ning\u00fan modo a lo esencial de su misi\u00f3n, se abra a una situaci\u00f3n nueva. Durante un milenio los cristianos estuvieron unidos \u00ab por la comuni\u00f3n fraterna de fe y vida sacramental, siendo la Sede Romana, con el consentimiento com\u00fan, la que moderaba cuando surg\u00edan disensiones entre ellas en materia de fe o de disciplina \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%244A\">154<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De este modo el primado ejerc\u00eda su funci\u00f3n de unidad. Dirigi\u00e9ndome al Patriarca ecum\u00e9nico, Su Santidad Dimitrios I, he afirmado ser consciente de que \u00ab por razones muy diversas, y contra la voluntad de unos y otros, lo que deb\u00eda ser un servicio pudo manifestarse bajo una luz bastante distinta. Pero 5 por el deseo de obedecer verdaderamente a la voluntad de Cristo, me considero llamado, como Obispo de Roma, a ejercer ese ministerio 6 Que el Esp\u00edritu Santo nos d\u00e9 su luz e ilumine a todos los Pastores y te\u00f3logos de nuestras Iglesias para que busquemos, por supuesto juntos, las formas con las que este ministerio pueda realizar un servicio de fe y de amor reconocido por unos y otros \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%244B\">155<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">96. Tarea ingente que no podemos rechazar y que no puedo llevar a t\u00e9rmino solo. La comuni\u00f3n real, aunque imperfecta, que existe entre todos nosotros, \u00bfno podr\u00eda llevar a los responsables eclesiales y a sus te\u00f3logos a establecer conmigo y sobre esta cuesti\u00f3n un di\u00e1logo fraterno, paciente, en el que podr\u00edamos escucharnos m\u00e1s all\u00e1 de est\u00e9riles pol\u00e9micas, teniendo presente s\u00f3lo la voluntad de Cristo para su Iglesia, dej\u00e1ndonos impactar por su grito \u00ab que ellos tambi\u00e9n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t\u00fa me has enviado \u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;17, 21)?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La comuni\u00f3n de todas las Iglesias particulares con la Iglesia de Roma: condici\u00f3n necesaria para la unidad<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">97. La Iglesia cat\u00f3lica, tanto en su&nbsp;<em>praxis<\/em>&nbsp;como en sus documentos oficiales, sostiene que la comuni\u00f3n de las Iglesias particulares con la Iglesia de Roma, y de sus Obispos con el Obispo de Roma, es un requisito esencial \u2014en el designio de Dios\u2014 para la comuni\u00f3n plena y visible. En efecto, es necesario que la plena comuni\u00f3n, que encuentra en la Eucarist\u00eda su suprema manifestaci\u00f3n sacramental, tenga su expresi\u00f3n visible en un ministerio en el cual todos los Obispos se sientan unidos en Cristo y todos los fieles encuentren la confirmaci\u00f3n de la propia fe. La primera parte de los Hechos de los Ap\u00f3stoles presenta a Pedro como el que habla en nombre del grupo apost\u00f3lico y sirve a la unidad de la comunidad, y esto respetando la autoridad de Santiago, cabeza de la Iglesia de Jerusal\u00e9n. Esta funci\u00f3n de Pedro debe permanecer en la Iglesia para que, bajo su \u00fanica Cabeza, que es Cristo Jes\u00fas, sea visiblemente en el mundo la comuni\u00f3n de todos sus disc\u00edpulos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">?No es acaso de un ministerio as\u00ed del que muchos de los que est\u00e1n comprometidos en el ecumenismo sienten hoy necesidad? Presidir en la verdad y en el amor para que la barca \u2014hermoso s\u00edmbolo que el Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias eligi\u00f3 como emblema\u2014 no sea sacudida por las tempestades y pueda llegar un d\u00eda a puerto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Plena unidad y evangelizaci\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">98. El movimiento ecum\u00e9nico de nuestro siglo, m\u00e1s que las iniciativas ecum\u00e9nicas de siglos pasados, cuya importancia sin embargo no debe subestimarse, se ha distinguido por una perspectiva misionera. En el vers\u00edculo se san Juan que sirve de inspiraci\u00f3n y orienta \u2014\u00ab&nbsp;<em>que ellos tambi\u00e9n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t\u00fa me has enviado<\/em>&nbsp;\u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;17, 21)\u2014 se ha subrayado&nbsp;<em>para que el mundo crea<\/em>&nbsp;con tanta fuerza que se corre el riesgo de olvidar a veces que, en el pensamiento del evangelista, la unidad es sobre todo para gloria del Padre. De todos modos, es evidente que la divisi\u00f3n de los cristianos est\u00e1 en contradicci\u00f3n con la Verdad que ellos tienen la misi\u00f3n de difundir y, por tanto, perjudica gravemente su testimonio. Lo comprendi\u00f3 y afirm\u00f3 bien mi Predecesor el Papa Pablo VI en su Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica&nbsp;<em>Evangelii nuntiandi<\/em>: \u00ab En cuanto evangelizadores, nosotros debemos ofrecer a los fieles de Cristo, no la imagen de hombres divididos y separados por las luchas que no sirven para construir nada, sino la de hombres adultos en la fe, capaces de encontrarse m\u00e1s all\u00e1 de las tensiones reales gracias a la b\u00fasqueda com\u00fan, sincera y desinteresada de la verdad. S\u00ed, la suerte de la evangelizaci\u00f3n est\u00e1 ciertamente vinculada al testimonio de unidad dado por la Iglesia [&#8230;] Dicho esto, queremos subrayar el signo de la unidad entre todos los cristianos, como camino e instrumento de evangelizaci\u00f3n. La divisi\u00f3n de los cristianos constituye una situaci\u00f3n de hecho grave, que viene a cercenar la obra misma de Cristo \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%244C\">156<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, \u00bfc\u00f3mo anunciar el Evangelio de la reconciliaci\u00f3n sin comprometerse al mismo tiempo en la obra de la reconciliaci\u00f3n de los cristianos? Si es cierto que la Iglesia, movida por el Esp\u00edritu Santo y con la promesa de la indefectibilidad, ha predicado y predica el Evangelio a todas las naciones, es tambi\u00e9n cierto que ella debe afrontar las dificultades que se derivan de las divisiones. \u00bfContemplando a los misioneros en desacuerdo entre s\u00ed, aunque todos se refieran a Cristo, sabr\u00e1n los incr\u00e9dulos acoger el verdadero mensaje? \u00bfNo pensar\u00e1n que el Evangelio es un factor de divisi\u00f3n, incluso si es presentado como la ley fundamental de la caridad?