{"id":8079,"date":"2024-10-22T19:56:43","date_gmt":"2024-10-22T19:56:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/?p=8079"},"modified":"2024-10-22T19:56:44","modified_gmt":"2024-10-22T19:56:44","slug":"carta-enciclica-mysterium-fidei","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/2024\/10\/22\/carta-enciclica-mysterium-fidei\/","title":{"rendered":"CARTA ENC\u00cdCLICA MYSTERIUM FIDEI"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">CARTA ENC\u00cdCLICA<br><strong><em>MYSTERIUM FIDEI<\/em><\/strong><br>DE SU SANTIDAD<br><strong>PABLO VI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SOBRE LA DOCTRINA Y CULTO DE LA SAGRADA EUCARIST\u00cdA<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. El misterio de fe, es decir, el inefable don de la Eucarist\u00eda, que la Iglesia cat\u00f3lica ha recibido de Cristo, su Esposo, como prenda de su inmenso amor, lo ha guardado siempre religiosamente como el tesoro m\u00e1s precioso, y el Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II le ha tributado una nueva y solemn\u00edsima profesi\u00f3n de fe y culto. En efecto, los Padres del Concilio, al tratar de restaurar la Sagrada Liturgia, con su pastoral solicitud en favor de la Iglesia universal, de nada se han preocupado tanto como de exhortar a los fieles a que con entera fe y suma piedad participen activamente en la celebraci\u00f3n de este sacrosanto misterio, ofreci\u00e9ndolo, juntamente con el sacerdote, como sacrificio a Dios por la salvaci\u00f3n propia y de todo el mundo y nutri\u00e9ndose de \u00e9l como alimento espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque si la Sagrada Liturgia ocupa el primer puesto en la vida de la Iglesia, el Misterio Eucar\u00edstico es como el coraz\u00f3n y el centro de la Sagrada Liturgia, por ser la fuente de la vida que nos purifica y nos fortalece de modo que vivamos no ya para nosotros, sino para Dios, y nos unamos entre nosotros mismos con el estrech\u00edsimo v\u00ednculo de la caridad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y para resaltar con evidencia la \u00edntima conexi\u00f3n entre la fe y la piedad, los Padres del Concilio, confirmando la doctrina que la Iglesia siempre ha sostenido y ense\u00f1ado y el Concilio de Trento defini\u00f3 solemnemente juzgaron que era oportuno anteponer, al tratar del sacrosanto Misterio de la Eucarist\u00eda, esta s\u00edntesis de verdades:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abNuestro Salvador, en la Ultima Cena, la noche en que \u00e9l era traicionado, instituy\u00f3 el sacrificio eucar\u00edstico de su cuerpo y sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrifico de la cruz y a confiar as\u00ed a su Esposa, la Iglesia, el&nbsp;<em>memorial<\/em>&nbsp;de su muerte y resurrecci\u00f3n: sacramento de piedad, signo de unidad, v\u00ednculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn1\">[1]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con estas palabras se enaltecen a un mismo tiempo el sacrificio, que pertenece a la esencia de la misa que se celebra cada d\u00eda, y el sacramento, del que participan los fieles por la sagrada comuni\u00f3n, comiendo la carne y bebiendo la sangre de Cristo, recibiendo la gracia, que es anticipaci\u00f3n de la vida eterna y la medicina de la inmortalidad, conforme a las palabras del Se\u00f1or: \u00abEl que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitar\u00e9 en el \u00faltimo d\u00eda\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn2\">[2]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, pues, de la restauraci\u00f3n de la sagrada liturgia Nos esperamos firmemente que brotar\u00e1n copiosos frutos de piedad eucar\u00edstica, para que la santa Iglesia, levantando esta saludable ense\u00f1a de piedad, avance cada d\u00eda m\u00e1s hacia la perfecta unidad&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn3\">[3]<\/a>&nbsp;e invite a todos cuantos se glor\u00edan del nombre cristiano a la unidad de la fe y de la caridad, atray\u00e9ndolos suavemente bajo la acci\u00f3n de la divina gracia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos parece ya entrever estos frutos y como gustar ya sus primicias en la alegr\u00eda manifiesta y en la prontitud de \u00e1nimo con que los hijos de la Iglesia cat\u00f3lica han acogido la Constituci\u00f3n de la sagrada liturgia restaurada; y asimismo en muchas y bien escritas publicaciones destinadas a investigar con mayor profundidad y a conocer con mayor fruto la doctrina sobre la sant\u00edsima Eucarist\u00eda, especialmente en lo referente a su conexi\u00f3n con el misterio de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo esto nos es motivo de no poco consuelo y gozo, que tambi\u00e9n queremos de buen grado comunicaros, venerables hermanos, para que vosotros, con Nos, deis tambi\u00e9n gracias a Dios, dador de todo bien, quien, con su Esp\u00edritu, gobierna a la Iglesia y la fecunda con crecientes virtudes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Motivos de solicitud pastoral y de preocupaci\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. Sin embargo, venerables hermanos, no faltan, precisamente en la materia de que hablamos, motivos de grave solicitud pastoral y de preocupaci\u00f3n, sobre los cuales no nos permite callar la conciencia de nuestro deber apost\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, sabemos ciertamente que entre los que hablan y escriben de este sacrosanto misterio hay algunos que divulgan ciertas opiniones acerca de las misas privadas, del dogma de la transustanciaci\u00f3n y del culto eucar\u00edstico, que perturban las almas de los fieles, caus\u00e1ndoles no poca confusi\u00f3n en las verdades de la fe, como si a cualquiera le fuese l\u00edcito olvidar la doctrina, una vez definida por la Iglesia, o interpretarla de modo que el genuino significado de las palabra o la reconocida fuerza de los conceptos queden enervados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En efecto, no se puede \u2014pongamos un ejemplo\u2014 exaltar tanto la misa, llamada&nbsp;<em>comunitaria<\/em>, que se quite importancia a la misa privada; ni insistir tanto en la naturaleza del signo sacramental como si el simbolismo, que ciertamente todos admiten en la sagrada Eucarist\u00eda, expresase exhaustivamente el modo de la presencia de Cristo en este sacramento; ni tampoco discutir sobre el misterio de la transustanciaci\u00f3n sin referirse a la admirable conversi\u00f3n de toda la sustancia del pan en el cuerpo de Cristo y de toda la sustancia del vino en su sangre, conversi\u00f3n de la que habla el Concilio de Trento, de modo que se limitan ellos tan s\u00f3lo a lo que llaman&nbsp;<em>transignificaci\u00f3n y transfinalizaci\u00f3n<\/em>; como, finalmente, no se puede proponer y aceptar la opini\u00f3n, seg\u00fan la cual en las hostias consagradas, que quedan despu\u00e9s de celebrado el santo sacrificio de la misa, ya no se halla presente Nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todos comprenden c\u00f3mo en estas opiniones y en otras semejantes, que se van divulgando, reciben gran da\u00f1o la fe y el culto de la divina Eucarist\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, pues, para que la esperanza suscitada por el Concilio de una nueva luz de piedad eucar\u00edstica que inunda a toda la Iglesia, no sea frustrada ni aniquilada por los g\u00e9rmenes ya esparcidos de falsas opiniones, hemos decidido hablaros, venerables hermanos, de tan grave tema y comunicaros nuestro pensamiento acerca de \u00e9l con autoridad apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ciertamente, Nos no negamos a los que divulgan tales opiniones el deseo nada despreciable de investigar y poner de manifiesto las inagotables riquezas se tan gran misterio, para hacerlo entender a los hombres de nuestra \u00e9poca; m\u00e1s a\u00fan; reconocemos y aprobamos tal deseo; pero no podemos aprobar las opiniones que defienden, y sentimos el deber de avisaros sobre el grave peligro que esas opiniones constituyen para la recta fe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La sagrada Eucarist\u00eda es un Misterio de fe<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. Ante todo queremos recordar una verdad, por vosotros bien sabida, pero muy necesaria para eliminar todo veneno de racionalismo; verdad, que muchos cat\u00f3licos han sellado con su propia sangre y que celebres Padres y Doctores de la Iglesia han profesado y ense\u00f1ado constantemente, esto es, que la Eucarist\u00eda es un alt\u00edsimo misterio, m\u00e1s a\u00fan, hablando con propiedad, como dice la sagrada liturgia, el&nbsp;<em>misterio de fe<\/em>. Efectivamente, s\u00f3lo en \u00e9l, como muy sabidamente dice nuestro predecesor Le\u00f3n XIII, de feliz memoria,&nbsp;<em>se contienen con singular riqueza y variedad de milagros todas las realidades sobrenaturales<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn4\">[4]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego es necesario que nos acerquemos, particularmente a este misterio, con humilde reverencia, no siguiendo razones humanas, que deben callar, sino adhiri\u00e9ndonos firmemente a la Revelaci\u00f3n