{"id":7886,"date":"2024-10-12T23:11:21","date_gmt":"2024-10-12T23:11:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/?p=7886"},"modified":"2024-10-12T23:11:22","modified_gmt":"2024-10-12T23:11:22","slug":"exhortacion-apostolica-ecclesia-in-medio-oriente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/2024\/10\/12\/exhortacion-apostolica-ecclesia-in-medio-oriente\/","title":{"rendered":"EXHORTACI\u00d3N APOST\u00d3LICA ECCLESIA IN MEDIO ORIENTE"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">EXHORTACI\u00d3N APOST\u00d3LICA<br>POSTSINODAL<br><em><strong>ECCLESIA IN MEDIO ORIENTE<br><\/strong><\/em>DEL SANTO PADRE<br><strong>BENEDICTO XVI<br><\/strong>A LOS PATRIARCAS, A LOS OBISPOS,<br>AL CLERO,<br>A LAS PERSONAS CONSAGRADAS<br>Y A LOS FIELES LAICOS<br>SOBRE LA IGLESIA EN ORIENTE MEDIO,<br>COMUNI\u00d3N Y TESTIMONIO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a>INTRODUCCI\u00d3N<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. La Iglesia en Oriente Medio, que desde los albores de la fe cristiana peregrina en esta tierra bendita, contin\u00faa hoy su testimonio con valent\u00eda, fruto de una vida de comuni\u00f3n con Dios y con el pr\u00f3jimo.&nbsp;<em>Comuni\u00f3n y testimonio<\/em>. En efecto, esta es la convicci\u00f3n que ha animado a la&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/synod\/index_sp.htm#Asamblea_especial_para_Oriente_Medio\">Asamblea Especial del S\u00ednodo de los Obispos para Oriente Medio<\/a>, reunida en torno al Sucesor de Pedro del 10 al 24 de octubre de 2010, sobre el tema: La Iglesia cat\u00f3lica en Oriente Medio, comuni\u00f3n y testimonio. \u00abEl grupo de los creyentes ten\u00eda un solo coraz\u00f3n y una sola alma\u00bb (<em>Hch&nbsp;<\/em>4,32).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. En los comienzos de este tercer milenio, deseo encomendar esta convicci\u00f3n, cuya fuerza se funda en Jesucristo, a la solicitud pastoral de todos los pastores de la Iglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica y, m\u00e1s en particular, a los Venerables Hermanos, los Patriarcas, Arzobispos y Obispos que, en uni\u00f3n con el Obispo de Roma, velan juntos sobre la Iglesia cat\u00f3lica en Oriente Medio. En esta regi\u00f3n hay fieles nativos pertenecientes a las venerables Iglesias orientales cat\u00f3licas&nbsp;<em>sui iuris<\/em>: la Iglesia patriarcal de Alejandr\u00eda de los coptos, las tres Iglesias patriarcales de Antioqu\u00eda de los greco-melquitas, de los sirios y de los maronitas, el Patriarcado de Babilonia de los caldeos y la de Cilicia de los armenios. Hay tambi\u00e9n obispos, sacerdotes y fieles que pertenecen a la Iglesia latina. Y, adem\u00e1s, hay sacerdotes y fieles venidos de la India, de los Arzobispados mayores de Ernakulam-Angamaly de los sirio-malabares y de Trivandrum de los sirio-malankares, as\u00ed como de otras iglesias orientales y latinas de Asia y Europa del Este, y muchos fieles de Etiop\u00eda y Eritrea. En su conjunto, dan testimonio de la unidad de la fe en la diversidad de sus tradiciones. Tambi\u00e9n quiero encomendar esta convicci\u00f3n a todos los sacerdotes, religiosos y religiosas, y fieles laicos de Oriente Medio, con la certeza de que ella animar\u00e1 el ministerio y apostolado de cada uno en su respectiva iglesia, seg\u00fan el carisma que el Esp\u00edritu le haya otorgado para la edificaci\u00f3n de todos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. Por lo que respecta a la fe cristiana, la \u00abcomuni\u00f3n es la vida misma de Dios que se comunica en el Esp\u00edritu Santo, mediante Jesucristo\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn1\">[1]<\/a>. Es un don de Dios que interpela nuestra libertad y espera nuestra respuesta. Precisamente por su origen divino, la comuni\u00f3n tiene una dimensi\u00f3n universal. Aun cuando ata\u00f1e de manera imperativa a los cristianos, en raz\u00f3n de su fe apost\u00f3lica com\u00fan, no deja de estar menos abierta para nuestros hermanos jud\u00edos y musulmanes, y para todos aquellos que, de diversas formas, est\u00e1n tambi\u00e9n ordenados al Pueblo de Dios. La Iglesia cat\u00f3lica en Oriente Medio sabe que no puede manifestar plenamente esta comuni\u00f3n en el plano ecum\u00e9nico e interreligioso si no la reaviva ante todo en ella misma, en el seno de cada una de sus Iglesias, entre todos sus miembros: patriarcas, obispos, sacerdotes, personas consagradas y laicos. La profundizaci\u00f3n de la vida de fe personal y de renovaci\u00f3n espiritual interna de la Iglesia cat\u00f3lica permitir\u00e1 la plenitud de vida de gracia y la&nbsp;<em>teosis&nbsp;<\/em>(divinizaci\u00f3n)<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn2\">[2]<\/a>. As\u00ed se dar\u00e1 credibilidad al testimonio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4. El ejemplo de la primera comunidad de Jerusal\u00e9n puede servir de modelo para la renovaci\u00f3n de la comunidad cristiana actual, con el fin de crear un espacio de comuni\u00f3n para el testimonio. En efecto, los Hechos de los Ap\u00f3stoles, ofrecen una primera descripci\u00f3n, simple y profunda, de aquella comunidad nacida el d\u00eda de Pentecost\u00e9s: un grupo de creyentes que ten\u00eda un solo coraz\u00f3n y una sola alma (cf. 4,32). Hay desde el comienzo un v\u00ednculo fundamental entre la fe en Jes\u00fas y la comuni\u00f3n eclesial, indicado por los dos t\u00e9rminos intercambiables: un solo coraz\u00f3n y una sola alma. As\u00ed pues, la comuni\u00f3n no es el resultado de un artificio humano. Se obtiene ante todo por la fuerza del Esp\u00edritu Santo, que crea en nosotros la fe que act\u00faa por el amor (cf.&nbsp;<em>Ga<\/em>&nbsp;5,6).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5. Seg\u00fan los Hechos, la unidad de los creyentes se reconoc\u00eda porque \u00abperseveraban en la ense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles, en la comuni\u00f3n, en la fracci\u00f3n del pan y en las oraciones\u00bb (2,42). La unidad de los creyentes se alimenta, pues, de la ense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles (el anuncio de la Palabra de Dios) a la que ellos responden con una fe un\u00e1nime, de la comuni\u00f3n fraterna (el servicio de la caridad), de la fracci\u00f3n del pan (la Eucarist\u00eda y el conjunto de los sacramentos) y de la oraci\u00f3n personal y comunitaria. Estos son los cuatro pilares sobre los que se fundan la comuni\u00f3n y el testimonio en el seno de la primera comunidad de los creyentes. Que la Iglesia, presente sin interrupci\u00f3n en Oriente Medio desde los tiempos apost\u00f3licos hasta nuestros d\u00edas, encuentre en el ejemplo de esta comunidad los recursos necesarios para mantener viva en ella la memoria y el dinamismo apost\u00f3lico de los or\u00edgenes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6. Los participantes en la Asamblea sinodal han experimentado la unidad en el seno de la Iglesia cat\u00f3lica, dentro de la gran variedad de factores geogr\u00e1ficos, religiosos, culturales y sociopol\u00edticos. La fe com\u00fan se vive y se despliega de forma admirable en la diversidad de sus expresiones teol\u00f3gicas, espirituales, lit\u00fargicas y can\u00f3nicas. Al igual que mis predecesores en la Sede de Pedro, renuevo aqu\u00ed mi voluntad de que \u00abse conserven religiosamente y se promuevan los ritos de las Iglesias orientales, cual patrimonio de la Iglesia universal de Cristo, patrimonio en el que resplandece la tradici\u00f3n que proviene de los Ap\u00f3stoles a trav\u00e9s de los Padres y que afirma la unidad divina de la fe cat\u00f3lica en la variedad\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn3\">[3]<\/a>, asegurando a mis hermanos latinos mi afecto, atento a sus necesidades y requerimientos, seg\u00fan el mandamiento de la caridad que lo preside todo, y de acuerdo con las normas del derecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a>PRIMERA PARTE<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00ab<em>En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros<br>y os tenemos presentes en nuestras oraciones<\/em>\u00bb (1 Ts 1,2)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7. Con esta acci\u00f3n de gracias de san Pablo, deseo saludar a los cristianos que viven en Oriente Medio, asegur\u00e1ndoles mi oraci\u00f3n ferviente y constante. La Iglesia cat\u00f3lica, y con ella toda la comunidad cristiana, no los olvida y reconoce con gratitud su noble y antigua contribuci\u00f3n a la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo. Les agradece su fidelidad y les renueva su afecto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El contexto<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">8. Recuerdo con emoci\u00f3n mis viajes a Oriente Medio. Tierra elegida por Dios de una manera especial, fue hollada por los patriarcas y los profetas. Ella hizo de escri\u00f1o para la encarnaci\u00f3n del Mes\u00edas, vio alzarse la cruz del Salvador y fue testigo de la resurrecci\u00f3n del Redentor y de la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. La recorrieron los Ap\u00f3stoles, los santos y muchos Padres de la Iglesia, siendo el crisol de las primeras formulaciones dogm\u00e1ticas. Sin embargo, esta tierra bendita, y los pueblos que la habitan, experimenta de forma dram\u00e1tica las convulsiones humanas. \u00a1Cu\u00e1ntas muertes, cu\u00e1ntas vidas destrozadas por la ceguera humana, cu\u00e1ntos miedos y humillaciones! Parece como si, entre los hijos de Ad\u00e1n y Eva, creados a imagen de Dios (cf.&nbsp;<em>Gn<\/em>&nbsp;1,27), el crimen de Ca\u00edn no hubiera acabado (cf.&nbsp;<em>Gn<\/em>&nbsp;4,6-10;&nbsp;<em>1 Jn<\/em>&nbsp;3,8-15). El pecado de Ad\u00e1n, consolidado por la culpa de Ca\u00edn, no cesa de producir todav\u00eda hoy cardos y espinas (cf.&nbsp;<em>Gn<\/em>&nbsp;3,18). \u00a1Qu\u00e9 triste es ver a esta tierra bendita sufrir en sus hijos, que se desgarran con sa\u00f1a y mueren! Los cristianos sabemos que s\u00f3lo Jes\u00fas, habiendo pasado por la tribulaci\u00f3n y la muerte para resucitar, puede traer la salvaci\u00f3n y la paz a todos los habitantes de esta regi\u00f3n del mundo (cf.&nbsp;<em>Hch<\/em>&nbsp;2,23-24; 32-33). Y es a \u00e9l s\u00f3lo, a Cristo, el Hijo de Dios, a quien proclamamos. Arrepint\u00e1monos, pues, y convirt\u00e1monos \u00abpara que se borren nuestros pecados; para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios\u00bb (<em>Hch<\/em>&nbsp;3,19-20a).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">9. Seg\u00fan las santas Escrituras, la paz no es s\u00f3lo un pacto o un tratado que favorece una vida tranquila, y su definici\u00f3n no se puede reducir a la simple ausencia de guerra. Seg\u00fan su etimolog\u00eda hebrea, la paz comporta: ser completa, estar intacta, terminar algo para restablecer la integridad. Es el estado del hombre que vive en armon\u00eda con Dios, consigo mismo, con su pr\u00f3jimo y con la naturaleza. Antes de ser algo exterior, la paz es interior. Es una bendici\u00f3n. Es el deseo de una realidad. La paz es tan deseable que en Oriente Medio se ha convertido en un saludo (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;20,19;&nbsp;<em>1 P<\/em>&nbsp;5,14). La paz es justicia (cf.&nbsp;<em>Is<\/em>&nbsp;32,17), y Santiago a\u00f1ade en su carta: \u00abEl fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz\u00bb (3,18). La lucha prof\u00e9tica y la reflexi\u00f3n sapiencial eran un combate y un requisito con vistas a la paz escatol\u00f3gica. Esta es la paz aut\u00e9ntica en Dios, a la que Cristo nos lleva. Es la \u00fanica puerta (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;10,9). La \u00fanica puerta que los cristianos quieren cruzar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">10. El hombre que busca el bien, s\u00f3lo comenzando \u00e9l mismo a convertirse a Dios, a vivir el perd\u00f3n en su entorno y en la comunidad, puede responder a la invitaci\u00f3n de Cristo a hacerse \u00abhijo de Dios\u00bb (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;5,9). \u00danicamente el humilde podr\u00e1 gustar las delicias de una paz insondable (cf.&nbsp;<em>Sal<\/em>&nbsp;37,11). Al inaugurar para nosotros la comuni\u00f3n con Dios, Jes\u00fas crea la verdadera hermandad, la fraternidad no desfigurada por el pecado<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn4\">[4]<\/a>. \u00ab\u00c9l es nuestra paz: el que de los dos pueblos ha hecho uno, derribando en su carne el muro que los separaba: la hostilidad\u00bb (<em>Ef<\/em>&nbsp;2,14). El cristiano sabe que la pol\u00edtica terrena de la paz s\u00f3lo ser\u00e1 eficaz si la justicia en Dios y entre los hombres es su aut\u00e9ntica base, y si esta misma justicia lucha contra el pecado que est\u00e1 en el origen de la divisi\u00f3n. Por eso, la Iglesia quiere superar toda distinci\u00f3n de raza, sexo y nivel social (cf.&nbsp;<em>Ga<\/em>&nbsp;3,28;&nbsp;<em>Col<\/em>&nbsp;3,11), sabiendo que todos son uno en Cristo, que es todo en todos. Esta es tambi\u00e9n la raz\u00f3n por la que la Iglesia apoya y anima todo empe\u00f1o por la paz en el mundo, y en Oriente Medio en particular. No escatima esfuerzo alguno para ayudar a los hombres a vivir en paz y favorece tambi\u00e9n el marco jur\u00eddico internacional que la consolida. Es sobradamente conocida la posici\u00f3n de la Santa Sede sobre los diversos conflictos que afligen dram\u00e1ticamente a la regi\u00f3n y sobre el&nbsp;<em>status<\/em>&nbsp;de Jerusal\u00e9n y los santos lugares<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn5\">[5]<\/a>. Pero la Iglesia no olvida que, por encima de todo, la paz es un fruto del Esp\u00edritu (<em>Ga<\/em>&nbsp;5,22) que nunca debemos dejar de pedir a Dios (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;7,78).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La v\u00eda cristiana y ecum\u00e9nica<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">11. Dios ha permitido el desarrollo de su Iglesia en este contexto constrictivo, inestable y actualmente propenso a la violencia. Ella vive en \u00e9l dentro de una notable multiplicidad. Junto con la Iglesia cat\u00f3lica, en Oriente Medio est\u00e1n presentes numerosas y venerables Iglesias, a las que se a\u00f1aden comunidades eclesiales de origen m\u00e1s reciente. Este mosaico requiere un esfuerzo importante y continuo por favorecer la unidad, dentro de las respectivas riquezas, con el fin de reforzar la credibilidad del anuncio del Evangelio y del testimonio cristiano<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn6\">[6]<\/a>. La unidad es un don de Dios, que nace del Esp\u00edritu, y es preciso hacer crecer con perseverante paciencia (cf.&nbsp;<em>1 P<\/em>&nbsp;3,8-9). Sabemos que, cuando las divisiones nos contraponen, existe la tentaci\u00f3n de recurrir s\u00f3lo a criterios humanos, olvidando los sabios consejos de san Pablo (cf.&nbsp;<em>1 Co<\/em>&nbsp;6,7-8). \u00c9l nos exhorta: \u00abEsforzaos en mantener la unidad del Esp\u00edritu con el v\u00ednculo de la paz\u00bb (<em>Ef<\/em>&nbsp;4,3). La fe es el centro y el fruto del verdadero ecumenismo<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn7\">[7]<\/a>. Esto es lo que se ha de comenzar a profundizar. La unidad surge de la oraci\u00f3n perseverante y la conversi\u00f3n, que hace vivir a cada uno seg\u00fan la verdad y en la caridad (cf.&nbsp;<em>Ef<\/em>&nbsp;4,15-16). El Concilio Vaticano II ha alentado este \u00abecumenismo espiritual\u00bb, que es el alma del aut\u00e9ntico ecumenismo<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn8\">[8]<\/a>. La situaci\u00f3n en Oriente Medio es en s\u00ed misma un llamamiento urgente a la santidad de vida. Los martirologios ense\u00f1an que los santos y los m\u00e1rtires, de cualquier pertenencia eclesial, han sido \u2013 y algunos lo son todav\u00eda \u2013 testigos vivos de esta unidad sin fronteras en Cristo glorioso, anticipando nuestro \u00abestar reunidos\u00bb como pueblo finalmente reconciliado en \u00e9l<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn9\">[9]<\/a>. Por eso se ha de consolidar, aun dentro de la Iglesia cat\u00f3lica, la comuni\u00f3n que da testimonio del amor de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">12. Basados en las indicaciones del&nbsp;<em>Directorio ecum\u00e9nico<\/em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn10\">[10]<\/a>, los fieles cat\u00f3licos pueden promover el ecumenismo espiritual en las parroquias, monasterios y conventos, en las instituciones escolares y universitarias, y en los seminarios. Los pastores se cuidar\u00e1n de acostumbrar a los fieles a ser testigos de la comuni\u00f3n en todos los \u00e1mbitos de su vida. Ciertamente, esta comuni\u00f3n no es una confusi\u00f3n. El testimonio aut\u00e9ntico comporta el reconocimiento y el respeto por el otro, la disposici\u00f3n para el di\u00e1logo en la verdad, la paciencia como una dimensi\u00f3n del amor, la sencillez y la humildad de quien se reconoce pecador ante Dios y el pr\u00f3jimo, la capacidad de perd\u00f3n, de reconciliaci\u00f3n y purificaci\u00f3n de la memoria, tanto en el plano personal como comunitario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">13. Aliento el cometido de los te\u00f3logos que trabajan incansablemente por la unidad, y saludo las actividades de las comisiones ecum\u00e9nicas locales que existen en los diferentes niveles, as\u00ed como la actividad de las distintas comunidades que rezan y se esfuerzan en favor de la unidad tan deseada, promoviendo la amistad y la fraternidad. En fidelidad a los or\u00edgenes de la Iglesia y a sus tradiciones vivas, es importante tambi\u00e9n que se hable con una sola voz sobre las grandes cuestiones morales a prop\u00f3sito de la verdad humana, la familia, la sexualidad, la bio\u00e9tica, la libertad, la justicia y la paz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">14. Por otra parte, existe ya un \u00abecumenismo diaconal\u00bb en el campo de la caridad y la educaci\u00f3n entre los cristianos de las diversas Iglesias y Comunidades eclesiales. Y el Consejo de las Iglesias de Oriente Medio, que agrupa a las Iglesias de diferentes tradiciones cristianas de la regi\u00f3n, es un buen foro para que el di\u00e1logo pueda desenvolverse con amor y respeto rec\u00edproco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">15. El Concilio Vaticano II indica que, para ser eficaz, el camino ecum\u00e9nico ha de recorrerse \u00abprincipalmente con la oraci\u00f3n, con el ejemplo de vida, con la escrupulosa fidelidad a las antiguas tradiciones orientales, con un mejor conocimiento mutuo, con la colaboraci\u00f3n y estima fraterna de las cosas y de los esp\u00edritus\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn11\">[11]<\/a>. Sobre todo, ser\u00e1 conveniente que todos se dirijan a\u00fan m\u00e1s hacia Cristo mismo. Jes\u00fas une a quienes creen en \u00e9l