{"id":7929,"date":"2024-10-16T22:13:57","date_gmt":"2024-10-16T22:13:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/?p=7929"},"modified":"2024-10-16T22:13:58","modified_gmt":"2024-10-16T22:13:58","slug":"carta-enciclica-ecclesiam-suam","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/2024\/10\/16\/carta-enciclica-ecclesiam-suam\/","title":{"rendered":"CARTA ENC\u00cdCLICA ECCLESIAM SUAM"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">CARTA ENC\u00cdCLICA<br><strong><em>\u00abECCLESIAM SUAM\u00bb<\/em><\/strong><br>DEL SUMO PONT\u00cdFICE<br><strong>PABLO VI<\/strong><br><br>EL &#8220;MANDATO&#8221; DE LA IGLESIA<br>EN EL MUNDO CONTEMPOR\u00c1NEO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Venerables hermanos y queridos hijos:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. Habiendo Jesucristo fundado su Iglesia para que fuese al mismo tiempo madre amorosa de todos los hombres y dispensadora de salvaci\u00f3n, se ve claramente por qu\u00e9 a lo largo de los siglos le han dado muestras de particular amor y le han dedicado especial solicitud todos aquellos que se han interesado por la gloria de Dios y por la salvaci\u00f3n eterna de los hombres; entre \u00e9stos, como es natural, brillan los vicarios del mismo Cristo en la tierra, un n\u00famero inmenso de Obispos y de sacerdotes y un admirable escuadr\u00f3n de cristianos santos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A todos, por tanto, les parecer\u00e1 justo que Nos, al dirigir al mundo esta nuestra primera enc\u00edclica, despu\u00e9s que por inescrutable designio de Dios hemos sido llamados al Sumo Pontificado, volvamos nuestro pensamiento amoroso y reverente a la santa Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por este motivo nos proponemos en esta enc\u00edclica aclarar lo m\u00e1s posible a los ojos de todos cu\u00e1nta importancia tiene, por una parte, para la salvaci\u00f3n de la sociedad humana, y con cu\u00e1nta solicitud, por otra, la Iglesia lo desea, que una y otra se encuentren, se conozcan y se amen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>PR\u00d3LOGO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La doctrina del Evangelio y la gran familia humana<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. Cuando, por la gracia de Dios,&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/speeches\/1963\/documents\/hf_p-vi_spe_19630929_concilio-vaticano-ii.html\">tuvimos la dicha de dirigiros personalmente la palabra<\/a>, en la apertura de la segunda sesi\u00f3n del&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/index_sp.htm\">concilio ecum\u00e9nico Vaticano II<\/a>, en la fiesta de San Miguel Arc\u00e1ngel del a\u00f1o pasado, a todos vosotros reunidos en la bas\u00edlica de San Pedro, os manifestamos el prop\u00f3sito de dirigiros tambi\u00e9n por escrito, como es costumbre al principio de un pontificado, nuestra fraternal y paternal palabra, para manifestaros algunos de los pensamientos que en nuestro esp\u00edritu se destacan sobre los dem\u00e1s y que nos parecen \u00fatiles para guiar pr\u00e1cticamente los comienzos de nuestro ministerio pontifical.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Verdaderamente nos es dif\u00edcil determinar dichos pensamientos, porque los tenemos que descubrir en la m\u00e1s cuidadosa meditaci\u00f3n de la divina doctrina teniendo muy presentes las palabras de Cristo:&nbsp;<em>Mi doctrina no es m\u00eda, sino de Aquel que me ha enviado&nbsp;<\/em>(<em>Jn<\/em>&nbsp;7, 16); tenemos, adem\u00e1s, que adaptarlos a las actuales condiciones de la Iglesia misma en una hora de intensa actividad y conmoci\u00f3n, tanto de su interior experiencia espiritual como de su exterior esfuerzo apost\u00f3lico; y no podemos, finalmente, ignorar el estado en que actualmente se halla la humanidad en medio de la cual se desenvuelve nuestra misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Triple tarea de la Iglesia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero no es nuestra ambici\u00f3n decir cosas nuevas ni completas: para esto est\u00e1 el concilio, y su obra no debe ser turbada por esta nuestra sencilla conversaci\u00f3n epistolar, sino, antes bien, honrada y alentada por ella. Esta nuestra enc\u00edclica no quiere revestir car\u00e1cter solemne y propiamente doctrinal, ni proponer ense\u00f1anzas determinadas, morales o sociales, sino que simplemente aspira a ser un mensaje fraternal y familiar. Pues queremos tan s\u00f3lo, con este nuestro escrito, cumplir el deber de descubriros nuestro \u00e1nimo, con la intenci\u00f3n de dar a la comuni\u00f3n de fe y de caridad que afortunadamente existe entre nosotros una mayor cohesi\u00f3n y un mayor gozo, con el prop\u00f3sito de fortalecer nuestro ministerio, de atender mejor a las fructuosas celebraciones del Concilio Ecum\u00e9nico mismo y de dar mayor claridad a algunos criterios doctrinales y pr\u00e1cticos que puedan \u00fatilmente guiar la actividad espiritual y apost\u00f3lica de la Jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica y de cuantos le prestan obediencia y colaboraci\u00f3n o incluso tan s\u00f3lo ben\u00e9vola atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. Podemos deciros sin m\u00e1s, venerables hermanos, que tres son los pensamientos que agitan nuestro esp\u00edritu cuando consideramos el alt\u00edsimo oficio que la Providencia \u2014contra nuestros deseos y m\u00e9ritos\u2014 nos ha querido confiar, de regir la Iglesia de Cristo en nuestra funci\u00f3n de obispo de Roma y, por lo mismo, de sucesor del bienaventurado ap\u00f3stol Pedro, administrador de las supremas llaves del reino de Dios y vicario de aquel Cristo que hizo de \u00e9l el pastor primero de su grey universal; el pensamiento, decimos, de que \u00e9sta es la hora en que la Iglesia debe profundizar en la conciencia de s\u00ed misma, debe meditar sobre el misterio que le es propio, debe explorar, para propia instrucci\u00f3n y edificaci\u00f3n, la doctrina conocida, y este siglo estudiada y difundida, acerca de su propio origen, de su propia naturaleza, de su propia misi\u00f3n, de su propao suerte final; pero doctrina nunca suficientemente estudiada y comprendida, ya que contiene&nbsp;<em>la dispensaci\u00f3n del misterio escondido por siglos en Dios&#8230; a fin de que venga a ser conocida&#8230; a trav\u00e9s de la Iglesia<\/em>&nbsp;(<em>Ef<\/em>&nbsp;3, 9-10), misteriosa reserva de los planes de Dios que, mediante la Iglesia, vienen a la luz; y ya que esta doctrina constituye hoy d\u00eda el tema m\u00e1s interesante que otro ninguno de la reflexi\u00f3n de quien quiere ser d\u00f3cil a Cristo, y tanto m\u00e1s por parte de quienes, como Nos y vosotros, venerables hermanos, han sido puestos por el Esp\u00edritu Santo como obispos para regir la Iglesia misma de Dios (<em>Hch<\/em>&nbsp;20, 28).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4. De esta iluminada y operante conciencia brota un espont\u00e1neo deseo de comparar la imagen ideal de la Iglesia \u2014tal como Cristo la vio, la quiso y la am\u00f3 como su esposa suya santa e inmaculada (<em>Ef<\/em>&nbsp;5, 27))\u2014 y el rostro real que hoy la Iglesia presenta, fiel, por una parte, con la gracia divina a las l\u00edneas que su divino Fundador le imprimi\u00f3 y que el Esp\u00edritu Santo vivific\u00f3 y desarroll\u00f3 en el curso de los siglos en forma m\u00e1s amplia y m\u00e1s en consonancia con el concepto inicial, y por otra, a la \u00edndole de la humanidad que iba ella evangelizando e incorporando; pero jam\u00e1s suficientemente perfecto, jam\u00e1s suficientemente bello, jam\u00e1s suficientemente santo y luminoso como la querr\u00eda aquel divino concepto animador. Brota, por tanto, un anhelo generoso y casi impaciente de renovaci\u00f3n, es decir, de enmienda de los defectos que denuncia y refleja la conciencia, a modo de examen interior frente el espejo del modelo que Cristo nos dej\u00f3 de s\u00ed. El segundo pensamiento, pues, que ocupa nuestro esp\u00edritu y que quisi\u00e9ramos manifestaros, a fin de encontrar no s\u00f3lo mayor aliento para emprender las debidas reformas, sino tambi\u00e9n para hallar en vuestra adhesi\u00f3n el consejo y apoyo en tan delicada y dif\u00edcil empresa, es ver cu\u00e1l es el deber presente de la Iglesia de corregir los defectos de los propios miembros y hacerlos tender a mayor perfecci\u00f3n y cu\u00e1l es la v\u00eda para llegar con sabidur\u00eda a tan gran renovaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5. Nuestro tercer pensamiento, y ciertamente tambi\u00e9n vuestro, nacido de los dos primeros ya enunciados, es el de las relaciones que actualmente debe la Iglesia establecer con el mundo que la rodea y en medio del cual vive y trabaja. Una parte de este mundo, como todos saben, ha recibido profundamente el influjo del cristianismo y se lo ha asimilado \u00edntimamente \u2014por m\u00e1s que a menudo no se d\u00e9 cuenta de que es al cristianismo a quien debe sus mejores cosas\u2014, pero luego se ha ido separando y distanciando en estos \u00faltimos siglos del tronco cristiano de su civilizaci\u00f3n. Otra parte, la mayor de este mundo, se extiende a los ilimitados horizontes de los pueblos nuevos, como suele decirse; pero todo en conjunto es un mundo que ofrece a la Iglesia, no una, sino mil maneras de posibles contactos; abiertos y f\u00e1ciles algunos, delicados y complejos otros, hostiles y refractarios a un amistoso coloquio, por desgracia, hay much\u00edsimos. Pres\u00e9ntase, pues, el problema llamado del di\u00e1logo entre la Iglesia y el mundo moderno. Es problema que toca al concilio describir en su extensi\u00f3n y complejidad, y resolverlo, cuanto es posible, en los mejores t\u00e9rminos. Pero su presencia, su urgencia son tales que constituyen un verdadero peso en nuestro esp\u00edritu, un est\u00edmulo, una vocaci\u00f3n casi, que para Nos mismo y para vosotros, hermanos \u2014que por igual, sin duda, hab\u00e9is experimentado este tormento apost\u00f3lico\u2014, quisi\u00e9ramos esclarecer en alg\u00fan modo, como para hacernos id\u00f3neos a las discusiones y deliberaciones que en el concilio todos juntos creamos necesarias en tan grave y multiforme materia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Asiduo e ilimitado celo por la paz<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6. Vosotros mismos echar\u00e9is de ver que este sumario plan de nuestra enc\u00edclica no contempla el estudio de temas urgentes y graves que interesan no s\u00f3lo a la Iglesia, sino a la humanidad, como la paz entre los pueblos y clases sociales, la miseria y el hambre que todav\u00eda afligen a enteras poblaciones, el acceso de las naciones j\u00f3venes a la independencia y al progreso civil, las corrientes del pensamiento moderno y la cultura cristiana, las condiciones infelices de tanta gente y de tantas porciones de la Iglesia a quienes se niegan los derechos propios de ciudadanos libres y de personas humanas, los problemas morales acerca de la natalidad y as\u00ed otros. Ya desde ahora decimos que nos sentiremos particularmente obligados a volver no s\u00f3lo nuestra vigilante y cordial atenci\u00f3n al grande y universal problema de la paz en el mundo, sino tambi\u00e9n el inter\u00e9s m\u00e1s asiduo y eficaz. Ciertamente lo haremos dentro del \u00e1mbito de nuestro ministerio, extra\u00f1o por lo mismo a todo inter\u00e9s puramente temporal y a las formas propiamente pol\u00edticas, pero con toda solicitud de contribuir a la educaci\u00f3n de la humanidad en los sentimientos y procedimientos contrarios a todo conflicto violento y homicida y favorables a todo pac\u00edfico arreglo, civilizado y racional, de las relaciones entre las naciones. Solicitud nuestra ser\u00e1 igualmente apoyar la arm\u00f3nica convivencia y la fructuosa colaboraci\u00f3n entre los pueblos con la proclamaci\u00f3n de los principios humanos superiores que puedan ayudar a suavizar los ego\u00edsmos y las pasiones \u2014fuente de donde brotan los conflictos b\u00e9licos\u2014. Y no dejaremos de intervenir donde se nos ofrezca la oportunidad para ayudar a las partes contendientes a encontrar honorables y fraternas soluciones. No olvidamos, en efecto, que este amoroso servicio es un deber que la maduraci\u00f3n de las doctrinas, por una parte, y de las instituciones internacionales, por otra, hace hoy m\u00e1s urgente teniendo presente que nuestra misi\u00f3n cristiana en el mundo es la de hacer hermanos a los hombres en virtud del reino de la justicia y de la paz inaugurando con la venida de Cristo al mundo. Mas si ahora nos limitamos a algunas consideraciones de car\u00e1cter metodol\u00f3gico para la vida propia de la Iglesia, no nos olvidamos de aquellos grandes problemas \u2014a algunos de los cuales el concilio dedicar\u00e1 su atenci\u00f3n\u2014, mientras que Nos esperamos poder hacerlos objeto de estudio y de acci\u00f3n en el sucesivo ejercicio de nuestro ministerio apost\u00f3lico, como al Se\u00f1or le placer\u00e1 darnos la inspiraci\u00f3n y la fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>I. LA CONCIENCIA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7. Pensamos que es deber de la Iglesia ahora ahondar en la conciencia que ella tiene que tener de s\u00ed, en el tesoro de verdad del que es heredera y custodia y en la misi\u00f3n que ella debe ejercitar en el mundo. Aun antes de proponerse el estudio de cualquier cuesti\u00f3n particular, y aun antes de considerar la actitud que haya de adoptar frente al mundo que la rodea, la Iglesia debe en este momento reflexionar sobre s\u00ed misma para confirmarse en la ciencia de los planes que Dios tiene sobre ella, para hallar m\u00e1s luz, nueva energ\u00eda y mejor gozo en el cumplimiento de su propia misi\u00f3n y para determinar los mejores medios que hagan m\u00e1s cercanos, operantes y ben\u00e9ficos sus contactos con la humanidad a la cual ella misma pertenece, aunque se distinga de aquella por caracteres propios e inconfundibles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Creemos, en efecto, que este acto de reflexi\u00f3n recae sobre la manera misma que Dios ha tenido de manifestarse a los hombres y de establecer con ellos aquellas relaciones religiosas de las cuales la Iglesia es a un tiempo instrumento y expresi\u00f3n. Porque si bien es verdad que la divina revelaci\u00f3n se ha llevado a cabo&nbsp;<em>\u00abde muchas y diversas maneras\u00bb&nbsp;<\/em>(<em>Hb<\/em>&nbsp;1,1), con hechos hist\u00f3ricos exteriores e incontestables, ella, sin embargo, se ha introducido en la vida humana por las v\u00edas propias de la palabra y de la gracia de Dios, que se comunica interiormente a las almas mediante la predicaci\u00f3n del mensaje de la salvaci\u00f3n y mediante el consiguiente acto de fe de quien lo escucha, que est\u00e1 al principio de nuestra justificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La vigilancia de los fieles seguidores del Se\u00f1or<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">8. Quisi\u00e9ramos que esta reflexi\u00f3n sobre el origen y sobre la naturaleza de la relaci\u00f3n nueva y vital que la religi\u00f3n de Cristo establece entre Dios y el hombre asumiese el sentido de un acto de docilidad a la palabra del divino Maestro dirigida a sus oyentes, y especialmente a sus disc\u00edpulos, entre los cuales Nos mismo, con toda raz\u00f3n, nos complacemos en contarnos. Entre tantas otras, escogeremos una de las m\u00e1s graves y repetidas recomendaciones hechas por el Se\u00f1or y v\u00e1lida todav\u00eda hoy para quien quiera profesarse fiel seguidor suyo: la de la vigilancia. Es verdad que este aviso del Maestro se refiere principalmente al destino \u00faltimo del hombre, pr\u00f3ximo o lejano en el tiempo. Mas precisamente porque esta vigilancia debe estar siempre presente y operante en la conciencia del siervo fiel, es la determinante de su conducta moral, pr\u00e1ctica y actual, que debe caracterizar al cristiano en el mundo. La amonestaci\u00f3n a la vigilancia viene intimada por el Se\u00f1or aun en orden a los hechos pr\u00f3ximos y cercanos, es decir, a los peligros y a las tentaciones que pueden hacer decaer o desviar la conducta del hombre (<em>Mt<\/em>&nbsp;26, 41). As\u00ed es f\u00e1cil descubrir en el Evangelio una continua invitaci\u00f3n a la rectitud del pensamiento y de la acci\u00f3n. Por ventura \u00bfno se refer\u00eda a ella la predicaci\u00f3n del Precursor, con la que se abre la escena p\u00fablica del Evangelio? Y Jes\u00fas mismo, \u00bfno ha invitado a acoger interiormente el reino de Dios (<em>Lc<\/em>&nbsp;17, 21)? Toda su pedagog\u00eda, \u00bfno es una exhortaci\u00f3n, una iniciaci\u00f3n a la interioridad? La conciencia psicol\u00f3gica y la conciencia moral est\u00e1n llamadas por Cristo a una plenitud simult\u00e1nea, casi como condici\u00f3n para poder recibir, tal como conviene al hombre, los dones divinos de la verdad y de la gracia. Y la conciencia del disc\u00edpulo ser\u00e1 luego recuerdo (<em>Mt<\/em>&nbsp;26, 75;&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;24. 