divina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">San Juan Cris\u00f3stomo, que, como sab\u00e9is, trat\u00f3 con palabra tan elevada y con piedad tan profunda el misterio eucar\u00edstico, instruyendo en cierta ocasi\u00f3n a sus fieles acerca de esta verdad, se expres\u00f3 en estos apropiados t\u00e9rminos: \u00abInclin\u00e9monos ante Dios; y no le contradigamos, aun cuando lo que \u00c9l dice pueda parecer contrario a nuestra raz\u00f3n y a nuestra inteligencia; que su palabra prevalezca sobre nuestra raz\u00f3n e inteligencia. Observemos esta misma conducta respecto al misterio [eucar\u00edstico], no considerando solamente lo que cae bajo los sentidos, sino atendiendo a sus palabras, porque su palabra no puede enga\u00f1ar\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn5\">[5]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Id\u00e9nticas afirmaciones han hecho con frecuencia los doctores escol\u00e1sticos. Que en este sacramento se halle presente el cuerpo verdadero y la sangre verdadera de Cristo,&nbsp;<em>no se puede percibir con los sentidos<\/em>&nbsp;\u2014como dice Santo Tom\u00e1s\u2014,&nbsp;<em>sino s\u00f3lo con la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dio<\/em>s. Por esto, comentando aquel pasaje de San Lucas 22, 19: \u00abHoc est corpus meum quod pro vobis tradetur\u00bb, San Cirilo dice: \u00abNo dudes si esto es verdad, sino m\u00e1s bien acepta con fe las palabras del Salvador: porque, siendo \u00c9l la verdad, no miente\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn6\">[6]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso, haciendo eco al Docto Ang\u00e9lico, el pueblo cristiano canta frecuentemente:&nbsp;<em>Visus tactus gustus in te fallitur, sed auditu solo tuto creditur: Credo quidquid dixit Dei Filius, Nil hoc Verbo veritatis verius<\/em>. [\u00abEn ti se enga\u00f1a la vista, el tacto, el gusto; s\u00f3lo el o\u00eddo cree con seguridad. Creo lo que ha dicho el Hijo de Dios, pues nada hay m\u00e1s verdadero que este Verbo de la verdad\u00bb].<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s a\u00fan, afirma San Buenaventura: \u00abQue Cristo est\u00e1 en el sacramento como signo, no ofrece dificultad alguna; pero que est\u00e9 verdaderamente en el sacramento, como en el cielo, he ah\u00ed la grand\u00edsima dificultad; creer esto, pues, es muy meritorio\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn7\">[7]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo dem\u00e1s, esto mismo ya lo insin\u00faa el Evangelio, cuando cuenta c\u00f3mo muchos de los disc\u00edpulos de Cristo, luego de o\u00edr que hab\u00edan de comer su carne y beber su sangre, volvieron las espaldas al Se\u00f1or y le abandonaron diciendo: \u00ab\u00a1Duras son estas palabras! \u00bfQui\u00e9n puede o\u00edrlas?\u00bb. En cambio Pedro, al preguntarle el Se\u00f1or si tambi\u00e9n los Doce quer\u00edan marcharse, afirm\u00f3 con pronta firmeza su fe y la de los dem\u00e1s ap\u00f3stoles, con esta admirable respuesta: \u00abSe\u00f1or, \u00bfa qui\u00e9n ir\u00edamos? T\u00fa tienes palabras de vida eterna\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn8\">[8]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y as\u00ed es l\u00f3gico que al investigar este misterio sigamos como una estrella el magisterio de la Iglesia, a la cual el divino Redentor ha confiado la Palabra de Dios, escrita o transmitida oralmente, para que la custodie y la interprete, convencidos de que&nbsp;<em>aunque no se indague con la raz\u00f3n, aunque no se explique con la palabra, es verdad, sin embargo, lo que desde la antigua edad con fe cat\u00f3lica veraz se predica y se cree en toda la Iglesia<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn9\">[9]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero esto no basta. Efectivamente, aunque se salve la integridad de la fe, es tambi\u00e9n necesario atenerse a una manera apropiada de hablar no sea que, con el uso de palabras inexactas, demos origen a falsas opiniones \u2014lo que Dios no quiera\u2014 acerca de la fe en los m\u00e1s altos misterios. Muy a prop\u00f3sito viene el grave aviso de San Agust\u00edn, cuando considera el diverso modo de hablar de los fil\u00f3sofos y el de los cristianos: \u00abLos fil\u00f3sofos \u2014escribe\u2014 hablan libremente y en las cosas muy dif\u00edciles de entender no temen herir los o\u00eddos religiosos. Nosotros, en cambio, debemos hablar seg\u00fan una regla determinada, no sea que el abuso de las palabras engendre alguna opini\u00f3n imp\u00eda aun sobre las cosas por ellas significadas\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn10\">[10]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La norma, pues, de hablar que la Iglesia, con un prolongado trabajo de siglos, no sin ayuda del Esp\u00edritu Santo, ha establecido, confirm\u00e1ndola con la autoridad de los concilios, norma que con frecuencia se ha convertido en contrase\u00f1a y bandera de la fe ortodoxa, debe ser religiosamente observada, y nadie, a su propio arbitrio o so pretexto de nueva ciencia, presuma cambiarla. \u00bfQui\u00e9n, podr\u00eda tolerar jam\u00e1s, que las f\u00f3rmulas dogm\u00e1ticas usadas por los concilios ecum\u00e9nicos para los misterios de la Sant\u00edsima Trinidad y de la Encarnaci\u00f3n se juzguen como ya inadecuadas a los hombres de nuestro tiempo y que en su lugar se empleen inconsideradamente otras nuevas? Del mismo modo no se puede tolerar que cualquiera pueda atentar a su gusto contra las f\u00f3rmulas con que el Concilio Tridentino ha propuesto la fe del misterio eucar\u00edstico. Porque esas f\u00f3rmulas, como las dem\u00e1s usadas por la Iglesia para proponer los dogmas de la fe, expresan conceptos no ligados a una determinada forma de cultura ni a una determinada fase de progreso cient\u00edfico, ni a una u otra escuela teol\u00f3gica, sino que manifiestan lo que la mente humana percibe de la realidad en la universal y necesaria experiencia y lo expresa con adecuadas y determinadas palabras tomadas del lenguaje popular o del lenguaje culto. Por eso resultan acomodadas a todos los hombres de todo tiempo y lugar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Verdad es que dichas f\u00f3rmulas se pueden explicar m\u00e1s clara y m\u00e1s ampliamente con mucho fruto, pero nunca en un sentido diverso de aquel en que fueron usadas, de modo que al progresar la inteligencia de la fe permanezca intacta la verdad de la fe. Porque, seg\u00fan ense\u00f1a el Concilio Vaticano I, en los sagrados dogmas&nbsp;<em>se debe siempre retener el sentido que la Santa Madre Iglesia ha declarado una vez para siempre y nunca es l\u00edcito alejarse de ese sentido bajo el especioso pretexto de una m\u00e1s profunda inteligencia<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn11\">[11]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>El misterio eucar\u00edstico se realiza en el sacrificio de la misa<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4. Y para edificaci\u00f3n y alegr\u00eda de todos, nos place, venerables hermanos, recordar la doctrina que la Iglesia cat\u00f3lica conserva por la tradici\u00f3n y ense\u00f1a con un\u00e1nime consentimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante todo, es provechoso traer a la memoria lo que es como la s\u00edntesis y punto central de esta doctrina, es decir, que por el misterio eucar\u00edstico se representa de manera admirable el sacrificio de la Cruz consumado de una vez para siempre en el Calvario, se recuerda continuamente y se aplica su virtud salvadora para el perd\u00f3n de los pecados que diariamente cometemos&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn12\">[12]<\/a>. Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, al instituir el misterio eucar\u00edstico, sancion\u00f3 con su sangre el Nuevo Testamento, cuyo Mediador es \u00c9l, como en otro tiempo Mois\u00e9s hab\u00eda sancionado el Antiguo con la sangre de los terneros&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn13\">[13]<\/a>. Porque, como cuenta el Evangelista, en la \u00faltima cena, \u00abtomando el pan, dio gracias, lo parti\u00f3 y se lo dio, diciendo: Este es mi Cuerpo, entregado por vosotros; haced esto en memoria m\u00eda. Asimismo tom\u00f3 el c\u00e1liz, despu\u00e9s de la cena, diciendo: Este es el c\u00e1liz de la nueva Alianza en mi sangre, derramada por vosotros\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn14\">[14]<\/a>. Y as\u00ed, al ordenar a los Ap\u00f3stoles que hicieran esto en memoria suya, quiso por lo mismo que se renovase perpetuamente. Y la Iglesia naciente lo cumpli\u00f3 fielmente, perseverando en la doctrina de los Ap\u00f3stoles y reuni\u00e9ndose para celebrar el sacrificio eucar\u00edstico: \u00abTodos ellos perseveraban \u2014atestigua cuidadosamente San Lucas\u2014 en la doctrina de los ap\u00f3stoles y en la comuni\u00f3n de la fracci\u00f3n del pan y en la oraci\u00f3n\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn15\">[15]<\/a>. Y era tan grande el fervor que los fieles recib\u00edan de esto, que pod\u00eda decirse de ellos: \u00abla muchedumbre de los creyentes era un solo coraz\u00f3n y un alma sola\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn16\">[16]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y el ap\u00f3stol Pablo, que nos transmiti\u00f3 con toda fidelidad lo que el Se\u00f1or le hab\u00eda ense\u00f1ado&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn17\">[17]<\/a>, habla claramente del sacrificio eucar\u00edstico, cuando demuestra que los cristianos no pueden tomar parte en los sacrificios de los paganos, precisamente porque se han hecho participantes de la mesa del Se\u00f1or. \u00abEl c\u00e1liz de bendici\u00f3n que bendecimos \u2014dice\u2014 \u00bfno es por ventura la comunicaci\u00f3n de la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos \u00bfno es acaso la participaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo?