{"id":8093,"date":"2024-10-22T20:55:44","date_gmt":"2024-10-22T20:55:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/?p=8093"},"modified":"2024-10-22T20:55:45","modified_gmt":"2024-10-22T20:55:45","slug":"carta-enciclica-humanae-vitae","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/2024\/10\/22\/carta-enciclica-humanae-vitae\/","title":{"rendered":"CARTA ENC\u00cdCLICA HUMANAE VITAE"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">CARTA ENC\u00cdCLICA<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>HUMANAE VITAE<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>DE S. S. PABLO VI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br>A LOS&nbsp; VENERABLES HERMANOS LOS PATRIARCAS,<br>ARZOBISPOS, OBISPOS Y DEM\u00c1S ORDINARIOS DE LUGAR&nbsp;<br>EN PAZ Y COMUNI\u00d3N CON LA SEDE APOST\u00d3LICA,<br>AL CLERO Y A LOS FIELES DEL ORBE CAT\u00d3LICO<br>Y A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD,<br>SOBRE LA REGULACI\u00d3N DE LA NATALIDAD<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Venerables hermanos y amados hijos,<br>salud y bendici\u00f3n apost\u00f3lica.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La transmisi\u00f3n de la vida<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. El grav\u00edsimo deber de transmitir la vida humana ha sido siempre para los esposos, colaboradores libres y responsables de Dios Creador, fuente de grandes alegr\u00edas aunque algunas veces acompa\u00f1adas de no pocas dificultades y angustias.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En todos los tiempos ha planteado el cumplimiento de este deber serios problemas en la conciencia de los c\u00f3nyuges, pero con la actual transformaci\u00f3n de la sociedad se han verificado unos cambios tales que han hecho surgir nuevas cuestiones que la Iglesia no pod\u00eda ignorar por tratarse de una materia relacionada tan de cerca con la vida y la felicidad de los hombres.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>I. Nuevos aspectos del problema y competencia del magisterio&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Nuevo enfoque del problema<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. Los cambios que se han producido son, en efecto, notables y de diversa \u00edndole. Se trata, ante todo, del r\u00e1pido desarrollo demogr\u00e1fico. Muchos manifiestan el temor de que la poblaci\u00f3n mundial aumente m\u00e1s r\u00e1pidamente que las reservas de que dispone, con creciente angustia para tantas familias y pueblos en v\u00eda de desarrollo, siendo grande la tentaci\u00f3n de las autoridades de oponer a este peligro medidas radicales. Adem\u00e1s, las condiciones de trabajo y de vivienda y las m\u00faltiples exigencias que van aumentando en el campo econ\u00f3mico y en el de la educaci\u00f3n, con frecuencia hacen hoy dif\u00edcil el mantenimiento adecuado de un n\u00famero elevado de hijos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se asiste tambi\u00e9n a un cambio, tanto en el modo de considerar la personalidad de la mujer y su puesto en la sociedad, como en el valor que hay que atribuir al amor conyugal dentro del matrimonio y en el aprecio que se debe dar al significado de los actos conyugales en relaci\u00f3n con este amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finalmente, y sobre todo, el hombre ha llevado a cabo progresos estupendos en el dominio y en la organizaci\u00f3n racional de las fuerzas de la naturaleza, de modo que tiende a extender ese dominio a su mismo ser global: al cuerpo, a la vida ps\u00edquica, a la vida social y hasta las leyes que regulan la transmisi\u00f3n de la vida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. El nuevo estado de cosas hace plantear nuevas preguntas. Consideradas las condiciones de la vida actual y dado el significado que las relaciones conyugales tienen en orden a la armon\u00eda entre los esposos y a su mutua fidelidad, \u00bfno ser\u00eda indicado revisar las normas \u00e9ticas hasta ahora vigentes, sobre todo si se considera que las mismas no pueden observarse sin sacrificios, algunas veces heroicos?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s a\u00fan, extendiendo a este campo la aplicaci\u00f3n del llamado &#8220;principio de totalidad&#8221;, \u00bfno se podr\u00eda admitir que la intenci\u00f3n de una fecundidad menos exuberante, pero m\u00e1s racional, transformase la intervenci\u00f3n materialmente esterilizadora en un control l\u00edcito y prudente de los nacimientos? Es decir, \u00bfno se podr\u00eda admitir que la finalidad procreadora pertenezca al conjunto de la vida conyugal m\u00e1s bien que a cada uno de los actos? Se pregunta tambi\u00e9n si, dado el creciente sentido de responsabilidad del hombre moderno, no haya llegado el momento de someter a su raz\u00f3n y a su voluntad, m\u00e1s que a los ritmos biol\u00f3gicos de su organismo, la tarea de regular la natalidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Competencia del Magisterio<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4. Estas cuestiones exig\u00edan del Magisterio de la Iglesia una nueva y profunda reflexi\u00f3n acerca de los principios de la doctrina moral del matrimonio, doctrina fundada sobre la ley natural, iluminada y enriquecida por la Revelaci\u00f3n divina.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ning\u00fan fiel querr\u00e1 negar que corresponda al Magisterio de la Iglesia el interpretar tambi\u00e9n la ley moral natural. Es, en efecto, incontrovertible \u2014como tantas veces han declarado nuestros predecesores&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn1\">[1]<\/a>\u2014 que Jesucristo, al comunicar a Pedro y a los Ap\u00f3stoles su autoridad divina y al enviarlos a ense\u00f1ar a todas las gentes sus mandamientos&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn2\">[2]<\/a>, los constitu\u00eda en custodios y en int\u00e9rpretes aut\u00e9nticos de toda ley moral, es decir, no s\u00f3lo de la ley evang\u00e9lica, sino tambi\u00e9n de la natural, expresi\u00f3n de la voluntad de Dios, cuyo cumplimiento fiel es igualmente necesario para salvarse&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn3\">[3]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En conformidad con esta su misi\u00f3n, la Iglesia dio siempre, y con m\u00e1s amplitud en los tiempos recientes, una doctrina coherente tanto sobre la naturaleza del matrimonio como sobre el recto uso de los derechos conyugales y sobre las obligaciones de los esposos&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn4\">[4]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Estudios especiales<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5. La conciencia de esa misma misi\u00f3n nos indujo a confirmar y a ampliar la Comisi\u00f3n de Estudio que nuestro predecesor&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es.html\">Juan XXIII<\/a>, de feliz memoria, hab\u00eda instituido en el mes de marzo del a\u00f1o 1963. Esta Comisi\u00f3n de la que formaban parte bastantes estudiosos de las diversas disciplinas relacionadas con la materia y parejas de esposos, ten\u00eda la finalidad de recoger opiniones acerca de las nuevas cuestiones referentes a la vida conyugal, en particular la regulaci\u00f3n de la natalidad, y de suministrar elementos de informaci\u00f3n oportunos, para que el Magisterio pudiese dar una respuesta adecuada a la espera de los fieles y de la opini\u00f3n p\u00fablica mundial&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn5\">[5]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los trabajos de estos peritos, as\u00ed como los sucesivos pareceres y los consejos de buen n\u00famero de nuestros hermanos en el Episcopado, quienes los enviaron espont\u00e1neamente o respondiendo a una petici\u00f3n expresa, nos han permitido ponderar mejor los diversos aspectos del complejo argumento. Por ello les expresamos de coraz\u00f3n a todos nuestra viva gratitud.