y le aman, entreg\u00e1ndoles el Esp\u00edritu de su Padre, as\u00ed como el de Mar\u00eda, su madre (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;14,6; 16,7; 19,27). Este d\u00faplice don, cada uno de diferente entidad, puede ayudar mucho y merece una mayor atenci\u00f3n por parte de todos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">16. El amor com\u00fan a Cristo \u00abque no cometi\u00f3 pecado ni encontraron enga\u00f1o en su boca\u00bb (<em>1 P<\/em>&nbsp;2,22) y el \u00abv\u00ednculo estrech\u00edsimo\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn12\">[12]<\/a>&nbsp;que nos une a las Iglesias orientales que no est\u00e1n en plena comuni\u00f3n con la Iglesia Cat\u00f3lica, urgen al di\u00e1logo y a la unidad. En varios casos, los cat\u00f3licos est\u00e1n unidos a las Iglesias de Oriente que no est\u00e1n en plena comuni\u00f3n en virtud de los comunes or\u00edgenes religiosos. Para una renovada pastoral ecum\u00e9nica, con vistas a un testimonio com\u00fan, es \u00fatil entender bien la apertura conciliar hacia una cierta&nbsp;<em>communicatio in sacris<\/em>&nbsp;respecto a los sacramentos de la penitencia, la eucarist\u00eda y la unci\u00f3n de los enfermos<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn13\">[13]<\/a>, que no s\u00f3lo es posible, sino que puede ser aconsejable en algunas circunstancias favorables, de acuerdo con normas precisas y la aprobaci\u00f3n de las autoridades eclesi\u00e1sticas<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn14\">[14]<\/a>. Los matrimonios entre fieles cat\u00f3licos y ortodoxos son numerosos y requieren una atenci\u00f3n ecum\u00e9nica especial<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn15\">[15]<\/a>. Aliento a los obispos y a los eparcas a aplicar, en la medida de lo posible, y all\u00ed donde los halla, los acuerdos pastorales para promover, poco a poco, una pastoral ecum\u00e9nica de conjunto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">17. La unidad ecum\u00e9nica no es la uniformidad de las tradiciones y las celebraciones. Pero estoy seguro de que, para empezar, y con la ayuda de Dios, se podr\u00eda llegar a acuerdos para una traducci\u00f3n com\u00fan de la Oraci\u00f3n del Se\u00f1or, el Padre Nuestro, en las lenguas vern\u00e1culas de la regi\u00f3n, all\u00ed donde sea necesario<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn16\">[16]<\/a>. Al orar juntos con las mismas palabras, los cristianos reconocer\u00e1n sus ra\u00edces comunes en la \u00fanica fe apost\u00f3lica, en la que se funda la b\u00fasqueda de la plena comuni\u00f3n. Por otra parte, la profundizaci\u00f3n com\u00fan del estudio de los Padres orientales y latinos, as\u00ed como de las respectivas tradiciones espirituales, tambi\u00e9n podr\u00eda ayudar mucho en la correcta aplicaci\u00f3n de las normas can\u00f3nicas que regulan esta materia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">18. Invito a los cat\u00f3licos de Oriente Medio a cultivar las relaciones con los fieles de las diferentes Comunidades eclesiales de la regi\u00f3n. Hay diferentes iniciativas conjuntas posibles. Por ejemplo, el leer juntos la Biblia, as\u00ed como difundirla, podr\u00eda abrir este camino. Adem\u00e1s, se podr\u00edan desarrollar e intensificar tambi\u00e9n colaboraciones particularmente fecundas en el campo de las actividades caritativas y de la promoci\u00f3n de los valores y de la vida humana, de la justicia y de la paz. Todo esto contribuir\u00e1 a una mejor comprensi\u00f3n mutua y a la creaci\u00f3n de un clima de estima, que son condiciones esenciales para promover la fraternidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El di\u00e1logo interreligioso<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">19. La naturaleza y la vocaci\u00f3n universal de la Iglesia exige que est\u00e9 en di\u00e1logo con los miembros de otras religiones. En Oriente Medio, este di\u00e1logo se funda en los lazos espirituales e hist\u00f3ricos que unen los cristianos a jud\u00edos y musulmanes. Este di\u00e1logo, que no obedece principalmente a consideraciones pragm\u00e1ticas de orden pol\u00edtico o social, se basa ante todo en los fundamentos teol\u00f3gicos que interpelan la fe. Provienen de las santas Escrituras y est\u00e1n claramente definidos en la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia,&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, y en la Declaraci\u00f3n sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas,&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html\">Nostra Aetate<\/a><\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn17\">[17]<\/a>. Jud\u00edos, cristianos y musulmanes, creen en un Dios \u00fanico, creador de todos los hombres. Que jud\u00edos, cristianos y musulmanes redescubran uno de los deseos divinos, el de la unidad y la armon\u00eda de la familia humana. Que jud\u00edos, cristianos y musulmanes descubran en el&nbsp;<em>otro creyente<\/em>&nbsp;a un hermano que se ha de respetar y amar, en primer lugar para dar en sus tierras el hermoso testimonio de la serenidad y la convivencia entre los hijos de Abraham. El reconocimiento de un Dios Uno, en vez de ser instrumentalizado en los reiterados e injustificables conflictos, para un verdadero creyente \u2013si lo vive con un coraz\u00f3n puro\u2013 puede contribuir poderosamente a la paz en la regi\u00f3n y a la cohabitaci\u00f3n respetuosa de sus habitantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">20. Son muchos y profundos los v\u00ednculos entre cristianos y jud\u00edos. Ambos est\u00e1n anclados en un precioso patrimonio espiritual com\u00fan. Ciertamente, comparten la creencia en un Dios \u00fanico, creador, que se revela y se al\u00eda con el hombre para siempre, y que por amor desea la redenci\u00f3n. Tambi\u00e9n tienen la Biblia, que en gran parte es com\u00fan para jud\u00edos y cristianos. Para unos y para otros, es \u00abPalabra de Dios\u00bb. El com\u00fan recurso a la Escritura nos acerca. Por otra parte, Jes\u00fas, un hijo del pueblo elegido, naci\u00f3, vivi\u00f3 y muri\u00f3 como jud\u00edo (cf.&nbsp;<em>Rm<\/em>&nbsp;9,4-5). Tambi\u00e9n Mar\u00eda, su madre, nos invita a redescubrir las ra\u00edces jud\u00edas del cristianismo. Estos estrechos lazos son un bien \u00fanico, del que todos los cristianos se sienten orgullosos y deudores al pueblo elegido. Pero aunque el car\u00e1cter jud\u00edo del \u00abNazareno\u00bb permite a los cristianos saborear gozosos el mundo de la promesa y los introduce de manera decisiva en la fe del pueblo elegido uni\u00e9ndolos a \u00e9l, la persona y la identidad profunda de este mismo Jes\u00fas los separa, puesto que los cristianos reconocen en \u00e9l al Mes\u00edas, el Hijo de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">21. Conviene que los cristianos sean m\u00e1s conscientes de la profundidad del misterio de la encarnaci\u00f3n, para amar a Dios con todo su coraz\u00f3n, con toda su alma y con toda su fuerza (cf.&nbsp;<em>Dt<\/em>&nbsp;6,5). Cristo, el Hijo de Dios, se hizo carne en un pueblo, en una tradici\u00f3n de fe y en una cultura, cuyo conocimiento no puede sino enriquecer la comprensi\u00f3n de la fe cristiana. Los cristianos han acrecentado este conocimiento por la aportaci\u00f3n espec\u00edfica dada por Cristo mismo con su muerte y resurrecci\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;24,26). Pero han de ser siempre conscientes y estar agradecidos de sus ra\u00edces. Pues, para que el injerto en el \u00e1rbol antiguo pueda prosperar (cf.&nbsp;<em>Rm<\/em>&nbsp;11,17-18), necesita la savia que viene de las ra\u00edces.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">22. Las relaciones entre las dos comunidades creyentes han estado marcadas por la historia y por las pasiones humanas. Ha habido numerosas y reiteradas incomprensiones y desconfianzas rec\u00edprocas. Las persecuciones insidiosas o violentas del pasado son inexcusables y merecedoras de una neta condena. Sin embargo, a pesar de estas tristes situaciones, las aportaciones mutuas a trav\u00e9s de los siglos han sido tan fecundas que han contribuido al nacimiento y florecimiento de una civilizaci\u00f3n y de una cultura conocida como judeo-cristiana. Es como si estos dos mundos, que se declaran diferentes y contrarios por diversos motivos, hubieran decidido unir sus fuerzas para ofrecer a la humanidad una aleaci\u00f3n noble. Estos lazos, que unen y separan al mismo tiempo a jud\u00edos y cristianos, les deben abrir a una nueva responsabilidad de unos respecto a otros, de unos con otros<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn18\">[18]<\/a>. Pues los dos pueblos han recibido la misma bendici\u00f3n, y las promesas de eternidad que permiten avanzar con confianza hacia la fraternidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">23. La Iglesia cat\u00f3lica, fiel a la ense\u00f1anza del Concilio Vaticano II, mira con estima a los musulmanes que ofrecen un culto a Dios, especialmente mediante la oraci\u00f3n, la limosna y el ayuno; que veneran a Jes\u00fas como un profeta, aunque sin reconocer su divinidad, y que honran a Mar\u00eda, su Madre virginal. Sabemos que el encuentro del islam y el cristianismo ha tomado a menudo la forma de controversia doctrinal. Lamentablemente, estas diferencias doctrinales han servido de pretexto a los unos y a los otros para justificar, en nombre de la religi\u00f3n, pr\u00e1cticas de intolerancia, discriminaci\u00f3n, marginaci\u00f3n e incluso de persecuci\u00f3n<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn19\">[19]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">24. A pesar de esta constataci\u00f3n, los cristianos comparten con los musulmanes la misma vida cotidiana en Oriente Medio, donde su presencia no es nueva ni accidental, sino hist\u00f3rica. Al formar parte integral de Oriente Medio, han desarrollado a lo largo de los siglos un tipo de relaci\u00f3n con su entorno que puede servir de lecci\u00f3n. Se han dejado interpelar por la religiosidad de los musulmanes, y han continuado, seg\u00fan sus medios y en la medida de lo posible, viviendo y promoviendo los valores del Evangelio en la cultura circunstante. El resultado es una simbiosis peculiar. Por tanto, es justo reconocer la aportaci\u00f3n jud\u00eda, cristiana y musulmana a la formaci\u00f3n de una rica cultura, propia de Oriente Medio<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn20\">[20]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">25. Los cat\u00f3licos de Oriente Medio, la mayor\u00eda de los cuales son ciudadanos nativos de su pa\u00eds, tienen el deber y el derecho de participar plenamente en la vida nacional, trabajando en la construcci\u00f3n de su patria. Han de gozar de la plena ciudadan\u00eda, y no ser tratados como ciudadanos o creyentes de segunda clase. Al igual que en el pasado, cuando, como pioneros del renacimiento \u00e1rabe, eran parte integrante de la vida cultural, econ\u00f3mica y cient\u00edfica de las distintas civilizaciones de la regi\u00f3n, desean compartir hoy, como entonces y siempre, sus experiencias con los musulmanes, aportando su contribuci\u00f3n espec\u00edfica. A causa de Jes\u00fas, los cristianos son sensibles a la dignidad de la persona humana y a la libertad religiosa que de ella se deriva. Por amor a Dios y a la humanidad, glorificando as\u00ed la doble naturaleza de Cristo, y por el sentido de la vida eterna, los cristianos han construido escuelas, hospitales e instituciones de todo tipo, donde se acoge a todos sin discriminaci\u00f3n alguna (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;25,3ss). Por estas razones, los cristianos prestan una atenci\u00f3n especial a los derechos fundamentales de la persona humana. No es justo, pues, afirmar que estos derechos son s\u00f3lo derechos cristianos del hombre. Son simplemente derechos exigidos por la dignidad de toda persona humana y de todo ciudadano, cualquiera que sea su origen, convicci\u00f3n religiosa y opci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">26. La libertad religiosa es la cima de todas las libertades. Es un derecho sagrado e inalienable. Abarca tanto la libertad individual como colectiva de seguir la propia conciencia en materia religiosa como la libertad de culto. Incluye la libertad de elegir la religi\u00f3n que se estima verdadera y de manifestar p\u00fablicamente la propia creencia<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn21\">[21]<\/a>. Ha de ser posible profesar y manifestar libremente la propia religi\u00f3n y sus s\u00edmbolos, sin poner en peligro la vida y la libertad personal. La libertad religiosa hunde sus ra\u00edces en la dignidad de la persona; garantiza la libertad moral y favorece el respeto mutuo. Los jud\u00edos, que han sufrido desde hace mucho tiempo hostilidades, con frecuencia mortales, no pueden olvidar los beneficios de la libertad religiosa. Los musulmanes, por su parte, comparten con los cristianos la convicci\u00f3n de que no est\u00e1 permitida coacci\u00f3n alguna en materia religiosa, y menos a\u00fan con la fuerza. Esta coacci\u00f3n, que puede adoptar formas m\u00faltiples e insidiosas en el plano personal y social, cultural, administrativo y pol\u00edtico, es contraria a la voluntad de Dios. Es una fuente de instrumentalizaci\u00f3n pol\u00edtico-religiosa, de discriminaci\u00f3n y violencia, que puede conducir a la muerte. Dios quiere la vida, no la muerte. Proh\u00edbe el homicidio, e incluso dar muerte al asesino (cf.&nbsp;<em>Gn<\/em>&nbsp;4,15-16; 9,5-6;&nbsp;<em>Ex<\/em>&nbsp;20,13).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">27. La tolerancia religiosa existe en numerosos pa\u00edses, pero no implica mucho, pues queda limitada en su campo de acci\u00f3n. Es preciso pasar de la tolerancia a la libertad religiosa. Este paso no es una puerta abierta al relativismo, como algunos sostienen. Y tampoco una medida que abre una fisura en el creer, sino una reconsideraci\u00f3n de la relaci\u00f3n antropol\u00f3gica con la religi\u00f3n y con Dios. No es un atentado contra las \u00abverdades fundantes\u00bb del creer, porque, no obstante las divergencias humanas y religiosas, un destello de verdad ilumina a todos los hombres<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn22\">[22]<\/a>. Bien sabemos que, fuera de Dios, la verdad no existe como un \u00aben s\u00ed\u00bb. Ser\u00eda un \u00eddolo. La verdad s\u00f3lo puede desarrollarse en la relaci\u00f3n con el otro que se abre a Dios, el cual quiere manifestar su propia alteridad en y a trav\u00e9s de mis hermanos humanos. Por tanto, no conviene afirmar de manera excluyente \u00abyo poseo la verdad\u00bb. La verdad no es posesi\u00f3n de nadie, sino siempre un don que nos llama a un proceso que nos asimile cada vez m\u00e1s profundamente a la verdad. La verdad s\u00f3lo puede ser conocida y vivida en la libertad; por eso, no podemos imponer la verdad al otro; la verdad se desvela \u00fanicamente en el encuentro de amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">28. El mundo entero fija su atenci\u00f3n en Oriente Medio, que busca su camino. Que esta regi\u00f3n muestre c\u00f3mo el vivir juntos no es una utop\u00eda, y que la desconfianza y el prejuicio no son algo ineluctable. Las religiones pueden unir sus esfuerzos para servir al bien com\u00fan y contribuir al desarrollo de cada persona y a la construcci\u00f3n de la sociedad. Los cristianos mediorientales viven desde hace siglos el di\u00e1logo isl\u00e1mico-cristiano. Para ellos, \u00e9ste es un di\u00e1logo que forma parte de la vida cotidiana. Ellos conocen su riqueza y sus limitaciones. M\u00e1s recientemente, viven tambi\u00e9n el di\u00e1logo judeo-cristiano. Existe igualmente desde hace mucho tiempo un di\u00e1logo bilateral o trilateral de intelectuales o te\u00f3logos, jud\u00edos, cristianos y musulmanes. Es un laboratorio de encuentros y tambi\u00e9n de estudios diversos que se ha de promover. A ello contribuyen eficazmente tambi\u00e9n todos los diferentes institutos y centros cat\u00f3licos \u2013de filosof\u00eda, teolog\u00eda u otras materias\u2013 que nacieron tiempo atr\u00e1s en Oriente Medio, y que trabajan all\u00ed en condiciones a veces dif\u00edciles. Los saludo cordialmente y les animo a continuar su obra de paz, sabiendo que es preciso sostener todo aquello que combate la ignorancia fomentando el conocimiento. La conjunci\u00f3n feliz entre el di\u00e1logo de la vida cotidiana con el de los intelectuales o te\u00f3logos, contribuir\u00e1 ciertamente, poco a poco, y con la ayuda de Dios, a mejorar la convivencia judeo-cristiana, judeo-isl\u00e1mica y cristiano-musulmana. Este es mi deseo y la intenci\u00f3n por la que rezo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Dos nuevas realidades<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">29. Al igual que en el resto del mundo, en Oriente Medio se perciben dos realidades opuestas: la laicidad, con sus formas a veces extremas, y el fundamentalismo violento, que pretende tener un origen religioso. Con gran suspicacia, algunos responsables pol\u00edticos y religiosos de Oriente Medio, de todas las comunidades, consideran la laicidad como atea o inmoral. Es verdad que la laicidad puede afirmar a veces de modo reductivo que la religi\u00f3n concierne exclusivamente a la esfera privada, como si no fuera m\u00e1s que un culto individual y dom\u00e9stico, ajeno a la vida, a la \u00e9tica, a la relaci\u00f3n con el otro. En su versi\u00f3n extrema e ideol\u00f3gica, la laicidad, convertida en laicismo, niega al ciudadano la expresi\u00f3n p\u00fablica de su religi\u00f3n y pretende que \u00fanicamente el Estado legisle sobre su forma p\u00fablica. Estas teor\u00edas son antiguas. No son solamente occidentales y no se pueden confundir con el cristianismo. La sana laicidad, por el contrario, significa liberar la religi\u00f3n del peso de la pol\u00edtica y enriquecer la pol\u00edtica con las aportaciones de la religi\u00f3n, manteniendo la distancia necesaria, la clara distinci\u00f3n y la colaboraci\u00f3n indispensable entre las dos. Ninguna sociedad puede desarrollarse sanamente sin afirmar el respeto rec\u00edproco entre la pol\u00edtica y la religi\u00f3n, evitando la tentaci\u00f3n constante de mezclarlas u oponerlas. La relaci\u00f3n apropiada se basa, ante todo, en la naturaleza del hombre, por tanto en una sana antropolog\u00eda, y en el respeto absoluto de sus derechos inalienables. La toma de conciencia de esta relaci\u00f3n apropiada permite comprender que hay una especie de unidad-distinci\u00f3n que debe caracterizar la relaci\u00f3n entre lo espiritual (religioso) y lo temporal (pol\u00edtico), pues ambas dimensiones est\u00e1n llamadas, incluso con la necesaria distinci\u00f3n, a cooperar arm\u00f3nicamente en la b\u00fasqueda del bien com\u00fan. Dicha sana laicidad garantiza que la pol\u00edtica act\u00fae sin