&#8230; No pod\u00e9is beber el c\u00e1liz de Cristo y el c\u00e1liz de los demonios, no pod\u00e9is tomar parte en la mesa del Se\u00f1or y en la mesa de los demonios\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn18\">[18]<\/a>. La Iglesia, ense\u00f1ada por el Se\u00f1or y por los ap\u00f3stoles ha ofrecido siempre esta nueva oblaci\u00f3n del Nuevo Testamento, que Malaqu\u00edas hab\u00eda preanunciado&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn19\">[19]<\/a>, no s\u00f3lo por los pecados de los fieles a\u00fan vivos y por sus penas, expiaciones y dem\u00e1s necesidades, sino tambi\u00e9n por los muertos en Cristo, no purificados a\u00fan del todo&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn20\">[20]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y omitiendo otros testimonios, recordamos tan s\u00f3lo el de San Cirilo de Jerusal\u00e9n, el cual, instruyendo a los ne\u00f3fitos en la fe cristiana, dijo estas memorables palabras: \u00abDespu\u00e9s de completar el sacrificio espiritual, rito incruento, sobre la hostia propiciatoria, pedimos a Dios por la paz com\u00fan de las Iglesias, por el recto orden del mundo, por los emperadores, por los ej\u00e9rcitos y los aliados, por los enfermos, por los afligidos, y, en general, todos nosotros rogamos por todos los que tienen necesidad de ayuda y ofrecemos esta v\u00edctima&#8230; y luego [oramos] tambi\u00e9n por los Santos Padres y obispos difuntos y, en general, por todos los que han muerto entre nosotros, persuadidos de que les ser\u00e1 de sumo provecho a las almas por las cuales se eleva la oraci\u00f3n mientras est\u00e9 aqu\u00ed presente la V\u00edctima Santa y digna de la m\u00e1xima reverencia\u00bb. Confirmando esto con el ejemplo de la corona entretejida para el emperador a fin de que perdone a los desterrados, el mismo santo Doctor concluye as\u00ed su discurso: \u00abDel mismo modo tambi\u00e9n nosotros ofrecemos plegarias a Dios por los difuntos, aunque sean pecadores; no le entretejemos una corona, pero le ofrecemos en compensaci\u00f3n de nuestros pecados a Cristo inmolado, tratando de hacer a Dios propicio para con nosotros y con ellos\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn21\">[21]<\/a>. San Agust\u00edn atestigua que esta costumbre de ofrecer el&nbsp;<em>sacrificio de nuestra redenci\u00f3n tambi\u00e9n por los difuntos<\/em>&nbsp;estaba vigente en la Iglesia romana&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn22\">[22]<\/a>, y al mismo tiempo hace notar que aquella costumbre, como transmitida por los Padres, se guardaba en toda la Iglesia&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn23\">[23]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero hay otra cosa que, por ser muy \u00fatil para ilustrar el misterio de la Iglesia, nos place a\u00f1adir; esto es, que la Iglesia, al desempe\u00f1ar la funci\u00f3n de sacerdote y v\u00edctima juntamente con Cristo, ofrece toda entera el sacrificio de la misa, y toda entera se ofrece en \u00e9l. Nos deseamos ardientemente que esta admirable doctrina, ense\u00f1ada ya por los Padres&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn24\">[24]<\/a>, recientemente expuesta por nuestro predecesor P\u00edo XII, de inmortal memoria&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn25\">[25]<\/a>, y \u00faltimamente expresada por el Concilio Vaticano II en la Constituci\u00f3n&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">De Ecclesia<\/a><\/em>&nbsp;a prop\u00f3sito del pueblo de Dios&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn26\">[26]<\/a>, se explique con frecuencia y se inculque profundamente en las almas de los fieles, dejando a salvo, como es justo, la distinci\u00f3n no s\u00f3lo de grado, sino tambi\u00e9n de naturaleza que hay entre el sacerdocio de los fieles y el sacerdocio jer\u00e1rquico&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn27\">[27]<\/a>. Porque esta doctrina, en efecto, es muy apta para alimentar la piedad eucar\u00edstica, para enaltecer la dignidad de todos los fieles y para estimular a las almas a llegar a la cumbre de la santidad, que no consiste sino en entregarse por completo al servicio de la divina Majestad con generosa oblaci\u00f3n de s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Conviene, adem\u00e1s, recordar la conclusi\u00f3n que de esta doctrina se desprende sobre la naturaleza p\u00fablica y social de toda misa&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn28\">[28]<\/a>. Porque toda misa, aunque sea celebrada privadamente por un sacerdote, no es acci\u00f3n privada, sino acci\u00f3n de Cristo y de la Iglesia, la cual, en el sacrifico que ofrece, aprende a ofrecerse a s\u00ed misma como sacrificio universal, y aplica a la salvaci\u00f3n del mundo entero la \u00fanica e infinita virtud redentora del sacrificio de la Cruz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pues cada misa que se celebra se ofrece no s\u00f3lo por la salvaci\u00f3n de algunos, sino tambi\u00e9n por la salvaci\u00f3n de todo el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De donde se sigue que, si bien a la celebraci\u00f3n de la misa conviene en gran manera, por su misma naturaleza, que un gran n\u00famero de fieles tome parte activa en ella, no hay que desaprobar, sino antes bien aprobar, la misa celebrada privadamente, seg\u00fan las prescripciones y tradiciones de la Iglesia, por un sacerdote con s\u00f3lo el ministro que le ayuda y le responde; porque de esta misa se deriva gran abundancia de gracias especiales para provecho ya del mismo sacerdote, ya del pueblo fiel y de otra la Iglesia, y aun de todo el mundo: gracias que no se obtienen en igual abundancia con la sola comuni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo tanto, con paternal insistencia, recomendamos a los sacerdotes \u2014que de un modo particular constituyen nuestro gozo y nuestra corona en el Se\u00f1or\u2014 que, recordando la potestad, que recibieron del obispo que los consagr\u00f3 para ofrecer a Dios el sacrificio y celebrar misas tanto por los vivos como por los difuntos en nombre del Se\u00f1or&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn29\">[29]<\/a>, celebren cada d\u00eda la misa digna y devotamente, de suerte que tanto ellos mismos como los dem\u00e1s cristianos puedan gozar en abundancia de la aplicaci\u00f3n de los frutos que brotan del sacrificio de la Cruz. As\u00ed tambi\u00e9n contribuyen en grado sumo a la salvaci\u00f3n del genero humano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>En el sacrificio de la misa, Cristo se hace sacramentalmente presente<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5. Cuanto hemos dicho brevemente acerca del sacrificio de la misa nos anima a exponer algo tambi\u00e9n sobre el sacramento de la Eucarist\u00eda, ya que ambos, sacrificio y sacramento, pertenecen al mismo misterio sin que se pueda separar el uno del otro. El Se\u00f1or se inmola de manera incruenta en el sacrificio de la misa, que representa el sacrifico de la cruz, y nos aplica su virtud salvadora, cuando por las palabras de la consagraci\u00f3n comienza a estar sacramentalmente presente, como alimento espiritual de los fieles, bajo las especies del pan y del vino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bien sabemos todos que son distintas las maneras de estar presente Cristo en su Iglesia. Resulta \u00fatil recordar algo m\u00e1s por extenso esta bell\u00edsima verdad que la Constituci\u00f3n&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">De sacra liturgia<\/a><\/em>&nbsp;expuso brevemente&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn30\">[30]<\/a>. Presente est\u00e1 Cristo en su Iglesia que ora,&nbsp;<em>porque es \u00e9l quien ora por nosotros, ora en nosotros y a El oramos: ora por nosotros como Sacerdote nuestro; ora en nosotros como Cabeza nuestra y a El oramos como a Dios nuestro<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn31\">[31]<\/a>. Y El mismo prometi\u00f3: \u00abDonde est\u00e1n dos o tres congregados en mi nombre, all\u00ed estoy yo en medio de ellos\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn32\">[32]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Presente est\u00e1 El en su Iglesia que ejerce las obras de misericordia, no s\u00f3lo porque cuando hacemos alg\u00fan bien a uno de sus hermanos peque\u00f1os se lo hacemos al mismo Cristo&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn33\">[33]<\/a>, sino