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>La respuesta del Magisterio<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6. No pod\u00edamos, sin embargo, considerar como definitivas las conclusiones a que hab\u00eda llegado la Comisi\u00f3n, ni dispensarnos de examinar personalmente la grave cuesti\u00f3n; entre otros motivos, porque en seno a la Comisi\u00f3n no se hab\u00eda alcanzado una plena concordancia de juicios acerca de las normas morales a proponer y, sobre todo, porque hab\u00edan aflorado algunos criterios de soluciones que se separaban de la doctrina moral sobre el matrimonio propuesta por el Magisterio de la Iglesia con constante firmeza. Por ello, habiendo examinado atentamente la documentaci\u00f3n que se nos present\u00f3 y despu\u00e9s de madura reflexi\u00f3n y de asiduas plegarias, queremos ahora, en virtud del mandato que Cristo nos confi\u00f3, dar nuestra respuesta a estas graves cuestiones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>II. Principios doctrinales<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Una visi\u00f3n global del hombre<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7. El problema de la natalidad, como cualquier otro referente a la vida humana, hay que considerarlo, por encima de las perspectivas parciales de orden biol\u00f3gico o psicol\u00f3gico, demogr\u00e1fico o sociol\u00f3gico, a la luz de una visi\u00f3n integral del hombre y de su vocaci\u00f3n, no s\u00f3lo natural y terrena sino tambi\u00e9n sobrenatural y eterna. Y puesto que, en el tentativo de justificar los m\u00e9todos artificiales del control de los nacimientos, muchos han apelado a las exigencias del amor conyugal y de una &#8220;paternidad responsable&#8221;, conviene precisar bien el verdadero concepto de estas dos grandes realidades de la vida matrimonial, remiti\u00e9ndonos sobre todo a cuanto ha declarado, a este respecto, en forma altamente autorizada, el Concilio Vaticano II en la Constituci\u00f3n pastoral&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>El amor conyugal<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">8. La verdadera naturaleza y nobleza del amor conyugal se revelan cuando \u00e9ste es considerado en su fuente suprema, Dios, que es Amor&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn6\">[6]<\/a>, &#8220;el Padre de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra&#8221;&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn7\">[7]<\/a>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El matrimonio no es, por tanto, efecto de la casualidad o producto de la evoluci\u00f3n de fuerzas naturales inconscientes; es una sabia instituci\u00f3n del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor. Los esposos, mediante su rec\u00edproca donaci\u00f3n personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comuni\u00f3n de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal, para colaborar con Dios en la generaci\u00f3n y en la educaci\u00f3n de nuevas vidas.&nbsp;En los bautizados el matrimonio reviste, adem\u00e1s, la dignidad de signo sacramental de la gracia, en cuanto representa la uni\u00f3n de Cristo y de la Iglesia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Sus caracter\u00edsticas<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">9. Bajo esta luz aparecen claramente las notas y las exigencias caracter\u00edsticas del amor conyugal, siendo de suma importancia tener una idea exacta de ellas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es, ante todo, un amor plenamente&nbsp;<em>humano<\/em>, es decir, sensible y espiritual al mismo tiempo. No es por tanto una simple efusi\u00f3n del instinto y del sentimiento sino que es tambi\u00e9n y principalmente un acto de la voluntad libre, destinado a mantenerse y a crecer mediante las alegr\u00edas y los dolores de la vida cotidiana, de forma que los esposos se conviertan en un solo coraz\u00f3n y en una sola alma y juntos alcancen su perfecci\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es un amor&nbsp;<em>total<\/em>, esto es, una forma singular de amistad personal, con la cual los esposos comparten generosamente todo, sin reservas indebidas o c\u00e1lculos ego\u00edstas. Quien ama de verdad a su propio consorte, no lo ama s\u00f3lo por lo que de \u00e9l recibe sino por s\u00ed mismo, gozoso de poderlo enriquecer con el don de s\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es un amor&nbsp;<em>fiel y exclusivo<\/em>&nbsp;hasta la muerte. As\u00ed lo conciben el esposo y la esposa el d\u00eda en que asumen libremente y con plena conciencia el empe\u00f1o del v\u00ednculo matrimonial. Fidelidad que a veces puede resultar dif\u00edcil pero que siempre es posible, noble y meritoria; nadie puede negarlo.<br>El ejemplo de numerosos esposos a trav\u00e9s de los siglos demuestra que la fidelidad no s\u00f3lo es connatural al matrimonio sino tambi\u00e9n manantial de felicidad profunda y duradera.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es, por fin, un amor&nbsp;<em>fecundo,<\/em>&nbsp;que no se agota en la comuni\u00f3n entre los esposos sino que est\u00e1 destinado a prolongarse suscitando nuevas vidas. &#8220;El matrimonio y el amor conyugal est\u00e1n ordenados por su propia naturaleza a la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole. Los hijos son, sin duda, el don m\u00e1s excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los propios padres&#8221;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn8\">[8]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>La paternidad responsable<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">10. Por ello el amor conyugal exige a los esposos una conciencia de su misi\u00f3n de &#8220;paternidad responsable&#8221; sobre la que hoy tanto se insiste con raz\u00f3n y que hay que comprender exactamente. Hay que considerarla bajo diversos aspectos leg\u00edtimos y relacionados entre s\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En relaci\u00f3n con los procesos biol\u00f3gicos, paternidad responsable significa conocimiento y respeto de sus funciones; la inteligencia descubre, en el poder de dar la vida, leyes biol\u00f3gicas que forman parte de la persona humana&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn9\">[9]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En relaci\u00f3n con las tendencias del instinto y de las pasiones, la paternidad responsable comporta el dominio necesario que sobre aquellas han de ejercer la raz\u00f3n y la voluntad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En relaci\u00f3n con las condiciones f\u00edsicas, econ\u00f3micas, psicol\u00f3gicas y sociales, la paternidad responsable se pone en pr\u00e1ctica ya sea con la deliberaci\u00f3n ponderada y generosa de tener una familia numerosa ya sea con la decisi\u00f3n, tomada por graves motivos y en el respeto de la ley moral, de evitar un nuevo nacimiento durante alg\u00fan tiempo o por tiempo indefinido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La paternidad responsable comporta sobre todo una vinculaci\u00f3n m\u00e1s profunda con el orden moral objetivo, establecido por Dios, cuyo fiel int\u00e9rprete es la recta conciencia. El ejercicio responsable de la paternidad exige, por tanto, que los c\u00f3nyuges reconozcan plenamente sus propios deberes para con Dios, para consigo mismo, para con la familia y la sociedad, en una justa jerarqu\u00eda de valores.