{"id":8086,"date":"2024-10-22T20:07:21","date_gmt":"2024-10-22T20:07:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/?p=8086"},"modified":"2024-10-22T20:07:23","modified_gmt":"2024-10-22T20:07:23","slug":"carta-enciclica-populorum-progresio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/2024\/10\/22\/carta-enciclica-populorum-progresio\/","title":{"rendered":"CARTA ENC\u00cdCLICA POPULORUM PROGRESIO"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">CARTA ENC\u00cdCLICA<br><em><strong>POPULORUM PROGRESSIO<br><\/strong><\/em>DEL PAPA<br><strong>PABLO VI<br><\/strong>A LOS OBISPOS, SACERDOTES, RELIGIOSOS<br>Y FIELES DE TODO EL MUNDO<br>Y A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD<br>SOBRE LA NECESIDAD DE PROMOVER EL DESARROLLO DE LOS PUEBLOS<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>PRE\u00c1MBULO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Desarrollo de los pueblos<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. El desarrollo de los pueblos y muy especialmente el de aquellos que se esfuerzan por escapar del hambre, de la miseria, de las enfermedades end\u00e9micas, de la ignorancia; que buscan una m\u00e1s amplia participaci\u00f3n en los frutos de la civilizaci\u00f3n, una valoraci\u00f3n m\u00e1s activa de sus cualidades humanas; que se orientan con decisi\u00f3n hacia el pleno desarrollo, es observado por la Iglesia con atenci\u00f3n. Apenas terminado el segundo Concilio Vaticano II, una renovada toma de conciencia de las exigencias del mensaje evang\u00e9lico obliga a la Iglesia a ponerse al servicio de los hombres para ayudarles a captar todas las dimensiones de este grave problema y convencerles de la urgencia de una acci\u00f3n solidaria en este cambio decisivo de la historia de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Ense\u00f1anzas sociales de los Papas<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. En sus grandes enc\u00edclicas&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum novarum<\/a><\/em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn1\">[1]<\/a>, de Le\u00f3n XIII;&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno.html\">Quadragesimo anno<\/a><\/em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn2\">[2]<\/a>, de P\u00edo XI;&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et magistra<\/a><\/em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn3\">[3]<\/a>&nbsp;y&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a><\/em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn4\">[4]<\/a>, de Juan XXIII \u2014sin hablar de los mensajes al mundo de P\u00edo XII<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn5\">[5]<\/a>\u2014 nuestros predecesores no faltaron al deber que ten\u00edan de proyectar sobre las cuestiones sociales de su tiempo la luz del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Hecho importante<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. Hoy el hecho m\u00e1s importante del que todos deben tomar conciencia es el de que la cuesti\u00f3n social ha tomado una dimensi\u00f3n mundial. Juan XXIII lo afirma sin ambages<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn6\">[6]<\/a>, y el Concilio se ha hecho eco de esta afirmaci\u00f3n en su&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Constituci\u00f3n pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy<\/a><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn7\">[7]<\/a>. Esta ense\u00f1anza es grave y su aplicaci\u00f3n urgente. Los pueblos hambrientos interpelan hoy, con acento dram\u00e1tico, a los pueblos opulentos. La Iglesia sufre ante esta crisis de angustia, y llama a todos, para que respondan con amor al llamamiento de sus hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Nuestros viajes<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4. Antes de nuestra elevaci\u00f3n al Sumo Pontificado, nuestros dos viajes a la Am\u00e9rica Latina (1960) y al \u00c1frica (1962) nos pusieron ya en contacto inmediato con los lastimosos problemas que afligen a continentes llenos de vida y de esperanza. Revestidos de la paternidad universal hemos podido, en nuestros viajes a&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/travels\/documents\/terrasanta.html\">Tierra Santa<\/a>&nbsp;y a la&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/travels\/documents\/india.html\">India<\/a>, ver con nuestros ojos y tocar con nuestras manos las grav\u00edsimas dificultades que abruman a pueblos de antigua civilizaci\u00f3n, en lucha con los problemas del desarrollo. Mientras que en Roma se celebraba el segundo Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano, circunstancias providenciales nos condujeron a poder&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/speeches\/1965\/documents\/hf_p-vi_spe_19651004_united-nations.html\">hablar directamente a la Asamblea General de las Naciones Unidas<\/a>. Ante tan amplio are\u00f3pago fuimos el abogado de los pueblos pobres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Justicia y Paz<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5. Por \u00faltimo, con intenci\u00f3n de responder al voto del Concilio y de concretar la aportaci\u00f3n de la Santa Sede a esta grande causa de los pueblos en v\u00eda de desarrollo, recientemente hemos cre\u00eddo que era nuestro deber crear, entre los organismos centrales de la Iglesia, una Comisi\u00f3n Pontificia encargada de \u00absuscitar en todo el Pueblo de Dios el pleno conocimiento de la funci\u00f3n que los tiempos actuales piden a cada uno en orden a promover el progreso de los pueblos m\u00e1s pobres, de favorecer la justicia social entre las naciones, de ofrecer a los que se hallan menos desarrollados una tal ayuda que les permita proveer, ellos mismos y para s\u00ed mismos, a su progreso\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn8\">[8]<\/a>. Justicia y Paz es su nombre y su programa. Pensamos que este programa puede y debe juntar los hombres de buena voluntad con nuestros hijos cat\u00f3licos y hermanos cristianos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por esto hoy dirigimos a todos este solemne llamamiento para una acci\u00f3n concreta en favor del desarrollo integral del hombre y del desarrollo solidario de la humanidad<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>PRIMERA PARTE<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Por un desarrollo integral del hombre<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>I. LOS DATOS DEL PROBLEMA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Aspiraciones de los hombres<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6. Verse libres de la miseria, hallar con m\u00e1s seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupaci\u00f3n estable; participar todav\u00eda m\u00e1s en las responsabilidades, fuera de toda opresi\u00f3n y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres; ser m\u00e1s instruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener m\u00e1s para ser m\u00e1s: tal es la aspiraci\u00f3n de los hombres de hoy, mientras que un gran n\u00famero de ellos se ven condenados a vivir en condiciones que hacen ilusorio este leg\u00edtimo deseo. Por otra parte, los pueblos llegados recientemente a la independencia nacional sienten la necesidad de a\u00f1adir a esta libertad pol\u00edtica un crecimiento aut\u00f3nomo y digno, social no menos que econ\u00f3mico, a fin de asegurar a sus ciudadanos su pleno desarrollo humano y ocupar el puesto que les corresponde en el concierto de las naciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Colonizaci\u00f3n y colonialismo<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7. Ante la amplitud y la urgencia de la labor que hay que llevar a cabo, disponemos de medios heredados del pasado, aun cuando son insuficientes. Ciertamente hay que reconocer que las potencias coloniales con frecuencia han perseguido su propio inter\u00e9s, su poder o su gloria, y que al retirarse, a veces, han dejado una situaci\u00f3n econ\u00f3mica vulnerable, ligada, por ejemplo, al monocultivo, cuyo rendimiento econ\u00f3mico est\u00e1 sometido a bruscas y amplias variaciones. Pero aun reconociendo los errores de un cierto tipo de colonialismo y de sus consecuencias, es necesario al mismo tiempo rendir homenaje a las cualidades y a las realizaciones de los colonizadores, que en tantas regiones abandonadas han aportado su ciencia y su t\u00e9cnica, dejando preciosos frutos de su presencia. Por incompletas que sean, las estructuras establecidas permanecen y han hecho retroceder la ignorancia y la enfermedad, establecido comunicaciones beneficiosas y mejorado las condiciones de vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Desequilibrio creciente<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">8. Aceptado lo dicho, es bien cierto que esta preparaci\u00f3n es notoriamente insuficiente para enfrentarse con la dura realidad de la econom\u00eda moderna. Dejada a s\u00ed misma, su mecanismo conduce el mundo hacia una agravaci\u00f3n y no a una atenuaci\u00f3n, en la disparidad de los niveles de vida: los pueblos ricos gozan de un r\u00e1pido crecimiento, mientras que los pobres se desarrollan lentamente. El desequilibrio crece: unos producen con exceso g\u00e9neros alimenticios que faltan cruelmente a otros, y estos \u00faltimos ven que sus exportaciones se hacen inciertas.<em><strong>Mayor toma de conciencia<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">9. Al mismo tiempo, los conflictos sociales se han ampliado hasta tomar las dimensiones del mundo. La viva inquietud que se ha apoderado de las clases pobres en los pa\u00edses que se van industrializando, se apodera ahora de aquellas, en las que la econom\u00eda es casi exclusivamente agraria: los campesinos adquieren ellos tambi\u00e9n la conciencia de su&nbsp;<em>miseria, no merecida<\/em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn9\">[9]<\/a>. A esto se a\u00f1ade el esc\u00e1ndalo de las disparidades hirientes, no solamente en el goce de los bienes, sino todav\u00eda m\u00e1s en el ejercicio del poder. Mientras que en algunas regiones una oligarqu\u00eda goza de una civilizaci\u00f3n refinada, el resto de la poblaci\u00f3n, pobre y dispersa, est\u00e1 \u00abprivada de casi todas las posibilidades de iniciativa personal y de responsabilidad, y aun muchas veces incluso viviendo en condiciones de vida y de trabajo indignas de la persona humana\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn10\">[10]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Choque de civilizaciones<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">10. Por otra parte, el choque entre las civilizaciones tradicionales y las novedades de la civilizaci\u00f3n industrial rompe las estructuras que no se adaptan a las nuevas condiciones. Su marco, muchas veces r\u00edgido, era el apoyo indispensable de la vida personal y familiar, y los viejos se agarran a \u00e9l, mientras que los j\u00f3venes lo reh\u00fayen, como un obst\u00e1culo in\u00fatil, para volverse \u00e1vidamente hacia nuevas formas de vida social. El conflicto de las generaciones se agrava as\u00ed con un tr\u00e1gico dilema: o conservar instituciones y creencias ancestrales y renunciar al progreso; o abrirse a las t\u00e9cnicas y civilizaciones que vienen de fuera, pero rechazando con las tradiciones del pasado toda su riqueza humana. De hecho, los apoyos morales, espirituales y religiosos del pasado ceden con mucha frecuencia, sin que por eso mismo est\u00e9 asegurada la inserci\u00f3n en el mundo nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">11. En este desarrollo, la tentaci\u00f3n se hace tan violenta, que amenaza arrastrar hacia los mesianismos prometedores, pero forjadores de ilusiones. \u00bfQui\u00e9n no ve los peligros que hay en ello, de reacciones populares violentas, de agitaciones insurreccionales y de deslizamientos hacia las ideolog\u00edas totalitarias? Estos son los datos del problema, cuya gravedad no puede escapar a nadie.