tambi\u00e9n porque es Cristo mismo quien realiza estas obras por medio de su Iglesia, socorriendo as\u00ed continuamente a los hombres con su divina caridad. Presente est\u00e1 en su Iglesia que peregrina y anhela llegar al puerto de la vida eterna, porque El habita en nuestros corazones por la fe&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn34\">[34]<\/a>&nbsp;y en ellos difunde la caridad por obra del Esp\u00edritu Santo que El nos ha dado&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn35\">[35]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De otra forma, muy verdadera, sin embargo, est\u00e1 tambi\u00e9n presente en su Iglesia que predica, puesto que el Evangelio que ella anuncia es la Palabra de Dios, y solamente en el nombre, con la autoridad y con la asistencia de Cristo, Verbo de Dios encarnado, se anuncia, a fin de que haya&nbsp;<em>una sola grey gobernada por un solo pastor<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn36\">[36]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Presente est\u00e1 en su Iglesia que rige y gobierna al pueblo de Dios, puesto que la sagrada potestad se deriva de Cristo, y Cristo,&nbsp;<em>Pastor de los pastores<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn37\">[37]<\/a>, asiste a los pastores que la ejercen, seg\u00fan la promesa hecha a los Ap\u00f3stoles. Adem\u00e1s, de modo a\u00fan m\u00e1s sublime, est\u00e1 presente Cristo en su Iglesia que en su nombre ofrece el sacrificio de la misa y administra los sacramentos. A prop\u00f3sito de la presencia de Cristo en el ofrecimiento del sacrificio de la misa, nos place recordar lo que san Juan Cris\u00f3stomo, lleno de admiraci\u00f3n, dijo con verdad y elocuencia: \u00abQuiero a\u00f1adir una cosa verdaderamente maravillosa, pero no os extra\u00f1\u00e9is ni turb\u00e9is. \u00bfQu\u00e9 es? La oblaci\u00f3n es la misma, cualquiera que sea el oferente, Pablo o Pedro; es la misma que Cristo confi\u00f3 a sus disc\u00edpulos, y que ahora realizan los sacerdotes; esta no es, en realidad, menor que aqu\u00e9lla, porque no son los hombres quienes la hacen santa, sino aquel que la santific\u00f3. Porque as\u00ed como las palabras que Dios pronunci\u00f3 son las mismas que el sacerdote dice ahora, as\u00ed la oblaci\u00f3n es la misma\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn38\">[38]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nadie ignora, en efecto, que los sacramentos son acciones de Cristo, que los administra por medio de los hombres. Y as\u00ed los sacramentos son santos por s\u00ed mismos y por la virtud de Cristo: al tocar los cuerpos, infunden gracia en la almas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas varias maneras de presencia llenan el esp\u00edritu de estupor y dan a contemplar el misterio de la Iglesia. Pero es muy distinto el modo, verdaderamente sublime, con el cual Cristo est\u00e1 presente a su Iglesia en el sacramento de la Eucarist\u00eda, que por ello es,<em>&nbsp;entre los dem\u00e1s sacramentos, el m\u00e1s dulce por la devoci\u00f3n, el m\u00e1s bello por la inteligencia, el m\u00e1s santo por el contenido<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn39\">[39]<\/a>; ya que contiene al mismo Cristo y es&nbsp;<em>como la perfecci\u00f3n de la vida espiritual y el fin de todos los sacramentos<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn40\">[40]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal presencia se llama&nbsp;<em>real<\/em>, no por exclusi\u00f3n, como si las otras no fueran&nbsp;<em>reales<\/em>, sino por antonomasia, porque es tambi\u00e9n corporal y&nbsp;<em>substancial<\/em>, pues por ella ciertamente se hace presente Cristo, Dios y hombre, entero e \u00edntegro&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn41\">[41]<\/a>. Falsamente explicar\u00eda esta manera de presencia quien se imaginara una naturaleza, como dicen, \u00abpneum\u00e1tica\u00bb y omnipresente, o la redujera a los l\u00edmites de un simbolismo, como si este august\u00edsimo sacramento no consistiera sino tan s\u00f3lo en un signo eficaz&nbsp;<em>de la presencia espiritual de Cristo y de su \u00edntima uni\u00f3n con los fieles del Cuerpo m\u00edstico<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn42\">[42]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Verdad es que acerca del simbolismo eucar\u00edstico, sobre todo con referencia a la unidad de la Iglesia, han tratado mucho los Padres y Doctores escol\u00e1sticos. El Concilio de Trento, al resumir su doctrina, ense\u00f1a que nuestro Salvador dej\u00f3 en su Iglesia la Eucarist\u00eda&nbsp;<em>como un s\u00edmbolo&#8230; de su unidad y de la caridad con la que quiso estuvieran \u00edntimamente unidos entre s\u00ed todos los cristianos, y por lo tanto, s\u00edmbolo de aquel \u00fanico Cuerpo del cual El es la Cabeza<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn43\">[43]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya en los comienzos de la literatura cristiana, a prop\u00f3sito de este asunto escribi\u00f3 el autor desconocido de la obra llamada&nbsp;<em>Didach\u00e9<\/em>&nbsp;o&nbsp;<em>Doctrina de los doce Ap\u00f3stoles<\/em>: \u00abPor lo que toca a la Eucarist\u00eda, dad gracias as\u00ed&#8230; como este pan partido estaba antes disperso sobre los montes y recogido se hizo uno, as\u00ed se re\u00fana tu Iglesia desde los confines de la tierra en tu reino\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn44\">[44]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Igualmente San Cipriano, defendiendo la unidad de la Iglesia contra el cisma, dice: \u00abFinalmente, los mismos sacrificios del Se\u00f1or manifiestan la unanimidad de los cristianos, entrelazada con s\u00f3lida e indisoluble caridad. Porque cuando el Se\u00f1or llama cuerpo suyo al pan integrado por la uni\u00f3n de muchos granos, El est\u00e1 indicando la uni\u00f3n de nuestro pueblo, a quien El sosten\u00eda; y cuando llama sangre suya al vino exprimido de muchos granos y racimos y que unidos forman una cosa, indica igualmente nuestra grey, compuesta de una multitud reunida entre s\u00ed\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn45\">[45]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo dem\u00e1s, a todos se hab\u00eda adelantado el Ap\u00f3stol, cuando escrib\u00eda a los Corintios: \u00abPorque el pan es uno solo, constituimos un solo cuerpo todos los que participamos de un solo pan\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn46\">[46]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero si el simbolismo eucar\u00edstico nos hace comprender bien el efecto propio de este sacramento, que es la unidad del Cuerpo m\u00edstico, no explica, sin embargo, ni expresa la naturaleza del sacramento por la cual \u00e9ste se distingue de los dem\u00e1s. Porque la perpetua instrucci\u00f3n impartida por la Iglesia a los catec\u00famenos, el sentido del pueblo cristiano, la doctrina definida por el Concilio de Trento, y las mismas palabras de Cristo, al instituir la sant\u00edsima Eucarist\u00eda, nos obligan a profesar que&nbsp;<em>la Eucarist\u00eda es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, que padeci\u00f3 por nuestros pecados, y al que el Padre, por su bondad, ha resucitado<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn47\">[47]<\/a>. A estas palabras de san Ignacio de Antioqu\u00eda nos agrada a\u00f1adir las de Teodoro de Mopsuestia, fiel testigo en esta materia de la fe de la Iglesia, cuando dec\u00eda al pueblo: \u00abPorque el Se\u00f1or no dijo: Esto es un s\u00edmbolo de mi cuerpo, y esto un s\u00edmbolo de mi sangre, sino: Esto es mi cuerpo y mi sangre. Nos ense\u00f1a a no considerar la naturaleza de la cosa propuesta a los sentidos, ya que con la acci\u00f3n de gracias y las palabras pronunciadas sobre ella se ha cambiado en su carne y sangre\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn48\">[48]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Apoyado en esta fe de la Iglesia, el Concilio de Trento&nbsp;<em>abierta y simplemente afirma que en el ben\u00e9fico sacramento de la santa Eucarist\u00eda, despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n del pan y del vino, se contiene bajo la apariencia de estas cosas sensibles, verdadera, real y substancialmente Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre<\/em>. Por lo tanto, nuestro Salvador est\u00e1 presente seg\u00fan su humanidad, no s\u00f3lo a la derecha del Padre, seg\u00fan el modo natural de existir, sino al mismo tiempo tambi\u00e9n en el sacramento de la Eucarist\u00eda&nbsp;<em>con un modo de existir que si bien apenas podemos expresar con las palabras podemos, sin embargo, alcanzar con la raz\u00f3n ilustrada por la fe y debemos creer firm\u00edsimamente que para Dios es posible<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn49\">[49]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Cristo Se\u00f1or est\u00e1 presente en el sacramento de la Eucarist\u00eda por la transustanciaci\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6. Mas para que nadie entienda err\u00f3neamente este modo de presencia, que supera las leyes de la naturaleza y constituye en su g\u00e9nero el