8;&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;14, 26; 16, 4) de cuanto Jes\u00fas hab\u00eda ense\u00f1ado y de cuanto a su alrededor hab\u00eda sucedido, y se desenvolver\u00e1 y se precisar\u00e1 comprendiendo mejor qui\u00e9n era El y de qu\u00e9 cosa hab\u00eda sido Maestro y autor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El nacimiento de la Iglesia y el encenderse de su conciencia prof\u00e9tica son los dos hechos caracter\u00edsticos y coincidentes de Pentecost\u00e9s y juntos se acrecentar\u00e1n: la Iglesia, en su organizaci\u00f3n y en su desenvolvimiento jer\u00e1rquico y comunitario; la conciencia de la propia vocaci\u00f3n, de la propia misteriosa naturaleza, de la propia doctrina, de la propia misi\u00f3n acompa\u00f1ar\u00e1 gradualmente tal desenvolvimiento, seg\u00fan el deseo formulado por San Pablo:&nbsp;<em>Y esto pido en mi oraci\u00f3n, que vuestra caridad rebose todav\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s en cabal conocimiento y en todo discernimiento&nbsp;<\/em>(<em>Flp<\/em>&nbsp;1, 9).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00abCredo, Domine!\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">9. Podr\u00edamos expresar de otra manera esta nuestra invitaci\u00f3n, que dirigimos tanto a las almas de aquellos que quieran acogerla \u2014a cada uno de vosotros, en consecuencia, venerables hermanos, y a aquellos que con vosotros siguen nuestra ense\u00f1anza y la vuestra \u2014 como tambi\u00e9n a la entera&nbsp;<em>congregatio fidelium<\/em>&nbsp;colectivamente considerada, que es la Iglesia. Podr\u00edamos, pues, invitar a todos a realizar un vivo, profundo y consciente acto de fe en Jesucristo, Nuestro Se\u00f1or. Deber\u00edamos caracterizar este momento de nuestra vida religiosa con esta profesi\u00f3n de fe, firme y convencida, pero siempre humilde y temblorosa, semejante a la que leemos en el Evangelio hecha por el ciego de nacimiento, a quien Jesucristo con bondad igual a su potencia hab\u00eda abierto los ojos:&nbsp;<em>\u00a1Creo, Se\u00f1or!&nbsp;<\/em>(<em>Jn<\/em>&nbsp;9, 38)), o tambi\u00e9n a la de Marta, en el mismo Evangelio:&nbsp;<em>S\u00ed, Se\u00f1or, yo he cre\u00eddo que T\u00fa eres el Mes\u00edas, Hijo de Dios vivo, que ha venido a este mundo&nbsp;<\/em>(<em>Jn<\/em>&nbsp;11, 27), o aquella otra, para nosotros tan dulce, de Sim\u00f3n, que luego fue llamado Pedro:&nbsp;<em>T\u00fa eres el Mes\u00edas, el Hijo de Dios vivo&nbsp;<\/em>(<em>Mt<\/em>&nbsp;16, 16).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">10. Y \u00bfpor qu\u00e9 nos atrevemos a invitaros a este acto de conciencia eclesial, a este acto de fe expl\u00edcito, bien que interior?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Creemos que hay muchos motivos, derivados todos ellos de las exigencias profundas y esenciales del momento particular en que se encuentra la vida de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella tiene necesidad de reflexionar sobre s\u00ed misma; tiene necesidad de sentir su propia vida. Debe aprender a conocerse mejor a s\u00ed misma, si quiere vivir su propia vocaci\u00f3n y ofrecer al mundo su mensaje de fraternidad y salvaci\u00f3n. Tiene necesidad de experimentar a Cristo en s\u00ed misma, seg\u00fan las palabras del ap\u00f3stol Pablo:&nbsp;<em>Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones&nbsp;<\/em>(<em>Ef<\/em>&nbsp;3,17). Todos saben c\u00f3mo la Iglesia est\u00e1 inmersa en la humanidad, forma parte de ella; de ella proceden sus miembros, de ella extrae preciosos tesoros de cultura, y c\u00f3mo sufre sus vicisitudes hist\u00f3ricas y tambi\u00e9n contribuye a sus \u00e9xitos. Ahora bien; todos saben por igual que la humanidad en este tiempo est\u00e1 en v\u00eda de grandes transformaciones, alteraciones y progresos, que cambian profundamente no s\u00f3lo sus formas exteriores de vida, sino tambi\u00e9n sus modos de pensar. Su pensamiento, su cultura, su esp\u00edritu vienen a modificarse \u00edntimamente, ya con el progreso cient\u00edfico, t\u00e9cnico y social, ya tambi\u00e9n con las corrientes del pensamiento filos\u00f3fico y pol\u00edtico que la invaden y atraviesan. Todo ello, como las olas de un mar, envuelve y sacude a la Iglesia misma: los esp\u00edritus de los hombres que a ella se conf\u00edan est\u00e1n fuertemente influidos por el clima del mundo temporal; de tal manera que un peligro como de v\u00e9rtigo, de aturdimiento, de aberraci\u00f3n, puede sacudir su misma solidez e inducir a muchos a ir tras los m\u00e1s extra\u00f1os pensamientos, imaginando como si la Iglesia debiera renegar de s\u00ed misma y abrazar nov\u00edsimas e impensadas formas de vida. As\u00ed, por ejemplo, el fen\u00f3meno modernista \u2014que todav\u00eda aflora en diversas tentativas de expresiones extra\u00f1as a la aut\u00e9ntica realidad de la religi\u00f3n cat\u00f3lica\u2014, \u00bfno fue precisamente un episodio semejante de predominio de las tendencias psicol\u00f3gico-culturales, propias del mundo profano, sobre la fiel y genuina expresi\u00f3n de la doctrina y de la norma de la Iglesia de Cristo? Ahora bien: creemos que para inmunizarse contra tal peligro, siempre inminente y m\u00faltiple, proveniente de muchas partes, remedio bueno y obvio es profundizar en la conciencia de la Iglesia, en lo que ella es verdaderamente, seg\u00fan la mente de Cristo contenida en la Escritura y en la Tradici\u00f3n, e interpretada y desarrollada por la genuina ense\u00f1anza eclesi\u00e1stica, la cual est\u00e1, como sabemos, iluminada y guiada por el Esp\u00edritu Santo, dispuesto siempre, cuando se lo pedimos y cuando le escuchamos, a dar indefectible cumplimiento a la promesa de Cristo:&nbsp;<em>El Esp\u00edritu, que el Padre os enviar\u00e1 en mi nombre, os ense\u00f1ar\u00e1 todas las cosas y os recordar\u00e1 todo lo que yo os he dicho&nbsp;<\/em>(<em>Jn<\/em>&nbsp;14, 26).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">11. An\u00e1logo discurso podr\u00edamos hacer acerca de los errores que se introducen aun dentro de la Iglesia misma y que enga\u00f1an a aquellos que tienen un conocimiento parcial de su naturaleza y de su misi\u00f3n, sin tener en cuenta suficientemente los documentos de la revelaci\u00f3n divina y las ense\u00f1anzas del magisterio instituido por Cristo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo dem\u00e1s, esta necesidad de considerar las cosas conocidas en un acto reflejo para contemplarlas en el espejo interior del propio esp\u00edritu, es caracter\u00edstico de la mentalidad del hombre moderno; su pensamiento se inclina f\u00e1cilmente sobre s\u00ed mismo y s\u00f3lo entonces goza de certeza y plenitud cuando \u00e9sta se ilumina en su propia conciencia. No es que esta costumbre est\u00e9 exenta de peligros graves \u2014ciertas corrientes filos\u00f3ficas de gran renombre han explorado y engrandecido esta forma de actividad espiritual del hombre como definitiva y suprema; m\u00e1s a\u00fan, como medida y fuente de la realidad, llevando as\u00ed el pensamiento a conclusiones abstrusas, desoladas, parad\u00f3jicas y radicalmente falaces\u2014; pero esto no impide que la educaci\u00f3n en la b\u00fasqueda de la verdad refleja en el interior de la conciencia sea por s\u00ed altamente apreciable y hoy pr\u00e1cticamente difundida como expresi\u00f3n exquisita de la moderna cultura; como tampoco impide que, bien coordinada con la formaci\u00f3n del pensamiento para descubrir la verdad en el punto en que \u00e9sta coincide con la realidad del ser objetivo, el ejercicio de la conciencia revele siempre mejor a quien lo usa el hecho de la existencia del propio ser, la propia dignidad espiritual, la propia capacidad de conocer y de obrar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Desde el Concilio de Trento hasta las enc\u00edclicas de nuestro tiempos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">12. Bien sabido es, adem\u00e1s, c\u00f3mo la Iglesia, en esto \u00faltimos tiempos, ha emprendido, por obra de insignes investigadores, de almas grandes y reflexivas, de escuelas teol\u00f3gicas calificadas, de movimientos pastorales y misioneros, de experiencias religiosas de nota, pero principalmente por obra de ense\u00f1anzas pontificias memorables, un mejor estudio de s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muy largo ser\u00eda aun el solo mencionar toda la abundancia de la literatura teol\u00f3gica que tiene por objeto la Iglesia y que ha brotado de su seno en el siglo pasado y en el nuestro; como tambi\u00e9n ser\u00eda muy largo evocar los documentos que el Episcopado cat\u00f3lico y esta Sede Apost\u00f3lica han publicado sobre tema de tanta amplitud e importancia. Desde la \u00e9poca en que el Concilio de Trento trat\u00f3 de reparar las consecuencias de la crisis que separ\u00f3 de la Iglesia, muchos de sus miembros en el siglo XVI, la doctrina sobre la Iglesia misma tuvo grandes cultivadores y, en consecuencia, gran desenvolvimiento. B\u00e1stenos aqu\u00ed aludir a las ense\u00f1anzas del concilio ecum\u00e9nico Vaticano I en este terreno para comprender c\u00f3mo el tema del estudio sobre la Iglesia obliga no s\u00f3lo a los pastores y maestros, sino a los fieles mismos y a los cristianos todos a detenerse en \u00e9l, como en una estaci\u00f3n obligada en el camino hacia Cristo y toda su obra; tanto que, como ya dijimos, el concilio ecum\u00e9nico Vaticano II no es sino una continuaci\u00f3n y un complemento del primero, precisamente por el empe\u00f1o que tiene de volver a examinar y definir la doctrina de la Iglesia. Y si no a\u00f1adimos m\u00e1s, por amor de la brevedad, y por dirigirnos a quien conoce muy bien esta materia de la catequesis y de la espiritualidad tan difundidas hoy en la santa Iglesia, no podemos, sin embargo, dejar de mencionar con particular recuerdo dos documentos: nos referimos a la Enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_29061896_satis-cognitum.html\">Satis cognitum<\/a><\/em>, del Papa&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es.html\">Le\u00f3n XIII<\/a>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftn1\">[1]<\/a>, y a la&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_29061943_mystici-corporis-christi.html\">Mystici Corporis<\/a><\/em>&nbsp;del Papa&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es.html\">P\u00edo XII<\/a>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftn2\">[2]<\/a>, documentos que nos ofrecen amplia y luminosa doctrina sobre la divina instituci\u00f3n por medio de la que Cristo contin\u00faa en el mundo su obra de salvaci\u00f3n y sobre la cual estamos nosotros ahora hablando. Baste recordar las palabras con que se abre el segundo de tales documentos pontificios, que ha llegado a ser, puede decirse, texto autorizado acerca de la teolog\u00eda de la Iglesia y fuente de meditaciones espirituales sobre esta obra de la divina misericordia que a todos nos concierne. Recordemos, pues, las magistrales palabras de nuestro gran predecesor:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abLa doctrina sobre el Cuerpo m\u00edstico de Cristo, que es la Iglesia, recibida primeramente de labios del mismo Redentor por la que aparece en su propia luz el gran beneficio, nunca suficientemente alabado, de nuestra estrech\u00edsima uni\u00f3n con tan excelsa Cabeza, es, en verdad, de tal \u00edndole que, por su excelencia y dignidad, invita a su contemplaci\u00f3n a todos y cada uno de los hombres movidos por el Esp\u00edritu divino, e ilustrando sus mentes los mueve en sumo grado a la ejecuci\u00f3n de aquellas obras saludables que est\u00e1n en armon\u00eda con sus mandamientos\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftn3\">[3]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La ciencia sobre el&nbsp;Cuerpo m\u00edstico<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">13. Para corresponder a esta invitaci\u00f3n, que consideramos todav\u00eda operante en nuestros esp\u00edritus, y de tal modo que expresa una de las necesidades fundamentales de la vida de la Iglesia en nuestro tiempo, la proponemos a\u00fan hoy a fin de que, ilustrados cada vez mejor con el conocimiento del mismo Cuerpo m\u00edstico, sepamos apreciar sus divinos significados, fortaleciendo as\u00ed nuestro esp\u00edritu con incomparables alientos y procurando prepararnos cada vez mejor para corresponder a los deberes de nuestra misi\u00f3n y a las necesidades de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y no nos parece tarea dif\u00edcil cuando, por una parte vemos, como dec\u00edamos, una inmensa floraci\u00f3n de estudios que tienen por objeto la santa Iglesia, y, por otra, sabemos que sobre ella principalmente ha fijado su mirada el concilio ecum\u00e9nico Vaticano II. Deseamos tributar un vivo elogio a los estudiosos que, en particular estos \u00faltimos a\u00f1os, han dedicado al estudio eclesiol\u00f3gico, con perfecta docilidad al magisterio cat\u00f3lico y con genial aptitud de investigaci\u00f3n y de expresi\u00f3n, fatigosos, largos y fructuosos trabajos, y que as\u00ed en las escuelas teol\u00f3gicas como en la discusi\u00f3n cient\u00edfica y literaria, as\u00ed en la apolog\u00eda y divulgaci\u00f3n doctrinal como tambi\u00e9n en la asistencia espiritual a las almas de los fieles y en la conversaci\u00f3n con los hermanos separados han ofrecido m\u00faltiples ilustraciones sobre la doctrina de la Iglesia, algunas de las cuales son de mucho valor y de gran utilidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por ello confiamos que la labor del concilio ser\u00e1 asistida con la luz del Esp\u00edritu Santo y ser\u00e1 continuada y llevada a feliz t\u00e9rmino con tal docilidad a sus divinas inspiraciones, con tal tes\u00f3n en la investigaci\u00f3n m\u00e1s profunda e integral del pensamiento originario de Cristo y de sus necesarias y leg\u00edtimas evoluciones en el correr de los tiempos, con tal solicitud por hacer de las verdades divinas argumento para unir \u2014no ya dividir los \u00e1nimos en est\u00e9riles discusiones o dolorosas escisiones, sino para conducirlos a una mayor claridad y concordia\u2014, que resulte a gloria de Dios, gozo de la Iglesia y edificaci\u00f3n para el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La vida y los sarmientos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">14. De prop\u00f3sito nos abstenemos de