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la misi\u00f3n de transmitir la vida, los esposos no quedan, por tanto, libres para proceder arbitrariamente, como si ellos pudiesen determinar de manera completamente aut\u00f3noma los caminos l\u00edcitos a seguir, sino que deben conformar su conducta a la intenci\u00f3n creadora de Dios, manifestada en la misma naturaleza del matrimonio y de sus actos y constantemente ense\u00f1ada por la Iglesia&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn10\">[10]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Respetar la naturaleza y la finalidad del acto matrimonial&nbsp;<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">11. Estos actos, con los cuales los esposos se unen en casta intimidad, y a trav\u00e9s de los cuales se transmite la vida humana, son, como ha recordado el Concilio, &#8220;honestos y dignos&#8221;&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn11\">[11]<\/a>, y no cesan de ser leg\u00edtimos si, por causas independientes de la voluntad de los c\u00f3nyuges, se prev\u00e9n infecundos, porque contin\u00faan ordenados a expresar y consolidar su uni\u00f3n. De hecho, como atestigua la experiencia, no se sigue una nueva vida de cada uno de los actos conyugales. Dios ha dispuesto con sabidur\u00eda leyes y ritmos naturales de fecundidad que por s\u00ed mismos distancian los nacimientos. La Iglesia, sin embargo, al exigir que los hombres observen las normas de la ley natural interpretada por su constante doctrina, ense\u00f1a que cualquier acto matrimonial (<em>quilibet matrimonii usus<\/em>) debe quedar abierto a la transmisi\u00f3n de la vida&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn12\">[12]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Inseparables los dos aspectos: uni\u00f3n y procreaci\u00f3n<\/strong><\/em>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">12. Esta doctrina, muchas veces expuesta por el Magisterio, est\u00e1 fundada sobre la inseparable conexi\u00f3n que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Efectivamente, el acto conyugal, por su \u00edntima estructura, mientras une profundamente a los esposos, los hace aptos para la generaci\u00f3n de nuevas vidas, seg\u00fan las leyes inscritas en el ser mismo del hombre y de la mujer. Salvaguardando ambos aspectos esenciales, unitivo y procreador, el acto conyugal conserva \u00edntegro el sentido de amor mutuo y verdadero y su ordenaci\u00f3n a la alt\u00edsima vocaci\u00f3n del hombre a la paternidad. Nos pensamos que los hombres, en particular los de nuestro tiempo, se encuentran en grado de comprender el car\u00e1cter profundamente razonable y humano de este principio fundamental.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Fidelidad al plan de Dios<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">13. Justamente se hace notar que un acto conyugal impuesto al c\u00f3nyuge sin considerar su condici\u00f3n actual y sus leg\u00edtimos deseos, no es un verdadero acto de amor; y prescinde por tanto de una exigencia del recto orden moral en las relaciones entre los esposos. As\u00ed, quien reflexiona rectamente deber\u00e1 tambi\u00e9n reconocer que un acto de amor rec\u00edproco, que prejuzgue la disponibilidad a transmitir la vida que Dios Creador, seg\u00fan particulares leyes, ha puesto en \u00e9l, est\u00e1 en contradicci\u00f3n con el designio constitutivo del matrimonio y con la voluntad del Autor de la vida. Usar este don divino destruyendo su significado y su finalidad, aun s\u00f3lo parcialmente, es contradecir la naturaleza del hombre y de la mujer y sus m\u00e1s \u00edntimas relaciones, y por lo mismo es contradecir tambi\u00e9n el plan de Dios y su voluntad. Usufructuar, en cambio, el don del amor conyugal respetando las leyes del proceso generador significa reconocerse no \u00e1rbitros de las fuentes de la vida humana, sino m\u00e1s bien administradores del plan establecido por el Creador. En efecto, al igual que el hombre no tiene un dominio ilimitado sobre su cuerpo en general, del mismo modo tampoco lo tiene, con m\u00e1s raz\u00f3n, sobre las facultades generadoras en cuanto tales, en virtud de su ordenaci\u00f3n intr\u00ednseca a originar la vida, de la que Dios es principio. &#8220;La vida humana es sagrada \u2014recordaba Juan XXIII\u2014; desde su comienzo, compromete directamente la acci\u00f3n creadora de Dios&#8221;&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn13\">[13]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>V\u00edas il\u00edcitas para la regulaci\u00f3n de los nacimientos<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">14. En conformidad con estos principios fundamentales de la visi\u00f3n humana y cristiana del matrimonio, debemos una vez m\u00e1s declarar que hay que excluir absolutamente, como v\u00eda l\u00edcita para la regulaci\u00f3n de los nacimientos, la interrupci\u00f3n directa del proceso generador ya iniciado, y sobre todo el aborto directamente querido y procurado, aunque sea por razones terap\u00e9uticas&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn14\">[14]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay que excluir igualmente, como el Magisterio de la Iglesia ha declarado muchas veces, la esterilizaci\u00f3n directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn15\">[15]<\/a>; queda adem\u00e1s excluida toda acci\u00f3n que, o en previsi\u00f3n del acto conyugal, o en su realizaci\u00f3n, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreaci\u00f3n&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn16\">[16]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tampoco se pueden invocar como razones v\u00e1lidas, para justificar los actos conyugales intencionalmente infecundos, el mal menor o el hecho de que tales actos constituir\u00edan un todo con los actos fecundos anteriores o que seguir\u00e1n despu\u00e9s y que por tanto compartir\u00edan la \u00fanica e id\u00e9ntica bondad moral. En verdad, si es l\u00edcito alguna vez tolerar un mal moral menor a fin de evitar un mal mayor o de promover un bien m\u00e1s grande&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn17\">[17]<\/a>, no es l\u00edcito, ni aun por razones grav\u00edsimas, hacer el mal para conseguir el bien&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn18\">[18]<\/a>, es decir, hacer objeto de un acto positivo de voluntad lo que es intr\u00ednsecamente desordenado y por lo mismo indigno de la persona humana, aunque con ello se quisiese salvaguardar o promover el bien individual, familiar o social. Es por tanto un error pensar que un acto conyugal, hecho voluntariamente infecundo, y por esto intr\u00ednsecamente deshonesto, pueda ser cohonestado por el conjunto de una vida conyugal fecunda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;<em><strong>Licitud de los medios terap\u00e9uticos<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">15. La Iglesia, en cambio, no retiene de ning\u00fan modo il\u00edcito el uso de los medios terap\u00e9uticos verdaderamente necesarios para curar enfermedades del organismo, a pesar de que se siguiese un impedimento, aun previsto, para la procreaci\u00f3n, con tal de que ese impedimento no sea, por cualquier motivo, directamente querido&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn19\">[19]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Licitud del recurso a