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">99. Cuando afirmo que para m\u00ed, Obispo de Roma, la obra ecum\u00e9nica es \u00ab una de las prioridades pastorales \u00bb de mi pontificado,&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%244D\">157<\/a><\/sup>&nbsp;pienso en el grave obst\u00e1culo que la divisi\u00f3n constituye para el anuncio del Evangelio. Una Comunidad cristiana que cree en Cristo y desea, con el ardor del Evangelio, la salvaci\u00f3n de la humanidad, de ning\u00fan modo puede cerrarse a la llamada del Esp\u00edritu que orienta a todos los cristianos hacia la unidad plena y visible. Se trata de uno de los imperativos de la caridad que debe acogerse sin compromisos. El ecumenismo no es s\u00f3lo una cuesti\u00f3n interna de las Comunidades cristianas. Refleja el amor que Dios da en Jesucristo a toda la humanidad, y obstaculizar este amor es una ofensa a El y a su designio de congregar a todos en Cristo. El Papa Pablo VI escrib\u00eda al Patriarca ecum\u00e9nico Aten\u00e1goras I: \u00ab Pueda el Esp\u00edritu Santo guiarnos por el camino de la reconciliaci\u00f3n, para que la unidad de nuestras Iglesias llegue a ser un signo siempre m\u00e1s luminoso de esperanza y de consuelo para toda la humanidad \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%244E\">158<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>EXHORTACI\u00d3N<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">100. Dirigi\u00e9ndome recientemente a los Obispos, al clero y a los fieles de la Iglesia cat\u00f3lica para indicar el camino a seguir en vista de la celebraci\u00f3n del&nbsp;<em>Gran Jubileo del A\u00f1o 2000<\/em>, he afirmado entre otras cosas que \u00ab la mejor preparaci\u00f3n al vencimiento bimilenario ha de manifestarse en el&nbsp;<em>renovado compromiso de aplicaci\u00f3n, lo m\u00e1s fiel posible, de las ense\u00f1anzas del Vaticano II a la vida de cada uno y de toda la Iglesia<\/em>&nbsp;\u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%244F\">159<\/a><\/sup>&nbsp;El Concilio es el gran comienzo \u2014como el Adviento\u2014 de aquel itinerario que nos lleva al umbral del Tercer Milenio. Considerando la importancia que la Asamblea conciliar atribuy\u00f3 a la obra de recomposici\u00f3n de la unidad de los cristianos, en esta \u00e9poca nuestra de gracia ecum\u00e9nica, me ha parecido necesario reafirmar las convicciones fundamentales que el Concilio infundi\u00f3 en la conciencia de la Iglesia cat\u00f3lica, record\u00e1ndolas a la luz de los progresos realizados en este tiempo hacia la comuni\u00f3n plena de todos los bautizados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hay duda de que el Esp\u00edritu act\u00faa en esta obra y est\u00e1 conduciendo a la Iglesia hacia la plena realizaci\u00f3n del designio del Padre, en conformidad a la voluntad de Cristo, expresada con un vigor tan ferviente en la oraci\u00f3n que, seg\u00fan el cuarto Evangelio, pronunciaron sus labios cuando iniciaba el drama salv\u00edfico de su Pascua. Al igual que entonces, tambi\u00e9n hoy Cristo pide que un impulso nuevo reavive el compromiso de cada uno por la comuni\u00f3n plena y visible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">101. Exhorto pues a mis Hermanos en el episcopado a poner toda su atenci\u00f3n en este empe\u00f1o. Los dos&nbsp;<em>C\u00f3digos de Derecho Can\u00f3nico<\/em>&nbsp;incluyen entre las responsabilidades del Obispo la de promover la unidad de todos los cristianos, apoyando toda acci\u00f3n o iniciativa dirigida a fomentarla en la conciencia de que la Iglesia es movida a ello por la voluntad misma de Cristo.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%244G\">160<\/a><\/sup>&nbsp;Esto forma parte de la misi\u00f3n episcopal y es una obligaci\u00f3n que deriva directamente de la fidelidad a Cristo, Pastor de la Iglesia. Todos los fieles, tambi\u00e9n, son invitados por el Esp\u00edritu de Dios a hacer lo posible para que se afiancen los v\u00ednculos de comuni\u00f3n entre todos los cristianos y crezca la colaboraci\u00f3n de los disc\u00edpulos de Cristo: \u00ab La preocupaci\u00f3n por el restablecimiento de la uni\u00f3n ata\u00f1e a la Iglesia entera, tanto a los fieles como a los pastores; y afecta a cada uno seg\u00fan su propia capacidad \u00bb.<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%244H\">161<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">102. La fuerza del Esp\u00edritu de Dios hace crecer y edifica la Iglesia a trav\u00e9s de los siglos. Dirigien- do la mirada al nuevo milenio, la Iglesia pide al Esp\u00edritu la gracia de reforzar su propia unidad y de hacerla crecer hacia la plena comuni\u00f3n con los dem\u00e1s cristianos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">?C\u00f3mo alcanzarlo? En primer lugar con&nbsp;<em>la oraci\u00f3n<\/em>. La oraci\u00f3n deber\u00eda siempre asumir aquella inquietud que es anhelo de unidad, y por tanto una de las formas necesarias del amor que tenemos por Cristo y por el Padre, rico en misericordia. La oraci\u00f3n debe tener prioridad en este camino que emprendemos con los dem\u00e1s cristianos hacia el nuevo milenio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">?C\u00f3mo alcanzarlo? Con&nbsp;<em>acci\u00f3n de gracias<\/em>&nbsp;ya que no nos presentamos a esta cita con las manos vac\u00edas: \u00ab El Esp\u00edritu viene en ayuda de nuestra flaqueza 8 intercede por nosotros con gemidos inefables \u00bb (<em>Rm<\/em>&nbsp;8, 26) para disponernos a pedir a Dios lo que necesitamos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">?C\u00f3mo alcanzarlo? Con&nbsp;<em>la esperanza<\/em>&nbsp;en el Esp\u00edritu, que sabe alejar de nosotros los espectros del pasado y los recuerdos dolorosos de la separaci\u00f3n; El nos concede lucidez, fuerza y valor para dar los pasos