pronunciar en esta enc\u00edclica sentencia alguna nuestra sobre los puntos doctrinales relativos a la Iglesia, los cuales se encuentran sometidos al concilio en curso, que estamos llamados a presidir. Queremos dejar ahora a tan elevada y autorizada asamblea libertad de estudio y de palabra, reservando a nuestro apost\u00f3lico oficio de maestro y de pastor, puesto a la cabeza de la Iglesia de Dios, el momento de expresar nuestro juicio, content\u00edsimos si podemos ofrecerlo en nuestra plena conformidad con el de los Padres conciliares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero no podemos omitir una r\u00e1pida alusi\u00f3n a los frutos que Nos esperamos que se derivar\u00e1n, ya del concilio mismo, ya del esfuerzo antes mencionado que la Iglesia debe realizar para adquirir una conciencia m\u00e1s plena y m\u00e1s fuerte de s\u00ed misma. Estos frutos son los objetivos que proponemos a nuestro ministerio apost\u00f3lico mientras iniciamos sus dulces y enormes fatigas; son el programa, por decirlo as\u00ed, de nuestro pontificado, y a vosotros, venerables hermanos, os lo exponemos brevemente, pero con sinceridad, para que nos ayud\u00e9is gustosos a llevarlo a la pr\u00e1ctica, con vuestro consejo, vuestra adhesi\u00f3n y vuestra colaboraci\u00f3n. Pero juzgamos que al abriros nuestro \u00e1nimo se lo abrimos a todos los fieles de la Iglesia de Dios y aun a los mismos a quienes, m\u00e1s all\u00e1 de los claros l\u00edmites del redil de Cristo pueda llegar el eco de nuestra voz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">15. El primer fruto de la conciencia profundizada de la Iglesia sobre s\u00ed misma es el renovado descubrimiento de su relaci\u00f3n vital con Cristo. Cosa conocid\u00edsima, pero fundamental, indispensable, nunca bastante sabida, meditada y exaltada. \u00bfQu\u00e9 no deber\u00eda decirse acerca de este cap\u00edtulo central de todo nuestro patrimonio religioso? Afortunadamente vosotros conoc\u00e9is bien esta doctrina. Y Nos no a\u00f1adiremos una sola palabra si no es para recomendaros que la teng\u00e1is siempre presente como la principal gu\u00eda en vuestra vida espiritual y en vuestra predicaci\u00f3n. Valga m\u00e1s que la nuestra la exhortaci\u00f3n de nuestro mencionado Predecesor en la citada enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_29061943_mystici-corporis-christi.html\">Mystici Corporis<\/a><\/em>:&nbsp;<em>Es menester que nos acostumbremos a ver en la Iglesia al mismo Cristo. Porque Cristo es quien vive en su Iglesia, quien por medio de ella ense\u00f1a, gobierna y confiere la santidad; Cristo es tambi\u00e9n quien de varios modos se manifiesta en los diversos miembros sociales<\/em>&nbsp;<em>de su cuerpo<\/em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftn4\">[4]<\/a>. \u00a1Oh qu\u00e9 grato nos ser\u00eda entretenernos con las reminiscencias que de la Sagrada Escritura, de los Padres, de los doctores y de los santos afluyen a nuestro esp\u00edritu al pensar de nuevo en este luminoso punto de nuestra fe! \u00bfNo nos ha dicho Jes\u00fas mismo que El es la vid y nosotros los sarmientos? (<em>Jn<\/em>&nbsp;15, 1 ss.) \u00bfNo tenemos ante nuestra mente toda la riqu\u00edsima doctrina de San Pablo, quien no cesa de recordarnos:&nbsp;<em>Vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas<\/em>&nbsp;(<em>G\u00e1l<\/em>&nbsp;3,28) y de recomendarnos que&#8230;&nbsp;<em>crezcamos en El en todos sentidos, en El, que es la Cabeza, Cristo, por quien vive todo el cuerpo<\/em>&#8230;(<em>Ef<\/em>&nbsp;4, 15-16) y de amonestarnos&#8230;&nbsp;<em>todas las cosas y en todos Cristo&nbsp;<\/em>(<em>Col<\/em>&nbsp;3, 11). B\u00e1stenos, por todos, recordar entre los maestros a San Agust\u00edn: &#8230;&nbsp;<em>alegr\u00e9monos y demos gracias, porque hemos sido hechos no s\u00f3lo cristianos, sino Cristo. \u00bfEntend\u00e9is, os dais cuenta, hermanos, del favor que Dios nos ha hecho? admiraos, gozaos, hemos sido hechos Cristo. Pues si El es Cabeza, nosotros somos sus miembros; el hombre total El y nosotros&#8230; la plenitud, pues, de Cristo, la Cabeza y los miembros. \u00bfQu\u00e9 es Cabeza y miembros? Cristo y la Iglesia<\/em>.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftn5\">[5]<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La Iglesia es misterio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">16. Bien sabemos que esto es un misterio. Es el misterio de la Iglesia. Y si nosotros, con la ayuda de Dios, fijamos la mirada del \u00e1nimo en este misterio, conseguiremos muchos beneficios espirituales, precisamente aquellos de los cuales creemos que ahora la Iglesia tiene mayor necesidad. La presencia de Cristo, m\u00e1s a\u00fan, su misma vida se har\u00e1 operante en cada una de las almas y en el conjunto del Cuerpo m\u00edstico, mediante el ejercicio de la fe viva y vivificante, seg\u00fan la palabra del Ap\u00f3stol:&nbsp;<em>Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones&nbsp;<\/em>(<em>Ef<\/em>&nbsp;3, 17). Y realmente la conciencia del misterio de la Iglesia es un hecho de fe madura y vivida. Produce en el alma el \u00absentido de la Iglesia\u00bb, que penetra al cristiano educado en la escuela de la divina palabra, alimentado por la gracia de los sacramentos y por las inefables inspiraciones del Par\u00e1clito, ejercitado en la pr\u00e1ctica de las virtudes evang\u00e9licas, empapado en la cultura y en la conversaci\u00f3n de la comunidad eclesial y profundamente alegre de verse revestido del real sacerdocio que es propio del pueblo de Dios (<em>1Pe<\/em>&nbsp;2, 9)). El misterio de la Iglesia no es mero objeto de conocimiento teol\u00f3gico, sino que debe ser un hecho vivido, del cual el alma fiel, aun antes que un claro concepto, puede tener una como connatural experiencia; y la comunidad de los creyentes puede hallar la&nbsp; \u00faltima certeza en su participaci\u00f3n en el Cuerpo m\u00edstico de Cristo cuando se da cuenta que es el ministerio de la Jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica el que por divina instituci\u00f3n provee a iniciarla, a engendrarla (<em>G\u00e1l<\/em>&nbsp;4, 19;&nbsp;<em>1Cor<\/em>&nbsp;4, 15), a instruirla, a santificarla, a dirigirla, de tal manera que mediante este bendito canal Cristo difunde en sus m\u00edsticos miembros las admirables comunicaciones de su verdad y de su gracia, y da a su Cuerpo m\u00edstico, mientras peregrina en el tiempo, su visible estructura, su noble unidad, su org\u00e1nica funcionalidad, su arm\u00f3nica variedad y su belleza espiritual. Las im\u00e1genes no son capaces de trasladar a conceptos a nosotros accesibles la realidad y la profundidad de este misterio; pero de una especialmente \u2014despu\u00e9s de la mencionada del Cuerpo m\u00edstico sugerida por el ap\u00f3stol Pablo\u2014 debemos conservar el recuerdo, porque el mismo Cristo la sugiri\u00f3, y es la del edificio del cual El es el arquitecto y el constructor, cimentado, s\u00ed, sobre un hombre naturalmente fr\u00e1gil, pero transformado por El milagrosamente en s\u00f3lida roca, es decir, dotado de prodigiosa y perenne indefectibilidad:&nbsp;<em>Sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia&nbsp;<\/em>(<em>Mt<\/em>&nbsp;16, 18).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Pedagog\u00eda del bautizado<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">17. Si logramos despertar en nosotros mismos y educar en los fieles, con profunda y vigilante pedagog\u00eda, este fortificante sentido de la Iglesia, muchas antinomias que hoy fatigan el pensamiento de los estudiosos de la eclesiolog\u00eda \u2014c\u00f3mo, por ejemplo, la Iglesia es visible y a la vez espiritual, c\u00f3mo es libre y al mismo tiempo disciplinada, c\u00f3mo es comunitaria y jer\u00e1rquica, c\u00f3mo siendo ya santa, siempre est\u00e1 en v\u00edas de santificaci\u00f3n, c\u00f3mo es contemplativa y activa, y as\u00ed en otras cosas\u2014 ser\u00e1n pr\u00e1cticamente dominadas y resueltas con la experiencia, iluminada por la doctrina, por la realidad viviente de la Iglesia misma; pero, sobre todo, lograr\u00e1 ella un resultado, el de una magn\u00edfica espiritualidad, alimentada por la piadosa lectura de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia, y con cuanto contribuye a engendrar en ella esa conciencia. Nos referimos a la catequesis cuidadosa y sistem\u00e1tica, a la participaci\u00f3n en la admirable escuela de palabras, de signos y de divinas efusiones que es la sagrada liturgia, a la meditaci\u00f3n silenciosa y ardiente de las verdades divinas y, finalmente, a la entrega generosa a la oraci\u00f3n contemplativa. La vida interior sigue siendo como el gran manantial de la espiritualidad de la Iglesia, su modo propio de recibir las irradiaciones del Esp\u00edritu de Cristo, expresi\u00f3n radical insustituible de su actividad religiosa y social e inviolable defensa y renaciente energ\u00eda de su dif\u00edcil contacto con el mundo profano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">18. Es necesario volver a dar toda su importancia al hecho de haber recibido el santo bautismo, es decir, de haber sido injertado, mediante tal sacramento, en el Cuerpo m\u00edstico de Cristo, que es la Iglesia. Y esto especialmente en la valoraci\u00f3n consciente que el bautizado debe hacer de su elevaci\u00f3n, m\u00e1s a\u00fan, de su regeneraci\u00f3n a la felic\u00edsima realidad de hijo adoptivo de Dios, a la dignidad de hermano de Cristo; a la suerte, queremos decir, a la gracia y al gozo de la inhabitaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, a la vocaci\u00f3n de una vida nueva, que nada ha perdido de humano, salvo la desgracia del pecado original, y que es capaz de dar las mejores manifestaciones y probar los m\u00e1s ricos y puros frutos de todo los que es humano. El ser cristiano, el haber recibido el santo bautismo, no debe ser considerado como cosa indiferente o sin valor, sino que debe marcar profunda y dichosamente la conciencia de todo bautizado; debe ser, en verdad, considerado por \u00e9l \u2014como lo fue por los cristianos antiguos\u2014 una&nbsp;<em>iluminaci\u00f3n<\/em>&nbsp;que, haciendo caer sobre \u00e9l el rayo vivificante de la verdad divina, le abre el cielo, le esclarece la vida terrena, le capacita a caminar como hijo de la luz hacia la visi\u00f3n de Dios, fuente de eterna felicidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es f\u00e1cil comprender qu\u00e9 programa pone delante de nosotros y de nuestro ministerio esta consideraci\u00f3n, y Nos gozamos al observar que est\u00e1 ya en v\u00edas de ejecuci\u00f3n en toda la Iglesia y promovido con iluminado y ardiente celo. Nos lo alentamos, Nos los recomendamos, Nos lo bendecimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>II. LA RENOVACI\u00d3N<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">19. Nos embarga, adem\u00e1s, el deseo de que la Iglesia de Dios sea cual Cristo la quiere, una, santa, enteramente consagrada a la perfecci\u00f3n a la cual El la ha llamado y para la cual la ha preparado. Perfecta en su concepci\u00f3n ideal, en el pensamiento divino, la Iglesia debe tender a la perfecci\u00f3n en su expresi\u00f3n real, en su existencia terrenal. Este es el gran problema moral que domina la vida entera de la Iglesia, el que da su medida, el que la estimula, la acucia, la sostiene, la llena de gemidos y de s\u00faplicas, de arrepentimiento y de esperanza, de esfuerzo y de confianza, de responsabilidades y de m\u00e9ritos. Es un problema inherente a las realidad teol\u00f3gica de la que la vida humana depende; no se puede concebir el juicio sobre el hombre mismo, sobre su naturaleza, sobre su perfecci\u00f3n originaria y sobre las ruinosas consecuencias del pecado original, sobre la capacidad del hombre para el bien y sobre la ayuda que necesita para desearlo y realizarlo, sobre el sentido de la vida presente y de sus fines, sobre los valores que el hombre desea o de los que dispone, sobre el criterio de perfecci\u00f3n y de santidad y sobre los medios y los modos de dar a la vida su grado m\u00e1s alto de belleza y de plenitud, sin referirse a la ense\u00f1anza doctrinal de Cristo y del consiguiente magisterio eclesi\u00e1stico. El ansia de conocer los caminos del Se\u00f1or es y debe ser continua en la Iglesia, y Nos querr\u00edamos que la discusi\u00f3n, siempre tan fecunda y variada que sobre las cuestiones relativas a la perfecci\u00f3n se va sosteniendo de siglo en siglo en el seno de la Iglesia, recobrase el supremo inter\u00e9s que merece tener; y esto no tanto para elaborar nuevas teor\u00edas cuanto para despertar nuevas energ\u00edas, encaminadas precisamente hacia la santidad que Cristo nos ense\u00f1\u00f3 y que con su ejemplo, con su palabra, con su gracia, con su escuela, sostenida por la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica, fortificada con su acci\u00f3n comunitaria, ilustrada con las singulares figuras de los santos, nos hace posible conocerla, desearla y aun conseguirla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Perfectibilidad de los cristianos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">20. Este estudio de perfeccionamiento espiritual y moral se ve estimulado aun exteriormente por las condiciones en que la Iglesia desarrolla su vida. No puede permanecer inm\u00f3vil e indiferente ante los cambios del mundo que la rodea. De mil maneras \u00e9ste influye y condiciona la conducta pr\u00e1ctica de la Iglesia. Ella, como todos saben, no est\u00e1 separada del mundo, sino que vive en \u00e9l. Por eso los miembros de la Iglesia reciben su influjo, respiran su cultura, aceptan sus leyes, adoptan sus costumbres. Este contacto inmanente de la Iglesia con la sociedad temporal le crea una continua situaci\u00f3n problem\u00e1tica, hoy laborios\u00edsima. Por una parte, la vida cristiana, cual la Iglesia la defiende y promueve, debe continua y valerosamente evitar cuanto pueda enga\u00f1arla, profanarla, sofocarla, tratando de inmunizarse del contagio del error y del mal; por otra, no s\u00f3lo debe adaptarse a los modos de concebir y de vivir que el ambiente temporal le ofrece y le impone, en cuanto sean compatibles con las exigencias esenciales de su programa religioso y moral, sino que debe procurar acercarse a ellos, purificarlos, ennoblecerlos, vivificarlos y santificarlos; tarea esta que impone a la Iglesia un perenne examen de vigilancia moral y que nuestro tiempo reclama con particular urgencia y con singular gravedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n a este prop\u00f3sito la celebraci\u00f3n del concilio es providencial. El car\u00e1cter pastoral que se propone adoptar, los fines pr\u00e1cticos de \u00abponer al d\u00eda\u00bb la disciplina can\u00f3nica, el deseo de facilitar lo m\u00e1s posible \u2014en armon\u00eda con el car\u00e1cter sobrenatural que le es propio\u2014 la pr\u00e1ctica de la vida cristiana, confieren a este concilio un valor particular desde este momento, cuando a\u00fan falta la mayor parte de las deliberaciones que de \u00e9l esperamos. En efecto, tanto en los pastores como en los fieles, el concilio despierta el deseo de conservar y acrecentar en la vida cristiana su car\u00e1cter de autenticidad sobrenatural y recuerda a todos el deber de imprimir ese car\u00e1cter positiva y fuertemente en la propia conducta, ayuda a los d\u00e9biles a ser buenos, a los buenos a ser mejores, a los mejores a ser generosos y a los generosos a ser santos. Descubre nuevas expresiones de santidad, excita al amor a hacerse fecundo, provoca nuevos impulsos de virtud y de hero\u00edsmo cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>En qu\u00e9 sentido se ha de entender la reforma<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">21. Naturalmente, al