instrumentalizar a la religi\u00f3n, y que se pueda vivir libremente la religi\u00f3n sin el peso de pol\u00edticas dictadas por intereses, a veces poco conformes, y con frecuencia hasta contrarios a las creencias religiosas. Por consiguiente, la sana laicidad (unidad-distinci\u00f3n) es necesaria, m\u00e1s a\u00fan indispensable para las dos. El desaf\u00edo que entra\u00f1a la relaci\u00f3n entre lo pol\u00edtico y lo religioso puede afrontarse con paciencia y decisi\u00f3n mediante una adecuada formaci\u00f3n humana y religiosa. Es preciso recordar continuamente el lugar de Dios en la vida personal, familiar y civil, y el justo lugar del hombre en el designio de Dios. Y, a este respecto, es preciso sobre todo rezar m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">30. La incertidumbre econ\u00f3mica y pol\u00edtica, la habilidad manipuladora de algunos y una deficiente comprensi\u00f3n de la religi\u00f3n, entre otros factores, son el caldo de cultivo del fundamentalismo religioso. \u00c9ste afecta a todas las comunidades religiosas y rechaza el vivir civilmente juntos. Quiere tomar, a veces con violencia, el poder sobre la conciencia de cada uno y sobre la religi\u00f3n por razones pol\u00edticas. Hago un llamamiento apremiante a todos los l\u00edderes religiosos, jud\u00edos, cristianos y musulmanes de la regi\u00f3n, para que traten de hacer todo lo posible, mediante su ejemplo y su ense\u00f1anza, por erradicar esta amenaza, que acecha de manera indiscriminada y mortal a los creyentes de todas las religiones. \u00abUtilizar las palabras reveladas, las sagradas Escrituras o el nombre de Dios para justificar nuestros intereses, nuestras pol\u00edticas tan f\u00e1cilmente complacientes o nuestras violencias, es un delito muy grave\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn23\">[23]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Los emigrantes<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">31. La realidad de Oriente Medio es rica por su diversidad, pero con demasiada frecuencia constrictiva e incluso violenta. Es una realidad que afecta al conjunto de los habitantes de la regi\u00f3n y en todos los aspectos de su vida. Situados en una posici\u00f3n muchas veces delicada, los cristianos sienten de manera especial, y a veces con cansancio y escasa esperanza, las consecuencias negativas de estos conflictos e incertidumbres. A menudo se sienten humillados. Saben tambi\u00e9n por experiencia que son v\u00edctimas designadas cuando hay agitaciones. Despu\u00e9s de haber participado activamente durante siglos en la construcci\u00f3n de sus respectivas naciones, y contribuido a la formaci\u00f3n de su identidad y su prosperidad, numerosos cristianos buscan ambientes m\u00e1s favorables, lugares de paz donde ellos y sus familias puedan vivir con dignidad y seguridad, y espacios de libertad donde puedan expresar su fe sin estar sujetos a tantas restricciones<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn24\">[24]<\/a>. Esta opci\u00f3n es desgarradora. Afecta gravemente a personas, familias e Iglesias. Mutila a las naciones y contribuye al empobrecimiento humano, cultural y religioso de Oriente Medio. Un Oriente Medio con pocos o sin cristianos ya no es Oriente Medio, pues los cristianos participan con otros creyentes en la identidad tan singular de la regi\u00f3n. Los unos son responsables de los otros ante Dios. Por ello es importante que los l\u00edderes pol\u00edticos y religiosos comprendan esta realidad y eviten una pol\u00edtica o una estrategia que privilegie una sola comunidad y que tienda hacia un Oriente Medio monocolor, que de ninguna manera reflejar\u00eda su rica realidad humana e hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">32. Los Pastores de las Iglesias orientales cat\u00f3licas&nbsp;<em>sui iuris<\/em>&nbsp;constatan con preocupaci\u00f3n y pena que el n\u00famero de sus fieles se reduce en sus territorios tradicionalmente patriarcales y, desde hace alg\u00fan tiempo, se ven obligados a desarrollar una pastoral de la emigraci\u00f3n<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn25\">[25]<\/a>. Estoy seguro de que hacen todo lo posible para exhortar a sus fieles a la esperanza, a permanecer en su pa\u00eds y a no vender sus bienes<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn26\">[26]<\/a>. Les animo a seguir rodeando de afecto a sus sacerdotes y fieles de la di\u00e1spora, invit\u00e1ndolos a mantenerse en estrecho contacto con sus familias y sus Iglesias y, sobre todo, a perseverar fielmente en su fe en Dios, por su identidad religiosa edificada sobre venerables tradiciones espirituales<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn27\">[27]<\/a>. Al conservar esta pertenencia a Dios y a sus respectivas Iglesias, y cultivando un amor profundo por sus hermanos y hermanas latinos, ser\u00e1n un gran beneficio para el conjunto de la Iglesia cat\u00f3lica. Por otra parte, exhorto a los pastores de las circunscripciones eclesi\u00e1sticas que acogen a los cat\u00f3licos orientales a recibirlos con caridad y estima, como hermanos, as\u00ed como a favorecer los lazos de comuni\u00f3n entre los emigrantes y sus Iglesias de procedencia, y a darles la oportunidad de celebrar seg\u00fan sus propias tradiciones y desarrollar actividades pastorales y parroquiales all\u00ed donde sea posible<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn28\">[28]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">33. La Iglesia latina en Oriente Medio, adem\u00e1s de estar sufriendo una sangr\u00eda de muchos de sus fieles, experimenta otra situaci\u00f3n diferente, debiendo afrontar nuevos y numerosos retos pastorales. Sus pastores tienen que gestionar la afluencia masiva y la presencia en los pa\u00edses econ\u00f3micamente fuertes de la regi\u00f3n de trabajadores de todo tipo, procedentes de \u00c1frica, el Extremo Oriente y el subcontinente indio. Estas poblaciones, compuestas a menudo de hombres y mujeres solos o de familias enteras, se enfrentan a una doble precariedad. Son extranjeros en la tierra donde trabajan, y muchas veces se encuentran en situaciones de discriminaci\u00f3n e injusticia. El extranjero es objeto de la atenci\u00f3n de Dios y, por tanto, merece respeto. En el juicio final se tendr\u00e1 en cuenta c\u00f3mo ha sido acogido (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;25,35.43)<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn29\">[29]<\/a>&nbsp;.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">34. Explotadas y sin poder defenderse, con contrato de trabajo m\u00e1s o menos limitado o legal, estas personas son a veces v\u00edctimas de transgresiones de las leyes locales y las convenciones internacionales. Por otra parte, sufren fuertes presiones y graves restricciones religiosas. Necesitan una delicada atenci\u00f3n de sus pastores. Animo a todos los fieles cat\u00f3licos y a todos los sacerdotes, cualquiera que sea su Iglesia de pertenencia, a la comuni\u00f3n sincera y a la cooperaci\u00f3n pastoral con el obispo del lugar y, a \u00e9ste, a una comprensi\u00f3n paterna respecto a los fieles orientales. Mediante el trabajo conjunto y, sobre todo, hablando con una sola voz, todos podr\u00e1n vivir y celebrar su fe en esta situaci\u00f3n particular, enriqueci\u00e9ndose con la diversidad de las tradiciones espirituales, siempre manteni\u00e9ndose en contacto con las comunidades cristianas de origen. Invito tambi\u00e9n a los gobiernos de los pa\u00edses que reciben a estas personas reci\u00e9n llegadas a respetar y defender sus derechos, a permitirles la libre expresi\u00f3n de su fe, favoreciendo la libertad religiosa y la edificaci\u00f3n de lugares de culto. La libertad religiosa \u00abpodr\u00eda ser objeto de di\u00e1logo entre los cristianos y los musulmanes, di\u00e1logo cuya urgencia y utilidad ha sido ratificada por los padres sinodales\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn30\">[30]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">35. Mientras algunos cat\u00f3licos nativos de Oriente Medio que, por necesidad, hast\u00edo o desesperaci\u00f3n, toman la dram\u00e1tica decisi\u00f3n de abandonar la tierra de sus antepasados, de sus familias y de su comunidad de fe, otros, por el contrario, llenos de esperanza, optan por permanecer en su pa\u00eds y en su comunidad. Les animo a consolidar esta hermosa fidelidad y a continuar firmes en la fe. Otros cat\u00f3licos, en fin, tomando una decisi\u00f3n tan desgarradora como la de los cristianos de Oriente Medio que emigran, huyendo de la precariedad y con la esperanza de tener un porvenir mejor, escogen pa\u00edses de la regi\u00f3n para trabajar y vivir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">36. Como Pastor de la Iglesia universal, me dirijo aqu\u00ed a todos los fieles cat\u00f3licos de la regi\u00f3n, a los nativos y a los reci\u00e9n llegados, cuya proporci\u00f3n se ha aproximado en los \u00faltimos a\u00f1os, porque para Dios, no hay m\u00e1s que un solo pueblo y, para los creyentes, una sola fe. Esforzaos por vivir respetuosamente unidos y en comuni\u00f3n fraterna unos con otros, en el amor y la estima mutua, para testimoniar de manera convincente vuestra fe en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo. Dios escuchar\u00e1 vuestra oraci\u00f3n, bendecir\u00e1 vuestro comportamiento y os dar\u00e1 su Esp\u00edritu para hacer frente a la carga de cada d\u00eda. Porque \u00abdonde est\u00e1 el Esp\u00edritu del Se\u00f1or, hay libertad\u00bb (<em>2 Co<\/em>&nbsp;3,17). San Pedro escribi\u00f3 a los creyentes que viv\u00edan situaciones similares unas palabras que os repito de buen grado como exhortaci\u00f3n: \u00ab\u00bfQui\u00e9n os va a tratar mal si vuestro empe\u00f1o es el bien? [&#8230;] No les teng\u00e1is miedo ni os amedrent\u00e9is. M\u00e1s bien, glorificad a Cristo el Se\u00f1or en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicaci\u00f3n a todo el que os pida una raz\u00f3n de vuestra esperanza\u00bb (<em>1 P<\/em>&nbsp;3,13-15).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a>SEGUNDA PARTE<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00ab<em>El grupo de los creyentes ten\u00eda un solo coraz\u00f3n<br>y una sola alma<\/em>\u00bb (Hch 4,32)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">37. La dimensi\u00f3n visible de la comunidad cristiana naciente es descrita por las cualidades inmateriales que muestran la&nbsp;<em>koinonia<\/em>&nbsp;eclesial:&nbsp;<em>un solo coraz\u00f3n y una sola alma<\/em>, manifestando as\u00ed el sentido profundo del testimonio. Es reflejo de una interioridad personal y comunitaria. Dej\u00e1ndose moldear en el interior por la gracia divina, toda Iglesia particular puede reencontrar la belleza de la primera comunidad de los creyentes, cimentada en una fe animada por la caridad, que caracteriza a los disc\u00edpulos de Cristo ante los ojos de los hombres (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;13,35). La&nbsp;<em>koinonia<\/em>&nbsp;da consistencia y coherencia al testimonio, y requiere una conversi\u00f3n permanente. \u00c9sta perfecciona la comuni\u00f3n y consolida a su vez el testimonio. \u00abSin comuni\u00f3n no puede haber testimonio: el gran testimonio es precisamente la vida de comuni\u00f3n\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn31\">[31]<\/a>.&nbsp;La comuni\u00f3n es un don que debe ser plenamente aceptado por todos y una realidad que se ha de construir sin cesar. En este sentido, invito a todos los miembros de las Iglesias en Oriente Medio a reavivar la comuni\u00f3n, cada uno seg\u00fan su vocaci\u00f3n, con humildad y con oraci\u00f3n, para llegar a la unidad por la que or\u00f3 Jes\u00fas (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;17,21).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">38. El concepto de Iglesia \u00abcat\u00f3lica\u00bb contempla la comuni\u00f3n entre lo universal y lo particular. Hay una relaci\u00f3n de \u00abmutua interioridad\u00bb entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares, que identifica y concretiza la catolicidad de la Iglesia. La presencia \u00abdel todo en la parte\u00bb pone la parte en tensi\u00f3n hacia la universalidad, tensi\u00f3n que se manifiesta, por un lado, en el impulso misionero de cada una de las Iglesias y, por otro, en el aprecio sincero de la bondad de las \u00abotras partes\u00bb, que incluye el actuar en sinton\u00eda y en sinergia con ellas. La Iglesia universal es una realidad antecedente a las Iglesias particulares, que nacen en y por la Iglesia universal<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn32\">[32]<\/a>. Esta verdad refleja fielmente la doctrina cat\u00f3lica y, en particular, la del Concilio Vaticano II<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn33\">[33]<\/a>. Ella nos introduce en la comprensi\u00f3n de la dimensi\u00f3n \u00abjer\u00e1rquica\u00bb de la comuni\u00f3n eclesial, y permite que la rica y leg\u00edtima diversidad de las Iglesias particulares se articule siempre en la unidad, como lugar donde los dones particulares se convierten en una aut\u00e9ntica riqueza para la universalidad de la Iglesia. Una renovada y vivida toma de conciencia de estos puntos fundamentales de la eclesiolog\u00eda permitir\u00e1 redescubrir la especificidad y la riqueza de la identidad \u00abcat\u00f3lica\u00bb en la tierra de Oriente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Los patriarcas<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">39. \u00abPadres y Gu\u00edas\u00bb de las Iglesias&nbsp;<em>sui iuris<\/em>, los patriarcas son los signos visibles de referencia y los custodios vigilantes de la comuni\u00f3n. Por su identidad y su misi\u00f3n propia, son hombres de comuni\u00f3n que velan por la grey seg\u00fan Dios (cf.&nbsp;<em>1 P<\/em>&nbsp;5,1-4), y los servidores de la unidad de eclesial. Ejercen un ministerio que act\u00faa por medio de la caridad, vivida realmente en todos los campos: entre los patriarcas mismos, entre el patriarca y los obispos, los sacerdotes, las personas consagradas y los fieles laicos bajo su jurisdicci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">40. Los patriarcas, cuya uni\u00f3n indefectible con el Obispo de Roma hunde sus ra\u00edces en la&nbsp;<em>ecclesiastica communio,<\/em>&nbsp;que han solicitado al Sumo Pont\u00edfice y recibido tras su elecci\u00f3n can\u00f3nica, hacen tangible por ese particular v\u00ednculo la universalidad y la unidad de la Iglesia<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn34\">[34]<\/a>. Se preocupar\u00e1n de todos los disc\u00edpulos de Jesucristo que viven en el territorio patriarcal. Como signo de comuni\u00f3n para el testimonio, sabr\u00e1n fortalecer la unidad y la solidaridad en el seno del Consejo de los Patriarcas cat\u00f3licos de Oriente y de los diversos s\u00ednodos patriarcales, privilegiando en ellos el acuerdo en cuestiones de gran importancia para la Iglesia, con vistas a una acci\u00f3n colegial y unitaria. Para la credibilidad de su testimonio, el patriarca perseguir\u00e1 la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la perseverancia y la mansedumbre (cf.&nbsp;<em>1 Tm<\/em>&nbsp;6,11), buscando de todo coraz\u00f3n un estilo de vida sobrio, a imagen de Cristo, desprendido de todo para hacernos ricos con su pobreza (cf.&nbsp;<em>2 Co<\/em>&nbsp;8,9). Asimismo, se esforzar\u00e1 en promover entre las circunscripciones eclesi\u00e1sticas una solidaridad real en una sana gesti\u00f3n del personal y de los bienes eclesi\u00e1sticos. Esto es lo que corresponde a sus deberes<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn35\">[35]<\/a>. A imitaci\u00f3n de Jes\u00fas, que recorr\u00eda los pueblos y aldeas en cumplimiento de su misi\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;9,35), los patriarcas realizar\u00e1n con celo la visita pastoral a sus circunscripciones eclesi\u00e1sticas<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn36\">[36]<\/a>. No lo har\u00e1 s\u00f3lo por ejercer su derecho y su deber de vigilar, sino tambi\u00e9n para testimoniar concretamente su caridad fraterna y paterna para con los obispos, sacerdotes y fieles laicos, sobre todo con los pobres, los enfermos y los marginados, as\u00ed como con los que sufren espiritualmente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Los obispos<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">41. En virtud de su ordenaci\u00f3n, el obispo queda instituido a la vez como miembro del Colegio episcopal y como pastor de una comunidad local mediante su ministerio de ense\u00f1ar, santificar y gobernar. Con los patriarcas, los obispos son los signos visibles de la unidad en la diversidad de la Iglesia, como Cuerpo cuya cabeza es Cristo (cf.&nbsp;<em>Ef<\/em>&nbsp;4,12-15). Ellos son los primeros elegidos gratuitamente y los enviados a todas las naciones para hacer disc\u00edpulos, ense\u00f1\u00e1ndoles a observar todo lo prescrito por el Resucitado (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;28,19-20)<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn37\">[37]<\/a>. Es, pues, de vital importancia que escuchen y conserven en su coraz\u00f3n la Palabra de Dios. Han de anunciarla con valent\u00eda, y defender con firmeza la integridad y la unidad de la fe en situaciones dif\u00edciles, que por desgracia no faltan en Oriente Medio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">42. Para promover la vida de comuni\u00f3n y diakon\u00eda, es importante que los obispos se esfuercen siempre por su propia renovaci\u00f3n personal. Esta atenci\u00f3n del coraz\u00f3n pasa \u00abante todo por la vida de oraci\u00f3n, de abnegaci\u00f3n, de sacrificio y de escucha; despu\u00e9s por la vida ejemplar de ap\u00f3stoles y pastores, hecha de sencillez y humildad; y, finalmente, por su deseo constante de defender la verdad, la justicia, la moral y la causa de los d\u00e9biles\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn38\">[38]<\/a>. Adem\u00e1s, la tan deseada renovaci\u00f3n de las comunidades pasa por el cuidado paternal que tengan por todos los bautizados, y en especial por sus colaboradores inmediatos, los presb\u00edteros<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn39\">[39]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">43. El primer fundamento de la comuni\u00f3n intereclesial es la comuni\u00f3n en el seno de cada iglesia local, que se alimenta siempre de la Palabra de Dios y de los sacramentos, as\u00ed como de las diversas formas de oraci\u00f3n. Por tanto, invito a los obispos a manifestar su solicitud por todos los fieles de su jurisdicci\u00f3n, sin discriminaciones por su condici\u00f3n, nacionalidad o proveniencia eclesial. Que apacienten el reba\u00f1o de Dios confiado a ellos, velando por \u00e9l \u00abno como d\u00e9spotas con quienes os ha tocado en suerte, sino convirti\u00e9ndoos en modelos del reba\u00f1o\u00bb (<em>1 P<\/em>&nbsp;5,3). Que presten una atenci\u00f3n especial a quienes no son constantes en la pr\u00e1ctica religiosa y a los que, por diversas razones, la han abandonado<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn40\">[40]<\/a>. Se cuidar\u00e1n tambi\u00e9n de ser la presencia amorosa de Cristo entre los que no profesan la fe cristiana. As\u00ed promover\u00e1n la unidad entre los cristianos mismos y la solidaridad entre todos los hombres, creados a imagen de Dios (cf.