los periodos infecundos<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">16. A estas ense\u00f1anzas de la Iglesia sobre la moral conyugal se objeta hoy, como observ\u00e1bamos antes (n. 3), que es prerrogativa de la inteligencia humana dominar las energ\u00edas de la naturaleza irracional y orientarlas hacia un fin en conformidad con el bien del hombre. Algunos se preguntan: actualmente, \u00bfno es quiz\u00e1s racional recurrir en muchas circunstancias al control artificial de los nacimientos, si con ello se obtienen la armon\u00eda y la tranquilidad de la familia y mejores condiciones para la educaci\u00f3n de los hijos ya nacidos? A esta pregunta hay que responder con claridad: la Iglesia es la primera en elogiar y en recomendar la intervenci\u00f3n de la inteligencia en una obra que tan de cerca asocia la creatura racional a su Creador, pero afirma que esto debe hacerse respetando el orden establecido por Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por consiguiente, si para espaciar los nacimientos existen serios motivos, derivados de las condiciones f\u00edsicas o psicol\u00f3gicas de los c\u00f3nyuges, o de circunstancias exteriores, la Iglesia ense\u00f1a que entonces es l\u00edcito tener en cuenta los ritmos naturales inmanentes a las funciones generadoras para usar del matrimonio s\u00f3lo en los periodos infecundos y as\u00ed regular la natalidad sin ofender los principios morales que acabamos de recordar&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn20\">[20]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia es coherente consigo misma cuando juzga l\u00edcito el recurso a los periodos infecundos, mientras condena siempre como il\u00edcito el uso de medios directamente contrarios a la fecundaci\u00f3n, aunque se haga por razones aparentemente honestas y serias. En realidad, entre ambos casos existe una diferencia esencial: en el primero los c\u00f3nyuges se sirven leg\u00edtimamente de una disposici\u00f3n natural; en el segundo impiden el desarrollo de los procesos naturales. Es verdad que tanto en uno como en otro caso, los c\u00f3nyuges est\u00e1n de acuerdo en la voluntad positiva de evitar la prole por razones plausibles, buscando la seguridad de que no se seguir\u00e1; pero es igualmente verdad que solamente en el primer caso renuncian conscientemente al uso del matrimonio en los periodos fecundos cuando por justos motivos la procreaci\u00f3n no es deseable, y hacen uso despu\u00e9s en los periodos agen\u00e9sicos para manifestarse el afecto y para salvaguardar la mutua fidelidad. Obrando as\u00ed ellos dan prueba de amor verdadero e integralmente honesto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Graves consecuencias de los m\u00e9todos de regulaci\u00f3n artificial de la natalidad<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">17. Los hombres rectos podr\u00e1n convencerse todav\u00eda de la consistencia de la doctrina de la Iglesia en este campo si reflexionan sobre las consecuencias de los m\u00e9todos de la regulaci\u00f3n artificial de la natalidad. Consideren, antes que nada, el camino f\u00e1cil y amplio que se abrir\u00eda a la infidelidad conyugal y a la degradaci\u00f3n general de la moralidad. No se necesita mucha experiencia para conocer la debilidad humana y para comprender que los hombres, especialmente los j\u00f3venes, tan vulnerables en este punto tienen necesidad de aliento para ser fieles a la ley moral y no se les debe ofrecer cualquier medio f\u00e1cil para burlar su observancia. Podr\u00eda tambi\u00e9n temerse que el hombre, habitu\u00e1ndose al uso de las pr\u00e1cticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse m\u00e1s de su equilibrio f\u00edsico y psicol\u00f3gico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce ego\u00edsta y no como a compa\u00f1era, respetada y amada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Reflexi\u00f3nese tambi\u00e9n sobre el arma peligrosa que de este modo se llegar\u00eda a poner en las manos de autoridades p\u00fablicas despreocupadas de las exigencias morales. \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda reprochar a un gobierno el aplicar a la soluci\u00f3n de los problemas de la colectividad lo que hubiera sido reconocido l\u00edcito a los c\u00f3nyuges para la soluci\u00f3n de un problema familiar? \u00bfQui\u00e9n impedir\u00eda a los gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos, si lo consideraran necesario, el m\u00e9todo anticonceptivo que ellos juzgaren m\u00e1s eficaz? En tal modo los hombres, queriendo evitar las dificultades individuales, familiares o sociales que se encuentran en el cumplimiento de la ley divina, llegar\u00edan a dejar a merced de la intervenci\u00f3n de las autoridades p\u00fablicas el sector m\u00e1s personal y m\u00e1s reservado de la intimidad conyugal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por tanto, sino se quiere exponer al arbitrio de los hombres la misi\u00f3n de engendrar la vida, se deben reconocer necesariamente unos l\u00edmites infranqueables a la posibilidad de dominio del hombre sobre su propio cuerpo y sus funciones; l\u00edmites que a ning\u00fan hombre, privado o revestido de autoridad, es l\u00edcito quebrantar. Y tales l\u00edmites no pueden ser determinados sino por el respeto debido a la integridad del organismo humano y de sus funciones, seg\u00fan los principios antes recordados y seg\u00fan la recta inteligencia del &#8220;principio de totalidad&#8221; ilustrado por nuestro predecesor&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es.html\">P\u00edo XII<\/a>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn21\">[21]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>La Iglesia, garant\u00eda de los aut\u00e9nticos valores humanos<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">18. Se puede prever que estas ense\u00f1anzas no ser\u00e1n quiz\u00e1 f\u00e1cilmente aceptadas por todos: son demasiadas las voces \u2014ampliadas por los modernos medios de propaganda\u2014 que est\u00e1n en contraste con la Iglesia. A decir verdad, \u00e9sta no se maravilla de ser, a semejanza de su divino Fundador, &#8220;signo de contradicci\u00f3n&#8221;&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn22\">[22]<\/a>, pero no deja por esto de proclamar con humilde firmeza toda la ley moral, natural y evang\u00e9lica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia no ha sido la autora de \u00e9stas, ni puede por tanto ser su \u00e1rbitro, sino solamente su depositaria e int\u00e9rprete, sin poder jam\u00e1s declarar l\u00edcito lo que no lo es por su \u00edntima e inmutable oposici\u00f3n al verdadero bien del hombre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al defender la moral conyugal en su integridad, la Iglesia sabe que contribuye a la instauraci\u00f3n de una civilizaci\u00f3n verdaderamente humana; ella compromete al hombre a no abdicar la propia responsabilidad para someterse a los medios t\u00e9cnicos; defiende con esto mismo la dignidad de los c\u00f3nyuges. Fiel a las ense\u00f1anzas y al ejemplo del Salvador, ella se demuestra amiga sincera y desinteresada de los hombres a quienes quiere ayudar, ya desde su camino terreno, &#8220;a participar como hijos a la vida del Dios vivo, Padre de todos los hombres&#8221;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn23\">[23]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>III. Directivas pastorales<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>La Iglesia, Madre y Maestra<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">19. Nuestra palabra no