mayor de los milagros&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn50\">[50]<\/a>, es necesario escuchar con docilidad la voz de la iglesia que ense\u00f1a y ora. Esta voz que, en efecto, constituye un eco perenne de la voz de Cristo, nos asegura que Cristo no se hace presente en este sacramento sino por la conversi\u00f3n de toda la sustancia del pan en su cuerpo y de toda la sustancia del vino en su sangre; conversi\u00f3n admirable y singular, que la Iglesia cat\u00f3lica justamente y con propiedad llama transustanciaci\u00f3n&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn51\">[51]<\/a>. Realizada la&nbsp;<em>transustanciaci\u00f3n<\/em>, las especies del pan y del vino adquieren sin duda un nuevo significado y un nuevo fin, puesto que ya no son el pan ordinario y la ordinaria bebida, sino el signo de una cosa sagrada, y signo de un alimento espiritual; pero ya por ello adquieren un nuevo significado y un nuevo fin, puesto que contienen una nueva&nbsp;<em>realidad<\/em>&nbsp;que con raz\u00f3n denominamos&nbsp;<em>ontol\u00f3gica<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque bajo dichas especies ya no existe lo que antes hab\u00eda, sino una cosa completamente diversa; y esto no tan s\u00f3lo por el juicio de la fe de la Iglesia, sino por la realidad objetiva, puesto que, convertida la sustancia o naturaleza del pan y del vino en el cuerpo y en la sangre de Cristo, no queda ya nada del pan y del vino, sino tan s\u00f3lo las especies: bajo ellas Cristo todo entero est\u00e1 presente en su&nbsp;<em>realidad<\/em>&nbsp;f\u00edsica, aun corporalmente, pero no a la manera que los cuerpos est\u00e1n en un lugar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por ello los Padres tuvieron gran cuidado de advertir a los fieles que, al considerar este august\u00edsimo sacramento creyeran no a los sentidos que se fijan en las propiedades del pan y del vino, sino a las palabras de Cristo, que tienen tal virtud que cambian, transforman,&nbsp;<em>transelementan<\/em>&nbsp;el pan y el vino en su cuerpo y en su sangre; porque, como m\u00e1s de una vez lo afirman los mismos Padres, la virtud que realiza esto es la misma virtud de Dios omnipotente, que al principio del tiempo cre\u00f3 el universo de la nada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abInstruido en estas cosas \u2014dice san Cirilo de Jerusal\u00e9n al concluir su serm\u00f3n sobre los misterios de la fe\u2014 e imbuido de una cert\u00edsima fe, para lo cual lo que parece pan no es pan, no obstante la sensaci\u00f3n del gusto, sino que es el cuerpo de Cristo; y lo que parece vino no es vino, aunque as\u00ed le parezca al gusto, sino que es la Sangre de Cristo&#8230;; confirmar tu coraz\u00f3n y come ese pan como algo espiritual y alegra la faz de tu alma\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn52\">[52]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">E insiste san Juan Cris\u00f3stomo: \u00abNo es el hombre quien convierte las cosas ofrecidas en el cuerpo y sangre de Cristo, sino el mismo Cristo que por nosotros fue crucificado. El sacerdote, figura de Cristo, pronuncia aquellas palabras, pero su virtud y la gracia son de Dios. Esto es mi cuerpo, dice. Y esta palabra transforma las cosas ofrecidas\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn53\">[53]<\/a>. Y con el obispo de Constantinopla Juan, est\u00e1 perfectamente de acuerdo el obispo de Alejandr\u00eda Cirilo, cuando en su comentario al Evangelio de san Mateo, escribe: \u00ab[Cristo], se\u00f1alando, dijo:&nbsp;<em>Esto es mi cuerpo, y esta es mi sangre<\/em>, para que no creas que son simples figuras las cosas que se ven, sino que las cosas ofrecidas son transformadas, de manera misteriosa pero realmente por Dios omnipotente, en el cuerpo y en la sangre de Cristo, por cuya participaci\u00f3n recibimos la virtud vivificante y santificadora de Cristo\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn54\">[54]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y Ambrosio, obispo de Mil\u00e1n, hablando con claridad sobre la conversi\u00f3n eucar\u00edstica, dice: \u00abConvenz\u00e1monos de que esto no es lo que la naturaleza form\u00f3, sino lo que la bendici\u00f3n consagr\u00f3 y que la fuerza de la bendici\u00f3n es mayor que la de la naturaleza, porque con la bendici\u00f3n aun la misma naturaleza se cambia\u00bb. Y queriendo confirmar la verdad del misterio, propone muchos ejemplos de milagros narrados en la Escritura, entre los cuales el nacimiento de Jes\u00fas de la Virgen Mar\u00eda, y luego, volvi\u00e9ndose a la creaci\u00f3n concluye: \u00abPor lo tanto, la palabra de Cristo, que ha podido hacer de la nada lo que no exist\u00eda, \u00bfno puede acaso cambiar las cosas que ya existen, en lo que no eran? Pues no es menos dar a las cosas su propia naturaleza, que cambi\u00e1rsela\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn55\">[55]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ni es necesario aducir ya muchos testimonios. M\u00e1s \u00fatil es recordar la firmeza de la fe con que la Iglesia, con un\u00e1nime concordia, resisti\u00f3 a Berengario, quien, cediendo a dificultades sugeridas por la raz\u00f3n humana, fue el primero que se atrevi\u00f3 a negar la conversi\u00f3n eucar\u00edstica. La Iglesia le amenaz\u00f3 repetidas veces con la condena si no se retractaba. Y por eso san Gregorio VII, nuestro predecesor, le impuso prestar un juramento en estos t\u00e9rminos: \u00abCreo de coraz\u00f3n y abiertamente confieso que el pan y el vino que se colocan en el altar, por el misterio de la oraci\u00f3n sagrada, y por las palabras de nuestro Redentor, se convierten sustancialmente en la verdadera, propia y vivificante carne y sangre de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y que despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n est\u00e1 el verdadero cuerpo de Cristo, que naci\u00f3 de la Virgen, y que ofrecido por la salvaci\u00f3n del mundo estuvo pendiente de la cruz, y que est\u00e1 sentado a la derecha del Padre; y que est\u00e1 la verdadera sangre de Cristo, que brot\u00f3 de su costado, y ello no s\u00f3lo por signo y virtud del sacramento, sino aun en la propiedad de la naturaleza y en la realidad de la sustancia\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn56\">[56]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acorde con estas palabras, dando as\u00ed admirable ejemplo de la firmeza de la fe cat\u00f3lica, est\u00e1 todo cuanto los concilios ecum\u00e9nicos Lateranense, Constanciense, Florentino y, finalmente, el Tridentino ense\u00f1aron de un modo constante sobre el misterio de la conversi\u00f3n eucar\u00edstica, ya exponiendo la doctrina de la Iglesia, ya condenando los errores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s del Concilio de Trento, nuestro predecesor P\u00edo VI advirti\u00f3 seriamente contra los errores del S\u00ednodo de Pistoya, que los p\u00e1rrocos, que tienen el deber de ense\u00f1ar, no descuiden hablar de la transubstanciaci\u00f3n, que es uno de los art\u00edculos de la fe&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn57\">[57]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n nuestro predecesor P\u00edo XII, de feliz memoria, record\u00f3 los l\u00edmites que no deben pasar todos los que discuten con sutilezas sobre el misterio de la transubstanciaci\u00f3n&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn58\">[58]<\/a>. Nos mismo, en el reciente Congreso Nacional Italiano Eucar\u00edstico de Pisa, cumpliendo Nuestro deber apost\u00f3lico hemos dado p\u00fablico y solemne testimonio de la fe de la Iglesia&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn59\">[59]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo dem\u00e1s, la Iglesia cat\u00f3lica, no s\u00f3lo ha ense\u00f1ado siempre la fe sobre a presencia del cuerpo y sangre de Cristo en la Eucarist\u00eda, sino que la ha vivido tambi\u00e9n, adorando en todos los tiempos sacramento tan grande con el culto latr\u00e9utico que tan s\u00f3lo a Dios es debido. Culto sobre el cual escribe san Agust\u00edn: \u00abEn esta misma carne [el Se\u00f1or] ha caminado aqu\u00ed y esta misma carne nos la ha dado de comer para la salvaci\u00f3n; y ninguno come esta carne sin haberla adorado antes&#8230;, de modo que no pecamos ador\u00e1ndola; antes al contrario, pecamos si no la adoramos\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn60\">[60]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Del culto latr\u00e9utico debido al sacramento eucar\u00edstico<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7. La Iglesia cat\u00f3lica rinde este culto latr\u00e9utico al sacramento eucar\u00edstico, no s\u00f3lo durante la misa, sino tambi\u00e9n fuera de su celebraci\u00f3n, conservando con la m\u00e1xima diligencia las hostias consagradas, present\u00e1ndolas a la solemne veneraci\u00f3n de los fieles cristianos, llev\u00e1ndolas en procesi\u00f3n con alegr\u00eda de la multitud del pueblo cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De esta veneraci\u00f3n tenemos muchos testimonios en los antiguos documentos de la Iglesia. Pues los Pastores de la Iglesia siempre exhortaban sol\u00edcitamente a los fieles a que conservaran con suma diligencia la Eucarist\u00eda que llevaban a su casa.