concilio corresponder\u00e1 sugerir cu\u00e1les son las reformas que han de introducirse en la legislaci\u00f3n de la Iglesia, y las comisiones posconciliares, sobre todo la constituida para la revisi\u00f3n del C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico, y designada por Nos desde ahora, procurar\u00e1n formular en t\u00e9rminos, concretos las deliberaciones del s\u00ednodo ecum\u00e9nico. As\u00ed, pues, a vosotros, venerables hermanos, os tocar\u00e1 indicarnos las medidas que se han de tomar para hermosear y rejuvenecer el rostro de la santa Iglesia. Quede una vez m\u00e1s manifiesto nuestro prop\u00f3sito de favorecer esta reforma: \u00a1Cu\u00e1ntas veces en los siglos pasados este prop\u00f3sito ha estado asociado en la historia de los concilios! Pues bien: s\u00e9alo una vez m\u00e1s, y \u00e9sta no ya para desarraigar de la Iglesia determinadas herej\u00edas y generales des\u00f3rdenes que, gracias a Dios no existen en su seno, sino para infundir nuevo vigor espiritual en el Cuerpo m\u00edstico de Cristo, en cuanto sociedad visible, purific\u00e1ndolo de los defectos de muchos de sus miembros y estimul\u00e1ndolo a nuevas virtudes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">22. Para que esto llegue a realizarse, mediante el divino auxilio, s\u00e9anos permitido presentaros ahora algunas consideraciones previas que sirvan para facilitar la obra de la renovaci\u00f3n, para infundirle el valor que ella necesita \u2014pues, en efecto, no se puede llevar a cabo sin alg\u00fan sacrificio\u2014 y para trazarle algunas l\u00edneas seg\u00fan las cuales pueda mejor realizarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante todo debemos recordar algunos criterios que nos adviertan sobre las orientaciones con que hay que procurar esta reforma. La cual no puede referirse ni a la concepci\u00f3n esencial, ni a las estructuras fundamentales de la Iglesia cat\u00f3lica. La palabra reforma estar\u00eda mal empleada si la us\u00e1ramos en ese sentido. No podemos acusar de infidelidad a nuestra amada y santa Iglesia de Dios, pues tenemos por suma gracia pertenecer a ella y sube a nuestra alma el testimonio que de ella viene&nbsp;<em>que somos hijos de Dio<\/em>s (<em>Rom<\/em>&nbsp;8, 16). \u00a1Oh, no es orgullo, no es presunci\u00f3n, no es obstinaci\u00f3n, no es locura, sino luminosa certeza y gozosa convicci\u00f3n la que tenemos de haber sido constituidos miembros vivos y genuinos del Cuerpo de Cristo, de ser aut\u00e9nticos herederos del Evangelio de Cristo, de ser continuadores directos de los ap\u00f3stoles, de poseer en el gran patrimonio de verdades y costumbres que caracterizan a la Iglesia cat\u00f3lica, tal cual hoy es, la herencia intacta y viva de la tradici\u00f3n originaria apost\u00f3lica. Si esto constituye nuestro blas\u00f3n, o mejor, el motivo por el cual debemos&nbsp;<em>dar gracias a Dios siempre&nbsp;<\/em>(<em>Ef<\/em>&nbsp;5, 20) constituye tambi\u00e9n nuestra responsabilidad ante Dios mismo, a quien debemos dar cuenta de tan gran beneficio; ante la Iglesia, a quien debemos infundir con la certeza el deseo, el prop\u00f3sito de conservar el tesoro \u2014el&nbsp;<em>depositum<\/em>&nbsp;de que habla San Pablo(<em>1Tim<\/em>&nbsp;6, 20)\u2014 y ante los hermanos todav\u00eda separados de nosotros, y ante el mundo entero, para que todos venga a compartir con nosotros el don de Dios. De modo que en este punto, si se puede hablar de reforma, no se debe entender cambio, sino m\u00e1s bien confirmaci\u00f3n en el empe\u00f1o de conservar la fisonom\u00eda que Cristo ha dado a su Iglesia; m\u00e1s a\u00fan, de querer devolverle siempre su forma perfecta que, por una parte, corresponda al plan primitivo y que, por otra, sea reconocida como coherente y aprobada en aquel desarrollo necesario que, como \u00e1rbol de la semilla, ha dado a la Iglesia, partiendo de aquel dise\u00f1o, su leg\u00edtima forma hist\u00f3rica y concreta. No nos enga\u00f1e el criterio de reducir el edificio de la Iglesia, que se ha hecho amplio y majestuoso para la gloria de Dios, como magn\u00edfico templo suyo, a sus iniciales proporciones m\u00ednimas, como si aqu\u00e9llas fuesen las \u00fanicas verdaderas, las \u00fanicas buenas; ni nos fascine el deseo de renovar la estructura de la Iglesia por v\u00eda carism\u00e1tica, como si fuese nueva y verdadera aquella expresi\u00f3n eclesial que naciese de ideas particulares \u2014fervorosas sin duda y tal vez persuadidas de que gozan de la divina inspiraci\u00f3n\u2014, introduciendo as\u00ed sue\u00f1os arbitrarios de artificiosas renovaciones en el dise\u00f1o constitutivo de la Iglesia. Debemos servir a la Iglesia tal cual es y amarla con sentido inteligente de la historia y con la humilde b\u00fasqueda de la voluntad de Dios que asiste y gu\u00eda a la Iglesia, aun cuando permite que la debilidad humana obscurezca algo la pureza de sus l\u00edneas y la belleza de su acci\u00f3n. Esta pureza y esta belleza son las que estamos buscando y queremos promover.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Da\u00f1os y peligros de la concepci\u00f3n profana de la vida<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">23. Es menester asegurar en nosotros estas convicciones para evitar otro peligro que el deseo de reforma podr\u00eda engendrar, no tanto en nosotros, pastores \u2014defendidos por un vivo sentido de responsabilidad\u2014, cuanto en la opini\u00f3n de muchos fieles que piensan que la reforma de la Iglesia debe consistir principalmente en la adaptaci\u00f3n de sus sentimientos y de sus costumbres a las de los mundanos. La fascinaci\u00f3n de la vida profana es hoy poderos\u00edsima. El conformismo les parece a muchos ineludible y prudente. Quien no est\u00e1 bien arraigado en la fe y en la pr\u00e1ctica de la ley eclesi\u00e1stica, f\u00e1cilmente piensa que ha llegado el momento de adaptarse a la concepci\u00f3n profana de la vida, como si \u00e9sta fuese la mejor, la que un cristiano puede y debe apropiarse. Este fen\u00f3meno de adaptaci\u00f3n se manifiesta as\u00ed en el campo filos\u00f3fico (\u00a1cu\u00e1nto puede la moda aun en el reino del pensamiento, que deber\u00eda ser aut\u00f3nomo y libre y s\u00f3lo \u00e1vido y d\u00f3cil ante la verdad y la autoridad de reconocidos maestros!) como en el campo pr\u00e1ctico, donde cada vez resulta m\u00e1s incierto y dif\u00edcil se\u00f1alar la l\u00ednea de la rectitud moral y de la recta conducta pr\u00e1ctica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">24. El naturalismo amenaza vaciar la concepci\u00f3n original del cristianismo; el relativismo, que todo lo justifica y todo lo califica como de igual valor, atenta al car\u00e1cter absoluto de los principios cristianos; la costumbre de suprimir todo esfuerzo, toda molestia en la pr\u00e1ctica ordinaria de la vida, acusa de inutilidad fastidiosa a la disciplina y a la ascesis cristiana; m\u00e1s a\u00fan, a veces el deseo apost\u00f3lico de acercarse a los ambientes profanos o de hacerse acoger por los esp\u00edritus modernos \u2014de los juveniles especialmente\u2014 se traduce en una renuncia a las formas propias de la vida cristiana y a aquel mismo estilo de conducta que debe dar a tal empe\u00f1o de acercamiento y de influjo educativo su sentido y su vigor. \u00bfNo es acaso verdad que frecuentemente el clero joven, o tambi\u00e9n alg\u00fan celoso religioso, guiado por la buena intenci\u00f3n de penetrar en la masa popular o en grupos particulares, trata de confundirse con ellos en vez de distinguirse, renunciando con in\u00fatil mimetismo a la eficacia genuina de su apostolado?&nbsp; El gran principio, enunciado por Cristo, se presenta de nuevo en su actualidad y en su dificultad: estar en el mundo, pero no ser del mundo; y dichosos nosotros si aquel&nbsp;<em>que siempre vive para interceder por nosotros&nbsp;<\/em>(<em>Heb<\/em>&nbsp;7,25) eleva todav\u00eda su alta y tan conveniente oraci\u00f3n ante el Padre celestial:&nbsp;<em>No ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del mal&nbsp;<\/em>(<em>Jn<\/em>&nbsp;17,15).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>No inmovilidad, sino&nbsp;<em>aggiornamento<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">26. Esto no significa que pretendamos creer que la perfecci\u00f3n consista en la inmovilidad de las formas, de que la Iglesia se ha revestido a lo largo de los siglos; ni tampoco en que se haga refractaria a la adopci\u00f3n de formas hoy comunes y aceptables de las costumbres y de la \u00edndole de nuestro tiempo. La palabra, hoy ya famosa, de nuestro venerable predecesor&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es.html\">Juan XXIII<\/a>, de feliz memoria, la palabra&nbsp;<em>aggiornamento<\/em>, Nos la tendremos siempre presente como directiva program\u00e1tica; lo hemos confirmado como criterio directivo del concilio ecum\u00e9nico, y lo recordaremos como un est\u00edmulo a la siempre renaciente vitalidad de la Iglesia, a su siempre vigilante capacidad de estudiar las se\u00f1ales de los tiempos y a su siempre joven agilidad de<em>&nbsp;probar todo y de apropiarse lo que es bueno<\/em>&nbsp;(<em>1Tes<\/em>&nbsp;5, 21), siempre y en todas partes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Obediencia, energ\u00edas morales, sacrificio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una vez m\u00e1s, repitamos para nuestra com\u00fan advertencia y provecho: La Iglesia volver\u00e1 a hallar su renaciente juventud no tanto cambiando sus leyes exteriores cuanto poniendo interiormente su esp\u00edritu en actitud de obedecer a Cristo, y, por consiguiente, de observar aquellas leyes que ella, en el intento de seguir el camino de Cristo, se prescribe a s\u00ed misma: aqu\u00ed est\u00e1 el secreto de su renovaci\u00f3n, aqu\u00ed su&nbsp;<em>metanoia<\/em>, aqu\u00ed su ejercicio de perfecci\u00f3n. Si la observancia de la norma eclesi\u00e1stica podr\u00e1 hacerse m\u00e1s f\u00e1cil por la simplificaci\u00f3n de alg\u00fan precepto y por la confianza concedida a la libertad del cristiano de hoy, m\u00e1s maduro y m\u00e1s prudente en la elecci\u00f3n del modo de cumplirlos, la norma, sin embargo, permanece en su esencial exigencia: la vida cristiana, que la Iglesia va interpretando y codificando en sabias disposiciones, exigir\u00e1 siempre fidelidad, empe\u00f1o, mortificaci\u00f3n y sacrificio; estar\u00e1 siempre marcada por el \u00abcamino estrecho\u00bb del que nos habla nuestro Se\u00f1or (<em>Mt<\/em>&nbsp;7, 13ss.); exigir\u00e1 de nosotros, cristianos modernos, no menores, sino quiz\u00e1 mayores energ\u00edas morales que a los cristianos de ayer, una prontitud en la obediencia, hoy no menos debida que en el pasado y acaso m\u00e1s dif\u00edcil, ciertamente m\u00e1s meritoria, porque es guiada m\u00e1s de motivos sobrenaturales que naturales. No es la conformidad al esp\u00edritu del mundo, ni la inmunidad a la disciplina de una razonable asc\u00e9tica, ni la indiferencia hacia las libres costumbres de nuestro tiempo, ni la emancipaci\u00f3n de la autoridad de prudentes y leg\u00edtimos superiores, ni la apat\u00eda respecto a las formas contradictorias del pensamiento moderno las que pueden dar vigor a la Iglesia, pueden hacerla id\u00f3nea para recibir el influjo de los dones del Esp\u00edritu Santo, pueden darle la autenticidad en su seguimiento a Cristo nuestro Se\u00f1or, pueden conferirle el ansia de la caridad hacia los hermanos y la capacidad de comunicar su mensaje de salvaci\u00f3n, sino su actitud de vivir seg\u00fan la gracia divina, su fidelidad al Evangelio del Se\u00f1or, su cohesi\u00f3n jer\u00e1rquica y comunitaria. El cristiano no es flojo y cobarde, sino fuerte y fiel.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">27. Sabemos muy bien cu\u00e1n largo se har\u00eda el discurso si quisi\u00e9semos trazar, aun s\u00f3lo en sus l\u00edneas principales, el programa moderno de la vida cristiana; ni pretendemos ahora adentrarnos en tal empresa. Vosotros, por lo dem\u00e1s, sab\u00e9is cu\u00e1les sean las necesidades morales de nuestro tiempo, y no cesar\u00e9is de llamar a los fieles a la comprensi\u00f3n de la dignidad, de la pureza, de la austeridad de la vida cristiana, como tampoco dejar\u00e9is de denunciar, en el mejor modo posible, aun p\u00fablicamente, los peligros morales y los vicios que padece nuestro tiempo. Todos recordamos las solemnes exhortaciones con que la Sagrada Escritura nos amonesta:&nbsp;<em>Conozco tus obras, tu trabajo y tu paciencia y que no puedes tolerar a los malos&nbsp;<\/em>(<em>Ap<\/em>&nbsp;2, 2), y todos procuraremos ser pastores vigilantes y activos. El concilio ecum\u00e9nico debe darnos nuevas y saludables prescripciones, y todos ciertamente debemos disponer desde ahora nuestros \u00e1nimos para recibirlas y ejecutarlas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El esp\u00edritu de pobreza<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">28. Pero no queremos omitir dos indicaciones particulares que creemos miran a necesidades y deberes principales, y que pueden ofrecer tema de reflexi\u00f3n para las orientaciones generales de una buena renovaci\u00f3n de la vida eclesi\u00e1stica. Aludimos primeramente al esp\u00edritu de pobreza. Creemos que est\u00e1 de tal manera proclamado en el santo Evangelio, tan en las entra\u00f1as del plan de nuestro destino al reino de Dios, tan amenazado por la valoraci\u00f3n de los bienes en la mentalidad moderna, que es, por otra parte, tan necesario para hacernos comprender tantas debilidades y p\u00e9rdidas nuestras en el tiempo pasado y para hacernos tambi\u00e9n comprender cu\u00e1l debe ser nuestro tenor de vida y cu\u00e1l el m\u00e9todo mejor para anunciar a las almas la religi\u00f3n de Cristo, y que es, en fin, tan dif\u00edcil practicarlo debidamente, que nos atrevemos a hacer menci\u00f3n expl\u00edcita de \u00e9l, en este nuestro mensaje, no tanto porque Nos tengamos el prop\u00f3sito de dar especiales disposiciones can\u00f3nicas a este respecto, cuanto para pediros a vosotros, venerables hermanos, el aliento de vuestro consentimiento, de vuestro consejo y de vuestro ejemplo. Esperamos de vosotros que, como voz autorizada interpret\u00e1is los mejores impulsos, en los que palpita el Esp\u00edritu de Cristo en la santa Iglesia, nos dig\u00e1is c\u00f3mo deben los pastores y los fieles adaptar hoy a la pobreza el lenguaje y la conducta:&nbsp;<em>tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jes\u00fas<\/em>&nbsp;(<em>Flp<\/em>&nbsp;2,5); y c\u00f3mo debemos al mismo tiempo proponer para la vida eclesi\u00e1stica aquellos criterios directivos que deben fundar nuestra confianza m\u00e1s sobre la ayuda de Dios y sobre los bienes del esp\u00edritu que sobre los medios temporales, y recordarnos a nosotros y ense\u00f1ar al mundo la primac\u00eda de tales bienes sobre los econ\u00f3micos, as\u00ed como los l\u00edmites y subordinaci\u00f3n de su posesi\u00f3n y de su uso a lo que sea \u00fatil para el conveniente ejercicio de nuestra misi\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La brevedad de esta alusi\u00f3n a la excelencia y obligaci\u00f3n del esp\u00edritu de pobreza, que caracteriza al Evangelio de Cristo, no nos dispensa del deber de recordar que este esp\u00edritu no nos impide la compresi\u00f3n y el empleo, en la forma que se nos consiente, del hecho econ\u00f3mico agigantado y fundamental en el desarrollo de la civilizaci\u00f3n moderna, especialmente en sus reflejos, humanos y sociales. Pensamos m\u00e1s bien que la liberaci\u00f3n interior que produce el esp\u00edritu de pobreza evang\u00e9lica nos hace m\u00e1s sensibles y nos capacita m\u00e1s para comprender los fen\u00f3menos