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>II. LA IGLESIA Y EL DESARROLLO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>La labor de los misioneros<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">12. Fiel a las ense\u00f1anzas y al ejemplo de su divino Fundador, que dio como se\u00f1al de su misi\u00f3n el anuncio de la Buena Nueva a los pobres (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;7, 22), la Iglesia nunca ha dejado de promover la elevaci\u00f3n humana de los pueblos, a los cuales llevaba la fe en Jesucristo. Al mismo tiempo que iglesias, sus misioneros han construido hospicios y hospitales, escuelas y universidades. Ense\u00f1ando a los ind\u00edgenas el modo de sacar mayor provecho de los recursos naturales, los han protegido frecuentemente contra la codicia de los extranjeros. Sin duda ninguna, su labor, por lo mismo que era humana, no fue perfecta, y algunos pudieron mezclar algunas veces no pocos modos de pensar y de vivir de su pa\u00eds de origen con el anuncio del aut\u00e9ntico mensaje evang\u00e9lico. Pero supieron tambi\u00e9n cultivar y promover las instituciones locales. En muchas regiones, supieron colocarse entre los precursores del progreso material no menos que de la elevaci\u00f3n cultural. Basta recordar el ejemplo del P. Carlos de Foucauld, a quien se juzg\u00f3 digno de ser llamado, por su caridad, el &#8220;Hermano universal&#8221;, y que compil\u00f3 un precioso diccionario de la lengua tuareg. Hemos de rendir homenaje a estos precursores muy frecuentemente ignorados, impelidos por la caridad de Cristo, lo mismo que a sus \u00e9mulos y sucesores, que siguen dedic\u00e1ndose, todav\u00eda hoy, al servicio generoso y desinteresado de aquellos que evangelizan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Iglesia y mundo<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">13. Pero en lo sucesivo las iniciativas locales e individuales no bastan ya. La presente situaci\u00f3n del mundo exige una acci\u00f3n de conjunto que tenga como punto de partida una clara visi\u00f3n de todos los aspectos econ\u00f3micos, sociales, culturales y espirituales. Con la experiencia que tiene de la humanidad, la Iglesia, sin pretender de ninguna manera mezclarse en la pol\u00edtica de los Estados \u00abs\u00f3lo desea una cosa: continuar, bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Par\u00e1clito, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn11\">[11]<\/a>. Fundada para establecer desde ahora en la tierra el reino de los cielos y no para conquistar un poder terrenal, afirma claramente que los dos campos son distintos, de la misma manera que son soberanos los dos poderes, el eclesi\u00e1stico y el civil, cada uno en su terreno<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn12\">[12]<\/a>. Pero, viviendo en la historia, ella debe \u00abescrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn13\">[13]<\/a>. Tomando parte en las mejores aspiraciones de los hombres y sufriendo al no verlas satisfechas, desea ayudarles a conseguir su pleno desarrollo y esto precisamente porque ella les propone lo que ella posee como propio: una visi\u00f3n global del hombre y de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Visi\u00f3n cristiana del desarrollo<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">14. El desarrollo no se reduce al simple crecimiento econ\u00f3mico. Para ser aut\u00e9ntico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre. Con gran exactitud ha subrayado un eminente experto: \u00abNosotros no aceptamos la separaci\u00f3n de la econom\u00eda de lo humano, el desarrollo de las civilizaciones en que est\u00e1 inscrito. Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupaci\u00f3n de hombres, hasta la humanidad entera\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn14\">[14]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Vocaci\u00f3n al desarrollo<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">15. En los designios de Dios, cada hombre est\u00e1 llamado a promover su propio progreso, porque la vida de todo hombre es una vocaci\u00f3n dada por Dios para una misi\u00f3n concreta. Desde su nacimiento, ha sido dado a todos como en germen, un conjunto de aptitudes y de cualidades para hacerlas fructificar; su floraci\u00f3n, fruto de la educaci\u00f3n recibida en el propio ambiente y del esfuerzo personal, permitir\u00e1 a cada uno orientarse hacia el destino que le ha sido propuesto por el Creador. Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvaci\u00f3n. Ayudado, y a veces estorbado, por los que lo educan y lo rodean, cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre \u00e9l se ejercen, el art\u00edfice principal de su \u00e9xito o de su fracaso: por s\u00f3lo el esfuerzo de su inteligencia y de su voluntad, cada hombre puede crecer en humanidad, valer m\u00e1s, ser m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Deber personal<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">16. Por otra parte este crecimiento no es facultativo. De la misma manera que la creaci\u00f3n entera est\u00e1 ordenada a su Creador, la criatura espiritual est\u00e1 obligada a orientar espont\u00e1neamente su vida hacia Dios, verdad primera y bien soberano. Resulta as\u00ed que el crecimiento humano constituye como un resumen de nuestros deberes. M\u00e1s aun, esta armon\u00eda de la naturaleza, enriquecida por el esfuerzo personal y responsable, est\u00e1 llamada a superarse a s\u00ed misma. Por su inserci\u00f3n en el Cristo vivo, el hombre tiene el camino abierto hacia un progreso nuevo, hacia un humanismo trascendental que le da su mayor plenitud; tal es la finalidad suprema del desarrollo personal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Deber comunitario<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">17. Pero cada uno de los hombres es miembro de la sociedad, pertenece a la humanidad entera. Y no es solamente este o aquel hombre sino que todos los hombres est\u00e1n llamados a este desarrollo pleno. Las civilizaciones nacen, crecen y mueren. Pero como las olas del mar en el flujo de la marea van avanzando, cada una un poco m\u00e1s, en la arena de la playa, de la misma manera la humanidad avanza por el camino de la historia. Herederos de generaciones pasadas y benefici\u00e1ndonos del trabajo de nuestros contempor\u00e1neos, estamos obligados para con todos y no podemos desinteresarnos de los que vendr\u00e1n a aumentar todav\u00eda m\u00e1s el c\u00edrculo de la familia humana. La solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es tambi\u00e9n un deber.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Escala de valores<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">18. Este crecimiento personal y comunitario se ver\u00eda comprometido si se alterase la verdadera escala de valores. Es leg\u00edtimo el deseo de lo necesario, y el trabajar para conseguirlo es un deber: \u00abEl que no quiere trabajar, que no coma\u00bb(<em>2Tes<\/em>&nbsp;3, 10). Pero la adquisici\u00f3n de los bienes temporales puede conducir a la codicia, al deseo de tener cada vez m\u00e1s y a la tentaci\u00f3n de acrecentar el propio poder. La avaricia de las personas, de las familias y de las naciones puede apoderarse lo mismo de los m\u00e1s desprovistos que de los m\u00e1s ricos, y suscitar en los unos y en los otros un materialismo sofocante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Creciente ambivalencia<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">19. As\u00ed pues, el tener m\u00e1s, lo mismo para los pueblos que para las personas, no es el fin \u00faltimo. Todo crecimiento es ambivalente. Necesario para permitir que el hombre sea m\u00e1s hombre, lo encierra como en una prisi\u00f3n, desde el momento que se convierte en el bien supremo, que impide mirar m\u00e1s all\u00e1. Entonces los corazones se endurecen y los esp\u00edritus se cierran; los hombres ya no se unen por amistad, sino por inter\u00e9s, que pronto les hace oponerse unos a otros y desunirse. La b\u00fasqueda exclusiva del poseer se convierte en un obst\u00e1culo para el crecimiento del ser y se opone a su verdadera grandeza; para las naciones como para las personas, la avaricia es la forma m\u00e1s evidente de un subdesarrollo moral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Hacia una condici\u00f3n m\u00e1s humana<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">20. Si para llevar a cabo el desarrollo se necesitan t\u00e9cnicos, cada vez en mayor n\u00famero, para este mismo desarrollo se exige m\u00e1s todav\u00eda pensadores de reflexi\u00f3n profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a s\u00ed mismo, asumiendo los valores superiores del amor, de la amistad, de la oraci\u00f3n y de la contemplaci\u00f3n<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn15\">[15]<\/a>. As\u00ed podr\u00e1 realizar en toda su plenitud el verdadero desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas a condiciones m\u00e1s humanas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Ideal al que hay que tender<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">21. Menos humanas: las carencias materiales de los que est\u00e1n privados del m\u00ednimum vital y las carencias morales de los que est\u00e1n mutilados por el ego\u00edsmo. Menos humanas: las estructuras opresoras, que provienen del abuso del tener o del abuso del poder, de la explotaci\u00f3n de los trabajadores o de la injusticia de las transacciones. M\u00e1s humanas: el remontarse de la miseria a la posesi\u00f3n de lo necesario, la victoria sobre las calamidades sociales, la ampliaci\u00f3n de los conocimientos, la adquisici\u00f3n de la cultura. M\u00e1s humanas tambi\u00e9n: el aumento en la consideraci\u00f3n de la dignidad de los dem\u00e1s, la orientaci\u00f3n hacia el esp\u00edritu de pobreza (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;5, 3), la cooperaci\u00f3n en el bien com\u00fan, la voluntad de paz. M\u00e1s humanas todav\u00eda: el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin. M\u00e1s humanas, por fin y especialmente: la fe, don de Dios acogido por la buena voluntad de los hombres, y la unidad en la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como hijos, en la vida del Dios vivo, Padre de todos los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>III.&nbsp; ACCI\u00d3N QUE SE DEBE EMPRENDER<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">22.&nbsp;<em>Llenad la tierra, y sometedla&nbsp;<\/em>(<em>G\u00e9n<\/em>&nbsp;1, 28). La Biblia, desde sus primeras p\u00e1ginas, nos ense\u00f1a que la creaci\u00f3n entera es para el hombre, quien tiene que aplicar su esfuerzo inteligente para valorizarla y, mediante su trabajo, perfeccionarla, por decirlo as\u00ed, poni\u00e9ndola a su servicio. Si la tierra est\u00e1 hecha para procurar a cada uno los medios de subsistencia y los instrumentos de su progreso, todo hombre tiene el derecho de encontrar en ella lo que necesita. El reciente Concilio lo ha recordado: \u00abDios ha destinado la tierra y todo lo que en ella se contiene para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de modo que los bienes creados deben llegar a todos en forma justa, seg\u00fan la regla de la justicia, inseparable de la caridad\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn16\">[16]<\/a>&nbsp;Todos los dem\u00e1s derechos, sean los que sean, comprendidos en ellos los de propiedad y comercio libre, a ello est\u00e1n subordinados: no deben estorbar, antes al contrario, facilitar su realizaci\u00f3n, y es un deber social grave y urgente hacerlos volver a su finalidad primaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>La propiedad<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">23. \u00abSi alguno tiene bienes de este mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entra\u00f1as, \u00bfc\u00f3mo es posible que resida en \u00e9l el amor de Dios?