&nbsp;<em>En verdad, el Cuerpo de Cristo debe ser comido y no despreciado por los fieles<\/em>, amonesta gravemente san Hip\u00f3lito&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn61\">[61]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Consta que los fieles cre\u00edan, y con raz\u00f3n, que pecaban, seg\u00fan recuerda Or\u00edgenes, cuando, luego de haber recibido [para llevarlo] el Cuerpo del Se\u00f1or, aun conserv\u00e1ndolo con todo cuidado y veneraci\u00f3n, se les ca\u00eda alg\u00fan fragmento suyo por negligencia&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn62\">[62]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Que los mismos Pastores reprobaban fuertemente cualquier defecto de debida reverencia, lo atestigua Novaciano digno de fe en esto, cuando juzga merecedor de reprobaci\u00f3n a quien,&nbsp;<em>saliendo de la celebraci\u00f3n dominical y llevando a\u00fan consigo, como se suele, la Eucarist\u00eda&#8230;, lleva el Cuerpo Santo del Se\u00f1or de ac\u00e1 para all\u00e1, corriendo a los espect\u00e1culos y no a su casa<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn63\">[63]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todav\u00eda m\u00e1s: san Cirilo de Alejandr\u00eda rechaza como locura la opini\u00f3n de quienes sosten\u00edan que la Eucarist\u00eda no sirve nada para la santificaci\u00f3n, cuando se trata de alg\u00fan residuo de ella guardado para el d\u00eda siguiente:&nbsp;<em>Pues ni se altera Cristo, dice, ni se muda su sagrado Cuerpo, sino que persevera siempre en \u00e9l la fuerza, la potencia y la gracia vivificante<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn64\">[64]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ni se debe olvidar que antiguamente los fieles, ya se encontrasen bajo la violencia de la persecuci\u00f3n, ya por amor de la vida mon\u00e1stica viviesen en la soledad, sol\u00edan alimentarse diariamente con la Eucarist\u00eda, tomando la sagrada Comuni\u00f3n aun con sus propias manos, cuando estaba ausente el sacerdote o el di\u00e1cono&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn65\">[65]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No decimos esto, sin embargo, para que se cambie el modo de custodiar la Eucarist\u00eda o de recibir la santa comuni\u00f3n, establecido despu\u00e9s por las leyes eclesi\u00e1sticas y todav\u00eda hoy vigente, sino s\u00f3lo para congratularnos de la \u00fanica fe de la Iglesia, que permanece siempre la misma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De esta \u00fanica fe ha nacido tambi\u00e9n la fiesta del&nbsp;<em>Corpus Christi<\/em>, que, especialmente por obra de la sierva de Dios santa Juliana de Mont Cornillon, fue celebrada por primera vez en la di\u00f3cesis de Lieja, y que nuestro predecesor Urbano IV extendi\u00f3 a toda la Iglesia; y de aquella fe han nacido tambi\u00e9n otras muchas instituciones de piedad eucar\u00edstica que, bajo la inspiraci\u00f3n de la gracia divina, se han multiplicado cada vez m\u00e1s, y con las cuales la Iglesia cat\u00f3lica, casi a porf\u00eda, se esfuerza en rendir homenaje a Cristo, ya para darle las gracias por don tan grande, ya para implorar su misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Exhortaci\u00f3n para promover el culto eucar\u00edstico<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">8. Os rogamos, pues, venerables hermanos, que custodi\u00e9is pura e \u00edntegra en el pueblo, confiado a vuestro cuidado y vigilancia, esta fe que nada desea tan ardientemente como guardar una perfecta fidelidad a la palabra de Cristo y de los Ap\u00f3stoles, rechazando en absoluto todas las opiniones falsas y perniciosas, y que promov\u00e1is, sin rehuir palabras ni fatigas, el culto eucar\u00edstico, al cual deben conducir finalmente todas las otras formas de piedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Que los fieles, bajo vuestro impulso, conozcan y experimenten m\u00e1s y m\u00e1s esto que dice San Agust\u00edn: \u00abEl que quiere vivir tiene d\u00f3nde y de d\u00f3nde vivir. Que se acerque, que crea, que se incorpore para ser vivificado. Que no renuncie a la cohesi\u00f3n de los miembros, que no sea un miembro podrido digno de ser cortado, ni un miembro deforme de modo que se tenga que avergonzar: que sea un miembro hermoso, apto, sano; que se adhiera al cuerpo, que viva de Dios para Dios; que trabaje ahora en la tierra para poder reinar despu\u00e9s en el cielo\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn66\">[66]<\/a>. Diariamente, como es de desear, los fieles en gran n\u00famero participen activamente en el sacrificio de la Misa se alimenten pura y santamente con la sagrada Comuni\u00f3n, y den gracias a Cristo Nuestro Se\u00f1or por tan gran don.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recuerden estas palabras de nuestro predecesor San P\u00edo X: \u00abEl deseo de Jes\u00fas y de la Iglesia de que todos los fieles se acerquen diariamente al sagrado banquete, consiste sobre todo en esto: que los fieles, unidos a Dios por virtud del sacramento, saquen de \u00e9l fuerza para dominar la sensualidad, para purificar de las leves culpas cotidianas y para evitar los pecados graves a los que est\u00e1 sujeto la humana fragilidad\u00bb&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn67\">[67]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s, durante el d\u00eda, que los fieles no omitan el hacer la visita al Sant\u00edsimo Sacramento, que ha de estar reservado con el m\u00e1ximo honor en el sitio m\u00e1s noble de las iglesias, conforme a las leyes lit\u00fargicas, pues la visita es se\u00f1al de gratitud, signo de amor y deber de adoraci\u00f3n a Cristo Nuestro Se\u00f1or, all\u00ed presente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todos saben que la divina Eucarist\u00eda confiere al pueblo cristiano una dignidad incomparable. Ya que no s\u00f3lo mientras se ofrece el sacrificio y se realiza el sacramento, sino tambi\u00e9n despu\u00e9s, mientras la Eucarist\u00eda es conservada en las iglesias y oratorios, Cristo es verdaderamente el&nbsp;<em>Emmanuel<\/em>, es decir, \u00abDios con nosotros\u00bb. Porque d\u00eda y noche est\u00e1 en medio de nosotros, habita con nosotros lleno de gracia y de verdad&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn68\">[68]<\/a>; ordena las costumbres, alimenta las virtudes, consuela a los afligidos, fortalece a los d\u00e9biles, incita a su imitaci\u00f3n a todos que a El se acercan, de modo que con su ejemplo aprendan a ser mansos y humildes de coraz\u00f3n, y a buscar no ya las cosas propias, sino las de Dios. Y as\u00ed todo el que se vuelve hacia el augusto sacramento eucar\u00edstico con particular devoci\u00f3n y se esfuerza en amar a su vez con prontitud y generosidad a Cristo que nos ama infinitamente, experimenta y comprende a fondo, no sin gran gozo y aprovechamiento del esp\u00edritu, cu\u00e1n preciosa es la vida escondida con Cristo en Dios&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn69\">[69]<\/a>&nbsp;y cu\u00e1nto sirve estar en coloquio con Cristo: nada m\u00e1s dulce, nada m\u00e1s eficaz para recorrer el camino de la santidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bien conoc\u00e9is, adem\u00e1s, venerables hermanos, que la Eucarist\u00eda es conservada en los templos y oratorios como centro espiritual de la comunidad religiosa y de la parroquial, m\u00e1s a\u00fan, de la Iglesia universal y de toda la humanidad, puesto que bajo el velo de las sagradas especies contiene a Cristo, Cabeza invisible de la Iglesia, Redentor del mundo, centro de todos los corazones,&nbsp;<em>por quien son todas las cosas y nosotros por El<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn70\">[70]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De aqu\u00ed se sigue que el culto de la divina Eucarist\u00eda mueve muy fuertemente el \u00e1nimo a cultivar el amor&nbsp;<em>social<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn71\">[71]<\/a>, por el cual anteponemos al bien privado el bien com\u00fan; hacemos nuestra la causa de la comunidad, de la parroquia, de la Iglesia universal, y extendemos la caridad a todo el mundo, porque sabemos que doquier existen miembros de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Venerables hermanos, puesto que el Sacramento de la Eucarist\u00eda es signo y causa de la unidad del Cuerpo M\u00edstico de Cristo y en aquellos que con mayor fervor lo veneran excita un activo esp\u00edritu&nbsp;<em>eclesial<\/em>, seg\u00fan se dice, no ces\u00e9is de persuadir a vuestros fieles, para que, acerc\u00e1ndose al misterio eucar\u00edstico, aprendan a hacer suya propia la causa de la Iglesia, a orar a Dios sin interrupci\u00f3n, a ofrecerse a s\u00ed mismos a Dios como agradable sacrificio por la paz y la unidad de la Iglesia, a fin de que todos los hijos de la Iglesia sean una sola cosa y tengan el mismo sentimiento, y que no haya entre ellos cismas, sino que sean perfectos en una misma manera de sentir y de pensar, como manda el Ap\u00f3stol&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn72\">[72]<\/a>; y