&nbsp;<em>Gn<\/em>&nbsp;1,27), pues todo viene del Padre, que es hacia quien nos dirigimos (cf.&nbsp;<em>1 Co<\/em>&nbsp;8,6).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">44. Corresponde a los obispos asegurar una gesti\u00f3n sana, honesta y transparente de los bienes temporales de la Iglesia, de acuerdo con el&nbsp;<em>C\u00f3digo de los c\u00e1nones de las Iglesias orientales<\/em>&nbsp;o el&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/cdc\/index_sp.htm\">C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico de la Iglesia latina<\/a><\/em>. Los Padres sinodales han cre\u00eddo necesario que se haga una auditor\u00eda seria de las finanzas y de los bienes, poniendo cuidado en evitar la confusi\u00f3n entre los bienes personales y los de la Iglesia<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn41\">[41]<\/a>. El ap\u00f3stol Pablo dice que el siervo de Dios es un administrador de los misterios de Dios. Ahora bien, \u00ablo que se busca en los administradores es que sean fieles\u00bb (<em>1 Co<\/em>&nbsp;4,2). El administrador gestiona bienes que no le pertenecen y que, seg\u00fan el ap\u00f3stol, est\u00e1n destinados a un fin superior: los misterios de Dios (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;19,28-30;&nbsp;<em>1 P<\/em>&nbsp;4,10). Esta gesti\u00f3n fiel y desinteresada, tan deseada por los monjes fundadores \u2013verdaderas columnas de muchas Iglesias orientales\u2013 debe servir prioritariamente para la evangelizaci\u00f3n y la caridad. Los obispos se preocupar\u00e1n de asegurar a sus presb\u00edteros, sus primeros colaboradores, una adecuada subsistencia, para que no se pierdan en la b\u00fasqueda de lo temporal, y puedan consagrarse dignamente a las cosas de Dios y a su misi\u00f3n pastoral. Por lo dem\u00e1s, quien ayuda a un pobre gana el cielo. Santiago insiste en el respeto que se debe al pobre, en su grandeza y su verdadero puesto en la comunidad (cf. 1,9-11; 2,1-9). Por eso es necesario que la gesti\u00f3n de los bienes se convierta en un lugar de anuncio eficaz del mensaje liberador de Jes\u00fas: \u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed, porque \u00e9l me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad y, a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or\u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;4,18-19). El mayordomo fiel es aquel que se ha dado cuenta de que s\u00f3lo el Se\u00f1or es la perla fina (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;13,45-46), y que s\u00f3lo \u00e9l es el verdadero tesoro (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;6,19-21; 13,44). Que los obispos lo manifiesten de manera ejemplar a los sacerdotes, seminaristas y fieles. Por otra parte, la enajenaci\u00f3n de bienes de la Iglesia debe atenerse estrictamente a las normas can\u00f3nicas y a las disposiciones pontificias en vigor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Los sacerdotes, los di\u00e1conos y los seminaristas<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">45. La ordenaci\u00f3n sacerdotal configura al sacerdote con Cristo y le convierte en un estrecho colaborador del patriarca y del obispo, participando de su triple&nbsp;<em>munus<\/em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn42\">[42]<\/a>. Precisamente por eso, es un servidor de la comuni\u00f3n; y el cumplimiento de esta tarea requiere una relaci\u00f3n constante con Cristo y su celo en la caridad y en las obras de misericordia para con todos. As\u00ed podr\u00e1 irradiar la santidad, a la que todos los bautizados est\u00e1n llamados. Educar\u00e1 al Pueblo de Dios a construir la civilizaci\u00f3n del amor evang\u00e9lico y la unidad. Para eso, renovar\u00e1 y fortalecer\u00e1 la vida de los fieles mediante la transmisi\u00f3n sabia de la Palabra de Dios, de la Tradici\u00f3n y de la doctrina de la Iglesia, as\u00ed como por los sacramentos<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn43\">[43]<\/a>. Las tradiciones orientales han tenido la intuici\u00f3n de la direcci\u00f3n espiritual. Que los sacerdotes, los di\u00e1conos y los consagrados la practiquen ellos mismos y abran con ella a los fieles los caminos de la eternidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">46. El testimonio de comuni\u00f3n exige, adem\u00e1s, una formaci\u00f3n teol\u00f3gica y una s\u00f3lida espiritualidad, que requiere una renovaci\u00f3n intelectual y espiritual permanente. Corresponde a los obispos proporcionar a los sacerdotes y a los di\u00e1conos los medios necesarios que les permitan profundizar en su vida de fe, para el bien de los fieles, d\u00e1ndoles \u00abla comida a su tiempo\u00bb (<em>Sal<\/em>&nbsp;145,15). Por su parte, los fieles esperan de ellos el ejemplo de una conducta intachable (cf.&nbsp;<em>Flp<\/em>&nbsp;2,14-16).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">47. Os invito, queridos sacerdotes, a redescubrir cada d\u00eda el sentido ontol\u00f3gico del orden sagrado, que haga vivir el sacerdocio como una fuente de santificaci\u00f3n para los bautizados, y para la promoci\u00f3n de todos los hombres. \u00abPastoread el reba\u00f1o de Dios que ten\u00e9is a vuestro cargo [&#8230;], no por s\u00f3rdida ganancia, sino con entrega generosa\u00bb (<em>1 P<\/em>&nbsp;5,2). Os invito a apreciar tambi\u00e9n la vida en equipo \u2013donde sea posible\u2013, no obstante las dificultades que comporta (cf.&nbsp;<em>1 P<\/em>&nbsp;4,8-10), pues eso os ayudar\u00e1 a comprender y vivir mejor la comuni\u00f3n sacerdotal y pastoral, en el \u00e1mbito local y universal. Queridos di\u00e1conos, en comuni\u00f3n con vuestro obispo y los sacerdotes, servid al Pueblo de Dios seg\u00fan vuestro propio ministerio en las tareas espec\u00edficas que se os conf\u00eden.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">48. El celibato sacerdotal es un don inestimable de Dios a su Iglesia, que conviene recibir con gratitud, tanto en Oriente como en Occidente, pues representa un signo prof\u00e9tico siempre actual. Recordamos, adem\u00e1s, el ministerio de los sacerdotes casados, que son un elemento antiguo de las tradiciones orientales. Quisiera dirigir tambi\u00e9n mi aliento a estos presb\u00edteros que, con sus familias, est\u00e1n llamados a la santidad en el ejercicio fiel de su ministerio y en sus condiciones de vida a veces dif\u00edciles. Reitero a todos que la belleza de vuestra vida sacerdotal<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn44\">[44]<\/a>&nbsp;suscitar\u00e1 sin duda nuevas vocaciones, que tendr\u00e9is la responsabilidad de atender.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">49. La vocaci\u00f3n del joven Samuel (cf.&nbsp;<em>1 S<\/em>&nbsp;3,1-19) nos ense\u00f1a que los seres humanos necesitan gu\u00edas expertos para ayudarles a discernir la voluntad del Se\u00f1or y responder generosamente a su llamada. En este sentido, el florecimiento de las vocaciones debe ser favorecido por una pastoral apropiada. Y \u00e9sta ha de estar apoyada por la oraci\u00f3n en la familia, las parroquias, los movimientos eclesiales y en el seno de los centros educativos. Quienes responden a la llamada del Se\u00f1or necesitan crecer en lugares de formaci\u00f3n espec\u00edfica y estar acompa\u00f1ados por formadores id\u00f3neos y ejemplares. Estos los educar\u00e1n en la oraci\u00f3n, la comuni\u00f3n, el testimonio y la conciencia misionera. Se abordar\u00e1n con programas adecuados los aspectos de la vida humana, espiritual, intelectual y pastoral, teniendo en cuenta con perspicacia la diversidad del medio, los antecedentes, las pertenencias culturales y eclesiales<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn45\">[45]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">50. Queridos seminaristas, as\u00ed como el junco no puede crecer sin agua (cf.&nbsp;<em>Jb<\/em>&nbsp;8,11), tampoco vosotros podr\u00e9is ser verdaderos artesanos de comuni\u00f3n y aut\u00e9nticos testigos de la fe sin un enraizamiento profundo en Jesucristo, sin una conversi\u00f3n continua a su palabra, sin un amor por su Iglesia y sin una caridad desinteresada por el pr\u00f3jimo. Est\u00e1is llamados a vivir y perfeccionar hoy en d\u00eda la comuni\u00f3n, con vistas a un testimonio valiente y sin ambig\u00fcedades. La firmeza de la fe del Pueblo de Dios depender\u00e1 tambi\u00e9n de la calidad de vuestro testimonio. Os invito a abriros m\u00e1s a la diversidad cultural de vuestras Iglesias, por ejemplo, aprendiendo otras lenguas y culturas diferentes a las vuestras, con vistas a vuestra futura misi\u00f3n. Estad tambi\u00e9n abiertos a la diversidad eclesial, ecum\u00e9nica, y al di\u00e1logo interreligioso. Os ayudar\u00e1 mucho un estudio atento de mi Carta dirigida a los seminaristas<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn46\">[46]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La vida consagrada<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">51. El monacato, en sus diversas formas, ha nacido en Oriente Medio y es el origen de algunas de las iglesias de all\u00ed<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn47\">[47]<\/a>. Que los monjes y monjas, que consagran su vida a la oraci\u00f3n, santificando las horas del d\u00eda y de la noche, encomendando en sus plegarias las preocupaciones y necesidades de la Iglesia y la humanidad, recuerden permanentemente a todos la importancia de la oraci\u00f3n en la vida de la Iglesia y de todo creyente. Que los monasterios sean tambi\u00e9n lugares donde los fieles puedan dejarse guiar en la iniciaci\u00f3n a la oraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">52. La vida consagrada, contemplativa y apost\u00f3lica, es una profundizaci\u00f3n de la consagraci\u00f3n bautismal. En efecto, los monjes y monjas buscan seguir a Cristo de manera m\u00e1s radical mediante la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos de obediencia, castidad y pobreza<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn48\">[48]<\/a>. La entrega sin reservas de s\u00ed mismos al Se\u00f1or, y su amor desinteresado por todos los hombres, dan testimonio de Dios y son verdaderos signos de su amor por el mundo. Vivida como un don precioso del Esp\u00edritu Santo, la vida consagrada es un apoyo irremplazable para la vida y la pastoral de la Iglesia<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn49\">[49]<\/a>. En este sentido, las comunidades religiosas ser\u00e1n signos prof\u00e9ticos de la comuni\u00f3n en sus iglesias y en el mundo entero en la medida en que est\u00e9n realmente fundadas en la Palabra de Dios, la comuni\u00f3n fraterna y el testimonio de la diacon\u00eda (cf.&nbsp;<em>Hch<\/em>&nbsp;2,42). En la vida cenob\u00edtica, la comunidad o el monasterio tienen por vocaci\u00f3n el ser lugar privilegiado de la uni\u00f3n con Dios y la comuni\u00f3n con el pr\u00f3jimo. Es el lugar donde la persona consagrada aprende a caminar siempre desde Cristo<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn50\">[50]<\/a>, para ser fiel a su misi\u00f3n con la oraci\u00f3n y el recogimiento, y ser para todos los fieles un signo de la vida eterna, que ya ha comenzado aqu\u00ed (cf.&nbsp;<em>1 P<\/em>&nbsp;4,7).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">53. Os invito a vosotros, que hab\u00e9is sido llamados a la&nbsp;<em>sequela Christi<\/em>&nbsp;en la vida religiosa en Oriente Medio, a que os dej\u00e9is seducir siempre por la Palabra de Dios, como el profeta Jerem\u00edas, y la guard\u00e9is en vuestro coraz\u00f3n como un fuego ardiente (cf.&nbsp;<em>Jr<\/em>&nbsp;20,7-9). Ella es la raz\u00f3n de ser, el fundamento y la referencia \u00faltima y objetiva de vuestra consagraci\u00f3n. La Palabra de Dios es verdad. Al obedecerla, santific\u00e1is vuestras almas para amaros sinceramente como hermanos y hermanas (cf.&nbsp;<em>1 P<\/em>&nbsp;1,22). Cualquiera que sea el estado can\u00f3nico de vuestro Instituto religioso, mostraos disponibles para colaborar en esp\u00edritu de comuni\u00f3n con el obispo en la actividad pastoral y misionera. La vida religiosa es una adhesi\u00f3n personal a Cristo, Cabeza del Cuerpo (cf.&nbsp;<em>Col<\/em>&nbsp;1,18;&nbsp;<em>Ef<\/em>&nbsp;4,15), y refleja el v\u00ednculo indisoluble entre Cristo y su Iglesia. En este sentido, apoyad a las familias en su vocaci\u00f3n cristiana y alentad a las parroquias para que se abran a las diversas vocaciones sacerdotales y religiosas. Esto contribuye a fortalecer la vida de comuni\u00f3n para el testimonio en el seno de la Iglesia particular<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn51\">[51]<\/a>. No dej\u00e9is de responder a los interrogantes de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, indic\u00e1ndoles la senda y el sentido profundo de la existencia humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">54. Quisiera a\u00f1adir una consideraci\u00f3n adicional que va m\u00e1s all\u00e1 de los consagrados y se dirige al conjunto de los miembros de las Iglesias orientales cat\u00f3licas. Se refiere a los consejos evang\u00e9licos, que caracterizan particularmente la vida mon\u00e1stica, a sabiendas de que esta misma vida religiosa ha sido determinante en el origen de numerosas Iglesias&nbsp;<em>sui iuris<\/em>, y sigue si\u00e9ndolo en su vida actual. Me parece que se deber\u00eda reflexionar con detenimiento y atenci\u00f3n sobre los consejos evang\u00e9licos, obediencia, castidad y pobreza, para redescubrir hoy su belleza, la fuerza de su testimonio y su dimensi\u00f3n pastoral. No se puede regenerar interiormente a los fieles, a la comunidad creyente y a toda la Iglesia, si no hay un retorno decidido e inequ\u00edvoco, cada uno seg\u00fan su vocaci\u00f3n, al&nbsp;<em>quaerere Deum<\/em>, a la b\u00fasqueda de Dios, que ayuda a definir y vivir en verdad la relaci\u00f3n con Dios, con el pr\u00f3jimo y consigo mismo. Ciertamente, esto concierne a las Iglesias&nbsp;<em>sui iuris<\/em>, pero tambi\u00e9n a la Iglesia latina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Los laicos<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">55. Los laicos son plenamente miembros del Cuerpo de Cristo por el bautismo, y est\u00e1n asociados a la misi\u00f3n de la Iglesia universal<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn52\">[52]<\/a>. Su participaci\u00f3n en la vida y las actividades internas de la Iglesia es la fuente espiritual permanente que les permite ir m\u00e1s all\u00e1 de los confines de las estructuras eclesi\u00e1sticas. Como ap\u00f3stoles en el mundo, ellos convierten en acci\u00f3n concreta el Evangelio, la ense\u00f1anza y la doctrina social de la Iglesia<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn53\">[53]<\/a>. En efecto, \u00ablos cristianos, ciudadanos de pleno derecho, pueden y deben dar su contribuci\u00f3n con el esp\u00edritu de las bienaventuranzas, convirti\u00e9ndose as\u00ed en constructores de paz y en ap\u00f3stoles de reconciliaci\u00f3n para el bien de toda la sociedad\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn54\">[54]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">56. Como el \u00e1mbito de lo temporal es vuestro propio terreno<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn55\">[55]<\/a>, os animo, queridos fieles laicos, a fortalecer los lazos de hermandad y colaboraci\u00f3n con las personas de buena voluntad en la b\u00fasqueda del bien com\u00fan, de la sana gesti\u00f3n de los bienes p\u00fablicos, de la libertad religiosa y del respeto de la dignidad de cada persona. Aun cuando la misi\u00f3n de la Iglesia se hace dif\u00edcil en los ambientes donde el anuncio expl\u00edcito del evangelio encuentra obst\u00e1culos o no es posible, que \u00abvuestra conducta entre los gentiles sea buena, para que [&#8230;], fij\u00e1ndose en vuestras buenas obras, den gloria a Dios el d\u00eda de su venida\u00bb (<em>1 P<\/em>&nbsp;2,12). Preocuparos de dar raz\u00f3n de vuestra fe (cf.&nbsp;<em>1 P<\/em>&nbsp;3,15) mediante la coherencia de vuestra vida y vuestro obrar cotidiano<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn56\">[56]<\/a>. Para que vuestro testimonio d\u00e9 realmente fruto (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;7,16.20), os exhorto a superar las divisiones y cualquier interpretaci\u00f3n subjetivista de la vida cristiana. Poned cuidado en no separarla \u2013 con sus valores y exigencias \u2013 de la vida familiar o en la sociedad, en el trabajo, en la pol\u00edtica y la cultura, pues todos los diferentes \u00e1mbitos de la vida del laico entran en el designio de Dios<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn57\">[57]<\/a>. Os invito a ser audaces por amor a Cristo, seguros de que ni la tribulaci\u00f3n, ni la angustia, ni la persecuci\u00f3n os podr\u00e1n separar de \u00e9l (cf.&nbsp;<em>Rm<\/em>&nbsp;8,35).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">57. En Oriente Medio, los laicos est\u00e1n acostumbrados a tener relaciones fraternas y asiduas con fieles cat\u00f3licos de diferentes Iglesias patriarcales o latina, y a asistir a sus lugares de culto, especialmente si no hay otra alternativa. A esta admirable realidad, que demuestra una comuni\u00f3n aut\u00e9nticamente vivida, se a\u00f1ade el hecho de que las diversas jurisdicciones eclesiales se superponen de modo fecundo en el mismo territorio. En este punto particular, la Iglesia en Oriente Medio es un ejemplo para otras Iglesias particulares del resto del mundo. As\u00ed, Oriente Medio es de alguna manera un laboratorio que hace ya presente hoy el porvenir de la situaci\u00f3n eclesial. Este ejemplo, que requiere ser perfeccionado y purificado continuamente, abarca tambi\u00e9n la experiencia adquirida localmente en el campo ecum\u00e9nico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La familia<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">58. Instituci\u00f3n divina fundada en el matrimonio, tal y como lo ha querido el Creador mismo (cf.