\u00bb (<em>1Jn<\/em>&nbsp;3, 17). Sabido es con qu\u00e9 firmeza los Padres de la Iglesia han precisado cu\u00e1l debe ser la actitud de los que poseen respecto a los que se encuentran en necesidad: \u00abNo es parte de tus bienes \u2014as\u00ed dice San Ambrosio\u2014 lo que t\u00fa das al pobre; lo que le das le pertenece. Porque lo que ha sido dado para el uso de todos, t\u00fa te lo apropias. La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para los ricos\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn17\">[17]<\/a>. Es decir, que la propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna raz\u00f3n para reservarse en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad cuando a los dem\u00e1s les falta lo necesario. En una palabra: \u00abel derecho de propiedad no debe jam\u00e1s ejercitarse con detrimento de la utilidad com\u00fan, seg\u00fan la doctrina tradicional de los Padres de la Iglesia y de los grandes te\u00f3logos\u00bb. Si se llegase al conflicto \u00abentre los derechos privados adquiridos y las exigencias comunitarias primordiales\u00bb, toca a los poderes p\u00fablicos \u00abprocurar una soluci\u00f3n con la activa participaci\u00f3n de las personas y de los grupos sociales\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn18\">[18]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>El uso de la renta<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">24. El bien com\u00fan exige, pues, algunas veces la expropiaci\u00f3n si, por el hecho de su extensi\u00f3n, de su explotaci\u00f3n deficiente o nula, de la miseria que de ello resulta a la poblaci\u00f3n, del da\u00f1o considerable producido a los intereses del pa\u00eds, algunas posesiones sirven de obst\u00e1culo a la prosperidad colectiva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Afirm\u00e1ndola netamente<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn19\">[19]<\/a>, el Concilio ha recordado tambi\u00e9n, no menos claramente, que la renta disponible no es cosa que queda abandonada al libre capricho de los hombres; y que las especulaciones ego\u00edstas deben ser eliminadas. Desde luego, no se podr\u00eda admitir que ciudadanos provistos de rentas abundantes, provenientes de los recursos y de la actividad nacional, las transfiriesen en parte considerable al extranjero por puro provecho personal, sin preocuparse del da\u00f1o evidente que con ello infligir\u00edan a la propia patria<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn20\">[20]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>La industrializaci\u00f3n<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">25. Necesaria para el crecimiento econ\u00f3mico y para el progreso humano, la industrializaci\u00f3n es al mismo tiempo se\u00f1al y factor del desarrollo. El hombre, mediante la tenaz aplicaci\u00f3n de su inteligencia y de su trabajo, arranca poco a poco sus secretos a la naturaleza y hace un uso mejor de sus riquezas. Al mismo tiempo que disciplina sus costumbres, se desarrolla en \u00e9l el gusto por la investigaci\u00f3n y la invenci\u00f3n, la aceptaci\u00f3n del riesgo calculado, la audacia en las empresas, la iniciativa generosa y el sentido de responsabilidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Capitalismo liberal<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">26. Pero, por desgracia, sobre estas nuevas condiciones de la sociedad ha sido construido un sistema que considera el lucro como motor esencial del progreso econ\u00f3mico; la concurrencia, como ley suprema de la econom\u00eda; la prosperidad privada de los medios de producci\u00f3n, como un derecho absoluto, sin l\u00edmites ni obligaciones sociales correspondientes. Este liberalismo sin freno, que conduce a la dictadura, justamente fue denunciado por P\u00edo XI como generador del \u00abimperialismo internacional del dinero\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn21\">[21]<\/a>. No hay mejor manera de reprobar tal abuso que recordando solemnemente una vez m\u00e1s que la econom\u00eda est\u00e1 al servicio del hombre<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn22\">[22]<\/a>. Pero si es verdadero que un cierto capitalismo ha sido la causa de muchos sufrimientos, de injusticias y luchas fratricidas, cuyos efectos duran todav\u00eda, ser\u00eda injusto que se atribuyera a la industrializaci\u00f3n misma los males que son debidos al nefasto sistema que la acompa\u00f1a. Por el contrario, es justo reconocer la aportaci\u00f3n irremplazable de la organizaci\u00f3n del trabajo y del progreso industrial a la obra del desarrollo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>El trabajo<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">27. De la misma manera, aunque a veces puede llegarse a una m\u00edstica exagerada del trabajo, no es menos cierto, sin embargo, que el trabajo ha sido querido y bendecido por Dios. Creado a imagen suya, \u00abel hombre debe cooperar con el Creador en la perfecci\u00f3n de la creaci\u00f3n y marcar, a su vez, la tierra con el car\u00e1cter espiritual que \u00e9l mismo ha recibido\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn23\">[23]<\/a>. Dios, que ha dotado al hombre de inteligencia, le ha dado tambi\u00e9n el modo de acabar de alguna manera su obra; ya sea el artista o artesano, patrono, obrero o campesino, todo trabajador es un creador. Aplic\u00e1ndose a una materia que se le resiste, el trabajador le imprime un sello, mientras que \u00e9l adquiere tenacidad, ingenio y esp\u00edritu de invenci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, viviendo en com\u00fan, participando de una misma esperanza, de un sufrimiento, de una ambici\u00f3n y de una alegr\u00eda, el trabajo une las voluntades, aproxima los esp\u00edritus y funde los corazones; al realizarlo, los hombres descubren que son hermanos<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn24\">[24]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Su ambivalencia<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">28. El trabajo, sin duda ambivalente, porque promete el dinero, la alegr\u00eda y el poder, invita a los unos al ego\u00edsmo y a los otros a la revuelta; desarrolla tambi\u00e9n la conciencia profesional, el sentido del deber y la caridad para con el pr\u00f3jimo. M\u00e1s cient\u00edfico y mejor organizado, tiene el peligro de deshumanizar a quien lo realiza convertido en siervo suyo, porque el trabajo no es humano si no permanece inteligente y libre. Juan XXIII ha recordado la urgencia de restituir al trabajador su dignidad, haci\u00e9ndole participar realmente de la labor com\u00fan: \u00abSe debe tender a que la empresa se convierta en una comunidad de personas en las relaciones, en las funciones y en la situaci\u00f3n de todo el personal\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn25\">[25]<\/a>. Pero el trabajo de los hombres, mucho m\u00e1s para el cristiano, tiene todav\u00eda la misi\u00f3n de colaborar en la creaci\u00f3n del mundo sobrenatural<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn26\">[26]<\/a>, no terminado hasta que lleguemos todos juntos a constituir aquel hombre perfecto del que habla San Pablo, \u00abque realiza la plenitud de Cristo\u00bb (<em>Ef<\/em>&nbsp;4, 13).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Urgencia de la obra que hay que realizar<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">29. Hay que darse prisa. Muchos hombres sufren y aumenta la distancia que separa el progreso de los unos del estancamiento y a\u00fan retroceso de los otros. Sin embargo, es necesario que la labor que hay que realizar progrese armoniosamente, so pena de ver roto el equilibrio que es indispensable. Una reforma agraria improvisada puede frustrar su finalidad. Una industrializaci\u00f3n brusca puede dislocar las estructuras que todav\u00eda son necesarias, y engendrar miserias sociales, que ser\u00edan un retroceso para la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Tentaci\u00f3n de la violencia<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">30. Es cierto que hay situaciones cuya injusticia clama al cielo. Cuando poblaciones enteras, faltas de lo necesario, viven en una tal dependencia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, lo mismo que toda posibilidad de promoci\u00f3n cultural y de participaci\u00f3n en la vida social y pol\u00edtica, es grande la tentaci\u00f3n de rechazar con la violencia tan grandes injurias contra la dignidad humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Revoluci\u00f3n<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">31. Sin embargo, como es sabido, la insurrecci\u00f3n revolucionaria \u2014salvo en caso de tiran\u00eda evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y da\u00f1ase peligrosamente el bien com\u00fan del pa\u00eds\u2014 engendra nuevas injusticias, introduce nuevos desequilibrios y provoca nuevas ruinas. No se puede combatir un mal real al precio de un mal mayor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Reforma<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">32. Enti\u00e9ndasenos bien: la situaci\u00f3n presente tiene que afrontarse valerosamente, y combatirse y vencerse las injusticias que trae consigo. El desarrollo exige transformaciones audaces, profundamente innovadoras. Hay que emprender, sin esperar m\u00e1s, reformas urgentes. Cada uno debe aceptar generosamente su papel, sobre todo los que por su educaci\u00f3n, su situaci\u00f3n y su poder tienen grandes posibilidades de acci\u00f3n. Que, dando ejemplo, empiecen con sus propios haberes, como ya lo han hecho muchos hermanos nuestros en el episcopado<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn27\">[27]<\/a>. Responder\u00e1n as\u00ed a la expectaci\u00f3n de los hombres y ser\u00e1n fieles al Esp\u00edritu de Dios, porque es \u00abel fermento evang\u00e9lico el que ha suscitado y suscita en el coraz\u00f3n del hombre una exigencia incoercible de dignidad\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn28\">[28]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Programas y planificaci\u00f3n<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">33. La sola iniciativa individual y el simple juego de la competencia no ser\u00edan suficientes para asegurar el \u00e9xito del desarrollo. No hay que arriesgarse a aumentar todav\u00eda m\u00e1s las riquezas de los ricos y la potencia de los fuertes, confirmando as\u00ed la miseria de los pobres y a\u00f1adi\u00e9ndola a la servidumbre de los oprimidos. Los programas son necesarios para \u00abanimar, estimular, coordinar, suplir e integrar\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn29\">[29]<\/a>&nbsp;la acci\u00f3n de los individuos y de los cuerpos intermedios. Toca a los poderes p\u00fablicos escoger y ver el modo de imponer los objetivos que proponerse, las metas que hay que fijar, los medios para llegar a ella, estimulando al mismo tiempo todas las fuerzas agrupadas en esta acci\u00f3n com\u00fan. Pero han de tener cuidado de asociar a esta empresa las iniciativas privadas y los cuerpos intermedios. Evitar\u00e1n as\u00ed el riesgo de una colectivizaci\u00f3n integral o de una planificaci\u00f3n arbitraria que, al negar la libertad, excluir\u00eda el ejercicio de los derechos fundamentales de la persona humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Al servicio del hombre<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">34. Porque todo programa concebido para aumentar la producci\u00f3n, al fin y al cabo, no tiene otra raz\u00f3n de ser que el servicio de la persona. Si existe, es para reducir las desigualdades, combatir las discriminaciones, librar al hombre de la esclavitud, hacerle capaz de ser por s\u00ed mismo agente responsable de su mejora material, de su progreso moral y de su desarrollo espiritual. Decir desarrollo es, efectivamente, preocuparse tanto por el progreso social como por el crecimiento econ\u00f3mico. No basta aumentar la riqueza com\u00fan para que sea repartida equitativamente. No basta promover la t\u00e9cnica para que la tierra sea humanamente m\u00e1s habitable. Los errores de los que han ido por delante deben advertir a los que est\u00e1n en v\u00eda de desarrollo de cu\u00e1les son los peligros que hay que evitar en este terreno. La tecnocracia del ma\u00f1ana puede engendrar males no menos temibles que los del liberalismo de ayer. Econom\u00eda y t\u00e9cnica no tienen sentido si no es por el hombre, a quien deben servir. El hombre no es verdaderamente hombre, m\u00e1s que en la medida en que, due\u00f1o de sus acciones y juez de la importancia de \u00e9stas, se hace \u00e9l mismo autor de su progreso, seg\u00fan la naturaleza que le ha sido dada por su Creador, y de la cual asume libremente las posibilidades y las exigencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Alfabetizaci\u00f3n<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">35. Se puede tambi\u00e9n afirmar que el crecimiento econ\u00f3mico depende, en primer lugar del progreso social; por eso la educaci\u00f3n b\u00e1sica es el primer objetivo de un plan de desarrollo. Efectivamente el hambre de instrucci\u00f3n no es menos deprimente que el hambre de alimentos: un analfabeto es un esp\u00edritu subalimentado. Saber leer y escribir, adquirir una formaci\u00f3n profesional, es recobrar la confianza en s\u00ed mismo y descubrir que se puede progresar al mismo tiempo que los dem\u00e1s. Como dijimos en nuestro&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/messages\/pont-messages\/documents\/hf_p-vi_mess_19650826_direttore-unesco.html\">mensaje al Congreso de la UNESCO de 1965 en Teher\u00e1n<\/a>, la alfabetizaci\u00f3n es para el hombre \u00abun factor primordial de integraci\u00f3n social, no menos que de enriquecimiento personal; para la sociedad, un instrumento privilegiado de progreso econ\u00f3mico y de desarrollo\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn30\">[30]<\/a>. Por eso nos alegramos del gran trabajo realizado en este dominio por las iniciativas privadas, los