que todos cuantos a\u00fan no est\u00e1n unidos en perfecta comuni\u00f3n con la Iglesia cat\u00f3lica, por estar separados de ella, pero que se glor\u00edan y honran del nombre cristiano, lleguen cuanto antes con el auxilio de la gracia divina a gozar juntamente con nosotros aquella unidad de fe y de comuni\u00f3n que Cristo quiso que fuera el distintivo de sus disc\u00edpulos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este deseo de orar y consagrarse a Dios por la unidad de la Iglesia lo deben considerar como particularmente suyo los religiosos, hombres y mujeres, puesto que ellos se dedican de modo especial a la adoraci\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento, y son como su corona aqu\u00ed en la tierra, en virtud de los votos que han hecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero queremos una vez mas expresar el deseo de la unidad de todos los cristianos, que es el m\u00e1s querido y grato que tuvo y tiene la Iglesia, con las mismas palabras del Concilio Tridentino en la conclusi\u00f3n del Decreto sobre la sant\u00edsima Eucarist\u00eda: \u00abFinalmente, el Santo S\u00ednodo advierte con paterno afecto, ruega e implora&nbsp;<em>por las entra\u00f1as de la misericordia de nuestro Dios<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn73\">[73]<\/a>&nbsp;que todos y cada uno de los cristianos lleguen alguna vez a unirse concordes en este&nbsp;<em>signo de unidad, en este v\u00ednculo de caridad<\/em>, en este s\u00edmbolo de concordia y considerando tan gran majestad y el amor tan eximio de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que dio su preciosa vida como precio de nuestra salvaci\u00f3n y nos dio&nbsp;<em>su carne para comerla<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn74\">[74]<\/a>, crean y adoren estos sagrados misterios de su Cuerpo y de su Sangre con fe tan firme y constante, con tanta piedad y culto, que les permita recibir frecuentemente este pan&nbsp;<em>supersustancial<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn75\">[75]<\/a>, y que \u00e9ste sea para ellos verdaderamente vida del alma y perenne salud de la mente, de tal forma que, fortalecidos con su vigor&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn76\">[76]<\/a>, puedan llegar desde esta pobre peregrinaci\u00f3n terrena a la patria celestial para comer all\u00ed, ya sin velo alguno, el mismo&nbsp;<em>pan de los \u00e1ngeles<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn77\">[77]<\/a>&nbsp;que ahora &#8220;comen bajo los sagrados velos&#8221;\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn78\">[78]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Ojal\u00e1 que el benign\u00edsimo Redentor que, ya pr\u00f3ximo a la muerte rog\u00f3 al Padre por todos los que hab\u00edan de creer en El para que fuesen una sola cosa, como El y el Padre son una cosa sola&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn79\">[79]<\/a>, se digne o\u00edr lo m\u00e1s pronto posible este ardent\u00edsimo deseo Nuestro y de toda la Iglesia, es decir, que todos, con una sola voz y una sola fe, celebremos el misterio eucar\u00edstico, y que, participando del cuerpo de Cristo, formemos un solo cuerpo&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn80\">[80]<\/a>, unido con los mismos v\u00ednculos con los que \u00e9l quiso quedase asegurada su unidad!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos dirigimos, adem\u00e1s, con fraterna caridad a todos los que pertenecen a las venerables Iglesias del Oriente, en las que florecieron tantos celeb\u00e9rrimos Padres cuyos testimonios sobre la Eucarist\u00eda hemos recordado de buen grado en esta nuestra carta. Nos sentimos penetrados por gran gozo cuando consideramos vuestra fe ante la Eucarist\u00eda que coincide con nuestra fe; cuando escuchamos las oraciones lit\u00fargicas con que celebr\u00e1is vosotros un misterio tan grande; cuando admiramos vuestro culto eucar\u00edstico y leemos a vuestros te\u00f3logos que exponen y defienden la doctrina sobre este august\u00edsimo sacramento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, de la que Cristo Se\u00f1or tom\u00f3 aquella carne, que en este Sacramento, bajo las especies del pan y del vino,&nbsp;<em>se contiene, se ofrece y se come<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn81\">[81]<\/a>, y todos los santos y las santas de Dios, especialmente los que sintieron m\u00e1s ardiente devoci\u00f3n por la divina Eucarist\u00eda, intercedan junto al Padre de las misericordias, para que de la com\u00fan fe y culto eucar\u00edstico brote y reciba m\u00e1s vigor la perfecta unidad de comuni\u00f3n entre todos los cristianos. Impresas est\u00e1n en el \u00e1nimo la palabras del sant\u00edsimo m\u00e1rtir Ignacio, que amonesta a los fieles de Filadelfia sobre el mal de las desviaciones y de los cismas, para los que es remedio la Eucarist\u00eda: \u00abEsforzaos, pues \u2014dice\u2014, por gozar de una sola Eucarist\u00eda: porque una sola es la carne de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y uno solo es el c\u00e1liz en la unidad de su Sangre, uno el alta, como uno es el obispo&#8230;\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftn82\">[82]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Confortados con la dulc\u00edsima esperanza de que del acrecentado culto eucar\u00edstico se han de derivar muchos bienes para toda la Iglesia y para todo el mundo, a vosotros, venerables hermanos, a los sacerdotes, a los religiosos y a todos los que os prestan su colaboraci\u00f3n, a todos los fieles confiados a vuestros cuidados, impartimos con gran efusi\u00f3n de amor, y en prenda de las gracias celestiales, la bendici\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Dado en Roma junto a San Pedro, en la fiesta de San P\u00edo X, el 3 de septiembre del a\u00f1o 1965, tercero de Nuestro Pontificado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>PAULUS PP. VI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Notas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref1\">[1]<\/a>&nbsp;Const.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">De sacra liturgia<\/a><\/em>&nbsp;c. 2. n. 47:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;56 (1964) 113.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref2\">[2]<\/a>&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;6, 55.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref3\">[3]<\/a>&nbsp;Cf.<em>Jn<\/em>&nbsp;17, 23.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref4\">[4]<\/a>&nbsp;Enc.&nbsp;<em>Mirae caritatis<\/em>, AL 22, 122.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref5\">[5]<\/a>&nbsp;<em>In Mat.<\/em>&nbsp;hom. 82, 4 PG. 58, 743.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref6\">[6]<\/a>&nbsp;<em>Sum. theol.<\/em>&nbsp;3, 75, 1 c.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref7\">[7]<\/a>&nbsp;<em>In IV Sententiarum<\/em>&nbsp;10, 1, 1;&nbsp;<em>Opera omnia<\/em>&nbsp;4, ad Claras Aquas 1889, p. 217.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref8\">[8]<\/a>&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;6, 61-69.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref9\">[9]<\/a>&nbsp;S. Aug.&nbsp;<em>Contra Iulianum<\/em>&nbsp;6, 5, 11 PL 44, 829.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref10\">[10]<\/a>&nbsp;<em>De civ. Dei<\/em>&nbsp;10, 23 PL 41, 300.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref11\">[11]<\/a>&nbsp;Const dogm.&nbsp;<em>De fide cathol.<\/em>&nbsp;c. 4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref12\">[12]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Trid.&nbsp;<em>De s. missae sacrif.<\/em>, c. 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref13\">[13]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Ex<\/em>&nbsp;24, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref14\">[14]<\/a>&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;22, 19-20; cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;26, 26-28;&nbsp;<em>Mc<\/em>&nbsp;14, 22-24.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref15\">[15]<\/a>&nbsp;<em>Hch<\/em>&nbsp;2, 42.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref16\">[16]<\/a>&nbsp;<em>Ibid<\/em>. 4, 32.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref17\">[17]<\/a>&nbsp;<em>1Cor<\/em>&nbsp;11, 23 ss.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref18\">[18]<\/a>&nbsp;<em>Ibid<\/em>. 10, 16.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref19\">[19]<\/a>&nbsp;<em>Mal<\/em>&nbsp;1, 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref20\">[20]<\/a>&nbsp;Conc. Trid.&nbsp;<em>De s. missae sacrif.<\/em>, c. 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref21\">[21]<\/a>&nbsp;<em>Catecheses<\/em>&nbsp;23 (myst. 5), 8-18 PG 33, 1115-18.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref22\">[22]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Confess<\/em>. 9, 12, 32 PL 32, 777; cf.&nbsp;<em>ibid<\/em>. 9, 11, 27 PL 32, 775.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref23\">[23]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Serm<\/em>. 172, 2 PL 38, 936; cf.&nbsp;<em>De cura gerenda pro mortuis<\/em>&nbsp;13 PL 40, 593.