humanos relacionados con lo factores econ\u00f3micos, ya para dar a la riqueza y al progreso, que ella puede engendrar, la justa y a veces severa estimaci\u00f3n que le conviene, ya para dar a la indigencia el inter\u00e9s m\u00e1s sol\u00edcito y generoso, ya, finalmente, para desear que los bienes econ\u00f3micos no se conviertan en fuentes de luchas, de ego\u00edsmos y de orgullo entre los hombres, sino que puedan m\u00e1s bien enderezarse por v\u00edas de justicia y equidad hacia el bien com\u00fan y ser por lo mismo distribuidos con mayor previsi\u00f3n. Todo cuanto se refiere a estos bienes econ\u00f3micos \u2014inferiores sin duda a los bienes espirituales y eternos, pero necesarios a la vida presente\u2014 encuentra en el disc\u00edpulo del Evangelio un hombre capaz de una valoraci\u00f3n sabia y de una cooperaci\u00f3n human\u00edsima: la ciencia, la t\u00e9cnica y, especialmente, el trabajo en primer lugar, se convierten para Nos en objeto de viv\u00edsimo inter\u00e9s, y el pan que de ah\u00ed procede se convierte en pan sagrado tanto para la mesa como para el altar. Las ense\u00f1anzas sociales de la Iglesia no dejan duda alguna a este respecto, y de con agrado aprovechamos esta ocasi\u00f3n para afirmar una vez m\u00e1s a este prop\u00f3sito nuestra coherente adhesi\u00f3n a estas saludables doctrinas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Hora de la caridad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">29. La otra indicaci\u00f3n que queremos hacer es sobre el esp\u00edritu de caridad. Pero \u00bfno est\u00e1 ya este tema muy presente en vuestros \u00e1nimos? \u00bfNo marca acaso la caridad el punto focal de la econom\u00eda religiosa del Antiguo y del Nuevo Testamento? \u00bfNo est\u00e1n dirigidos a la caridad los pasos de la experiencia espiritual de la Iglesia? \u00bfNo es acaso la caridad el descubrimiento cada vez m\u00e1s luminoso y m\u00e1s gozoso que la teolog\u00eda, por una lado, la piedad, por otro, van haciendo en la incesante meditaci\u00f3n de los tesoros escritur\u00edsticos sacramentales, de los que la Iglesia es heredera, depositaria, maestra y dispensadora? Creemos con nuestros predecesores, con la corona de los santos que nuestros tiempos han dado a la Iglesia celestial y terrena, y con el instinto devoto del pueblo fiel, que la caridad debe hoy asumir el puesto que le compete, el primero, el m\u00e1s alto, en la escala de los valores religiosos y morales, no s\u00f3lo en la estima te\u00f3rica, sino tambi\u00e9n en la pr\u00e1ctica de la vida cristiana. Esto sea dicho tanto de la caridad para con Dios, que su Caridad verti\u00f3 sobre nosotros, como de la caridad que por nuestra parte nosotros debemos derramar sobre nuestro pr\u00f3jimo, es decir, el g\u00e9nero humano. La caridad todo lo explica. La caridad todo lo inspira. La caridad todo lo hace posible, todo lo renueva. La caridad todo lo&nbsp;<em>excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera&nbsp;<\/em>(<em>1Cor<\/em>&nbsp;13,7). \u00bfQui\u00e9n de nosotros ignora estas cosas? Y si las sabemos, \u00bfno es \u00e9sta acaso la hora de la caridad?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Culto a Mar\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">30. Esta visi\u00f3n de humilde y profunda plenitud cristiana conduce nuestro pensamiento hacia Mar\u00eda Sant\u00edsima, como a quien perfecta y maravillosamente lo refleja en s\u00ed, m\u00e1s a\u00fan, lo ha vivido en la tierra y ahora en el cielo goza de su fulgor y beatitud. Est\u00e1 en flor felizmente en la Iglesia el culto a Nuestra Se\u00f1ora, y nos complacemos en esta ocasi\u00f3n en dirigir vuestros esp\u00edritus para admirar en la Virgen Sant\u00edsima \u2014Madre de Cristo y, por consiguiente, Madre de Dios y Madre nuestra\u2014 el modelo de la perfecci\u00f3n cristiana, el espejo de las virtudes sinceras, la maravilla de la verdadera humanidad. Creemos que el culto a Mar\u00eda es fuente de ense\u00f1anzas evang\u00e9licas: en&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/travels\/documents\/terrasanta.html\">nuestra peregrinaci\u00f3n a Tierra Santa<\/a>, de Ella que es la beat\u00edsima, la dulc\u00edsima, la humild\u00edsima, la inmaculada criatura, a quien cupo el privilegio de ofrecer al Verbo de Dios carne humana en su primigenia e inocente belleza, quisimos derivar la ense\u00f1anza de la autenticidad cristiana, y a Ella tambi\u00e9n ahora volvemos la mirada suplicante, como a amorosa maestra de vida, mientras razonamos con vosotros, venerables hermanos, de la regeneraci\u00f3n espiritual y moral de la vida de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>III. EL DI\u00c1LOGO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">31. Hay una tercera actitud que la Iglesia cat\u00f3lica tiene que adoptar en esta hora de la historia del mundo: es la que se caracteriza por el estudio de los contactos que debe tener con la humanidad. Si la Iglesia logra cada vez m\u00e1s clara conciencia de s\u00ed, y si trata de conformarse seg\u00fan el modelo que Cristo le propone, viene a diferenciarse profundamente del ambiente humano en el cual vive y al cual se aproxima. El Evangelio nos hace advertir tal distinci\u00f3n, cuando nos habla del \u00abmundo\u00bb, es decir, de la humanidad adversa a la luz de la fe y al don de la gracia, de la humanidad que se exalta en un ingenuo optimismo creyendo que le bastan las propias fuerzas para lograr su expresi\u00f3n plena, estable y ben\u00e9fica; o de la humanidad, que se deprime en un crudo pesimismo declarando fatales, incurables y acaso tambi\u00e9n deseables como manifestaciones de libertad y de autenticidad los propios vicios, las propias debilidades, las propias enfermedades morales. El Evangelio, que conoce y denuncia, compadece y cura las miserias humanas con penetrante y a veces desgarradora sinceridad, no cede, sin embargo, ni a la ilusi\u00f3n de la bondad natural del hombre como si se bastase y no necesitase ninguna otra cosa, sino de&nbsp; ser dejado libre para abandonarse arbitrariamente, ni a la desesperada resignaci\u00f3n de la corrupci\u00f3n incurable de la humana naturaleza. El Evangelio es luz, es novedad, es energ\u00eda, es renacimiento, es salvaci\u00f3n. Por esto engendra y distingue una forma de vida nueva, de la que el Nuevo Testamento nos da continua y admirable lecci\u00f3n:&nbsp;<em>No os conform\u00e9is a este siglo, sino transformaos por la renovaci\u00f3n de la mente, para procurar conocer cu\u00e1l es la voluntad de Dios, buena, grata y perfecta&nbsp;<\/em>(<em>Rom<\/em>&nbsp;12,2), nos amonesta San Pablo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">32. Esta diferencia entre la vida cristiana y la vida profana se deriva tambi\u00e9n de la realidad y de la consiguiente conciencia de la justificaci\u00f3n, producida en nosotros por nuestra comunicaci\u00f3n con el misterio pascual, con el santo bautismo ante todo, que, como m\u00e1s arriba dec\u00edamos, es y debe ser considerado una verdadera regeneraci\u00f3n. De nuevo nos lo recuerda San Pablo: &#8230;<em>&nbsp;cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jes\u00fas, fuimos bautizados para participar en su muerte. Con El hemos sido sepultados por el bautismo, para participar en su muerte, para que como El resucit\u00f3 de entre los muertos por la gloria del Padre, as\u00ed tambi\u00e9n nosotros vivamos una vida nueva&nbsp;<\/em>(<em>Rom<\/em>&nbsp;6, 3-4). Ser\u00e1 muy oportuno que tambi\u00e9n el cristiano de hoy tenga siempre presente esta su original y admirable forma de vida, la cual lo sostenga en el gozo de su dignidad y lo inmunice del contagio de la humana miseria circundante o de la seducci\u00f3n del esplendor humano que lo rodean.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">He aqu\u00ed c\u00f3mo el mismo San Pablo educaba a los cristianos de la primera generaci\u00f3n:&nbsp;<em>No os junt\u00e9is bajo un mismo yugo con los infieles. Porque \u00bfqu\u00e9 participaci\u00f3n hay entre la justicia y la iniquidad? \u00bfQu\u00e9 comuni\u00f3n entre la luz y las tinieblas?&#8230; O \u00bfqu\u00e9 asociaci\u00f3n del creyente con el infiel?&nbsp;<\/em>(<em>2Cor<\/em>&nbsp;6, 14-16). La pedagog\u00eda cristiana deber\u00e1 recordar siempre al disc\u00edpulo de nuestros tiempos esta su privilegiada condici\u00f3n y este consiguiente deber de vivir en el mundo, pero no del mundo, seg\u00fan el deseo mismo de Jes\u00fas, que antes citamos con respecto a sus disc\u00edpulos:&nbsp;<em>No pido que los saques del mundo, sino que los preserves del mal. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo&nbsp;<\/em>(<em>Jn<\/em>&nbsp;17, 15-16). Y la Iglesia hace propio este deseo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">33. Pero esta diferencia no es separaci\u00f3n. Mejor, no es indiferencia, no es temor, no es desprecio. Cuando la Iglesia se distingue de la humanidad no se opone a ella, antes bien se une. Como el m\u00e9dico que, conociendo las insidias de una pestilencia procura guardarse a s\u00ed y a los otros de tal infecci\u00f3n, pero al mismo tiempo se consagra a la curaci\u00f3n de los que han sido atacados, as\u00ed la Iglesia no hace de la misericordia que la divina bondad le ha concedido un privilegio exclusivo, no hace de la propia fortuna un motivo para desinteresarse de quien no la ha conseguido, antes bien convierte su salvaci\u00f3n en argumento de inter\u00e9s y de amor para todo el que est\u00e9 junto a ella o a quien ella pueda acercarse con su esfuerzo comunicativo universal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si verdaderamente la Iglesia, como dec\u00edamos, tiene conciencia de lo que el Se\u00f1or quiere que sea, surge en ella una singular plenitud y una necesidad de efusi\u00f3n, con la clara advertencia de una misi\u00f3n que la trasciende y de un anuncio que debe difundir. Es el deber de la evangelizaci\u00f3n. Es el mandato misionero. Es el ministerio apost\u00f3lico. No es suficiente una actitud fielmente conservadora. Ciertamente, tendremos que guardar el tesoro de verdad y de gracia que la tradici\u00f3n cristiana nos ha legado en herencia; m\u00e1s a\u00fan: tendremos que defenderlo.&nbsp;<em>Guarda el dep\u00f3sito<\/em>, amonesta San Pablo (<em>1Tim<\/em>&nbsp;6,20). Pero ni la custodia ni la defensa encierran todo el quehacer de la Iglesia respecto a los dones que posee. El deber cong\u00e9nito al patrimonio recibido de Cristo es la difusi\u00f3n, es el ofrecimiento, es el anuncio, bien lo sabemos:&nbsp;<em>Id, pues, ense\u00f1ad a todas las gentes (Mt<\/em>&nbsp;28,19) es el supremo mandato de Cristo a sus ap\u00f3stoles. Estos con el nombre mismo de ap\u00f3stoles definen su propia indeclinable misi\u00f3n. Nosotros daremos a este impulso interior de caridad que tiende a hacerse don exterior de caridad el nombre, hoy ya com\u00fan, de di\u00e1logo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">34. La Iglesia debe ir hacia el di\u00e1logo con el mundo en que le toca vivir. La Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio.<br>Este aspecto capital de la vida actual de la Iglesia ser\u00e1 objeto de un estudio particular y amplio por parte del concilio ecum\u00e9nico, como es sabido, y Nos no queremos entrar a examinar concretamente los temas propuestos a tal estudio, para as\u00ed dejar a los Padres del concilio la tarea de tratarlos libremente. Nos queremos solamente, venerables hermanos, invitaros a anteponer a este estudio algunas consideraciones para que sean m\u00e1s claros los motivos que mueven la Iglesia al di\u00e1logo, m\u00e1s claros los m\u00e9todos que se deben seguir y m\u00e1s claros los objetivos que se han de alcanzar. Queremos preparar los \u00e1nimos, no tratar las cuestiones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y no podemos hacerlo de otro modo, convencidos de que el di\u00e1logo debe caracterizar nuestro oficio apost\u00f3lico, como herederos que somos de una estilo, de una directiva pastoral que nos ha sido transmitida por nuestros predecesores del siglo pasado, comenzando por el grande y sabio Le\u00f3n XIII, que casi personifica la figura evang\u00e9lica del escriba prudente,&nbsp;<em>que como un padre de familia saca de su tesoro cosas antiguas y nuevas&nbsp;<\/em>(<em>Mt<\/em>&nbsp;13, 52), emprend\u00eda majestuosamente el ejercicio del magisterio cat\u00f3lico haciendo objeto de su riqu\u00edsima ense\u00f1anza los problemas de nuestro tiempo considerados a la luz de la palabra de Cristo. Y del mismo modo sus sucesores, como sab\u00e9is. \u00bfNo nos han dejado nuestros predecesores, especialmente los papas&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xi\/es.html\">P\u00edo XI<\/a>&nbsp;y&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es.html\">P\u00edo XII<\/a>, un magn\u00edfico y vast\u00edsimo patrimonio de doctrina, concebida en el amoroso y sabio intento de aunar el pensamiento divino con el pensamiento humano, no abstractamente considerado, sino concretamente formulado en el lenguaje del hombre moderno? \u00bfY qu\u00e9 es este intento apost\u00f3lico sino un di\u00e1logo? \u00bfY no dio nuestro inmediato predecesor,&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es.html\">Juan XXIII<\/a>, de venerable memoria, un acento a\u00fan m\u00e1s marcado a su ense\u00f1anza en el sentido de acercarla lo m\u00e1s posible a la experiencia y a la compresi\u00f3n del mundo contempor\u00e1neo? \u00bfNo se ha querido dar al mismo concilio, y con toda raz\u00f3n, un fin pastoral, dirigido totalmente a la inserci\u00f3n del mensaje cristiano en la corriente de pensamiento, de palabra, de cultura, de costumbres, de tendencias de la humanidad, tal como hoy vive y se agita sobre la haz de la tierra? Antes de convertirlo, m\u00e1s a\u00fan, para convertirlo, el mundo necesita que nos acerquemos a \u00e9l y le hablemos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo que toca a nuestra humilde persona, aunque lejos de hablar de ella y deseosos de no llamar la atenci\u00f3n, no podemos, sin embargo, en esta intenci\u00f3n de presentarnos al Colegio episcopal y al pueblo cristiano, pasar por alto nuestro prop\u00f3sito de perseverar \u2014en cuanto nos lo permitan nuestras d\u00e9biles fuerzas y sobre todo la divina gracia nos d\u00e9 modo de llevarlo a cabo\u2014 en la misma l\u00ednea, en el mismo esfuerzo por acercarnos al mundo, en el que la Providencia nos ha destinado a vivir, con todo respeto, con toda solicitud, con todo amor, para comprenderlo, para ofrecerle los dones de verdad y de gracia de los que Cristo nos ha hecho depositarios, para comunicarle nuestra maravillosa suerte de redenci\u00f3n y de esperanza. Tenemos profundamente grabadas en nuestro esp\u00edritu aquellas palabras de Cristo que humilde, pero tenazmente, quisi\u00e9ramos apropiarnos:&nbsp;<em>No&#8230; envi\u00f3 Dios su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por El&nbsp;<\/em>(<em>Jn<\/em>&nbsp;3, 17).