poderes p\u00fablicos y las organizaciones internacionales: son los primeros art\u00edfices del desarrollo, al capacitar al hombre a realizarlo por s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Familia<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">36. Pero el hombre no alcanza la plenitud de s\u00ed mismo m\u00e1s que dentro de la sociedad a que pertenece, y en la cual la familia tiene una funci\u00f3n primordial, que ha podido tal vez ser excesiva, seg\u00fan los tiempos y los lugares en que se ha ejercitado, con detrimento de las libertades fundamentales de la persona. Los viejos cuadros sociales de los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo, aunque demasiado r\u00edgidos y mal organizados, sin embargo es menester conservarlos todav\u00eda alg\u00fan tiempo, aflojando progresivamente su exagerado dominio. Pero la familia natural, mon\u00f3gama y estable, tal como los designios divinos la han concebido (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;19, 6) y que el cristianismo ha santificado, debe permanecer como \u00abpunto en el que coinciden distintas generaciones que se ayudan mutuamente a lograr una m\u00e1s completa sabidur\u00eda y armonizar los derechos de las personas con las dem\u00e1s exigencias de la vida social\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn31\">[31]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Demograf\u00eda<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">37. Es cierto que muchas veces un crecimiento demogr\u00e1fico acelerado a\u00f1ade sus dificultades a los problemas del desarrollo; el volumen de la poblaci\u00f3n crece con m\u00e1s rapidez que los recursos disponibles y nos encontramos, aparentemente, encerrados en un callej\u00f3n sin salida. Es, pues, grande la tentaci\u00f3n de frenar el crecimiento demogr\u00e1fico con medidas radicales. Es cierto que los poderes p\u00fablicos, dentro de los l\u00edmites de su competencia, pueden intervenir, llevando a cabo una informaci\u00f3n apropiada y adoptando las medidas convenientes, con tal de que est\u00e9n de acuerdo con las exigencias de la ley moral y respeten la justa libertad de los esposos. Sin derecho inalienable al matrimonio y a la procreaci\u00f3n, no hay dignidad humana. Al fin y al cabo, es a los padres a los que les toca decidir, con pleno conocimiento de causa, el n\u00famero de sus hijos, aceptando sus responsabilidades ante Dios, ante los hijos que ya han tra\u00eddo al mundo y ante la comunidad a la que pertenecen, siguiendo las exigencias de su conciencia, instruida por la ley de Dios aut\u00e9nticamente interpretada y sostenida por la confianza en \u00c9l&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn32\">[32]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Organizaciones profesionales<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">38. En la obra del desarrollo, el hombre, que encuentra en la familia su medio de vida primordial, se ve frecuentemente ayudado por las organizaciones profesionales. Si su raz\u00f3n de ser es la de promover los intereses de sus miembros, su responsabilidad es grande ante la funci\u00f3n educativa que pueden y al mismo tiempo deben cumplir. A trav\u00e9s de la informaci\u00f3n que ellas procuran, de la formaci\u00f3n que ellas proponen, pueden mucho para dar a todos el sentido del bien com\u00fan y de las obligaciones que \u00e9ste supone para cada uno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Pluralismo leg\u00edtimo<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">39. Toda acci\u00f3n social implica una doctrina. El cristiano no puede admitir la que supone una filosof\u00eda materialista y atea, que no respeta ni la orientaci\u00f3n de la vida hacia su fin \u00faltimo, ni la libertad ni la dignidad humanas. Pero con tal de que estos valores queden a salvo, un pluralismo de las organizaciones profesionales y sindicales es admisible, desde cierto punto de vista es \u00fatil, si protege la libertad y provoca la emulaci\u00f3n. Por eso rendimos un homenaje cordial a todos los que trabajan en el servicio desinteresado de sus hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Promoci\u00f3n cultural<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">40. Adem\u00e1s de las organizaciones profesionales, es de notar la actividad de las instituciones culturales. Su funci\u00f3n no es menor para el \u00e9xito del desarrollo: \u00abEl provenir del mundo corre peligro, afirma gravemente el Concilio, si no se forman hombres m\u00e1s instruidos en esta sabidur\u00eda\u00bb. Y a\u00f1ade: \u00abMuchas naciones econ\u00f3micamente pobres, pero m\u00e1s ricas de sabidur\u00eda, pueden prestar a las dem\u00e1s una extraordinaria utilidad\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn33\">[33]<\/a>. Rico o pobre, cada pa\u00eds posee una civilizaci\u00f3n, recibida de sus mayores: instituciones exigidas por la vida terrena y manifestaciones superiores \u2014art\u00edsticas, intelectuales y religiosas\u2014 de la vida del esp\u00edritu. Mientras que \u00e9stas contengan verdaderos valores humanos, ser\u00eda un grave error sacrificarlas a aquellas otras. Un pueblo que lo permitiera perder\u00eda con ello lo mejor de s\u00ed mismo y sacrificar\u00eda, para vivir, sus razones de vivir. La ense\u00f1anza de Cristo vale tambi\u00e9n para los pueblos: \u00ab\u00bfDe qu\u00e9 le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?\u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;16, 26).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Tentaci\u00f3n materialista<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">41. Los pueblos pobres jam\u00e1s se prevendr\u00e1n suficientemente frente a esta tentaci\u00f3n que les viene de los pueblos ricos. Estos presentan, con demasiada frecuencia, con el ejemplo de sus \u00e9xitos en una civilizaci\u00f3n t\u00e9cnica y cultural, el modelo de una actividad aplicada principalmente a la conquista de la prosperidad material. No es que esta \u00faltima cierre el camino por s\u00ed misma a las actividades de esp\u00edritu. Por el contrario, siendo \u00e9ste \u00abmenos esclavo de las cosas, puede elevarse m\u00e1s f\u00e1cilmente a la adoraci\u00f3n y a la contemplaci\u00f3n del mismo Creador\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn34\">[34]<\/a>. Pero, a pesar de ello, \u00abla misma civilizaci\u00f3n moderna, no ciertamente por s\u00ed misma, sino porque se encuentra excesivamente aplicada a las realidades terrenales, puede hacer muchas veces m\u00e1s dif\u00edcil el acceso a Dios\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn35\">[35]<\/a>. En todo aquello que se les propone, los pueblos en fase de desarrollo deben, pues, saber escoger, discernir y eliminar los falsos bienes, que traer\u00edan consigo un descenso de nivel en el ideal humano, aceptando los valores sanos y ben\u00e9ficos para desarrollarlos juntamente con los suyos y seg\u00fan su car\u00e1cter propio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Conclusi\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">42. Es un humanismo pleno el que hay que promover<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn36\">[36]<\/a>. \u00bfQu\u00e9 quiere decir esto sino el desarrollo integral de todo hombre y de todos los hombres? Un humanismo cerrado, impenetrable a los valores del esp\u00edritu y a Dios, que es la fuente de ellos, podr\u00eda aparentemente triunfar. Ciertamente, el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero \u00abal fin y al cabo, sin Dios no puede menos de organizarla contra el hombre. El humanismo exclusivo es un humanismo inhumano\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn37\">[37]<\/a>. No hay, pues, m\u00e1s que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto en el reconocimiento de una vocaci\u00f3n que da la idea verdadera de la vida humana. Lejos de ser norma \u00faltima de los valores, el hombre no se realiza a s\u00ed mismo si no es super\u00e1ndose. Seg\u00fan la tan acertada expresi\u00f3n de Pascal: \u00abel hombre supera infinitamente al hombre\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn38\">[38]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>SEGUNDA PARTE<br><br>&nbsp;<em>El desarrollo solidario de la humanidad<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">43. El desarrollo integral del hombre no puede darse sin el desarrollo solidario de la humanidad. Nos&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/speeches\/1964\/documents\/hf_p-vi_spe_19641203_other-religions.html\">lo dec\u00edamos en Bombay<\/a>. \u00abEl hombre debe encontrar al hombre, las naciones deben encontrarse entre s\u00ed como hermanos y hermanas, como hijos de Dios. En esta comprensi\u00f3n y amistad mutuas, en esta comuni\u00f3n sagrada, debemos igualmente comenzar a actuar a una para edificar el provenir com\u00fan de la humanidad\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn39\">[39]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Suger\u00edamos tambi\u00e9n la b\u00fasqueda de medios concretos y pr\u00e1cticos de organizaci\u00f3n y cooperaci\u00f3n para poner en com\u00fan los recursos disponibles y realizar as\u00ed una verdadera comuni\u00f3n entre todas las naciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Fraternidad de los pueblos<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">44. Este deber concierne en primer lugar a los m\u00e1s favorecidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sus obligaciones tienen sus ra\u00edces en la fraternidad humana y sobrenatural y se presentan bajo un triple aspecto: deber de solidaridad, en la ayuda que las naciones ricas deben aportar a los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo; deber de justicia social, enderezando las relaciones comerciales defectuosas entre los pueblos fuerte y d\u00e9biles; deber de caridad universal, por la promoci\u00f3n de un mundo m\u00e1s humano para todos, en donde todos tengan que dar y recibir, sin que el progreso de los unos sea un obst\u00e1culo para el desarrollo de los otros. La cuesti\u00f3n es grave, ya que el porvenir de la civilizaci\u00f3n mundial depende de ello.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>I. ASISTENCIA A LOS D\u00c9BILES<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Lucha contra el hambre<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">45. \u00abSi un hermano o una hermana est\u00e1n desnudos \u2014dice Santiago\u2014 si les falta el alimento cotidiano, y alguno de vosotros les dice: &#8220;andad en paz, calentaos, saciaos&#8221; sin darles lo necesario para su cuerpo, \u00bfpara qu\u00e9 les sirve eso?\u00bb (<em>Sant<\/em>&nbsp;2, 15-16). Hoy en d\u00eda, nadie puede ya ignorarlo, en continentes enteros son innumerables los hombres y mujeres torturados por el hambre, son innumerables los ni\u00f1os subalimentados. hasta tal punto que un buen n\u00famero de ellos muere en la tierna edad; el crecimiento f\u00edsico y el desarrollo mental de muchos otros se ve con ello comprometido, y regiones enteras se ven as\u00ed condenadas al m\u00e1s triste desaliento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Hoy<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">46. Llamamientos angustiosos han resonado ya. El de Juan XXIII fue calurosamente recibido<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn40\">[40]<\/a>. Nos lo hemos reiterado en nuestro&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/speeches\/1963\/documents\/hf_p-vi_spe_19631223_messaggio-natale.html\">mensaje de Navidad de 1963<\/a>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn41\">[41]<\/a>, y de nuevo en favor de la India en 1966<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn42\">[42]<\/a>. La campa\u00f1a contra el hambre emprendida por la Organizaci\u00f3n Internacional para la Alimentaci\u00f3n y la Agricultura (FAO), y alentada por la Santa Sede, ha sido secundada con generosidad. Nuestra&nbsp;<em>C\u00e1ritas Internacional<\/em>&nbsp;act\u00faa por todas partes y numerosos cat\u00f3licos, bajo el impulso de nuestros hermanos en el episcopado, dan y se entregan sin reserva a fin de ayudar a los necesitados, agrandando progresivamente el c\u00edrculo de sus pr\u00f3jimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Ma\u00f1ana<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">47. Pero todo ello, al igual que las inversiones privadas y p\u00fablicas ya realizadas, las ayudas y los pr\u00e9stamos otorgados, no basta. No se trata s\u00f3lo de vencer el hambre, ni siquiera de hacer retroceder la pobreza. El combate contra la miseria, urgente y necesario, es insuficiente. Se trata de construir un mundo donde todo hombre, sin excepci\u00f3n de raza, religi\u00f3n, o nacionalidad, pueda vivir una vida plenamente humana, emancipado de las servidumbres que le vienen de la parte de los hombres y de una naturaleza insuficientemente dominada; un mundo donde la libertad no sea una palabra vana y donde el pobre L\u00e1zaro pueda sentarse a la misma mesa que el rico (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>16, 19-31). Ello exige a este \u00faltimo mucha generosidad, innumerables sacrificios, y un esfuerzo sin descanso. A cada cual toca examinar su conciencia, que tiene una nueva voz para nuestra \u00e9poca. \u00bfEst\u00e1 dispuesto a sostener con su dinero las obras y las empresas organizadas en favor de los m\u00e1s pobres? \u00bfA pagar m\u00e1s impuestos para que los poderes p\u00fablicos intensifiquen su esfuerzo para el desarrollo? \u00bfA comprar m\u00e1s caros los productos importados a fin de remunerar m\u00e1s justamente al productor? \u00bfA expatriarse a s\u00ed mismo, si es joven, ante la necesidad de ayudar este crecimiento de las naciones j\u00f3venes?