&nbsp;<em>Gn<\/em>&nbsp;2,18-24;&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;19,5), la familia est\u00e1 actualmente expuesta a muchos peligros. La familia cristiana, en particular, se ve m\u00e1s que nunca frente a la cuesti\u00f3n de su identidad profunda. En efecto, las caracter\u00edsticas esenciales del matrimonio sacramental \u2013la unidad y la indisolubilidad (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;19,6)\u2013, y el modelo cristiano de familia, de la sexualidad y del amor, se ven hoy en d\u00eda, si no rechazados, al menos incomprendidos por algunos fieles. Acecha la tentaci\u00f3n de adoptar modelos contrarios al evangelio, difundidos por una cierta cultura contempor\u00e1nea diseminada por todo el mundo. El amor conyugal se inserta en la alianza definitiva entre Dios y su pueblo, sellada plenamente en el sacrificio de la cruz. Su car\u00e1cter de mutua entrega de s\u00ed al otro hasta el martirio, se manifiesta en algunas Iglesias orientales, donde cada uno de los contrayentes recibe al otro como \u00abcorona\u00bb durante la ceremonia nupcial, llamada con raz\u00f3n \u00aboficio de coronaci\u00f3n\u00bb. El amor conyugal no se construye en un momento, sino que es el proyecto paciente de toda una vida. Llamada a vivir cotidianamente el amor en Cristo, la familia cristiana es un instrumento privilegiado de la presencia y la misi\u00f3n de la Iglesia en el mundo. En este sentido, necesita ser acompa\u00f1ada pastoralmente<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn58\">[58]<\/a>&nbsp;y sostenida en sus problemas y dificultades, sobre todo all\u00ed donde las referencias sociales, familiares y religiosas tienden a debilitarse o perderse<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn59\">[59]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">59. Familias cristianas en Oriente Medio, os invito a renovaros siempre con la fuerza de la Palabra de Dios y los sacramentos, para ser a\u00fan m\u00e1s&nbsp;<em>iglesia dom\u00e9stica<\/em>&nbsp;que educa en la fe y la oraci\u00f3n, semillero de vocaciones, escuela natural de las virtudes y los valores \u00e9ticos, y primera c\u00e9lula viva de la sociedad. Contemplad siempre a la Familia de Nazaret<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn60\">[60]<\/a>, que tuvo el gozo de acoger la vida y expresar su piedad observando la Ley y las pr\u00e1cticas religiosas de su tiempo (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;2,22-24.41). Mirad a esta familia, que vivi\u00f3 tambi\u00e9n la prueba de la p\u00e9rdida del ni\u00f1o Jes\u00fas, el dolor de la persecuci\u00f3n, la emigraci\u00f3n y el duro trabajo cotidiano (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;2,13ss;&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;2,41ss). Ayudad a vuestros hijos a crecer en sabidur\u00eda, edad y gracia ante Dios y los hombres (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;2,52); ense\u00f1adles a confiar en el Padre, a imitar a Cristo y a dejarse guiar por el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">60. Despu\u00e9s de estas reflexiones sobre la com\u00fan dignidad y la vocaci\u00f3n del hombre y la mujer en el matrimonio, pienso especialmente en las mujeres en Oriente Medio. El primer relato de la creaci\u00f3n muestra la igualdad ontol\u00f3gica entre el hombre y la mujer (cf.&nbsp;<em>Gn<\/em>&nbsp;1,27-29). Esta igualdad qued\u00f3 da\u00f1ada a consecuencia del pecado (cf.&nbsp;<em>Gn<\/em>&nbsp;3,16;&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;19,4). Superar este legado, fruto del pecado, es un deber de todo ser humano, hombre o mujer<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn61\">[61]<\/a>. Quisiera asegurar a todas las mujeres que la Iglesia cat\u00f3lica, fiel al designio divino, promueve la dignidad personal de la mujer y su igualdad con los hombres, frente a las m\u00e1s variadas formas de discriminaci\u00f3n a las que est\u00e1 sometida por el simple hecho de ser mujer<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn62\">[62]<\/a>. Estas pr\u00e1cticas da\u00f1an la vida de comuni\u00f3n y testimonio. Ofenden gravemente, no s\u00f3lo a la mujer, sino tambi\u00e9n y sobre todo a Dios, el Creador. Reconociendo su sensibilidad innata para el amor y la protecci\u00f3n de la vida humana, y honor\u00e1ndolas por su aportaci\u00f3n espec\u00edfica en la educaci\u00f3n, la salud, el trabajo humanitario y la vida apost\u00f3lica, estimo que las mujeres deben comprometerse y estar m\u00e1s implicadas en la vida p\u00fablica y eclesial<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn63\">[63]<\/a>. De este modo, dar\u00e1n su aportaci\u00f3n peculiar en la edificaci\u00f3n de una sociedad m\u00e1s fraterna y de una Iglesia que se embellece por la verdadera comuni\u00f3n entre los bautizados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">61. Adem\u00e1s, en el caso de controversias jur\u00eddicas, que lamentablemente pueden oponer al hombre y a la mujer, especialmente en cuestiones de orden matrimonial, la voz de la mujer debe ser escuchada y tomada en consideraci\u00f3n con respeto, al igual que la del hombre, para que cesen ciertas injusticias. En este sentido, se ha de fomentar una aplicaci\u00f3n m\u00e1s sana y justa del derecho de la Iglesia. La justicia de la Iglesia debe ser ejemplar en todos sus grados y en todos los campos de su competencia. Es absolutamente necesario velar para que los conflictos jur\u00eddicos relacionados con cuestiones matrimoniales no conduzcan a la apostas\u00eda. Por lo dem\u00e1s, los cristianos de la regi\u00f3n deben tener la posibilidad de aplicar en el campo matrimonial, como en otros campos, su derecho propio sin restricciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Los j\u00f3venes y los ni\u00f1os<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">62. Saludo con paternal solicitud a todos los ni\u00f1os y j\u00f3venes de la Iglesia en Oriente Medio. Pienso en los j\u00f3venes que buscan un sentido humano y cristiano duradero de su vida, sin olvidar a aquellos cuya juventud coincide con un alejamiento progresivo de la Iglesia, que se traduce en el abandono de la pr\u00e1ctica religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">63. Queridos j\u00f3venes, os invito a cultivar de forma continua la amistad verdadera con Jes\u00fas (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;15,13-15) por medio del poder de la oraci\u00f3n. Cuanto m\u00e1s s\u00f3lida sea, m\u00e1s os servir\u00e1 de faro y os proteger\u00e1 de los extrav\u00edos de la juventud (cf.&nbsp;<em>Sal<\/em>&nbsp;25,7). La oraci\u00f3n personal se har\u00e1 m\u00e1s fuerte acudiendo regularmente a los sacramentos, que permiten un verdadero encuentro con Dios y con los hermanos en la Iglesia. No teng\u00e1is miedo ni reparo en testimoniar la amistad con Jes\u00fas en el \u00e1mbito familiar y p\u00fablico. Pero hacedlo respetando a los otros creyentes, jud\u00edos y musulmanes, con quienes compart\u00eds la creencia en Dios, creador del cielo y de la tierra, as\u00ed como grandes ideales humanos y espirituales. No teng\u00e1is miedo ni verg\u00fcenza de ser cristianos. La relaci\u00f3n con Jes\u00fas os har\u00e1 disponibles para colaborar sin reservas con vuestros conciudadanos, con independencia de su afiliaci\u00f3n religiosa, para construir el futuro de vuestro pa\u00eds sobre la dignidad humana, fuente y fundamento de la libertad, la igualdad y la paz en la justicia. Al amar a Cristo y a su Iglesia, podr\u00e9is discernir sabiamente en la modernidad los valores \u00fatiles para vuestra plena realizaci\u00f3n y los males que envenenan lentamente vuestra vida. Tratad de no dejaos seducir por el materialismo y por ciertas redes sociales cuyo uso indiscriminado podr\u00eda mutilar la verdadera naturaleza de las relaciones humanas. La Iglesia en Oriente Medio cuenta mucho con vuestra oraci\u00f3n, vuestro entusiasmo, creatividad y habilidad, as\u00ed como con vuestro pleno compromiso de servir a Cristo, a la Iglesia y a la sociedad, en especial a los otros j\u00f3venes de vuestra edad<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn64\">[64]<\/a>. No dud\u00e9is en sumaros a toda iniciativa que os ayude a fortalecer la fe y a responder a la llamada espec\u00edfica que el Se\u00f1or os haga. Y tampoco dud\u00e9is en seguir la llamada de Cristo a optar por la vida sacerdotal, religiosa o misionera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">64. \u00bfHe de recordaros, queridos ni\u00f1os, a los que me dirijo ahora, que en vuestro camino con el Se\u00f1or deb\u00e9is honrar en especial a vuestros padres (cf.&nbsp;<em>Ex<\/em>&nbsp;20,12;&nbsp;<em>Dt<\/em>&nbsp;5,16)? Ellos son vuestros educadores en la fe. Dios os ha confiado a ellos como un don inaudito para el mundo, con el fin de que ellos cuiden de vuestra salud, de vuestra educaci\u00f3n humana y cristiana, y de vuestra formaci\u00f3n intelectual. Y, por su parte, los padres, los educadores y formadores, las instituciones p\u00fablicas, tienen el deber de respetar el derecho de los ni\u00f1os desde el momento de la concepci\u00f3n<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn65\">[65]<\/a>. En cuanto a vosotros, queridos ni\u00f1os, aprended desde ahora la obediencia a Dios, siendo obedientes a vuestros padres, como el Ni\u00f1o Jes\u00fas (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;2,51). Aprended tambi\u00e9n a vivir cristianamente en la familia, en la escuela, y en todas partes. El Se\u00f1or no os olvida (cf.&nbsp;<em>Is<\/em>&nbsp;49,15). \u00c9l est\u00e1 siempre a vuestro lado, y quiere que camin\u00e9is con \u00e9l con sabidur\u00eda, valor y amabilidad (cf.&nbsp;<em>Tb<\/em>&nbsp;6,2). Bendecid al Se\u00f1or Dios en todo momento, pedidle que os gu\u00ede y lleve a buen t\u00e9rmino vuestras sendas y proyectos; recordad siempre sus mandamientos y no dej\u00e9is que se borren de vuestro coraz\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Tb<\/em>&nbsp;4,19).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">65. Deseo insistir de nuevo en la formaci\u00f3n de los ni\u00f1os y j\u00f3venes, que tiene especial importancia. La familia cristiana es el lugar natural para el desarrollo de la fe de los ni\u00f1os y los j\u00f3venes, su primera escuela de catequesis. En estos tiempos turbulentos, educar a un ni\u00f1o o a un joven es dif\u00edcil. Esta insustituible tarea se hace m\u00e1s complicada a\u00fan debido a las particulares circunstancias religiosas y sociopol\u00edticas de la regi\u00f3n. Por ello quiero asegurar a los padres mi apoyo y mis oraciones. Es importante que el ni\u00f1o crezca en una familia unida, que vive su fe con sencillez y convicci\u00f3n. Y que los ni\u00f1os y j\u00f3venes vean a sus padres rezar. Que los acompa\u00f1en a la iglesia y que vean y comprendan que sus padres aman a Dios y desean conocerlo mejor. Y es igualmente importante que el ni\u00f1o y el joven vean la caridad de sus padres para con aquellos que tienen realmente necesidad. As\u00ed, comprender\u00e1n que es bueno y bello amar a Dios, les gustar\u00e1 estar en la iglesia y se sentir\u00e1n orgullosos, pues habr\u00e1n captado en su interior y experimentado qui\u00e9n es la verdadera roca sobre la cual construir su vida (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;7,24-27;&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;6,48). A los ni\u00f1os y j\u00f3venes que no tienen esta oportunidad, les deseo que encuentren en su camino aut\u00e9nticos testigos que les ayuden a encontrar a Cristo y a descubrir la alegr\u00eda de ser sus seguidores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a>TERCERA PARTE<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00ab<em>Nosotros predicamos a Cristo crucificado\u2026<br>que es fuerza de Dios y sabidur\u00eda de Dios<\/em>\u00bb (1 Co 1,23-24)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">66. El testimonio cristiano, primera forma de la misi\u00f3n, es parte de la vocaci\u00f3n original de la Iglesia, que se desarrolla en fidelidad al mandato recibido del Se\u00f1or Jes\u00fas: \u00abSer\u00e9is mis testigos en Jerusal\u00e9n, en toda Judea y Samar\u00eda, y hasta el conf\u00edn de la tierra\u00bb (<em>Hch<\/em>&nbsp;1,8). Cuando proclama a Cristo crucificado y resucitado (cf.&nbsp;<em>Hch<\/em>&nbsp;2,23-24), la Iglesia se convierte cada vez m\u00e1s en lo que ya es por naturaleza y vocaci\u00f3n: sacramento de comuni\u00f3n y reconciliaci\u00f3n con Dios y entre los hombres<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn66\">[66]<\/a>&nbsp;Comuni\u00f3n y testimonio de Cristo son, por tanto, dos aspectos de una misma realidad, pues ambos beben de la misma fuente, la sant\u00edsima Trinidad, y se apoyan sobre los mismos fundamentos: la Palabra de Dios y los sacramentos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">67. Estos dos aspectos alimentan y dan autenticidad a los dem\u00e1s actos del culto divino as\u00ed como a las pr\u00e1cticas de piedad popular. La consolidaci\u00f3n de la vida espiritual acrecienta la caridad y lleva naturalmente al testimonio. El cristiano es ante todo un testigo. Y el testimonio no s\u00f3lo requiere una formaci\u00f3n cristiana adecuada para hacer inteligibles las verdades de fe, sino tambi\u00e9n la coherencia de una vida conforme a esa misma fe, para poder responder a las exigencias de nuestros contempor\u00e1neos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La palabra de Dios, alma y fuente de la comuni\u00f3n y del testimonio<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">68. \u00abY perseveraban en la ense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles\u00bb (<em>Hch<\/em>&nbsp;2,42). Con esta afirmaci\u00f3n, san Lucas hace de la primera comunidad el prototipo de la Iglesia apost\u00f3lica, es decir, fundada sobre los Ap\u00f3stoles elegidos por Cristo y sobre sus ense\u00f1anzas. La misi\u00f3n principal de la Iglesia, recibida de Cristo mismo, es la de custodiar intacto el dep\u00f3sito de la fe apost\u00f3lica (cf.&nbsp;<em>1 Tm<\/em>&nbsp;6,20), fundamento de su unidad, proclamando esta fe al mundo entero. La ense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles ha explicitado la relaci\u00f3n de la Iglesia con las Escrituras de la primera Alianza, que llegan a su cumplimiento en la persona de Jesucristo (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;24,44-53).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">69. La meditaci\u00f3n del misterio de la Iglesia como comuni\u00f3n y testimonio a la luz de las Escrituras, este gran \u00ablibro de la Alianza\u00bb entre Dios y su pueblo (cf.&nbsp;<em>Ex<\/em>&nbsp;24,7), lleva al conocimiento de Dios, \u00abluz en mi sendero\u00bb (<em>Sal<\/em>&nbsp;119,105), para que mi pie no tropiece (cf.&nbsp;<em>Sal<\/em>&nbsp;121,3).<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn67\">[67]<\/a>&nbsp;Que los fieles, herederos de esta Alianza, busquen siempre la verdad en toda la Escritura inspirada por Dios (cf.&nbsp;<em>2 Tm<\/em>&nbsp;3,16-17). Esta no es un objeto de curiosidad hist\u00f3rica, sino la \u00abobra del Esp\u00edritu Santo, en la cual podemos escuchar la voz misma del Se\u00f1or y conocer su presencia en la historia\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn68\">[68]<\/a>, en nuestra historia humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">70. Las escuelas exeg\u00e9ticas de Alejandr\u00eda, Antioqu\u00eda, Edesa o Nisibis, contribuyeron en gran medida a la inteligencia y a la formulaci\u00f3n dogm\u00e1tica del misterio cristiano en los siglos IV y V.<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn69\">[69]<\/a>&nbsp;Toda la Iglesia les est\u00e1 agradecida. Los partidarios de diversas corrientes de interpretaci\u00f3n de los textos coincid\u00edan sobre algunos principios tradicionales en ex\u00e9gesis, com\u00fanmente admitidos por las Iglesias de Oriente y Occidente. El m\u00e1s importante es el creer que Jesucristo encarna la unidad intr\u00ednseca de los dos Testamentos y, por consiguiente, la unidad del designio salv\u00edfico de Dios en la historia (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;5,17). Los disc\u00edpulos comenzaron a comprender esta unidad s\u00f3lo a partir de la Resurrecci\u00f3n, cuando Jes\u00fas fue glorificado (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;12,16). A continuaci\u00f3n viene la fidelidad a una lectura tipol\u00f3gica de la Biblia, de acuerdo con la cual algunos hechos del Antiguo Testamento son una prefiguraci\u00f3n (tipo y figura) de las realidades de la Nueva Alianza en Jesucristo, clave de lectura de toda la Biblia (cf.&nbsp;<em>1 Co<\/em>&nbsp;15,22. 45-47;&nbsp;<em>Hb<\/em>&nbsp;8,6-7). Los textos lit\u00fargicos y espirituales de la Iglesia testimonian la permanencia de estos dos principios de interpretaci\u00f3n que estructuran la celebraci\u00f3n eclesial de la Palabra de Dios e inspiran el testimonio cristiano. En este sentido, el Concilio Vaticano II precis\u00f3 ulteriormente que, para descubrir el sentido exacto de los textos sagrados, hay que prestar atenci\u00f3n al contenido y a la unidad de toda la Escritura, teniendo en cuenta la Tradici\u00f3n viva de toda la Iglesia y la analog\u00eda de la fe<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn70\">[70]<\/a>. En la perspectiva de un acercamiento eclesial a la Biblia, ser\u00e1 de gran ayuda una lectura individual y en grupo de la Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20100930_verbum-domini.html\">Verbum Domini<\/a><\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">71. La presencia cristiana en los pa\u00edses b\u00edblicos de Oriente Medio va mucho m\u00e1s all\u00e1 de una pertenencia sociol\u00f3gica o de un simple logro econ\u00f3mico y cultural. La presencia cristiana tomar\u00e1 un nuevo impulso si recupera la savia de los or\u00edgenes, siguiendo a los primeros disc\u00edpulos elegidos por Jes\u00fas para ser sus compa\u00f1eros y para enviarlos a predicar (cf.