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La religi\u00f3n, di\u00e1logo entre Dios y el hombre<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">35. He aqu\u00ed, venerables hermanos, el origen trascendente del di\u00e1logo. Este origen est\u00e1 en la intenci\u00f3n misma de Dios. La religi\u00f3n, por su naturaleza, es una relaci\u00f3n entre Dios y el hombre. La oraci\u00f3n expresa con di\u00e1logo esta relaci\u00f3n. La revelaci\u00f3n, es decir, la relaci\u00f3n sobrenatural instaurada con la humanidad por iniciativa de Dios mismo, puede ser representada en un di\u00e1logo en el cual el Verbo de Dios se expresa en la Encarnaci\u00f3n y, por lo tanto, en el Evangelio. El coloquio paterno y santo, interrumpido entre Dios y el hombre a causa del pecado original, ha sido maravillosamente reanudado en el curso de la historia. La historia de la salvaci\u00f3n narra precisamente este largo y variado di\u00e1logo que nace de Dios y teje con el hombre una admirable y m\u00faltiple conversaci\u00f3n. Es en esta conversaci\u00f3n de Cristo entre los hombres (<em>Bar<\/em>&nbsp;3, 38) donde Dios da a entender algo de S\u00ed mismo, el misterio de su vida, unic\u00edsima en la esencia, trinitaria en las Personas, donde dice, en definitiva, c\u00f3mo quiere ser conocido: amos es El; y c\u00f3mo quiere ser honrado y servido por nosotros: amor es nuestro mandamiento supremo. El di\u00e1logo se hace pleno y confiado; el ni\u00f1o es invitado a \u00e9l y el m\u00edstico en \u00e9l se sacia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Elevadas caracter\u00edsticas del coloquio de la salvaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">36. Hace falta que tengamos siempre presente esta inefable y dialogal relaci\u00f3n, ofrecida e instaurada con nosotros por Dios Padre, mediante Cristo en el Esp\u00edritu Santo, para comprender qu\u00e9 relaci\u00f3n debamos nosotros, esto es, la Iglesia, tratar de establecer y promover con la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El di\u00e1logo de la salvaci\u00f3n fue abierto espont\u00e1neamente por iniciativa divina:&nbsp;<em>El nos am\u00f3 el primero&nbsp;<\/em>(<em>1Jn<\/em>&nbsp;4, 10); nos corresponder\u00e1 a nosotros tomar la iniciativa para extender a los hombres el mismo di\u00e1logo, sin esperar a ser llamados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El di\u00e1logo de la salvaci\u00f3n naci\u00f3 de la caridad, de la bondad divina:&nbsp;<em>De tal manera am\u00f3 Dios al mundo que le dio su Hijo unig\u00e9nito&nbsp;<\/em>(<em>Jn<\/em>&nbsp;3,16); no otra cosa que un ferviente y desinteresado amor deber\u00e1 impulsar el nuestro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El di\u00e1logo de la salvaci\u00f3n no se limit\u00f3 a los m\u00e9ritos de aquellos a quienes fue dirigido, como tampoco a los resultados que conseguir\u00eda o que echar\u00eda de menos:&nbsp;<em>No necesitan m\u00e9dico los que est\u00e1n sanos&nbsp;<\/em>(<em>Lc<\/em>&nbsp;5, 31); tambi\u00e9n el nuestro ha de ser sin l\u00edmites y sin c\u00e1lculos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El di\u00e1logo de la salvaci\u00f3n no oblig\u00f3 f\u00edsicamente a nadie a acogerlo; fue un formidable requerimiento de amor, el cual si bien constitu\u00eda una tremenda responsabilidad en aquellos a quienes se dirigi\u00f3 (<em>Mt<\/em>&nbsp;11, 21), les dej\u00f3, sin embargo, libres para acogerlo o rechazarlo, adaptando inclusive la medida (<em>Mt<\/em>&nbsp;12, 38ss.) y la fuerza probativa de los milagros (<em>Mt<\/em>&nbsp;13, 13ss.) a las exigencias y disposiciones espirituales de sus oyentes, para que les fuese f\u00e1cil un asentimiento libre a la divina revelaci\u00f3n sin perder, por otro lado, el m\u00e9rito de tal asentimiento. As\u00ed nuestra misi\u00f3n, aunque es anuncio de verdad indiscutible y de salvaci\u00f3n indispensable, no se presentar\u00e1 armada por coacci\u00f3n externa, sino que solamente por los caminos leg\u00edtimos de la educaci\u00f3n humana, de la persuasi\u00f3n interior y de la conversaci\u00f3n ordinaria ofrecer\u00e1 su don de salvaci\u00f3n, quedando siempre respetada la libertad personal y civil.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El di\u00e1logo de la salvaci\u00f3n se hizo posible a todos; a todos se destina sin discriminaci\u00f3n alguna (<em>Col<\/em>&nbsp;3, 11); el nuestro, de igual modo, debe ser potencialmente universal, es decir, cat\u00f3lico y capaz de entablarse con cada uno, a no ser que el hombre lo rechace o finja insinceramente acogerlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El di\u00e1logo de la salvaci\u00f3n ha procedido normalmente por grados de desarrollo sucesivo, ha conocido los humildes comienzos antes del pleno \u00e9xito (<em>Mt&nbsp;<\/em>13, 31); tambi\u00e9n el nuestro tendr\u00e1 en cuenta la lentitud de la maduraci\u00f3n psicol\u00f3gica e hist\u00f3rica y la espera de la hora en que Dios lo haga eficaz. No por ello nuestro di\u00e1logo diferir\u00e1 a ma\u00f1ana lo que se puede hacer hoy; debe tener el ansia de la hora oportuna y el sentido del valor del tiempo (<em>Ef<\/em>&nbsp;4, 16). Hoy, es decir, cada d\u00eda, debe volver a empezar, y por parte nuestra antes que de aquellos a quienes se dirige.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El mensaje cristiano en el vivir humano<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">37. Como es claro, las relaciones entre la Iglesia y el mundo pueden revestir muchos y diversos aspectos entre s\u00ed. Te\u00f3ricamente hablando, la Iglesia podr\u00eda proponerse reducir al m\u00ednimo tales relaciones tratando de apartarse de la sociedad profana; como podr\u00eda tambi\u00e9n proponerse apartar los males que en \u00e9sta puedan encontrarse, anatematiz\u00e1ndolos y promoviendo cruzadas en contra de ellos; podr\u00eda, por lo contrario, acercarse tanto a la sociedad profana que tratase de alcanzar un influjo preponderante y aun ejercitar un dominio teocr\u00e1tico sobre ella; y as\u00ed de otras maneras. Pero nos parece que la relaci\u00f3n entre la Iglesia y el mundo, sin cerrar el camino a otras formas leg\u00edtimas, puede representarse mejor por un di\u00e1logo, que no podr\u00e1 ser evidentemente uniforme, sino adaptado a la \u00edndole del interlocutor y a las circunstancias reales; una cosa, en efecto, es el di\u00e1logo con un ni\u00f1o y otra con un adulto; una cosa con un creyente y otra con uno que no cree. Esto es sugerido por la costumbre, ya difundida, de concebir as\u00ed las relaciones entre lo sagrado y lo profano, por el dinamismo transformador de la sociedad moderna, por el pluralismo de sus manifestaciones como tambi\u00e9n por la madurez del hombre, religioso o no, capacitado por la educaci\u00f3n civil para pensar, hablar y tratar con la dignidad del di\u00e1logo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta forma de relaci\u00f3n manifiesta, por parte del que la entabla, un prop\u00f3sito de correcci\u00f3n, de estima, de simpat\u00eda y de bondad; excluye la condenaci\u00f3n aprior\u00edstica, la pol\u00e9mica ofensiva y habitual, la vanidad de la conversaci\u00f3n in\u00fatil. Aunque es verdad que no trata de obtener de inmediato la conversi\u00f3n del interlocutor, porque respeta su dignidad y su libertad, busca, sin embargo, su provecho y quisiera disponerlo a una comuni\u00f3n m\u00e1s plena de sentimientos y convicciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">38. Por tanto, este di\u00e1logo supone en nosotros, que queremos introducirlo y alimentarlo con cuantos nos rodean, un estado de \u00e1nimo; el estado de \u00e1nimo del que siente dentro de s\u00ed el peso del mandato apost\u00f3lico, del que se da cuenta que no puede separar su propia salvaci\u00f3n del empe\u00f1o por buscar la de los otros, del que se preocupa continuamente por poner el mensaje de que es depositario en la circulaci\u00f3n de la vida humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Claridad, mansedumbre confianza, prudencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El coloquio es, por lo tanto, un modo de ejercitar la misi\u00f3n apost\u00f3lica; es un arte de comunicaci\u00f3n espiritual. Sus caracteres son los siguientes: 1)&nbsp;<em>La claridad<\/em>&nbsp;ante todo: el di\u00e1logo supone y exige la inteligibilidad, es un intercambio de pensamiento, es una invitaci\u00f3n al ejercicio de las facultades superiores del hombre; bastar\u00eda este solo t\u00edtulo para clasificarlo entre los mejores fen\u00f3menos de la actividad y cultura humana, y basta esta su exigencia inicial para estimular nuestra diligencia apost\u00f3lica a que se revisen todas las formas de nuestro lenguaje, para ver si es comprensible, si es popular, si es selecto. 2) Otro car\u00e1cter es, adem\u00e1s, la&nbsp;<em>afabilidad<\/em>, la que Cristo nos exhort\u00f3 a aprender de s\u00ed mismo:&nbsp;<em>Aprended de m\u00ed, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n&nbsp;<\/em>(<em>Mt<\/em>&nbsp;11, 29); el di\u00e1logo no es orgulloso, no es hiriente, no es ofensivo. Su autoridad es intr\u00ednseca por la verdad que expone, por la caridad que difunde, por el ejemplo que propone; no es una mandato ni una imposici\u00f3n. Es pac\u00edfico, evita los modos violentos, es paciente, es generoso. 3)&nbsp;<em>La confianza<\/em>, tanto en el valor de la propia palabra como en la disposici\u00f3n para acogerla por parte del interlocutor; promueve la familiaridad y la amistad; entrelaza los esp\u00edritus en una mutua adhesi\u00f3n a un Bien, que excluye todo fin ego\u00edstico. 4) Finalmente, la&nbsp;<em>prudencia<\/em>&nbsp;pedag\u00f3gica, que tiene muy en cuenta las condiciones psicol\u00f3gicas y morales del que oye (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;7, 6): si es un ni\u00f1o, si es una persona ruda, si no est\u00e1 preparada, si es desconfiada, hostil, y se esfuerza por conocer su sensibilidad y por adaptarse razonablemente y modificar las formas de la propia presentaci\u00f3n para no serle molesto e incomprensible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando el di\u00e1logo se conduce as\u00ed, se realiza la uni\u00f3n de la verdad con la caridad, de la inteligencia con el amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Dial\u00e9ctica de aut\u00e9ntica sabidur\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el di\u00e1logo se descubre cu\u00e1n diversos son los caminos que conducen a la luz de la fe y c\u00f3mo es posible hacerlos converger a un mismo fin. Aun siendo divergentes, pueden llegar a ser complementarios, empujando nuestro razonamiento fuera de los senderos comunes y oblig\u00e1ndolo a profundizar en sus investigaciones y a renovar sus expresiones. La dial\u00e9ctica de este ejercicio de pensamiento y de paciencia nos har\u00e1 descubrir elementos de verdad aun en las opiniones ajenas, nos obligar\u00e1 a expresar con gran lealtad nuestra ense\u00f1anza y nos dar\u00e1 m\u00e9rito por el trabajo de haberlo expuesto a las objeciones y a la lenta asimilaci\u00f3n de los dem\u00e1s. Nos har\u00e1 sabios, nos har\u00e1 maestros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">39. \u00bfY cu\u00e1l es el modo que tiene de desarrollarse?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muchas son las formas del di\u00e1logo de la salvaci\u00f3n. Obedece a exigencias pr\u00e1cticas, escoge medios aptos, no se liga a vanos apriorismos, no se petrifica en expresiones inm\u00f3viles, cuando \u00e9stas ya han perdido la capacidad de hablar y mover a los hombres. Esto plantea un gran problema: el de la conexi\u00f3n de la misi\u00f3n de la Iglesia con la vida de los hombres en un determinado tiempo, en un determinado sitio, en una determinada cultura y en una determinada situaci\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfHasta qu\u00e9 punto debe la Iglesia acomodarse a las circunstancias hist\u00f3ricas y locales en que desarrolla su misi\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo debe precaverse del peligro de un relativismo que llegue a afectar su fidelidad dogm\u00e1tica y moral? Pero \u00bfc\u00f3mo hacerse al mismo tiempo capaz de acercarse a todos para salvarlos a todos, seg\u00fan el ejemplo del Ap\u00f3stol:&nbsp;<em>Me hago todo para todos, a fin de salvar a todos<\/em>? (<em>1Cor<\/em>&nbsp;9,22). Desde fuera no se salva al mundo. Como el Verbo de Dios, que se ha hecho hombre, hace falta hacerse una misma cosa, hasta cierto punto, con las formas de vida de aquellos a quienes se quiere llevar el mensaje de Cristo; hace falta compartir \u2014sin que medie distancia de privilegios o diafragma de lenguaje incomprensible\u2014 las costumbres comunes, con tal que sean humanas y honestas, sobre todo las de los m\u00e1s peque\u00f1os, si queremos ser o\u00eddos y comprendidos. Hace falta, aun antes de hablar, escuchar la voz, m\u00e1s a\u00fan, el coraz\u00f3n del hombre, comprenderlo y respetarlo en la medida de lo posible y, cuando lo merece, secundarlo. Hace falta hacerse hermanos de los hombres en el momento mismo que queremos ser sus pastores, padres y maestros. El clima del di\u00e1logo es la amistad. M\u00e1s todav\u00eda: el servicio. Debemos recordar todo esto y esforzarnos por practicarlo seg\u00fan el ejemplo y el precepto que Cristo nos dej\u00f3 (<em>Jn<\/em>&nbsp;13, 14-17<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">40. Pero queda un peligro. El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuaci\u00f3n o en una disminuci\u00f3n de la verdad. Nuestro di\u00e1logo no puede ser una debilidad respecto al compromiso con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acci\u00f3n que deben definir nuestra profesi\u00f3n cristiana. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. S\u00f3lo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente ap\u00f3stol. Y s\u00f3lo el que vive con plenitud la vocaci\u00f3n cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Insustituible supremac\u00eda de la predicaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">41. Creemos que la voz del concilio, al tratar de las cuestiones relativas a la Iglesia que ejerce su actividad en el mundo moderno, indicar\u00e1 algunos criterios te\u00f3ricos y pr\u00e1cticos que sirvan de gu\u00eda para conducir como es debido nuestro di\u00e1logo con los hombres de nuestro tiempo. E igualmente pensamos que, trat\u00e1ndose de cuestiones que, por un lado, tocan a la misi\u00f3n propiamente apost\u00f3lica de la Iglesia, y por otro las diversas y variables circunstancias en las cu\u00e1les \u00e9sta se desarrolla, ser\u00e1 tarea del gobierno prudente y eficaz de la misma Iglesia trazar de vez en cuando l\u00edmites, formas y caminos para mantener animado un di\u00e1logo vivaz y ben\u00e9fico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dejamos por esto el tema para limitarnos a recordar una vez m\u00e1s la gran importancia que la predicaci\u00f3n cristiana conserva y adquiere, sobre todo hoy, en el cuadro del apostolado cat\u00f3lico, es decir, por lo que ahora tratamos, en el di\u00e1logo. Ninguna forma de difusi\u00f3n del pensamiento, aun elevado t\u00e9cnicamente por medio de la prensa y de los medios audiovisivos a una extraordinaria eficacia, puede sustituir la predicaci\u00f3n. Apostolado y predicaci\u00f3n, en cierto sentido, son equivalentes. La predicaci\u00f3n es el primer apostolado. El nuestro, venerables hermanos, es antes que nada ministerio de la Palabra. Nosotros sabemos muy bien estas cosas, pero nos parece que conviene record\u00e1rnosla ahora para dar a nuestra acci\u00f3n pastoral la direcci\u00f3n exacta. Debemos volver al estudio, no ya de la elocuencia humana o de la ret\u00f3rica vana, sino del arte genuino arte de la palabra sagrada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">42. Debemos buscar las leyes de su sencillez, de su claridad, de su fuerza y de su autoridad para vencer la natural ineptitud en el empleo de un instrumento espiritual tan alto y misterioso cual es la palabra, y para competir noblemente con cuantos hoy tienen un influjo ampl\u00edsimo con la palabra mediante el acceso a las tribunas de la p\u00fablica opini\u00f3n. Debemos pedir al Se\u00f1or el grave y embriagador carisma de la palabra (<em>Jer<\/em>&nbsp;1, 6), para ser dignos de dar a la fe su principio eficaz y pr\u00e1ctico (<em>Rom<\/em>&nbsp;10, 17), y de hacer llegar nuestro mensaje hasta los confines de la tierra (<em>Sal<\/em>&nbsp;18, 5;&nbsp;<em>Rom<\/em>&nbsp;10, 18). Que las prescripciones de la constituci\u00f3n conciliar&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">De sacra liturgia<\/a><\/em>&nbsp;sobre el ministerio de la palabra encuentren en nosotros celosos y h\u00e1biles ejecutores. Y que la catequesis al pueblo cristiano y a cuantos sea posible ofrecerla resulte siempre pr\u00e1ctica en el lenguaje y experta en el m\u00e9todo, asidua en el ejercicio, avalada por el testimonio de verdaderas virtudes, \u00e1vida de progresar y de llevar a los oyentes a la seguridad de la fe, a la intuici\u00f3n de la coincidencia entre la Palabra divina y la vida y a los albores del Dios vivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Debemos, finalmente, aludir a aquellos a quienes se dirige nuestro di\u00e1logo. Pero no queremos anticipar, ni siquiera en este aspecto, la voz del concilio. Resonar\u00e1, Dios mediante, dentro de poco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">43, Hablando, en general, acerca de esta actitud de interlocutora que la Iglesia debe hoy adoptar con renovado fervor, queremos sencillamente indicar que ha de estar dispuesta a sostener el di\u00e1logo con todos los hombres de buena voluntad, dentro y fuera de su propio \u00e1mbito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfCon qui\u00e9n dialogar?