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Deber de solidaridad<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">48. El deber de solidaridad de las personas es tambi\u00e9n el de los pueblos. \u00abLos pueblos ya desarrollados tienen la obligaci\u00f3n grav\u00edsima de ayudar a los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn43\">[43]<\/a>. Se debe poner en pr\u00e1ctica esta ense\u00f1anza conciliar. Si es normal que una poblaci\u00f3n sea el primer beneficiario de los dones otorgados por la Providencia como fruto de su trabajo, no puede ning\u00fan pueblo, sin embargo, pretender reservar sus riquezas para su uso exclusivo. Cada pueblo debe producir m\u00e1s y mejor, a la vez para dar a sus s\u00fabditos un nivel de vida verdaderamente humano y para contribuir tambi\u00e9n al desarrollo solidario de la humanidad. Ante la creciente indigencia de los pa\u00edses subdesarrollados, se debe considerar como normal el que un pa\u00eds desarrollado consagre una parte de su producci\u00f3n a satisfacer las necesidades de aqu\u00e9llos; igualmente normal que forme educadores, ingenieros, t\u00e9cnicos, sabios que pongan su ciencia y su competencia al servicio de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Lo superfluo<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">49. Hay que decirlo una vez m\u00e1s: lo superfluo de los pa\u00edses ricos debe servir a los pa\u00edses pobres. La regla que antiguamente val\u00eda en favor de los m\u00e1s cercanos, debe aplicarse hoy a la totalidad de las necesidades del mundo. Los ricos, por otra parte, ser\u00e1n los primeros beneficiados de ello. Si no, su prolongada avaricia no har\u00e1 m\u00e1s que suscitar el juicio de Dios y la c\u00f3lera de los pobres, con imprevisibles consecuencias. Replegadas en su ego\u00edsmo, las civilizaciones actualmente florecientes atentar\u00edan a sus valores m\u00e1s altos, sacrificando la voluntad de ser m\u00e1s al deseo de poseer en mayor abundancia. Y se aplicar\u00eda a ello la par\u00e1bola del hombre rico, cuyas tierras hab\u00edan producido mucho y que no sab\u00eda donde almacenar la cosecha: \u00abDios le dice: insensato, esta misma noche te pedir\u00e1n el alma\u00bb (<em>Lc&nbsp;<\/em>12. 20).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Programas<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">50. Estos esfuerzos, a fin de obtener su plena eficacia, no deber\u00edan permanecer dispersos o aislados, y menos a\u00fan opuestos por razones de prestigio o poder: la situaci\u00f3n exige programas concertados. En efecto, un programa es m\u00e1s y es mejor que una ayuda ocasional dejada a la buena voluntad de cada uno. Supone, Nos lo hemos dicho ya antes, estudios profundos, fijar los objetivos, determinar los medios, aunar los esfuerzos, a fin de responder a las necesidades presentes y a las exigencias previsibles. M\u00e1s a\u00fan, sobrepasa las perspectivas del crecimiento econ\u00f3mico y del progreso social: da sentido y valor a la obra que debe realizarse. Arreglando el mundo, consolida y dignifica cada vez m\u00e1s al hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Fondo mundial<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">51. Har\u00e1 falta ir m\u00e1s lejos a\u00fan. Nos pedimos en Bombay la constituci\u00f3n de una gran&nbsp;<em>Fondo Mundial<\/em>&nbsp;alimentado con una parte de los gastos militares, a fin de ayudar a los m\u00e1s desheredados<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn44\">[44]<\/a>. Esto que vale para la lucha inmediata contra la miseria, vale igualmente a escala del desarrollo. S\u00f3lo una colaboraci\u00f3n mundial, de la cual un fondo com\u00fan ser\u00eda al mismo tiempo s\u00edmbolo e instrumento, permitir\u00eda superar las rivalidades est\u00e9riles y suscitar un di\u00e1logo pac\u00edfico y fecundo entre todos los pueblos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Sus ventajas<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">52. Sin duda, acuerdos bilaterales o multilaterales pueden seguir existiendo; ellos permiten sustituir las relaciones de dependencia y las amarguras surgidas en la era colonial por felices relaciones de amistad, desarrolladas sobre un pie de igualdad jur\u00eddica y pol\u00edtica. Pero incorporados en un programa de colaboraci\u00f3n mundial, se ver\u00edan libres de toda sospecha. Las desconfianzas de los beneficiarios se atenuar\u00edan. Estos temer\u00edan menos ciertas manifestaciones disimuladas bajo la ayuda financiera o la asistencia t\u00e9cnica de lo que se ha llamado el neocolonialismo, bajo forma de presiones pol\u00edticas y de dominaci\u00f3n econ\u00f3mica encaminadas a defender o a conquistar una hegemon\u00eda dominadora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Su urgencia<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">53. \u00bfQui\u00e9n no ve adem\u00e1s que un fondo tal facilitar\u00eda la reducci\u00f3n de ciertos despilfarros, fruto del temor o del orgullo? Cuando tantos pueblos tienen hambre, cuando tantos hogares sufren la miseria, cuando tantos hombres viven sumergidos en la ignorancia, cuando a\u00fan quedan por construir tantas escuelas, hospitales, viviendas dignas de este nombre, todo derroche p\u00fablico o privado, todo gasto de ostentaci\u00f3n nacional o personal, toda carrera de armamentos se convierte en un esc\u00e1ndalo intolerable. Nos nos vemos obligados a denunciarlo. Quieran los responsables o\u00edrnos antes de que sea demasiado tarde.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Di\u00e1logo que debe comenzar<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">54. Esto quiere decir que es indispensable se establezca entre todos el di\u00e1logo, a favor del cual Nos hac\u00edamos votos en nuestra primera enc\u00edclica&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html\">Ecclesiam suam<\/a>.<\/em>&nbsp;Este di\u00e1logo entre quienes aportan los medios y quienes se benefician de ellos, permitir\u00e1 medir las aportaciones no s\u00f3lo de acuerdo con la generosidad y las disponibilidades de los unos, sino tambi\u00e9n en funci\u00f3n de las necesidades reales y de las posibilidades de empleo de los otros. Con ello los pa\u00edses en v\u00eda de desarrollo no correr\u00e1n en adelante el riesgo de estar abrumados de dudas, cuya satisfacci\u00f3n absorbe la mayor parte de sus beneficios. Las tasas de inter\u00e9s y la duraci\u00f3n de los pr\u00e9stamos deber\u00e1n disponerse de manera soportable para los unos y para los otros, equilibrando las ayudas gratuitas, los pr\u00e9stamos sin inter\u00e9s, o con un inter\u00e9s m\u00ednimo, y la duraci\u00f3n de las amortizaciones. A quienes proporcionen los medios financieros se les podr\u00e1n dar garant\u00edas sobre el empleo que se har\u00e1 del dinero, seg\u00fan el plan convenido y con una eficacia razonable, puesto que no se trata de favorecer a los perezosos y par\u00e1sitos. Y los beneficiarios podr\u00e1n exigir que no haya injerencias en su pol\u00edtica y que no se perturbe su estructura social. Como Estados soberanos, a ellos les corresponde dirigir por s\u00ed mismos sus asuntos, determinar su pol\u00edtica y orientarse libremente hacia la forma de sociedad que han escogido. Se trata, por tanto, de instaurar una colaboraci\u00f3n voluntaria, una participaci\u00f3n eficaz de los unos con los otros, en un plano de dignidad igual, para construir una convivencia civil verdaderamente digna del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Su necesidad<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">55. La tarea podr\u00eda parecer imposible en regiones donde la preocupaci\u00f3n por la subsistencia cotidiana acapara toda la existencia de familias incapaces de concebir un trabajo que les prepare para un provenir menos miserable. Y, sin embargo, es precisamente a estos hombres y mujeres a quienes hay que ayudar, a quienes hay que convencer que realicen ellos mismos su propio desarrollo y que adquieran progresivamente los medios para ello. Esta obra com\u00fan no ir\u00e1 adelante, claro est\u00e1, sin un esfuerzo concentrado, constante y animoso. Pero que cada uno se persuada profundamente: est\u00e1 en juego la vida de los pueblos pobres, la paz civil de los pa\u00edses en v\u00eda de desarrollo y la paz del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>II. LA JUSTICIA SOCIAL EN LAS RELACIONES COMERCIALES<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">56. Los esfuerzos, realmente considerables, que se han hecho para ayudar en el plano financiero y t\u00e9cnico a los pa\u00edses en v\u00eda de desarrollo, ser\u00edan ilusorios si sus resultados fuesen parcialmente anulados por el juego de las relaciones comerciales entre pa\u00edses ricos y pa\u00edses pobres. La confianza de estos \u00faltimos se quebrantar\u00eda si tuviesen la impresi\u00f3n de que una mano les quita lo que la otra les da.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Separaci\u00f3n creciente<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">57. Las naciones altamente industrializadas exportan, sobre todo, productos elaborados, mientras que las econom\u00edas poco desarrolladas no tienen para vender m\u00e1s que productos agr\u00edcolas y materias primas. Gracias al progreso t\u00e9cnico, los primeros aumentan r\u00e1pidamente de valor y encuentran suficiente mercado. Por el contrario, los productos primarios que provienen de los pa\u00edses subdesarrollados sufren amplias y bruscas variaciones de precio, muy lejos de esa plusval\u00eda progresiva. De ah\u00ed provienen para las naciones poco industrializadas grandes dificultades cuando han de contar con sus exportaciones para equilibrar su econom\u00eda y realizar su plan de desarrollo. Los pueblos pobres permanecen siempre pobres y los ricos se hacen cada vez m\u00e1s ricos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>M\u00e1s all\u00e1 del liberalismo<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">58. Es decir que la regla del libre cambio no puede seguir rigiendo ella sola las relaciones internacionales. Sus ventajas son sin duda evidentes cuando las partes no se encuentran en condiciones demasiado desiguales de potencia econ\u00f3mica: es un est\u00edmulo del progreso y recompensa el esfuerzo. Por eso los pa\u00edses industrialmente desarrollados ven en ella una ley de justicia. Pero ya no es lo mismo cuando las condiciones son demasiado desiguales de pa\u00eds a pa\u00eds: los precios que se forman \u00ablibremente\u00bb en el mercado pueden llevar consigo resultados no equitativos. Es, por consiguiente, el principio fundamental del liberalismo, como regla de los intercambios comerciales, el que est\u00e1 aqu\u00ed en litigio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Justicia de los contratos a escala de los pueblos<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">59. La ense\u00f1anza de Le\u00f3n XIII en la&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum Novarum<\/a><\/em>&nbsp;conserva su validez: el consentimiento de las partes, si est\u00e1n en situaciones demasiado desiguales, no basta para garantizar la justicia del contrato, y la regla del libre consentimiento queda subordinada a las exigencias del derecho natural<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn45\">[45]<\/a>. Lo que era verdadero acerca del justo salario individual, lo es tambi\u00e9n respecto a los contratos internacionales: una econom\u00eda de intercambio no puede seguir descansando sobre la sola ley de la libre concurrencia, que engendra tambi\u00e9n demasiado a menudo una dictadura econ\u00f3mica. El libre intercambio s\u00f3lo es equitativo si est\u00e1 sometido a las exigencias de la justicia social.