necesarios, de modo que nuestro empe\u00f1o sea cada vez m\u00e1s aut\u00e9ntico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si nos pregunt\u00e1ramos si todo esto es posible la respuesta ser\u00eda siempre: s\u00ed. La misma respuesta escuchada por Mar\u00eda de Nazaret, porque para Dios nada hay imposible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vienen a mi mente las palabras con las que san Cipriano comenta el&nbsp;<em>Padre Nuestro<\/em>, la oraci\u00f3n de todos los cristianos: \u00ab Dios tampoco acepta el sacrificio del que no est\u00e1 en concordia con alguien, y le manda que se retire del altar y vaya primero a reconciliarse con su hermano; una vez que se haya puesto en paz con \u00e9l, podr\u00e1 tambi\u00e9n reconciliarse con Dios en sus plegarias. El sacrificio m\u00e1s importante a los ojos de Dios es nuestra paz y concordia fraterna y un pueblo cuya uni\u00f3n sea un reflejo de la unidad que existe entre el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo \u00bb.&nbsp;<sup><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#%244I\">162<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al alba del nuevo milenio, \u00bfc\u00f3mo no pedir al Se\u00f1or, con impulso renovado y conciencia m\u00e1s madura, la gracia de prepararnos, todos, a este&nbsp;<em>sacrificio de la unidad<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">103. Yo, Juan Pablo, humilde&nbsp;<em>servus servorum Dei<\/em>, me permito hacer m\u00edas las palabras del ap\u00f3stol Pablo, cuyo martirio, unido al del ap\u00f3stol Pedro, ha dado a esta Sede de Roma el esplendor de su testimonio, y os digo a vosotros, fieles de la Iglesia cat\u00f3lica, y a vosotros, hermanos y hermanas de las dem\u00e1s Iglesias y Comunidades eclesiales, \u00ab&nbsp;<em>sed perfectos; animaos; tened un mismo sentir; vivid en paz, y el Dios de la caridad y de la paz estar\u00e1 con vosotros 9. La gracia del Se\u00f1or Jesucristo, el amor de Dios y la comuni\u00f3n del Esp\u00edritu Santo sean con todos vosotros<\/em>&nbsp;\u00bb (<em>2 Cor<\/em>&nbsp;13, 11.13).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Dado en Roma, junto a san Pedro, el d\u00eda 25 de mayo, solemnidad de la Ascensi\u00f3n del Se\u00f1or, del a\u00f1o 1995, decimos\u00e9ptimo de mi Pontificado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>IOANNES PAULUS PP. II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1\">1<\/a><\/strong>. Cf. Palabras la final del V\u00eda Crucis del Viernes Santo (1 abril 1994), 3:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;87 (1995), 88.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2\">2<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decl.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Dignitatis humanae<\/a><\/em>, sobre la libertad religiosa, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3\">3<\/a><\/strong>. Cf. Carta ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html\">Tertio millennio adveniente<\/a><\/em>&nbsp;(10 noviembre 1994), 16:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;87 ( 1995 ), 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-4\">4<\/a><\/strong>. Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Carta&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_con_cfaith_doc_28051992_communionis-notio_sp.html\">Communionis notio<\/a><\/em>, a los Obispos de la Iglesia cat\u00f3lica sobre algunos aspectos de la Iglesia considerada como comuni\u00f3n (28 mayo 1992), 4:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;85 (1993 ), 840.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-5\">5<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-6\">6<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-7\">7<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-8\">8<\/a><\/strong>. Cf, Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-9\">9<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decl.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Dignitatis humanae<\/a><\/em>, sobre la libertad religiosa, 1 y 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-A\">10<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-B\">11<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>., 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-C\">12<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II. Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a>,<\/em>&nbsp;sobre el ecumenismo, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-D\">13<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-E\">14<\/a><\/strong>. N.15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-F\">15<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-G\">16<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-H\">17<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>., 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-I\">18<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-J\">19<\/a><\/strong>. Cf. S. Gregorio Magno,&nbsp;<em>Homiliae in Evangelia<\/em>&nbsp;19,1:&nbsp;<em>PL<\/em>&nbsp;76, 1154 citado en Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-K\">20<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-L\">21<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>., 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-M\">22<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-N\">23<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>, 6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-O\">24<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm\u00e1tica&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\">Dei Verbum<\/a><\/em>, sobre la divina revelaci\u00f3n, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-P\">25<\/a><\/strong>. Cf. Carta ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1988\/documents\/hf_jp-ii_apl_19880125_euntes-in-mundum-universum.html\">Euntes in mundum<\/a><\/em>&nbsp;(25 enero 1988):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;80 ( 1988), 935-956.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-Q\">26<\/a><\/strong>. Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_19850602_slavorum-apostoli.html\">Slavorum apostoli<\/a><\/em>&nbsp;(2 junio 1985).