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nadie es extra\u00f1o a su coraz\u00f3n. Nadie es indiferente a su ministerio. Nadie es enemigo, a no ser que \u00e9l mismo quiera serlo. No sin raz\u00f3n se llama cat\u00f3lica, no sin raz\u00f3n tiene el encargo de promover en el mundo la unidad, el amor y la paz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia no ignora las formidables dimensiones de tal misi\u00f3n; conoce la desproporci\u00f3n que se\u00f1alan las estad\u00edsticas entre lo que ella es y la poblaci\u00f3n de la tierra; conoce los l\u00edmites de sus fuerzas, conoce hasta sus propias humanas debilidades, sus propios fallos, sabe tambi\u00e9n que la buena acogida del Evangelio no depende, en fin de cuentas, de alg\u00fan esfuerzo apost\u00f3lico suyo o de alguna favorable circunstancia de orden temporal: la fe es un don de Dios y Dios se\u00f1ala en el mundo las l\u00ednea y las horas de su salvaci\u00f3n. Pero la Iglesia sabe que es semilla, que es fermento, que es sal y luz del mundo. La Iglesia se da cuenta de la asombrosa novedad del tiempo moderno, pero con c\u00e1ndida confianza se asoma a los caminos de la historia y dice a los hombres: yo tengo lo que vosotros busc\u00e1is, lo que os falta. Con esto no promete la felicidad terrena, sino que ofrece algo \u2014su luz y su gracia\u2014 para conseguirla del mejor modo posible y habla a los hombres de su destino trascendente. Y mientras tanto les habla de verdad, de justicia, de libertad, de progreso, de concordia, de paz, de civilizaci\u00f3n. Estas son palabras de las que la Iglesia conoce&nbsp; secreto, Cristo se lo ha confiado. Y por eso la Iglesia tiene un mensaje para cada categor\u00eda de personas: lo tiene para los ni\u00f1os, lo tiene para la juventud, para los hombres cient\u00edficos e intelectuales, lo tiene para el mundo del trabajo y para las clases sociales, lo tiene para los artistas, para los pol\u00edticos y gobernantes, lo tiene especialmente para lo pobres, para los desheredados, para los que sufren, incluso para los que mueren: para todos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">44. Podr\u00e1 parecer que hablando as\u00ed nos dejamos transportar del entusiasmo de nuestra misi\u00f3n y que no nos cuidamos de considerar las posiciones concretas en que la humanidad se halla situada con relaci\u00f3n a la Iglesia cat\u00f3lica. Pero no es as\u00ed, porque vemos muy bien cu\u00e1les son esas posturas concretas, y para dar una idea sumaria de ellas creemos poder clasificarlas a manera de c\u00edrculos conc\u00e9ntricos alrededor del centro en que la mano de Dios nos ha colocado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Primer c\u00edrculo: todo lo que es humano<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay un&nbsp;<em>primer c\u00edrculo<\/em>, inmenso, cuyos l\u00edmites no alcanzamos a ver; se confunden con el horizonte: son los l\u00edmites que circunscriben la humanidad en cuanto tal, al mundo. Medimos la distancia que lo tiene alejado de nosotros, pero no lo sentimos extra\u00f1o. Todo lo que es humano tiene que ver con nosotros. Tenemos en com\u00fan con toda la humanidad la naturaleza, es decir, la vida con todos sus dones, con todos sus problemas: estamos dispuestos a compartir con los dem\u00e1s esta primera universalidad; a aceptar las profundas exigencias de sus necesidades fundamentales, a aplaudir todas las afirmaciones nuevas y, a veces, sublimes de su genio. Y tenemos verdades morales, vitales, que hemos de poner en evidencia y corroborar en la conciencia humana, pues tan ben\u00e9ficas son para todos. Dondequiera que hay un hombre que busca comprenderse a s\u00ed mismo y al mundo, podemos estar en contacto con \u00e9l; dondequiera que se re\u00fanen los pueblos para establecer los derechos y deberes del hombre, nos sentimos honrados cuando nos permiten sentarnos junto a ellos. Si existe en el hombre una&nbsp;<em>anima naturaliter christiana<\/em>, queremos honrarla con nuestra estima y con nuestro di\u00e1logo. Podr\u00edamos recordar a nosotros mismos y a todos c\u00f3mo nuestro actitud es, por un lado, totalmente desinteresada \u2014no tenemos ninguna mira pol\u00edtica o temporal\u2014 y c\u00f3mo, por otro, est\u00e1 dispuesta a aceptar, es decir, a elevar al nivel sobrenatural y cristiano todo honesto valor humano y terrenal; no somos la civilizaci\u00f3n, pero s\u00ed promotores de ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La negaci\u00f3n de Dios obst\u00e1culo al di\u00e1logo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">45. Sabemos, sin embargo, que en este c\u00edrculo sin confines hay muchos por desgracia, much\u00edsimos, que no profesan ninguna religi\u00f3n; sabemos incluso que muchos, en las formas m\u00e1s diversas, se profesan ateos. Y sabemos que hay algunos que abiertamente alardean de su impiedad y la sostienen como programa de educaci\u00f3n humana y de conducta pol\u00edtica, en la ingenua pero fatal convicci\u00f3n de liberar al hombre de viejos y falsos conceptos de la vida y del mundo para sustituirlos, seg\u00fan dicen, por una concepci\u00f3n cient\u00edfica y conforme a las exigencias del progreso moderno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este es el fen\u00f3meno m\u00e1s grave de nuestro tiempo. Estamos firmemente convencidos de que la teor\u00eda en que se funda la negaci\u00f3n de Dios es fundamentalmente equivocada: no responde a las exigencias \u00faltimas e inderogables del pensamiento, priva al orden racional del mundo de sus bases aut\u00e9nticas y fecundas, introduce en la vida humana no una f\u00f3rmula que todo lo resuelve, sino un dogma ciego que la degrada y la entristece, y destruye en su misma ra\u00edz todo sistema social que sobre ese concepto pretende fundarse. No es una liberaci\u00f3n, sino un drama que intenta sofocar la luz del Dios vivo. Por eso, mirando al inter\u00e9s supremo de la verdad, resistiremos con todas nuestras fuerzas a esta avasalladora negaci\u00f3n, por el compromiso sacrosanto adquirido con la confesi\u00f3n fidel\u00edsima de Cristo y de su Evangelio, por el amor apasionado e irrenunciable al destino de la humanidad, y con la esperanza invencible de que el hombre moderno sepa todav\u00eda encontrar en la concepci\u00f3n religiosa que le ofrece el catolicismo su vocaci\u00f3n a una civilizaci\u00f3n que no muere, sino que siempre progresa hacia la perfecci\u00f3n natural y sobrenatural del esp\u00edritu humano, al que la gracia de Dios ha capacitado para el pac\u00edfico y honesto goce de los bienes temporales y ha abierto a la esperanza de los bienes eternos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">46. Estas son las razones que nos obligan, como han obligado a nuestros predecesores \u2014y con ellos a cuantos estiman los valores religiosos\u2014 a condenar los sistemas ideol\u00f3gicos que niegan a Dios y oprimen a la Iglesia, sistemas identificados frecuentemente con reg\u00edmenes econ\u00f3micos, sociales y pol\u00edticos, y entre ellos especialmente el comunismo ateo. Pudiera decirse que su condena no nace de nuestra parte; es el sistema mismo y los reg\u00edmenes que lo personifican los que crean contra nosotros una radical oposici\u00f3n de ideas y opresiones de hechos. Nuestra reprobaci\u00f3n es en realidad, un lamento de v\u00edctimas m\u00e1s bien que una sentencia de jueces.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>A\u00fan en el silencio, amor vigilante<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La hip\u00f3tesis de un di\u00e1logo se hace sumamente dif\u00edcil en tales condiciones, por no decir imposible, a pesar de que en nuestro \u00e1nimo no existe hoy todav\u00eda ninguna exclusi\u00f3n preconcebida hacia las personas que profesan dichos sistemas y se adhieren a esos reg\u00edmenes. Para quien ama la verdad, la discusi\u00f3n es siempre posible. Pero obst\u00e1culos de \u00edndole moral acrecientan enormemente las dificultades, por la falta de suficiente libertad de juicio y de acci\u00f3n y por el abuso dial\u00e9ctico de la palabra, no encaminada precisamente hacia la b\u00fasqueda y la expresi\u00f3n de la verdad objetiva, sino puesta al servicio de finalidades utilitarias preconcebidas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta es la raz\u00f3n por la que el di\u00e1logo calla. La Iglesia del Silencio, por ejemplo, calla, hablando \u00fanicamente con su sufrimiento, al que acompa\u00f1a el sufrimiento de una sociedad oprimida y envilecida donde los derechos del esp\u00edritu quedan atropellados por los del que dispone de su suerte. Y aunque nuestro discurso se abriera en tal estado de cosas, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda ofrecer un di\u00e1logo mientras se viera reducido a ser&nbsp;<em>una voz que grita en el desierto&nbsp;<\/em>(<em>Mt<\/em>&nbsp;1, 3)? El silencio, el grito, la paciencia y siempre el amor son en tal caso el testimonio que a\u00fan hoy puede dar la Iglesia y que ni siquiera la muerte puede sofocar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">47. Pero, por m\u00e1s que la afirmaci\u00f3n y la defensa de la religi\u00f3n y de los valores humanos que ella proclama y sostiene debe ser firme y franca, no por ello renunciamos a la reflexi\u00f3n pastoral cuando tratamos de descubrir en el \u00edntimo esp\u00edritu del ateo moderno los motivos de su perturbaci\u00f3n y de su negaci\u00f3n. Descubrimos que son complejos y m\u00faltiples, tanto que nos vemos obligados a ser cautos al juzgarlos y m\u00e1s eficaces al refutarlos; vemos que nacen a veces de la exigencia de una presentaci\u00f3n m\u00e1s alta y m\u00e1s pura del mundo divino, superior a la que tal vez ha prevalecido en ciertas formas imperfectas de lenguaje y de culto, formas que deber\u00edamos esforzarnos por hacer lo m\u00e1s puras y transparentes posible para que expresen mejor lo sagrado de que son signo. Los vemos invadidos por el ansia, llena de pasi\u00f3n y de utop\u00eda, pero frecuentemente tambi\u00e9n generosa, de un sue\u00f1o de justicia y de progreso, en busca de objetivos sociales divinizados que sustituyen al Absoluto y Necesario, objetivos que denuncian la necesidad insoslayable de un principio y fin divino cuya trascendencia e inmanencia toca a nuestro paciente y sabio magisterio revelar. Los vemos valerse, a veces con ingenuo entusiasmo, de un recurso riguroso a la racionalidad humana, con el prop\u00f3sito de ofrecer una concepci\u00f3n cient\u00edfica del universo; recurso tanto menos discutible cuanto m\u00e1s se funda en los caminos l\u00f3gicos del pensamiento que no se diferencian generalmente de los de nuestra escuela cl\u00e1sica, y arrastrado contra la voluntad de los mismos que piensan encontrar en \u00e9l un arma inexpugnable para su ate\u00edsmo por su intr\u00ednseca validez, arrastrado, decimos, a proceder hacia una nueva y final afirmaci\u00f3n, tanto metaf\u00edsica como l\u00f3gica, del sumo Dios. \u00bfNo se encontrar\u00e1 entre nosotros el hombre capaz de ayudar a este incoercible proceso del pensamiento \u2014que el ateo-pol\u00edtico-intelectual detiene deliberadamente en un punto determinado, apagando la luz suprema de la comprensibilidad del universo\u2014 a desembocar en aquella concepci\u00f3n de realidad objetiva del universo c\u00f3smico, que introduce de nuevo en el esp\u00edritu el sentido de la presencia divina, y en los labios las humildes y balbucientes s\u00edlabas de una feliz oraci\u00f3n? Los vemos tambi\u00e9n, a veces, movidos por nobles sentimientos, asqueados de la mediocridad y del ego\u00edsmo de tantos ambientes sociales contempor\u00e1neos, id\u00f3neos para sacar de nuestro Evangelio formas y lenguaje de solidaridad y de compasi\u00f3n humana. \u00bfNo llegaremos a ser capaces alg\u00fan d\u00eda de hacer que se vuelvan a sus manantiales \u2014que son cristianos\u2014 estas expresiones de valores morales?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">48. Recordando por eso cuanto escribi\u00f3 nuestro predecesor, de venerado recuerdo, el Papa Juan XXIII, en la enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a><\/em>, es decir, que las doctrinas de tales movimientos, una vez elaboradas y definidas, siguen siendo siempre id\u00e9nticas a s\u00ed mismas, pero que los movimientos como tales no pueden menos de desarrollarse y de sufrir cambios, incluso profundos&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftn6\">[6]<\/a>, no perdemos la esperanza de que puedan un d\u00eda abrir con la Iglesia otro di\u00e1logo positivo, distinto del actual que suscita nuestra queja y nuestro obligado lamento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Dialogo por la paz<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero no podemos apartar nuestra mirada del panorama del mundo contempor\u00e1neo sin expresar un deseo halag\u00fce\u00f1o, y es que nuestro prop\u00f3sito de cultivar y perfeccionar nuestro di\u00e1logo, con los variados y mudables aspectos que \u00e9ste presenta, pueda ayudar a la causa de la paz entre los hombres; como m\u00e9todo que trata de regular las relaciones humanas a la noble luz del lenguaje razonable y sincero, y como contribuci\u00f3n de experiencia y de sabidur\u00eda que puede reavivar en todos la consideraci\u00f3n de los valores supremos. La apertura de un di\u00e1logo, desinteresado, objetivo y leal, como desea ser el nuestro, lleva consigo la decisi\u00f3n en favor de una paz libre y honrosa; excluye fingimientos, rivalidades, enga\u00f1os y traiciones; no puede menos de denunciar, como delito y como ruina, la guerra de agresi\u00f3n, de conquista o de predominio, y no puede dejar de extenderse desde las relaciones en la cumbre de las naciones a las que hay en el cuerpo de las naciones mismas y en las bases, as\u00ed sociales como familiares e individuales, para difundir en todas las instituciones y en todos los esp\u00edritus el sentido, el gusto y el deber de la paz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Segundo c\u00edrculo: los creyentes en Dios<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">49. Luego, en torno a Nos, vemos dibujarse otro c\u00edrculo, tambi\u00e9n inmenso, pero menos lejano de nosotros: es, antes que nada, el de los hombres que adoran al Dios \u00fanico y supremo, al mismo que nosotros adoramos; aludimos a los hijos del pueblo hebreo, dignos de nuestro afectuoso respeto, fieles a la religi\u00f3n que nosotros