ser\u00eda expresi\u00f3n adecuada del pensamiento y de las solicitudes de la Iglesia, Madre y Maestra de todas las gentes, si, despu\u00e9s de haber invitado a los hombres a observar y a respetar la ley divina referente al matrimonio, no les confortase en el camino de una honesta regulaci\u00f3n de la natalidad, aun en medio de las dif\u00edciles condiciones que hoy afligen a las familias y a los pueblos. La Iglesia, efectivamente, no puede tener otra actitud para con los hombres que la del Redentor: conoce su debilidad, tiene compasi\u00f3n de las muchedumbres, acoge a los pecadores, pero no puede renunciar a ense\u00f1ar la ley que en realidad es la propia de una vida humana llevada a su verdad originaria y conducida por el Esp\u00edritu de Dios&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn24\">[24]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Posibilidad de observar la ley divina<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La doctrina de la Iglesia en materia de regulaci\u00f3n de la natalidad, promulgadora de la ley divina, aparecer\u00e1 f\u00e1cilmente a los ojos de muchos dif\u00edcil e incluso imposible en la pr\u00e1ctica. Y en verdad que, como todas las grandes y beneficiosas realidades, exige un serio empe\u00f1o y muchos esfuerzos de orden familiar, individual y social. M\u00e1s aun, no ser\u00eda posible actuarla sin la ayuda de Dios, que sostiene y fortalece la buena voluntad de los hombres. Pero a todo aquel que reflexione seriamente, no puede menos de aparecer que tales esfuerzos ennoblecen al hombre y benefician la comunidad humana.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Dominio de s\u00ed mismo<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">21. Una pr\u00e1ctica honesta de la regulaci\u00f3n de la natalidad exige sobre todo a los esposos adquirir y poseer s\u00f3lidas convicciones sobre los verdaderos valores de la vida y de la familia, y tambi\u00e9n una tendencia a procurarse un perfecto dominio de s\u00ed mismos. El dominio del instinto, mediante la raz\u00f3n y la voluntad libre, impone sin ning\u00fan g\u00e9nero de duda una asc\u00e9tica, para que las manifestaciones afectivas de la vida conyugal est\u00e9n en conformidad con el orden recto y particularmente para observar la continencia peri\u00f3dica. Esta disciplina, propia de la pureza de los esposos, lejos de perjudicar el amor conyugal, le confiere un valor humano m\u00e1s sublime. Exige un esfuerzo continuo, pero, en virtud de su influjo beneficioso, los c\u00f3nyuges desarrollan \u00edntegramente su personalidad, enriqueci\u00e9ndose de valores espirituales: aportando a la vida familiar frutos de serenidad y de paz y facilitando la soluci\u00f3n de otros problemas; favoreciendo la atenci\u00f3n hacia el otro c\u00f3nyuge; ayudando a superar el ego\u00edsmo, enemigo del verdadero amor, y enraizando m\u00e1s su sentido de responsabilidad. Los padres adquieren as\u00ed la capacidad de un influjo m\u00e1s profundo y eficaz para educar a los hijos; los ni\u00f1os y los j\u00f3venes crecen en la justa estima de los valores humanos y en el desarrollo sereno y arm\u00f3nico de sus facultades espirituales y sensibles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Crear un ambiente favorable a la castidad<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">22. Nos queremos en esta ocasi\u00f3n llamar la atenci\u00f3n de los educadores y de todos aquellos que tienen incumbencia de responsabilidad, en orden al bien com\u00fan de la convivencia humana, sobre la necesidad de crear un clima favorable a la educaci\u00f3n de la castidad, es decir, al triunfo de la libertad sobre el libertinaje, mediante el respeto del orden moral.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo lo que en los medios modernos de comunicaci\u00f3n social conduce a la excitaci\u00f3n de los sentidos, al desenfreno de las costumbres, como cualquier forma de pornograf\u00eda y de espect\u00e1culos licenciosos, debe suscitar la franca y un\u00e1nime reacci\u00f3n de todas las personas, sol\u00edcitas del progreso de la civilizaci\u00f3n y de la defensa de los supremos bienes del esp\u00edritu humano. En vano se tratar\u00eda de buscar justificaci\u00f3n a estas depravaciones con el pretexto de exigencias art\u00edsticas o cient\u00edficas&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn25\">[25]<\/a>, o aduciendo como argumento la libertad concedida en este campo por las autoridades p\u00fablicas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Llamamiento a las autoridades p\u00fablicas<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">23. Nos decimos a los gobernantes, que son los primeros responsables del bien com\u00fan y que tanto pueden hacer para salvaguardar las costumbres morales: no permit\u00e1is que se degrade la moralidad de vuestros pueblos; no acept\u00e9is que se introduzcan legalmente en la c\u00e9lula fundamental, que es la familia, pr\u00e1cticas contrarias a la ley natural y divina. Es otro el camino por el cual los poderes p\u00fablicos pueden y deben contribuir a la soluci\u00f3n del problema demogr\u00e1fico: el de una cuidadosa pol\u00edtica familiar y de una sabia educaci\u00f3n de los pueblos, que respete la ley moral y la libertad de los ciudadanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Somos conscientes de las graves dificultades con que tropiezan los poderes p\u00fablicos a este respecto, especialmente en los pueblos en v\u00eda de desarrollo. A sus leg\u00edtimas preocupaciones hemos dedicado nuestra enc\u00edclica&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\"><em>Populorum Progressi<\/em>o<\/a>. Y con nuestro predecesor, Juan XXIII, seguimos diciendo: &#8220;Estas dificultades no se superan con el recurso a m\u00e9todos y medios que son indignos del hombre y cuya explicaci\u00f3n est\u00e1 s\u00f3lo en una concepci\u00f3n estrechamente material\u00edstica del hombre mismo y de su vida. La verdadera soluci\u00f3n solamente se halla en el desarrollo econ\u00f3mico y en el progreso social, que respeten y promuevan los verdaderos valores humanos, individuales y sociales&#8221;&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn26\">[26]<\/a>. Tampoco se podr\u00eda hacer responsable, sin grave injusticia, a la Divina Providencia de lo que por el contrario depender\u00eda de una menor sagacidad de gobierno, de un escaso sentido de la justicia social, de un monopolio ego\u00edsta o tambi\u00e9n de la indolencia reprobable en afrontar los esfuerzos y sacrificios necesarios para asegurar la elevaci\u00f3n del nivel de vida de un pueblo y de todos sus hijos&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn27\">[27]<\/a>. Que todos los Poderes responsables \u2014como ya algunos lo vienen haciendo laudablemente\u2014 reaviven generosamente los propios esfuerzos, y que no cese de extenderse el mutuo apoyo entre todos los miembros de la familia humana: es un campo inmenso el que se abre de este modo a la actividad de las grandes organizaciones internacionales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>A los hombres de ciencia<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">24. Queremos ahora alentar a los hombres de ciencia, los cuales &#8220;pueden contribuir notablemente al bien del matrimonio y de la familia y a la paz de las conciencias si, uniendo sus estudios, se proponen aclarar m\u00e1s profundamente las diversas condiciones favorables a una honesta regulaci\u00f3n de la procreaci\u00f3n humana&#8221;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn28\">[28]<\/a>. Es de desear en particular