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref24\">[24]<\/a>&nbsp;Cf. S. Agust\u00edn,&nbsp;<em>De civ. Dei.<\/em>&nbsp;10, 6 PL 41, 284.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref25\">[25]<\/a>&nbsp;Cf. Enc.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_20111947_mediator-dei.html\">Mediator Dei<\/a><\/em>,&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;39, 552.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref26\">[26]<\/a>&nbsp;Cf. Const. dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">De Ecclesia<\/a><\/em>&nbsp;c. 2 n. 11&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;57, 15.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref27\">[27]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>ib\u00edd<\/em>. c. 2, n. 10&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;57, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref28\">[28]<\/a>&nbsp;Const.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">De sacra liturgia<\/a><\/em>&nbsp;c. 1 n. 27&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;56, 107.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref29\">[29]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Pontificale Romanum<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref30\">[30]<\/a>&nbsp;Const.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">De sacra liturgia<\/a><\/em>&nbsp;c. 1 n. 7 A. A. S. 56, 100-1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref31\">[31]<\/a>&nbsp;S. Agust\u00edn,<em>&nbsp;In Ps<\/em>. 85, 1 PL 37, 1081.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref32\">[32]<\/a>&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;18, 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref33\">[33]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;25, 40.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref34\">[34]<\/a>. Cf.&nbsp;<em>Ef<\/em>&nbsp;3, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref35\">[35]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Rom<\/em>. 5, 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref36\">[36]<\/a>&nbsp;S. Agust\u00edn,&nbsp;<em>Contr. litt. Petiliani<\/em>&nbsp;3, 10, 11 PL 43, 353.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref37\">[37]<\/a>&nbsp;<em>Idem<\/em>&nbsp;<em>In Ps.<\/em>&nbsp;86, 3 PL 37, 1102.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref38\">[38]<\/a>&nbsp;San Juan Cris\u00f3stomo,&nbsp;<em>In ep. 2 ad Tim.<\/em>&nbsp;hom. 2, 4 PG 62, 612.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref39\">[39]<\/a>&nbsp;Egido Romano,&nbsp;<em>Theoremata de corp. Christi<\/em>&nbsp;th. 50 (Venecia 1521) 127.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref40\">[40]<\/a>&nbsp;S. Th.&nbsp;<em>Sum. theol.<\/em>&nbsp;3, 73, a. 3 c.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref41\">[41]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Trid. Decr.&nbsp;<em>De S. Eucharistia<\/em>&nbsp;c. 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref42\">[42]<\/a>&nbsp;P\u00edo XII, Enc.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_12081950_humani-generis.html\">Humani generis<\/a><\/em>,&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;42, 578.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref43\">[43]<\/a>&nbsp;Conc. Trid. Decr.&nbsp;<em>De S. Eucharistia<\/em>&nbsp;pr. y c. 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref44\">[44]<\/a>&nbsp;<em>Didach\u00e9<\/em>&nbsp;9,1: F. X. Funk,&nbsp;<em>Patres<\/em>&nbsp;1, 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref45\">[45]<\/a>&nbsp;San Cipriano,&nbsp;<em>Epist. ad Magnum<\/em>, 6 PL 3, 1189.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref46\">[46]<\/a>&nbsp;<em>1Cor<\/em>&nbsp;10, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref47\">[47]<\/a>&nbsp;S. Ignacio de A.,&nbsp;&nbsp;<em>Ad Smyrn.<\/em>&nbsp;7, 1 PG 5, 714.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref48\">[48]<\/a>&nbsp;Teodoro de Mopsuestia,&nbsp;<em>In Mat. comm.<\/em>&nbsp;c. 26 PG 66, 714.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref49\">[49]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Trid. Decr.&nbsp;<em>De S. Eucharistia<\/em>&nbsp;c. 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref50\">[50]<\/a>&nbsp;Cf. Enc.&nbsp;<em>Mirae caritatis<\/em>, AL 22, 123.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref51\">[51]<\/a>&nbsp;Cf. Conc. Trid. Decr.&nbsp;<em>De S. Eucharistia<\/em>&nbsp;c. 4 y can. 2.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref52\">[52]<\/a>&nbsp;San Cirilo de Jerusal\u00e9n,&nbsp;<em>Catecheses<\/em>&nbsp;22, 9 (myst. 4) PG 33, 1103.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref53\">[53]<\/a>&nbsp;San Juan Cris\u00f3stomo,&nbsp;<em>De prodit. Iudae<\/em>&nbsp;hom. 1, 6 PG 49, 380; cf.&nbsp;<em>In Mat.<\/em>&nbsp;hom. 82, 5 PG 58, 744.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref54\">[54]<\/a>&nbsp;<em>In Mat.<\/em>&nbsp;26, 27 PG 72, 451.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref55\">[55]<\/a>&nbsp;San Ambrosio,&nbsp;<em>De myster.<\/em>&nbsp;9, 50-52 PL 16, 422-424.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref56\">[56]<\/a>&nbsp;Mansi&nbsp;<em>Coll. ampliss. Concil.<\/em>&nbsp;20, 524 D.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref57\">[57]<\/a>&nbsp;P\u00edo VI, Const.&nbsp;<em>Auctorem fidei,&nbsp;<\/em>28 de agosto de 1794.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref58\">[58]<\/a>&nbsp;Alocuci\u00f3n del 22 sept.1956&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;48, 720.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref59\">[59]<\/a>&nbsp;Pablo VI, Alocuci\u00f3n al Congreso Nac. Eucar. Italiano:&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;57, 588-592.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref60\">[60]<\/a>&nbsp;San Agust\u00edn,&nbsp;<em>In Ps.<\/em>&nbsp;98, 9 PL 37, 1264.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref61\">[61]<\/a>&nbsp;San Hip\u00f3lito,&nbsp;<em>Tradit. apostolica,<\/em>&nbsp;ed. Botte:&nbsp;<em>La tradition apostolique de St. Hippolyte<\/em>, Munster, 1963, 84.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref62\">[62]<\/a>&nbsp;Or\u00edgenes,&nbsp;<em>In Exodum<\/em>&nbsp;fragm. PG 12, 391.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref63\">[63]<\/a>&nbsp;Novaciano,&nbsp;<em>De spectaculis<\/em>: CSEL 3, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref64\">[64]<\/a>&nbsp;San Cirilo de Alej.,&nbsp;<em>Epist. ad Calosyrium<\/em>&nbsp;PG 76, 1075.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref65\">[65]<\/a>&nbsp;Cf. S. Basilio,&nbsp;<em>Ep.<\/em>&nbsp;93 PG 32, 483-6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref66\">[66]<\/a>&nbsp;S. Agust\u00edn,&nbsp;<em>In Io. tr.<\/em>&nbsp;26, 13 PL 35, 1613.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref67\">[67]<\/a>&nbsp;<em>Decr. S. Congr. Concil<\/em>. 20 dec. 1905, approb. a S. P\u00edo X:&nbsp;<em>ASS<\/em>&nbsp;38, 401.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref68\">[68]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;1, 14.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref69\">[69]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Col<\/em>&nbsp;3, 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref70\">[70]<\/a>&nbsp;<em>1Cor<\/em>&nbsp;8, 6.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref71\">[71]<\/a>&nbsp;Cf. S. Agust\u00edn,.&nbsp;<em>De Gen. ad litt.<\/em>&nbsp;11, 15, 20 PL 34, 437.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref72\">[72]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>1Cor<\/em>&nbsp;1, 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref73\">[73]<\/a>&nbsp;<em>Lc<\/em>. 1, 78.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref74\">[74]<\/a>&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;6, 48 ss.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref75\">[75]<\/a>&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;6, 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref76\">[76]<\/a>&nbsp;<em>3 Re<\/em>&nbsp;19, 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref77\">[77]<\/a>&nbsp;<em>Sal<\/em>&nbsp;77, 25.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref78\">[78]<\/a>&nbsp;Decr.&nbsp;<em>De S. Eucharistia<\/em>&nbsp;c. 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref79\">[79]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;17, 20-1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref80\">[80]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>1Cor<\/em>&nbsp;10, 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref81\">[81]<\/a>&nbsp;C. I. C. can. 801.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium.html#_ftnref82\">[82]<\/a>&nbsp;San Ignacio de A.,&nbsp;<em>Ep. ad Philadelph.<\/em>&nbsp;4 PG 5, 700.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Copyright \u00a9 Dicastero per la Comunicazione &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARTA ENC\u00cdCLICAMYSTERIUM FIDEIDE SU SANTIDADPABLO VI SOBRE LA DOCTRINA Y CULTO DE LA SAGRADA EUCARIST\u00cdA 1. 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