&nbsp;<em>Mc<\/em>&nbsp;3,14). Para que la Palabra de Dios sea el alma y el fundamento de la vida cristiana, la difusi\u00f3n de la Biblia en las familias favorecer\u00e1 la lectura y la meditaci\u00f3n cotidiana de la Palabra de Dios (<em>lectio divina<\/em>). As\u00ed se pone en pr\u00e1ctica de manera apropiada una aut\u00e9ntica pastoral b\u00edblica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">72. Los medios de comunicaci\u00f3n modernos pueden ser un instrumento apto para el anuncio de la Palabra, y favorecer su lectura y meditaci\u00f3n. Con una explicaci\u00f3n sencilla y accesible de la Biblia, se contribuir\u00e1 a despejar muchos prejuicios o ideas err\u00f3neas sobre ella, de las cuales provienen controversias in\u00fatiles y humillantes<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn71\">[71]<\/a>. En este sentido, ser\u00eda oportuno que incluyera las distinciones necesarias entre&nbsp;<em>inspiraci\u00f3n<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>revelaci\u00f3n<\/em>, puesto que la ambig\u00fcedad de estos dos conceptos en el esp\u00edritu de muchos falsea su modo de entender los textos sagrados, lo que no deja de tener consecuencias para el futuro del di\u00e1logo interreligioso. Estos medios pueden ayudar tambi\u00e9n a la difusi\u00f3n del magisterio de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">73. Para alcanzar estos objetivos, conviene sostener los medios de comunicaci\u00f3n ya existentes y favorecer el desarrollo de nuevas estructuras apropiadas. La formaci\u00f3n de un personal especializado en este sector neur\u00e1lgico, no s\u00f3lo desde el punto de vista t\u00e9cnico, sino tambi\u00e9n doctrinal y \u00e9tico, es una urgencia cada vez mayor, de modo especial con vistas a la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">74. Pero, independientemente del puesto que se les asigne, el uso de los medios de comunicaci\u00f3n social no podr\u00e1 sustituir a la meditaci\u00f3n de la Palabra de Dios, su interiorizaci\u00f3n y su aplicaci\u00f3n para responder a las cuestiones de los fieles. Nacer\u00e1 as\u00ed en ellos una familiaridad con las Escrituras, una b\u00fasqueda y una profundizaci\u00f3n de la espiritualidad, y un compromiso en el apostolado y en la misi\u00f3n<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn72\">[72]<\/a>. Teniendo en cuenta las condiciones pastorales de cada pa\u00eds de la regi\u00f3n, se podr\u00eda proclamar eventualmente un&nbsp;<em>A\u00f1o b\u00edblico<\/em>, seguido, si se considera oportuno, de una&nbsp;<em>Semana anual de la Biblia<\/em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn73\">[73]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>La liturgia y la vida sacramental<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">75. A lo largo de toda la historia, la liturgia ha sido para los fieles de Oriente Medio un elemento esencial de unidad espiritual y de comuni\u00f3n. En efecto, la liturgia refleja de modo privilegiado la tradici\u00f3n de los Ap\u00f3stoles, continuada y desarrollada en las tradiciones particulares de las Iglesias de Oriente y Occidente. Una renovaci\u00f3n de los textos y celebraciones lit\u00fargicas, all\u00ed donde fuera necesaria, permitir\u00eda a los fieles asimilar mejor la tradici\u00f3n y la riqueza b\u00edblica y patr\u00edstica, teol\u00f3gica y espiritual<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn74\">[74]<\/a>&nbsp;de las liturgias, en la experiencia del misterio al que introducen. Una empresa semejante se debe llevar a cabo, en la medida de lo posible, colaborando con las Iglesias que no est\u00e1n en plena comuni\u00f3n, pero que tambi\u00e9n son depositarias de las mismas tradiciones lit\u00fargicas. La deseada renovaci\u00f3n lit\u00fargica debe estar fundada sobre la Palabra de Dios, la tradici\u00f3n propia de cada Iglesia y las nuevas aportaciones teol\u00f3gicas y antropol\u00f3gicas cristianas. Dar\u00e1 fruto si los cristianos adquieren la convicci\u00f3n de que la vida sacramental los introduce profundamente en la vida nueva en Cristo (cf.&nbsp;<em>Rm<\/em>&nbsp;6,1-6;&nbsp;<em>2 Co<\/em>&nbsp;5,17), fuente de comuni\u00f3n y testimonio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">76. Existe un v\u00ednculo vital entre la liturgia, fuente y culmen de la vida de la Iglesia, que funda la unidad del episcopado y de la Iglesia universal, y el ministerio de Pedro, que mantiene esta unidad. La liturgia expresa esta realidad, especialmente en la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, que se hace en uni\u00f3n no s\u00f3lo con el obispo, sino ante todo con el Papa, con el orden episcopal, con el clero y con todo el Pueblo de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">77. Por el sacramento del bautismo, conferido en el nombre de la Sant\u00edsima Trinidad, entramos en la comuni\u00f3n del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, y somos configurados con Cristo para llevar una vida nueva (cf.&nbsp;<em>Rm<\/em>&nbsp;6,11-14;&nbsp;<em>Col<\/em>&nbsp;2,12), una vida de fe y de conversi\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Mc<\/em>&nbsp;16,15-16;&nbsp;<em>Hch<\/em>&nbsp;2,38). El bautismo nos incorpora tambi\u00e9n al Cuerpo de Cristo, la Iglesia, germen y anticipaci\u00f3n de la humanidad reconciliada en Cristo (cf.&nbsp;<em>2 Co<\/em>&nbsp;5,19). En comuni\u00f3n con Dios, los bautizados est\u00e1n llamados a vivir aqu\u00ed y ahora en comuni\u00f3n fraterna entre s\u00ed, desarrollando una solidaridad real con los dem\u00e1s miembros de la familia humana, sin discriminaciones basadas en motivos de raza y religi\u00f3n, por ejemplo. En este contexto, hay que vigilar para que la preparaci\u00f3n sacramental de los j\u00f3venes y los adultos se lleve a cabo con la mayor profundidad y durante un periodo que no sea demasiado breve.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">78. La Iglesia cat\u00f3lica considera el bautismo v\u00e1lidamente conferido como \u00abel v\u00ednculo sacramental de unidad entre todos los que con \u00e9l se han regenerado\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn75\">[75]<\/a>. Que no tarde en llegar el d\u00eda en que veamos un acuerdo ecum\u00e9nico entre la Iglesia cat\u00f3lica y las Iglesias con las que mantiene un di\u00e1logo teol\u00f3gico sobre el reconocimiento mutuo del bautismo, con vistas a restaurar despu\u00e9s la plena comuni\u00f3n en la fe apost\u00f3lica. De ello depende en parte la credibilidad del mensaje y del testimonio cristiano en Oriente Medio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">79. La Eucarist\u00eda, con la cual la Iglesia celebra el gran misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jesucristo para la salvaci\u00f3n de muchos, funda la comuni\u00f3n eclesial y la lleva a su plenitud. San Pablo ha erigido esto admirablemente en un principio eclesiol\u00f3gico con estas palabras: \u00abPorque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan\u00bb (<em>1 Co<\/em>&nbsp;10,17). La Iglesia de Cristo, sufriendo en su misi\u00f3n el drama de las divisiones y separaciones, y no deseando que sus miembros se re\u00fanan para su propia condenaci\u00f3n (cf.&nbsp;<em>1 Co<\/em>&nbsp;11,17-34), espera ardientemente que se acerque el d\u00eda en que todos los cristianos puedan finalmente comulgar juntos de un mismo pan en la unidad de un solo cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">80. En la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, la Iglesia experimenta cotidianamente tambi\u00e9n la comuni\u00f3n de sus miembros con vistas al testimonio diario en la sociedad, que es una dimensi\u00f3n esencial de la esperanza cristiana. As\u00ed, la Iglesia toma conciencia de la unidad intr\u00ednseca de la esperanza escatol\u00f3gica y del compromiso en el mundo cuando hace memoria de toda la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n: desde la encarnaci\u00f3n hasta la parus\u00eda. Esta noci\u00f3n se podr\u00eda profundizar m\u00e1s en una \u00e9poca en que la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la fe se ha debilitado, y en la que el sentido cristiano de la historia, como camino hacia su cumplimiento en Dios, se desvanece en favor de proyectos limitados \u00fanicamente al horizonte humano. Peregrinos en camino hacia Dios, siguiendo a innumerables ermita\u00f1os y monjes, buscadores del Absoluto, los cristianos que viven en Oriente Medio sabr\u00e1n encontrar en la Eucarist\u00eda la fuerza y la luz necesarias para testimoniar el evangelio, a menudo contra corriente y a pesar de innumerables limitaciones. Se apoyar\u00e1n en la intercesi\u00f3n de los justos, santos, m\u00e1rtires y confesores, y de todos los que han agradado al Se\u00f1or, como se canta en nuestras liturgias de Oriente y Occidente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">81. El sacramento del perd\u00f3n y de la reconciliaci\u00f3n, del que junto con los Padres sinodales deseo una renovaci\u00f3n en su comprensi\u00f3n y en su pr\u00e1ctica entre los fieles, es una invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn76\">[76]<\/a>. En efecto, Cristo pide claramente: Cuando vayas a \u00abpresentar tu ofrenda sobre el altar\u2026, vete primero a reconciliarte con tu hermano\u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;5,23-24). La conversi\u00f3n sacramental es un don que requiere ser mejor acogido y practicado. El sacramento del perd\u00f3n y de la reconciliaci\u00f3n perdona ciertamente los pecados, pero tambi\u00e9n cura. Recibirlo con mayor frecuencia favorece la formaci\u00f3n de la conciencia y la reconciliaci\u00f3n, ayudando a superar los diferentes miedos y a luchar contra la violencia. Pues s\u00f3lo Dios da la paz aut\u00e9ntica (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;14,27). En este sentido, exhorto a los pastores, as\u00ed como a los fieles que est\u00e1n a su cuidado, a purificar incesantemente la memoria individual y colectiva, liberando de prejuicios los esp\u00edritus a trav\u00e9s de la aceptaci\u00f3n mutua y la colaboraci\u00f3n con las personas de buena voluntad. Exhorto tambi\u00e9n a promover toda iniciativa de paz y reconciliaci\u00f3n, incluso en medio de las persecuciones, para ser de verdad disc\u00edpulos de Cristo seg\u00fan el esp\u00edritu de las bienaventuranzas (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;5,3-12). Es necesario que la \u00abbuena conducta\u00bb de los cristianos (cf.&nbsp;<em>1 P<\/em>&nbsp;3,16) se convierta por su ejemplaridad en levadura en la masa humana (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;13,20-21), pues se funda en Cristo, que invita a la perfecci\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;5,48;&nbsp;<em>St<\/em>&nbsp;1,4;&nbsp;<em>1 P<\/em>&nbsp;1,16).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La oraci\u00f3n y las peregrinaciones<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">82. La Asamblea especial del S\u00ednodo de los Obispos para Oriente Medio ha subrayado con vigor la necesidad de la oraci\u00f3n en la vida de la Iglesia, para dejarse transformar por su Se\u00f1or y para que cada fiel permita que Cristo viva en \u00e9l (cf.&nbsp;<em>Ga<\/em>&nbsp;2,20). En efecto, como el mismo Jes\u00fas nos muestra retir\u00e1ndose a orar en los momentos decisivos de su vida, la eficacia de la misi\u00f3n evangelizadora, y por tanto del testimonio, tiene su fuente en la oraci\u00f3n. Con su oraci\u00f3n personal y comunitaria, el creyente, abri\u00e9ndose a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu de Dios, hace penetrar en el mundo la riqueza del amor y la luz de la esperanza que hay en \u00e9l (cf.&nbsp;<em>Rm<\/em>&nbsp;5,5). Que el deseo de rezar crezca entre los pastores del Pueblo de Dios y entre los fieles, para que la contemplaci\u00f3n del rostro de Cristo inspire cada vez m\u00e1s su testimonio y su acci\u00f3n. Jes\u00fas recomend\u00f3 a sus disc\u00edpulos orar sin cesar y sin desfallecer (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;18,1). Las situaciones humanas dolorosas causadas por el ego\u00edsmo, la iniquidad o la voluntad de poder, pueden provocar cansancio y des\u00e1nimo. Por eso, Jes\u00fas recomienda la oraci\u00f3n continua. Ella es la verdadera \u00abtienda del encuentro\u00bb (cf.&nbsp;<em>Ex<\/em>&nbsp;40,34), el lugar privilegiado de la comuni\u00f3n con Dios y con los hombres. Recordemos el significado del nombre del Ni\u00f1o cuyo nacimiento fue anunciado por Isa\u00edas y que trae la salvaci\u00f3n: Emmanuel, \u00abDios con nosotros\u00bb (cf.&nbsp;<em>Is<\/em>&nbsp;7,14;&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;1,23). Jes\u00fas es nuestro Emmanuel, verdadero Dios con nosotros. Invoqu\u00e9moslo con fervor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">83. Oriente Medio, tierra de la revelaci\u00f3n b\u00edblica, ha sido desde muy pronto una meta privilegiada de peregrinaci\u00f3n para muchos cristianos, venidos de todo el mundo para fortalecer su fe y vivir una experiencia profundamente espiritual. Se trataba entonces de un gesto penitencial que respond\u00eda a una aut\u00e9ntica sed de Dios. La peregrinaci\u00f3n b\u00edblica actual debe volver a esta intuici\u00f3n inicial. Inspirada en la penitencia para la conversi\u00f3n y en la b\u00fasqueda de Dios, y poniendo sus pasos sobre los pasos terrenos de Cristo y de los ap\u00f3stoles, la peregrinaci\u00f3n a los lugares santos y apost\u00f3licos, vivida con fe y hondura, puede ser una aut\u00e9ntica&nbsp;<em>sequela Christi<\/em>. En un segundo momento, permite tambi\u00e9n que los fieles se impregnen m\u00e1s de la riqueza visual de la historia b\u00edblica, que les recordar\u00e1 los grandes momentos de la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n. Conviene igualmente que se asocie la peregrinaci\u00f3n b\u00edblica a la peregrinaci\u00f3n a los santuarios de los m\u00e1rtires y los santos, en los que la Iglesia venera a Cristo, fuente de su martirio y de su santidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">84. Ciertamente, la Iglesia vive en la espera vigilante y confiada de la llegada final del Esposo (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;25,1-13). Recuerda, siguiendo a su Maestro, que la verdadera adoraci\u00f3n es en esp\u00edritu y verdad, y no est\u00e1 limitada a un lugar santo, por importante que sea en la conciencia de los creyentes por su simbolismo y religiosidad (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;4,21.23). La Iglesia, y en ella todo bautizado, siente sin embargo la necesidad leg\u00edtima de un retorno a las fuentes. En los lugares donde se produjeron los acontecimientos de la salvaci\u00f3n, todo peregrino podr\u00e1 comprometerse en un camino de conversi\u00f3n a su Se\u00f1or y encontrar un nuevo impulso. Deseo que los fieles de Oriente Medio puedan hacerse ellos mismos peregrinos en estos lugares santificados por el Se\u00f1or y tener acceso libre sin restricci\u00f3n a los mismos. Por otra parte, las peregrinaciones a estos lugares ayudar\u00e1n a los cristianos no orientales a descubrir la riqueza lit\u00fargica y espiritual de las Iglesias orientales. Contribuir\u00e1n asimismo a sostener y animar las comunidades cristianas a permanecer fiel y valerosamente en estas tierras benditas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La evangelizaci\u00f3n y la caridad: misi\u00f3n de la Iglesia<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">85. La transmisi\u00f3n de la fe cristiana es una misi\u00f3n esencial para la Iglesia. Para poder responder mejor a los desaf\u00edos del mundo actual, invito a todos los fieles de la Iglesia a una nueva evangelizaci\u00f3n. Para que \u00e9sta d\u00e9 sus frutos, debe permanecer fiel a la fe en Jesucristo. \u00ab\u00a1Ay de m\u00ed si no anuncio el Evangelio!\u00bb (<em>1 Co<\/em>&nbsp;9,16), exclamaba san Pablo. En la inestable situaci\u00f3n actual, esta nueva evangelizaci\u00f3n quiere lograr que los fieles tomen conciencia de que su testimonio de vida<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn77\">[77]<\/a>&nbsp;da fuerza a su palabra cuando se atreven a hablar de Dios abierta y valientemente para anunciar la Buena Nueva de la salvaci\u00f3n. Tambi\u00e9n toda la Iglesia cat\u00f3lica presente en Oriente Medio est\u00e1 invitada, con la Iglesia universal, a comprometerse en esta evangelizaci\u00f3n, teniendo en cuenta con discernimiento el contexto cultural y social actual, sabiendo reconocer sus expectativas y sus l\u00edmites. Es, ante todo, una llamada a dejarse evangelizar de nuevo para reencontrarse con Cristo, una llamada que se dirige a toda comunidad eclesial y a cada uno de sus miembros. Pues, como recordaba el Papa Pablo VI: \u00abEl que ha sido evangelizado evangeliza a su vez. He ah\u00ed la prueba de la verdad, la piedra de toque de la evangelizaci\u00f3n: es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al reino sin convertirse en alguien que a su vez da testimonio y anuncia\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn78\">[78]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">86. Profundizar en el sentido teol\u00f3gico y pastoral de esta evangelizaci\u00f3n es una tarea importante para \u00abcompartir el don inestimable que Dios ha querido darnos, haci\u00e9ndonos part\u00edcipes de su propia vida\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn79\">[79]<\/a>. Dicha reflexi\u00f3n deber\u00e1 abrirse a las dos dimensiones, la ecum\u00e9nica y la interreligiosa, inherentes a la vocaci\u00f3n y a la misi\u00f3n propia de la Iglesia cat\u00f3lica en Oriente Medio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">87. Desde hace bastantes a\u00f1os, los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades est\u00e1n presentes en Oriente Medio. Son un don del Esp\u00edritu a nuestra \u00e9poca. No se debe apagar el Esp\u00edritu (cf.&nbsp;<em>1 Ts<\/em>&nbsp;5,19); sin embargo, corresponde a cada uno y a cada comunidad poner su carisma al servicio del bien com\u00fan (cf.