que, seg\u00fan el augurio expresado ya por P\u00edo XII, la ciencia m\u00e9dica logre dar una base, suficientemente segura, para una regulaci\u00f3n de nacimientos, fundada en la observancia de los ritmos naturales&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn29\">[29]<\/a>. De este modo los cient\u00edficos, y en especial los cat\u00f3licos, contribuir\u00e1n a demostrar con los hechos que, como ense\u00f1a la Iglesia, &#8220;no puede haber verdadera contradicci\u00f3n entre las leyes divinas que regulan la transmisi\u00f3n de la vida y aquellas que favorecen un aut\u00e9ntico amor conyugal&#8221;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn30\">[30]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>A los esposos cristianos<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">25. Nuestra palabra se dirige ahora m\u00e1s directamente a nuestros hijos, en particular a los llamados por Dios a servirlo en el matrimonio. La Iglesia, al mismo tiempo que ense\u00f1a las exigencias imprescriptibles de la ley divina, anuncia la salvaci\u00f3n y abre con los sacramentos los caminos de la gracia, la cual hace del hombre una nueva criatura, capaz de corresponder en el amor y en la verdadera libertad al designio de su Creador y Salvador, y de encontrar suave el yugo de Cristo&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn31\">[31]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los esposos cristianos, pues, d\u00f3ciles a su voz, deben recordar que su vocaci\u00f3n cristiana, iniciada en el bautismo, se ha especificado y fortalecido ulteriormente con el sacramento del matrimonio. Por lo mismo los c\u00f3nyuges son corroborados y como consagrados para cumplir fielmente los propios deberes, para realizar su vocaci\u00f3n hasta la perfecci\u00f3n y para dar un testimonio, propio de ellos, delante del mundo&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn32\">[32]<\/a>. A ellos ha confiado el Se\u00f1or la misi\u00f3n de hacer visible ante los hombres la santidad y la suavidad de la ley que une el amor mutuo de los esposos con su cooperaci\u00f3n al amor de Dios, autor de la vida humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es nuestra intenci\u00f3n ocultar las dificultades, a veces graves, inherentes a la vida de los c\u00f3nyuges cristianos; para ellos como para todos &#8220;la puerta es estrecha y angosta la senda que lleva a la vida&#8221;&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn33\">[33]<\/a>. La esperanza de esta vida debe iluminar su camino, mientras se esfuerzan animosamente por vivir con prudencia, justicia y piedad en el tiempo<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn34\">[34]<\/a>, conscientes de que la forma de este mundo es pasajera&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn35\">[35]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Afronten, pues, los esposos los necesarios esfuerzos, apoyados por la fe y por la esperanza que &#8220;no enga\u00f1a porque el amor de Dios ha sido difundido en nuestros corazones junto con el Esp\u00edritu Santo que nos ha sido dado&#8221;&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn36\">[36]<\/a>; invoquen con oraci\u00f3n perseverante la ayuda divina; acudan sobre todo a la fuente de gracia y de caridad en la Eucarist\u00eda. Y si el pecado les sorprendiese todav\u00eda, no se desanimen, sino que recurran con humilde perseverancia a la misericordia de Dios, que se concede en el sacramento de la penitencia. Podr\u00e1n realizar as\u00ed la plenitud de la vida conyugal, descrita por el Ap\u00f3stol: &#8220;Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo am\u00f3 a su Iglesia (&#8230;). Los maridos deben amar a sus esposas como a su propio cuerpo. Amar a la esposa \u00bfno es acaso amarse a s\u00ed mismo? Nadie ha odiado jam\u00e1s su propia carne, sino que la nutre y la cuida, como Cristo a su Iglesia (&#8230;). Este misterio es grande, pero entendido de Cristo y la Iglesia. Por lo que se refiere a vosotros, cada uno en particular ame a su esposa como a s\u00ed mismo y la mujer respete a su propio marido&#8221;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn37\">[37]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Apostolado entre los hogares<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">26. Entre los frutos logrados con un generoso esfuerzo de fidelidad a la ley divina, uno de los m\u00e1s preciosos es que los c\u00f3nyuges no rara vez sienten el deseo de comunicar a los dem\u00e1s su experiencia. Una nueva e important\u00edsima forma de apostolado entre semejantes se inserta de este modo en el amplio cuadro de la vocaci\u00f3n de los laicos: los mismos esposos se convierten en gu\u00eda de otros esposos. Esta es, sin duda, entre las numerosas formas de apostolado, una de las que hoy aparecen m\u00e1s oportunas<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn38\">[38]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>A los m\u00e9dicos y al personal sanitario<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">27. Estimamos altamente a los m\u00e9dicos y a los miembros del personal de sanidad, quienes en el ejercicio de su profesi\u00f3n sienten entra\u00f1ablemente las superiores exigencias de su vocaci\u00f3n cristiana, por encima de todo inter\u00e9s humano. Perseveren, pues, en promover constantemente las soluciones inspiradas en la fe y en la recta raz\u00f3n, y se esfuercen en fomentar la convicci\u00f3n y el respeto de las mismas en su ambiente. Consideren tambi\u00e9n como propio deber profesional el procurarse toda la ciencia necesaria en este aspecto delicado, con el fin de poder dar a los esposos que los consultan sabios consejos y directrices sanas que de ellos esperan con todo derecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>A los sacerdotes<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">28. Amados hijos sacerdotes, que sois por vocaci\u00f3n los consejeros y los directores espirituales de las personas y de las familias, a vosotros queremos dirigirnos ahora con toda confianza. Vuestra primera incumbencia \u2014en especial la de aquellos que ense\u00f1an la teolog\u00eda moral\u2014 es exponer sin ambig\u00fcedades la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio. Sed los primeros en dar ejemplo de obsequio leal, interna y externamente, al Magisterio de la Iglesia en el ejercicio de vuestro ministerio. Tal obsequio, bien lo sab\u00e9is, es obligatorio no s\u00f3lo por las razones aducidas, sino sobre todo por raz\u00f3n de la luz del Esp\u00edritu Santo, de la cual est\u00e1n particularmente asistidos los pastores de la Iglesia para ilustrar la verdad<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn39\">[39]<\/a>. Conoc\u00e9is tambi\u00e9n la suma importancia que tiene para la paz de las conciencias y para la unidad del pueblo cristiano, que en el campo de la moral y del dogma se atengan todos al Magisterio de la Iglesia y hablen del mismo modo. Por esto renovamos con todo nuestro \u00e1nimo el angustioso llamamiento del Ap\u00f3stol Pablo: &#8220;Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que todos habl\u00e9is igualmente, y no haya entre vosotros cismas, antes se\u00e1is concordes en el mismo pensar y en el mismo sentir&#8221;&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn40\">[40]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">29. No menoscabar en nada la saludable doctrina de Cristo es una forma de caridad eminente hacia las almas. Pero esto debe ir acompa\u00f1ado siempre de la paciencia y de la bondad de que el mismo Se\u00f1or dio