&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;77 (1985), 779-813.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-R\">27<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>Directoire pour l&#8217;application des principes et des normes sur l&#8217;oecum\u00e9nisme<\/em>&nbsp;(25 marzo 1993):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;85 (1993) 1039-1119.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-S\">28<\/a><\/strong>. Cf. en particular el Documento llamado de Lima:&nbsp;<em>Bautismo, Eucarist\u00eda, Ministerio<\/em>&nbsp;(enero 1982):&nbsp;<em>Ench. Oecum.<\/em>&nbsp;1,1392-1446, y el Documento n. 153 de \u00abFe y Constituci\u00f3n\u00bb&nbsp;<em>Confessing the \u00abOne\u00bb Faith,<\/em>&nbsp;Ginebra 1991.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-T\">29<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/speeches\/1962\/documents\/hf_j-xxiii_spe_19621011_opening-council.html\">Discurso de apertura del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II<\/a><\/em>&nbsp;(11 octubre 1962):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;54 (1962), 793.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-U\">30<\/a><\/strong>. Se trata del Secretariado para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos, creado por el Papa Juan XXIII Con el Motu proprio&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/apost_letters\/1960\/documents\/hf_j-xxiii_apl_19600605_superno-dei.html\">Superno Dei nutu<\/a><\/em>&nbsp;(5 junio 1960), 9:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;52 (1960), 436 y confirmado por los documentos sucesivos: Motu proprio&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/motu_proprio\/documents\/hf_j-xxiii_motu-proprio_19620806_appropinquante-concilio.html\">Appropinquante Concilio<\/a><\/em>&nbsp;(6 agosto 1962), c. III, a, 7, \u00a7 2, I:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;54 (1962), 614; cf, Pablo VI, Const. ap.&nbsp;<em>Regimini ecclesiae universae<\/em>&nbsp;(15 agosto 1967), 92-94:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;59 (1967), 918-919. Este Dicasterio se denomina actualmente Pontificio Consejo para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos: cf. Const. ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_constitutions\/documents\/hf_jp-ii_apc_19880628_pastor-bonus-index.html\">Pastor Bonus<\/a><\/em>&nbsp;(28 junio 1988), V, art. 135-138:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;80 (1988), 895-896.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-V\">31<\/a><\/strong>.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/speeches\/1962\/documents\/hf_j-xxiii_spe_19621011_opening-council.html\">Discurso de apertura del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II<\/a><\/em>&nbsp;(11 octubre 1962):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;54 11962), 792.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-W\">32<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-X\">33<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decl.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Dignitatis humanae<\/a><\/em>, sobre la libertad religiosa, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-Y\">34<\/a><\/strong>. Carta enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_19850602_slavorum-apostoli.html\">Slavorum apostoli<\/a><\/em>&nbsp;(2 junio 1985), 11:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;77 ( 1985 ), 792. .<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-Z\">35<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>., 13,&nbsp;<em>l.c<\/em>., 794.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-10\">36<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>, 11,<em>&nbsp;l.c.<\/em>, 792.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-11\">37<\/a><\/strong>. Discurso a los abor\u00edgenes (29 noviembre 1986), 12:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;79 ( 1987), 977.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-12\">38<\/a><\/strong>. Cf. S. Vicente de Lerins,&nbsp;<em>Commonitorium primum<\/em>, 23:&nbsp;<em>PL<\/em>&nbsp;50, 667-668.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-13\">39<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-14\">40<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>., 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-15\">41<\/a><\/strong>&nbsp;<em>Ibid<\/em>.,7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-16\">42<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>., 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-17\">43<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-18\">44<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-19\">45<\/a><\/strong>. Cf. Carta ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html\">Tertio millennio adveniente<\/a><\/em>&nbsp;(10 noviembre 1994), 24:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;87 (1995), 19-20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1A\">46<\/a><\/strong>. Discurso en la catedral de Canterbury (29 mayo 1982), 5:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;74 ( 1982 ), 922.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1B\">47<\/a><\/strong>. Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias,&nbsp;<em>Reglamento,<\/em>&nbsp;III,1 Citado en&nbsp;<em>Ench. Oecum.<\/em>&nbsp;1, 1392.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1C\">48<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>, sobre la Iglesia en el mundo actual, 24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1D\">49<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a>,<\/em>&nbsp;sobre el ecumenismo, 7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1E\">50<\/a><\/strong>. Mar\u00eda Gabriela Sagheddu, nacida en Dorgali (Cerde\u00f1a) en 1914. A los 21 a\u00f1os entra en el Monasterio Trapense de Grottaferrata. Conociendo, a trav\u00e9s de la acci\u00f3n apost\u00f3lica del Abb\u00e9 Paul Couturier, la necesidad de oraciones y ofrecimientos espirituales por la unidad de los cristianos, en 1936, con ocasi\u00f3n del&nbsp;<em>Octavario por la unidad<\/em>, decide ofrecer su vida por esta causa. Despu\u00e9s de una grave enfermedad, muere el 23 de abril de 1939.