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Medidas que hay que tomar<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">60. Por lo dem\u00e1s, esto lo han comprendido los mismos pa\u00edses desarrollados, que se esfuerzan con medidas adecuadas por restablecer, en el seno de su propia econom\u00eda, un equilibrio que la concurrencia, dejada a su libre juego, tiende a comprometer. As\u00ed sucede que a menudo sostienen su agricultura a costa de sacrificios impuestos a los sectores econ\u00f3micos m\u00e1s favorecidos. As\u00ed tambi\u00e9n, para mantener las relaciones comerciales que se desenvuelven entre ellos, particularmente en el interior de un mercado com\u00fan, su pol\u00edtica financiera, fiscal y social se esfuerza por procurar, a industrias concurrentes de prosperidad desigual, oportunidades semejantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Convenciones internacionales<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">61. No estar\u00eda bien usar aqu\u00ed dos pesos y dos medidas. Lo que vale en econom\u00eda nacional, lo que se admite entre pa\u00edses desarrollados, vale tambi\u00e9n en las relaciones comerciales entre pa\u00edses ricos y pa\u00edses pobres. Sin abolir el mercado de concurrencia, hay que mantenerlo dentro de los l\u00edmites que lo hacen justo y moral, y, por tanto, humano. En el comercio entre econom\u00edas desarrolladas y subdesarrolladas, las situaciones son demasiado dispares, y las libertades reales demasiado desiguales. La justicia social exige que el comercio internacional, para ser humano y moral, restablezca entre las partes al menos una cierta igualdad de oportunidades. Esta \u00faltima es un objetivo a largo plazo. Mas para llegar a \u00e9l es preciso crear desde ahora una igualdad real en las discusiones y negociaciones. Aqu\u00ed tambi\u00e9n ser\u00edan \u00fatiles convenciones internacionales de radio suficientemente vasto: ellas establecer\u00edan normas generales con vistas a regularizar ciertos precios, garantizar determinadas producciones, sostener ciertas industrias nacientes. \u00bfQui\u00e9n no ve que un tal esfuerzo com\u00fan hacia una mayor justicia en las relaciones comerciales entre los pueblos aportar\u00eda a los pa\u00edses en v\u00eda de desarrollo una ayuda positiva, cuyos efectos no ser\u00edan solamente inmediatos, sino duraderos?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Obst\u00e1culos que hay que remontar: el nacionalismo<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">62. Otros obst\u00e1culos se oponen tambi\u00e9n a la formaci\u00f3n de un mundo m\u00e1s justo y m\u00e1s estructurado dentro de una solidaridad universal: nos referimos al nacionalismo y al racismo. Es natural que comunidades recientemente llegadas a su independencia pol\u00edtica sean celosas de una unidad nacional a\u00fan fr\u00e1gil y se esfuercen por protegerla. Es normal tambi\u00e9n que naciones de vieja cultura est\u00e9n orgullosas del patrimonio que les ha legado la historia. Pero estos leg\u00edtimos sentimientos deben ser sublimados por la caridad universal, que engloba a todos los miembros de la familia humana. El nacionalismo a\u00edsla los pueblos en contra de lo que es su verdadero bien. Ser\u00eda particularmente nocivo all\u00ed en donde la debilidad de las econom\u00edas nacionales exige, por el contrario, la puesta en com\u00fan de los esfuerzos, de los conocimientos y de los medios financieros para realizar los programas de desarrollo e incrementar los intercambios comerciales y culturales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>El racismo<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">63. El racismo no es patrimonio exclusivo de las naciones j\u00f3venes, en las que, a veces, se disfraza bajo las rivalidades de clanes y de partidos pol\u00edticos, con gran prejuicio de la justicia y con peligro de la paz civil. Durante la era colonial ha creado a menudo un muro de separaci\u00f3n entre colonizadores e ind\u00edgenas, poniendo obst\u00e1culos a una fecunda inteligencia rec\u00edproca y provocando muchos rencores como consecuencia de verdaderas injusticias. Es tambi\u00e9n un obst\u00e1culo a la colaboraci\u00f3n entre naciones menos favorecidas y un fermento de divisi\u00f3n y de odio en el seno mismo de los Estados cuando, con menosprecio de los derechos imprescriptibles de la persona humana, individuos y familias se ven injustamente sometidos a un r\u00e9gimen de excepci\u00f3n por raz\u00f3n de su raza o de su color.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Hacia un mundo solidario<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">64. Una tal situaci\u00f3n, tan cargada de amenazas para el porvenir, nos aflige profundamente. Abrigamos, con todo, la esperanza de que una necesidad m\u00e1s sentida de colaboraci\u00f3n y un sentido m\u00e1s agudo de la solidaridad, acabar\u00e1n por prevalecer sobre las incomprensiones y los ego\u00edsmos. Nos esperamos que los pa\u00edses cuyo desarrollo est\u00e1 menos avanzado sabr\u00e1n aprovecharse de su vecindad para organizar entre ellos, sobre \u00e1reas territorialmente extensas, zonas de desarrollo conjunto: establecer programas comunes, coordinar las inversiones, repartir las posibilidades de producci\u00f3n, organizar los intercambios. Esperamos tambi\u00e9n que las organizaciones multilaterales e internacionales encontrar\u00e1n, por medio de una reorganizaci\u00f3n necesaria, los caminos que permitir\u00e1n a los pueblos todav\u00eda subdesarrollados salir de los atolladeros en que parecen estar encerrados y descubrir por s\u00ed mismos, dentro de la fidelidad a su peculiar modo de ser, los medios para su progreso social y humano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Pueblos art\u00edfices de su destino<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">65. Porque \u00e9sa es la meta a la que hay que llegar. La solidaridad mundial, cada d\u00eda m\u00e1s eficiente, debe permitir a todos los pueblos el llegar a ser por s\u00ed mismos art\u00edfices de su destino. El pasado ha sido marcado demasiado frecuentemente por relaciones de fuerza entre las naciones; venga ya el d\u00eda en que las relaciones internacionales lleven el cu\u00f1o del mutuo respeto y de la amistad, de la interdependencia en la colaboraci\u00f3n y de la promoci\u00f3n com\u00fan bajo la responsabilidad de cada uno. Los pueblos m\u00e1s j\u00f3venes o m\u00e1s d\u00e9biles reclaman tener su parte activa en la construcci\u00f3n de un mundo mejor, m\u00e1s respetuoso de los derechos y de la vocaci\u00f3n de cada uno. Este clamor es leg\u00edtimo; a la responsabilidad de cada uno queda el escucharlo y el responder a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>III. LA CARIDAD UNIVERSAL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">66. El mundo est\u00e1 enfermo. Su mal est\u00e1 menos en la esterilizaci\u00f3n de los recursos y en su acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>El deber de la hospitalidad<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">67. Nos no insistiremos nunca demasiado en el deber de hospitalidad \u2014deber de solidaridad humana y de caridad cristiana\u2014 que incumbe tanto a las familias como a las organizaciones culturales de los pa\u00edses que acogen a los extranjeros. Es necesario multiplicar residencias y hogares que acojan, sobre todo, a los j\u00f3venes. Esto, ante todo, para protegerles contra la soledad, el sentimiento de abandono, la angustia, que destruyen todo resorte moral. Tambi\u00e9n para defenderles contra la situaci\u00f3n malsana en que se encuentran, forzados a comparar la extrema pobreza de su patria con el lujo y el derroche que a menudo les rodea. Y asimismo para ponerles al abrigo de doctrinas subversivas y de tentaciones agresivas que les asaltan ante el recuerdo de tanta &#8220;miseria inmerecida&#8221;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn46\">[46]<\/a>. Sobre todo, en fin, para ofrecerles, con el calor de una acogida fraterna, el ejemplo de una vida sana, la estima de la caridad cristiana aut\u00e9ntica y eficaz, el aprecio de los valores espirituales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>El drama de los j\u00f3venes estudiantes<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">68. Es doloroso pensarlo: numerosos j\u00f3venes venidos a pa\u00edses m\u00e1s avanzados para recibir la ciencia, la competencia y la cultura, que les har\u00e1n m\u00e1s aptos para servir a su patria, adquieren ciertamente una formaci\u00f3n m\u00e1s cualificada, pero pierden demasiado a menudo la estima de unos valores espirituales que muchas veces se encuentran, como precioso patrimonio, en aquellas civilizaciones que les han visto crecer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Trabajadores emigrantes<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">69. La misma acogida debe ofrecerse a los trabajadores emigrados, que viven muchas veces en condiciones inhumanas, ahorrando de su salario para sostener a sus familias, que se encuentran en la miseria en su suelo natal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Sentido social<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">70. Nuestra segunda recomendaci\u00f3n va dirigida a aquellos a quienes sus negocios llaman a pa\u00edses recientemente abiertos a la industrializaci\u00f3n: industriales, comerciantes, dirigentes o representantes de las grandes empresas. Sucede a menudo que no est\u00e1n desprovistos de sentido social en su propio pa\u00eds; \u00bfpor qu\u00e9 de nuevo retroceder a los principios inhumanos del individualismo cuando trabajan en pa\u00edses menos desarrollados? La superioridad de su situaci\u00f3n deber\u00eda, al contrario, convertirles en los iniciadores del progreso social y de la promoci\u00f3n humana all\u00ed donde sus negocios les llaman. Su mismo sentido de organizaci\u00f3n deber\u00eda sugerirles los medios de valorizar el trabajo ind\u00edgena, de formar obreros cualificados, de preparar ingenieros y mandos intermedios, de dejar sitio a sus iniciativas, de introducirles progresivamente en los puestos m\u00e1s elevados, disponi\u00e9ndoles a s\u00ed para que en un pr\u00f3ximo porvenir puedan compartir con ellos las responsabilidades de la direcci\u00f3n. Que al menos la justicia regule siempre las relaciones entre jefes y subordinados. Que unos contratos bien establecidos rijan las obligaciones rec\u00edprocas. Que no haya nada, en fin, sea cual sea su situaci\u00f3n, que les deje injustamente sometidos a la arbitrariedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Misiones de desarrollo<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">71. Cada vez son m\u00e1s numerosos, nos alegramos de ello, los t\u00e9cnicos enviados en misi\u00f3n de desarrollo por las instituciones internacionales o bilaterales u organismos privados; \u00abno deben comportarse como dominadores, sino como asistentes y colaboradores\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn47\">[47]<\/a>. Un pueblo percibe en seguida si los que vienen en su ayuda lo hacen con o sin afecci\u00f3n, para aplicar unas t\u00e9cnicas o para darle al hombre todo su valor. Su mensaje queda expuesto a no ser recibido si no va acompa\u00f1ado del amor fraterno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Cualidades de los t\u00e9cnicos<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">72. A la competencia t\u00e9cnica necesaria tienen, pues, que a\u00f1adir las se\u00f1ales aut\u00e9nticas de una amor desinteresado. Libres de todo orgullo nacionalista, como de toda apariencia de racismo, los t\u00e9cnicos deben aprender a trabajar en estrecha colaboraci\u00f3n con todos. Saben que su competencia no les confiere una superioridad en todos los terrenos. La civilizaci\u00f3n que les ha formado contiene ciertamente elementos de humanismo universal, pero ella no es \u00fanica ni exclusiva y no puede ser importada sin adaptaci\u00f3n. Los agentes de estas misiones se esforzar\u00e1n sinceramente por descubrir, junto con su historia, los componentes y las riquezas culturales del pa\u00eds que les recibe. Se establecer\u00e1 con ello un contacto que fecundar\u00e1 una y otra civilizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Di\u00e1logo de civilizaciones<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">73. Entre las civilizaciones, como entre las personas, un di\u00e1logo sincero es, en efecto, creador de fraternidad. La empresa