ejemplo en su trato con los hombres. Venido no para juzgar sino para salvar&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftn41\">[41]<\/a>, El fue ciertamente intransigente con el mal, pero misericordioso con las personas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Que en medio de sus dificultades encuentren siempre los c\u00f3nyuges en las palabras y en el coraz\u00f3n del sacerdote el eco de la voz y del amor del Redentor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablad, adem\u00e1s, con confianza, amados hijos, seguros de que el Esp\u00edritu de Dios que asiste al Magisterio en el proponer la doctrina, ilumina internamente los corazones de los fieles, invit\u00e1ndolos a prestar su asentimiento. Ense\u00f1ad a los esposos el camino necesario de la oraci\u00f3n, preparadlos a que acudan con frecuencia y con fe a los sacramentos de la Eucarist\u00eda y de la Penitencia, sin que se dejen nunca desalentar por su debilidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>A los Obispos<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">30. Queridos y venerables hermanos en el episcopado, con quienes compartimos m\u00e1s de cerca la solicitud del bien espiritual del Pueblo de Dios, a vosotros va nuestro pensamiento reverente y afectuoso al final de esta enc\u00edclica. A todos dirigimos una apremiante invitaci\u00f3n. Trabajad al frente de los sacerdotes, vuestros colaboradores, y de vuestros fieles con ardor y sin descanso por la salvaguardia y la santidad del matrimonio para que sea vivido en toda su plenitud humana y cristiana. Considerad esta misi\u00f3n como una de vuestras responsabilidades m\u00e1s urgentes en el tiempo actual. Esto supone, como sab\u00e9is, una acci\u00f3n pastoral, coordinada en todos los campos de la actividad humana, econ\u00f3mica, cultural y social; en efecto, solo mejorando simult\u00e1neamente todos estos sectores, se podr\u00e1 hacer no s\u00f3lo tolerable sino m\u00e1s f\u00e1cil y feliz la vida de los padres y de los hijos en el seno de la familia, m\u00e1s fraterna y pac\u00edfica la convivencia en la sociedad humana, respetando fielmente el designio de Dios sobre el mundo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>Llamamiento final<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">31. Venerables hermanos, amad\u00edsimos hijos y todos vosotros, hombres de buena voluntad: Es grande la obra de educaci\u00f3n, de progreso y de amor a la cual os llamamos, fundament\u00e1ndose en la doctrina de la Iglesia, de la cual el Sucesor de Pedro es, con sus hermanos en el episcopado, depositario e int\u00e9rprete. Obra grande de verdad, estamos convencidos de ello, tanto para el mundo como para la Iglesia, ya que el hombre no puede hallar la verdadera felicidad, a la que aspira con todo su ser, m\u00e1s que en el respeto de las leyes grabadas por Dios en su naturaleza y que debe observar con inteligencia y amor. Nos invocamos sobre esta tarea, como sobre todos vosotros y en particular sobre los esposos, la abundancia de las gracias del Dios de santidad y de misericordia, en prenda de las cuales os otorgamos nuestra bendici\u00f3n apost\u00f3lica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Dado en Roma, junto a San Pedro, en la fiesta del ap\u00f3stol Santiago, 25 de julio de 1968, sexto de nuestro pontificado<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Paulus PP. VI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref1\">[1]<\/a>&nbsp;Cfr. P\u00edo XI, Enc.&nbsp;<em>Qui pluribus<\/em>, 9 de noviembre de 1946,&nbsp;<em>Pii IX P. M. Acta,&nbsp;<\/em>vol. 1. pp. 9-10; San P\u00edo X, Enc.&nbsp;<em>Singulari quadam<\/em>, 24 de septiembre de 1912, AAS 4 (1912), p. 658; P\u00edo XI, cfr.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_31121930_casti-connubii.html\">Casti connubii<\/a><\/em>, 31 de diciembre de 1930, AAS 22 (1930), pp. 579-581; P\u00edo XII, Aloc.&nbsp;<em>Magnificate Dominum<\/em>&nbsp;al Episcopado del mundo cat\u00f3lico, 2 de noviembre de 1954, AAS 46 (1954), pp. 671-672; Juan XXIII, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et Magistra<\/a><\/em>, 15 de mayo de 1961,&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;53 (1961), p. 457.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref2\">[2]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em>Math.<\/em>, 28, 18-19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref3\">[3]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em>Math.<\/em>, 7, 21.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref4\">[4]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em>Catechismus Romanus Concilii Tridentini<\/em>, pars II, c. VIII; Le\u00f3n XIII, Enc.<em>&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_10021880_arcanum.html\">Arcanum<\/a><\/em>, 10 de febrero de 1880;&nbsp;<em>Acta L. XIII,<\/em>&nbsp;2 (1881), pp. 26-29; P\u00edo XI, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_31121929_divini-illius-magistri.html\">Divini illius Magistri<\/a><\/em>, 31 de diciembre de 1929, AAS 22 (1930), pp. 58-61; Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_31121930_casti-connubii.html\">Casti connubii<\/a><\/em>, 31 de diciembre de 1930, AAS 22 (1930), pp. 545-546; P\u00edo XII, Alocuci\u00f3n a la Uni\u00f3n Italiana m\u00e9dico-biol\u00f3gica de San Lucas, 12 de noviembre de 1944,&nbsp;<em>Discorsi e Radiomessaggi<\/em>, VI, pp. 191-192; al&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/speeches\/1951\/documents\/hf_p-xii_spe_19511029_ostetriche.html\">Convenio de la Uni\u00f3n Cat\u00f3lica Italiana de Comadronas<\/a>, 29 de octubre de 1951, AAS 43 (1951), pp. 853-854; al Congreso del &#8220;Fronte della Famiglia&#8221; y de la Asociaci\u00f3n de Familias Numerosas, 28 de noviembre de 1951, AAS 43 (1951), pp. 857-859; al VII Congreso de la Sociedad Internacional de Hematolog\u00eda, 12 de septiembre de 1958, AAS 50 (1958), pp. 734-735; Juan XXIII, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et Magistra<\/a><\/em>, AAS 53 (1961), pp. 446-447;&nbsp;<em>Codex Iuris Canonici<\/em>, can. 1067; 1068, p\u00e1rr.1; 1076, p\u00e1rr.1-2; Conc. Vaticano II, Const. Past.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/em>, nn. 47-52.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref5\">[5]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/speeches\/1964\/documents\/hf_p-vi_spe_19640623_sacro-collegio.html\">Alocuci\u00f3n de Pablo VI al Sacro Colegio<\/a>, 23 de junio de 1964, AAS 56 (1964), p. 588; a la Comisi\u00f3n para el estudio de los problemas de la poblaci\u00f3n, de la familia y de la natalidad, 27 de marzo de 1965, AAS (1965), p. 388; al Congreso Nacional de la Sociedad Italiana de Obstetricia y Ginecolog\u00eda, 29 de octubre de 1966, AAS 58 (1966), p. 1168.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref6\">[6]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em>I Jn<\/em>., 4, 8.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref7\">[7]<\/a>&nbsp;<em>Ef<\/em>., 3, 15.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref8\">[8]<\/a>&nbsp;Conc. Vat. II, Const. Past.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/em>, n. 50.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref9\">[9]<\/a>&nbsp;Cfr. Sto. Tom\u00e1s,&nbsp;<em>Sum. Teol.<\/em>, I-II, q. 94, a. 2.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref10\">[10]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/em>, nn. 50 y 51.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref11\">[11]<\/a>&nbsp;<em>Ibid<\/em>., n. 49, 2o.