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1F\">51<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. I I, Const. past.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>, sobre la Iglesia en el mundo actual, 24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1G\">52<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;56 ( 1964), 609-659.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1H\">53<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 13.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1I\">54<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1J\">55<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico<\/em>, can. 755;&nbsp;<em>C\u00f3digo de los C\u00e1nones de las Iglesias Orientales<\/em>, can. 902-904.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1K\">56<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1L\">57<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decl.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Dignitatis humanae<\/a><\/em>, sobre la libertad religiosa, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1M\">58<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1N\">59<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>ibid<\/em>., 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1O\">60<\/a><\/strong>. Carta enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html\">Ecclesiam suam<\/a><\/em>&nbsp;(6 agosto 1964), III:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;56 ( 1964), 642.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1P\">61<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1Q\">62<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1R\">63<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>; Cf. Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Decl.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_con_cfaith_doc_19730705_mysterium-ecclesiae_sp.html\">Mysterium Ecclesiae<\/a><\/em>, sobre la doctrina cat\u00f3lica acerca de la Iglesia (24 junio 1973 ), 4:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;65 (1973 ), 402.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1S\">64<\/a><\/strong>. Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Decl.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_con_cfaith_doc_19730705_mysterium-ecclesiae_sp.html\">Mysterium Ecclesiae<\/a><\/em>, sobre la doctrina cat\u00f3lica acerca de la Iglesia (24 junio 1973 ), 5:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;65 ( 1973 ), 403.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1T\">65<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1U\">66<\/a><\/strong>. Cf. Declaraci\u00f3n cristol\u00f3gica com\u00fan entre la Iglesia cat\u00f3lica y la Iglesia asiria de Oriente:&nbsp;<em>L&#8217;Osservatore Romano<\/em>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (18 noviembre 1994), 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1V\">67<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 12.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1W\">68<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1X\">69<\/a><\/strong>. Pontificio Consejo para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos,&nbsp;<em>Directoire pour l&#8217;application des principes et des normes sur l&#8217;oecum\u00e9nisme<\/em>&nbsp;(25 marzo 1993), 5:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;85 (1993). 1040.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1Y\">70<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>., 94,&nbsp;<em>l.c<\/em>., 1078.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-1Z\">71<\/a><\/strong>. Cf. Comisi\u00f3n \u00ab Fe y Constituci\u00f3n \u00bb del Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias.&nbsp;<em>Bautismo, Eucarist\u00eda, Ministerio<\/em>&nbsp;(enero 1982):&nbsp;<em>Ench.Oecum<\/em>. 1, 1391-1447, en particular 1398-1408.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-20\">72<\/a><\/strong>. Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/em>&nbsp;(30 diciembre 1987), 32:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;80 (1988), 556.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-21\">73<\/a><\/strong>. Discurso a los Cardenales y a la Curia Romana (28 junio 1985), 10:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;77 (1985), 1158; cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor hominis<\/a><\/em>&nbsp;(4 marzo 1979), 11:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;71 (1979), 277-278.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-22\">74<\/a><\/strong>. Discurso a los Cardenales y a la Curia Romana (28 junio 1985), 10:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;77 ( 1985), 1158.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-23\">75<\/a><\/strong>. Cf. Secretariado para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos y Comit\u00e9 Ejecutivo de las Sociedades B\u00edblicas Unidas,&nbsp;<em>Principios para la colaboraci\u00f3n interconfesional en la traducci\u00f3n de la Biblia<\/em>, Documento concordado (1968):&nbsp;<em>Ench. Oecum<\/em>. 1, 319-331, revisado y actualizado en el Documento&nbsp;<em>Directives concernant la coop\u00e9ration interconfessionelle dans la traduction de la Bible<\/em>&nbsp;(16 noviembre 1987), Tipograf\u00eda Pol\u00edglota Vaticana 1987, 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-24\">76<\/a><\/strong>. Cf. Comisi\u00f3n \u00ab Fe y Constituci\u00f3n \u00bb del Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias.&nbsp;<em>Bautismo, Eucarist\u00eda, Ministerio<\/em>&nbsp;(enero 1982):&nbsp;<em>Ench.Oecum<\/em>. 1, 1391-1447.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-25\">77<\/a><\/strong>. Por ejemplo, durante las \u00faltimas asambleas del Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias, en Vancouver en 1983 y en Canberra en 1991, y de \u00ab Fe y Constituci\u00f3n \u00bb en Santiago de Compostela en 1993.