llamamos del Antiguo Testamento; y luego a los adoradores de Dios seg\u00fan concepci\u00f3n de la religi\u00f3n monote\u00edsta, especialmente de la musulmana, merecedores de admiraci\u00f3n por todo lo que en su culto de Dios hay de verdadero y de bueno, y despu\u00e9s todav\u00eda, a los seguidores de las grandes religiones afroasi\u00e1ticas. Evidentemente, no podemos compartir estas variadas expresiones religiosas ni podemos quedar indiferentes, como si todas, a su modo, fuesen equivalentes y como si autorizasen a sus fieles a no buscar si Dios mismo ha revelado una forma exenta de todo error, perfecta y definitiva, con la que El quiere ser conocido, amado y servido; al contrario, por deber de lealtad, hemos de manifestar nuestra persuasi\u00f3n de que la verdadera religi\u00f3n es \u00fanica, y \u00e9sa es la religi\u00f3n cristiana, y que alimentamos la esperanza de que como tal llegue a ser reconocida por todos los que buscan y adoran a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero no queremos negar nuestro respetuoso reconocimiento a los valores espirituales y morales de las diversas confesiones religiosas no cristianas; queremos promover y defender con ellas los ideales que pueden ser comunes en el campo de la liberad religiosa, de la hermandad humana, de la buena cultura, de la beneficencia social y del orden civil. En orden a estos comunes ideales, un di\u00e1logo por nuestra parte es posible y no dejaremos de ofrecerlo dondequiera que con rec\u00edproco y leal respeto sea aceptado con benevolencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Tercer c\u00edrculo: los cristianos hermanos separados<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">50. Y aqu\u00ed se nos presenta el c\u00edrculo m\u00e1s cercano a Nos en el mundo: el de los que llevan el nombre de Cristo. En este campo el di\u00e1logo que ha alcanzado la calificaci\u00f3n de ecum\u00e9nico ya est\u00e1 abierto; m\u00e1s a\u00fan: en algunos sectores se encuentra en fase de inicial y positivo desarrollo. Mucho podr\u00eda decirse sobre este tema tan complejo y tan delicado. Pero nuestro discurso no termina aqu\u00ed. Se limita por ahora a unas pocas indicaciones ya conocidas. Con gusto hacemos nuestro el principio: pongamos en evidencia, primero de todo, lo que nos es com\u00fan antes de subrayar lo que nos divide. Esta es una orientaci\u00f3n buena y fecunda para nuestro di\u00e1logo. Estamos dispuestos a continuarlo cordialmente. Diremos m\u00e1s: que en tantos puntos diferenciales, relativos a la tradici\u00f3n, a la espiritualidad, a las leyes can\u00f3nicas, al culto, estamos dispuestos a estudiar c\u00f3mo secundar los leg\u00edtimos deseos de los hermanos cristianos separados todav\u00eda de nosotros. Nada puede ser m\u00e1s deseable para Nos que el abrazarlos en una perfecta uni\u00f3n de fe y caridad. Pero hemos de decir, sin embargo, que no est\u00e1 en nuestro poder transigir en la integridad de la fe y las exigencia de la caridad. Entrevemos desconfianza y resistencia en este punto. Pero ahora que la Iglesia cat\u00f3lica ha tomado la iniciativa de volver a reunir el \u00fanico redil de Cristo, no dejar\u00e1 de seguir adelante con toda paciencia y con todo miramiento; no dejar\u00e1 de mostrar c\u00f3mo las prerrogativas que mantienen a\u00fan separados de ella a los hermanos no son fruto de ambici\u00f3n hist\u00f3rica y de caprichosa especulaci\u00f3n teol\u00f3gica, sino que se derivan de la voluntad de Cristo y que, entendidas en su aut\u00e9ntico significado, est\u00e1n para beneficio de todos, para la unidad com\u00fan, para la libertad com\u00fan, para plenitud cristiana com\u00fan; la Iglesia cat\u00f3lica no dejar\u00e1 de hacerse id\u00f3nea y merecedora, con la oraci\u00f3n y con la penitencia, de la deseada reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">51. Un pensamiento a este prop\u00f3sito nos aflige, y es el ver c\u00f3mo precisamente Nos, promotores de tal reconciliaci\u00f3n, somos considerados por muchos hermanos separados como el obst\u00e1culo principal que se opone a ella, a causa del primado de honor y de jurisdicci\u00f3n que Cristo confiri\u00f3 al ap\u00f3stol Pedro y que Nos hemos heredado de \u00e9l. \u00bfNo hay quienes sostienen que, si se suprimiese el primado del Papa, la unificaci\u00f3n de las Iglesias separadas con la Iglesia cat\u00f3lica ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil? Queremos suplicar a los hermanos separados que consideren la inconsistencia de tal hip\u00f3tesis, y no s\u00f3lo porque sin el Papa la Iglesia cat\u00f3lica ya no ser\u00eda tal, sino porque faltando en la Iglesia de Cristo el oficio pastoral supremo, eficaz y decisivo de Pedro, la unidad se desmoronar\u00eda, y en vano se intentar\u00eda reconstruirla luego con criterios sustitutivos de aquel aut\u00e9ntico establecido por el mismo Cristo: S<em>e formar\u00edan tantos cismas en la Iglesia cuantos sacerdotes<\/em>, escribe acertadamente San Jer\u00f3nimo&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftn7\">[7]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">52. Queremos, adem\u00e1s, considerar que este gozne central de la santa Iglesia no pretende constituir una supremac\u00eda de orgullo espiritual o de dominio humano sino un primado de servicio, de ministerio y de amor. No es una vana ret\u00f3rica la que atribuye al Vicario de Cristo el t\u00edtulo de&nbsp;<em>servus servorum Dei<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bajo esta luz,&nbsp; nuestro di\u00e1logo siempre est\u00e1 abierto; el cual, aun antes de extenderse en conversaciones fraternales, se abre en coloquios con el Padre celestial en efusiones de oraci\u00f3n y de esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hemos de hacer notar con gozo y alegr\u00eda, venerables hermanos, que este variado y extens\u00edsimo sector de los cristianos separados est\u00e1 todo \u00e9l penetrado por fermentos espirituales que parecen preanunciar un futuro y consolador desarrollo para la causa de su reunificaci\u00f3n en la \u00fanica Iglesia de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Queremos implorar el soplo del Esp\u00edritu Santo sobre el \u00abmovimiento ecum\u00e9nico\u00bb. Deseamos repetir nuestra conmoci\u00f3n y nuestro gozo por el encuentro \u2014lleno de caridad no menos que de nueva esperanza\u2014 que tuvimos en Jerusal\u00e9n con el Patriarca Aten\u00e1goras; queremos saludar con respeto y con reconocimiento la intervenci\u00f3n de tantos representantes de las Iglesias separadas en el concilio ecum\u00e9nico Vaticano II; queremos asegurar una vez m\u00e1s que observamos con atento y sagrado inter\u00e9s los fen\u00f3menos espirituales caracterizados por el problema de la unidad, que mueven a personas, grupos y comunidades de viva y noble religiosidad. Con amor y con reverencia saludamos a todos estos cristianos en la espera de que, cada vez mejor, podamos promover con ellos, en el di\u00e1logo de la sinceridad y del amor, la causa de Cristo y de la unidad que El quiso para su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Di\u00e1logo interior en la Iglesia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">53. Y, finalmente, nuestro di\u00e1logo se ofrece a los hijos de la casa de Dios, la Iglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica, de la que \u00e9sta, la romana es&nbsp;<em>mater et caput<\/em>. \u00a1C\u00f3mo quisi\u00e9ramos gozar de este di\u00e1logo de familia en la plenitud de la fe, de la caridad y de las obras! \u00a1Cu\u00e1n intenso y familiar lo desear\u00edamos, sensible a todas las verdades, a todas las virtudes, a todas las realidades de nuestro patrimonio doctrinal y espiritual! \u00a1Qu\u00e9 sincero y emocionado, en su genuina espiritualidad! \u00a1Qu\u00e9 dispuesto a recoger las m\u00faltiples voces del mundo contempor\u00e1neo! \u00a1Qu\u00e9 capaz de hacer a los cat\u00f3licos hombres verdaderamente buenos, hombres sensatos, hombres libres, hombres serenos y valientes!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este deseo de moldear las relaciones interiores de la Iglesia en el esp\u00edritu propio de un di\u00e1logo entre miembros de una comunidad, cuyo principio constitutivo es la caridad, no suprime el ejercicio de la funci\u00f3n propia de la autoridad por un lado y de la sumisi\u00f3n por el otro; es una exigencia tanto del orden conveniente a toda sociedad bien organizada como, sobre todo, de la constituci\u00f3n jer\u00e1rquica de la Iglesia. La autoridad de la Iglesia es una instituci\u00f3n del mismo Cristo; m\u00e1s a\u00fan: le representa a El, es el veh\u00edculo autorizado de su palabra, es la transposici\u00f3n de su caridad pastoral; de tal modo que la obediencia arranca de motivos de fe, se vuelve escuela de humildad evang\u00e9lica, hace participar al obediente de la sabidur\u00eda, de la unidad, de la edificaci\u00f3n y de la caridad, que sostienen al cuerpo eclesial, y confiere a quien la impone y a quien se conforma con ella el m\u00e9rito de la imitaci\u00f3n de Cristo,<em>&nbsp;hecho obediente hasta la muerte<\/em>&nbsp;(<em>Flp<\/em>&nbsp;2, 8).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, por obediencia enderezada hacia el di\u00e1logo, entendemos el ejercicio de la autoridad, todo \u00e9l impregnado de la conciencia de ser servicio y ministerio de verdad y de caridad; y entendemos tambi\u00e9n la observancia de las normas can\u00f3nicas y la reverencia al gobierno del leg\u00edtimo superior, con prontitud y serenidad, como conviene a hijos libres y amorosos. El esp\u00edritu de independencia, de cr\u00edtica, de rebeli\u00f3n, no est\u00e1 de acuerdo con la caridad animadora de la solidaridad, de la concordia, de la paz en la Iglesia, y transforma f\u00e1cilmente el di\u00e1logo en discusi\u00f3n, en altercado, en disidencia: desagradable fen\u00f3meno \u2014aunque por desgracia siempre a punto de producirse\u2014 contra el cual la voz del ap\u00f3stol Pablo nos amonesta:&nbsp;<em>Que no haya entre vosotros divisiones&nbsp;<\/em>(<em>1Cor<\/em>&nbsp;1,10).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fervor de sentimientos y de obras<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estemos, pues, ardientemente deseosos de que el di\u00e1logo interior, en el seno de la comunidad eclesi\u00e1stica, se enriquezca en fervor, en temas, en n\u00famero de interlocutores, de suerte que se acreciente as\u00ed la vitalidad y la santificaci\u00f3n del Cuerpo m\u00edstico terreno de Cristo. Todo lo que pone en circulaci\u00f3n las ense\u00f1anzas de que la Iglesia es depositaria y dispensadora es bien visto por Nos; ya hemos mencionado antes la vida lit\u00fargica e interior y hemos aludido a la predicaci\u00f3n. Podemos todav\u00eda a\u00f1adir la ense\u00f1anza, la prensa, el apostolado social, las misiones, el ejercicio de la caridad; temas \u00e9stos que tambi\u00e9n el concilio nos har\u00e1 considerar. Y todos los que ordenadamente participan, bajo la direcci\u00f3n de la competente autoridad en el di\u00e1logo vitalizante de la Iglesia, si\u00e9ntanse por Nos animados y bendecidos por Nos: los sacerdotes de un modo especial; los religiosos, los amad\u00edsimos seglares militantes por Cristo en la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica y en tantas otras formas de asociaci\u00f3n y de acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Hoy m\u00e1s que nunca la Iglesia est\u00e1 viva<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">54. Nos sentimos alegres y confortados al observar que un di\u00e1logo as\u00ed en el interior de la Iglesia y hacia el exterior que la rodea ya est\u00e1 en movimiento: \u00a1La Iglesia vive hoy m\u00e1s que nunca! Pero consider\u00e1ndolo bien, parece como si todo estuviera a\u00fan por empezar; comienza hoy el trabajo y no acaba nunca. Tal es la ley de nuestra peregrinaci\u00f3n en la tierra y en el tiempo. Este es el deber habitual, venerables hermanos, de nuestro ministerio, al que hoy todo impulsa para que se haga nuevo, vigilante e intenso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuanto a Nos, mientras os damos estas advertencias, nos place confiar en vuestra colaboraci\u00f3n, al mismo tiempo que os ofrecemos la nuestra: esta comuni\u00f3n de intenciones y de obras la pedimos y la ofrecemos cuando apenas hemos subido con el nombre, y Dios quiera tambi\u00e9n que con algo del esp\u00edritu del Ap\u00f3stol de las Gentes, a la c\u00e1tedra de San Pedro; y celebrando as\u00ed la unidad de Cristo entre nosotros, os enviamos con esta nuestra primera carta,&nbsp;<em>in nomine Domini<\/em>, nuestra fraterna y paterna bendici\u00f3n apost\u00f3lica, que con gusto extendemos a toda la Iglesia y a toda la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Dado en Roma, junto a San Pedro, en la fiesta de la Transfiguraci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, 6 de agosto del a\u00f1o 1964, segundo de nuestro Pontificado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>PABLO PP VI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftnref1\">[1]<\/a>&nbsp;Le\u00f3n XIII,<em>&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_29061896_satis-cognitum.html\">Satis cognitum<\/a>, Acta Leonis XIII,&nbsp;<\/em>VI, (1896), p\u00e1gs. 157-208.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftnref2\">[2]<\/a>&nbsp;P\u00edo XII,&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_29061943_mystici-corporis-christi.html\">Mystici Corporis<\/a>, A. A. S.<\/em>&nbsp;35 (1943) 193-248.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftnref3\">[3]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_29061943_mystici-corporis-christi.html\">Ibid<\/a><\/em>. 193.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftnref4\">[4]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_29061943_mystici-corporis-christi.html\">Ibid<\/a><\/em>. 238.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftnref5\">[5]<\/a>&nbsp;San Agust\u00edn,&nbsp;&nbsp;<em>In Ioann. tract.<\/em>&nbsp;21, 8: PL 35, 1568.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftnref6\">[6]<\/a>&nbsp;Juan XXIII,&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a><\/em>&nbsp;n. 54.<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html#_ftnref7\">[7]<\/a>&nbsp;<em>Dial. contra Luciferianos<\/em>&nbsp;n. 9.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Copyright \u00a9 Dicastero per la Comunicazione &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARTA ENC\u00cdCLICA\u00abECCLESIAM SUAM\u00bbDEL SUMO PONT\u00cdFICEPABLO VI EL &#8220;MANDATO&#8221; DE LA IGLESIAEN EL MUNDO CONTEMPOR\u00c1NEO Venerables hermanos y queridos hijos: 1. Habiendo Jesucristo fundado su Iglesia para que fuese al mismo tiempo madre amorosa de todos los hombres y dispensadora de salvaci\u00f3n, se ve claramente por qu\u00e9 a lo largo de los siglos le han dado [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":7930,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[151],"tags":[],"class_list":["post-7929","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vina-educacion-para-la-fe-farito-de-luz"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7929","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7929"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7929\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7931,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7929\/revisions\/7931"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7930"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7929"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7929"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7929"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}