del desarrollo acercar\u00e1 a los pueblos en las realizaciones que persigue el com\u00fan esfuerzo, si todos, desde los gobernantes y sus representantes hasta el m\u00e1s humilde t\u00e9cnico, se sienten animados por un amor fraternal y movidos por el deseo sincero de construir una civilizaci\u00f3n de solidaridad mundial. Un di\u00e1logo centrado sobre el hombre, y no sobre los productos o sobre las t\u00e9cnicas, comenzar\u00e1 entonces. Ser\u00e1 fecundo si aporta a los pueblos que de \u00e9l se benefician los medios que lo eleven y lo espiritualicen; si los t\u00e9cnicos se hacen educadores y si las ense\u00f1anzas impartidas est\u00e1n marcadas por una cualidad espiritual y moral tan elevadas que garanticen un desarrollo no solamente econ\u00f3mico, sino tambi\u00e9n humano. M\u00e1s all\u00e1 de la asistencia t\u00e9cnica, las relaciones as\u00ed establecidas perdurar\u00e1n. \u00bfQui\u00e9n no ve la importancia que entonces tendr\u00e1n para la paz del mundo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Llamamiento a los j\u00f3venes<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">74. Muchos j\u00f3venes han respondido ya con ardor y entrega a la llamada de P\u00edo XII para un laicado misionero<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn48\">[48]<\/a>. Son muchos tambi\u00e9n los que se han puesto espont\u00e1neamente a disposici\u00f3n de organismos, oficiales o privados, que colaboran con los pueblos en v\u00eda de desarrollo. Nos sentimos viva satisfacci\u00f3n al saber que en ciertas naciones el \u00abservicio militar\u00bb puede convertirse, en parte, en un \u00abservicio social\u00bb, un simple servicio. Nos bendecimos estas iniciativas y la buena voluntad de los que las secundan. \u00a1Ojal\u00e1 que todos los que se dicen de Cristo puedan escuchar su llamada: \u00abTuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui un extranjero, y me recibisteis; estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la c\u00e1rcel; y me vinisteis a ver!\u00bb (<em>Mt&nbsp;<\/em>25, 35-36). Nadie puede permanecer indiferente ante la suerte de sus hermanos que todav\u00eda yacen en la miseria, presa de la ignorancia, v\u00edctimas de la inseguridad. Como el coraz\u00f3n de Cristo, el coraz\u00f3n del cristiano debe sentir compasi\u00f3n de tanta miseria: \u00abSiento compasi\u00f3n por esta muchedumbre\u00bb (<em>Mc&nbsp;<\/em>8, 2).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Plegaria y acci\u00f3n<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">75. La oraci\u00f3n de todos debe subir con fervor al Todopoderoso, a fin de que la humanidad consciente de tan grandes calamidades, se aplique con inteligencia y firmeza a abolirlas. A esta oraci\u00f3n debe corresponder la entrega completa de cada uno, en la medida de sus fuerzas y de sus posibilidades, a la lucha contra el subdesarrollo. Que los individuos, los grupos sociales y las naciones se den fraternalmente la mano; el fuerte ayudando al d\u00e9bil a levantarse, poniendo en ello toda su competencia, su entusiasmo y su amor desinteresado. M\u00e1s que nadie, el que est\u00e1 animado de una verdadera caridad es ingenioso para descubrir las causas de la miseria, para encontrar los medios de combatirla, para vencerla con intrepidez. Amigo de la paz, \u00abproseguir\u00e1 su camino, irradiando alegr\u00eda y derramando luz y gracia en el coraz\u00f3n de los hombres en toda la faz de la tierra, haci\u00e9ndoles descubrir, por encima de todas las fronteras, el rostro de los hermanos, el rostro de los amigos\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn49\">[49]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>El desarrollo es el nuevo nombre de la paz<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">76. Las diferencias econ\u00f3micas, sociales y culturales demasiado grandes entre los pueblos provocan tensiones y discordias y ponen la paz en peligro. Como Nos dijimos a los Padres Conciliares a la vuelta de nuestro viaje de paz a la ONU, \u00abla condici\u00f3n de los pueblos en v\u00eda de desarrollo debe ser el objeto de nuestra consideraci\u00f3n, o, mejor a\u00fan, nuestra caridad con los pobres que hay en el mundo \u2014y estos son legiones infinitas\u2014 debe ser m\u00e1s atenta, m\u00e1s activa, m\u00e1s generosa\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn50\">[50]<\/a>. Combatir la miseria y luchar contra la injusticia es promover, a la par que el mayor bienestar, el progreso humano y espiritual de todos, y, por consiguiente, el bien com\u00fan de la humanidad. La paz no se reduce a una ausencia de guerra, fruto del equilibrio siempre precario de las fuerzas. La paz se construye d\u00eda a d\u00eda, en la instauraci\u00f3n de un orden querido por Dios, que comporta una justicia m\u00e1s perfecta entre los hombres&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn51\">[51]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Salir del aislamiento<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">77. Constructores de su propio desarrollo, los pueblos son los primeros responsables de \u00e9l. Pero no lo realizar\u00e1n en el aislamiento. Los acuerdos regionales entre los pueblos d\u00e9biles a fin de sostenerse mutuamente, los acuerdos m\u00e1s amplios para venir en su ayuda, las convenciones m\u00e1s ambiciosas entre unos y otros para establecer programas concertados, son los jalones de este camino del desarrollo que conduce a la paz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Hacia una autoridad mundial eficaz<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">78. Esta colaboraci\u00f3n internacional a vocaci\u00f3n mundial requiere unas instituciones que la preparen, la coordinen y la rijan hasta construir un orden jur\u00eddico universalmente reconocido. De todo coraz\u00f3n, Nos alentamos las organizaciones que han puesto mano en esta colaboraci\u00f3n para el desarrollo y deseamos que crezca su autoridad. \u00abVuestra vocaci\u00f3n \u2014dijimos a los representantes de la Naciones Unidas en Nueva York\u2014 es la de hacer fraternizar no solamente a algunos pueblos, sino a todos los pueblos (&#8230;). \u00bfQui\u00e9n no ve la necesidad de llegar as\u00ed progresivamente a instaurar una autoridad mundial que pueda actuar eficazmente en el terreno jur\u00eddico y en el de la pol\u00edtica?\u00bb<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn52\">[52]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Esperanza fundada en un mundo mejor<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">79. Algunos creer\u00e1n ut\u00f3picas tales esperanzas. Es posible que el sentido realista de quienes as\u00ed piensa sea defectuoso, porque no perciben el acelerado curso de esta \u00e9poca, en la que los hombres quieren vivir m\u00e1s fraternalmente y, a pesar de sus ignorancias, sus errores, sus pecados, sus reca\u00eddas en la barbarie y sus alejados extrav\u00edos fuera del camino de la salvaci\u00f3n, se acercan lentamente, aun sin darse de ello cuenta, hacia su Creador. Este camino hacia m\u00e1s y mejores sentimiento de humanidad pide esfuerzo y sacrificio, pero el mismo sufrimiento, aceptado por amor hacia nuestros hermanos, es portador de progreso para toda la familia humana. Los cristianos saben que la uni\u00f3n al sacrificio del Salvador contribuye a la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo en su plenitud: el pueblo de Dios reunido<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn53\">[53]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Todos solidarios<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">80. En esta marcha, todos somos solidarios. A todos hemos querido Nos recordar la amplitud del drama y la urgencia de la obra que hay que llevar a cabo. La hora de la acci\u00f3n ha sonado ya; la supervivencia de tantos ni\u00f1os inocentes, el acceso a una condici\u00f3n humana de tantas familias desgraciadas, la paz del mundo, el porvenir de la civilizaci\u00f3n, est\u00e1n en juego. Todos los hombres y todos los pueblos deben asumir sus responsabilidades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>LLAMAMIENTO FINAL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Cat\u00f3licos<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">81. Nos conjuramos en primer lugar a todos nuestros hijos. En los pa\u00edses en v\u00eda de desarrollo no menos que en los otros, los seglares deben asumir como tarea propia la renovaci\u00f3n del orden temporal. Si el papel de la Jerarqu\u00eda es el de ense\u00f1ar e interpretar aut\u00e9nticamente los principios morales que hay que seguir en este terreno, a los seglares les corresponde, con su libre iniciativa y sin esperar pasivamente consignas y directrices, penetrar de esp\u00edritu cristiano la mentalidad y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que viven<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftn54\">[54]<\/a>. Los cambios son necesarios; las reformas profundas, indispensables: deben emplearse resueltamente en infundirles el esp\u00edritu evang\u00e9lico. A nuestros hijos cat\u00f3licos de los pa\u00edses m\u00e1s favorecidos, Nos pedimos que aporten su competencia y su activa participaci\u00f3n en las organizaciones oficiales o privadas, civiles o religiosas, dedicadas a superar las dificultades de los pa\u00edses en v\u00eda de desarrollo. Estamos seguros de que ellos pondr\u00e1n todo empe\u00f1o para hallarse en primera fila entre aquellos que trabajan por llevar a la realidad de los hechos una moral internacional de justicia y de equidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Cristianos y creyentes<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">82. Todos los cristianos, nuestros hermanos, Nos estamos seguros de ello, querr\u00e1n ampliar su esfuerzo com\u00fan y concertado a fin de ayudar al mundo a triunfar del ego\u00edsmo, del orgullo y de las rivalidades; a superar las ambiciones y las injusticias, a abrir a todos los caminos de una vida m\u00e1s humana en la que cada uno sea amado y ayudado como su pr\u00f3jimo y su hermano. Todav\u00eda emocionado por nuestro inolvidable encuentro de Bombay con nuestros hermanos no-cristianos, de nuevo Nos les invitamos a colaborar con todo su coraz\u00f3n y con toda su inteligencia para que todos los hijos de los hombres puedan llevar una vida digna de hijos de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Hombres de buena voluntad<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">83. Finalmente, Nos nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad conscientes de que el camino de la paz pasa por el desarrollo. Delegados en las instituciones internacionales, hombres de Estado, publicistas, educadores, todos, cada uno en vuestro sitio, vosotros sois los conductores de un mundo nuevo. Nos suplicamos al Dios todopoderoso que ilumine vuestras inteligencias y os d\u00e9 nuevas fuerzas y aliento para poner en estado de alerta a la opini\u00f3n p\u00fablica y comunicar entusiasmo a los pueblos. Educadores, a vosotros os pertenece despertar ya desde la infancia el amor a los pueblos que se encuentran en la miseria. Publicistas, a vosotros corresponde poner ante nuestros ojos el esfuerzo realizado para promover la mutua ayuda entre los pueblos, as\u00ed como tambi\u00e9n el espect\u00e1culo de las miserias que los hombres tienen tendencia a olvidar para tranquilizar sus conciencias; que los ricos sepan al menos que los pobres est\u00e1n a su puerta y aguardan las migajas de sus banquetes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Hombres de Estado<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">84. Hombres de Estado, a vosotros os incumbe movilizar vuestras comunidades en una solidaridad mundial m\u00e1s eficaz, y ante todo hacerles aceptar las necesarias disminuciones de su lujo y de sus dispendios para promover el desarrollo y salvar la paz. Delegados de las organizaciones internacionales, de vosotros depende que el peligroso y est\u00e9ril enfrentamiento de fuerzas deje paso a la colaboraci\u00f3n amigable, pac\u00edfica y desinteresada, a fin de lograr un progreso solidario de la humanidad en el que todos los hombres puedan desarrollarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Sabios<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">85. Y si es verdad que el mundo se encuentra en un lamentable vac\u00edo de ideas, Nos hacemos un llamamiento a los pensadores y a los sabios, cat\u00f3licos, cristianos, adoradores de Dios, \u00e1vidos de absoluto, de justicia y de verdad: todos los hombres de buena voluntad. A ejemplo de Cristo, Nos nos atrevemos a rogaros con insistencia \u00abbuscad y encontrar\u00e9is\u00bb (<em>Lc&nbsp;<\/em>11, 9); emprended los caminos que conducen, a trav\u00e9s de la colaboraci\u00f3n, de la profundizaci\u00f3n del saber, de la amplitud del coraz\u00f3n, a una vida m\u00e1s fraternal en una comunidad humana verdaderamente universal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Todos a la obra<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">86. Vosotros todos los que hab\u00e9is o\u00eddo la llamada de los pueblos que sufren, vosotros los que trabaj\u00e1is para darles una respuesta, vosotros sois los ap\u00f3stoles del desarrollo aut\u00e9ntico y verdadero que no consiste en la riqueza ego\u00edsta y deseada por s\u00ed misma, sino en la econom\u00eda al servicio del hombre, el pan de cada d\u00eda distribuido a todos, como fuente de fraternidad y signo de la Providencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Bendici\u00f3n<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">87. De todo coraz\u00f3n Nos os bendecimos y hacemos un llamamiento a todos los hombres para que se unan fraternalmente a vosotros. Porque si el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, \u00bfqui\u00e9n no querr\u00e1 trabajar con todas las fuerzas para lograrlo? S\u00ed, Nos os invitamos a todos para que respond\u00e1is a nuestro grito de angustia, en nombre del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Dado en Roma, junto a San Pedro, el 26 de marzo, fiesta de la Resurrecci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, a\u00f1o cuarto de nuestro pontificado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Paulus PP. VI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref1\">[1]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Acta Leonis XIII, t.