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-26\">78<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 8 y 15;&nbsp;<em>C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico<\/em>, can. 844;&nbsp;<em>C\u00f3digo de los C\u00e1nones de las Iglesias Orientales<\/em>, can. 671; Pontificio Consejo para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos,&nbsp;<em>Directoire pour l&#8217;application des principes et des normes sur l&#8217;oecum\u00e9nisme<\/em>&nbsp;(25 marzo 1993), 122-125:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;85 (1993), 1086-1087; 129-131,<em>&nbsp;l.c<\/em>., 1088-1089; 123 y 132,&nbsp;<em>l.c<\/em>., 1087. 1089.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-27\">79<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 4..<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-28\">80<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-29\">81<\/a><\/strong>. Cf. n. 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2A\">82<\/a><\/strong>. N. 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2B\">83<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2C\">84<\/a><\/strong>. Cf. Declaraci\u00f3n com\u00fan del Papa Pablo VI y del Patriarca de Constantinopla Aten\u00e1goras I (7 diciembre 1965):&nbsp;<em>Tomos agapis<\/em>, Vatican-Phanar (1958-1970), Roma-Estambul 1971, 280-281.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2D\">85<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;77 (1985), 779-813.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2E\">86<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;80 (1988), 935-956; cf. tambi\u00e9n Carta&nbsp;<em>Magnum Baptismi donum<\/em>&nbsp;(14 febrero 1988),&nbsp;<em>1. c.<\/em>, 988-997.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2F\">87<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2G\">88<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2H\">89<\/a><\/strong>. Breve ap.&nbsp;<em>Anno ineunte<\/em>&nbsp;(25 julio 1967):&nbsp;<em>Tomos agapis<\/em>, Vatican-Phanar (1958-1970), Roma-Estambul 1971, 388-391.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2I\">90<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2J\">91<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>, 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2K\">92<\/a><\/strong>. N. 14:&nbsp;<em>L&#8217;Osservatore Romano<\/em>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (5 mayo 1995), 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2L\">93<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2M\">94<\/a><\/strong>. N. 26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2N\">95<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico<\/em>, can. 844, \u00a7\u00a7 2 y 3;&nbsp;<em>C\u00f3digo de los C\u00e1nones de las Iglesias Orientales<\/em>, can. 671, \u00a7\u00a7 2 y 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2O\">96<\/a><\/strong>. Pontificio Consejo para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos,&nbsp;<em>Directoire pour l&#8217;application des principes et des normes sur l&#8217;oecum\u00e9nisme<\/em>&nbsp;(25 marzo 1993), 122-128:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;85 (1993), 1086-1088,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2P\">97<\/a><\/strong>. Declaraci\u00f3n com\u00fan del Sumo Pont\u00edfice Juan Pablo II y del Patriarca ecum\u00e9nico Dimitrios I (7 diciembre 1987):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;80 ( 1988), 253.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2Q\">98<\/a><\/strong>. Comisi\u00f3n Mixta Internacional para el Di\u00e1logo Teol\u00f3gico entre la Iglesia cat\u00f3lica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto, Documento&nbsp;<em>El sacramento del Orden en la estructura sacramental de la Iglesia, en particular la importancia de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica para la santificaci\u00f3n y la unidad del pueblo de Dios<\/em>&nbsp;(26 junio 1988), 1:&nbsp;<em>Service d&#8217;information<\/em>&nbsp;68 (1988), 195.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2R\">99<\/a><\/strong>. Cf. Carta a los Obispos del Continente europeo sobre las relaciones entre cat\u00f3licos y ortodoxos en la nueva situaci\u00f3n de Europa central y oriental (31 mayo 1991), 6;&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;84 (1992), 168.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2S\">100<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2T\">101<\/a><\/strong>. Cf. Carta ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1995\/documents\/hf_jp-ii_apl_19950502_orientale-lumen.html\">Orientale lumen<\/a><\/em>&nbsp;(2 mayo 1995), 24.&nbsp;<em>L&#8217;Osservatore Romano<\/em>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (5 mayo 1995), 9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2U\">102<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>., 18,&nbsp;<em>l.c.<\/em>, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2V\">103<\/a><\/strong>. Cf. Declaraci\u00f3n com\u00fan del Sumo Pont\u00edfice Pablo VI y de Su Santidad Shenouda III, Papa de Alejandr\u00eda y Patriarca de la sede de S. Marcos de Alejandr\u00eda (10 mayo 1973):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;65 (1973), 299-301.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2W\">104<\/a><\/strong>. Cf. Declaraci\u00f3n com\u00fan del Sumo Pont\u00edfice Pablo VI y de Su Santidad Mar Ignacio Jacoub III, Patriarca de la Iglesia de Antioqu\u00eda de los sirios y de todo el Oriente (27 octubre 1971):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;63 (1971), 814-815.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2X\">105<\/a><\/strong>. Cf. Discurso a los enviados de la Iglesia copta ortodoxa (2 junio 1979):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;71 (1979), 1000-1001.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2Y\">106<\/a><\/strong>. Cf. Declaraci\u00f3n com\u00fan del Papa Juan Pablo II y de Su Santidad Moran Mar Ignacio Zakka I Iwas, Patriarca siro-ortodoxo de Antioqu\u00eda y de todo el Oriente (23 junio 1984):&nbsp;<em>Insegnamenti<\/em>&nbsp;VII, 1 (1984), 1902-1906.