&nbsp;<em>1 Co<\/em>&nbsp;12,7). La Iglesia cat\u00f3lica en Oriente Medio se alegra del testimonio de fe y de comuni\u00f3n fraterna de estas comunidades, donde se re\u00fanen cristianos de varias Iglesias, sin confusi\u00f3n ni proselitismo. Animo a los miembros de estos movimientos y comunidades a ser art\u00edfices de comuni\u00f3n y testigos de la paz que viene de Dios, en uni\u00f3n con el obispo del lugar y seg\u00fan sus directrices pastorales, teniendo en cuenta la historia, la liturgia, la espiritualidad y la cultura de la Iglesia local<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn80\">[80]<\/a>. As\u00ed demostrar\u00e1n su adhesi\u00f3n generosa y su deseo de servir a la Iglesia particular y a la Iglesia universal. Por \u00faltimo, su buena integraci\u00f3n manifestar\u00e1 la comuni\u00f3n en la diversidad y ayudar\u00e1 a la nueva evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">88. Cada una de las Iglesias cat\u00f3licas presentes en Oriente Medio, herederas de un impulso apost\u00f3lico que ha llevado la Buena Nueva a tierras lejanas, est\u00e1n invitadas tambi\u00e9n a renovar su esp\u00edritu misionero por la formaci\u00f3n y el env\u00edo de hombres y mujeres orgullosos de su fe en Cristo, muerto y resucitado, y capaces de anunciar con valor el Evangelio, tanto en su regi\u00f3n como en los territorios de la di\u00e1spora, o incluso en otros pa\u00edses del mundo<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn81\">[81]<\/a>. El&nbsp;<em><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.annusfidei.va\/\" rel=\"noreferrer noopener\">A\u00f1o de la Fe<\/a><\/em>, que se sit\u00faa en el contexto de la nueva evangelizaci\u00f3n, si se vive con una convicci\u00f3n intensa, ser\u00e1 un excelente est\u00edmulo para promover una evangelizaci\u00f3n interna de las Iglesias de la regi\u00f3n, y para consolidar el testimonio cristiano. Dar a conocer al Hijo de Dios muerto y resucitado, el \u00fanico Salvador de todos, es un deber constitutivo de la Iglesia y una responsabilidad imperativa para todo bautizado. Dios \u00abquiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad\u00bb (<em>1 Tm<\/em>&nbsp;2,4). Frente a esta misi\u00f3n urgente y exigente, y en un contexto multicultural y religiosamente plural, la Iglesia goza de la asistencia del Esp\u00edritu Santo, don del Se\u00f1or resucitado, que sigue sosteniendo a los suyos, y del tesoro de las grandes tradiciones espirituales que ayudan a buscar a Dios. Animo a las circunscripciones eclesi\u00e1sticas, a los Institutos religiosos y a los movimientos a desarrollar un aut\u00e9ntico esp\u00edritu misionero, que ser\u00e1 para ellos prenda de renovaci\u00f3n espiritual. Para esta misi\u00f3n, la Iglesia cat\u00f3lica en Oriente Medio puede contar con el apoyo de la Iglesia universal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">89. La Iglesia cat\u00f3lica en Oriente Medio trabaja desde hace mucho tiempo a trav\u00e9s de una red de instituciones educativas, sociales y caritativas. Hace suya la exhortaci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abCada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, conmigo lo hicisteis\u00bb (<em>Mt&nbsp;<\/em>25,40). Acompa\u00f1a el anuncio del evangelio con obras de caridad, de acuerdo con la naturaleza misma de la caridad cristiana, respondiendo a las necesidades inmediatas de todos, cualquiera que sea su religi\u00f3n, independientemente de partidos e ideolog\u00edas, con la \u00fanica finalidad de vivir en la tierra el amor de Dios por los seres humanos<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn82\">[82]<\/a>. A trav\u00e9s del testimonio de la caridad, la Iglesia aporta su contribuci\u00f3n a la vida de la sociedad y desea contribuir a la paz que la regi\u00f3n necesita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">90. Jesucristo se acerca a los m\u00e1s d\u00e9biles. La Iglesia, guiada por su ejemplo, trabaja en el servicio de acogida de los ni\u00f1os en las guarder\u00edas y orfanatos, en el de los pobres, de las personas discapacitadas, de los enfermos y de toda persona necesitada para que se integre cada vez m\u00e1s en la comunidad humana. La Iglesia cree en la dignidad inalienable de toda persona humana y adora a Dios, creador y padre, sirviendo a sus criaturas tanto en sus necesidades materiales como espirituales. Es por Jes\u00fas, Dios y hombre verdadero, por quien la Iglesia realiza su ministerio de consolaci\u00f3n que s\u00f3lo busca reflejar la caridad de Dios por la humanidad. Quisiera manifestar aqu\u00ed mi admiraci\u00f3n y mi agradecimiento a todas las personas que consagran su vida a este noble ideal, y asegurarles la bendici\u00f3n de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">91. Los centros educativos, las escuelas, los institutos superiores y las universidades cat\u00f3licas de Oriente Medio son numerosos. Los religiosos, las religiosas y los laicos que trabajan en ellos realizan una labor impresionante que aprecio y animo. Sin hacer proselitismo, esas instituciones educativas cat\u00f3licas acogen a alumnos o estudiantes de otras Iglesias y de otras religiones<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn83\">[83]<\/a>. Siendo inestimables instrumentos de cultura para formar a los j\u00f3venes en el conocimiento, demuestran de manera palpable que en Oriente Medio es posible vivir en el respeto y la colaboraci\u00f3n, mediante una educaci\u00f3n en la tolerancia y una b\u00fasqueda continua de calidad humana. Asimismo, est\u00e1n atentas a las culturas locales, que desean promover subrayando los elementos positivos que contienen. Una gran solidaridad entre los padres, los estudiantes, las universidades y las eparqu\u00edas y di\u00f3cesis, sostenida por la ayuda de cajas de mutualidad, permitir\u00e1 garantizar a todos el acceso a la educaci\u00f3n, sobre todo a aquellos que no tienen los recursos necesarios. La Iglesia pide tambi\u00e9n a los distintos responsables pol\u00edticos que sostengan a estas instituciones que, por su actividad, contribuyen real y eficazmente al bien com\u00fan, a la construcci\u00f3n y al futuro de las distintas naciones<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn84\">[84]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>La catequesis y la formaci\u00f3n cristiana<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">92. San Pedro recuerda en su primera carta: \u00abDeb\u00e9is estar siempre dispuestos para dar explicaci\u00f3n a todo el que os pida una raz\u00f3n de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto\u00bb (3,15-16). Los bautizados han recibido el don de la fe. Ella inspira toda su vida y los lleva a dar raz\u00f3n con delicadeza y respeto de las personas, pero tambi\u00e9n con franqueza y valent\u00eda (cf.&nbsp;<em>Hch<\/em>&nbsp;4,29ss). Tambi\u00e9n han de ser iniciados de manera adecuada en la celebraci\u00f3n de los santos misterios, introducidos en el conocimiento de la doctrina revelada e invitados a la coherencia de vida y del obrar cotidiano. Esta formaci\u00f3n de los fieles se asegura ante todo por la catequesis, cuando sea posible en una fraterna colaboraci\u00f3n entre las distintas Iglesias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">93. La liturgia, y en primer lugar la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, es una escuela de fe que conduce al testimonio. La Palabra de Dios anunciada de manera adecuada debe llevar a los fieles a descubrir su presencia y su eficacia en su vida y en la de los hombres de hoy. El&nbsp;<em>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica&nbsp;<\/em>es una base necesaria. Como ya he indicado, se debe alentar su lectura y su ense\u00f1anza, como tambi\u00e9n una iniciaci\u00f3n concreta a la Doctrina social de la Iglesia, expresada de modo especial en el&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/pontifical_councils\/justpeace\/documents\/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html\">Compendio de la doctrina social de la Iglesia<\/a>,&nbsp;<\/em>as\u00ed como en los grandes documentos del Magisterio pontificio<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftn85\">[85]<\/a>.La realidad de la vida eclesial en Oriente Medio y la ayuda mutua en la diacon\u00eda de la caridad permiten que esta formaci\u00f3n tenga una dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica, seg\u00fan la especificidad de los lugares y de acuerdo con las autoridades eclesiales respectivas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">94. Por otra parte, el compromiso de los cristianos en la Iglesia y en las instituciones civiles se reforzar\u00e1 mediante una s\u00f3lida formaci\u00f3n espiritual. Parece necesario facilitar a los fieles, sobre todo a aquellos que viven en las tradiciones orientales y a causa de la historia de sus Iglesias, el acceso a los tesoros de los Padres de la Iglesia y de los maestros espirituales. Invito a los S\u00ednodos y a los dem\u00e1s organismos episcopales a reflexionar seriamente en la realizaci\u00f3n progresiva de este anhelo y en la actualizaci\u00f3n necesaria de la ense\u00f1anza patr\u00edstica, que completar\u00e1 la formaci\u00f3n b\u00edblica. Esto implica en primer lugar que los sacerdotes, los consagrados y los seminaristas o novicios aprovechen estos tesoros para profundizar su vida personal de fe, para que despu\u00e9s puedan compartirlos con seguridad. Las ense\u00f1anzas de los maestros espirituales de Oriente y de Occidente, y las de los santos y santas, ayudar\u00e1n a quienes buscan verdaderamente a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><a>CONCLUSI\u00d3N<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">95. \u00abNo temas, peque\u00f1o reba\u00f1o\u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;12,32). Con estas palabras de Cristo, quisiera alentar a todos los pastores y fieles cristianos de Oriente Medio a mantener viva con valent\u00eda la llama del amor divino en la Iglesia y en sus ambientes de vida y de actividades. De este modo conservar\u00e1n \u00edntegras la esencia y la misi\u00f3n de la Iglesia, tal como Cristo las ha querido. Y, tambi\u00e9n as\u00ed, las particularidades leg\u00edtimas e hist\u00f3ricas enriquecer\u00e1n la comuni\u00f3n entre los bautizados, con el Padre y con su Hijo Jesucristo, cuya sangre purifica todo pecado (cf.&nbsp;<em>1 Jn&nbsp;<\/em>1,3.6-7). Al alba del cristianismo, san Pedro, ap\u00f3stol de Jesucristo, escribi\u00f3 su Primera carta a algunas comunidades creyentes de Asia Menor en dificultad. En los comienzos de este nuevo milenio, ha sido oportuno que se reuniesen en S\u00ednodo, junto al Sucesor de Pedro, los pastores y los fieles de Oriente Medio, y tambi\u00e9n de otros lugares, para rezar y reflexionar juntos. La exigencia apost\u00f3lica y la complejidad del momento invitan a la oraci\u00f3n y al dinamismo pastoral. La urgencia de la hora presente y la injusticia de tantas situaciones dram\u00e1ticas, releyendo la Primera carta de san Pedro, llaman a unirse para testimoniar juntos a Cristo muerto y resucitado. Este estar juntos, esta comuni\u00f3n querida por nuestro Se\u00f1or y Dios, es m\u00e1s necesaria que nunca. Dejemos de lado todo lo que parece ser causa de insatisfacci\u00f3n, aunque sea leg\u00edtimo, para concentrarnos con un solo coraz\u00f3n en lo \u00fanico necesario: unir en el Hijo \u00fanico a todos los hombres y todo el universo (cf.&nbsp;<em>Rm<\/em>&nbsp;8,29;&nbsp;<em>Ef<\/em>&nbsp;1,5.10).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">96. Cristo confi\u00f3 a Pedro la misi\u00f3n espec\u00edfica de apacentar sus ovejas (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;21,15-17) y sobre \u00e9l edific\u00f3 su Iglesia (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;16,18). Como Sucesor de Pedro, no olvido las tribulaciones y los sufrimientos de los fieles de Cristo y, sobre todo, de quienes viven en Oriente Medio. El Papa est\u00e1 unido espiritualmente a ellos de modo particular. Por eso, en nombre de Dios, pido a los responsables pol\u00edticos y religiosos de estas sociedades no s\u00f3lo que alivien esos sufrimientos, sino que eliminen las causas que los producen. Les pido que hagan todo lo posible para que por fin reine la paz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">97. El Papa nunca olvida que la Iglesia \u2013la ciudad santa, la Jerusal\u00e9n celestial\u2013, de la que Cristo es la piedra angular (cf.&nbsp;<em>1 P&nbsp;<\/em>2,4.7) y del que \u00e9l mismo ha recibido la misi\u00f3n de cuidar en esta tierra, est\u00e1 construida sobre cimientos hechos de diferentes piedras preciosas de muchos colores (cf.&nbsp;<em>Ap&nbsp;<\/em>21,14.19-20). Las venerables Iglesias orientales y la Iglesia de rito latino son esas joyas espl\u00e9ndidas, que se postran en adoraci\u00f3n ante \u00abel r\u00edo de agua de vida, reluciente como el cristal, que brota del trono de Dios y del Cordero\u00bb (<em>Ap&nbsp;<\/em>22,1).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">98. Para permitir a los hombres ver el rostro de Dios y su nombre escrito en sus frentes (cf.&nbsp;<em>Ap<\/em>&nbsp;22,4) por la bendici\u00f3n de Dios, invito a todos los fieles cat\u00f3licos a dejarse guiar por el Esp\u00edritu de Dios para consolidar m\u00e1s la comuni\u00f3n entre ellos, y a vivir en una fraternidad sencilla y gozosa. S\u00e9 que ciertas circunstancias pueden llevar a veces a ceder a componendas que amenazan con romper la comuni\u00f3n humana y cristiana. Por desgracia, se llega a eso con demasiada frecuencia, y esta tibieza disgusta a Dios (cf.&nbsp;<em>Ap<\/em>&nbsp;3,15-19). La luz de Cristo (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;12,46) quiere llegar a todos los rincones de la tierra y del hombre, incluso a los m\u00e1s sombr\u00edos (cf.&nbsp;<em>1 P<\/em>&nbsp;2,9). Para ser l\u00e1mpara portadora de la \u00fanica Luz (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;11,33-36) y poder dar testimonio por doquier (cf.&nbsp;<em>Mc<\/em>&nbsp;16,15-18), hay que elegir el camino que conduce a la vida (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;7,14), dejando atr\u00e1s las obras est\u00e9riles de las tinieblas (cf.&nbsp;<em>Ef&nbsp;<\/em>5,9-14) y rechaz\u00e1ndolas con determinaci\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Rm<\/em>&nbsp;13,12ss).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">99. Que la fraternidad de los cristianos, por su testimonio, se convierta en levadura en la masa humana (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;13,33). Que los cristianos de Oriente Medio, cat\u00f3licos y otros, den con valent\u00eda en unidad este testimonio nada f\u00e1cil, pero apasionante a causa de Cristo, a fin de recibir la corona de la vida (cf.&nbsp;<em>Ap<\/em>&nbsp;2,10b). El conjunto de la comunidad cristiana los anima y los sostiene. Que la prueba que viven algunos de nuestros hermanos y hermanas (cf.&nbsp;<em>Sal<\/em>&nbsp;66,10;&nbsp;<em>Is<\/em>&nbsp;48,10;&nbsp;<em>1 P&nbsp;<\/em>1,7), fortalezca la fidelidad y la fe de todos. \u00abA vosotros, gracia y paz abundantes\u2026 Paz a todos vosotros, los que viv\u00eds en Cristo\u00bb (<em>1 P&nbsp;<\/em>1,2b; 5,14b).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">100. El coraz\u00f3n de Mar\u00eda,&nbsp;<em>Th\u00e9otokos<\/em>&nbsp;y Madre de la Iglesia, fue traspasado (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>2,34-35) a causa de la \u00abcontradicci\u00f3n\u00bb que ha tra\u00eddo su divino Hijo, es decir, por la oposici\u00f3n y la hostilidad a la misi\u00f3n de luz que Cristo afront\u00f3, y que la Iglesia, su Cuerpo m\u00edstico, sigue viviendo. Mar\u00eda, a la que toda la Iglesia venera con ternura, tanto en Oriente como en Occidente, nos asistir\u00e1 maternalmente. Mar\u00eda, la Toda Santa, que camin\u00f3 entre nosotros, sabr\u00e1 presentar nuevamente nuestras necesidades a su divino Hijo. Ella nos ofrece a su Hijo. Escuch\u00e9mosla, porque nos abre a la esperanza: \u00abHaced lo que \u00e9l os diga\u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;2,5).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Beirut, L\u00edbano, 14 de septiembre de 2012, fiesta de la Exaltaci\u00f3n de la Santa Cruz, octavo a\u00f1o de mi Pontificado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>BENEDICTUS PP. XVI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref1\">[1]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/homilies\/2010\/documents\/hf_ben-xvi_hom_20101010_sinodo-mo.html\">Homil\u00eda en la apertura de la Asamblea especial del S\u00ednodo de los Obispos para Oriente Medio&nbsp;<\/a><\/em>(10 octubre 2010):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;102 (2010), 805.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref2\">[2]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref3\">[3]<\/a>&nbsp;<em>C\u00f3digo de los c\u00e1nones de las Iglesias orientales<\/em>, c. 39; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_orientalium-ecclesiarum_sp.html\">Orientalium Ecclesiarum<\/a><\/em>, sobre las Iglesias orientales cat\u00f3licas, 1; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal&nbsp;<em>Una esperanza nueva para el L\u00edbano<\/em>&nbsp;(10 mayo 1997), 40:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;89 (1997), 346-347, donde se desarrolla el tema de la unidad entre la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica com\u00fan y las tradiciones eclesiales nacidas de ella en Oriente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref4\">[4]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/homilies\/2010\/documents\/hf_ben-xvi_hom_20101224_christmas.html\">Homil\u00eda en la Misa de Nochebuena en la Solemnidad de la Natividad del Se\u00f1or<\/a>&nbsp;<\/em>(24 diciembre 2010):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;103 (2011), 17-21.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref5\">[5]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref6\">[6]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>, sobre el ecumenismo, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref7\">[7]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2012\/january\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20120127_dottrina-fede.html\">A los participantes en la plenaria de la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe<\/a><\/em>&nbsp;(27 enero 2012),&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;104 (2012), 109.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref8\">[8]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a>,&nbsp;<\/em>sobre el ecumenismo, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref9\">[9]<\/a>&nbsp;Cf. Juan Pablo II, Carta enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html\">Ut unum sint<\/a><\/em>&nbsp;(25 mayo 1995), 83-84:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;87 (1995), 971-972.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref10\">[10]<\/a>&nbsp;Cf. Consejo pontificio para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos,&nbsp;<em>Directrices para la aplicaci\u00f3n de principios y normas sobre el Ecumenismo<\/em>&nbsp;(25 marzo 1993):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;85 (1993), 1039-1119.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref11\">[11]<\/a>&nbsp;Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_orientalium-ecclesiarum_sp.html\">Orientalium Ecclesiarum<\/a><\/em>, sobre las Iglesias orientales cat\u00f3licas, 24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref12\">[12]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a>,&nbsp;<\/em>sobre el ecumenismo, 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref13\">[13]<\/a>&nbsp;Cf. Id., Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_orientalium-ecclesiarum_sp.html\">Orientalium Ecclesiarum<\/a><\/em>, sobre las Iglesias orientales cat\u00f3licas, 26-27.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref14\">[14]<\/a>&nbsp;Cf. Id., Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a>,&nbsp;<\/em>sobre el ecumenismo, 15; Consejo pontificio para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos,&nbsp;<em>Directrices para la aplicaci\u00f3n de principios y normas sobre el Ecumenismo<\/em>&nbsp;(25 marzo 1993), 122-128:<em>&nbsp;AAS<\/em>&nbsp;85 (1993), 1086-1088.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref15\">[15]<\/a>&nbsp;Cf. Consejo pontificio para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos,&nbsp;<em>Directrices para la aplicaci\u00f3n de principios y normas sobre el Ecumenismo<\/em>&nbsp;(25 marzo 1993), 145:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;85 (1993), 1092.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref16\">[16]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;28, en que se proponen algunas iniciativas que son de competencia pastoral local y otras que afectan al conjunto de la Iglesia cat\u00f3lica, que se estudiar\u00e1n de acuerdo con la Sede de Pedro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref17\">[17]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;40.