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref12\">[12]<\/a>&nbsp;Cfr. P\u00edo XI, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_31121930_casti-connubii.html\">Casti connubii<\/a><\/em>, AAS 22 (1930), p. 560; P\u00edo XII, AAS 43 (1951), p. 843.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref13\">[13]<\/a>&nbsp;Juan XXIII, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et Magistra<\/a><\/em>, AAS 53 (1961), p. 447.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref14\">[14]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em>Catechismus Romanus Concilii Tridentini<\/em>, pars. II, c. VIII; P\u00edo XI, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_31121930_casti-connubii.html\">Casti connubii<\/a><\/em>, AAS 22 (1930), pp. 562-564; P\u00edo XII,&nbsp;<em>Discorsi e Radiomessaggi<\/em>, VI, pp. 191-192, AAS 43 (1951), pp. 842-843, pp. 857-859; Juan XXIII, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a><\/em>, 11 de abril de 1963,&nbsp;<em>AAS<\/em>&nbsp;55 (1963), pp. 259-260;&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/em>, n. 51.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref15\">[15]<\/a>&nbsp;Cfr. P\u00edo XI, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_31121930_casti-connubii.html\">Casti connubii<\/a><\/em>, AAS 22 (1930), n. 565;&nbsp;<em>Decreto del S. Oficio<\/em>, 22 de febrero de 1940, AAS 32 (1940), p. 73; P\u00edo XII, AAS 43 (1951), pp. 843-844; AAS 50 (1958), pp. 734-735.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref16\">[16]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em>Catechismus Romanus Concilii Tridentini<\/em>, pars II, c. VIII; P\u00edo XI, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_31121930_casti-connubii.html\">Casti connubii<\/a><\/em>, AAS 22 (1930), pp. 559-561; P\u00edo XII, AAS 43 (1951), p. 843; AAS 50 (1958), pp. 734-735; Juan XXIII, Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et Magistra<\/a><\/em>, AAS 53 (1961), n. 447.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref17\">[17]<\/a>&nbsp;Cfr. P\u00edo XII, Aloc. al Congreso Nacional de la Uni\u00f3n de Juristas Cat\u00f3licos Italianos, 6 diciembre 1953, AAS 45 (1953), pp. 798-799.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref18\">[18]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em>Rom<\/em>., 3, 8.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref19\">[19]<\/a>&nbsp;Cfr. P\u00edo XII, Aloc. a los Participantes en el Congreso de la Asociaci\u00f3n Italiana de Urolog\u00eda, 8 octubre 1953, AAS 45 (1953), pp. 674-675; AAS 50 (1958), pp. 734-735.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref20\">[20]<\/a>&nbsp;Cfr. P\u00edo XII, AAS 43 (1951), p. 846.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref21\">[21]<\/a>&nbsp;AAS 45 (1953), pp. 674-675; Aloc. a los Dirigentes y Socios de la Asociaci\u00f3n Italiana de Donadores de C\u00f3rnea, AAS 48 (1956), pp. 461-462.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref22\">[22]<\/a>&nbsp;<em>Luc<\/em>., 2, 34.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref23\">[23]<\/a>&nbsp;Pablo VI, Enc.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\"><em>Populorum Progressi<\/em>o<\/a>, 26 de marzo de 1967, n. 21.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref24\">[24]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em>Rom<\/em>., cap. 8.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref25\">[25]<\/a>&nbsp;Cfr. Conc. Vat. II, Decreto&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19631204_inter-mirifica_sp.html\">Inter Mirifica<\/a><\/em>&nbsp;sobre los medios de comunicaci\u00f3n social, nn. 6-7.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref26\">[26]<\/a>&nbsp;Cfr. Enc.&nbsp;<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et Magistra<\/a><\/em>, AAS 53 (1961), p. 447.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref27\">[27]<\/a>&nbsp;Cfr. Enc.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\"><em>Populorum Progressi<\/em>o<\/a>, nn. 48-55.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref28\">[28]<\/a>&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/em>, n. 52.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref29\">[29]<\/a>. Cfr. AAS 43 (1951), p. 859.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref30\">[30]<\/a>.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/em>, n. 51.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref31\">[31]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em>Mat<\/em>., 11, 30.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref32\">[32]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/em>, n. 48; Conc. Vat. II, Const. Dogm.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen Gentium<\/a><\/em>, n. 35.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref33\">[33]<\/a>&nbsp;<em>Mat<\/em>., 7, 14; cfr.&nbsp;<em>Hebr<\/em>., 12-11.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref34\">[34]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em>Tit<\/em>., 2, 12.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref35\">[35]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em>I Cor<\/em>., 7, 31.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref36\">[36]<\/a>&nbsp;<em>Rom<\/em>., 5, 5.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref37\">[37]<\/a>&nbsp;<em>Ef<\/em>., 5, 25, 28-29, 32-33.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref38\">[38]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen Gentium<\/a><\/em>, nn. 35 y 41;&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/em>, nn. 48 y 49; Conc. Vat. II, Decret.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolicam Actuositatem<\/a><\/em>, n. 11.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref39\">[39]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen Gentium<\/a><\/em>, n. 25.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref40\">[40]<\/a>&nbsp;<em>I Cor.<\/em>, 1, 10.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html#_ftnref41\">[41]<\/a>&nbsp;Cfr.&nbsp;<em>Jn<\/em>., 3, 17.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Copyright \u00a9 Dicastero per la Comunicazione &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARTA ENC\u00cdCLICA HUMANAE VITAE DE S. 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PABLO VI A LOS&nbsp; VENERABLES HERMANOS LOS PATRIARCAS,ARZOBISPOS, OBISPOS Y DEM\u00c1S ORDINARIOS DE LUGAR&nbsp;EN PAZ Y COMUNI\u00d3N CON LA SEDE APOST\u00d3LICA,AL CLERO Y A LOS FIELES DEL ORBE CAT\u00d3LICOY A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD,SOBRE LA REGULACI\u00d3N DE LA NATALIDAD Venerables hermanos y amados hijos,salud y bendici\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":8094,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[151],"tags":[],"class_list":["post-8093","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vina-educacion-para-la-fe-farito-de-luz"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8093","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8093"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8093\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8095,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8093\/revisions\/8095"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8094"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8093"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8093"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cooperadoresdedios.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8093"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}