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-2Z\">107<\/a><\/strong>. Discurso dirigido a Su Santidad Abuna Paulos, Patriarca de la Iglesia ortodoxa de Etiop\u00eda (11 junio 1993):&nbsp;<em>L&#8217;Osservatore Romano<\/em>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (16 junio 1993), 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-30\">108<\/a><\/strong>. Cf. Declaraci\u00f3n cristol\u00f3gica com\u00fan entre la Iglesia cat\u00f3lica y la Iglesia asiria de Oriente:&nbsp;<em>L&#8217;Osservatore Romano<\/em>, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (18 noviembre 1994), 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-31\">109<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-32\">110<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-33\">111<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>, 19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-34\">112<\/a><\/strong>. Cf. ibid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-35\">113<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-36\">114<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>, 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-37\">115<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>, 21.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-38\">116<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-39\">117<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3A\">118<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>, 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3B\">119<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3C\">120<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>, 22; cf. 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3D\">121<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>, 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3E\">122<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid.<\/em>, 23.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3F\">123<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3G\">124<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-i\/es\/messages\/documents\/hf_jp-i_mes_urbi-et-orbi_27081978.html\">Radiomensaje&nbsp;<em>Urbi et Orbi<\/em><\/a>&nbsp;(27 agosto 1978):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;70 ( 1978), 695-696,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3H\">125<\/a><\/strong>.Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 23.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3I\">126<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3J\">127<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>ibid.<\/em>, 12.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3K\">128<\/a><\/strong>&nbsp;<em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3L\">129<\/a><\/strong>. El paciente trabajo de la Comisi\u00f3n \u00ab Fe y Constituci\u00f3n \u00bb lleg\u00f3 a una visi\u00f3n an\u00e1loga, que la VII Asamblea del Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias hizo suya en la declaraci\u00f3n llamada de Canberra (7-20 febrero 1991, cf.&nbsp;<em>Signs of the Spirit<\/em>, Official report, Seventh Assembly, WCC, Ginebra 1991, 235-258) y que ha sido reafirmada por la Conferencia mundial de \u00ab Fe y Constituci\u00f3n \u00bb en Santiago de Compostela (3-14 agosto 1993, cf.&nbsp;<em>Service d&#8217;information<\/em>&nbsp;85 119941, 18-38).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3M\">130<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3N\">131<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>ibid.<\/em>, 4 y 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3O\">132<\/a><\/strong>. Discurso a los Cardenales y a la Curia Romana (28 junio 1985), 6;&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;77 (1985), 1153.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3P\">133<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3Q\">134<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 12.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3R\">135<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;54 ( 1962 ), 792.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3S\">136<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3T\">137<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>ibid<\/em>., 4; Pablo VI, Homil\u00eda para la canonizaci\u00f3n de los m\u00e1rtires ugandeses (18 octubre 1964):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;56 (1964), 906.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3U\">138<\/a><\/strong>. Cf. Carta ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html\">Tertio millennio adveniente<\/a><\/em>&nbsp;(10 noviembre 1994), 37:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;87 (1995), 29-30; Carta enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html\">Veritatis splendor<\/a><\/em>&nbsp;(6 agosto 1993 ), 93:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;85 ( 1993 ), 1207.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3V\">139<\/a><\/strong>. Cf. Pablo VI, Discurso pronunciado en el insigne santuario de Namugongo, Uganda (2 agosto 1969):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;61 (1969), 590-591.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3W\">140<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>Missale Romanum<\/em>,&nbsp;<em>Praefatium de Sanctis I<\/em>. Sanctorum \u00ab coronando merita tua dona coronans \u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3X\">141<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3Y\">142<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const, dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-3Z\">143<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-40\">144<\/a><\/strong>. Despu\u00e9s del Documento llamado de Lima de la Comisi\u00f3n \u00ab Fe y Constituci\u00f3n \u00bb sobre&nbsp;<em>Bautismo, Eucarist\u00eda, Ministerio<\/em>&nbsp;(enero 1982):&nbsp;<em>Ench. Oecum<\/em>. 1, 1392-1446, y en el esp\u00edritu de la Declaraci\u00f3n de la VII asamblea general del Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias sobre&nbsp;<em>La unidad de la Iglesia como koinonia: don y exigencia<\/em>&nbsp;(Canberra 7-20 febrero 1991): cf.