<\/em>&nbsp;II (1892). p. 97-148.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref2\">[2]<\/a>&nbsp;Cf. AAS 23 (1931), 177-228.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref3\">[3]<\/a>&nbsp;Cf. AAS 53 (1961), 401-464.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref4\">[4]<\/a>&nbsp;Cf. AAS 55 (1963), 257-304.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref5\">[5]<\/a>&nbsp;Cf. en particular&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/speeches\/1941\/documents\/hf_p-xii_spe_19410601_radiomessage-pentecost.html\">Radiomensaje del 1 de junio de 1941 en el 50 aniversario de la&nbsp;<em>Rerum novarum<\/em><\/a>: AAS 33 (1941) 195-205;&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/speeches\/1942\/documents\/hf_p-xii_spe_19421224_radiomessage-christmas.html\">Radiomensaje de Navidad de 1942<\/a>: AAS 35 (1943), 9-24; Alocuci\u00f3n a un grupo de trabajadores en el aniversario de la&nbsp;<em>Rerum novarum,<\/em>&nbsp;14 de mayo de1953: AAS 45 (1953), 402-408.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref6\">[6]<\/a>&nbsp;&nbsp;Cf. Enc.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et magistra<\/a>,<\/em>&nbsp;15 de mayo de 1961: AAS 53 (1961), 440.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref7\">[7]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>&nbsp;n. 63-72: AAS 58 (1966), 1084-1094.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref8\">[8]<\/a>&nbsp;Motu proprio&nbsp;<em>Catholicam Christi Ecclesiam<\/em>, 6 de enero de 1967: AAS 59 (1967), 27.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref9\">[9]<\/a>&nbsp;Enc.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum novarum<\/a>,<\/em>&nbsp;l. c., 98.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref10\">[10]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>&nbsp;n. 63: AAS 58 (1966), 1026.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref11\">[11]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>&nbsp;n. 3, l. c. 1026.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref12\">[12]<\/a>&nbsp;Cf. Enc.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_01111885_immortale-dei.html\">Immortale Dei<\/a><\/em>, 1 de nov. de 1885,&nbsp;<em>Acta Leonis XIII,<\/em>&nbsp;t.5 (1885), 127.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref13\">[13]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>&nbsp;n. 4, l. c., 1027.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref14\">[14]<\/a>&nbsp;L. J. Lebret. O. P.,&nbsp;<em>Dynamique concr\u00e8te du d\u00e9veloppement<\/em>&nbsp;(Par\u00eds, Economie et Humanisme, Les Editions Ouvri\u00e8res, 1961), p\u00e1g. 28.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref15\">[15]<\/a>&nbsp;Cf., p. e., J. Maritain,&nbsp;<em>Les conditions spirituelles du progr\u00e8s et de la paix<\/em>, en&nbsp;<em>Rencontre de cultures \u00e0 l&#8217;UNESCO sous le signe du Concile oecum\u00e9nique Vatican II<\/em>, Par\u00eds, Mame, 1966, 66.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref16\">[16]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>&nbsp;<\/em>n. 69, l. c. 1090.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref17\">[17]<\/a>&nbsp;<em>De Nabuthe<\/em>&nbsp;c.12, n. 53: PL 14, 747. Cf. J. R. Palanque,&nbsp;<em>Saint Ambroise et l&#8217;empire romain<\/em>, Par\u00eds, De Boccard, 1933, p. 336 ss.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref18\">[18]<\/a>&nbsp;Carta a la Semana social de Brest, en&nbsp;<em>L&#8217;homme et la r\u00e9volution urbaine<\/em>, Lyon, Cr\u00f3nica Social, 1965, p. 8-9.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref19\">[19]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>&nbsp;<\/em>n. 71, l. c. 1093.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref20\">[20]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Ib\u00edd.<\/em>. n. 65, l. c. 1086.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref21\">[21]<\/a>&nbsp;Enc.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno.html\">Quadragesimo anno<\/a><\/em>&nbsp;l. c. 212.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref22\">[22]<\/a>&nbsp;Cf., p. e., Colin Clark,&nbsp;<em>The conditions of economic progress,<\/em>&nbsp;3a. ed., London, Macmillan &amp;Co., New York, St. Martin&#8217;s Press, 1960, p. 3-6.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref23\">[23]<\/a>&nbsp;Carta a la Semana Social de Lyon, en&nbsp;<em>Le travail et les travailleurs dans la soci\u00e9t\u00e9 contemporaine,&nbsp;<\/em>&nbsp;Lyon, Cr\u00f3nica Social, 1965. p. 6.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref24\">[24]<\/a>&nbsp;Cf., p. e., M. D. Chenu, O. P.,&nbsp;<em>Pour une th\u00e9ologie du travail<\/em>. Par\u00eds, Edit. du Seuil, 1955.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref25\">[25]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et magistra<\/a><\/em>&nbsp;l. c. 423.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref26\">[26]<\/a>&nbsp;Cf., p. e., O. von Nell-Breuning, S. J.,&nbsp;<em>Wirtschaft und Gesellschaft<\/em>, t. I,<em>&nbsp;Grundfragen,<\/em>&nbsp;Freiburg, Herder, 1956, p. 183-184.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref27\">[27]<\/a>&nbsp;Cf., p. e., Mons. M. Larra\u00edn Err\u00e1zuriz, obispo de Talca (Chile), presidente del Celam,&nbsp;<em>Carta pastoral. Desarrollo : \u00c9xito o fracaso en Am\u00e9rica Latina&nbsp;<\/em>(1965).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref28\">[28]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>&nbsp;<\/em>n. 26, l. c. 1046.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref29\">[29]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et magistra<\/a><\/em>&nbsp;l. c. 414.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref30\">[30]<\/a>&nbsp;<em>L&#8217;Osservatore Romano<\/em>&nbsp;11 de septiembre de 1965.&nbsp;<em>Documentation catholique<\/em>, t. 62 (Par\u00eds, 1965) col. 1674-1675.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref31\">[31]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>&nbsp;<\/em>n. 52, l. c. 1073.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref32\">[32]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Ib\u00edd.<\/em>. n. 50-51 (y nota 14), l. c. 1070-1073; y n. 87, l. c. 1110.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref33\">[33]<\/a>&nbsp;<em>Ib\u00edd.<\/em>. n. 15, l. c. 1036.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref34\">[34]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>&nbsp;<\/em>n. 57, l. c. 1078.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref35\">[35]<\/a>&nbsp;<em>Ib\u00edd.<\/em>. n. 19, l. c. 1039.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref36\">[36]<\/a>&nbsp;Cf., p. e., J. Maritain,&nbsp;<em>L&#8217;humanisme int\u00e9gral<\/em>, Par\u00eds, Aubier, 1936.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref37\">[37]<\/a>&nbsp;H. de Lubac, S. I.,&nbsp;<em>Le drame de l&#8217;humanisme ath\u00e9e<\/em>, 3a. ed., Par\u00eds, Spes, 1945, 10.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref38\">[38]<\/a>&nbsp;<em>Pens\u00e9es<\/em>, ed. Brunschvieg, n. 434. Cf. M. Zundel,&nbsp;<em>L&#8217;homme passe l&#8217;homme<\/em>, Le Caire, Editions du Lien, 1944.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref39\">[39]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/speeches\/1964\/documents\/hf_p-vi_spe_19641203_other-religions.html\">Alocuci\u00f3n a los representantes de las religiones no-cristianas<\/a><\/em>, 3 dic. 1964. AAS 57 (1965), 132.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref40\">[40]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et magistra<\/a>,<\/em>&nbsp;l. c. 440 ss.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref41\">[41]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/speeches\/1963\/documents\/hf_p-vi_spe_19631223_messaggio-natale.html\">Radiomensaje de Navidad de 1963<\/a><\/em>, AAS 56 (1964), 57-58.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref42\">[42]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>L&#8217;Osservatore Romano<\/em>&nbsp;10 de febrero de 1966;<em>&nbsp;Enc. e Disc. di Paolo VI<\/em>, vol. 9. Roma, Ed. Paoline,1966, 132-136; \u00abEcclesia\u00bb, 19 de febrero de 1966 (n. 1279) p. 9 (269).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref43\">[43]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>&nbsp;n. 86, l. c. 1109.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref44\">[44]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/speeches\/1964\/documents\/hf_p-vi_spe_19641204_press.html\">Mensaje al mundo entregado a los periodistas el 4 de diciembre de 1964<\/a><\/em>. Cf. AAS 57 (1965), 135.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref45\">[45]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Acta Leonis XIII<\/em>&nbsp;t. II (1892) 131.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref46\">[46]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>ibid<\/em>. 98.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref47\">[47]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>&nbsp;<\/em>n. 85, l. c. 1108.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref48\">[48]<\/a>&nbsp;Cf. Enc.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_21041957_fidei-donum.html\">Fidei Donum<\/a>,<\/em>&nbsp; l.c. 246.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref49\">[49]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/speeches\/1963\/documents\/hf_j-xxiii_spe_19630510_premio-balzan-basilica.html\">Alocuci\u00f3n de Juan XXIII en la entrega del&nbsp; premio Balzan<\/a><\/em>, 10 de mayo de 1963: AAS 55 (1963), 455.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref50\">[50]<\/a>&nbsp;AAS 57 (1965), 896.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref51\">[51]<\/a>&nbsp;Cf. Enc.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a><\/em>&nbsp;l. c. 301.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref52\">[52]<\/a>&nbsp;AAS 57 (1965), 880.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref53\">[53]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Ef<\/em>&nbsp; 4, 12;&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/em>&nbsp;n. 13 AAS 57 (1965), 17.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html#_ftnref54\">[54]<\/a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolica actuositatem<\/a>,<\/em>&nbsp; n. 7, 13 y 24.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Copyright \u00a9 Dicastero per la Comunicazione &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARTA ENC\u00cdCLICAPOPULORUM PROGRESSIODEL PAPAPABLO VIA LOS OBISPOS, SACERDOTES, RELIGIOSOSY FIELES DE TODO EL MUNDOY A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTADSOBRE LA NECESIDAD DE PROMOVER EL DESARROLLO DE LOS PUEBLOS PRE\u00c1MBULO Desarrollo de los pueblos 1. 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