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref18\">[18]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2009\/may\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20090512_rabbini.html\">Discurso en la visita de cortes\u00eda a los dos grandes rabinos de Jerusal\u00e9n<\/a><\/em>, Jerusal\u00e9n (12 mayo 2009),&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;101 (2009), 522-523;&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;41.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref19\">[19]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref20\">[20]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;42.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref21\">[21]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decl.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Dignitatis humanae<\/a><\/em>, sobre la libertad religiosa, 2-8;&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20101208_xliv-world-day-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2011<\/a><\/em>:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;103 (2011), 46-58;&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2011\/january\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20110110_diplomatic-corps.html\">Discurso al Cuerpo Diplom\u00e1tico acreditado ante la Santa Sede<\/a><\/em>&nbsp;(10 enero 2011):<em>&nbsp;AAS<\/em>&nbsp;103 (2011), 100-107.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref22\">[22]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decl.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html\">Nostra Aetate<\/a><\/em>, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref23\">[23]<\/a>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2011\/november\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20111119_corpo-diplom.html\"><em>Discurso en el<\/em>&nbsp;<em>Encuentro con los miembros del Gobierno, los representantes de las Instituciones de la Rep\u00fablica, el Cuerpo Diplom\u00e1tico y los representantes de las principales religiones<\/em><\/a>&nbsp;(Cotonou, 19 noviembre 2011):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;103 (2011), 820.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref24\">[24]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/migration\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20051018_world-migrants-day.html\">Mensaje para la Jornada mundial del emigrante y del refugiado 2006<\/a><\/em>&nbsp;(18 octubre 2005)<em>:<\/em>&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;97 (2005), 981-983;&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/migration\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20071018_world-migrants-day.html\">Mensaje para la Jornada mundial del emigrante y del refugiado 2008<\/a><\/em>&nbsp;(18 octubre 2007):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;99 (2007) 1065-1068;&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/migration\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20110921_world-migrants-day.html\">Mensaje para la Jornada mundial del emigrante y del refugiado 2012<\/a><\/em>&nbsp;(21 septiembre 2011):&nbsp;<em>AAS&nbsp;<\/em>103 (2011), 763-766.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref25\">[25]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref26\">[26]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositiones<\/em>&nbsp;6; 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref27\">[27]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;12.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref28\">[28]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref29\">[29]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref30\">[30]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/homilies\/2010\/documents\/hf_ben-xvi_hom_20101024_chiusura-sinodo-mo.html\">Homil\u00eda en la Misa de clausura de la Asamblea especial del S\u00ednodo de los Obispos para Oriente Medio<\/a>&nbsp;<\/em>(24 octubre 2010):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;102 (2010), 815.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref31\">[31]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/homilies\/2010\/documents\/hf_ben-xvi_hom_20101010_sinodo-mo.html\">Homil\u00eda en la apertura de la Asamblea especial del S\u00ednodo de los Obispos para Oriente Medio&nbsp;<\/a>&nbsp;<\/em>(10 octubre 2010):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;102 (2010), 805.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref32\">[32]<\/a>&nbsp;Cf. Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Carta&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_con_cfaith_doc_28051992_communionis-notio_sp.html\">Communionis notio<\/a><\/em>, a los Obispos de la Iglesia cat\u00f3lica sobre algunos aspectos de la Iglesia considerada como comuni\u00f3n (28 mayo 1992), 9:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;85 (1993), 843-844; sobre todo el primer par\u00e1grafo, donde se dice: \u00ab\u201cLa Iglesia universal no puede ser concebida como la suma de las Iglesias particulares ni como una federaci\u00f3n de Iglesias particulares\u201d. No es el resultado de la comuni\u00f3n de las Iglesias, sino que, en su esencial misterio, es una realidad ontol\u00f3gica y temporalmente previa a cada concreta Iglesia particular\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref33\">[33]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 23.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref34\">[34]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>C\u00f3digo de los c\u00e1nones de las Iglesias orientales,<\/em>&nbsp;cann. 76,1-2; 92,1-2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref35\">[35]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>ib\u00edd<\/em>., can. 97.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref36\">[36]<\/a>&nbsp;Cf.<em>&nbsp;ib\u00edd.,&nbsp;<\/em>can<em>.&nbsp;<\/em>83,1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref37\">[37]<\/a>&nbsp;Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_20031016_pastores-gregis.html\">Pastores gregis<\/a>&nbsp;<\/em>(16 octubre 2003), 26:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;96 (2004), 859-860.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref38\">[38]<\/a>&nbsp;Id, Exhort. ap. postsinodal&nbsp;<em>Una esperanza nueva para el L\u00edbano<\/em>&nbsp;(10 mayo 1997), 60:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;89 (1997), 364.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref39\">[39]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref40\">[40]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>C\u00f3digo de los c\u00e1nones de las Iglesias orientales<\/em>, can. 192,1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref41\">[41]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref42\">[42]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum Ordinis<\/a><\/em>, sobre el ministerio y la vida de los presb\u00edteros, 4-6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref43\">[43]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Mensaje final<\/em>&nbsp;(22 octubre 2010), 4, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref44\">[44]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum Ordinis<\/a><\/em>, sobre el ministerio y la vida de los presb\u00edteros, 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref45\">[45]<\/a>&nbsp;Cf. Congregaci\u00f3n para la Educaci\u00f3n Cat\u00f3lica,&nbsp;<em>Ratio fundamentalis Institutionis sacerdotalis&nbsp;<\/em>(19 marzo 1985), 5-10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref46\">[46]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/letters\/2010\/documents\/hf_ben-xvi_let_20101018_seminaristi.html\">Carta a los seminaristas<\/a><\/em>&nbsp;(18 octubre 2010):<em>&nbsp;AAS&nbsp;<\/em>102 (2010), 793-798.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref47\">[47]<\/a>&nbsp;Cf. Juan Pablo II, Carta ap.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1995\/documents\/hf_jp-ii_apl_19950502_orientale-lumen.html\">Orientale Lumen<\/a><\/em>&nbsp;(2 mayo 1995):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;87 (1995), 745-774.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref48\">[48]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 44; Id., Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_perfectae-caritatis_sp.html\">Perfectae caritatis<\/a><\/em>, sobre la adecuada renovaci\u00f3n de la vida religiosa, 5; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031996_vita-consecrata.html\">Vita consecrata<\/a><\/em>&nbsp;(25 marzo 1996), 14, 30:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;88 (1996), 387-388; 403-404.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref49\">[49]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;26.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref50\">[50]<\/a>&nbsp;Cf. Congregaci\u00f3n para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apost\u00f3lica,&nbsp;<em>Instruc.&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/ccscrlife\/documents\/rc_con_ccscrlife_doc_20020614_ripartire-da-cristo_sp.html\">Caminar desde Cristo. Un renovado compromiso de la vida consagrada en el tercer milenio<\/a><\/em>&nbsp;(19 mayo 2002):&nbsp;<em>L\u2019Osservatore Romano<\/em>, ed. en lengua espa\u00f1ola (26-28 junio 2002), 5-14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref51\">[51]<\/a>&nbsp;Cf. Congregaci\u00f3n para los Religiosos y los Institutos Seculares y Congregaci\u00f3n para los Obispos,&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/ccscrlife\/documents\/rc_con_ccscrlife_doc_14051978_mutuae-relationes_sp.html\">Criterios sobre las relaciones entre Obispos y Religiosos en la Iglesia, Mutuae relationes<\/a><\/em>&nbsp;(14 mayo&nbsp;1978), 52-65:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;70 (1978), 500-505. Sobre el papel de los monjes en las Iglesias orientales cat\u00f3licas, cf.&nbsp;<em>C\u00f3digo de los c\u00e1nones de las Iglesias orientales<\/em>, cann., 410-572.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref52\">[52]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 30-38; Id., Decr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolicam actuositatem<\/a><\/em>, sobre el apostolado de los laicos; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/em>&nbsp;(30 diciembre 1988):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;81 (1989), 393-521.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref53\">[53]<\/a>&nbsp;Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal&nbsp;<em>Una esperanza nueva para el L\u00edbano<\/em>&nbsp;(10 mayo 1997), 45.103:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;89 (1997), 350-352. 400;&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref54\">[54]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/homilies\/2010\/documents\/hf_ben-xvi_hom_20101024_chiusura-sinodo-mo.html\">Homil\u00eda en la Misa de clausura de la Asamblea especial del S\u00ednodo de los Obispos para Oriente Medio<\/a>&nbsp;<\/em>(24 octubre 2010)<em>: AAS&nbsp;<\/em>102 (2010)<em>,<\/em>&nbsp;814.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref55\">[55]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 31.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref56\">[56]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;30.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref57\">[57]<\/a>&nbsp;Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/em>&nbsp;(30 diciembre1988), 57-63:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;81 (1989), 506-518.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref58\">[58]<\/a>&nbsp;Cf. Id., Exhort. ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/em>&nbsp;(22 noviembre 1981):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;74 (1982), 81-191; Santa Sede,&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/pontifical_councils\/family\/documents\/rc_pc_family_doc_19831022_family-rights_sp.html\">Carta de los derechos de la familia<\/a><\/em>&nbsp;(22 octubre 1983):&nbsp;<em>L\u2019Osservatore Romano<\/em>, ed. en lengua espa\u00f1ola (27 noviembre 1983), 9-10; Juan Pablo II,&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_let_02021994_families.html\">Carta a las familias<\/a>&nbsp;<\/em>(2 febrero 1994):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;86 (1994), 868-925; Consejo Pontificio de la Justicia y de la Paz,&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/pontifical_councils\/justpeace\/documents\/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html\">Compendio de la doctrina social de la Iglesia<\/a><\/em>, 209-254.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref59\">[59]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;35.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref60\">[60]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/homilies\/2009\/documents\/hf_ben-xvi_hom_20090514_precipizio.html\">Homil\u00eda en la Misa en el Monte del Precipicio, Nazaret<\/a><\/em>&nbsp;(14 mayo 2009):&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;101 (2009), 478-482.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref61\">[61]<\/a>&nbsp;Cf. Juan Pablo II, Carta ap.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1988\/documents\/hf_jp-ii_apl_19880815_mulieris-dignitatem.html\">Mulieris dignitatem<\/a><\/em>&nbsp;(15 agosto 1988), 10:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;80 (1988), 1676-1677.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref62\">[62]<\/a>&nbsp;Cf. Id., Exhort. ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/em>&nbsp;(30 diciembre 1988), 49:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;81 (1989), 486-487.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref63\">[63]<\/a>&nbsp;Cf. Id., Exhort. ap. postsinodal&nbsp;<em>Una nueva esperanza para el L\u00edbano<\/em>&nbsp;(10 mayo 1997), n. 50:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;89 (1997), 354-355;&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/press\/sinodo\/documents\/bollettino_24_speciale-medio-oriente-2010\/04_spagnolo\/b23_04.html#MENSAJE_AL_PUEBLO_DE_DIOS_\">Mensaje final<\/a>&nbsp;<\/em>(22 octubre 2010), 4,4;&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;27.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref64\">[64]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;36.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref65\">[65]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;27.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref66\">[66]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, sobre la Iglesia, 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref67\">[67]<\/a>&nbsp;Cf. Exhort. ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20100930_verbum-domini.html\">Verbum Domini<\/a><\/em>&nbsp;(30 septiembre 2010), 24:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;102 (2010), 704.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref68\">[68]<\/a>&nbsp;<em>Ib\u00edd.<\/em>, 19:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;102 (2010), 701.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref69\">[69]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II,Decr.<em>&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a>,<\/em>&nbsp;sobre el ecumenismo<em>,<\/em>&nbsp;14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref70\">[70]<\/a>&nbsp;Cf. Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\">Dei Verbum<\/a><\/em>, sobre la divina revelaci\u00f3n, 12.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref71\">[71]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref72\">[72]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>ib\u00edd<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref73\">[73]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref74\">[74]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;39.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref75\">[75]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Ecum. Vat. II,Decr.<em>&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a>,<\/em>&nbsp;sobre el ecumenismo, 22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref76\">[76]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;37.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref77\">[77]<\/a>&nbsp;Cf. Exhort. ap. postsinodal&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20100930_verbum-domini.html\">Verbum Domini<\/a><\/em>&nbsp;(30 septiembre 2010), 97:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;102 (2010), 767-768.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref78\">[78]<\/a>&nbsp;Exhort. ap.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a>&nbsp;<\/em>(8 diciembre 1975), 24:&nbsp;<em>AAS&nbsp;<\/em>68 (1976), 21.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref79\">[79]<\/a>&nbsp;Carta ap. en forma de&nbsp;<em>Motu proprio<\/em>,&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_letters\/documents\/hf_ben-xvi_apl_20100921_ubicumque-et-semper.html\">Ubicumque et semper<\/a>&nbsp;<\/em>(21 septiembre 2010):&nbsp;<em>AAS&nbsp;<\/em>102 (2010), 791.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref80\">[80]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref81\">[81]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio&nbsp;<\/em>34.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref82\">[82]<\/a>&nbsp;Carta enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html\">Deus caritas est<\/a>&nbsp;<\/em>(25 diciembre 2005), 31:&nbsp;<em>AAS&nbsp;<\/em>98 (2006), 243-245.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref83\">[83]<\/a>&nbsp;Cf. Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe,&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_con_cfaith_doc_20071203_nota-evangelizzazione_sp.html\">Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelizaci\u00f3n<\/a><\/em>&nbsp;(3 diciembre 2007), 12, nota 49, que trata del proselitismo:&nbsp;<em>AAS&nbsp;<\/em>100 (2008), 502.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref84\">[84]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;32.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20120914_ecclesia-in-medio-oriente.html#_ftnref85\">[85]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Propositio<\/em>&nbsp;30.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Copyright \u00a9 Dicastero per la Comunicazione &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EXHORTACI\u00d3N APOST\u00d3LICAPOSTSINODALECCLESIA IN MEDIO ORIENTEDEL SANTO PADREBENEDICTO XVIA LOS PATRIARCAS, A LOS OBISPOS,AL CLERO,A LAS PERSONAS CONSAGRADASY A LOS FIELES LAICOSSOBRE LA IGLESIA EN ORIENTE MEDIO,COMUNI\u00d3N Y TESTIMONIO INTRODUCCI\u00d3N 1. 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