&nbsp;<em>Istina<\/em>&nbsp;36 (1991), 389-391.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-41\">145<\/a><\/strong>. Discurso a los Cardenales y a la Curia Romana (28 junio 1985 ), 4:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;77 (1985), 1151-1152.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-42\">146<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 23.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-43\">147<\/a><\/strong>. Cf. Discurso al Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias (12 junio 1984), 2:&nbsp;<em>Insegnamenti<\/em>&nbsp;VII, 1 (1984), 1686.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-44\">148<\/a><\/strong>. Conferencia Mundial de \u00ab Fe y Constituci\u00f3n \u00bb, Relaci\u00f3n de la II Secci\u00f3n, Santiago de Compostela (14 agosto 1993):&nbsp;<em>Confessing the one faith to God&#8217;s glory<\/em>, 31, 2, Faith and Order Paper, 166, WCC, Ginebra 1994, 243.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-45\">149<\/a><\/strong>. Por citar algunos ejemplos: la&nbsp;<em>Relaci\u00f3n final<\/em>&nbsp;de la Anglican-Roman Catholic International Commission &#8211; ARCIC I (septiembre 1981):&nbsp;<em>Ench. Oecum<\/em>. 1, 3-88; la Comisi\u00f3n mixta internacional para el di\u00e1logo entre la Iglesia cat\u00f3lica y los disc\u00edpulos de Cristo,&nbsp;<em>Relaci\u00f3n 1981<\/em>:&nbsp;<em>Ench. Oecum.<\/em>&nbsp;1, 529-547; la Comisi\u00f3n mixta nacional conjunta cat\u00f3lico-luterana, Documento&nbsp;<em>El ministerio pastoral en la Iglesia<\/em>&nbsp;(13 marzo 1981):&nbsp;<em>Ench. Oecum<\/em>. 1, 703-742; el problema se se\u00f1ala, en una clara perspectiva, en el estudio dirigido por la Comisi\u00f3n mixta internacional para el di\u00e1logo teol\u00f3gico entre la Iglesia cat\u00f3lica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-46\">150<\/a><\/strong>. Discurso a los Cardenales y a la Curia Romana (28 junio 1985 ), 3:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;77 (1985), 1150.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-47\">151<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>Sermo<\/em>&nbsp;XLVI, 30:&nbsp;<em>CCL<\/em>&nbsp;41, 557.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-48\">152<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. I, Const. dogm.&nbsp;<em>Pastor aeternus<\/em>, sobre la Iglesia de Cristo:&nbsp;<em>DS<\/em>&nbsp;3074.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-49\">153<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 27.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-4A\">154<\/a><\/strong>. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 14,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-4B\">155<\/a><\/strong>. Homil\u00eda en la Bas\u00edlica de San Pedro en presencia de Dimitrios I, Arzobispo de Constantinopla y Patriarca ecum\u00e9nico (6 diciembre 1987), 3:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;80 ( 1988), 714.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-4C\">156<\/a><\/strong>. Exhort, ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/em>&nbsp;(8 diciembre 1975), 77:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;68 (1976), 69; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 1; Pontificio Consejo para la Promoci\u00f3n de la&nbsp; Unidad de los Cristianos,&nbsp;<em>Directoire pour l&#8217;application des principes et des normes sur l&#8217;oecum\u00e9nisme<\/em>&nbsp;(25 marzo 1993), 205-209:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;85 (1993 ), 1112-1114.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-4D\">157<\/a><\/strong>. Discurso a los Cardenales y a la Curia Romana (28 junio 1985), 4:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;77 ( 1985), 1151.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-4E\">158<\/a><\/strong>. Carta del 13 de enero de 1970:&nbsp;<em>Tomos agapis<\/em>, Vatican-Phanar (1958-1970), Roma-Estambul 1971, 610-611,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-4F\">159<\/a><\/strong>. Carta ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html\">Tertio millennio adveniente<\/a><\/em>&nbsp;(10 noviembre 1994), 20:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;87 (1995 ), 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-4G\">160<\/a><\/strong>. Cf.&nbsp;<em>C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico<\/em>, can. 755;&nbsp;<em>C\u00f3digo de los C\u00e1nones de las Iglesias Orientales<\/em>, can. 902.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-4H\">161<\/a><\/strong>. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html#-4I\">162<\/a><\/strong>.&nbsp;<em>De Dominica oratione<\/em>, 23:&nbsp;<em>CSEL<\/em>&nbsp;3, 284-285.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Copyright \u00a9 Dicastero per la Comunicazione &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARTA ENC\u00cdCLICAUT UNUM SINTDEL SANTO PADREJUAN PABLO IISOBRE EL EMPE\u00d1O ECUM\u00c9NICO INTRODUCCI\u00d3N 1.&nbsp;Ut unum sint!&nbsp;La llamada a la unidad de los cristianos, que el Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II ha renovado con tan vehemente anhelo, resuena con fuerza cada vez mayor en el coraz\u00f3n de los creyentes, especialmente al aproximarse el A\u00f1o Dos mil que ser\u00e1 [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":7861,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[151],"tags":[],"class_list":["post-7860","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vina-educacion-para-la-fe-farito-de-luz"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7860","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7860"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7860\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7862,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7860\/revisions\/7862"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7861"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7860"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7860"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7860"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}